- ¿Familiares de Kuroko Tetsuya?- escuchan la voz de una de las enfermeras
- Nosotros- se levanta la gran mayoría de los ocupantes de la sala de espera, mientras la mujer los mira confundida
- El paciente está estable, aunque bastante adolorido- les dice, mirando la ficha- Se ha dado realmente fuerte en la cabeza, y le duele el cuello, pero afortunadamente no es nada grave- asegura- Debe quedarse esta noche, para ver si hay mareos o algo, si quieren verlo deben esperar- alza la vista, buscando algún adulto- ¿Ahora, quien de ustedes es su hermano, hermana o alguien que se haga cargo de la cuenta?
- ¿No llamaste a Kizu?- pregunta Midorima clavando los ojos en Kise, que alzo los hombros, nervioso
- No- niega con la cabeza el rubio- Lo siento, lo olvide
- No importa- se adelanta Akashi, poniéndose frente a la enfermera, con actitud poderosa- Yo me haré cargo de los gastos, solo dígame donde firmar- sentencia sin si quiera mirar la cantidad a pagar, haciendo su firma de manera clara y perfecta, para luego dirigir una penetrante mirada fría hacía la mujer
- Eres la definición de entrometido- se ríe Nia- ¿Lo sabías?
- Definir es limitar- suspira Seijuro mientras entrega el papel- Bueno…eventualmente alguien entrará ¿Quién lo hará primero?
Esa era la pregunta que posiblemente fue la causante de todo el caos posterior en la sala de espera, aunque a parte de ellos no había casi nadie más. El equipo de Seirin murmuraba entre ellos, sabiendo que su representante en aquella guerra era Kagami, que estaba en desventaja frente a la generación de los milagros. La verdadera rabia de Taiga salió a flote dos segundos después de que el único de los antiguos amigos de Kuroko que no debía ofrecerse, levanto la mano, de manera extraña y tímida, pero lo hizo, contra toda apuesta.
Nadie dijo nada, en realidad, no de inmediato, el pelirrojo se limitó a mirar a Akashi esperando que le dijera algo, lo que sea, cualquier cosa, alguna orden, pero comprendió que no era a él a quien debía mirar. Midorima quería gritarle, pero no lo hizo, estaba concentrado en apretar firmemente la mano de Kise, así que solo se dedico a darle a Aomine una mirada de negativa con sus profundos ojos, y espero que alguien dijera algo inteligente, porque a él, honestamente, no se le ocurría nada.
El rubio estaba pálido, intentaba refugiarse, casi abrazado del muchacho de ojos verde, también muy cerca de Atsushi, medio escondido entre los dos integrantes más altos de su antiguo equipo, mirando con temor, como si estuviera realmente asustado de algo. Sus piernas aun dolían a veces, ardían cuando hacia ciertos movimientos, aunque el doctor había dicho que estaba perfectamente bien, que era por la presión psicológica que había tenido que pasar; en otras palabras estaba medio traumatizado. Recuerda muy bien el día en cuestión, luego del partido se había quedado en sentado en las escaleras fuera del estadio, incapaz de moverse o responder ante sus propias ordenes, agradeció al cielo cuando alzó la vista y vio a Akashi y a Murasakibara mirándolo, sus ojos se habían llenado de lagrimas, mientras el más bajo le susurraba al chico de pelo lila que lo tomara en brazos y caminara con él hasta el auto para llevarlo a casa. También recuerda el hecho de que Akashi intentaba hacer bromas, para subirle el ánimo, sin mucho éxito. A mitad de camino, algo así como a tres calles desde el inicio, Kise Ryouta se desmoronó por completo y comenzó a llorar descontroladamente, escondiendo su rostro en el pecho de Atsushi, quien le acariciaba el cabello sin dejar de caminar con él encima; sollozaba, fuertemente, destrozado, mientras que sus amigos lo miraban en silencio, sin saber que decir.
"Ni siquiera le importó…" había murmurado mientras se refugiaba en los brazos de Atsushi; Akashi había tragado saliva y respirado con dificultad, intentando no sonar tan hijo de puta. "No es como si fuera el Aomine que conocíamos, Ryota" susurró el más bajo.
No lo era, para nada, no había nada en aquel moreno egocéntrico que si quiera le recordara al muchacho que conocía, que solía hacer, no había nada en sus ojos, ni en su actitud. Se sentía defraudado cada vez que sus dorados ojos caía sobre los azules, porque cuando lo hacía, no reconocía a la persona que estaba frente a él.
Akashi Seijuro no solía preocuparse por los demás demasiado, no fuera de la cancha al menos, no le gustaba alterarse por la estupidez ajena; como persona era frio, pero conocía a sus ex compañeros lo suficiente como para saber que no terminaría nada bien, así que fue, fue a verlos apenas Atsushi, durante el almuerzo en familia, dijo las palabras "Kise-chin", "Mine-chin" y "Partido" en la misma oración. Algo malo iba a ocurrir. "Y siempre acierto" había pensado, sabía que tenía razón, aunque hubiera querido no tenerla. Ciertamente sbía que se estaban enfrentando a un Aomine que no era realmente él mismo, no era precisamente algo que fuera más que una estúpida fachada, nada de lo que el moreno dijera o hiciera en ese momento era realmente cierto.
Akashi Seijuro tenía lo que muchos llamaban, temple de acero, era una persona sorprendentemente calmada la gran mayoría del tiempo, no podías perturbarlo mucho, sacarlo de sus casillas no era fácil, tenías que ser verdaderamente insoportable. Para la gente que lo conocía, como Aomine Daiki lo hacía, sabían que si lograbas hacerlo, sacarlo de aquella tranquilidad, no la pasabas para nada bien.
Por desgracia para Daiki, lo había sacado de su sitio de paz, apenas terminó el último partido de secundaria, por decirlo de cierta forma lo último que hizo antes de irse de Teiko fue pelear con Atsushi, lo cual fue una malísima idea, no se tocaba a Murasakibara, todo el mundo sabía eso, y de paso romper y destrozar absolutamente todo lo que Kuroko era, emocional y físicamente, eso tampoco había sido la mejor de sus decisiones.
Aomine sabía que había hecho todo eso, e incluso más, añadiéndole su reciente asesinato a la dulce y hermosa alma optimista que el rubio modelo poseía, se había encargado de desmoronar tantas cosas juntas que si le preguntaras no sabría decirte que fue lo peor. Sus ojos bajaron al piso, para luego empezar a recorrer la sala de espera con velocidad media, vio como Midorima sujetaba por los brazos a Kise, mientras intentaba detener, nuevamente, el ataque de pánico asmático que le daba al rubio, también como Takao sobaba la espalda del modelo, intentando ayudar; Murasakibara y Akashi hablaban de cosas sin sentido, y para cuando Daiki fijo su vista en algo en concreto, su corazón se llenó de una extraña angustia, Kagami demostraba la preocupación que tenía dentro, tronándose los dedos, era solo mirarlo, solo eso te hacía notar el brillo triste de sus ojos y su mueca de incomodidad.
Reinaba un silencio absoluto, nadie decía absolutamente nada; incluso el equipo de Seirin se miraba alterado. Riko Aida se acerco con cuidado a Kagami, jalándolo por la muñeca, para descubrir que era lo que lo hacía estar así.
- Kagami-kun ¿Estas bien?- le preguntó preocupada
- Si, yo solo…- murmuró, sacudiendo con la mano su cabello, mientras bajaba la mirada al suelo
- Yo también me siento responsable, Kagami- comenta la chica- Soy la entrenadora…pero, creeme, sé que no me veo así- lo apunta
- No me veo de ninguna manera- niega casi ofrendido
- Kagami idiota- se burla- ¿Necesitas decirme algo? O mejor aún. ¿Necesitas decirte algo a ti mismo?
Riko preguntaba con cuidado, intentando no incomodarlo demasiado, porque por grande y seguro que pudiera parecer el pelirrojo, era una persona tímida casi a extremo, que se cohibía con rapidez, apenas si podía controlar lo que decía sin que su cara se pusiera del mismo color que su cabello. Muy a diferencia de Kuroko, era incapaz de decir exactamente lo que pensaba, con rapidez y sin dudas, tenía que analizar mucho las cosas si quería ser claro, cosa que le costaba porque no era muy bueno analizando. Y eso, su entrenadora lo sabía a la perfección.
- Se pondrá bien ¿Verdad?- pregunta nervioso- Es que…no se, siemre lo dejo hacer lo que quiere, sabiendo que no debería…pero tampoco es como si me hiciera mucho caso.
- No te haría caso- interrumpe fríamente Aomine, ocupando un tono malicioso que no pretendía tener- Supongo que…después de todo, nadie va a evitar nunca que haga lo que quiera…que desaparezca a las dos de la madrugada- alza los hombros- O que no sepamos de él en días…- la cara de confusión del pelirrojo golpeo a Daiki fuertemente, se dio cuenta de que o Kuroko le mentía o simplemente había cambiado mucho en esos últimos meses- ¿Sabes que tiene un hermano y que su padre jamás está en casa?- murmura, a lo que el chico le responde con un movimiento negativo de cabeza
- Mientras menos sabes…más fácil le resulta el conseguir lo que quiere- sonríe Akashi, acercándose
- Kagami…todos aquí sabemos que crees que nosotros somos los monstruos- levanta la ceja el moreno, mientras esboza una sonrisa egocéntrica- Pero te recuerdo que Tetsu, también es uno de nosotros…
- Basta ya, Aomine- lo calla con rapidez Midorima- Kuroko ya no es así, fin de la maldita discusión, cierra la boca y ve a echarte en algún sitio mientras te lamentas por ser un asqueroso retorcido maniático…- gruñe molesto- Y Akashi…pensé que eras más sensato que esto…
- Las cosas cambian, Shintaro- lo mira el más bajo- Y cambian aun más cuando alguien que me importa esta en el hospital.
- Les juro que si no cierran la puta boca…me asegurare de que todos y cada uno de ustedes termine en el hospital, y no precisamente en la maldita sala de espera- la voz de Nía resonó tan fuerte y honesta que los tres cerraron la boca.
Al callarse, la tensión aumenta, se escuchan susurros nerviosos, preguntas en voz baja, comentarios absurdos; pueden notar cuando Kise se refugia en si mismo, abrazándose las rodillas mientras esta sentado en el suelo, como Murasakiraba come dulces, sin entender muy bien lo que pasa, y como, de manera general, ninguno de los presentes sabía exactamente que mierda estaba haciendo en una sala de espera casi al empezar las vacaciones de verano. Todos piensan en lo que estarían haciendo de no estar ahí, los de Seirin miran la hora, ya hubieran terminado con el entrenamiento, Nía suspira mientras recuerda que estaba revisando la solicitud de ingreso de Shutoku, Midorima y Takao irían camino a casa, pedaleando sin preocupaciones; Aomine seguramente estaría durmiendo en el techo de la escuela, y Kise estaría entrenando aun. Akashi y Murasakiraba estaban en casa, su madre les había pedido que hicieran algo por ella, cosa que no terminaron jamás debido a la urgencia. Tenían mejores cosas que hacer, pero ninguno de ellos se iba a ir de ahí.
A los cinco minutos una de las enfermeras llega, para decirles que el paciente ya puede recibir visitas, que puede que este algo somnoliento debido a los sedantes, pero eso estaba bien, despertaría si le hablaban. Todos se miraron ente sí, pero Aomine Niara quiso que su corazón se detuviera en cuenta vio que su hermano quería ser el primero en entrar.
- Ni siquiera lo pienses- había gruñido Kagami
- Niaracchi debería entrar- habló en voz baja Kise, aun medio aferrado de la chaqueta del muchacho de ojos verdes
- No, no parece justo- sentencia la muchacha- ¿Piedra, papel y tijera?- sugiere
- ¿Para que? Nos ganaría Akashi- alza los hombros su hermano- e incluso si no participara, Midorima nos gana siempre…sería tonto- suelta, mientras Takao asiente con la cabeza, muy de acuerdo.
- ¿Saben que?- ruge el tigre- Que entre si quiere- apunta molesto- No importa quien entre primero, sino que él este bien.
- Por fin dices algo sensato, Taiga- se ríe de manera burlesca Daiki, complacido
El moreno se dio la vuelta, para encaminarse hacía la habitación con paso firme y seguro.
Con enojo Kagami Taiga se fue a sentar solo, a la otra esquina de la sala de espera, cruzando los braos y bajando los ojos que, repletos de ira, parecían querer apuñalar a todo lo que se le cruzara en frente; ciertamente si le importaba ver a Kuroko primero, y mucho, quería regañarlo, reprenderlo fuertemente, también quería abrazarlo, disculparse por no haberlo cuidado como debería, se sentía absolutamente culpable por lo que había pasado. Pero tampoco podía justificarse del todo, no podía darles una excusa creíble para hacer todo eso, sabía muy bien que estaba mal sentirse así por un amigo, por alguien que era solo eso. Kuroko y él se habían hecho bastante cercanos, pero no era uno de la generación de los milagros, no había pasado tanto tiempo; sabía que Aomine y Tetsuya se conocían desde hacía años, y que el moreno se encargaría siempre de recordárselo, de recordarle que lo conocía más, que le importaba más, que le quería mucho más que a cualquiera en esa sala de espera. Porque era un hecho, Kagami Taiga no iba a negarlo en ningún momento, sería estúpido, podía notarlo en la forma en la que el chico de ojos celestes hablaba, en como le destrozaba la sola idea de que Aomine estuviera cerca. Se preguntó a si mismo que era lo que ese idiota tenía, necesitaba saberlo, no estaba seguro de poder seguir existiendo, mientras ignorase cual era la razón de que Daiki fuera mucho más que un amigo, que fuera alguien que podía arrancarlo de su lado tan rápido como había llegado.
Los otros ex compañeros de su amigo se miraron entre si, nerviosos, Kise soltó de apoco al muchacho de cabello verde, suspirando, con todo el cuerpo endurecido, caminó un poco para intentar que sus músculos se relajaran, sin mucho éxito. Dolía, aun lo hacía, siempre le iba a doler. Daiki no era una persona amable, o dulce, aunque si solía serlo, cuando el rubio le conocía, hace ya mucho tiempo, cuando tenía una enorme sonrisa y una actitud tranquila y adorable; cuando era el chico que se acercó a él, tan simpático.
No había nada de ese muchacho que le recordara si quiera un poco a su antiguo amigo. El moreno había desaparecido por completo, había traspasado los limites imaginaros de cambios permitidos en una persona, en menos de un año. No era el chico que lo había golpeado con la pelota de básquet ese día en el colegio, casi puede oírle, en su cabeza desquisiada, casi escucha su melodiosa voz de aquel entonces, aun resuena en su mente. "Lo iento" le había dicho, mientras tomaba de nuevo el balón, la había mirado y sonreído "Ha sido un accidente, lo lamento" insistió, para luego guiñarle el ojo.
"perdón" una palabra que Aomine Daiki no necesitaba pronunciar jamás, si se trataba del rubio modelo, porque Kise Ryouta había nacido para perdonarle, perdonarle absolutamente todo lo que hiciese, cada golpe, cada grito, cada insulto que le dijese, cada uno a uno perdido contra él, todo, Kise se lo perdonaba. Hubiera querdio no hacerlo, deseaba poder bajarlo del pedestal tan alto en el que lo tenía, un pedestal que sobrepasaba con creces su autoestima, hubiese querido estar molesto con él en ese momento, pero no era capaz de hacerlo, porque Ryouta estaba enamorado, al punto de valorarse muchísimo menos de lo que debía, en ese punto en el que nada importaba, porque incluso cuando dolía, sin importar cuanto le costara mirarle en ese momento, Kise le amaba hasta el fin del mundo.
"¿Crees que estará bien" había preguntado Kise, con voz temblorosa a Kuroko, luego del partido amistoso contra Kaijo. Tetsuya sabía a lo que se refería, y a quien, suspiró y lo miró con preocupación, sin responder, porque no sabía la respuesta a esa complicada pregunta "¿Tu crees que si quiera deberíamos molestarnos en preocuparnos por él? Cambió la pregunta el rubio. El chico de grandes ojos color celeste se mordió el labio, intentando calmarse. "Supongo que a estas alturas del partido, Kise, nos preocupa aunque no le merezca en lo absoluto"
Era cierto, condenadamente cierto.
- Kise- le sacudió Midorima, sentándose junto a él- Eh, idiota, vamos, calmate…
- Si, yo…lo…lo siento, Shintaro- tartamudea moviendo la cabeza de un lado a otro, tratando de despejar su mente. Midorima lo mira, cuidadoso, con el ceño fruncido, nada de "Midorimacchi", nada de "Midocchi" o lo que sea, sino que su nombre, dicho con voz triste, sin esa cantarina entonación alegre que parecía iluminar el mundo
- Si quieres puedo sacarte de aquí- le dice con voz segura y paternal- Le…diré a alguien que llame a tu madre…o a un taxi, para que te lleve a casa….- lo ve sonreír- Sabes que iría contigo pero…no puedo irme.
Kise rió, levemente y en voz baja, la verdad es que sabía perfectamente reconocer la voz preocupada de Midorima Shintaro sin mucho esfuerzo, sin importar cuan insoportable y chillon fuera, el muchacho de ojos color verde iba a estar ahí, mirándolo con firmeza, con una mueca vinagre en los labios, los brazos cruzados, negando con la cabeza y murmurando insultos en los tres idiomas que era capaz de hablar, mientras le jalaba por el brazo para sacarlo de cualquier sitio al que tuvo que ir a buscarlo.
- No…veré a Kuroko antes- le dice, otra vez sin sufijos dulces y amables- luego me iré directo a casa, lo juro- sonríe débilmente- Nada de bares- susurra angustiado
- ¿Estas seguro?- le pregunta, en voz baja, tocando su mano despacio- En serio puedo llamar a un taxi…
- Si estoy seguro- asiente- Estaré bien…
El muchacho de ojos verdes no le cree, para nada, pero ¿Qué va a hacer? Nada. Porque nunca se podía hacer nada con Kise cuando estaba así, o en general, solo estar ahí para él, si se decide a decir algo para revelar lo que siente, o ceder ante los ojos verdes de su amigo, que le pedían que contará todo lo que le inquietara, hasta finalmente calmarse, llenándose de lo que muchas personas, incluyéndolo a él, llamarían satisfacción, esa que era causada por la voz de Midorima insultándolo por ser tan ridículamente sentimental y llorón, mientras que él se refugiaba en su cuello. Pero hasta que eso pasara, Midorima Shinntaro se quedaría ahí, simplemente sentado junto a él, dejando que la cabeza rubia de Kise cayera delicadamente sobre su hombro, respirando con lentitud, haciendo que su aliento choque contra su cuello. "¿Todo va a estar bien, no es cierto? Se recordó a su mismo diciendo, con una voz más infantil e inocente. "Si" sentenciaba en más alto como respuesta "Si, Kise, todo va a estar bien"
