Juego de detectives
Las semanas estaban pasando. El rostro de Mayura se había transformado, ya no solía sonreír y vivía durmiendo en clases, horas de receso y hasta había dejado de comer por las noches sólo para poder dormir más. ¿El culpable? Su nuevo trabajo que le demandaba tiempo de estudio, cena y descanso.
Daidouji Misao, su padre, estaba realmente preocupado por el bajo rendimiento de su hija, especialmente en la escuela, sus notas habían bajado mucho y todo por la culpa de aquel percance. Intentó obligarla que dejara el trabajo, pero el miedo de ir a la cárcel o lo que fuere hacía que se negara a las peticiones de su padre. Aunque fueran para su bien.
El amo Loki estaba al tanto de todo eso, y claro, él sabía todos los movimientos de Mayura, todo lo que pensaba cuando lo hacía en voz alta y sus actividades escolares, en su casa y en el templo. Notaba el cambio de la chica y no tuvo mejor idea que invitar a su "presa" a vivir en su casa.
Al principio, Mayura lo tomó sorpresivamente, luego, la desconfianza había acudido a las puertas de su razonamiento. Cómo no alarmarse, sabiendo que su jefe era un mujeriego, casanova y pervertido de cuarta. En aquellos días, sólo intentaba tocarla, pero con un llanto fingido, lo espantaba rápidamente. Mientras tanto, si no se entretenía persiguiéndola por la casa, lo hacía invitando a muchachas que conocía en el día.
En ese tiempo, investigó sobre él. La sorpresa de Loki al saber su manera de investigar, nada mal para una novata. Todo era a través de deducción y lo que simplemente veía de él. Velozmente podía leerle los pasos y descubrir sus intenciones, tales ventajas que la ayudaban a huir al presentir que se le acercaría con alguna intención libidinosa.
Yamino era el intermediario cuando Mayura temía ser acosada por su jefe, procuraba no entrar a su habitación ni al despacho – sola –, la única manera de entrar era si Yamino la acompañaba. A lo que Yamino sonreía por los intentos fallidos de conquista de su amo, esa chica finalmente le pondría los puntos.
Mayura llegó a su casa con la propuesta de su jefe, pero… ¿Realmente sería buena idea? Sabiendo como era su forma de ser y de actuar, ¿estaría a salvo dentro de esa casa? El cansancio le podía más y no creía otra mejor idea que aquella, después de todo, los fines de semana eran sus días libres.
Llegó a la entrada del templo y observó la situación, estaba indecisa, temía a que su padre se enfadara con tal propuesta, sabiendo de antemano que él no conocía personalmente a Loki.
Suspiró decidida, era hora de ser firme. Se adentró a su casa y saludó, fue recibida por su padre que parecía molesto. Miró su ceñudo mirar y dirigió los ojos hacia la mano en la cual había una hoja escrita. Sus ojos se desorbitaron, ¡no podía ser! Había revisado sus cosas y encontró el papel citatorio del cual trataría sobre el tema de sus notas y sus ausencias en clase por dormir como tronco. Y eso no era lo peor, lo que hacía aún más problemático del asunto fue que ella – no teniendo otra mejor idea – firmó el papel falsificando la letra de su padre. Simplemente estaba al horno con papas.
— ¡Mayura Daidouji! — realmente estaba enojado, no… ¡enfadadísimo! ¡Jamás!, pero jamás él la llamaba de esa manera, quizás sí por su nombre y con un grito, pero jamás por su nombre y apellido. Eso delataba que estaba metida en un gran lío.
— Hola papi — murmuró intentando apaciguar las cosas, pero las empeoró.
— ¡No quieras comprarme con eso! ¿Por qué escondiste esto? ¡Dime! — le exigió gritando, la compadezco pobre niña.
— Bueno… yo…
— Descuidas tus estudios, duermes en horas de clases y falsificas mi firma, ¿En qué estás pensando?
— Pero yo…
— No quiero oír peros… no lo puedo creer… — mirando el papel y dirigiendo con enojo la mirada hacia ella —: Todo esto es por tu estupidez, por tu torpeza y tu forma de ser infantil. ¡Madura Mayura!… ya no eres una niña… ¡Los fantasmas no existen! ¡Nada de lo que crees, existe! ¡Nada! Debes madurar, comportarte como una señorita.
Ella tan solo agachó la cabeza, a pesar de lo cruel de aquellas palabras, su padre tenía razón. Por su torpeza ella bajaba las notas, por su torpeza ella ahora no tenía aliento ni de vivir.
El joven amo de casa había visto marchar a la chica que le llenaba de intrigas. ¿Qué era lo que tenía que la hacía especial? Lo averiguaría, siendo el mejor detective, un caso como ese no se le escurriría de las manos.
Decidió seguirla, estaba aburrido y para aquella noche no había arreglado nada. Sería interesante conocer el templo en el cual vivía y conocer a sus padres. Conocía a su alrededor, por ende, no tendría problemas. Además la había estado vigilado por esos días, sólo había visto de lejos a su padre.
Llegó al templo a pie, odiaba la tecnología y repudiaba los autos, lo mareaban y descomponían. Por ende, ¡qué mejor que caminar!, alarga la vida y hace bien al corazón. Subió las escaleras y se fue acercando lentamente, con calma. Sus manos se escondían en sus bolsillos del pantalón, observó la estructura y lo bien cuidada que estaba. Sonrió, en persona era aún mejor que a través de la cadena.
Contemplando las similitudes de su pasado con el presente de aquel templo, unos gritos llamaron su atención, cerró sus ojos y observó la situación. Vio a un señor bastante enojado gritándole a Mayura. Se quedó afuera, observando todo desde el colgante para no interrumpir.
Se oía claro tanto por lo que veía por lo que se escuchaba desde afuera. Bajó la mirada, las palabras del señor eran muy rudas y también hirientes. Se quedó inmóvil, oyendo todo…
— Tú y tu estúpida curiosidad ahora te están distrayendo de tus estudios, creyendo en misterios, fantasmas y todas esas estupideces de detectives, ¿Por qué Mayura? Yo no te enseñé esas cosas, traté de inculcarte mejores cosas.
— Ma…má — solo omitió, su padre la quedó mirando.
— ¿Mamá? ¡Tu madre! — gritó algo molesto —. Ahora recuerdo, ella te metió todas esas cosas — dijo en un suspiro enfadado —: Era una mujer excepcional, intentó darte los gustos y hacer todas las cosas por ti. Pero Mayura, ya no tienes cuatro años, no puedes seguir creyendo cosas que no son reales. Crece, yo no quiero que sufras creyendo cosas que no son.
— …
— Si tu madre estuviera, tú no harías estas cosas. Ella sabría como manejarte. Desde ahora, tendrás que ser responsable de todas tus cosas… yo ya estoy cansado de problemas y más problemas y lo digo principalmente por lo que hiciste hace un mes atrás. ¿Viste lo que ocasionan tus curiosidades? No sé cuantos años trabajarás allí, eso te consumirá… lo lamento, tendrás que sufrir todo esto, pero la escuela no me dejas.
La puerta sonó, no pudo resistirlo, quiso actuar. Pero se detuvo, no lo habían oído.
— Yo… — dijo Mayura algo dudosa, después de todas las cosas hirientes que le había dicho y que por cierto, algunas eran ciertas.
— ¿Qué? — volteó, dándole la espalda.
— Me ofrecieron… vivir… en esa casa.
El silencio se hizo eterno. El señor Misao no cambiaba de expresión, serio, enojado. Mayura no mostraba su rostro. Loki se quedó fuera, esperando el momento indicado para entrar.
— ¿Qué dijiste?
— Que me ofrecieron vivir…
— ¡No! ¡Jamás!
— Pero papá… así todo…
— No, Mayura y no hablo más.
— Yo que usted lo pensaría mejor — sonrió —: Claro, si no quiere ver a su hija anémica si sigue de esta manera — dijo el muchacho ya dentro, recostado sobre la pared junto a la puerta, de brazos cruzados y con los ojos cerrados. Tenía la cabeza gacha, sonreía, toda una pose de chico seguro, fanfarrón.
El señor Misao volteó y miró a dicho intruso con una ceja arqueada y extrañeza, Mayura también volteó a mirar sorprendida, ¿Qué hacía allí? Loki se irguió y a pasos largos y seguros se puso ante Mayura, sonriéndole, tomándole del mentón para que lo mirara a los ojos. Un sentimiento de rencor le corría por el cuerpo al ver aquellos ojos llenos de lágrimas, cómo odiaba que hicieran llorar a las mujeres, ¡lo detestaba!
Miró hacia el expectante señor con vestimenta de sacerdote y acarició las mejillas y mentón llevando hacia abajo su mano con la cual la sostenía. Se puso frente a frente y sonrió malévolamente, si no creía en espíritus y todo eso, él se encargaría de hacerlo.
La cara del padre de Mayura se transformó al ver el aura oscura que despedía aquel joven, sus ojos demostraban terror, maldad y una sombra oscura como si fuera un demonio se dibujó detrás de él. Miró a su hija, ésta parecía indiferente, eso indicó que sólo él podía verlos. Loki sonrió, podía verlos, que suerte la suya sino tendría que hacer utilidad de sus grandes habilidades y eso no tenía ganas de hacer con un insignificante humano como él.
— ¡Aléjate! ¡Aléjate de mi hija!
— Yo sólo le ofrezco mi hospitalidad, así ella puede descansar bien… no le faltará nada, tendrá comida, una habitación especialmente para ella y todos los gustos que desee, asistirá a clases, yo me encargaré de llevarla y si no confía en mí, podrá ir hasta allí y confirmar mi palabra. Sólo tiene que decir "si" — y ante ese sí, el joven muchacho lo miró fijamente, transmitiéndole miedo al hombre y aceptando del horror. Pobre de su hija, pensó. Pero ella parecía no verlo, por lo que sintió un alivio. Pero… no confiaba en el joven, por lo que exigió algo a cambio…
— Tiene mi palabra — haciendo una pequeña reverencia, con su mano sobre su pecho del lado izquierdo —: Cuidaré de su hija como si fuera mi tesoro.
— Mejor cuídela como si fuera MI tesoro — remarcando la palabra.
— Está bien, yo cumpliré con mi promesa… dejaré de mostrarle sus miedos — volteó sonriente hacia Mayura y la tomó por los hombros aún más sonriente —. Ve a preparar tus maletas.
— ¿Está seguro que puede? ¿Por qué mejor no nos tomamos un taxi?
— Así estoy bien — sonrió algo forzado, la maleta pesaba un poco, pero no quería demostrarse débil ante ella. Jamás.
— Pero va a lastimarse, enserio… será mejor que nos tomemos un auto.
— No hace falta, Mayura… estoy bien, tú sólo camina — mirando al frente, parecía sereno, pero por dentro estaba muriéndose del cansancio y dolor. Descansó unos momentos la maleta en el suelo, Mayura lo miraba expectante. Éste estiró su mano y la empuño, la estiró y empuñó nuevamente para que circulara la sangre.
— Amo Loki… ¿Se lastimó? — dijo tomando la mano con preocupación. No pudo evitar sonreír, de aquella manera se veía tierna e indefensa, pudiendo ser su héroe cuando era conocido como un lobo feroz que no dejaba escapar a ninguna presa por más súplica que hubiera. Ella acarició la mano con cuidado, pero él atrapó las manitos de ella y las llevó hasta él, depositando un suave beso. Ella se puso toda roja ante el acto del amo. Quitó velozmente las manos y volteó, tocándose nerviosa por donde había él besado y con la cara toda roja, aún —. Creo que se siente mejor — dijo como excusa, haciendo reír a Loki.
— Sigamos…
Ambos siguieron caminando juntos, a la par. El silencio de la noche era precioso como el manto oscuro brillando con las infinitas estrellas y la gran redonda luna, encargándose de iluminarles el camino a casa. Para romper la tensión, Loki comentó unas cosas acerca de la casa, como por ejemplo, su habitación, la que ella ocuparía.
Pero no todo terminó allí, Loki sacó a relucir temas, quería conocer más sobre Daidouji Mayura, su nueva sirvienta.
— Mayura, ¿Vives sola con tu padre?
— Ajam… mi mamá murió cuando era muy pequeña, ya casi ni la recuerdo.
— Ah… discúlpame, no sabía.
— Está bien — sonrió con naturalidad —. Es el ciclo de la vida, no puedes detenerlo.
— ¿Tu padre siempre es así?
La chica largó un suspiro cansino y dejó ver una expresión graciosa para el joven —. Si, a veces me tiene casada con sus sermones — dijo con desagrado y molestia.
— Dijo cosas muy duras… — agachó la cabeza.
— Siempre lo hace, ya casi es normal para mi… no le gusta que me distraiga con las cosas que le parecen absurdas… y lo entiendo, tiene razón.
— No digas eso, Mayura… nada de lo que te guste, puede ser absurdo.
— ¿Creer en sucesos paranormales, ovnis y fantasmas no lo parece? Porque si no lo parece, sería algo genial — dijo con ironía, sorprendiendo a Loki. No pensó que la ironía fuera parte de su forma de ser, demostrando ser alguien correcta, buena y sin malas intenciones.
— Bueno, un poco… pero, al fin y al cabo, son tus gustos… y debe respetarlos.
— Hablando de gustos, me di cuenta que es muy entrometido en asuntos que no le incumben…como también que siempre lleva a distintas mujeres a su casa — dijo de forma desinteresada —. También es muy mentiroso, aunque piadoso…
Sonrió ante todas sus palabras, había sido investigado de una manera muy buena y minuciosa porque no notó que ella observara cuando llevaba bellas damas a su casa. Con la charla, la maleta parecía no pesarle. Pero la realidad, era diferente y sus dedos se estaban aplastando.
— ¿Estuviste investigándome? — fingiendo curiosidad y sorpresa. Ella sonrió solamente.
— No — mintió, ahora ella copiaba hábitos del joven de cabellera castaña —. Pero observo mucho y me entero así de las cosa.
— Y por Yamino ¿no? — sonrió burló.
— ¿Yamino? Ah, el sólo me contó que le gusta dormir mucho…
— Jajajaja es que suelo cansarme mucho.
— Y eso que no va a la escuela.
— Si, eso es verdad — sonrió. Ella había atinado en aquello, lo que lo llenó de gracia aquel juego de detectives.
— Me disculpo por mi curiosidad, pero usted ¿trabaja?
— Si — sonrió —. Soy un gran detective, resuelvo todo tipo de casos.
— Ahora, entiendo mejor a las mujeres que van… usted pasa por allí, las conquista con algún guiño o una sonrisa, ellas lo siguen y se encuentran con la residencia Enjaku — dijo naturalmente, cosa que sorprendió al detective. ¿Él había sido investigado y no lo notó ni un poco? Pasaba la mayor parte del tiempo vigilándola por el pequeño dije y ahora ignoraba eso que ella, seguramente, podía jurarlo, había visto.
— ¿Cómo sabes?
— Amo Loki, no se lo dije pero cuando era chica leía libros sobre detectives, mi madre siempre me los leía y siempre había deseado ser una… como ve, pasé mi infancia jugando a investigar desinteresadamente a la gente… ya que mi favoritismo es por lo misterioso. Simplemente observo acciones y la gente que entra y sale de los lugares. Además, tengo mi lado espiritista… me crié en un templo.
— Interesante. Me sorprendes, no eres tan tonta después de todo.
— No confunda mis insolencias con intelectualidad e integridad. Después de todo, soy adolescente y trato de relajarme un poco.
— Pero papi Daidouji no lo entiende — dijo sumando a sus palabras y haciendo un pequeño puchero. Mayura asintió con la cabeza dándole toda la razón y sonriendo por lo de "papi Daidouji"—. Bueno, te propongo un juego…
— ¿Un juego? — sonó confundida ante la picardía que despedía Loki con tan sólo una mirada. Le pareció tierno en ese momento, por lo que sonrió.
— Si… un juego.
— Está bien, acepto… ¿De qué trata? — dijo con aires de curiosa, haciendo sonreír a su compañero de caminata. Faltaba tan sólo una cuadra para llegar a casa.
— Consiste en investigar uno del otro…
— ¿Algo así como detectives? — Loki asintió mirando al frente. Mayura miró hacia el frente y sacudió sus manos, emocionada, le parecía divertido e interesante. Asintió sonriente.
— Bien, entonces… empezamos el juego — dijo llegando a la puerta de rejas y abriéndola. La hizo pasar siguiéndola y acercándose a la mansión. Allí dejó la maleta cuando Yamino abrió con su sonrisa amable de siempre y tomó la maleta, detrás fue Mayura y Loki ya que Yamino los conduciría al la habitación que ella ocuparía, ya estando equipada para su comodidad.
— Señorita Mayura, cualquier cosa que necesite, por más mínima que sea, me lo pide a mí — dijo Yamino sonriente. Pero su amo no se quiso quedar atrás y se puso delante de él.
— También cuentas conmigo Mayura — señalándose infantilmente, causando gracia en Yamino y Mayura. El joven sirviente salió de la habitación con la obligación de preparar la cena para la noche. Loki quedó recostado sobre el marco de la puerta, observando a Mayura guardar sus cosas en los muebles, se cruzó de brazos y la observó en silencio.
— ¿Ocurre algo? — dijo volteando, ya que se había quedado en silencio.
— No, ¿Por qué?
— Veo que es un hombre muy silencioso, observador… — hizo una pausa y sonrió —: De mujeres.
Loki rió por el comentario y se acercó a ella. Se sentó sobre la cama y estiró los brazos hacia atrás para sostenerse y poder mirarla de cerca. Ella sentía su mirada insistente, pidiendo que lo mirara, pero sólo sonrió y siguió guardando las cosas.
— Mmm… veo que usas vestidos holgados… ¿No te gustan los vestidos al cuerpo?
— No estoy acostumbrada, son bonitos… pero prefiero estar cómoda.
— Que pena…
— ¿Eh?
— Que es una pena, tienes muy lindo cuerpo para tener… diecisiete años.
— ¿Cómo sabe mi edad? — él sólo sonrió, ella se dio un pequeño golpecito sacando la lengua —. Que tonta, eres detective.
La noche transcurrió tranquila, cenaron juntos en el comedor. Luego tomaron un té en la cocina y hablaron un poco. Cada uno se puso de pie y se dispuso hacer sus cosas, mañana sería un nuevo día y Mayura tenía que ir a la escuela. Loki lo había prometido, la llevaría y esperaría a su padre para que viera que era un hombre de palabra.
El despertador sonó, sin abrir los ojos, lo apagó y dormitó un rato más. Estaba tan cómoda, tan calida en la cama mullida entre la frazadas, sábanas y almohadas que no quería moverse de aquella posición.
— Mmm… Mayura, arriba — dijo una suave voz a su oído, era tan dulce escucharla, susurrándole su nombre, respirando sobre ella. Sonrió encantada a la vez que se encogía porque le hacía cosquillas.
— Cinco minutos más — pidió.
— Vamos Mayura, por favor… — dijo con una risita entre dientes, respirándole en el cuello.
— Mmm… — abrió los ojos y no reconoció su alrededor, se incorporó de repente. Miró a quien la observaba con tranquilidad y una bandeja en sus manos. Se refregó los ojos y lo quedó mirando ¿Por qué tanta amabilidad? Recordando cuando apenas lo conoció lo grosero que fue. Acaso, ¿Pretendía algo? El estómago le reclamaba alimentos, por ende, dejó de preocuparse y tomó la bandeja sin olvidarse de dar los buenos días y las gracias.
— Vamos, que en un rato te llevaré a la escuela.
— Pero, no hace falta… puedo ir sola.
— Hice una promesa, que te llevaría a la escuela.
— ¿Por papá no?
— Si — sonrió desfachatadamente, se puso de pie y fue hasta la puerta —. Te espero abajo, así puedes cambiarte. No te preocupes por las cosas, Yamino vendrá a recogerlas.
— O-ok.
Terminó de desayunar y se colocó el uniforme. Entró al baño para asearse y alistarse, peinar su larga caballera y cepillar sus dientes, lavarse la cara y arreglarse el uniforme. Salió, chocando con Yamino quien la saludó cordialmente y ella respondió de la misma manera.
— El amo Loki la espera abajo con su bolso.
— Ah… bueno, gracias. Nos vemos Yamino.
— Hasta luego señorita Mayura, que tenga un buen día.
— Gracias, igualmente.
Estaba siendo un poco lenta, ¿Qué tanto tardaba? Ceñudo, recibió a la muchacha. Ella le agradeció y él sólo abrió la puerta, no quería perder tiempo ni hacerla llegar tarde.
Caminaron hasta el colegio. Cada vez que Mayura le ofrecía tomar un taxi, se negaba rotundamente. Le pareció extraño, por ende, lo tomó como una característica más de él y sonrió. Un nuevo descubrimiento.
— Amo Loki.
— ¿Mmm?
— ¿Cuándo es el tiempo límite del juego?
— Ah… eso… mmm — sonó pensativo, con los ojos cerrados y sosteniéndose su mentón —. Hasta el viernes.
— Ok… entonces serán tres días de investigación.
— Sip.
— Es aquí — señaló la escuela —. Oh… es Koutaro — dijo alegrada. Loki observó hacia donde ella miraba y se quedó expectante, luego, le comenzó a desagradar al ver el muchacho acercarse porque se le avecinaba competencia.
— Hola Daidouji.
— ¿Cuántas veces te dije que me llames por mi nombre? Acaso, ¿No somos amigos?
— Si, es verdad — sonrió con una mano detrás de su nuca —. ¿Cómo haz dormido?
— Bien, bien.
Se sintió ignorado y todo por aquel fulano recién llegado que parecía conocer a Mayura desde hace mucho tiempo y claro, ella es su amiga, compartía con ella tiempo y seguramente la conocía muy bien. Pero muy en el fondo se consolaba con saber que él ya lo sabía todo sobre ella.
— Dormí estupendamente.
— Me alegro — dijo sonriente y miró hacia Loki que parecía molesto, desviando su mirada. Las mejillas del ojiverde se habían inflado, lo que llamó la atención de Mayura que fue y le picó con el dedo, desinflando sus mejillas. La miró sorprendido y con un pequeño sonrojo, no había notado su cercanía.
— ¿Está bien, amo Loki?
— ¿Amo Loki? — se sorprendió el muchacho de cabellera rubia. Sonrió y estiró su mano —. Soy Koutaro Kakinouchi, mucho gusto.
— Loki Enjaku — mintió por ciertas razones que más adelante se verán.
— Un gusto señor Enjaku.
— Dime Loki… me molesta que me llamen por el apellido.
— Está bien, como usted diga… puede llamarme Koutaro, si quiere.
— Está bien — miró hacia su izquierda y vio a alguien de su "agrado", la alegría que tenía al encontrarlo. Había cumplido su promesa, pero no haría daño acercarse a "hablar" amablemente.
— Amo…
— Mayura… no me digas amo… — acercó su boca al oído de ella —. Aún no soy tu dueño — y sonrió maliciosamente al lograr que ella respingara y se sonrojara por sus palabras. Sentía su rostro arder e incinerarse por dentro —. Dime Loki…
— Es-está bien, señor Loki.
— Mmm — sonrió y se puso delante de ella, acercando sus rostros —. Eres muy respetuosa… por ahora, estará bien… pero entre nos, quiero que me tutees algún día.
Ella solo se sonrojó y no dijo más nada, sentía que se desplomaría allí mismo por la falta de aire a causa de la cercanía de Loki. Tomó el bolso que él cargaba y lo saludó sacudiendo la mano, caminando a la par de su compañero Koutaro y viendo de reojo hacia atrás. Él le saludaba sacudiendo apenas la mano, pegado a su cuerpo y con la otra en su bolsillo, sonriendo y atrayendo la atención de las chicas, que se aglomeraban a su alrededor y chillaban cuando él les guiñaba el ojo o les decía algo. Mayura suspiró negando sonriente con la cabeza y tomó del brazo a Koutaro, su gran amigo.
No haciéndose esperar, pidió permiso entre las chicas para poder acercarse al padre de Mayura que lo observaba furiosamente, ¿Por qué se atrevía a acercarse de esa manera a su hija? ¿Quién se creía que era? Su pequeña hija, en manos de ese lobo que vestía de corderito y sí, todo porque mostraba esa encantadora y amable sonrisa, escondiendo sus malas y atrevidas intenciones.
Frente a frente, se quedaron mirando. Misao lo observaba serio y con enojo – común en él desde que su hija trabajaba allí – y Loki con su típica sonrisa de "yo no fui".
— Cumplí.
— Eso no cambia mi opinión de que ella no debería estar contigo.
— ¿Teme a que le ocurra algo?
— A que le hagas algo indebido — se acercó amenazante y señalándolo con el dedo índice—. Mira mocoso, llegas a ponerle un dedo encima a mi hija y te exorcizo con todas esas "cosas" que me muestras para aterrarme.
— O-ok — si, lo había intimidado. Aquellos ojos escupían fuego, ira. Pero él no lo haría, no cumpliría con eso. Asintió, engañándolo, después de todo eso estaba en su ser.
— Adiós — dijo volteando y marchándose.
— Bueno… ya que estoy por aquí, iré a hacer de las mías — sonrió, buscaría a una hermosa y bella dama de compañía.
Continuará…
N/A: Hola de nuevo, actualicé como prometí y gracias por leer la historia. Perdón que sea concisa pero tenía muy poco tiempo, espero que les guste y pueden dejar sus comentarios :)
Sayonara!
