Disclamer: los personajes de KHR no son míos
Agradecimientos especiales a mi querida Heat-chan por ayudarme con esto.
Capítulo tres: "De situaciones amorosas y descubrimientos gustosos."
Lo que quedaba de noche transcurrió con total normalidad, con ambos aferrados al cuerpo del otro, sintiendo los latidos de sus corazones y aspirando sus aromas.
Por la mañana, los primeros rayos del sol que se colaban a través de la cortina mal cerrada en la intromisión, dieron de lleno en el rostro del peliazul, obligándole a abrir los ojos con pereza. A juzgar por la temperatura y calidez de los rayos del sol, debía ser ya cerca del mediodía, si es que no era más tarde. Años habían pasado desde que no dormía tanto.
Pudo sentir aún el olor de Mukuro cerca de él, y sus latidos. Entre abriendo los ojos, pudo ver al otro con una notoria mueca de pereza, lo que le hizo reír levemente.
-Ohayou, Mukuro-le saludó, aún abrazado y aferrado al cuerpo del mayor. Esa sí había sido una buena noche.
-Buongiorno Sawada Tsunayoshi-saludó sonriéndole de medio lado. Revolvió los castaños cabellos con ternura, para luego besarle en la frente.
Sonriendo se levantó de la cama-Mi Oka-sama no está, ¿Quieres que prepare algo?-Tsuna no era bueno cocinando, pero al menos podía preparar un desayuno decente para ambos.
-Kufufufu~ no te preocupes, yo cocinaré-se ofreció saliendo de la cama y abrazando al menor
-¿Estás seguro, Mukuro?- le preguntó, mientras sentía el abrazo dado por el mencionado.
-¿Te gusta la comida italiana?
-Pues, podrías mostrarme como es la comida italiana-le dijo, sonriendo un poco, correspondiendo el gesto.
-Oya, oya, después no querrás comer otra cosa kufufufu-rió divertido, le agradaba la tranquilidad que le transmitía el menor-Bien, vamos a lavarnos antes de bajar.
-Hai-asintió a lo dicho por el otro, dirigiéndose al baño, y preparándose para tomar una ducha-"Esto es genial. Comeré algo preparado por Mukuro"-pensaba emocionado el Décimo Vongola.
Lavó su rostro y mojó sus cabellos para peinarlos un poco, luego de sacarse salió del baño y besó la frente del menor, ya se le había hecho costumbre aquella acción.
-Tendré la comida lista para cuando estés listo-anunció antes de bajar a la cocina.
-Claro-asintió a lo dicho por el peliazul. Luego de eso se preparó para bajar, pensando en lo feliz que se sentía ese día junto a Mukuro.
Mientras el menor se bañaba se había puesto a pensar la locura que había cometido desde que se topó con él en el parque la noche anterior. Se había dejado llevar por completo por sus sentimientos sin pensar que aquello tuviese consecuencias luego. ¿Qué le estaba pasando al gran ilusionista Rokudo Mukuro? ¿De verdad el amor podría hacer tales cosas en una persona? Qué ironía, y él que se consideraba alguien carente de sentimientos humanos, de esos que sólo te hacen débil. Sin embargo, había algo en el menor que le hacía querer mandar todo al carajo y darle la espalda a la zarta de estupideces -que ahora recién consideraba así- que habían regido su vida desde su escape de prisión a los quince años; algo que le hacía sentir bien... sólo con estar a su lado.
-Listo-mencionó una vez entrando a la cocina, totalmente bañado.
-Oya, oya eso fue rápido-explicó señalando la sartén en su mano derecha-Ya casi está.
-¿Eso crees?-preguntó regalándole una sonrisa, mientras bajaba un poco la vista. Mukuro era alguien especial, al menos para Tsuna sí. Su guardián era muy especial para él, desde esa vez que lo vio en el bosque, a pesar de que le había asustado un poco -mucho-, había algo en él que le llamaba la atención, pero no sabía que era; hasta ahora.
Tsunayoshi adoraba a ese peli-azul de ojos heterocromáticos, y lo adoraba tanto como para dejarlo. Se le acercó, mientras veía como el mayor cocinaba.
-Eso huele delicioso-comentó mientras inhalaba el bueno olor de la comida que Rokudo preparaba.
-Toma asiento, Sawada Tsunayoshi-indicó sonriendo de medio lado. Sí, definitivamente aquel chico tenía algo que hacía que quienes le rodeaban cambiaran para bien. El chico sólo asintió y se sentó en la mesa, esperando a que la comida estuviera lista.
-Mukuro, tal vez solo podrías decirme Tsuna-le propuso mientras le miraba de forma dulce.
-Lo intentaré, Tsunayoshi-kun-sonrió con ese aire tan típico de él en sus sonrisas.
Ese Tsunayoshi-kun de parte del otro le había alegrado mucho, por lo que soltó una pequeña risa.
Apagó el fuego y prosiguió a dividir el contenido de la sartén y todo lo que preparó en dos platos que luego puso en la mesa, uno al menor y otro junto a él.-No es propiamente un desayuno puesto que allá sólo se bebe un café y cornetto, pero lo adapté para que sea como el desayuno japonés-explicó tomando asiento.
La comida preparada por el otro se veía deliciosa, y Tsuna no esperaba para tenerla en su boca.
-No te preocupes, además, se ve muy delicioso- le dijo, preparándose para comer, pero no sin antes esperar a que el mayor tomara asiento.
-Adelante, come-incitó sonriendo de medio lado, pese a que se sentía extraño actuando de una forma tan... amable, le agradaba esa sensación en su cuerpo.
Tomando uno de los servicios, se llevó un poco de la comida a la boca, saboreando esta. Luego de unos minutos sonrió sorprendido.
-¡Esto está muy delicioso, Mukuro!-le felicitó mientras seguía comiendo. Miró al mayor un rato y le sonrió; le gustaba sentir su presencia junto a él.
-Veamos-dijo antes de comer un poco.
Si bien muy pocas veces había cocinado -sólo cuando Ken insistía en que comieran dulces- le había quedado bueno. Le devolvió el gesto al menor y continuó con la comida en silencio, había algo que le estaba dando vueltas desde la noche anterior, después de aquel primer beso entre ambos...Tsuna había dicho que le amaba y él había contestado algo similar, pero entonces... ¿qué venía ahora? No sabía tampoco lo que pensaría el menor al respecto.
El otro se veía muy contento y eso contentaba al castaño. No pensaba que Mukuro podría llegar a ser tan humano, como para robarle el corazón; sí que era especial. No se cansaría de decir que era especial, pues por esa misma razón lo amaba y le quería. Una vez que ambos desayunaron, Tsuna tomó los platos y empezó a lavarlos.
-Eres buen cocinero, Mukuro-kun-alagó, sonriendo para sí mismo.
-No me digas así, el idiota cerebro de malvavisco me dice Mukuro-kun, lo detesto por como hace que suene-pidió haciendo una graciosa mueca de desagrado al recordar al peliblanco con esa exasperante sonrisa infantil-sádica en los labios.
-Jajaja, gomen, gomen-se disculpó, terminando de lavar-Entonces... ¿De qué otra forma puedo decirte?-le preguntó, mientras abrazaba por la espalda al mayor, pasando sus brazos por su cuello y afirmando su barbilla en el hombro de éste, mientras una tranquila sonrisa se posaba en sus labios.
-Dejaré que tú elijas-respondió con voz serena, relajándose ante el contacto tan cálido.
-Hum, entonces sólo te diré Mukuro-decidió, seguido de eso besó la mejilla del mayor y se separó-¿Te gustaría salir un rato? Creo que no deberíamos estar todo el rato encerrados-ofreció, para dirigirse a buscar una chaqueta a su cuarto.
-Está bien-aceptó yendo tras él para buscar sus botas y su chaqueta, sonriéndole con cariño.
Esa sonrisa le había hecho sentir mariposas en el estomago, haciéndolo sonrojar. Una vez en la habitación, sacó una chaqueta sin mangas, mientras esperaba a Mukuro.
-¿Estas listo?- le preguntó sonriente, saliendo del cuarto.
Sólo asintió enseñándole sus cosas en mano.
-Tsunayoshi-kun-llamó volteando a ver al menor, esperando que éste le mirase.
-¿Hai?-preguntó, volteando a ver al peli-azul-¿Qué ocurre?
En un rápido movimiento se acercó al castaño y le robó un beso profundo, apartándose con una sonrisa triunfante en los labios. Haciendo que las mejillas se le encendieran al más bajo, quien bajó la vista apenado.
-N-No hagas eso, Mukuro...- susurró, sin mirarlo de la pena.
-Oya, oya, pero si no hubo beso de buenos días kufufufu-respondió de lo más que hay mientras le tomaba del mentón y acercaba su rostro al del otro.
-H-Hu...- vio ambos rostros acercarse, y llevando sus manos al cuello del mayor, le empujó un poco y lo besó, cerrando los ojos y disfrutando del contacto que ambos labios tenían en ese momento.
Dejó caer sus cosas al suelo y atrajo al menor abrazándole por la cintura con un brazo y con el otro, los hombros. Lamió el labio inferior el otro pidiendo permiso de profundizar. Ante esto, el otro entreabrió los suyos, dejado libre acceso al otro, y empezando a recorrer la húmeda cavidad de su guardián, como él lo hacía con la suya. El más alto saboreó su lengua y jugueteó con la propia en aquella húmeda boca que le estaba volviendo adicto. Mira que Mukuro anduviese reclamando besos, jamás pensó que llegaría ese día. Tomó al menor de la cintura y lo sentó sobre el escritorio -tirando algunos lápices en el proceso- enredando las piernas de éste en su cintura.
La acción del mayor le tomó desprevenido, pero a la vez le había gustado. Correspondiendo el beso, apretó el agarre de sus piernas, apegándolo más a él, mientras una de sus manos iba a la nuca del otro, profundizando más aún -si era posible- el beso entre ambos.
Sonrió complacido ante la respuesta del menor, le gustaba cuando cambiaba esa actitud tan insegura y temerosa, -aunque admitía que aquello le gustaba más que cualquier otra cosa- y tomaba una más decidida y segura. Tsuna había logrado cambiarle desde la primera vez que se encontraron hasta ese momento, y sus sentimientos cambiaron con él... podía ser Rokudo Mukuro y todo, pero aseguraba de corazón -oh, sí, también poseía uno- que amaba a ese pequeño más que cualquier cosa en el mundo. Con lentitud deslizó una de sus manos por el costado del menor hasta llegar al borde de su playera y despacio la coló bajo ésta, acariciando su piel hasta rodearle por completo la cintura y aferrarlo a él.
¿Desde cuándo él era tan seguro de lo que hacía? No dudaba en besar al mayor, ni de amarlo, ni de adorarlo; todo eso estaba asegurado, como si fuera la respuesta más fácil del mundo. Al sentirle sus manos acariciando y rozando su piel, un estremecimiento se formó en su cuerpo, pero en ningún momento se separó de él. Cuando el aire hizo su llamado, el menor se separó de forma lenta, aún muy sonrojado.
-Te amo...-le dijo, juntando su frente con la del peliazul.
-Y yo a ti-respondió rozando sus labios, depositando pequeños y cortos besos en los adictivos labios del menor-Te amo Tsunayoshi-kun-susurró deslizando sus labios por los otros de manera lenta.
-M-Mukuro, no hagas eso...-comentó, entrecerrando los ojos ante el lento deslizamiento; esa acción del mayor era tentadora y provocativa, pero la adoraba. Luego de un corto beso, la puerta de la casa se escuchó abrirse, dejando escuchar una peculiar voz-¡G-Gokudera-kun!-exclamó, bajándose del escritorio y cerrando la puerta con seguro-"Ahora no"-pensó entre preocupado y molesto.
Continuará...
Espero les haya gustado este cap
Les advierto que a medida que la historia avanza se irá poniendo más melosa y romántica xD
Gracias a alegresweet por sus reviews, contestaré tu review por PM
Subiré la actualización si no es hoy a la noche es mañana
Cuidense
Bye-Bye
