Late author is late D: Me tienen que disculpar, pero he estado atestado con el trabajo. No me dejan ni un respiro.
No tengo mucho que decir, solo que muchas gracias a las personas que están siguiendo mi historia. En especial a Misaki, Ren Brief, kya, CIBEL05 y Anonim… usualmente respondo los reviews (aunque en la última actualización creo que me faltaron un par de personas) pero como me dejan reviews anónimos, pues aquí les va el agradecimiento.
Disclaimer: Code Geass no me pertenece.
Orgullo y Prejuicio
Capítulo III: Los Caballeros del Valhalla
CC se encontraba sentada en bar de la nave. En su mano agitaba el vaso ancho que contenía el licor ambarino conocido como whisky con cierta pereza. La tripulación de la nave se sentía emocionada y nerviosa con respecto a su nueva cabecilla. La joven no paraba de escuchar murmuraciones por todas partes sobre la cuestión de moda. A unos pocos metros de su asiento había una mesa con un grupo de hombres conversando el tema de interés.
"Ah, mis botas están sucias. ¿Tienes en tu habitación pasta negra que me prestes?" Dijo uno de ellos.
"Claro que sí. Si quieres usarla debes darte prisa; Lord Jeremiah quiere ver su rostro en nuestras botas cuando sea el momento de la inspección."
"Lastima que no sea la cara que quiera ver reflejada… porque, me disculpará el Lord, pero a mi no me gustan los hombres." El grupo explotó en carcajadas, CC no pudo evitar sonreír.
"Así que…" La voz de uno de los hombres se levantó entre las risas, calmando a sus compañeros. "¿Es cierto que nuestra Coronel sólo tiene 17 años?"
"Yo escuché que todavía no tiene rango militar y que ya se graduó de la Universidad."
"Mentiras, para hacer eso debió de empezar a estudiar a los 12 años."
"Ya cállense ustedes dos."
El mayor de los soldados fue quién dio la orden; el hombre aparentaba estar cerca de sus treintas. "No sirve de nada soltar teorías locas de cómo es; nos daremos cuenta a su debido tiempo. Sólo espero que no sea una princesita mimada."
"Amén a eso. Como si el nacimiento fuera algo importante a la hora de pilotar un knightmare."
"Pero, ¿por qué una princesa está dirigiendo un batallón? Especialmente uno nuevo como el nuestro. ¿Acaso hay demasiados nobles queriendo jugar a la guerra y pocos soldados para repartir?"
"Quizás tenga que ver con la poca popularidad que tiene esa princesa en la Corte."
"Espera, espera… ¿qué?"
"Si recuerdas, hace unos años la Emperatriz Marianne… que Dios la tenga en su gloria… fue asesinada en el palacio. Dejó atrás a dos hijas, que como imaginaran no recibían ni las horas del día de parte de la Corte. La hija mayor es nuestra nueva comandante."
"Wow… debió ser muy duro para ella."
Los hombres reunidos en la mesa siguieron cuchicheando entre ellos. CC trataba de continuar escuchando la conversación, pero Jeremiah Gottwald tomó el asiento a su derecha. "¿No eres algo joven para estar tomando esas cosas?"
"Y tú no eres mi padre o tutor para estar molestándome al respecto." Le respondió la peliverde mientras se tomaba el resto de su bebida de un solo trago.
"Es justo." Musitó el soldado, asintiendo levemente.
"¿Dónde están Kewell y Viletta? Pensé que estarían contigo atormentando a los pobres soldados de la nave."
"Ellos están a punto de llevarle un reporte a Su Alteza Lelouch. Para bien o para mal ellos me han dejado esa placentera misión en mis manos." Respondió con suavidad el soldado. Girando un poco su asiento, Jeremiah tomó aire y con voz resonante se dirigió a los soldados de la mesa. "¡¿Qué creen que están haciendo, sacos de papas?! ¡Alístense para la presentación!"
Los soldados se pusieron de pie rápidamente, tirando sus asientos por los nervios. "¡Sí, Señor!" Dijeron al unísono y luego se marcharon estrepitosamente. Los demás que se encontraban en el bar, a pesar de que lucían preparados para la presentación, optaron por ir a esperar en otra parte por el temor que sentían hacia Jermeiah.
CC fue la única que permaneció en su sitio; la chica cruzó sus piernas mientras le regalaba una media sonrisa al hombre. "Si llegas a morir en combate, juro que será por un Fuego Amigable."
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Seguida por dos de sus solados, Lelouch hacía su camino por uno de los pasillos al área principal de la nave mientras examinaba la estructura interna. Techos de metal y paredes prefabricadas de color gris; un diseño mucho más modesto que los magníficos fuertes que resguardaban a las divisiones de élite de sus hermanos Schneizel y Cornelia. Por encima de su nuevo uniforme militar llevaba puesta una capa negra similar a la de los oficiales de caballería de pasado y que cumplía una doble función: ocultaba su delgada fisionomía y a la vez le daba un poco más de presencia. "Quisiera saber más sobre mis hombres. ¿Qué me pueden decir sobre ellos?"
"Dejan mucho que desear: Ninguno procede de familia noble." Explicó Kewell antes de pensarlo bien; discretamente le dirigió una mirada de disculpa en dirección de Villeta, pero la morena lucía estar entretenida con los papeles que iba leyendo. "Eh, me temo que estamos trabajando con los hijos de ingenieros, mecánicos y uno que otro soldado de infantería."
La Princesa sonrió, dejando al oficial un tanto confundido. "Excelente. Justo lo que necesito."
Cinco minutos más tarde Lelouch se encontraba sentada sobre una silla en un podio construido para la ocasión. A su lado se encontraban sus cuatro oficiales de confianza y a su frente estaba la formación de hombres y mujeres vestidos con uniformes color caqui que la observaban con expresiones de antipatía, duda y ansiedad. Pero más que nada, en todos sus rostros se reflejaba ese brillo ambición de escalar posiciones por medio del reconocimiento a su trabajo.
Finalmente, luego de las introducciones obligatorias, había llegado su turno para dirigirse a sus tropas. Le pelinegra se puso de pie y camino con gracia al lugar donde se encontraba el micrófono, el batallón realizó el saludo acostumbrado y permanecieron en atención.
"Descansen."
Después de una breve pausa, la Princesa inició su discurso. "Damas y Caballeros, he escuchado a algunas personas decir que este enfrentamiento contra las Fuerzas Terroristas llegan en un mal momento… La lamentable muerte de mi hermano el Príncipe Clovis, el desorden político en la Unión Europea y el amotinamiento de la población de la Federación China. Permítanme decirles que esos comentarios no son más que basura para mí. Un verdadero Britannio adora una buena pelea en cualquier momento. Históricamente, el amor que un Britannio siente hacia una batalla es más grande, más profundo y puro que nuestro cariño hacia el té, los deportes y las artes. La amamos, y por eso la practicamos y la atesoramos. Y es por eso que no hemos perdido una guerra en dos siglos de historia. Hemos entrado en la edad clásica de la guerra, a la que todos los milenios venideros volverán la mirada con envidia y respeto como a una obra de perfección."
La respuesta inmediata a sus palabras le indicaba que había tenido un buen comienzo. Una vez que las risas de los escuchas se calmaron, la joven continuó con su disertación. "Todos ustedes están aquí por tres motivos. Primero, porque quieren proteger y darle un buen futuro a sus seres queridos; segundo, por su honor y por la dignidad que viene con ese uniforme que llevan puesto. Y tercero, están aquí porque son verdaderos Britannios y como tales aman combatir. Todos ustedes crecieron admirando a los superhéroes más famosos, a los deportistas más fuertes, a los atletas de ligas mayores, a los campeones inmortales. Britannia ama a los ganadores. Britannia detesta a los perdedores y a los cobardes. La mismísima idea de la derrota va en contra de todo lo que nos hace Britannios."
La Princesa se detuvo una vez más para observar los rostros excitados y sentir su propio pulso acelerado. "No todos morirán. Según mis cálculos, apenas un dos por cierto de ustedes perderá la vida en una batalla decisiva. Pero… la muerte no algo a lo que debemos temer. La muerte viene, sin tardanza, para todos los seres vivientes. Sí, todos los hombres sienten temor durante su primera batalla. Mentiría si dijera que yo misma no siento algo de pavor con sólo invocarla a mi mente. Y si le preguntan a cualquiera y éste les dice que no siente miedo, bien, pues, esa persona miente. Algunos hombres son unos cobardes por naturaleza pero pelean igual como cualquier hombre valiente… porque sienten más temor hacia aquellas personas que igual temen pero no le dan la espalda al enfrentamiento. El verdadero héroe es aquel que lucha a pesar de sentir temor. Algunos superan su temor con un minuto bajo el fuego enemigo. A otros les toma una hora. Quien sabe si días. Pero un verdadero guerrero nunca dejaría que su temor a la muerte sea más fuerte que su honor, su sentido del deber hacia su país y a su virilidad innata. La batalla es la competencia más magnifica en la que hombre pueda darse el lujo de participar y he de decir que me siento satisfecha y orgullosa en poder vivirla con todos ustedes. Ya que la batalla saca lo mejor en nosotros y deshecha lo innecesario."
"Sin embargo, quiero recalcarles que los verdaderos héroes no son necesariamente de cunas nobles. Cada uno de ustedes juega un papel importante en este batallón. Jamás sientan vergüenza de su rango. Nunca piensen que su trabajo es poco importante. Cada hombre y mujer tiene una asignación que realizar y la hará. Cada persona es un enlace vital en la gran cadena. Supónganse que alguien de mantenimiento no puede aguantar que el enemigo les esté disparando constantemente y decida esconderse en un refugio. El cobarde podría decir: 'Al demonio. Yo no les haré falta. Simplemente soy el que repara los tubos.' Pero, ¿qué sucedería si todos los hombres pensarán de esa forma? ¿En qué parte del Infierno de Dante estaría ahora? ¿Cómo sería nuestro hogar, nuestra historia, nuestro imperio con sujetos así? ¡No, nosotros no pensamos de esa manera! Cada unidad, cada sección es vital para el triunfo de nuestro pequeño escuadrón. Sin la infantería, no podríamos tomar y retener los terrenos. Sin los ingenieros, no podríamos abastecer nuestras defensas y armas y avanzar. Hasta el último hombre de este batallón tiene un trabajo que realizar, aún los que tienen que limpiar nuestros cuartos de baños para no morir por una pobre higiene. Esta retórica de aces y héroes de guerra por sus propios méritos en los cuentos de hadas es una basura. ¡Los retardados que escriben esas columnas en nuestros periódicos saben tanto de guerra como los niños saben de fiestas de té! ¡Nada!"
Los soldados gritaron su aprobación, su joven comandante había superado todas sus expectativas. Lelouch mantuvo una expresión seria y luego de unos segundos volvió a pedir silencio. "Los Caballeros del Valhalla. Ese será nuestro nombre. Porque tengo la fe y seguridad que cada uno de ustedes es un héroe y este batallón es prueba de que los mejores combatientes han sido reunidos en un solo lugar. ¿Qué dicen, mis Caballeros? ¿Les gusta su nuevo nombre?"
El ruido que se había producido hasta ahora en la reunión no era nada comparado con el que se escuchaba ahora. "Dentro de unas horas llegaremos a Japón. Comenzaremos nuestro entrenamiento para aclimatarnos a los alrededores. Las cosas se pondrán bastante ajetreadas, compañeros, así que les recomiendo que se preparen. Eso es todo."
Después de que el regimiento se retirara, La Princesa descendió del podio acompañada por sus soldados de confianza.
"Kewell."
"¿Sí, Su Alteza?"
"¿Encontraste alguna parte de mi discurso que no fuera de tu agrado?"
"No, Su Alteza. Al contrario, me pareció excelente."
"Bien, porque era lo que los soldados necesitaban escuchar." La pelinegra se volteó para verlos. "Este regimiento será regido por una meritocracia. Nuestra falta de nobles sólo significa que promoveremos a quienes se entreguen con dedicación a la misión. Que el entrenamiento sea fuerte, pero a la vez trátenlos con respeto… así terminaremos de ganar su confianza."
"¡Sí, Su Alteza!" Declararon Kewell, Viletta, Jeremiah y CC al unísono.
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CC entró a la habitación que compartía con Lelouch, desprendiéndose de la capa de su uniforme y la dejó caer a su paso mientras se dirigía a su cama. Normalmente a ella correspondería una habitación privada, pero, a pesar de servirle a la Princesa de Britannia, la peliverde gozaba de privilegios que ni el mismo Jeremiah soñaba con tener.
Lelouch cerró la puerta con seguro y puso una mala cara al ver el desastre de su compañera. Suspirando, la chica recogió la capa y la dobló. Luego la colocó sobre el sofá y se dispuso a quitarse la de ella. CC ya había llegado a su cama y había dejado sus botas, Dios sólo sabe cómo pudo quitárselas tan pronto, tiradas a un lado. "Estoy considerando enviarte a la habitación que te corresponde… no soy tu mucama."
"Aaw, pero si yo me voy, ¿quién te va a cuidar cuando tengas unas pesadilla?" Cuestionó la otra chica, haciendo un leve puchero.
"No digas boberías." Respondió con voz cansina la pelinegra. El día de hoy la había dejado completamente agotada. Sin quitarse su uniforme o calzado, Lelouch se acomodó al lado de su compañera y cerró los ojos. "¿Tú qué crees?" Le preguntó con voz suave.
"¿Qué creo yo?" Repitió CC, colocándose de lado y apoyando su cabeza sobre su mano derecha. "Creo que tuviste un buen comienzo. Sí, un muy buen comienzo." Murmuró, extendiendo su mano izquierda y quitando los mechones de cabello negro que se pegaban a la frente de la Princesa. "Marianne estaría orgullosa."
Y, honestamente, eso era todo lo que Lelouch quería escuchar.
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El ambiente en la base de Britannia era bastante pesado. Los soldados japoneses que se encontraban en el lugar para darle la bienvenida a la nueva Vice-Gobernadora, pero a simple vista se notaba que los soldados Britannios no aprobaban de su presencia. La muerte del Príncipe Clovis todavía era considerada como culpa de los japoneses. Kallen se sentía bastante incomoda, a pesar de que su sangre fuera mitad Britannia; nunca se había sentido a gusto con la familia de su padre y es por eso que, cuando la oportunidad, escogió vivir con su madre en Japón. Lejos de los lujos y prejuicios de su familia aristocrática. Estar a la mira de los soldados extranjeros la hacia sentir como si estuviera otra vez frente a su familia paterna y madrastra, y eso la enfermaba.
Sus demás compañeros tampoco se sentían a gusto y era notorio por las gruesas gotas de sudor que resbalaban por sus sienes, y sin duda alguna por sus espaldas.
Los únicos que parecían no sentirse afectados por el aire de rechazo eran el General Toudou y Suzaku. La actitud del general, según el razonamiento de Kallen, era porque él era un verdadero soldado. Un soldado que había ganado su rango con esfuerzo, que el uniforme y las insignias prendadas a su pecho le daban una cierta fuerza y carácter que era imposible tratar de apocarlo.
Por su parte, Suzaku había realizado su carrera militar en las facilidades de Britannia. Muchos de los presentes debían de ser sus compañeros en promoción; tal vez no lo apreciaban tanto como a los compañeros de su misma patria, pero al menos había un nivel de respeto entre ellos.
Kallen dejó que sus ojos rondaran un poco por los alrededores y se fijó en la Princesa Euphemia, qua había optado por esperar la nave de su país junto con los invitados japoneses en vez de esperar dentro donde era más seguro y, agregó la pelirroja mientras respiraba profundo tratando de dejar a un lado el calor sofocante que la envolvía, más fresco. La chica entornó ligeramente sus ojos azules con un sentimiento de tedio, era ridículo que Suzaku no se diera cuenta de los sentimientos de la Princesa hacia él. Vaya que era despistado.
Un soldado que llevaba un aparato de comunicación se acercó al grupo y luego de hacer el saludo requerido a Euphemia y demás oficiales de alto rango presentes, les informó que la nave de la Vice-Gobernadora estaría aterrizando dentro de 15 minutos.
Tamaki dejó escapar un largo suspiro y vociferó. "¡Ya era hora! ¿Qué tanto tiempo pretendían dejarnos aquí a la intemperie?"
No cabía duda que luego de ese comentario, tanto la facción Britannia como la japonesa le dirigieron miradas de exasperación.
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"Aquí la Nave Valhalla, solicitando permiso para aterrizaje en la plataforma número uno. Cambio."
"Aquí Torre de Control. Tiene permiso para aterrizar en la plataforma uno." Respondió el encargado de dirigir el tráfico aéreo. "Una vez lleguen a 200 metros sobre la plataforma deberán entregarnos el control de descenso de la nave. Cambio."
"Copiado. El Valhalla se encuentra sobre la plataforma uno. Iniciando secuencia de paso de controles." El encargado de la comunicación tipeo algunas cosas sobre su teclado mientras que los pilotos realizaban los procedimientos necesarios para entregar el manejo del descenso. "Torre de Control, ustedes tienen el mando. Cambio."
"Aquí Torre de Control, tenemos el mando. Por favor asegúrense de estar bien amarrados para la última sacudida. Cambio y Fuera."
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Euphemia fue la primera en acercarse a la primera escolta que salía por la escotilla principal. La sonrisa de la pelirrosa era radiante y cuando estuvo cerca de su hermana, la rodeo con sus brazos y la sostuvo con fuerza. El grupo conformado por Jeremiah, Kewell, Viletta y CC les dieron su espacio para que las jóvenes tuvieran la libertad de saludarse como desearan.
"Hermana, te he extrañado…" Le dijo, su voz un tanto quebradiza. En verdad se sentía muy contenta de ver a alguien de su familia. El estar lejos la hacia extrañar a todos aquellos que había dejado en Britannia: sus padres, sus hermanos y sus amigos. Y también, muy en el fondo, la 3era. Princesa pensaba que su puesto la alienaba incluso de las personas que tenía cerca.
"Yo también, Euphemia." Lelouch le correspondió el gesto, pero al estar frente a varias personas, su abrazo no fue muy largo. Sin embargo, Euphie no la soltó hasta sentirse satisfecha. "Antes que nada, debo de confirmarte que nuestro padre, el Emperador, no busca sustituirte. Está a gusto con lo que has logrado aquí y mi presencia en Japón sirve un doble propósito." La pelinegra tomó las manos de la otra chica y les dio un ligero apretujon. "Pero hablaremos de eso en otro momento…"
"Por supuesto." Asintió Euphemia. "Ya habrá tiempo para discutir todos los cambios. Mientras tanto…" La pelirrosa dio una media vuelta para no obstaculizar a las personas que estaba a punto de presentar.
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TBC
Otro capítulo un tanto corto, pero he de admitir que he tenido una horrible mala suerte. Mi país está pasando por una crisis energética, y eso significa apagones de 10 a 15 horas todos los días. De paso me tengo que preocupar por mi trabajo, por las tareas de la Universidad y porque tengo que compartir la computadora con mis padres y mi hermana menor. No es excusa, pero quiero que sepan que hago todo lo que puedo ;_;
Lelouch habló bastante en este capítulo, y no me voy a tomar el crédito de sus palabras. Su discurso fue una traducción del épico discurso de George Patton a su batallón antes de la invasión a Francia por parte de los Aliados. Claro que lo tuve que modificar un poco porque Patton tenía una boca muy sucia. También hay un pequeñísimo fragmento que es una frase de Nietzsche que la creí apropiada y que se la escuché a mi linda amiga Kurotsuki que viene de su obra "La Gaya Ciencia".
Y para terminar esta nota, este capítulo se lo deben a Kurotsuki xD Por lo apagones perdí los 4 primeros borrones de este capítulo, ya estaba al borde de la rabia. Pero hoy en clases pude terminar la última parte, y como todo lo que escribo ella lo tiene primero (bueno, segunda si mi hermana lo lee sin permiso), le dicté por teléfono los últimos párrafos y le dije que lo subiera. Tsuki-chan, en serio que eres una gran amiga, gracias por ayudarme.
Bueno, hasta pronto. Gracias por leer y no olviden los reviews porque quiero saber qué piensan.
