Hola a todos,

Aquí estoy de vuelta con mi tercera carta. Sólo deciros que los personajes todos a J.R.R. Tolkien, salvo Ardwin y agradecer los rewiews recibidos que ayudan a continuar con mi fic.

Querida Ardwin,

Ante todo debo disculparme por no haberte escrito antes pero las cosas en Khazad-Dûm han ido pero de lo que pensaba y de lo que todo el mundo podría haber esperado o simplemente deseado. No te preocupes, voy a explicarme.

Para empezar, entrando en Moria, Boromir, el hijo del Senescal de Gondor ha encontrado las palabras justas diciendo que esta cueva no era una mina, sino una tumba. El suelo estaba plagado de cadáveres, de esqueletos de enanos muertos acribillados por flechas de trasgos.

Viendo esto, hemos decidido salir de ahí, pero ha sido completamente imposible porque del lago ha salido un animal, un monstruo terrible, un kraken que ha atrapado a Frodo y Sam que hemos conseguido liberar entre Aragorn y Boromir mientras que yo lanzaba flechas sin parar.

El monstruo nos ha perseguido y ha bloqueado la entrada a las Minas de Khazad-Dûm y no hemos tenido otra opción que continuar a avanzar bajo la guía de Mithrandir que nos ha ayudado con un poco de luz.

Los primeros pasos a través de las minas se han producido sin ningún tipo de incidente a pesar de estar seguidos por la criatura Gollum, escapada de las mazmorras de Mordor, aquella que posea el Anillo Único antes que Bilbo, el hobbit, y que su ahijado Frodo Bolsón llevó al Consejo de Elrond en Imladris.

Hemos llegado a las cavernas principales de Moria y debo admitir, yo, un elfo que adora los bosques y los árboles que esas cuevas son espléndidas y magníficas. Creo que la palabra exacta es grandiosas. Pero unos minutos después las cosas han cambiado.

Gimli, el enano del que ya te he hablado, ha descubierto la tumba de su primo Balin, el último Señor de Khazad-Dûm, y Gandalf ha leído las últimas frases escritas por los enanos antes de perecer. Pippin, o como tal vez puedas conocerlo por Dama Arwen, Peregrin Tuk, un hobbit que es un poco torpe, pero sin ninguna malicia ha hecho caer un esqueleto en un pozo y es entonces cuando ha pasado algo terrorífico. Para empezar unos orcos han aparecido acompañados de un troll de las cavernas y ha sido muy duro abatirlos y salir de la sala de la tumba, pero hemos conseguido hacerlo. Hemos atravesado el puente después de haber saltado un foso y entonces lo peor ha aparecido: Un Balrog.

Nunca antes me había cruzado con uno y espero de todo corazón no volver a cruzarme con otro. Es una criatura grande, gigantesca, negra como Mordor, ocura y ardiente. Sus ojos son puro fuego como su espada y su látigo que posee varias cuerdas como tentáculos. Gandalf ha hecho todo lo posible para matarlo, ha utilizado la llama, la luz de Udûn para pararlo y lo ha conseguido, el Balrog ha caído en el abismo, pero se ha llevado al Istari con él.

Mithrandir, llamado por los hombres Gandalf o el Peregrino Grís, istari sabio y bondadoso que ha descubierto la traición de Saruman, que nos ha guíado durante esta parte del viaje que nos ha ayudado no solamente en este momento, sino durante toda su presencia en la Tierra Media. Amigo de los elfos desde siempre, de los hombres, de los hobbits y de los enanos, siempre ha sabido la mejor solución a los problemas. Una voz siempre escuchada y respetada, del Bosque Negro al sur de Gondor, de Eriador a las Montañas de Hierro. Escuchado por Elrond de Imladris, Galadriel y Celeborn, señores del bosque dorado, y mi padre... El dolor es demasiado reciente ahora en mi corazón...

Al salir de las minas, estábamos muy turbados tanto los unos como los otros pero Aragorn nos ha hecho levantarnos y volver andar para escapar de los orcos y llegar a los bosque de Lothlorién, a los dominios de la Dama del Bosque Galadriel, noldo nacida en Valinor, y su esposo Celeborn. Hemos sido sorprendidos por Haldir de Lorién, y hemos sido conducidos con rapidez a la presencia de los Señores. La visión de Galadriel siempre es turbadora. Su poder de leer en los corazanes de todas las razas hacen sus encuentros únicos cada vez. Después de relatar nuestra aventura en las Minas nos han dejado descansar tranquilamente en los bosques bajo la frescura de los árboles. Y es en este lugar donde te escribo esta carta que está mojada por las lágrimas que se escapan de mis ojos escuchando el canto de duelo de Lothlorién por Mithrandir.

Hasta la próxima, tu amigo,

Legolas Greenleaf de Mirkwood.