Era una mañana de sábado casi como cualquier otra, con un poco de esfuerzo, Booth y Brennan habían logrado convencer a su hija de cinco años de acompañar a su madre al salón de belleza para que le recorten un poco el cabello. La pequeña Christie ya tenía el flequillo casi cubriéndole los ojos, así que era necesario acudir a que se lo recortaran, y aunque la pequeña abrazándose a las piernas de papá con fuerza había preguntado "¿por qué no me lo corta papi como siempre después de bañarme?", en esta oportunidad la madre de la criatura tenía otros planes.

Si bien era cierto que en otras ocasiones Booth se había hecho cargo del flequillo de la niña, Brennan dirigiéndose a su hija con un tono de voz muy dulce, que no correspondía de ninguna manera con los términos que utilizó para expresarse, les explicó a ambos el motivo de su decisión, "prefiero que participes desde temprana edad de algunos ritos sociales propios de nuestro género, para crearte el hábito y evitar posteriores complicaciones".

Booth no pudo evitar sonreír al escuchar las palabras con las que la mujer que más amaba en el mundo, estaba intentando convencer a la hija de ambos… era imposible no amarla un poco más, después de ser testigo de escenas como esa.

La antropóloga sabía perfectamente que algunos de los términos que acababa de emplear escapaban a la capacidad de entendimiento de su pequeña, sin embargo, no dudaba que Booth la ayudaría y haría una traducción simultánea de lo que acababa de decir en palabras que Christie pudiera comprender.

Y de hecho así ocurrió, no había terminado de hablar y el mejor agente del FBI ya estaba acotando, mientras levantaba a la pequeña y la cargaba en brazos para hablarle frente a frente, con la mirada clavada en ese hermoso par de ojos enormes y azules iguales a los de su madre, "mi pequeña princesa, mamá te va a llevar a que te pongan tan hermosa como ella". La niña, abrazada del cuello de papá, insistió "¿y tú también vendrás para que te pongan lindo?" al mismo tiempo que le dedicaba la sonrisa más tierna del mundo y lo cubría de besos, logrando que papá estuviera a punto de aceptar acompañarlas.

Brennan no pudo evitar que una pequeña risa escapara de sus labios al comprobar que su niña había heredado, corregida y aumentada, toda la capacidad de manipulación que ella tanto admiraba en Booth, y que a ella misma le hubiera gustado heredar de su propio padre. Y agregó, empleando la misma entonación que utilizaría al describir los resultados de una investigación a un auditorio de entendidos, "papá es un hombre de simetría casi perfecta, muy bien estructurado y según los estándares de belleza masculinos es bastante apuesto y atractivo".

Booth soltó una carcajada y sonriendo muy satisfecho de sí mismo, estiró el brazo que tenía libre sujetando a la mujer de su vida por la cintura, atrayéndola hacia él, para después darle un ligero besos en los labios mientras agregaba, alternando su mirada entre madre e hija, "mamá y tú tendrán una salida solo para chicas y yo me quedaré en casa practicando lanzamientos con tus hermanos".

Casi un par de horas después de que la casa se convirtiera en territorio masculino, cuatro machos alfa apellidados Booth se encontraban en el jardín delantero dedicándose a su pasatiempo preferido, practicar deportes… esa mañana les tocaba beisbol… Booth lanzaba de manera alternada una bola para Mathew y otra para Henry, Parker estaba parado unos metros detrás de su padre atrapando las bolas que sus hermanos lograban conectar. Sus pequeños hermanos eran bateadores agresivos natos, iban por todas las bolas, y lograban conectar gran parte de ellas… él se sentía muy orgulloso de verlos tan interesados por los deportes porque sabía que eso hacía muy feliz a su padre. Cada vez que alguno de los gemelos lograba conectar una bola, Parker lo vitoreaba levantándolo en hombros y sacudiéndole el cabello, tal y como recordaba lo había hecho su padre con él mismo cuando era un niño chico.

De pronto el entrenamiento fue interrumpido por la llegada de las mujeres de la casa. Christie bajó del auto y corrió hacia dónde estaban su padre y sus hermanos luciendo su nuevo flequillo, y estirando las pequeñas manitas para lucir ante su padre la uñitas pintadas de rosa, "mira papi, mira mis uñas… son iguales a las de mami", Booth tomó una de las manos de su pequeña hija y sonriendo se hincó sobre una de sus rodillas para depositar un tierno beso sobre ella, mientras le decía "mi princesa está hermosa, igualita que mamá".

Fue entonces que el ex francotirador dirigió la mirada hacia el auto de su mujer y notó que Brennan había abierto la maletera y comenzaba a sacar de ella bolsas de compras, "mamá y tú… han aprovechado de hacer compras?" interrogó Booth a su pequeña. "Sí, hemos comprado cosas ricas para el almuerzo", respondió la niña sentándose sobre la rodilla de su padre que permanecía hincado frente a ella.

Aprovechando que su padre estaba casi de su altura, Mathew y Henry, sin necesidad de decirse media palabra, saltaron al mismo tiempo sobre su espalda intentando tumbarlo. La pequeña niña no se asustó en lo más mínimo por la actitud de sus hermanos, estaba acostumbrada a sus juegos y peleas, pero se puso de pie al instante y se apartó unos pasos protegiendo sus uñas, y mirando con un gesto desaprobador a sus hermanos. El agente moría de risa al sentir los puños de sus pequeños sobre su cuerpo, y recostado sobre el jardín les hacía creer que lo estaban derrotando.

Parker dejó caer el guante de beisbol sobre el jardín y se acercó a su hermanita diciéndole "asegúrate que papá les de su merecido a este par de enanos", a la vez que le levantaba la barbilla con una mano, mientras que con la otra le acomodaba el recién cortado flequillo guiñándole un ojo cómplice. Al pasar a la altura de donde se encontraba su padre luchando con sus hermanos le dijo, "papá, voy a ayudar a mamá con las bolsas, tú encárgate de estos dos".

Booth, todavía echado sobre el jardín, observó como el mayor de sus hijos, con casi quince años, se acercaba a su Huesos y le daba un beso en la mejilla a manera de saludo, antes de empezar a ayudarla a cargar las bolsas. No pudo evitar que sus pensamientos retrocedieran en el tiempo y recordó cómo fue que Parker empezó a llamar 'mamá' a la madre de sus hermanos…

Él y Huesos llevaban viviendo juntos más de un año en la casa de seis habitaciones que habían adquirido en las afueras de Washington, cierto día recibió una llamada de Rebecca mientras se hallaba en su oficina, preguntándole si podía almorzar con ella para hablar sobre Parker. Durante el almuerzo ella le informó que la empresa en que trabajaba como ejecutiva del área de marketing estaba a punto de ser absorbida por una transnacional con sede en Singapur, y que a pesar de que en un primer momento temió perder su empleo, había ocurrido todo lo contrario, el nuevo gerente de marketing estaba sorprendido gratamente por los resultados de sus últimos proyectos y la propuso para una capacitación en la sede central que tomaría cuatro meses, y que se desarrollaría en Asia.

Recordaba nítidamente la despedida en el aeropuerto, Rebecca había llorado mucho al separarse de Parker, le había prometido llamarlo cada día para conversar y escuchar con detalle todo lo que había hecho en la escuela. Rebecca había suplicado a Huesos que cuidara del pequeño, "él te tiene mucho cariño, te admira profundamente" le había dicho. Booth tenía que reconocer que su pequeño se portó como todo un hombre ese día, y aunque lloró un poco al principio, finalmente fue él mismo quien terminó consolando a su madre.

Parker se mudó a vivir con ellos exactamente dos meses después de cumplir diez años, días después de que la pequeña Christie cumplió ocho meses, y en principio solo estaría con ellos por cuatro meses.

Si bien desde que compraron esa casa, Parker había tenido su propia habitación, fue durante el primer fin de semana después de que empezó a vivir con ellos que por primera vez la habitación del niño cobró vida, se llenó de juguetes, ropa y útiles de escuela. Hasta entonces parecía un cuarto de huéspedes con muebles para niños, pero a partir de ese momento, quedó claro que se trataba de la habitación del hijo mayor de la familia Booth.

En ese entonces se suponía que el padre del muchachito no sabía que en una conversación repleta de confesiones, preguntas, lágrimas y promesas, que habían sostenido Parker y Huesos, cuando ella todavía estaba embarazada de Christie y compartía con Booth su pequeño departamento, el niño le había preguntado a la madre de su futura hermanita si podía llamarla 'mamá' cuando estuvieran solos, petición que la científica había aceptado muy conmovida y que no había comentado con su pareja para mantener su palabra con el pequeño. Booth había sido testigo de la conversación pero decidió ayudarlos a mantener su secreto fingiendo que no sabía nada al respecto respetando de esa manera el pacto secreto entre sus dos personas favoritas en todo el mundo.

Y ocurrió unos meses después, cuándo la bebé empezó a pronunciar sus primeras palabras, que durante una cena en la que Parker había estado particularmente pensativo y silencioso, de pronto preguntó en voz alta "papá, ¿te molestarías si empiezo a decirle 'mamá' a Huesos?".

Las palabras de su hijo lo tomaron por sorpresa, y antes que pudiera articular palabra, observó a Huesos muy calmada beber un sorbo de agua para luego acotar, "Booth, quizás deberías saber que desde antes de que naciera nuestra hija, en cada oportunidad que estamos solos, Parker me llama de esa manera, y además cuándo alguna persona me pregunta por mis hijos, porque tal parece que desde que nació Christie, propios y extraños se sienten con derecho a cuestionarme respecto a mi maternidad, siempre respondo que soy madre de un niño y madre biológica de una niña".

Antes de que el padre del muchachito pudiera responder, escuchó al niño argumentar, "además papá… mi hermanita ya ha comenzado a hablar y no me gustaría que por escucharme decirle Huesos a Huesos, ella vaya a empezar a llamarla así… ¿no te parece?", el hombre sonrió al comprobar que su hijo tenía la mirada desbordante de ilusión y que había juntado sus manos en señal de súplica, rogando por una aprobación que sería imposible negarle.

Booth no pudo evitar sentirse emocionado al escuchar las explicaciones de ambos, y acariciando una de las manos de la mujer a la que quería más que a su propia vida por encima de la mesa, agregó guiñándole un ojo a su pequeño mientras le daba una palmada cariñosa en la mejilla utilizando la mano que tenía libre, "solo tenemos que pensar bien cómo se lo vamos a decir a tu mamá".

"Mi mamá va a ser muy feliz por mi, porque soy muy afortunado", respondió Parker, y agregó "otros chicos solo tienen una mamá que los quiere… en cambio yo tengo dos". Y si bien, el padre del niño intentaba lucir un rostro complaciente ante las ideas que su hijo expresaba desde lo más hondo de su tierno corazón, por otro lado no podía quitarse de la mente la idea de que probablemente a Rebecca no le haría mucha gracia esta novedad.

Parker se dio cuenta de que su padre dudaba y prosiguió "mi mamá me quiere con todo su corazón como todas las mamás del mundo quieren a sus hijos, pero yo además tengo a Huesos que me quiere…", y entonces el niño se quedó en silencio intentando aclarar sus ideas y recordar las palabras, pero prefirió pedirle ayuda a ella, "¿cómo era eso de la evolución?... Huesos, por favor se lo puedes explicar a mi papá".

La mujer respiró hondo y mirando en lo profundo de los ojos marrones del hombre que le había enseñado a creer en el futuro, explicó "Parker está intentando recordar una conversación que sostuvimos hace algún tiempo", y prosiguió tratando de mantener una voz pausada, alternando su mirada entre los ojos profundos y enamorados ojos del padre, y los tiernos y dulces ojos del hijo, "Parker es el único niño que me ha hecho capaz de superar millones de años de evolución, él es el único niño en el mundo al que he decidido querer como si fuera mi propio hijo porque mi corazón no me deja quererlo de otra manera". Mientras Huesos trataba de repetir con precisión la conversación que habían sostenido meses atrás, el pequeño Booth se había levantado de su silla para acercarse a Brennan y envolverla en un agradecido y amoroso abrazo.

De repente, la aguda voz de su hijita lo sacó de sus recuerdos, la pequeña prácticamente le ordenaba que le arrojara una bola para intentar batear, "papi, lánzame una curva para enseñarle a mis hermanos cómo se hace", solicitaba la niña mientras sujetaba con absoluta determinación un bate de beisbol.

El hombre sonrió orgulloso por la actitud levemente arrogante con que su hija de cinco años sujetaba el bate luciendo una postura perfecta.

Ni en sus más grandes fantasías soñó jamás que la mujer que más había amado en su vida aceptaría compartir el resto de sus años junto a él, construyendo un hogar, formando una familia, envejeciendo juntos.

Ni en sus más grandes fantasías imaginó que algún día Parker viviría con él y con Huesos, compartiendo día a día su vida en familia, siendo amado por la mujer de su vida como si se tratara de su propio hijo.

Ni en sus más grandes fantasías supuso que la mujer de la que se enamoraba cada día un poco más, lo convertiría en el orgulloso padre de la niña más linda del mundo, poseedora de la belleza e inteligencia de su madre, y que además heredaría de él todo su amor por los deportes… el destino, una vez más, había sido muy generoso con él.