Hola, hola, lo prometido es deuda muchas gracias a todas las que han dejado comentarios y a los que están siguiendo la historia y/o la marcaron como su favorita. Sé que todas están muy enojadas con Inuyasha y seguramente con Kikyo pero descuiden que ambos recibirán su muy justo merecido y hasta con intereses, pero eso será más adelante, pero estoy abierta a sugerencias así que si desean un castigo en específico con toda la confianza. Los dejo que lean y ya saben chicas y chicos del coro, unos dos o tres review y nos veremos el próximo miércoles. Lean, disfruten y comenten.

Más sabe el diablo por viejo…

-ese idiota, cornudo, impotente, bastardo, play boy, infiel, striper pedazo de…- gruñía Sango mientras se paseaba de un lado al otro por las sala de estar.

Miroku hacia rato que se había refugiado tras el sofá, después de un intento que bien se podía calificar como suicida de calmar su esposa. Además si quería preservar a salvo su futura descendencia de al menos ocho hijos ese era el lugar más seguro para él, su cabeza y sus joyas. Kagome por su parte estaba en la cocina, envuelta en su bata favorita mientras calentaba la comida y la acomodaba en tres platos. Ya no le alcanzaría para el día siguiente pero siempre podía llamar de nuevo, o incluso podría usar esos cupones de comida mexicana que le habían obsequiado en el centro comercial hace una semana.

-insensible pedazo de remedo de hombre de cuarta- rugió la castaña tomando un cojín que tenía a la mano y lanzándolo lejos, Miroku agacho la cabeza, el cojín paso ronzando su cabello. Kagome lo tomo a vuelo, mientras llevaba dos platos en una mano.

-pero va a ver cuando lo pille, ¡le voy a dar tal golpiza como no se la han dado en todos los días de su vida!- esta vez salió volando su florero de centro de mesa, Miroku lo esquivo por poco, pero Kagome volvió a pescarlo sin siquiera tener que mirar. (Similar a los enanos en una escena del Hobbit en casa de Bilbo Bolsón)

-¡CUANDO TERMINE CON ESE ANIMAL NO VA A SERVIR NI PARA EL ARRANQUE!- rugió arrojando uno de sus zapatos de una patada, que Kagome logro atrapar nuevamente con ayuda del cojín arrojado previamente.

-calmate Sango- sonrió Kagome que terminaba de poner los cubiertos.

-¡¿CÓMO PUEDES ESTAR TU TAN TRANQUILA DEPSUES DE LO QUE TE HIZO ESE CERDO?!-rugió tirando su otro zapato, lamentablemente Miroku asomo la cabeza justo en ese segundo y se vio derribado al piso con la huella de un zapato bien marcada en la cabeza.

-no es para tanto- negó con la cabeza acomodándose uno de sus negros cabellos tras la oreja.

-¡¿QUÉ NO ES PARA TANTO?! Mujer si yo fuera tú lo habría dejado sin descendencia, ¡y luego le rompía su cabeza de bastardo a base de golpes!- Sango estaba que echaba humo por las orejas, además se le habían acabado los objetos para arrojar así que solo podría torcer su camisa con las manos para esquitar la frustración.

-¿no te basto dejar fuera de combate a Miroku de un zapatazo?- sonrió burlonamente mientras señalaba a su amigo tumbado en el piso.

-¿eh?- Sango la miro sin comprender hasta que vio a su pobre marido en el suelo, inconsciente, y con un moretón en toda la frente.

-¡santo Dios! ¡MIROKU!- exclamo espantada corriendo a socorrer a su amado esposo.

-¡Miroku! ¡¿Qué te pasa?! ¡Reacciona hombre! ¡Reacciona! ¡Anda!- comenzó a darle de cachetadas alternativamente en cada una de las mejillas, esperando que eso lo despertara de alguna manera.

Kagome por su parte no sabía si reírse o llamar a una ambulancia, en algún punto, Sango pareció darse cuenta que su martirio a las mejillas de su esposo no darían resultado así que opto por zarandearlo como una maraca, cuando no obtuvo mejores resultados lo abrazo a su pecho y comenzó a susurrarle palabrillas sobre los hijos que querían tener y (lo que a él más le gustaría) las maneras en las que podían hacerlos.

La sonrisa de la azabache se volvió algo triste y nostálgica, esos dos eran en definitiva de las parejas más extrañas del planeta, un pervertido masoquista y una joven celosa con cierto carácter fuerte casi sádico; pero algo que nadie podía poner en duda es que cualquiera de los dos seria capas de poner sus manos al fuego por el otro sin pensarlo medio segundo. Un ligero mal sabor de boca se instaló en su cuerpo, si fuera sincera consigo misma reconocería que los envidiaba, y no solo un poco, si no que a un nivel casi titánico, y eso la hacía sentir muy mal, ellos merecían ser felices, no era justo que les tuviera envidia.

Cuando Miroku por fin recupero la conciencia tenía toda la frente amoratada y las mejillas le parecían toronjas de a kilo. Kagome le proporciono una pastilla para el dolor, un poco de ungüento y tres compresas frías para que no saliera pareciendo un globo inflado y fuese capaz de comer algo.

-no sé cómo puedes llamar amigo a ese idiota Miroku- murmuro Sango algo más calmada, antes de engullir de una mordida medio rollo de hoja de parra.

-yo tampoco pensé que fuera tan canalla- suspiro Miroku con cansancio, pues a pesar de sus heridas recién proporcionadas, estaba verdaderamente decepcionado de su amigo, cuando lo presento con Kagome jamás pensó que fuera a hacerle eso, él y Kagome habían sido amigos en secundaria, de hecho fue gracias a ella que conoció y obtuvo su primera cita con sango y sin todas las veces que ella lo ayudo ahora quizás no sería su esposa.

-calma Miroku, como dije todo está en orden- sonrió Kagome, poniendo toda su concentración en su deliciosa comida, pues desde que había terminado de escribir las últimas palabras en su libro especial había decidido no volver a pensar en ese hombre, y en ningún otro que pudiese entrar en la categoría de "novio, amante, o esposo" claro que no lo diría en voz alta, pero mantendría esa actitud por un tiempo, quizá solo por unos 80 o 90 años.

-Kagome…- el joven matrimonio miro a su amiga con preocupación, pues aunque su fachada exterior era serena y casi alegre, peor ellos la conocían bien, (Sango más que Miroku), y sabían que realmente estaba muy herida por dentro.

-¿Qué? Estoy bien, enserio- sonrió, la sonrisa más falsa que hubiesen viso desde que la conocían.

-Kagome, creeme que lo siento, si nosotros…- intento Sango, no soportaba ver a su mejor amiga tragándose la culpa cuando habían sido ella y su esposo quienes habían metido la pata.

-no Sango, no fue tu culpa, fui yo el que pensó que Inuyasha era un buen hombre- se interpuso Miroku, decir que estaba decepcionado del que consideraba su mejor amigo era decir poco.

-ya les he dicho que no pasa nada ¿Qué podían haber sabido ustedes?- murmuro Kagome cortando el humeante Kepe.

-¡teníamos que saberlo! Amiga… lo menos que deseaba era que te… - se detuvo a media frase, no quería continuar esa línea de pensamiento, era demasiada la culpa e incluso Sango estaba al borde de las lágrimas, ella y Miroku habían pensado que Inuyasha era el hombre indicado, uno que si la haría feliz, jamás creyeron equivocarse tanto.

-¿rompieran el corazón otra vez?- completo Kagome, su mirada se había vuelto ligeramente triste y casi depresiva. Sango cerró los labios de golpe.

-tranquila, ni que fuera la primera vez- suspiro soplando un poco para enfriar su rollo de col.

-Kag, de verdad lo ciento, pero… estoy segura que la próxima vez…- intento sonreír Sango.

-no abra próxima vez- negó Kagome limpiándose los labios con una servilleta.

-pero señorita- exclamo Miroku sorprendido, sabia que Inuyasha la había lastimado, pero eso era algo muy radical.

-he dicho que no habrá próxima, no de momento al menos- negó ella con voz firme.

-pero…- intento replicar la peli castaña.

-no, te lo había dicho Sango, me he cansado, casi todos son iguales, y los que no ya están todos ocupados o les gustan otros hombres- gruño incomoda con el tema, el dolor aún era demasiado fresco, y se negaba a pensar en tener una vida de pareja hasta que su corazón sanara por completo, otra vez.

El matrimonio se miró sin saber que decir, Kagome claramente no quería hablar del tema, y la verdad era que no tenían medios para intentar redimir un poco a su amigo. La azabache retomo su labor de comer ahora con el ceño levemente fruncido, hablar de ese canalla le estaba provocando que la comida supiera insípida, pero "ese remedo de galán de telenovela mexicana" (por no llamarlo de otra manera) sería muy fresco si pensaba que ella se dejaría derrumbar tan fácil, toda su experiencia con esa clase de poco hombres le había enseñado mucho, además decían por ahí que más sabia el diablo por viejo que por diablo ¿cierto?

-además, creo que me hizo un favor- suspiro molesta mientas tomaba un vaso de jugo de zarzamora natural.

-¿un favor?- pregunto Sango sin comprender.

-sí, así no tendré que aguantar la fase de mentiras, ni la de extrañas actitudes, y tampoco la fase de regalos costosos y ni tampoco cuando se ponen descarados - negó Kagome con la cabeza.

-señorita…- Miroku ahora si estaba sorprendido, sabía que Kagome había pasado algunas decepciones amorosas, pero debían ser muchas si era capaz de decir esa clase de situaciones de memoria.

Y también ronca como carcacha descompuesta - murmuro un poco más relajada mientras cortaba un trozo de su pastel de dátil.

Sango y Miroku pegaron una carcajada entre divertidos y aliviados por la broma, si Kagome ya era capaz de bromear así significaba que no estaba deprimida ni mucho menos, como ellos temían. Claro que, como estaban seguros Kagome y Miroku, Inuyasha tendría bien avenido que no se topara con Sango en una muy larga temporada si no quería acabar ya sea muerto, o solamente mutilado y castrado, si es que corría con mucha suerte o que la castaña estuviera de un muy buen humor.

-lo que me parece extraño es que no haya venido corriendo tras de ti- murmuro Sango secándose ligeramente las lágrimas que habían escapado de sus ojos por las carcajadas.

-¿Por qué habría de venir tras de mí? Ahora debe estar muy ocupado divirtiéndose con Kikyo- negó desdeñosamente la azabache.

- ¿con Kikyo? Pero ella está modelando la última moda de Gucci en Paris, y ustedes fueron a las islas griegas ¿o no?- pregunto Sango sin comprender, pero teniendo a la vez mucho cuidado de no decir "luna de miel".

-no, ella llego a su villa de descanso unas 6 horas después de que llegáramos al hotel y pasara… eso…- las mejillas de la azabache se colorearon ligeramente de rojo mientras se servía otra porción de pastel.

Miroku por primera vez en su vida empujo su libidinosa curiosidad y se mordió la lengua para no hacer ningún comentario que le costara la vida a sus futuros hijos y a las noches especiales que compartía con su esposa.

-¿ha hablado con ella señorita?- pregunto Miroku intentando satisfacer su otra curiosidad la que no solía calentarle las hormonas, ni provocarle recibir cachetadas.

-no en los últimos 6 años- contesto Kagome levantándose para ir a la cocina, si mal no recordaba tenía un bote de crema batida y una botella de leche chocolatada que realmente deseaba en ese momento.

-¿entonces como…?- intento averiguar, se escuchó el refrigerador cerrarse antes de que ella contestara.

-él dejo su agenda tirada por la habitación, la vi mientras recogía mis cosas, tenía anotada la hora y un numero de vuelo anotado bajo la fecha de ayer, con unas enormes letras rojas que decían "Kikyo" además había anexada una lista de… emm… actividades de cama también con el mismo nombre- explico estirándose para bajar uno de esos vasos con tapa giratoria que eran muy populares en esos días.

-¡¿QUÉ ESE IDIOTA TENIA QUÉ?!- el grito de su mejor amiga le taladro los tímpanos, pero continuo intentando alcanzar el vaso de la repisa. Pero por el rabillo del ojo alcanzo a ver que Miroku saltaba de la mesa y se tiraba tras el sofá de un clavado.

-¡AH! ¡AHORA DE MI NO SE SALVA! ¡LO VOY A HACER PEDASOS! ¡MALDITO ANIMAL! ¡BASTARDO! ¡CANALLA! ¡PEDASO DE IDIOTA!- los insultos volaron por el departamento al igual que casi todas sus estatuillas, cuadros y cojines, ella espero pacientemente mientras se servía la deliciosa leche chocolatada y luego coronaba su pastel con una muy generosa cantidad de crema batida. Miroku permaneció a cubierto sin siquiera asomarse esta vez.

Pasaron como 40 minutos hasta que Sango perdió las energías y se agotó, para entonces toda su sala era un caos y de su pastel solo quedaban unas pocas migajas. Al no escuchar más ruidos ni insultos Miroku asomo primero una gorra que había volado tras el sofá junto a él. Nada, el giro de derecha a izquierda lentamente, nada otra vez, asomo la cabeza.

Sango estaba semi recostada en el sillón junto al sofá y se frotaba la garganta debido al dolor por gritar tanto. Miroku se aventuró a salir muy lentamente, pero cuando estuvo seguro de que su mujer se había calmado se irguió por completo fuera de su escondite y se acercó para acunarla en sus brazos y mimarla un poco.

Kagome llego un segundo después llevando una taza de infusión humeante con limón y mucha miel. La puso frente a los enamorados y se tendió completamente estriada sobre el sofá. Había sido un día demasiado largo tras otro, y a la mañana siguiente debía ir al trabajo. Su consuelo era que solo faltaba poco más de un mes para las vacaciones y entonces podría disfrutar de un buen descanso, rica comida y pasar mucho tiempo en todos sus sitios favoritos, y con algo de suerte en dos meses su Bankotsu tendría listo lo de su divorcio seria libre de ese miserable.

Aunque si era sincera consigo misma dudaba volverlo a ver, aunque su sexto sentido le advertía que eso no había acabado. Suspiro de cansancio y se acomodó sobre su brazo derecho, sango y Miroku seguían quietos y en silencio, así que decidió tomar el mando de la televisión y poner su película favorita "Los Dioses Deben Estar Locos", era mejor para que todos se relajaran.

Un par de horas, dos botellas de refresco, una de leche chocolatada y tres tazones de palomitas después Kagome despedía a sus invitados inesperados en la puerta, bueno se despedía de Miroku quien llevaba a una durmiente Sango entre sus brazos. La pobre se había agotado demasiado después de gritarle mil insultos a Inuyasha, y después recogiendo todo lo que había arrojado por el departamento.

-¿seguro que ya no te duele?- pregunto preocupada de verlo aun con la cara amoratada, aunque debía admitir que la hinchazón había disminuido considerablemente.

-ya no tanto señorita, además después de 6 años uno llega a acostumbrarse- se encogió de hombros Miroku teniendo cuidado de no despertar a su esposa.

-como gustes- se encogió Kagome de hombros. Aunque eran casi las 11 de la noche esta era clara, ya había parado de llover y sabía que Miroku llevaba coche, no les pasaría nada malo.

-¿usted se encuentra bien?- pregunto el oji azul con abierta preocupación, lo cierto es que no se sentía cómodo dejándola sola y la culpa lo carcomía sabiendo que todo era parcialmente culpa suya.

-no te preocupes por mí, en unos minutos iré a dormir y mañana regresare al trabajo- sonrió cálidamente para espantarle las preocupaciones.

-¿trabajo? ¿La esperan mañana sabiendo que estaba de luna de miel?- pregunto confundido, ¿Qué clase de jefe no daba tiempo para que una pareja disfrutara sus primeras semanas de casados en paz?

-yo no avise Miroku, para ellos solo pase el fin de semana en casa como siempre- explico Kagome negando suavemente con la cabeza. El muchacho se tragó cualquier comentario, era más que claro que ella sabía que eso iba a suceder, de un modo u otro.

-no puedo terminar de disculparme con usted por lo que mi amigo… bueno…- se interrumpió no sabiendo como continuar o si debería seguir considerando a "ese hombre" su amigo. Kagome le dio un golpe juguetón en la cabeza.

-dejalo Miroku, no vale la pena, yo estoy bien y en unos meses Ban tendrá los papeles listos, no pasa nada- lo tranquilizo (regaño) la azabache. Miroku dejó escapar un suspiro, no entendía como podía estar tan calmada, pero lo relajo el saber que Bankotsu ya estaba metiendo sus manos en el asunto legal.

-¿desea que pase a buscarla? A Sango no le gustara que se marche sola- ofreció.

-no gracias Miroku, deje mi coche en la pensión que está a dos cuadras, además que Sango entenderá que puedo hacerlo yo sola- se reusó Kagome, pues bien sabía que Miroku lo decía más por aliviar su propio suplicio que realmente por lo que pensara su mejor amiga. El choco iba a protestar, pero el ver a su esposa removiéndose incomoda en sus brazos lo callo.

-de todas maneras s se le ofrece algo…- debía hacer un último intento.

-les avisare, palabra de Girl Scout- prometió poniéndose una mano en el corazón.

-está bien, pase buena noche señorita Kagome- se rindió finalmente, después de todo era tarde y también estaba cansado.

-ustedes igual- sonrió mirando cómo se alejaban por el pasillo.

-¡y maneja con cuidado!- le grito cuando estaba por doblar la esquina.

-sí, claro- asintió con cansancio el peli negro, mientras le restaba importancia con un gesto de la mano.

Cuando desaparecieron de su vista Kagome cerró la puerta, se dirigió al baño con pasos perezosos y comenzó a cepillar sus dientes mientras una que otra risa se le escapaba. La visita de esos dos le había caído como un milagro del cielo, gracias a ellos y sus payasadas había olvidado mucho del dolor que había sufrido el día anterior, y el poco terco que aun persistía no tardaría en desaparecer también.

De ningún modo permitiría que ese idiota se metiera bajo su piel y le amargara la vida mientras estaba tan campante divirtiéndose con su prima o con cualquier otra desafortunada que tomara por amante. Con ese pensamiento en mente volvió a su cama, se envolvió como un capullito en su manta favorita y recostó la cabeza en la suave almohada de plumas envuelta en tela esmeralda.

-disfruta tu luna de miel Inuyasha Taisho, y que seas feliz con lo que elijas, voy a conseguir olvidarte y voy a ser feliz sin ti- sonrió burlonamente antes de apagar la luz. Cerrar los ojos y dejarse acunar en los brazos de Morfeo.

Pero lo que ella no sabía era que a varios kilómetros de ahí, un muchacho de cabello plateado y ojos de oro yacía en la cama con su amante, sin poder conciliar el sueño o cerrar los ojos tan siquiera…

Continuara…