Disclaimer: Los personajes de este fic le pertenecen a M. Kishimoto.

Notas de autor: ¡He vuelto con una actualización! (Mejor que llegar sin nada). Y antes, quisiera agradecer la espera a aquellos que siguen este fic, a Crimela, que me recordó que me estaba tardando. Creo que no te contesté el PM, pardon me. ¡Pero claro que lo tenía en mente siempre! Y pues, para no hacerla de tanta tos, dejo el capítulo, que el arroz se coce lento en el agua, pues así también esta historia. De nuevo, gracias por su review a Mar Angys Dreams, Crimela, Caittlyn, Bway-Girl25, Sakuita 01, ArcanaMoon y Karina-Alcalina. Los dejo leer...

Advertencia: Lenguaje soez (ligero).

.

Contradicción

.

Otra oportunidad

.

Por Lux Lunar

.

Neji parecía muy concentrado en la pantalla de su computadora, ingresando los datos del reporte mensual que debía ser entregado antes del medio día, para que la asistente de jefe, Shizune, pudiera dar de alta y conceder los bonos respectivos a cada empleado. Y, viendo los números, a Neji le fue muy bien en Septiembre.

En ese momento, Tenten apareció frente a él, sujetando con una mano, una empanada de carne, y con la otra, una ensalada de verduras.

—Ya conoces la rutina, ¿cómo se llama el Dios del sol de los griegos?

El castaño dejó el teclado y se recargó en su silla, mostrando una ligera sonrisa divertida. Ese era un juego que comúnmente practicaban por las mañanas. Tenten compraba el desayuno, quizá un sándwich de atún o un bagel de jamón, y Neji debía responder acertadamente a su pregunta para que tuviera el derecho de elegir el platillo de su preferencia. Si no contestaba correctamente, ella se quedaba con lo que quisiera.

Las primeras veces, Tenten le hacía preguntas sencillas, cuestiones como, ¿cuál es la capital de Argentina?, o tal vez, ¿quién escribió La Ilíada?, por el estilo. Al ver que Neji contestaba cada una de las preguntas correctamente, la castaña decidió subir la dificultad de la cuestión. Pese a ello, Neji continuaba acertando. Tenten tenía que recurrir a diccionarios para buscar palabras complejas y pedirle que le diera el significado. Él, en la mayoría de los casos (nueve de diez, para ser exactos), respondió lo correcto. Ella sabía que debía esforzarse más, y hacer las preguntas más complejas posibles. Ya no era realmente por quien elegiría qué comer; para ella se había convertido en un desafío hacer que Neji se equivocara una vez.

—¿Es todo lo que tienes? —cuestionó, burlándose. Ya había notado que ella buscaba un error en sus respuestas.

—Los griegos tienen muchos Dioses, y sus nombres son tan extraños.

Neji se tronó los dedos de una mano con su propio pulgar. Ambos se sostenían la mirada, sólo que Tenten parecía ansiosa por querer escuchar lo que iba a decir.

—Es Helio —respondió, sencillamente. Tenten soltó un bufido y golpeó el suelo con la zapatilla, molesta por no haber sido lo suficientemente ingeniosa. Neji todavía se encargó de darle detalles—. ¿Sabías que usaba un carruaje llevado por toros?

—¿Cuándo has leído un libro sobre griegos?

—Mi tío Hiashi me regaló uno, cuando regresó de un viaje en Europa. Hace, ocho años.

—Tú y tu memoria fotográfica arruinan mi desayuno —bromeó la castaña.

—Elige tú—Le cedió él, caballerosamente.

—¿Y convertirme en una mal perdedora? No, gracias —dijo, mostrándole ambos platillos, para que eligiera.

Neji tomó la empanada de carne.

Esos eran uno de los momentos más relajados del día en la oficina. Para Tenten se había convertido en un hábito que sin duda, permanecería. Se había visto a sí misma en su departamento, tratando de encontrar un acertijo que pudiera hacerlo tambalear, mientras cocinaba o al ir a la cama. Hasta llegó a que recurrir al internet.

Mientras Tenten le contaba de lo barato que está el menú en el nuevo restaurante de enfrente, la mayor en la jerarquía de aquella oficina, parecía hacer arder su pequeña oficina, a unos metros de distancia. La puerta casi retumbó cuando echó aquel perjurio, en gritos que quizá, nunca antes sus empleados habían escuchado:

—¡Eres estúpida o sólo te gusta sufrir en vano!

Tanto Neji como Tenten —y el resto que estaba merodeando la zona—, giraron cabezas a la puerta de la oficina de la jefa, Tsunade Senju. Lo único que alcanzaron a ver, fue la espalda de una delgada muchacha con un extravagante cabello rosado, que parecía achicarse por los gritos de la rubia. Enseguida, también apareció la figura de Shizune, con cara de susto, quien cerró la puerta de golpe, para que nadie escuchara lo que se decía ahí adentro.

Tenten giró los ojos a Neji, impresionada e incrédula.

—¿Qué no era la nueva recepcionista? ¿Sakura, o algo así?

Para Neji también fue una sorpresa, aunque, evidentemente lo ocultó, y trató de no mostrar interés alguno.

—No tengo la menor idea —agregó, antes de volver a concentrarse en su reporte de ventas.

Tsunade Senju era una mujer tranquila, bastante desenfadada, y con jaqueca crónica. Se hizo cargo de aquel negocio funerario cuando uno de sus colegas, el Doctor Jiraiya, falleció inesperadamente, hacia unos tres años antes. Y desde ahí, la mujer tuvo carga para toda la vida.

No era que odiara el trabajo de los servicios funerarios; no realmente. Ella simplemente odiaba trabajar. Pero aquello se convirtió en una meta, un propósito: mantener con vida a ese pequeño negocio que a Jiraiya le costó mucho tiempo y desvelo. Había sido de Jiraiya, quizá, la mayor creación de su vida.

A cuesta de eso, Tsunade tenía el total control del manejo del negocio. Se había hecho de una asistente, su mano derecha. Shizune la acompañaba a donde fuera que ésta iba. En realidad, mantenían el negocio andando más por el desempeño de la propia Shizune que el de la rubia, a quien sólo le gustaba dar órdenes. Era quejosa, cuando le decían que las ventas estaban bajas. Se ponía de tan mal humor, que hacía a la pobre Shizune responsable de todo, para tener con quien estallar, lo cual no era común.

No común, Tsunade hizo gala de ese mal genio en ese instante.

—¡Eres una… resignada, una débil, una masoquista que quiere que la pisoteen cuantas veces se pueda hasta que te dejen hecha pedazos! ¡Eso eres!

—Madrina, yo…

—¡Ya te he dicho que aquí no me llames madrina! —La sala continuaba retumbando a gritos. Sakura se tapó los oídos, pero se los destapó rápido, con tal de no hacer que la rubia se enfadara más.

—Déjame explicarte, Tsunade… ¡Ay, es tan raro decirte así! —se quejó la Haruno.

—¿Explicarme qué? ¿Qué aceptaste a ese canalla de vuelta cuando de seguro, te hizo el amor como un bruto animal?

—¡Lady Tsunade, por favor! —intervino Shizune, que no estaba en contra de los reclamos de su jefa, pues claramente sabía que la decisión de Sakura no le traería nada bueno a su vida. Pero también sabía que no era la forma correcta de hablarle a una de sus empleadas.

—¡No quiero escuchar explicaciones burdas, vacías; pretextos de una incompetente que no puede alejarse de aquello que la daña! ¡Tantas películas hoy en día que exponen a los parásitos como él, para que las mujeres los reconozcan y los ahuyenten, y tú, tú parece que vas en busca de ellos! ¡¿Qué clase de películas ves que no te has enterado?!

—Lady Tsunade, ¿por qué no deja que nos cuente bien cómo fue que sucedió? Quizá hay algo de lo que no nos hemos enterado —abogó la castaña.

Para su sorpresa, Tsunade calló. Respiró repetidas veces, tratando de calmarse, sin dejar de ver a Sakura, la cual estaba de pie, mirándola también, entre culpable y resentida. Y es que a nadie le gusta que le llamen con esos adjetivos que Tsunade había utilizado. Sakura quería decirle que no era la misma niña ingenua de antes, que ahora comprendía muchas cosas y que su última decisión no fue tomada con precipitación.

Tsunade sacó del cajón de su escritorio, una botella de sake y un pequeño vaso. Shizune abrió los ojos, alarmada, y le insistió que no se le ocurriera tomar en horas de trabajo —nunca si era posible—. Pero Tsunade dio a entender que era sorda, porque se llenó el vaso con el licor y lo sostuvo. Le clavó la vista una vez más a la Haruno. Sakura no se quiso molestarse en pedirle que no bebiera, pues no encontró cara para eso. En cambio, esperó su veredicto.

Tsunade suspiró largamente, con aquel gesto duro.

—Voy a escuchar lo que tienes qué decir. Si lo que mis oídos reciben son más estupideces, me tomaré este trago. Si continuas diciendo estupidez tras estupidez, me terminaré la botella. O bien, si aquello que vas a decirme ahora, tiene la lógica y la sensatez que debe salir de tu boca, tiraré esta botella al excusado y este vaso te lo tomas tú.

Sakura tembló con tal trato. Ahora sí se vio en aprietos. Shizune le clavó los ojos, suplicándole con ese gesto que no se le ocurriera decir algo estúpido —¡vaya la redundancia!—. Aunque la verdad, Shizune era consciente que debía prepararse para ver a una Tsunade ebria en la oficina. Nada más de pensarlo, se le erizó la piel.

—Bueno… —empezó a decir Sakura, sin saber cómo comenzar. Era obvio que sus razones no serían suficientes para su madrina. Pero aún así, quiso concentrarse en lo mejor de la historia—. ¡Sasuke tiene un nuevo empleo! —anunció, con una sonrisa y un falso entusiasmo. La chica vio que la rubia achicó los ojos y no soltó el vaso. Por eso se apresuró—. Es un buen empleo, no es como el anterior. Ya no debe trabajar en la noche. ¡Y es un trabajo de oficina! Será el ayudante de un contratista, ya saben, esos que acarrean personas para trabajos difíciles, en construcciones o esas cosas. Es un trabajo de hombres, ¿no?

—Creo que es un trabajo duro —comentó Shizune, tratando de darle crédito al muchacho. Tsunade le echó una mirada reprendedora, advirtiéndole que era la única cosa que decía por ayudar a Sakura, o se las vería con ella. Shizune comprendió y miró a Sakura con la expectativa a flor de piel.

Por lo menos, Tsunade aún no se bebía el sake. Eso alentó a la de cabellos rosados.

—También dijo que se haría cargo de pagar la renta del departamento y de todos los gastos. Le van a pagar muy bien. Cuando le conté que conseguí un trabajo, me ofreció que lo dejara, para así poder estudiar lo que yo quería: medicina. Fue tan lindo, tan… —En ese instante, Sakura vio como la rubia se acercó el vaso a los labios y se bebió todo su interior. La cara desencajada de Sakura mostró que no entendía nada—. ¿Por qué hiciste eso? ¡Lo que dije es una buena noticia!

—No la es, Sakura —dijo Shizune, para hacerle el favor a su jefa y remedirse por el comentario anterior—. Si quieres que un hombre te mantenga, es una idea errónea de lo que es la adecuada vida de pareja. Si aceptas, estarás bajo su mando, otra vez. Es como si te pusiera una correa en el cuello y te sacara a pasear. Suena bonito al principio, sí, pero siempre hay algo que falla. Es mejor que tú te hagas cargo de ti misma. Sé independiente.

—Dicen eso porque ustedes son lesbianas… —se quejó Sakura, desviando la mirada y cruzándose de brazos.

—¡No vuelvas a decir una tontería como esa! —Le advirtió la rubia.

Sakura lo dijo sin pensar, pues en realidad, no tenía tal prejuicio. La verdad era que empezaba a molestarse.

—Lo siento, no pienso así —se disculpó, de mala gana—. Ya no sé qué decir para que respeten mi decisión, y para que entiendan que no quiero que vuelva a ser como fue antes. Quiero darle una oportunidad, y esta será la definitiva. Creo que se lo ganó. No pueden olvidar que Sasuke estuvo conmigo en el peor momento de mi vida. Cuando Sarada nació, y cuando se fue, él estuvo a mi lado día y noche. Él me ama, aunque no sea el hombre con los mejores principios del mundo.

—Él era el padre de Sarada. Era lo mínimo que podía hacer, ¿no crees?

—No, no lo creo. Pudo haberse refugiado en las drogas, y desistió de eso.

—Prefirió venderlas que consumirlas —Le recordó Tsunade—. ¡Qué hombre tan adorable! —agregó, en sorna, mientras se rellenaba el vaso con sake.

—Acabo de decir que ya no trabaja más en eso. Tuvo malas experiencias. ¿Recuerdan a su hermano? ¿Itachi? Pues, él también se mostró diferente, hicieron las paces, le ayudó a conseguir el nuevo trabajo. Todo está cambiando en su vida. Ya no quiere vivir sintiendo que está en un peligro constante. Quiere ser una mejor persona para que podamos estar juntos otra vez.

Las tres que mantuvieron en silencio. Sakura y Shizune miraban a Tsunade, que se tomaba el último trago de sake, mientras observaba un retrato sobre su escritorio. En la fotografía, estaba ella misma con una Sakura de seis años, en la fiesta del cumpleaños de esta última. La imagen afloraba de pureza por doquier; la niña de cabello rosado sonreía, sin dejar de abrazar a la rubia, y ésta, también parecía feliz. Kami, ¿por qué el tiempo corría tan de prisa?

Tsunade levantó la vista, y vio a la mujer de veintidós años, con una belleza descomunal y una mirada dubitativa. ¿Y su ahijada de carita redonda? ¿A dónde se había ido la niña que hacía preguntas hasta del porqué tenemos qué comer para vivir? Sí, lo sabía. Ahí estaba su niña, era la misma. Y le dolió reconocer que ya no la necesitaba, como antes lo hizo. Habría crecido, había tomado malas decisiones, pero su interior aún tenía esa pureza que ella tanto quería que conservara. Sasuke era una piedra en un su camino, pero ya se lo había dicho tantas veces. Sakura debía crecer por su propia cuenta. Eso era lo que llenaba de nostalgia…

Sakura notó que la mirada de su madrina se apagaba. Verla así, le causó un fuerte sentimiento de culpa. No quería defraudarla. Por eso se apresuró a pensar.

—Madri… perdón. Lady Tsunade —Aquel era su apodo de años—. Te prometo que iré despacio, y que a la primera que Sasuke me haga, lo dejo. Es sólo que creo que merecemos otra oportunidad. No hay maldad en eso. Tú sabes que no. Les conté esto a las dos, porque son mis pilares, siempre lo serán. No perderé la brújula… ustedes son mi brújula.

Tsunade lo pensó un par de segundos más, y finalmente, decidió guardar la botella de sake de nuevo en el cajón. Shizune se fijó bien donde estaba, para tratar de deshacerse de ella después. Sakura sonrió, lo que alegró a la rubia. La Haruno rodeó el escritorio para darle tremendo abrazo, diciéndole gracias repetitivamente. Tsunade la separó.

—Basta, quedamos en que nada de cariño especial en la oficina —Sakura asintió con la cabeza y se separó, feliz—. Te diré algo… aún creo que tomaste una decisión estúpida —Shizune rodó los ojos y Sakura frunció los labios—. Pero lo aceptaré, porque como Shizune dijo, quiero que seas independiente. Y a eso me refiero que tampoco permitiré que abandones tu trabajo. No quería darte el puesto al principio, porque somos familia y no es ético, pero al ver que ya casi te morías de hambre y te corrían del departamento, decidí romper la regla. Sólo una excepción. No me defraudes y continúa trabajando.

—¡Te prometo que no abandonaré el trabajo! Le guste o no a Sasuke, yo vendré.

Si Sakura hubiera sido un perro, ahora estaría meneando la cola.

Salió de la oficina de la jefa con una sonrisa, y afuera se topó con una decena de miradas directas a su persona, lo cual la impresionó. Primero se preguntó el porqué, pero entonces recordó a su madrina gritando. Por eso volvió a sonreír, para dar a entender que todo estaba bien, que no era para alarmarse. Las miradas empezaron a cesar, fingiendo que no querían enterarse de lo ocurrido. Fue allí que Sakura, instintivamente, se cruzó con la mirada de Neji Hyuga. Él hubiera querido no mirarla, aunque se repetía, era su cabello lo que llamaba demasiado la atención. Cuando las pupilas verdes de Sakura lo atraparon, él no pudo sólo desviar la vista. Más para su desconcierto, la sonrisa de Sakura se intensificó, lo que lo hizo agitarse por dentro, ligeramente. Se calmó al instante, cuando ella volvió a la recepción.

Neji trató de concentrarse de nuevo en el trabajo, queriendo dejar pasar eso como si hubiera sido nada. Sin embargo, su oído estaba atento a su delgado hilo de voz, ya que en ese momento, contestó el teléfono. Se escuchaba alegre, impetuosa, llena de vida. Era una absoluta ironía que trabajara en un lugar como este. Después, escuchó que hablaba con otra persona, ya no por teléfono. Fue eso lo que volvió a alterarlo. Aquella voz…

—Buenos días, ¿cómo puedo ayudarle? —sugirió Sakura muy amena.

—Bu-Buenos días, uhm… estoy buscando a una persona. No estoy segura si trabaja aquí.

—Y, ¿cómo se llama?

—Es Neji Hyuga. Sólo sé que trabajaba por esta calle en el negocio de los servicios funerarios.

La cabeza de Neji sobrepasó el monitor a su frente, tan sólo para cerciorarse que se trataba de esa persona. Ahí, tanto Sakura como la visita inesperada se giraron a ver a su dirección. Esto sorprendió de lleno al Hyuga, que se puso de pie bruscamente del asiento y fue directo a la persona que lo buscaba. Él se veía preocupado.

—Hinata, ¿estás bien?

—Neji, uhm, sí —sonrió al verlo.

—Y tu padre, ¿está bien?

—Sí, bueno, está igual. No despierta aún, pero está estable.

Neji asintió con el mentón, sin quitarle la vista a su prima. Se veía radiante con su cabellera negra, lisa y larguísima.

—¿Y Hanabi?

—Ella está bien, en realidad, todos están bien. Yo só-sólo, quería, hablar contigo, porque el otro día no pudimos. Sé que tú también querías decirme algo.

Neji frunció el ceño. No recordó aquello que iba a decirle. Fue en ese momento que Sakura, que estuvo todo el tiempo ahí, viendo uno a otro turnándose para hablar, que decidió interrumpirlo. Movió la mano en el aire, para llamar la atención.

—Si gustan pueden pasar a la sala de juntas, para que tengan más privacidad.

Ambos Hyugas la miraron. Sakura quedó impresionada con la belleza de esa chica, que se parecía tanto a él. Y Neji reaccionó, asintió con la cabeza. Le pidió a su prima que lo siguiera. Hinata le agradeció a la recepcionista, no sin antes observar fijamente su extraño cabello rosa.

Hinata tomó asiento frente a la mesa. Neji le ofreció algo de tomar: café o agua. Ella rechazó ambas, dijo que no podía tomar café por el momento. Neji la notó somnolienta, cansada. Su piel parecía opaca y notó un poco de ojeras debajo de su tenue maquillaje. Intuyó que ese estado, se lo debía al tiempo que dedicaba a cuidar a su padre y a los problemas que la compañía atravesaba. Neji quería decirle algo cálido, pero en realidad, se le dificultaba. No podía cuando no lo sentía. Tras el silencio, Hinata habló:

—No debería estar aquí.

Esas palabras hicieron que Neji endureciera la mandíbula. Odió escucharla decirlo.

—¿Siguen creyendo que soy un peligro?

Hinata levantó la vista, apenada, dolida. Más que eso, arrepentida.

—No, no digas eso. No es por ti, es por… la situación de la empresa.

—La que se supone, yo intentaré destruir.

Ya había pasado un año cuando a Neji se le destituyó de su cargo como director de relaciones internacionales en la empresa familiar, Byakugan Corp., de la cual, era accionista, gracias al legado de su padre ya fallecido.

Él, al inicio, antes de la liquidación, supo que las cosas iban mal. Las tareas a su cargo disminuías y Hiashi parecía evitarlo en el edificio. Hasta no quiso estar presente el día del despido. Fue obvio que Neji abogó por sus acciones, diciendo que no podían correrlo así por así, sin saber por qué se había tomado esa decisión, y quien la tomó. Los abogados de la empresa le explicaron que antes de fallecer, Hizashi Hyuga cometió un grave fraude, tan grande, que las consecuencias de ello todavía no cesaban, aún después de su muerte. Fue entonces que tuvieron que hacerse cargo de las acciones que le pertenecían a Neji, para cubrir el daño. No dieron demasiadas explicaciones, sólo le pidieron que se marchara, y así, nadie le culparía del fraude. Neji lo sintió como una amenaza para darle la responsabilidad de tal estafa.

El hijo de Hizashi Hyuga intentó investigar aquel fraude, supuestamente, hecho a manos de su padre. Sin embargo, la información jamás se suscitó. Era como si tratara de buscar donde le cerraban las puertas a propósito en la cara. Era como un fraude fantasma, o perseguir algo que se esconde.

Tiempo después, Neji cayó en cuenta que el verdadero fraude lo hizo su tío Hiashi, al robar todo lo que su hermano había construido a su lado. ¿Por qué? No lo sabía aún. Simplemente lo despojó de todo, sin más razones.

Hinata le tocó el brazo, al verlo tan pensativo. Quizá había hablado por un rato, pero Neji no la escuchó.

—Sé que tienes mucho trabajo. Tan sólo quería darte mi nuevo número telefónico —Le alargó un papel con los dígitos anotados—. Nadie de la empresa sabe que existe, así que puedes llamarme con toda confianza —y sonrió.

Neji lo tomó. No se sentía realmente cómodo con aquella charla. Estaba seguro que Hinata no pensaba tan bien de él como decía, lo notaba en su mirada, en sus palabras, en su trato. Era algo frío, pensado, y ella no era así habitualmente. Todo el mundo creía que él buscaba vengarse de la familia que le arrebató todo. En realidad, Neji sólo quería alejarse de ellos, y mantener estable su vida con su modesto trabajo. Ya no deseaba lo que antes, ser quien era antes, tan sólo quería una vida pacífica, sin tumultos, sin hipocresías.

Hinata se levantó y se despidió secamente, con esa limitación que empezó a poseerla, luego de que él dejara atrás la gran empresa familiar.

Neji la acompañó hasta la puerta. Hinata le sonrió, aunque no bien. Neji no pudo quitar esa cara de decepción que le embriagó la visita.

Cuando Hinata desapareció por la puerta, Neji mantuvo la vista en la misma dirección, pensativo, perdido.

—¿Estás bien? —preguntó Sakura, que estaba sentada en su escritorio, mirándolo con curiosidad.

La voz femenina lo hizo despabilarse, percatándose de su estado. La miró, sin saber qué decir, dado que lo tomó por sorpresa.

—Sí…

Fue lo único que respondió.

Sakura le observó un momento más, con la intención de ofrecerle algo de tomar, o alguna pastilla para el estrés. Pero él dejó de observarla, y volvió a su escritorio en un estado letárgico.


¡Gracias por leer!

¿Cuál es su impresión?

Lux