Capitulo tres: canción desde la torre más alta.

(Edward P.O.V.)

¿Cuántas horas habían pasado?, ya había perdido la cuenta; Carlisle no fue capaz de realizar la cirugía de Bella, eran muchas horas ante la sangre, ni un vampiro tan controlado como él lo resistiría.

Estaba esperando en el pasillo junto a Charlie y Alice; Jasper se había retirado, el sutil olor a hospital era una tentación para él, tantos aromas flotando en el ambiente, a piel, a sangre…

Una mujer alta, de piel tan blanca como la de Bella y cabello corto venia hacia nosotros; tenía un notable camino de lagrimas en su rostro lleno de angustia y dolor, cuando llegó se paró frente a Charlie, y con una mirada profunda de sufrimiento lo increpó.

-Ella es todo para mi, ¿sabias?, ella es mi niña, mi hija y tu debías cuidarla; ¡nunca debió venir hasta aquí!, ¡nunca debí permitírselo!, ella odiaba este pueblo y aun así quiso venir, ella debió permanecer a mi lado, ¡a mi lado es donde debió estar siempre!- Gritaba entre lágrimas la madre de Bella.

Charlie ya no podía mas con la culpa, Alice intentaba calmarlo pero un torrente de pensamientos inundaba su mente, "ella tiene razón", pensaba una y otra vez.

-Disculpe señora- dije con voz tranquila haciendo que la mujer se percatara de mi presencia por primera vez.

-Mi hermana y yo fuimos testigos del suceso, fue un accidente, ella se encontraba en el lugar equivocado en el momento equivocado, fue una combinación de factores, el hielo en el pavimento, la irresponsabilidad del chico al manejar así, el señor Swan no tiene la culpa, no le servirá culparlo a él, eso no le traerá a Bella su salud de vuelta-. Le manifesté; la madre de Bella dio un profundo suspiro y luego se abrazó a Charlie para llorar sobre su hombro.

Le hice una seña a Alice para que me siguiera, cuando nos alejamos me concentré en sus pensamientos, la veía a ella con una lagrima en sus ojos, a Carlisle persuadiéndome de transformarla, luego un muchacho que nunca había visto con una bolsa plástica en la cabeza, a Tyler tras las rejas, nuevamente ella, tomando mi mano y haciendo esfuerzos para hablar.

-¿Qué fue todo eso?- le pregunté a Alice.

-No lo sé, su futuro cambia demasiado rápido, es un futuro a corto plazo; cuando la muerte está cerca el futuro es incierto- me explicó Alice con una expresión asustada en su rostro.

-Aun así… ella seguirá existiendo, tengo una visión muy clara de ella; está en tu sofá leyendo un desgastado libro, tu estas tocando una pieza que nunca antes había oído. No puedo ver con exactitud si es una humana o una vampira la que está en mi visión, pero sé que es Isabella, es una visión muy persistente y yo siempre soy demasiado exacta- Dijo Alice trayendo un poco de esperanza a mi ser.

La cirugía había terminado, Bella ya no presentaba hemorragias internas, sus pulmones aunque débiles, funcionaban bien. Aun estaba bajo los efectos de la anestesia; Charlie y Renné fueron autorizados por Carlisle a entrar a la sala en donde se encontraba ella.

La noche había llegado, tanto Renné como Charlie se negaban a abandonar el hospital; ambos estaban dormitando en las incomodas sillas que habían en el pasillo. Me aproveché de la situación y sigilosamente entré en la habitación de Bella.

Ella estaba despierta, su habitación olía a su esencia, su aroma dulce e inconfundible revoloteaba en cada rincón y hacia quemar mi garganta, era una tortura que mi masoquismo estaba dispuesto a soportar, después de todo ella era mi dulce infierno, ya había vivido entre las sombras antes; décadas de soledad, pero de pronto apareció ella, como un cometa cegando mis ojos tan acostumbrados a la noche. Desde ese día, el día en que la conocí que pasé de las tinieblas al infierno, sabía que no podía ir al cielo junto a ella, un ángel jamás se fijaría en un demonio como yo.

Es por eso que me encerré en mi infierno personal, sintiéndome monstruo por desearla, sintiéndome demonio por anhelar su compañía, disfrutando de esta tortura, sintiendo por primera vez el dulzor del infierno.

Vi que en la mesita en donde reposaba su historial médico había una torre de libros, reconocí en el montón mi ejemplar de Romeo y Julieta, el Cumbres Borrascosas de Alice, Una temporada en el infierno de Rosalie.

Tomé su mano y mi frialdad la asustó, acaricie su piel con mi pulgar esperando a que volviera a dormirse, ella observaba curiosa el libro que tenía en mis manos, -¿quieres que lea para ti?- Le pregunté; ella apretó débilmente la mano que me tenia sujeta y yo me dispuse a leer.

Había una página doblada, ella estaba expectante, comencé en ese lugar, respiré una buena dosis de mi tortura y empecé a leer.

Que venga ya, que venga
El tiempo que enamore.

De tanto esperar,
Ya no podré olvidar.

Temores y desvelos
Se han ido a los cielos

Y la sed malsana
Espesa mi sangre

Que venga, que venga
El tiempo que enamore.

Tal las praderas
Al olvido libradas

De adormideras y
Cizaña cuajada,

Al rabioso zumbar
De las sórdidas moscas,

Que venga, que venga ya,
El tiempo que enamore.

Detuve mi lectura para observarla, una lagrima solitaria caminaba tristemente por su mejilla, me acerqué a ella y besé la trayectoria de aquella gota de angustia; su piel se sentía tan cálida y deliciosa al tacto de mis labios, su respiración irregular se sentía tan suave; me atreví a rozar su boca con la mía y luego me atreví más aun, la besé, sus labios mandaban una poderosa corriente eléctrica a los míos y a ella parecía no importarle, ella correspondía a mi beso pero luego tuvo que detenerse, ella necesitaba aire y yo estaba entorpeciendo su recuperación.

-Muerte, que has sorbido la miel de sus labios, no tienes poder sobre su belleza- dijo con su débil voz.

-Bella no hables, trata de descansar- le dije acercando su mano a mi rostro.

-¿Cómo puedo amarte tanto conociéndote tan poco?- dijo con mas debilidad que antes.

-Bella por favor no hables, no es bueno para ti- le manifesté esperando a que me hiciera caso.

-No me alejes de tu lado, no ahora que te he encontrado- dijo sosteniendo mi mano con todas las fuerzas que había logrado reunir.

-Bella, están medio sedada aun, estas delirando- le expresé rogando que desistiera de sus intentos por hablarme y se durmiera.

-No me apartes Edward, quiero estar contigo, para siempre… -dijo antes de quedarse dormida

Ese "para siempre" hizo chispa en mi cerebro, ella debió intuir que mi fría y dura piel no eran normales, podría apostar que estuvo despierta todas las veces que hable con Carlisle frente a ella, después de todo, tenía una extraña resistencia a los sedantes.

Hay tragos que son amargos, hasta los del mejor vino. Unos cortos, otros largos; pero todos son dañinos.

Podría salvarla, tenerla junto a mi ahora que ella me amaba; serian tres días de dolor y luego una eternidad de felicidad, ¿pero a qué precio? ¿Podía ser tan monstruoso como para condenar a un ángel a vivir una existencia demoniaca?, ¿y si ese ángel decidía bajar del cielo para compartir su cielo con un demonio?

Ella había decidido, y yo no era quien para contradecirla, no sabía que me dolería mas, si verla pálida e inmóvil en un ataúd sin el brillo de sus ojos y sin la luz de su sonrisa; o verla fuerte y sedienta por toda la eternidad.


antes que nada quiero dar las gracias por los reviews recibidos y porque se hayan dado el tiempo de leer mi fict

el poema que sale en este capitulo no es mio, pertenece a Arthur Rimbaud.

este es un minifict de 4 capitulos....ya viene el final!!!!!!!!!!!!!

gracias por leer y por comentar.