Perdón por la tardanza, se que tardé muchísimo…pero anduve muy corta de inspiración…Bueno, acá les dejo el tercer capítulo, ¿dale que sí? Lean y disfruten

Capítulo 3: "Sueño contigo porque te quiero"

Era una situación extraña, es verdad, pero la debía aprovechar de todas maneras. Arthur soltó un resoplido y arrastró su valija sin ruedas hacia el armario. Ariadne ya se había adelantado y había comenzado a guardar todas sus pertenencias. El hombre clave se tragó una risa, era una situación ligeramente incómoda, y aún así le causaba gracia. Acomodó rápidamente sus cosas y se quedó observando como la arquitecta terminaba con lo suyo. Evidentemente era verdad que las mujeres utilizaban mucha más ropa que los hombres…eso siempre le había llamado la atención. Le echó un vistazo a la habitación y se dio cuenta de que iba a estar muy cómodo por unos días. Cuando Ariadne finalizó, se acercó hacia la cama y se tumbó sobre ella. Arthur la observó y le dirigió una ancha sonrisa. Se acercó hacia donde estaba y se sentó junto a ella.

-¿Tienes sueño?-le preguntó en un tono suave. Ariadne asintió con la cabeza cerrando los ojos. Observándose el reloj que traía puesto en la muñeca. Arthur se percató de que eran las seis y media de la tarde.-Oye, ¿por qué no duermes un rato? tienes algo así como dos horas. Anda, descansa un rato que se nota que estás agotada.

-Gracias-le contestó Ariadne, sonriéndole. Cerró los ojos y a los pocos segundos se quedó dormida. Era una lástima que Arthur no supiese que Ariadne estaba soñando con él.

El hombre clave se dirigió a uno de los sillones y se sentó sobre él. Luego, sacó el libro que tenía en la valija y lo abrió para continuar leyéndolo. Donde debería haber estado el pedazo de papel que utilizaba como señalador, había una nota de Saito que decía: "Me tome la molestia de dejarte esta nota en tu libro. Por favor, coman y beban todo lo que deseen, luego yo pagaré todo." Arthur encaró una de sus cejas y sacudió la cabeza. Quiso comenzar a leer, pero tenerla a ella en frente durmiendo, lo distraía. Nunca le había pasado algo semejante, siempre se había caracterizado por poner toda su atención en lo que estaba haciendo, pero en ese momento se encontraba así mismo alzando la vista a menudo para observarla. Le fascinaba como dormía…se le levantaba ligeramente el pecho al compás de la respiración y de vez en cuando esbozaba una pequeña sonrisa. "¿Con qué estará soñando?" se preguntaba. A la media hora, cansado de no poder concentrarse, decidió tomarse una ducha. Tomando ropa interior y unos pantalones de algodón, se dirigió al baño, prendió los grifos de la bañera, y una vez que el agua estuvo tan caliente como a él le gustaba, se desvistió y se metió en ella. Sintió como el agua le caía sobre la cabeza y los hombros, aflojando todas las zonas contracturazas que tenía. Se quedó allí un buen rato, meditando, y pensando…o pensando en ella, mejor dicho. Cuando se le comenzó a arrugar la piel, cerró las canillas y salió de la tina. Se secó lo más rápido que pudo y se colocó la ropa que había tomando antes de entrar.

Ariadne apretó con fuerza los párpados antes de abrirlos, y luego se frotó los ojos con sus puños. Se incorporó sobre la cama y posó su mirada sobre el reloj que se hallaba en la mesa de luz. Había dormido una hora, y en ese tiempo había vuelto a soñar con él. Aquello le sorprendió un poco, considerando que lo había estado con él ese día. De repente, escuchó que la puerta del baño se abría. Sintió que se le acababa la respiración cuando lo vio a Arthur salir en aquel estado, descalzo, con los pantalones de algodón negro, el torso desnudo y aún húmedo, y el pelo mojado pegándosele en la frente. No pudo evitar notar los músculos de su pecho y de sus brazos. Se admitió a sí misma haberse sorprendido por aquello, Arthur no tenía la pinta del tipo de hombres que ejercita, sino más bien del que es un tanto escuálido…evidentemente, se había equivocado. El hombre clave le sonrió y se sentó a su lado.

-¿Y? ¿Cómo has dormido?- le preguntó sin borrar la sonrisa de su cara.

-Muy bien, gracias.-contestó ella.- ¿Estuvo bien el baño?-preguntó sin saber bien qué decir. A Arthur se le achinaron los ojos y se le formaron hoyuelos en las mejillas cuando soltó una pequeña carcajada.

-Sí, me ha relajado bastante. Si quieres puedes bañarte tú ahora, no se ha terminado el agua caliente…-comenzó a decir cuando le sonó el celular. Vio el mensaje que le había llegado y agregó- y parece que tienes bastante tiempo antes de que bajemos a cenar. Eames me acaba de decir que comeremos a las 9.

-Te haré caso, entonces.-le contestó- Oye, es raro verte así…con un pantalón de algodón.

-Digamos que aquí en el hotel puedo darme el lujo de vestirme con ropa cómoda.-admitió.

-De acuerdo, iré a ducharme.-dijo la arquitecta. Salió de la cama, buscó ropa del armario, y se metió rápido en el baño- Arthur se mordió ligeramente el labio inferior y sacudió la cabeza. Luego, se recostó y prendió el televisor.

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-Era hora de llegaran. Vamos, siéntense así ordenamos la comida de una vez por todas. Tengo tanta hambre que me comería un elefante…-dijo Eames cuando Arthur y Ariadne bajaron al restaurante del hotel. Como el falsificador se encontraba sentado frente a Yusuf en una mesa de cuatro, el hombre clave y la arquitecta también se sentaron enfrentados. -¿Y? ¿Qué han hecho hasta ahora?-preguntó.

-Nos hemos bañado…-dijo Ariadne, y rápidamente se corrigió, agregando-Es decir, el se bañó primero, yo lo hice luego…-Yusuf contuvo una risa y a Eames se le abrieron ligeramente las fosas nasales cuando soltó una pequeña risa. La muchacha se sonrojó, y en respuesta Arthur la miró con ternura.

Un moso vestido con una camisa blanca y corbata de moño negra se acercó a ellos y les tendió unas cartas. Cuando los cuatro las abrieron , descubrieron que los precios habían sido borrados con correcto líquido.

-Disculpe, señor, pero no han quitado los precios.-dijo Arthur.

-Lo sé, me lo ha pedido el Señor Saito. Me ha dicho que elegirán cosas de bajo precio porque saben que él pagará por todo…así que me pidió que borre los precios para que se en el gusto de elegir lo que quieren.-la mano derecha de Cobb levantó las cejas.

-Bueno, si Saito lo quiere así, así lo haremos. Yo pediré…un poco de langosta acompañada de jamón serrano, una copa de vino tinto, y de postre un volcán de chocolate.-el mozo anotó lo que el inglés le pidió y aguardó a que los demás hicieran lo mismo.

-A mí déme un filete acompañado de batatas, y una copa de vino blanco. –pidió Yusuf. El mozo volvió a anotar y miró a Arthur y a Ariadne.

-Yo quiero un plato de fideos de albahaca…y un jugo de naranja.-pidió la joven.

-A mí déme lo mismo, pero con agua mineral.

-Cielos, Arthur, eres aburrido ¿agua?-preguntó Eames. El otro lo fulminó con la mirada.

-Algunos sentimos la necesidad de manteros sanos ¿sabes?

-Aún así, tienes que permitirte ciertos gustos…y no solo me refiero a la comida.-le insinuó mientras le guiñaba un ojo y cabeceaba ligeramente hacia Ariadne. Arthur bajó la cabeza para que los demás no notaran que se había sonrojado ligeramente. Yusuf se rió y sacudió con la cabeza, mirando el panorama.-Cuéntanos, Ariadne.-volvió a hablar el falsificador-¿ya te has hartado de Arthur o todavía no te has puesto mal porque tienes que compartir el mismo cuarto que él?

Ariadne se rió y dijo.

-No me he hartado todavía, se está portado realmente bien.-giró su cabeza para mirar al hombre clave. Arthur le dirigió una pequeña sonrisa y ella tragó con fuerzas. La sonrisa de él tenía algo mágico…era encantadora.

-¿Qué has soñado estos días, Arthur?-preguntó Yusuf.

-¿Y por qué quieres saber?-preguntó.

-No lo sé, me interesa por las expresiones que tienes al dormir. Tú ya sabías que el rostro refleja las emociones que uno está soñando cuando sueña ¿no es así? Me gustaría preguntarle lo mismo a Ariadne. Ambos tienen expresiones…parecidas.-Eames soltó un silbido.

-Vaya bomba que a tirado Yusuf.-rió. Los otros dos no pudieron evitar sentir como las mejillas les ardían de vergüenza. Para su suerte, llegó el mozo con la comida.-Y el dicho dice salvados por la campana… ¡a comer!

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-Vaya, ha sido una cena un tanto…-comenzó a decir Ariadne.

-¿Fuera de lo común?-terminó Arthur por ella. La arquitecta se sorprendió de que él siempre pudiese terminar las frases por ella.-Sí, es verdad. Ha sido extraña. ¿Te ha gustado la comida?

-Oh, sí, mucho ¿a ti?

-Sí, me encanta la pasta.-sonrió.-Mañana comenzamos a trabajar, ¿estás contenta por ello?

-Muy, no he dejado de pensar en todo esto desde el día que finalizó la misión de Fischer. Moría por volver a trabar con ustedes.-y por volver a verte, pensó, pero se tragó aquel comentario. Arthur le volvió a dirigir una de sus sonrisas y se quedó mirándola.

-Yo también lo he extrañado mucho. Me he aburrido estos días…no hubo nada que despertara mi atención…y eso es extraño, porque suelo interesarme mucho en las cosas.

-Te comprendo.-dijo ella.-Supongo que me voy a dormir…ha sido un día largo ¿no es así?

-Sí, es verdad, lo ha sido…-le contestó extendiendo la comisura de sus labios. Ariadne no comprendía como hacía Arthur para sonreír todo el tiempo.

Mientras la arquitecta se metió al baño a vestirse, Arthur se sacó la remera, y dejándose el pantalón de algodón se metió dentro de la cama, del lado derecho. Su mente se quedó en blanco cuando la vio salir del baño. Llevaba puestos unos pantalones de algodón fucsia y una remera negra de "Guns-N-Roses".

-Vaya, ¿así que te gustan los Guns?-preguntó.

-Sí, ¿por qué?

-A mí me encantan-confesó él. Al ver la cara de incredulidad que puso Ariadne, se rió y agregó-¿Qué? No tengo la pinta de ser el tipo de hombres que escucha rock ¿no?

-Algo así…

Arthur soltó una carcajada que hizo que se le achinaran los ojos.

-Pues, me encanta.

Ariadne se dirigió a la cama con timidez y una vez que se acostó sobre ella, se tapó con las sábanas y apagó el velador que estaba en la mesita de luz junto a ella.

-Hasta mañana, Ariadne.-le dijo Arthur antes de darle un beso en la mejilla. Ariadne agradeció que la luz estuviese apagada, porque sino habría visto como se sonrojó.

Arthur tardó mucho en conciliar el sueño. ¿Cómo hacerlo cuando la tenía a ella al lado suyo? Se quedó la mayor parte del tiempo mirándola, viendo como el pecho le ascendía y descendía ligeramente al respirar, como arrugaba la nariz de vez en cuando. Al igual que antes se encontraba fascinado, y moría por saber que era lo que estaba soñando. "Espero que esté soñando conmigo" se dijo. "Yo lo haré, sueño contigo porque te quiero" susurró, mordiéndose el labio inferior, y entonces, se durmió.

Ya sé que este capítulo es un poco corto…pero prometo que el próximo va a estar mejor. Dejen reviews

Jises