¡Holaaaaaaa! Me demoré bastante en subir el capítulo, pues la falta de imaginación y unos cuantas viajes hacia el interior de mi ciudad me han estado jugando una mala pasada. En fin, nada que decir, excusas no son válidad.
Muchas gracias por sus reviews, amé cada uno de ellos. Creo que respondí todos (: Créanme que para mí es satisfactorio que formulen tantas dudas (a)! Jajaja, así se enganchan (hell yeah) xDDDDDD. Valeee, me dejo de tonterías.
Disclaimer: Barney y sus amigos pertenecen a... ¿No? Ups, creo que aquí no va. Digimon NO me pertenece. No lucro escribiendo esto. Peeero, algún día revelaré la verdadera identidad setsual de Barney, ya verán. Y algúuuuuun día, haré que Tai me baile en tangas en un fic. Síp.
Capítulo tres: Ella no es.
—¿Y cómo es ella? —preguntó divertida la mujer.
Matt suspiró sonoramente. ¡Era la tercera vez que le hacía la misma pregunta! Él, simplemente, no quería contestar. ¿Por qué hablaba de ella cuando él era quien estaba lejos? Se suponía que preguntara por él, no por ella.
—Mamá, ya te dije que no quiero hablar de ella. ¿Para qué quieres saber? —respondió fastidiado.
—Vamos, quizá no sea mi sobrina directa, pero de que lo es, lo es —respondió de inmediato la mamá. Soltó una risa ante el tono que el rubio utilizaba. Sabía que lo estaba haciendo enfadar, pero prefería mil veces eso a ponerlo en un estado de melancolía. Al fin y al cabo, él estaba allá sólo por ella…
—Ya —respondió cortante. ¡Es que no le gustaba! ¿Y él dónde quedaba en el plano? ¿Por debajo de ella? ¿Enterrado en sus miles de caprichos?
—Comienza a hablar, Yamato Ishida —Natsuko utilizó el tono más autoritario que pudo haber fingido en esos minutos. Sin embargo, tras apenas decirlo, río sonoramente. Jamás le había hablado tan golpeado a su hijo… sinceramente, era una muy mala actriz.
El rubio esbozó una sonrisa ante la melodiosa risa de su mamá. La extrañaba, demasiado. Se le hacía duro estar lejos de ella, más cuando estaba pasando por la situación tan dura que estaba viviendo en esos momentos.
¿Culpable?
La pregunta se le vino de lleno a la cabeza. ¿Se sentía culpable por dejarla, aparentemente, sola? Porque sabía de ante mano, que sola no estaba, Takeru la acompañaba. Pero estaba sola en su lucha… TK no sabía nada de nada. No tenía conocimiento alguno de la situación que estaban viviendo.
No. No se sentía culpable. Él estaba allí por una razón: ella. Él sacaría la carrera de medicina por ella, por nadie más que por ella. Su mamá.
—Ella es… —comenzó diciendo. ¿Ella es? ¿Qué es ella? No sabía cómo decirlo— Mejor dicho, ella no es como todas las mujeres normales. Caprichosa, mimada, ingenua, chillona y te podría mencionar que también es bastante gritona. No es para nada sencilla, o eso da a entender con sus acciones. No es receptiva, cuesta que se quede callada y te deja sin hablar como por más de veinte minutos. Ya está, ahí tienes a tu sobrina —terminó por decir a grandes rasgos.
No todo era verdad, claro. En un comienzo la chica sí fue así, pero ya al cabo de los cuatro días que llevaba, más o menos en su hogar; había cambiado… un pelín.
Al menos, podía entablar una conversación sin pelear cada dos segundos. Claro que aquellas discusiones aparecían, al cabo de quince minutos o más, quizá; pero no era tan insoportable como los dos primeros días.
—No puedes decirme cómo es en verdad, porque no la conoces Matt.
—¿Entonces para qué me preguntas cómo es? —farfulló molesto. ¡Demonios! Por algo no le quería contestar— Esa es la primera impresión que te da la mujer, no es mi culpa que ella exponga esa imagen —siguió con un tono más elevado.
—Baja la voz jovencito —respondió de inmediato. Una cosa era tener una amistad con su hijo y otra muy diferente era que éste la tratara sin respeto. En fin de cuentas ella era su madre y sólo ella era capaz y tenía el derecho de gritarle— TK me habló lo que tú y él habían conversado. No quiero sonar repetitiva, pero ya sabes lo que pienso al respecto.
—No quiero hablar de eso. No recargué con tanto dinero el móvil así que…
—A mí no me vengas con esas excusas Yamato Ishida —le cortó de una— No soy tu hermana. Sabes cuánto me molesta tener que frenar el sueño de tu hermano, Matt. Él no merece que le hagamos esto…
—Mamá, él debe quedarse contigo. Cuando regrese podrá cumplir todas sus metas
—¡En cinco años más! O quizá seis, quien sabe cuánto te tome sacar tu carrera —pausó. Una tos quejumbrosa comenzó a hacer estragos en su garganta. Tras unos minutos, y con mucho esfuerzo, tomó aire y siguió: —No quiero vivir con la pesadez de que le quité el sueño a uno de mis hijos por una cosa totalmente mía. Propia. Takeru aún es muy joven y no merece que ni yo, ni nadie, le quite sus sueños y objetivos.
—Tú necesitas a alguien a tu lado y lo sabes. Se lo contaremos a TK, quedamos en lo que haríamos luego de un tiempo. Mamá, esto es por tu bien… ¡Estás enferma! —le gritó. Sintió unos pasos desde abajo. De repente, se dio cuenta en el lugar donde se encontraba. Sentado en la escalera del departamento; unos pasos más allá se encontraba la puerta que traía consigo el cartel de "Tachikawa" en rosado con amarillo. Hasta el momento nadie había salido a buscarlo para comer o para algo más. Los pasos se hicieron más fuertes a medida que la persona iba subiendo por las escaleras— Debo colgar… te llamo mañana —cerró el móvil con fuerzas.
Frotó sus ojos cansado. Realmente lo estaba. No había hecho nada como para estarlo, pero mentalmente, estaba muy cansado. Harto de la situación, tomó aire, lo más que pudo y exhaló suavemente. Sintió que esos cuatro días habían sido como semanas. Semanas largas, con minutos que parecían horas. Aún le quedaba mucho…
Tocó la puerta tres veces. Los pasos rápidos se hicieron presentes enseguida dentro del departamento.
—¡Tendremos que pasarte una llave! —anunció Satoe apenas abrió la puerta y divisó al rubio.
Yamato le dedicó una pequeña sonrisa. Entró al lugar con pesadez… ¡No sabía qué hacer! Los padres del hogar estaban completamente inmersos en la televisión, envueltos en un cálido ambiente, abrazados. Cada tantos minutos se miraban y sonreían amablemente uno al otro.
Y para él, era inevitable no parecerle tierno el acto.
Metió las manos al bolsillo y soltó un suspiro inaudible casi hasta para él mismo. Dirigió la vista hacia la mesa del comedor, un diario abierto sobre ésta le llamó la atención. Quería trabajar y la mejor opción para buscar trabajo, era en esas hojas de papel. Caminó rápidamente hacia él, lo tomó entre sus manos y comenzó con su búsqueda.
"Niñera/o de Lunes a Viernes, ocho horas…"
Bien, él no era muy empático con los niños pequeños. De hecho, bastante le había costado acostumbrarse a su hermano cuando éste apenas era un bebé. Al ser hijo único, toda la atención que él acaparaba, fue directamente dirigida hacia el pequeño Takeru. No le molestaba, en ese minuto, pero sí que no soportaba el llanto, los gritos y las pataletas de berrinche que hacía cada tantos segundos el rubio bebé.
Pero tenía experiencia. Y mucha. Cuidó de su hermano bastante tiempo, podía mantener la paciencia casi las veinticuatro horas del día con su hermanito. Entonces, ¿por qué no la podía mantener ocho horas con otro?
Siguió la lectura para saber un poco más del trabajo.
"Edad de siete años, estudiantes primarios"
¿Estudiantes? Matt arqueó una ceja algo indeciso. Eso quería decir que eran dos…
Dos. Dos. Dos.
Torció los labios. ¡Él necesitaba el trabajo sí o sí!
"Cinco niños"
El rubio dio vuelta la página rápidamente. ¡¿Cinco hijos? ¿Qué a caso los papás no conocían otra diversión aparte de… eso?
Se golpeó mentalmente al pensarlo. No quería saberlo ni tampoco pensarlo. Se sentó en la mesa sin hacer ningún ruido, hojeando nuevamente el diario. Los trabajos eran locos. Muchos pedían "Joven acompañante" "Niñera/os" "Aseo en casas"; y a él simplemente no le venían esos trabajos.
Cerró el diario fuertemente y lo dejó caer en la mesa. Se sentía frustrado y aburrido. Muy aburrido. Discutir con su mamá no era lo mejor que le pasaba, se suponía que él la llamaba para saber cómo estaba, cómo se encontraba TK, novedades, entre otros temas; no para seguir dándole vueltas al mismo tema que ya tenían, supuestamente, cerrado.
El timbre del lugar lo sacó de sus cavilaciones. Sonó alrededor de tres veces y nadie se paraba a abrir. Miró hacia el living para ver si los papás de Mimi estaban sordos o simplemente se hacían los sordos. Sin pestañear, miraban el televisor hipnotizados, aún envueltos en un abrazo.
—¿Podrían abrir la puerta por favor? —el chillido de la castaña se hizo presente por todo el departamento. El rubio carraspeó. ¿Era normal que gritara tanto la mujer?
Para evitar nuevamente un grito de la chica, decidió abrir la puerta.
—Hola —Sora le saludó amablemente tras verlo parado al otro lado— ¿Está Mimi? —preguntó enseguida, antes que él pudiese saludarla.
—Eh… creo que ella está en su habitación —le respondió mirando hacia el pasillo que llevaba a la pieza de la chica— ¿Por qué no la esperas adentro?
—¡Vaya! Le dije que tenía que estar lista a las tres y media —llevó sus manos hacia la cabeza, haciendo un ademán de enojo— Dile que la esperaré en la cafetería del centro comercial, ella sabe cuál es, siempre nos juntamos ahí.
—Pero…
—¡Y dile que no se olvide de llevar sus llaves del departamento que siempre se queda afuera! —le cortó la pelirroja, sacando apresuradamente algo de su pequeño bolso.
—Dile tú porque…
—¡Toma! —puso un móvil en las manos del rubio, sacándolo completamente de lugar. ¡Qué rayos esa mujer! Ya veía porqué Mimi y ella eran amigas: ninguna de las dos se callaban nunca. ¡Él quería hablar y ella no lo dejaba ni completar una frase!— Es su celular, a la muy tonta se le quedó en mi casa ayer cuando fue a visitarme. Dile que se apresure o me iré a conseguir trabajo sin ella.
Sora se despidió con un gesto de mano y salió corriendo por el pasillo del edificio.
—Mujeres… —susurró mirando con detalle el móvil entre sus manos. Un celular rosado, con un pequeño colgante de hada. No le sorprendía. De Mimi podía esperar eso y mucho más.
Cerró la puerta tras él, dando media vuelta rápidamente para dejar el celular en la mesa.
—¿Es mi bebé? —Matt se incomodó. ¿Cuánto rato llevaba ella tras él? La castaña cruzaba sus brazos por el nivel del estómago, mirándolo confundida. El cabello totalmente despeinado, mojado, le llamó la atención. Ella vestía siempre muy ordenada, sus castaños cabellos siempre estaban peinados. Parecía una leona— ¿Y bien? —siguió hablando la chica cerca, pero muy cerca de él. Unos cuantos centímetros los alejaban de toparse nariz con nariz. ¿Por qué estaba tan cerca de él? ¡Sentía su respiración, la palpaba hasta con los labios!
—¿Deseas saber el color de mi iris o qué? —preguntó, tratando de reponerse de la cercanía de la chica. No era que a él le pusiera nervioso aquella cercanía, si no que era algo de su espacio personal. Matt removió sus pensamientos un poco… ¡No sabía! ¿Era eso? ¿O era simplemente porque la chica se veía naturalmente hermosa sin un retoque de maquillaje? Quiso castrarse ante el pensamiento.
—Deseo saber porqué tienes entre tus ásperas manos a mi hermoso bebé —le respondió Mimi. Seguía en esa posición, sin moverse un poco. Era como una lucha entre los dos: quiénes pestañeaban más luego perdía. Esa mirada… Su respiración comenzó a ser más intensa y a cada tantos segundos se le cortaba. Mierda… le hacía mal estar frente a esos ojos azules tan llamativos y atrapantes. Sin embargo, la férrea posición la mantenía.
—¿Ásperas manos? —toda señal de nerviosismo y/o vergüenza pasó a segundo plano en la cabeza de Matt. El comentario poco cuidadoso de la chica lo había sacado de sus casillas. Algo tan simple, lo podía hacer enojar— Comprueba si están ásperas —una leve sonrisa dibujó ante su propio comentario. Quiso decir mucho más e implantar de ironía la frase, pero más que un sarcasmo, parecía una tentación. Ni siquiera había completado la frase, la dijo sin chistar y sin medir. La voz ronca utilizada le dieron todos los pases para que eso sonase insinuante.
Oh rayos… ¿qué había dicho? ¿Se le estaba insinuando? ¿La estaba invitando a algo más o qué? Hasta él mismo se sorprendió ante sus palabras. Tanto así, que no pudo articular nada más.
Mimi ahogó un quejido o alguna especie de éste. Sus orbes cafés se abrieron de par en par y sus labios apenas se abrieron para emitir… nada. La posición mantenida se había deshecho, bajando los brazos caer a su lado. La sorpresa la había golpeado. Como una cachetada en el rostro.
La mirada de Matt se posó en un instante en sus ojos, el ambiente se tensó y ninguno de los dos hablaba. El incómodo silencio era aterrador hasta para ellos mismos. ¿Qué se suponía que ella debía responder? ¿Oh sí, acaríciame? ¡Porque ella había entendido eso o mucho más!
O quizá ella era una malpensada de pies a cabeza…
O él un lanzado de tomo y lomo.
La armoniosa música retumbó en el espacio de los chicos. El celular de Mimi comenzó a vibrar y a sonar fuertemente entre las manos del rubio. Él, desviando la mirada de la castaña hacia el móvil, usándolo como excusa, lo levantó desde el colgante y lo puso frente a los ojos de la chica; que hasta ese entonces, aún no los despegaba del muchacho.
Mimi despabiló y tomó el celular rápidamente, contestando y así, dándole la espalda al chico.
—¿Qué? —contestó algo confundida ante la situación. El rubio comenzó a dar unos pasos hacia un lado para partir a su habitación.
—¡Te estoy esperando hace más de diez minutos Mimi Tachikawa! Ya sé porqué tú y Yamato son primos —pausó, tomando aire— ¡Son igual de olvidadizos! Le dejé un recado para ti —Sora bufó.
—Lo siento amiga, ya estoy saliendo —le respondió rápidamente, dando media vuelta lentamente y rezando para no encontrarse con Matt.
—Más te vale, no quiero perder la oportunidad de un trabajo —la pelirroja del otro lado del teléfono le colgó inmediatamente.
—No perderemos el tra… bajo —Mimi frunció el ceño. ¡Cómo era posible que le cortara el celular! Qué mal educada era la chica. Gruñó mientras rascaba sus cabellos alborotados. Por el rabillo del ojo divisó que Matt la miraba aún. ¿Por qué no se iba a su habitación?
—¿Irás a buscar trabajo? —su voz masculina retumbó la mente de la chica.
—Eh… —dudó un poco. Unas cosquillas en el estómago de hicieron presentes en ellas. Muy mal. ¿Qué le pasaba? No era como si él y ella se hubiesen besado para reaccionar de esa manera— Sí —respondió mirando el celular.
—¿Puedo ir? Yo también quiero un trabajo —sin siquiera esperar la respuesta de la chica, comenzó a caminar hacia la puerta. Pasó por delante de Mimi y tomó la perilla, abriendo la puerta.
—No te he contestado —articuló frunciendo los labios. El rubio la miró hacia atrás topándose con su mirada. Mimi se alejó inmediatamente de él, no quería estar de esa manera, tan cerca de él— Bien, vamos, pero te aseguro que es un trabajo duro —pasó por su lado, evitando la mirada de él y caminó por delante de su persona.
~o~
—¡No, no, no! —Sora gritó en el oído de Mimi— ¡Definitivamente tú no tienes noción del tiempo! —la regañó.
—Lo siento Sora —se disculpó haciendo un puchero, mirándola tiernamente. La aludida simplemente arqueó una ceja tomando una posición de un claro enojo. No la convencería haciendo la cara de cachorro que a la mayoría hubiese convencido.
—No Mimi Tachikawa, debes aprender la lección. Si ni siquiera eres capaz de llegar a la hora para pedir trabajo, ¿cómo demonios piensas llegar a tiempo para el trabajo? —hizo énfasis en lo último, moviendo sus brazos de un lado a otro. Matt se dedicaba a mirar la escena en silencio. En parte, él había tenido la culpa por no avisarle a tiempo a la chica.
—¡Vamos Sora! —le lloriqueó— Prometo comprarte un helado sabor menta apenas salgamos del trabajo, ¿ya? —sonrío tomándola del brazo. La pelirroja pensó en un momento en la situación: ella amaba esos helados.
—Bien, prométeme que nunca más me dejarás esperando de esta manera —Sora la miró de reojo, caminando hacia la tienda.
—¡Lo prometo! —expresó alegremente la castaña, siguiéndole el paso. Miró hacia atrás y divisó que Matt no caminaba. Hizo un gesto con la cabeza indicándole que ese era el lugar donde irían a pedir trabajo, aún así él no avanzó siquiera un paso.
Mimi se apartó de Sora diciéndole que siguiera el trayecto, ella iría más atrás. Se paró frente a Matt, lo miró como estudiándolo determinadamente.
—¿Qué haces? —le dijo apenas vio cómo ella lo miraba de arriba para abajo y de abajo para arriba.
—Estoy buscando el botón para que puedas caminar, ¿no tienes uno? ¿Cómo se activa? —preguntó ella divertida. Yamato suspiró cerrando los ojos ante su comentario.
—¿No querías trabajo? Te aviso que si tus pies no se mueven y no te llevan hasta esa tienda —apuntó tras ella una tienda de libros— No conseguirás ningún trabajo.
—Sí, pero no deseo arrebatarles el trabajo a ti y a tu amiga.
—¡Oh! —exclamó sorprendida. Sonrío maliciosamente— Con que Matt se preocupa si yo no consigo trabajo, qué amable eres eh —con la punta del dedo índice tocó el pecho del rubio. ¿Qué estaba haciendo? ¿Una especie de coqueteo? Mimi sacó su mano rápidamente y comenzó a caminar dándole la espalda, sin antes anunciar: —El tío de Sora trabaja aquí y necesita mucha gente, así que apresúrate que de seguro nos contratan enseguida.
Mimi se sermoneó mentalmente. ¿Por qué de la nada salían esa clase de actuaciones? ¿Por qué le daba por querer tocarlo y sonreírle? ¡Ella no era así! Respiró hondamente, intentando sacarse de la cabeza los pensamientos insanos de su primo.
Sí, en unos comienzos lo encontró lindo. Bonito. Y hasta sexy. La primera impresión le importaba mucho a la mujer, ¿no? A ella, le importó, en unos segundos. Luego de que él hablara, toda impresión buena se había ido al tarro de la basura. Ella no podía decaer y comenzar a hacer una especie de juego con él, claro que no, además eran primos. ¡Primos! Familia, familiares, sangre de su sangre. Para ella ya era un error pensar que él era lindo o sexy… Con eso ya tenía comprado su boleto para visitar al coluo.
Al entrar a la tienda encontraron a Sora hablando con un hombre. Al parecer, la chica le contaba quiénes eran los que venían con ella y para qué querían el trabajo.
—Mimi, acércate —la llamó apenas se percató de su presencia— Tú también Yamato —sonrío cuando lo vio entrar tras su amiga. Los dos se acercaron al gran mesón.
—Bien chicos… —el hombre ordenó unos papeles que estaban ahí, dejándolos a un lado para tomar un lápiz y anotar algo— Díganme sus nombres y para qué quieren el trabajo.
—¿No se necesita un currículum para esto? —preguntó extrañado Matt. El hombre torció los labios y dijo algo inaudible para los presentes.
—Les hago el favor porque son amigos de mi sobrina, ¿lo toman o lo dejan? —expresó con molestia. Mantenía el ceño fruncido la mayoría del tiempo. Matt lo imitó, entrecerrando los ojos con algo de enojo. ¿Quién era para hablarle así? Nadie.
—Mimi Tachikawa necesita el trabajo para comprar ropa, así de simple —la castaña sonrío tras terminar su "discurso", dejando tanto a Matt como a Sora algo descompuestos. ¿De vedad quería el dinero para eso?
—Bien, contratada —escribió el nombre de Mimi en el papel. Tras esto, la chica gritó "Yoho" con todas las fuerzas, danzando extrañamente. Sus brazos parecían gelatina y sus piernas torpemente se movían. Sora la felicito abrazándola.
—Yamato Ishida. Necesito el trabajo para pagar cuentas y mantenerme aquí —articuló tajantemente.
El tío de Sora lo miró detenidamente. Arqueando una ceja. Dejó el lápiz a un lado junto con la hoja en donde había anotado anteriormente. Mimi y Sora mantenían el abrazo, pero ésta vez, más separadas, mirando con atención la escena y en silencio.
La posición de Yamato demostraba claramente una idea de lo que estaba pensando. Con las manos en los bolsillos, mirando fríamente el lugar, sacando conjeturas que quizás, eran más erróneas de lo que él creía.
El hombre seguía mirando a Matt hasta el punto que a éste lo incómodo. ¿Qué? ¿Era gay a caso el tío de Sora? El rubio movió la cabeza un poco incómodo ante la mirada del hombre moreno y alto.
—No estás contratado.
—¡¿Qué? —gritaron al unísono Mimi y Sora. Ésta última apenas podía articular algo, ¿qué podía decirle a su tío? ¡Él era el dueño de la tienda!
—Pe-pero tío, te falta personal… creo que…
—Nada. He dicho que no. ¿Quieres también tú perder el trabajo? —la miró con fastidio. Sora lo fulminó con la mirada. No entendía el comportamiento de su tío, él siempre había sido un hombre bueno, jamás dejaría afuera a un chico que necesitase tanto el dinero.
Matt dio media vuelta saliendo de la tienda, sin decir nada. Era obvio, el hombre era un pervertido que no quería hombres en la tienda.
Pervertido…
Por un sensato momento pensó y se cuestionó si era seguro dejar a Mimi trabajar allí. Mas la idea se le fue pues el enojo lo cegó, como siempre solía hacerlo. Salió del lugar hecho un manojo de rabia. Sacó las manos de los bolsillos de su pantalón para encerrarlos en puños fuertemente apretados. Los labios torcidos y el ceño daban una clara imagen de enojo total en él.
Mimi miró a su amiga algo confundida… Ella le había dicho que su tío siempre aceptaba a chicos con problemas de dinero, tales como el problema de su primo. Sora le dedicó una mirada de resignación.
—Intentaré hablar con él en un rato más, ¿si? —le susurró acercándose a su oído, cosa que el tío no se enterara de nada.
—Vale… yo lo seguiré, no quiero que se pierda —contestó enseguida. Sora sonrío complacida ante el cambio de su amiga.
—¡Hey Manuel! —gritó mirando hacia una puerta que daba al pasillo— Trae los libros que te pedí hoy en la mañana y ponlos en la vitrina.
Un chico salió por la puerta antes aludida, con unas cajas grandes entre sus brazos. Apenas podía divisar su camino, reía y se tambaleaba cada vez lo que hacía.
—¡No es Manuel! —dijo riendo— Es Taichi Yagami.
El chico bajó las cajas dejándolas en el suelo.
~o ~
Mimi corrió todo lo que pudo. El cielo comenzaba a nublarse y ella se maldijo por vestir tan de verano. Tomó su bolso buscando el celular, iba a llamarlo así se le haría mucho más fácil buscarlo y saber dónde estaba. ¿Cómo era posible que el chico corriera o caminara tan rápido? Ni siquiera habían pasado diez minutos en lo que ella había salido de la tienda.
Sin contar que se quedó al menos, unos cinco minutos mirando bolsos…
Y otros cinco minutos mirando botas…
Y… maquillaje.
—¡Demonios! Mimi, ¿por qué tenías que ser tan mujer? ¿No pudiste ser un poco más hombre y no enamorarte de cada cosa que ves en las tiendas? —habló fuertemente. La gente de alrededor la miraron extrañamente. Sin importarle las miradas de los demás, siguió buscando el móvil entre todas sus cosas. Y todo iba de peor en peor. El cielo no sólo se teñía de gris en la ciudad, también comenzaban a caer unas que otras gotas.
Sacó el celular del bolso, mucho más agilizada, lo tomó y comenzó a marcar…
—No tienes su número… ¡Dios santo! Mimi eres una tonta —susurró ésta vez, para sí misma. ¿Ahora qué haría? Guardó el celular rápidamente en el bolso y caminó hacía una esquina del lugar para poder visualizar mejor el espacio. La gente comenzaba a correr por la lluvia que se hacía mucho más fuerte a medida que pasaban los minutos. Las calles se desalojaban velozmente.
—Maldito Matt oportunista… cómo se puede ir a sabiendas que no conoce ni pío de la ciudad —volvió a hablaren voz alta. Su ropa comenzaba a mojarse, al igual que su cabello que hasta hacía poco se había secado debido al sol que había en la ciudad. El clima era tan cambiante como ella y su ropero.
Caminó alrededor de cinco cuadras más allá, buscando aún al chico. La torrencial lluvia era insoportable para su cuerpo. No hacía frío, pero al menos su cuerpo comenzaba a notar el cambio de temperatura que había sufrido. ¡No se podía resfriar!
—Debí haber vuelto con Sora…
Y era verdad. Apenas la lluvia apareció, ella debió haberse devuelto hacia la tienda. Pero no pudo hacerlo, la preocupación la invadió y más aún cuando todo comenzó a ser mucho más complicado. Matt no llevaba tampoco una ropa que se asemejara al clima que ahora vivían, iba mucho más desabrigado que ella… y solo, en una ciudad grande, que no conocía.
Divisó una calle consiguiente a la que estaba, caminó pacientemente hasta ahí para poder cubrirse con uno de los techos que sobresalía de una particular tienda, que a esa altura, estaba cerrada. Se quedó parada allí, esperando a que la lluvia cesara de una vez por todas.
Se agachó, sentándose en el suelo seco, acercó sus piernas al pecho y las abrazó.
—Quiero ir a casa… —susurró, hundiendo la cabeza entre sus piernas. Estaba sola, mojada y a punto de pescar un resfriado. Sola en una calle que apenas ella conocía. No le gustaba la soledad… no le agradaba para nada. Le desesperaba todo el asunto de estar sola, de tan sólo pensar que el accidente que vivió, lo vivió sola. Cerró sus ojos con fuerza, no quería llorar mas las lágrimas eran difíciles de contener. Respiró hondo, tratando de tranquilizarse y evitando así el llanto.
De pronto unos pasos cerca de ella se hicieron presentes. A Mimi se le detuvo el corazón…
—Eh, preciosa, ¿qué haces sola aquí? ¿Buscas compañía? —la voz masculina la llamó, parándose frente a ella. Mimi, aún con la cabeza gacha, pudo visualizar apenas los zapatos del hombre frente a ella— ¿Qué te pasa? ¿Estás durmiendo? —la movió con el pie.
—¡Oye zorra! —una segunda voz se unió a la conversación, ésta vez, el de una chica— ¡Contesta y míranos si no quieres salir herida, maldita!
Mimi levantó la vista y a su vez, se levantó por completo. La mujer parecía un esperpento, el maquillaje negro en sus ojos corrido por la lluvia, y el hombre, sonriendo maliciosamente.
—Qué quieren —sacó fuerzas para decirlo. Mantuvo su respiración calmada y serena.
—Tu dinero —le respondió la chica sacando por su chaqueta una pequeña navaja. Mimi se espantó, su rostro la delató completamente. Sus labios comenzaron a tiritar del miedo. ¡Le estaba dando pánico! El cuerpo se le inmovilizó por completo y la respiración le faltaba.
—O quizás tu cuerpo… —mencionó el hombre devorándola con la mirada. La mujer que lo acompañaba soltó una carcajada enorme, casi gritando.
Mimi no soportaba la situación, ¿cómo que todo había pasado tan rápido? De repente estaba ella ahí, riendo con su amiga y ahora, estaba ahí… casi al borde de la desesperación y de las lágrimas. Otro hubiese sido el cuento si ella sacase el valor que normalmente sacaba en otras circunstancias.
"Mimi tranquila, tranquila. Que no te invada el pánico, ellos quieren el dinero, dáselos… no me tocarán… no… no harán nada más…" Comenzó a decirse mentalmente. El miedo más que todo, era a que él la tocase o le hiciera algo mucho más allá de robarle el dinero.
La castaña lanzó el bolso hacia los pies de la chica sin chistar.
—¿Qué? —articuló enojada la mujer— ¡¿Toma perro? ¿Así me pasas las cosas? ¿Te enseñaron modales puta? —le preguntó acercándose a ella, pateando el bolso.
—N-no… —murmuró apenas— Te he pasado todo lo que tengo —siguió alzando un poco más la voz.
—La falta de modales a mí no me gustan… —el hombre también caminó hacia ella, acercando su cuerpo al de Mimi— Tendrás que —pausó, poniendo una mano en su cintura— Pagarme en carne.
Ella quiso llorar, gritar, patear, golpear, morder…
Mas nada pudo hacer. El grito se hundió dentro de ella misma, haciendo que el pánico y la desesperación se apoderaran de su cuerpo. Las lágrimas no salían, sin embargo querían hacerlo. Mimi miraba horrorizada al hombre frente a ella…
Se iba a morir.
—¡Un momento! —Yamato Ishida paró toda acción del tipo. El hombre lo miró levantando las cejas y río sonoramente.
—Ya ya, típico de una película: el príncipe rescatando a la princesa. ¡Pero qué bobada! —espetó con sorna. Le dio una señal con las manos a la mujer que seguía con la sonrisa en el rostro. Ésta se acercó hacia él.
—Lo siento mi cielo, eres guapísimo, pero un corte en el rostro no te vendría mal.
—Lo siento querida, eres mujer pero ten en cuenta que el golpe al menos arreglará tu fea cara.
La mujer gruñó lanzándose contra él, con la navaja en manos. Matt esquivó el corte como pudo y tras esto la pateó, haciendo que la chica cayera al suelo y así soltando el pequeño cuchillo. El rubio alejó la navaja de un solo golpe y luego, miró a la chica que se paraba rápidamente.
—Que tengas un lindo sueño —un combo recibió la mujer, dejándola inconsciente en el suelo.
Matt dirigió su atención hacia Mimi y el hombre.
—No hagas nada y la chica se irá conmigo —advirtió apenas el rubio dio el primer paso, haciendo que se detuviese.
La castaña aún con la vista posada en el hombre, intento calmarse. Respirar se le hacía cada vez más difícil y la cercanía que tenía con el chico no le permitía moverse ni un milímetro. Sus labios aún tiraban con gran fuerza y sus manos las tenía a un lado, inmovilizadas. Las piernas comenzaron a tambalearse.
—Toma el dinero y vete —le respondió desafiante Matt.
—¿Y si no quiero? Me llevaré a esta zorra como sea.
Yamato se molestó ante el llamado del chico hacia Mimi. ¿Qué podía hacer ahora? ¿Qué? Si se movía, él podía sacar de donde fuese un arma y matar a Mimi…
El ambiente era muy tenso, nadie nada un solo paso, ni para adelante y hacia atrás. El hombre miraba desafiante y casi con victoria a Matt, mientras él, sólo intentaba averiguar cómo podía sacar a Mimi de la situación.
La víctima bajó la mirada ante el llamado el tipo… entonces, recordó. Recordó el juramente que se había hecho ella misma, nadie más podía volver a insultarla. No después de lo que vivió con ese hombre despreciable hace unos cuantos años atrás. Nadie tenía el derecho de pasarle por encima.
¿Zorra?
No permitiría que nadie más la llamara así en su larga vida.
—¡Veamos qué tan hombre eres! —gritó Mimi de repente. Descolando al tipo. La castaña levantó la pierna y pegó fuertemente en los genitales del hombre, haciendo que éste se torciera y cayera al piso fuertemente— ¡Maricón! —terminó por decir, corriendo hacia Matt con rapidez.
Rompió en llanto apenas se subió al taxi, todo lo que había aguantado salía sin parar de ella. Matt pasó su brazo por los hombros de Mimi, casi sin pensarlo. Verla tan vulnerable, tan triste, y casi destrozada, no le hacía bien. La entendía. Pasar por momentos así no era lo mejor, obviamente.
~o~
—Te debo el pasaje del taxi —anunció apenas entró al departamento. El reloj marcaba las siete de la noche. Estaba anocheciendo, el departamento se hacía cada vez más oscuro. Los padres de Mimi no habían dado señales, y todas las luces yacían apagadas— De seguro mis padres salieron, te devuelvo el dinero cuando lleguen —hablaba apenada, aún envuelta en un ambiente tenso. Habían caminado muchas cuadras bajo la lluvia, asustados, aún con la latente amenaza anterior. Ningún autobús quería llevarlos por lo mojados que estaban y los taxis pasaban cada tantas horas por el paradero. Horas esperando un taxi…
—No te preocupes, no es necesario que me los pagues —respondió, mirando la silueta de Mimi a través del oscuro departamento. Sólo una pequeña luz que entraba por la ventana alumbraba el triste rostro de la chica— ¿Estás bien?
Mimi negó con la cabeza, apretando su brazo con la mano y bajando la mirada. Aún estaba nerviosa y con miedo. Desde aquella vez, el miedo era algo que la atormentaba…
—Puedes… —se estremeció un tanto, tapó su rostro con el cabello, tratando de no mirar a Matt— ¿Podrías dormir conmigo esta noche?
El rubio abrió sus ojos de par en par.
UUUUUUUUUUUUUH, ¿qué responderá Matt? ¿Por qué Mimi está tan traumada? ¿Por qué Matt no quiere que TK se vaya con él? o3o ¿POR QUÉ TK NO SABE NADA DE LA ENFERMEDAD DE LA MAMÁ?
Okya. xDDDDD Bueno, eso sería chicos y chicas, un beso!
