Hola :D he regresado :3 Ya les traigo la continuación este fic. La verdad no se si me he tradado en actualizar, si es asi, me disculpo de nuevo XC He tenido muchos compromisos ultimamente, pero lo importante ahora es que ya vamos a seguir leyendo :3 Espero que lo disfruten y sus lindos comentarios seran bien recibidos.
Bueno, aqui va.
Algo que te alivie
Capítulo 3
POV Apolo
En serio que ya no soporto estas reuniones tan aburridas.
-Así señores, espero que cada uno haya hecho su respectivo trabajo como es debido- Ese era mi padre Zeus, con sus eternos sermones de cómo debemos hacer nuestro deber como dioses, simplemente me parece absurdo ya que cada uno sabe exactamente lo que tiene que hacer.
- Si, padre- Esa era mi hermana Artemisa asintiendo como ya es costumbre cada que mi padre termina de dar su palabra.
Puedo dar por seguro que no soy el único que piensa así. Tan solo habría que observar a Hermes apoyar su mano contra su cara tratando no caer ante Morfeo, podría parecerme una escena divertida, pero con la voz de Zeus a un lado es imposible.
-Antes de que termine esta reunión, tenemos que tocar un tema de suma importancia -Escuchando eso inmediatamente levanté la vista hacia Zeus y no fui el único- Y se trata de la resurrección de la diosa de la sabiduría, es decir, de mi hija Athena-
El siquiera mencionar a Athena me viene a la mente Milo.
-Athena ha resurgido como humana, el renacer de mi hija es sinónimo de la Guerra Santa y no faltaría mucho para que dé su inicio-
Ya es una costumbre la Guerra Santa, siempre habrá quienes salgan perjudicados en cualquier tipo de guerra, ya sea producto de los dioses o de los mismos humanos. Es algo que no podemos evitar y el intervenir en una guerra ajena es un grave delito. Lo que quiero decir, es que en realidad no me importaría en lo absoluto, si no fuera porque Milo esta en medio de todo esto, siempre ha sido así, cada que Jacinto renace tiene que morir en cada Guerra Santa como caballero de Athena. Esperar a verlo reencarnar es en extremo tormentoso y sobre todo ahora que deseo más que nunca estar a su lado.
Debo darme prisa antes de que el momento llegue…
Mi hermana Artemisa desde su lugar me dedica una mirada un tanto alertada, pudo pensar lo mismo que yo ¿Qué momento seria el adecuado? Y ¿Qué tipo de reacción tendría Milo al verme?
-Lamento que interrumpa padre, pero ¿Qué tenemos que ver nosotros? Sabemos que ésta guerra ridícula ya es una costumbre para ese par- Interrumpió el irrespetuoso de Ares, se le nota el hartazgo de esta reunión, bueno, no lo culpo realmente.
-Es obvia la importancia que le das hijo – Dijo con sarcasmo Zeus bastante irritado con la actitud del dios de la guerra y la violencia – Cada quien aquí sabe lo que puede afectar para algunos de nosotros, claramente tu no, pero como ya estás aquí ¡me escuchas y punto! – Estando aburrido esta pequeña discusión me divierte, ahora solo vemos a mi hermano molesto con los ojos entrecerrados.
-Si padre, pero no le veo la más mínima…-
- ¡Ya cierra la boca! - Ahora volteamos a ver a Afrodita ya fastidiada- Si tanto quieres irte, mejor calla y deja que Zeus termine- No solo habla por él, sino por todos.
-Gracias querida- Carraspeó antes de continuar- Como decía y ya para concluir ya que los noto a todos bastantes inquietos especialmente esta reunión- Hasta Zeus estaba cansado de nosotros, en ocasiones sí que no podemos soportarnos. Cambió de un semblante cansado a una seria y poderosa- No importa cuánto les afecte esta guerra, a nadie le concierne y cuando digo ¡Nadie! ¡Ninguno de nosotros los dioses! Puede intervenir ¿Esta claro? Guerras anteriores varios de nosotros hemos querido ser partícipes de alguna forma viendo por nuestro beneficio, sea cual sea la razón no está permitido, seremos ajenos al enfrentamiento. Pero claro, a menos de que algunos de ellos requieran de una ¡pequeña! Intervención de nuestra parte y ellos lo saben. –
Me queda muy claro ese punto, pero viendo las cosas me sería imposible no ver por Escorpio. No participaría en si en el conflicto de Athena y mi tío Hades, pero viendo las circunstancias en las que se encuentra Jacinto, no tendría la fuerza necesaria para enfrentar una guerra como esta.
En las batallas anteriores siempre se apoyaba de sus de compañeros, pero si del caballero de la constelación de Acuario hablamos, era como su otra mitad y su respaldo en cada enfrentamiento.
-Apolo…-
No es por subestimarla, pero aun siendo de las más fuertes de la orden no creo que pueda llegar muy lejos si sigue así.
- ¡Apolo! -
- ¡Ah! - Me detengo sorprendido viendo a mi hermana Artemisa llamándome- ¿Qué sucede? -.
- La reunión acabó, ya es hora de irnos- Después de escucharla noto la mirada de todos a punto de retirarse, tal parece que me detuve pensando por varios minutos.
- ¿Qué te sucede Apolo? - Se burla de mí el idiota de Dionisio- ¿Enamorado otra vez? ¿De casualidad ya es temporada de Jacintos? –
De mencionar eso hizo que todo mi cuerpo hirviera, ¡el nombre de mi amado no puede ser nombrado de tal manera! Todos quedaron congelados, pero entre Dionisio y yo solo había miradas encendidas.
- ¡Dionisio! - Le agradezco a Deméter que quiera relajar las cosas, pero dudo que él quiera detenerse.
- ¿Qué? Ese niño llegó a causarnos muchos problemas y todo se desencadenó porque los estúpidos de Apolo y Céfiro se enamoraron de él. Y justamente tenía esa cara cuando todo eso aconteció o ¿acaso me equivoco?
Nadie decía nada, no era mi culpa que el maldito de Céfiro desequilibrase los vientos del oeste de la tierra causando problemas para los demás y quiera por cualquier medio quedarse con Jacinto.
- ¡Repite lo que acabas de decir si te atreves a enfrentarme! –
-No me das miedo Apolo, la verdad no entiendo por qué ese chiquillo te tuvo tan hipnotizado si era un príncipe muy poca cosa-.
- ¡Tu…! -
- ¡Apolo y Dionisio! Más vale que se comporten o de lo contario recibirán un castigo- Habló mi padre Zeus, tengo que dejar mi rabia de lado, odio ser amenazado- Si alguno de todos ustedes vuelve a mencionar sobre el tema por aquí será severamente sancionado ¿Entendido? -.
- Lo siento padre- Nos disculpamos justo cuando Zeus ya se retiraba.
Seguí mirando a Dionisio hasta que se retiró. Entiendo que en esas épocas ni amor por Jacinto haya traído muchos problemas, pero no fue su culpa ni la mía, fueron los celos de Céfiro.
Cada uno se fue a su respectivo templo, Artemisa antes de irse tocó mi hombro dándome a entender que iría a verme más tarde. Seguro por lo que acababa de acontecer, no tendría por qué preocuparse, no pasa nada en realidad; lo único que me importa ahora es Milo. Nada podría desviarme de mis objetivos.
Atravesar el Olimpo me recuerdan aquellos tiempos que pasé con Jacinto. Cierro los ojos y trato de atravesar el pasado para revivir esa sensación y dedicarle cada uno de mis pensamientos.
Milo, Jacinto, el solo pensar que podré estar a su lado al menos unos cuantos instantes hace que mis sentidos divinos se trasladen hacia su antigua vida. Cuando su azulada y brillante mirada removía todo de mí, que aun siendo el dios del sol no me sentía calificado para ser su compañero, aquel que tome su mano y sea testigo de todo momento de su existencia. Ser el único y el responsable de su felicidad y dicha, ojalá y me perdone por no saber controlar este intenso amor, me arrepiento de eso. En realidad, jamás supe si realmente llegó a amarme como yo quise ver, no lo sé al saber que también Céfiro pudo entrar en su corazón, pero me dio grandes momentos estando cerca.
Extraño todo de él, extraño su aroma, la suavidad de su joven rostro y el revoloteo de sus cabellos dorados al correr, me mataba con solo ser él.
Justo cuando lo traje aquí, parecía aún más pequeño de lo que ya era, maravillado y nervioso, pero a cada paso que daba toda inseguridad se desvanecía y llegaba a escuchar su risa y sus labios pronunciar mi nombre completamente emocionado. Claro, hasta ese momento era un dichoso recuerdo, había olvidado, que también fue aquí donde lo vio a él por primera vez, a uno de los cuatro dioses del viento; a Céfiro, dios del viento del oeste. Quedó tan hipnotizado a su presencia que parecía que se había olvidado de mí, como igual él lo hizo al verle.
No quisiera recordarlo con ese insignificante dios, pero llega a ser inevitable para mí y más si Camus de Acuario tiene una apariencia parecida con él, quien fue su más grande amor cuando estaba en vida.
Alejándome un poco del pasado ahora retomo mi rumbo al templo, tengo que ver a Milo.
No es tan largo el camino, ya me encuentro en mis aposentos.
Ya es un poco tarde y como es mi trabajo, el sol ya debe por ocultarse y Artemisa no demoraría en aparecer. Me detengo al ventanal y me dedico a observar el Santuario de Athena, pero especialmente escorpio.
Antes de irme a la reunión, tuve la oportunidad de observarla en su entrenamiento, no negaré que me preocupó el dañó que le causo a Milo esa pequeña batalla ¡Era un entrenamiento! Y claro el caballero de Leo no ayudó mucho. Detesto que la hagan sentir mal, ellos viendo su estado y los estúpidos lo empeoran, es obvio que con ellos no podrá mejorarse y ella siendo la más terca de toda Grecia es imposible.
Siento su cosmos dentro del templo del escorpión, llenando de aflicción su estancia alejada de todos.
-Hola Hermano- Llegó Artemisa posicionándose a mi lado.
- Artemisa-
-Veo que vigilas a la guerrera de Escorpio-
-Sí y supongo que vienes por lo de hace rato-
- Pues sí, no dejes que te afecte lo que los demás digan-.
-En estos instantes lo único que me importa Milo, Dionisio y sus comentarios no me importan en lo más mínimo-
-Pues me preocupa más el hecho de que haya mencionado al Jacinto y hayas casi explotado en presencia de los demás olímpicos, sueles estar más controlado-.
- Si de Jacinto se habla, soy otro dios hermana-.
Artemisa dejó de hablar y observa al Santuario, mi hermana le ha tenido cierto cariño especial hacia Athena, queriéndola casi como a mí. Se escucha un ligero suspiro de su parte.
-Artemisa ¿Te preocupa Athena? - Como respuesta solo me mira con una sonrisa.
- Apolo, nosotros como dioses, tenemos la fama de ser unos interesados, egoístas e insensibles que no demuestran ningún sentimiento humano usando a los mortales como se nos antoje, puede que en cierto punto sea verdad, pero como van pasando los siglos vamos aprendiendo de ellos y amando como ellos- Levanto la mirada hacia ella y pongo más atención a sus palabras- Claro ejemplo son tú y Athena, ella ama a toda la humanidad y por ello reencarnó como humana; y tú, que amas a Milo y deseas más su bienestar que cualquier otra cosa. Claro cada uno de nosotros somos diferentes y tenemos diferentes formas de ver, justo como llegan a ser los humanos. Y si, Athena me preocupa, tanto ella y como sus guerreros- Captando el mensaje me detengo a ver el Santuario nuevamente.
- Somos dioses, si llegamos a manifestar tales cosas, nos irá mal. Como tú has dicho, Athena yo somos los más claros ejemplos, ella tiene que enfrentar a Hades cada doscientos años y yo tengo que mantenerme alejado de mi amado Jacinto. Si tienes la oportunidad de evitarte eso, no te expongas. Athena y yo ya estamos condenados-.
- ¡Pero tienes la oportunidad de verla una vez más! -.
-No como quisiera, pero si-.
-Pero ¿sabes? Estas más angustiado por ella que yo por Athena-.
-Y ahora lo estoy más con esto de la Guerra Santa, ella en este estado no sobreviviría por mucho tiempo, aun siendo el Caballero dorado de Escorpio no podría-.
-Hermano creo que la estas subestimando, esta triste pero no es débil-.
-No llegaste a ver el entrenamiento de esta mañana, el idiota de su amigo el Caballero de Leo no midiendo lo que le pasaba casi la lastima, tengo ir con ella lo antes posible-.
- Y ¿Cuándo pensarás ir? -
-Puede que… en este momento- ¡Podría ser el momento! Milo pretende salir del templo de Escorpio-.
- ¿Qué has dicho? - Artemisa se detiene sorprendida observándola.
Milo cuando llega a necesitar de la completa soledad siempre recurre a una hermosa vista al mar junto a un gran árbol cerca del pueblo.
Milo baja cada escalón de las doce casas con calma, llevando ropa de civil. Al parecer ya no habrá más actividades por este día, el viento sopla y mece su cabello encendiendo su presencia. Ningún guardián pide explicaciones por su salida, por lo que puede ir sola y tranquila.
- ¿Cómo piensas llegar hasta ella? –
- Hermana, esta es mi oportunidad-.
La puesta de sol está presente, nadie lo verá sospechoso. Me transporto a la tierra cerca de aquel lugar a donde se dirige Milo, me ocultó como dios y me convierto en un humilde florista que solo desea disfrutar de la vista del lugar con mi ramo de jancitos en mi brazo derecho. Me mantengo con paciencia caminando hacia ese lugar, mis ropas desgastadas y mi adolorido andar cubre muy bien identidad.
Mi bella guerrera ya se encontraba bajo el árbol, un lugar apartado de todos, viendo a lo lejos el hermoso mar. El sol está apunto de ocultarse, me detengo detrás y claramente se escuchaban sus pequeños sollozos, quizá sea por el recuerdo de los momentos vividos con Acuario y sus amigos, o simplemente sea por lo cansada estaba de sufrir. Me niego verla así.
Me acerqué sin ser escuchado por mi guerrera, ella estaba tan metida en el recuerdo que no me sintió…
-Disculpe, pero no es bueno que una linda señorita como usted se encuentre aquí sola llorando- Me voltea a ver con esos grandes ojos amatistas llenos de tristeza. Le dedico una de mis más grandes sonrisas, su hermoso rostro refleja sorpresa.
Puede que nunca sepas de tu vida anterior, del amor que nos profesábamos el uno al otro en tiempos mitológicos, o quizá solo el que yo te profesaba antiguo príncipe, pero al fin Milo, yo seré ese algo que te alivie.
Espero que lo hayan disfrutado :3 Prometo que cuando acabe Mayo ya no tardare tanto en actualizar D: no me gusta retrasar nada, asi que les aviso que cuando acabe ese mes, actualizaré mas rapido que Flash! c: bueno, hasta pronto. Eperare sus comentarios muy impacientemente XD
Besos y Abrazos
BYE BYE
