Capítulo 3: "En Sus Brazos".
– Uuuy, síii, se nota que de verdad se ha enamorado. – se burlo con voz trémula por la angustia que sentía. Corría apresurada por la vereda de una calle rogando que ninguno de los dos que estaban en la plaza la vieran cuando huyo despavorida. Odiaba ver a las personas cuando se besaban, se sentía como una extraña estando en la misma zona que ellos, viendo como se demostraban lo mucho que se querían mientras ella estaba ahí como una estúpida interrumpiendo un momento que solo se vive de a dos, sin terceros…
«¡Estoy cansada del amor!»
Llego a las escaleras del templo deteniéndose de súbito en el primer escalón, agitada, observo lo larga e infinita que se podía admirar. Desde más de dos años que ella estaba enamorada en secreto de Inuyasha. Habían intercambiado un par de palabras cuando ella se inscribió al grupo de deportes porque él también lo había hecho, solo para poder estar cerca de él y que al fin se fijara en ella. Pero lo único que consiguió con esa tonta idea fue quedar atrapada en el equipo de voleibol hasta terminar de estudiar es su escuela y que Inuyasha la saludara una vez.
Apretó los puños de sus manos.
Ella quería ser una de esas tantas chicas con las que Inuyasha pasaba el rato. Quería probar esos varoniles labios. Quería sentir su suave fragancia… quería saber lo que era ser abrazada por Inuyasha Taisho… ¡ya no quería ser ignorada por él! ¡Quería sobresalir! ¡Que él la mirara! Inclino su cabeza hacia el frente ocultando su semblante advirtiendo que una gran ola de lágrimas caería de sus ojos. Él parecía tan entretenido besando a esa chica, tan concentrado en su trabajo, con sus ojos cerrados moviendo los labios a un ritmo lento que…
«¡ARRG!»
– ¡Basta! – rujio frustrada, levantando de súbito su mirada hacia el frente, frunciendo el ceño. – ya no seré mas una chica del montón. Él tendrá que observarme… tendrá que fijarse en mí, quiera o no. Está decidido. – y comenzó a subir los peldaños de dos en dos. Estaba decidido, necesitaba un cambio urgentemente, necesitaba verse diferente, ya estaba cansada de verse siempre como la niña buena de la historia la que siempre sufría y lloraba por alguien que no sabía ni que existía. Mañana él se fijaría en ella… quiera o no.
Era una decisión.
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Observo con una media sonrisa como la joven se despedía de él efusivamente agitando un brazo en el aire y gritando: "¡nos vemos, Inuyasha!" Meneo su cabeza y suspiro cansando retomando la caminata hacia su casa, con sus manos dentro de los bolcillos. Demonios, esto no lo hacía olvidar de Kikyuo. Bien sabía que estaba mal lo que hacía y lo reconocía, pero… ¿Qué podía hacer? Las chicas de la escuela se le tiraban prácticamente en los brazos y… no era de caballeros dejarlas caer al suelo. Sonrió cerrando sus ojos. Sabía que era un mujeriego de primera, pero esto lo hacía por su bien, y ya que ellas eran tan solidarias con un joven que tenía el corazón destrozado por el abandono de su novia… ¿Por qué desperdiciar una oportunidad así?
– Nah, Miroku me mataría. – murmuró con un dejo de satisfacción.
Pero en un segundo su mirada de opaco.
Todo esto era un juego. Lo sabía. Ninguno de esos besos que regalaba a las jóvenes con quienes salía de a ratos eran ciertos… solos los de Kikyuo eran de verdad. Bajo la mirada al suelo observando sus zapatos marrones de la escuela. Aunque quisiera, la imagen de Kikyuo estaba en todos lados. Su recuerdo siempre estaba presente. Quisiera o no, no podía olvidarse de ella,
no importaba cuantos besos de, cuantas caricias sienta, cuantos cuerpos descubra… Kikyuo, siempre estaba presente.
– Maldición.
Y por último, no podía dejar de sentir esa opresión en el pecho que le causaba el no tenerla cerca. Era como si lentamente su corazón fuera quemado como lo era una hoja de papel expuesta al fuego. Se había enamorado por primera vez, estaba seguro, la amaba y la amaría siempre. No importa cuántas relaciones nuevas tenga, ninguna se parecería a la que tuvo con ella, ya todo lo demás no tenía importancia, sabía que no amaría a nadie como había amado a su quería Kikyuo.
La dueña de su corazón.
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Bien, ya estaba lista, todo estaba en su lugar. Sonrió al verse al espejo, con sus manos en la cintura, de pie y firme ante su resolución. Lo único que esperaba era que todo saliera lo planeado, quería impresionar a todos…
Impresionarlo a él.
Suspiro al llegar a la escuela, todos estaban caminando en grupos pequeños o simplemente solos. Pronto seria la hora de entrada y aun nadie había reparado en ella. Mejor, se dijo caminando hacia el frente. Así podría luego dejar a todos boquiabiertos cuando la vean. No estaba muy segura… bah, en realidad ni estaba segura de cómo reaccionarían sus compañeros al verla, pero era un riesgo el cual estaba dispuesta a tomar. Si quería que él la mirase o notara que existía debía destacar sola. Con sus propias artimañas de mujer.
Cuando llego al umbral de la puerta, la cual estaba cerrada, cerró sus ojos dándose valor para entrar. Tomo una buena bocanada de aire y descorrió la puerta corrediza hacia un lado. De pronto todo el salón enmudeció al verla, allí, de pie y con el corazón en la boca, los nervios le carcomían el cerebro paralizando su cuerpo al tener todas las miradas de sus compañeros sobre ella. Sintió una gota de sudor rodar por su sien deseando que la tierra se abriera para tragarla, el pánico se apodero de ella. Las piernas le temblaron y todo se volvió nubloso, afirmo una mano en la puerta dejando todo el peso allí. ¿Para qué demonios hacia esas cosas si luego no soportaría los nervios? Bueno, ella no era una chica la cual se arriesgaba todo el tiempo y hacia travesuras como esas, ella era la chica tranquila que estudiaba y reía con sus amigas. ¿Pero que le pasaba? Esa no era ella.
El murmullo se hizo presente.
Recobrando los sentidos, logro observar todas las caras de sus compañeros quienes la observaban atentos, algunos con curiosidad mientras otros la observaban cansados como si esperaran que hiciera algo.
– Higurashi… – la profunda voz del profesor de historia se escucho detrás de ella. Con el cuerpo rígido por el miedo y los nervios, se mantuvo petrificada y sorprendida, con los ojos abiertos de par en par. El corazón latía desesperadamente dentro de su pecho, casi haciéndole doler, tomo aire dificultosamente, haciendo acopio de todas sus reservas de valor, volteo lentamente esperando lo peor. Lo primero que pudo distinguir fue el traje marrón claro de el profesor junto con su enorme estomago, para luego ver la confusa mirada que le hombre le propinaba. – ¿se puede saber por qué se ha presentado con esa vestimenta a la escuela?
Kagome sintió como toda la sangre de su rostro la abandonaba, dejándola mas pálida de lo que ya era. Abrió su boca para contestar la pregunta que el profesor Nimichi le hizo, pero no fue capaz de decir siquiera una palabra ya que se sentía tan perturbada por la sorpresa de encontrase con el profesor. ¡¿Qué podría decirle?! «nooo, lo que sucede es que como quería impresionar a un chico me vestí de esta manera y…» ¡no, nunca, jama! ¡Ni loca le decía eso! Su
respiración se volvió cada vez más dificultosa, como su campo visual que comenzaba a verse borroso. La añosa mirada del profesor de historia se torno de enojo a preocupación.
– ¿Higurashi, se siente bien? – le pregunto. – ¿necesita ir a la enfermería?
– Yo… – musito, mareada. Todo se veía empañado como si una neblina la hubiera envuelto, y las piernas le temblaban como si estuvieran a punto de flaquear. Iba a desmayarse. – Sí… – le respondió comenzando a caminar por el pasillo del establecimiento para ir hacia la enfermería, tambaleándose levemente y posando una mano en la fría pared para no caerse antes de lo previsto.
Bien, genial, todo el valor que sentía cuando salió de su casa se esfumo en un abrir y cerrar de ojos dejándola más flácida que una bolsa de plástico. Sus ojos estaban entreabiertos, apenas, mientras que el rostro lo tenía más pálido que una hoja de papel. El cuerpo le pesaba, las piernas las sentía débiles. ¡Demonios, parecía un zombi deambulando! y todo para ¿Qué? ¡Para que un tonto chico se fijara en ella! no tenía el valor suficiente como las demás descaradas chicas de su escuela que se vestían tan atrevidas para llamar la atención de Inuyasha. Ella no era como ellas. Ella jamás podría ser una de esas. Suspiro apesadumbrada percibiendo un repentino calor abrazarla por la espalda quemándola llegando hasta el pecho y arriba del labio como en su frente también. Las cosas iban de mal en peor ¿Por qué demonios se sentía así?
«Tienes la presión baja.»
– Sí, claro. – se bufo. Había almorzado algo antes de salir de su casa. – mentirosa. – susurró.
Bien, no se podía decir "almorzar" a comer una barra de cereal que encontró en la mesa, pero es que tenía que llegar temprano si quería impresionar a todos. Aun que al fin, después de todo, nunca llego a la tan esperada hora. Entonces… se había esforzado por nada.
– Tonta, tonta, tonta ¡tonta Kagome! – dijo para sí, llena de rabia. Se había vestido de esa manera por nada. Argg… eso le pasaba por querer impresionar a un chico. Jamás tuvo que desperdiciar su preciado tiempo en alguien como él. ¡Nunca!
O tal vez…
Alzo su mirada del suelo hacia el frente, al escuchar los pasos de alguien.
Se quedo de piedra al verlo.
Era Inuyasha.
Contuvo el aire al verlo acercarse a ella. El corazón le latió rápido tanto que creyó le daría un paro cardiaco, y sintió un nudo tan grande en su garganta que quiso gritar para desahogarse. ¡Maldición! ¿Qué hacia fuera de clases y por el mismo pacillo que ella? ahora que ya no quería cruzárselo a él se le ocurría aparecer. ¡Menuda sorpresa! Se mordió el labio al tiempo que observaba apresurada hacia los lados buscando algún pacillo o bebedero para al menos fingir que bebía agua.
Pero no había nada.
Él, alzo su mirada dorada, como las llamas del fuego, de ese libro que parecía examinar pero no leer. Y los clavo en ella, quien sintió una punzada tan grande en su pecho que pensó moriría ahí mismo. Lo vio detenerse al observarla provocando que diera un pequeño brinco al notarlo. ¡La estaba observando! ¡Kami Sama! ¡A ella! trago con fuerza al tiempo que sus rodillas flaquearon y su visión se volvía nublosa tornándose todo repentinamente oscuro. Espero pacientemente el impacto contra él piso pero nada paso, en cambio, percibió unos cálidos brazos que la tomaron del estomago evitando así que cayera de lleno al suelo. Abrió lentamente los ojos, teniendo como primer plano unos ojos ámbares que la observaban minuciosamente como si quisiera descubrir algo más que su salud. Trago sonoramente al ver su cercanía.
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Arrojo los libros que tenía en su mano derecha e izquierda y corrió apresuradamente hacia la joven que se desplomaba como en cámara lenta al suelo. ¿Pero qué le sucedía? Parecía tan bien cuando la estaba contemplando con esos ojos que brillaban intensamente y sus mejillas, a pesar de estar más pálida que una hoja de papel, tan sonrosadas como esa crema de pastel que probo antes de ir a la escuela. La atrapo justo en vuelo, desde el estomago sintiendo esa suave fragancia a caramelo que lo embeleso con solo olfatearla. Las puntas de sus risos rebotaron graciosamente en su espalda dejando algunos mechones caer por sus hombros…
Era tan ligera.
Con uno de sus brazos pudo rodear casi toda su estrecha cintura percibiendo lo suave que era al tacto.
«¿Su piel seria a si de suave como su estomago?»
Notó que comenzaba a recuperar el sentido común, alzando su cabeza lentamente llevando su cálida mirada a la de él, propinándole sin saberlo una punzada a él en su pecho que lo sorprendió. Estaban tan cerca. Tan malditamente cerca… que podría…
«Podrías robarle un buen beso.»
– Necesito ir a la enfermería. – musito sin saber porqué lo hizo, las mejillas enrojecieron mas furiosamente de lo debido, esquivando su mirada turbada por su presencia. Lo contempló, de soslayo, parpadear repetidas veces como si recordara que se encontraban en una posición de verdad incomoda.
– Ehh… sí, sí, claro. – respondió confundido. Maldición, unos minuto más y la abría besado. Se separo de ella lentamente contra su voluntad, extendiendo una mano para que ella pudiera ayudarse a erguirse del suelo. Su mirada castaña observo infinitamente la mano del chico que estaba extendida en el aire esperando porque lo tomara, alzo su mirada de la mano a los ojos del chico que la observaban tan atentamente que la hicieron incomodarse. Bajo su mirada escuchando los latidos de su corazón casi en la garganta, tomo la mano de él posando delicadamente la suya. Una corriente eléctrica la recorrió de pies a cabeza al sentir la cálida mano del chico debajo de la de ella, sosteniéndola firmemente para que se incorporara tranquilamente. Era cálida y áspera, garante como también fuerte, sus dedos eran largos y gruesos envolviendo casi toda la extremidad de ella. La piel levemente oscura, como si estuviera soleada dejando ver claramente la diferencia entre ella que era pálida y la de él que era tostada.
Frunció levemente el ceño notando que se estaban sosteniendo las manos por más tiempo de lo debido, al alzar la mirada contuvo la respiración al ver que él le sonreía levemente, de una manera diferente a esas sonrisa que tantas veces veía de él.
– Creo que no nos presentamos ¿verdad? mi nombre es Inuyasha Taisho, voy en el último año y ¿tu? – le pregunto apretando levemente la mano de la chica entre la suya logrando que se pusiera mas nerviosa de lo que estaba.
– Ka-Kagome Hi-gurashi… – tartamudeo carraspeando levemente para aclararse la garganta. ¿Tenía que ponerse tan nerviosa al hablar con él?
– Ahh… ¿eres nueva, verdad? porque nunca te había visto por aquí.
Kagome sintió como si un balde de agua fría hubiera derramado su contenido sobre ella.
¿Qué nunca la había visto por allí?
Ella iba a segundo año. Dentro de menos de un mes cumpliría los dieciséis años. ¡¿Y jamás la había visto por allí?! Bajo su mirada al suelo, sintiendo como una sombra de tristeza abrumada su corazón. Lentamente se soltó de Inuyasha escondiendo su mano detrás de su espalda. Entonces lo que ella pensaba de que: él jamás reparo en ella era verdad… sí, sabía de ante mano que no se equivocaba, pero entre tanta oscuridad juro ver un rayito de luz gritando que se
equivocaba. Su corazón le decía que no todo estaba perdido… y claro ella como estúpida le creyó, pero ahora escuchando de los propios labios de él que jamás la había visto, entendía que se estaba ilusionando para nada.
– Tengo que irme… – murmuró haciéndose a un lado para ir hacia la enfermería. El joven la observo alejar de él tambaleándose levemente mientras afirmaba una mano en la pared como apoyo. Frunció el ceño al ver que se estaba escapando de su lado, se la veía mal, muy mal, ¿y si le sucedía algo? No podía dejar que se marchara sola ¿Qué clase de caballero seria?
Sonrió de lado al notar eso.
Él no era ningún caballero, era todo lo contrario. Olvidándose completamente de los libros que estaban esparcidos por todo el suelo camino hacia la chica decididamente. Se inclino un poco detrás de ella afirmando una mano en su menuda espalda y el brazo derecho lo paso por detrás de sus rodillas obligándola a doblarlas. La elevo del aire y ella soltó un chillido al ver el repentino movimiento del chico. Con el corazón casi en la boca se aferro al cuello de él abrazándolo como si de ello dependiera su vida. Inuyasha sonrió al obtener su objetivo.
– Vaya… sí que eres ligera, podría llevarte con un solo brazo. – bromeo fingiendo que la soltaría, para llevarla en un solo brazo.
– ¡No, por favor no lo hagas! – rogo desesperada ferrándose aun más al cuello del chico. Lo escucho reír de buena gana y enrojeció al notar lo asustada que estaba. – ¿de qué te ríes? – le reprocho frunciendo el ceño alejándose lo suficiente para mirarlo a la cara.
– No te enfades, solo me divirtió que creyeras que podría llevarte con un solo brazo. – respondió carcajeándose levemente, dejando ver una parte de él que Kagome jamás había visto. Siempre parecía tan cerio teniendo su sonrisa arrogante, con esa personalidad altiva y presumida. Este Inuyasha parecía ser otro, como si de verdad se sintiera a gusto… – eres algo ingenua ¿verdad? – Kagome olvido todo lo que pensaba de él al escucharlo decir aquello y no pudo evitar inflar sus mejillas estirando los labios hacia el frente, esquivando la mirada enfadada. – sí, mira hasta te ves como una niña pequeña – volvió a reír. – apuesto que todos piensas que eres su hermanita pequeña ¿o me equivoco?
– Bájame en este mismo instante. – le ordeno roja de la vergüenza y el enfado, que sentía por el chico que no paraba de burlarse en su cara.
– Bien, como ordene milady. – sentencio soltándola repentinamente haciendo que Kagome gritara despavorida, pero luego la atrapo en el aire, riendo de buena gana. Como le gustaba hacerla enfadar.
– ¡Tonto! – gimió sintiendo las lagrimitas de sus ojos por el susto que se dio. – ¡no vuelvas a asustarme de esa manera! – y le golpeo en el pecho, para luego abrazarlo nuevamente desde el cuello aferrándose estaba ves firmemente.
Inuyasha quedo sorprendido al ver las lagrimas en sus cálidos ojos castaños. No hablo más hasta que llegaron a las escaleras terminando el largo pacillo. No la había escuchado desde un buen rato, y su respiración era lenta y calmada, como si…
– Se ha dormido… – susurró moviéndola un poco afirmando sus palabras al verla dormida entre sus brazos. Vaya… jamás abría pensado que encontrarse con una chica punk en la escuela lo aria sentirse tan bien, después de perder a Kikyuo. La contemplo minuciosamente por un eterno momento. Tenía los labios levemente carnosos, suaves a la vista, maquillados por un oscuro color negro que hacia resaltar su pálida piel cremosa, los parpados de sus ojos estaban cubiertos por un capa rojiza haciéndola ver cansada. La ropa que llevaba era rara a lo bien punk, tenía una falda negra cubierta de cuadrillos verdes, una camiseta de cuello de tortuca violeta y encima otra remera pero sin mangas y de tiritas negra. – una chica punk… le vendría bien a la escuela.
La acomodo en sus brazos haciendo que recostara su cabeza en su hombro y comenzó a bajar las escaleras con la chica punk en sus brazos.
Kagome sonrió entre sueños, percibiendo lo duro que era el pecho del chico que la llevaba en brazos. Soñó con que su príncipe de ojos dorados y cabello largo y negro que la llevaba en brazos. Riendo con ella alegremente. Se sentía tan bien al tenerlo aunque sea en sueños junto a
ella, percibiendo lo duro que era su pecho, la calidez que emanaba de él, su indudable fragancia… Inuyasha parecía tan real… lástima que solo estuviera soñando porque si no, seguro que se moriría de la emoción… y aprovecharía cada instante que estuviera a su lado… pero por ahora dejaría que su mente la dejara ser feliz… pensando que estaba… en sus brazos…
Continuara…
N/A: ¡Hi! n,n aun no puedo creer que tantas personas me lean... de verdad, es increible, yo siempre que recibia poquitos jeje. Espero seguir teniendo esta popularidad que no se de donde salio n,ñ y humildemente les digo GRACIAS de verdad. Bien... ¿que podemos decir? en este cáp, Kagome viste como una chica punk (eh! loco!) jeje para serles sincera a mi me encanta los punks son taaaan lindos n/n y se me ocurrio que seria lindo ver a Kag vestida como una de ellos, pero si no les gusto no se preocupen que solo es por este cáp ya en el proximo ella es comun y corriente, esto es solo pasajero.
Sigo agradeciendo de verdad esos reviews y espero que aun me sigan leyendo. Nos leemos en la poxima. Alioz.
Dulce Kagome Lady.-
