Capítulo 3: Cambio de planes
"¿Recuerdeme porque estamos haciendo esto...Maestro?" La pregunta llenó la habitación, quedando en el aire.
Dooku no respondió.
Su vista estaba fija en el patio que podía verse desde la ventana; abajo, donde centenares de esclavos de todas las razas intentaban encontrar un lugar para sentarse y comer lo poco que los esclavistas se habían dignado a darles ese día. Algunos se pegaban entre ellos, otros parecían preferir estar solos, y se arrinconaban contra el muro más cercano. Incluso desde su posición, el conde podía sentir perfectamente el miedo de aquellas personas.
No era de extrañar. Habían sido capturados, esclavizados y habían pasado varios meses trabajando hasta la extenuación en las minas geonosianas. Los que habían probado ser lo suficientemente fuertes para sobrevivir a aquel infierno serían vendidos en las próximas horas.
Un futuro incierto esperaba a cada uno de aquellos desgraciados. Así que sí, era completamente normal que estuviesen aterrados...todos menos uno.
Entre todas esas almas rotas y desesperadas, un hombre irradiaba calma y serenidad. Apoyado contra uno de los muros, cerca de las puertas que les mantenían cautivos en aquel lugar, se encontraba joven. Su pelo castaño rojizo destacaba entre la multitud. Estaba sentado y con los ojos cerrados. No había tocado el pan que le habían dado.
Avan Dooku no podía evitar sentir cierta admiración. Kenobi estaba meditando. Meditando. ¿Como podía concentrarse? Dooku no podría. Nadie que conociese podría...No después de todo lo que le habían hecho, si el relato del esclavista era verdad. Y pese a todo, la cara del Jedi reflejaba paz. Una paz interior que contrastaba fuertemente con su aspecto exterior.
Porque Obi-Wan Kenobi no estaba bien, y eso se veía. Había perdido mucho peso, y su piel había palidecido mucho debido a las horas que había pasado en el interior de las minas, alejado de toda fuente de luz. Sus ropas de exclavo, rotas por partes, dejaban ver numerosas cicatrices y heridas. Algunas eran de la explosión, mientras otras habían sido inflijidas por los contramaestres de Geonosis. Las vestimentas estaban manchadas con la sangre del Jedi, sangre coagulada y no tanto, y es que algunas de las heridas no se habían curado aún. Y eso era solo las que podía entrever.
Pero Dooku era capaz de ver más allá. Más allá de las heridas, que si bien dolorosas no eran ya más que superficiales, podía ver, por la postura de Obi-Wan, por como sus hombros parecían cargar un peso demasiado grande, por como su espalda estaba curvada, por como las ojeras oscurecían su rostro, que el Jedi estaba agotado.
Pero lo normal no era que el Jedi estuviese agotado. Debería estar más que agotado. Debería estar exhausto. Moribundo. Roto.
"Maestro..." la voz femenina repitió, impacientemente. Dooku alejó su mirada de Kenobi para centrarla en la mujer que se encontraba a su lado. Unos ojos azules, de un azul tan claro que parecían dos tempanos de hielo lo miraban irritados.
Dooku levantó una ceja. "¿Tienes alguna queja, Ventress?"
La mujer apretó ligeramente los puños, intentando controlarse. Los ojos de Dooku, tan oscuros como siempre, la miraban de forma altiva. Aparentemente no apreciaban ser criticados.
"Sigo sin entenderlo. No es más que un asqueroso Jedi." Ventress casi escupió la palabra "Debería haber muerto en aquella explosión. Si sobrevivió no es nuestro problema, ¿porqué no dejamos que se pudra en este hoyo? " preguntó con rabia contenida. Pero sesta se vió rapidamente sustituida por temor cuando vio como Dooku se acercaba.
El conde le sacaba dos cabezas, pero no era eso lo que le hizo sentir algo parecido al miedo. Los rasgos del hombre se habían oscurecido.
"Tu insolencia no me gusta, niña" advirtió con tono suave. Demasiado suave. "No seré yo quien discuta las ordenes de Sidious...y tu te limitarás a obedecerme"
Ella apretó la mandíbula.
Podía sentir la rabia, el temor y la frustación de la joven. Eran sentimientos poderosos que vibraban con la fuerza del lado Oscuro. Esos sentimientos que hacian de la Jedi Oscura una aprendiz extremadamente útil, una de sus mejores bazas contra la República. Pero Ventress apenas acababa de comenzar su entrenamiento. Debía asegurarse de moldear bien aquel enorme potencial, de utilizarla como esperaba. Al fin y al cabo, el engaño era el camino de los Sith.
La mujer acabó bajando la mirada. "Sí Maestro." susurró. Intentó que su voz sonase lo más sumisa posible, pero a Dooku no se le escapó la frustración que se escondía en esas dos simples palabras.
"Bien. Vé a buscar al esclavista. Tengo que hablar con él"
El conde observó como su aprendiz se inclinaba y salía de la sala para hacer lo que le había pedido. Suspiró. Aunque no le gustaba que Asajj le cuestionase, sabía que en parte lo que la mujer había dicho era cierto.
Que Kenobi hubiese sobrevivido a la explosión era sorprendente. Los Jedi no creían en la suerte, y por extensión tampoco lo hacía Dooku. Quizá ese era el último vestigio de su vida como Jedi, demasiados años viviendo en el templo como para creer que el azar podía existir, sin embargo... sin embargo no encontraba otra forma de describir como era posible que Kenobi no hubiese muerto.
Lo habían encontrado cuando se habían empezado a remover los restos de la explosión que el mismo había provocado. El rey había ordenado que reconstruyesen el hangar para futuras necesidades, y lo ultimo que habían esperado los obreros encontrar era a un Jedi ensangrentado e inconsciente, pero vivo. Sabían lo que era por sus ropas, y por el sable de luz que aún tenía en su mano. Sable que ahora Dooku llevaba en su cinturón.
El Jedi estaba respiraba con dificultado por el peso que le había caído encima, tenía incontables cortes por todo el cuerpo y tenía rota más de una costilla. Necesitaría varias horas, días quizá, en un tanque de bacta.
Simplemente habían hecho lo que solían hacer en esos casos: aquel enemigo serían un gran esclavo.
Kenobi había despertado unos días más tarde, en las minas de durasteel de Geonosis, practicamente curado. Claro que los esclavistas no lo habían hecho por compasión: el joven era una inversión. En cuanto el joven Jedi estuvo despierto, lo habían puesto a trabajar.
Simplemente se hubiese fundido entre los demás si no hubiese sido porque no era cualquiera. Kenobi había itentado escapar, varias veces. También se había enfrentado a los guardias en defensa de otros esclavos. Dooku no dudaba en que seguramente el Jedi había sido un dolor de cabeza para los vigilantes, y no esperaba menos.
Pero de no ser porque el rey había ido a supervisar el trabajo de las minas y había reconocido al hombre que había condenado a muerte en la arena, Dooku hubiese seguido creyendo, como lo hacía el resto de la galaxia, que Obi-Wan Kenobi había muerto seis meses atrás.
El rey le había contactado dos días antes.Todavia sorprendido, se lo había comunicado a Sidious, y ahí era donde Ventress tenía razón. Por mucho que le sorprendiese la situación, no se esperaba que Sidious se mostrase interesado. Imaginaba que le iba a ordenar dejarlo a su suerte con los esclavos o en todo caso, asegurarse de eliminarlo.
Pero Sidious había sonreído, encantado con la noticia, y le habia ordenado traer Kenobi ante él.
Darth Tyrannus no podía estar más confuso. Volvío a dirigir su mirada hacía el patio donde los esclavos se amontanaban. Kenobi había vuelto a abrir los ojos y aunque no se había movido, hablaba con un niño. ¿Por qué Sidious quería ahora a Kenobi? ¿Qué pretendía conseguir? Él ya le había propuesto al Jedi unirse a ellos. La respuesta de este había sido clara. Dooku había pensado que era una pena. Pensaba que Kenobi tenía un potencial inmenso. Y cada vez que lo veía no podía evitar pensar en Qui-Gon.
Qui-Gon.
Ese era el lazo que lo ataba a Obi-Wan, y el fantasma de su antiguo padawan parecía dispuesto a perseguirle hasta el día de su muerte. Dooku se preguntaba que pensaría Qui-Gon de seguir vivo de toda esta situación. Le había dicho a Obi-Wan que el hombre se habría unido a él, pero la verdad era que no estaba seguro. Qui-Gon siempre había sido un Jedi diferente, rebelde. Todo lo que Kenobi no era.
Y sin embargo, por la forma de hablar, en algunos movimientos del más joven, Dooku todavía veía a Qui-Gon. Kenobi brillaba con el lado luminoso de la fuerza, igual que lo había hecho Jinn.
¿Qui-Gon se hubiese unido a su antiguo maestro? No lo sabía, pero lo que si sabía era que Kenobi le había dicho que no. Aún así, Dooku hubiese insistido. En cierto modo, Kenobi era como su nieto, y Dooku no quería hacerle daño.
Pero Sidious había ordenado eliminarlo, y él había obedecido. ¿Y ahora el Lord Oscuro cambiaba de opinión?
Sidious no hacía nada al azar. Había algo que se le estaba escapando, y Avan Dooku estaba dispuesto a descubrirlo.
Sheev Palpatine, Canciller supremo de la Républica y Lord Oscuro de los Sith observó con una sonrisa canina como Anakin Skywlker abandonaba su despacho lleno de dudas y resentimiento.
El joven acababa de volver de Jabiim, un conflicto que había resultado ser un desastre para el campo republicano. Tal y como él había planeado. La experiencia sin duda había marcado al joven padawan, que se había encontrado en una situación en la que había tenido que tomar decisiones dificiles, para finalmente abandonar el planeta. Y tras de él, a numerosos Jedi que habían muerto sin remedio.
La batalla de Jabiim pasaría a la posteridad como una derrota vergonzosa, pero para Skywalker quedaría el recuerdo de unos meses de infierno. Y Palpatine se aseguraría que ese recuerdo no desapareciese.
En Jabiim también había muerto el reciente maestro que el consejo había asignado a Skywalker. A Palpatine le parecía graciosa la forma en que ese atajo de idiotas era incapaz de encontrarle un mentor adecuado al joven Jedi tras la muerte de Kenobi.
Nunca hubiese imaginado que el chico estuviese tan unido a su mentor, teniendo en cuenta las frecuentes peleas entre los dos y como Anakin siempre se había quejado de los límites que le marcaba Obi-Wan. Pero cuando el chico había vuelto de Naboo y había tenido ocasión de hablar con él, había visto soprendido como el joven caía de rodillas y expresaba su dolor, un dolor real, tangible. Tanto como sus ansias de venganza.
"Dooku pagará"
Palpatine haía entendido entonces que todavía tenía mucho que aprenderde Skywalker. Y vigilarle más de cerca.
Había subestimado los lazos que se habían formado entre Kenobi y Skywalker, unos lazos que transcndían la simple unión maestro-aprendiz, que transcendían la amistad.
También era cierto que se lo podía haber imaginado. Los dos habían pasado juntos prácticamente cada día de los úlitmos diez años juntos, conociendo la necesidad de cariño del menor, era natural que intentase un acercamiento más profundo. Pero que Kenobi hubiese correspondido era lo que no se hubiese imaginado. Al fin y al cabo, el hombre correspondía a la definición de perfecto Jedi. Y los Jedi no se ataban a nadie.
Tenía que ser más cuidadoso. Pero por el momento todo iba bien.
Se había encargado de aumentar el resentimiento del joven hacia el otras cosas, el chico iba cambiando de maestro cada poco tiempo, y eso era desestabilizante para él, y más teniendo en cuenta que Skywalker no podía evitar compararlos a todos con Kenobi. Y salían siempre perdiendo.
Obi-Wan Kenobi. La noticia de que seguía vivo y que él lo supiese pero los Jedi lo ignorasen era más que satisfactoria. Siempre había isto al Caballero Jedi como una molestia que tarde o temprano acabaría apastando, pero ahora las cosas habían cambiado.
Lo utilizaría para hacer caer a Skywalker.
