De Magos, Alquimistas y Poetas

Capitulo 2 - El Despertar de un Sueño

Nanoha ni sus personajes me pertenecen, solo me gusta usarlos para mis propios fines *ríe de forma maquiavelica*

Gracias por los reviews y bueno aclarare algunas dudas: Este fic no es el típico Nanofate en donde se conocen en el primer capitulo y a los dos segundos se enamoran y etc. Si habrá Nanofate pero también otras parejas, pero no sera inmediatamente, es por eso que dije que seria algo largo porque detrás de los romances hay una historia que pretendo desarrollar. Otra cosa, los personajes en algún momento se cruzaran, no serán historias separadas con cada uno en su casa y etc. pretendo que se encuentren, choquen y hasta peleen (obviamente no diré cuales y cuando ^^). Sin nada mas que aclarar, ¡Buena Lectura!


Uminari

Nanoha soltó un suspiro para luego asegurar el morral en su hombro, contemplo por ultima vez su habitación hasta que Rein apareció sentada en su hombro como prefería desde la primera vez que se conocieron, la adolescente la miro de reojo cuando sintió que la pequeña mano de su mentora le toco la mejilla.

Estará todo bien Nanoha dijo la sabía hada sonriendo genuina mente contagiando a la mago que solo asintió.

—Nanoha aquí estabas— Momoko dijo sorprendiendo a su hija y haciendo que Rein esconda su presencia. La joven encontró los ojos de su madre quien tenia una sonrisa pícara en su rostro, era casi como verse en un espejo.

—¿Es hora?— pregunto la joven no pudiendo ocultar la ansiedad en su voz. Momoko negó con la cabeza y en vez le entregó un paquete envuelto con papel colorido, un regalo de despedida.
La muchacha sonrió con los ojos llenos de la misma emoción que su madre reconoció desde que la trajo al mundo, los azules pozos la miran como pidiéndole permiso y descubrir el presente.
Momoko sonríe aun mas y consiente a su hija menor, la joven desató con poca delicadeza el lazo azul que mantení unido el paquete y luego deja caer el papel observando embelesada la capa que tanto había buscado en esos días totalmente renovada. Su madre le había adjuntado una capucha y una delgada cinta azul delineaba a unos centímetros del borde todo el contorno pero lo que mas le llamo la atención fue que detrás, donde parecía que la linea azul se perdía había un diseño geométrico uniéndose entre sí justo debajo de la capucha.

—Pruébatelo— su madre interrumpió el momento de admiración de la joven mago quien solo pudo asentir.

Nanoha se sintió como una niña nuevamente mientras se admiraba en el espejo de cuerpo entero que Miyuki le dejo cuando se fue de casa, Momoko estaba satisfecha de su trabajo dado lo corto del tiempo que tuvo a disposición para modificar la capa favorita de su hija, pero verla con esa sonrisa en su rostro le hizo suspirar acallando sentimientos que por días había suprimido.
Ver a su madre llorar no era algo que Nanoha había presenciado a menudo, siempre recordaba a su madre como la gentil y alegre persona que la había acudido desde que tenia uso de razón, la imagen que encontró en aquel espejo quebró la integridad que ella misma acumulo a la fuerza. Acorto la distancia entre las dos y abrazo a su madre con fuerza, ahogando sus lagrimas y dejando que Momoko le acariciara la cabeza murmurando las mismas palabras que en noches de tormenta la consolaron, apartándola del miedo y soledad.

—No te preocupes mama, volveré en una pieza, como el grano en verano, la marea en invierno...—

—La 'Sakura' en primavera y la hormiga en otoño— acabo por decir su madre contentando a su hija con el fragmento de su cuento preferido. Nanoha sonrió entre lagrimas y luego sintió que su padre se les unió al abrazo grupal apretando a ambas mujeres que comenzaron a reír despacio.

Ya en el establo Nanoha ensillo a 'Kuro', su joven caballo blanco que parecía mas que contento de salir a caminar, le acaricio la nariz con suavidad observando los enormes ojos café del animal que vio nacer.
Luego Nanoha coloco las dos alforjas llenas de bocadillos y otros manjares que su madre insistió que llevara, la carga hizo que Kuro respingara levemente como protestando.

—Mou lo sé, es que los dulces de mama son muy buenos— se defendió la adolescente antes de tomar la rienda y halar de su corcel que no puso oposición alguna.

—Te prometo que te daré unos cuantos— dijo nuevamente dirigiendo a Kuro por el sendero que llevaba frente al molino.

—¡Oi Nanoha!— La joven mago levanto la mirada para encontrar a Arisa y Suzuka delante del molino, no pudo ocultar su alegría y se acerco rápidamente.

—Chicas gracias por venir, pensé que no tendrían tiempo— Dijo ella saludándolas con un leve abrazo que ambas correspondieron.

—No podíamos dejar de venir Nanoha, eres nuestra amiga de la infancia, ademas de la única mago que conoceremos, tal vez— Suzuka dijo sinceramente, Nanoha le sonrió y asintió con su genuino 'Mm'.

—Aparte que Momoko-san nos prometió dulces para el viaje— Arisa dijo orgullosa, su respuesta tomo por sorpresa a Nanoha quien permaneció callada al principio pero que cuando su madre las alcanzo se dio cuenta.

Arisa tenia su armadura puesta, una de color rojo que no había visto nunca en los entrenamientos, a su vez Suzuka estaba con traje que consistía en holgados pantalones albos como la camisa y con un cinturón de cuero negro el cual sostenía varias bolsas pequeñas del mismo material. Mientras Momoko les daba una alforja a cada una con lo que Nanoha presumió eran dulces, otro detalle salto a los ojos de la mago, las dos estaban a caballo cuando normalmente Suzuka iba con Arisa a todos lados, en uno de ellos pudo distinguir la 'Katana' de Arisa sujetada en la silla junto a otras alforjas detrás.

—¿Pe..pero que significa todo esto?— la voz de su amiga de la infancia interrumpió la interacción de ambas jóvenes con su madre y la observaron.

—Ah que, ¿no te dijeron?, nosotras somos los voluntarios Nanoha-chan— Arisa dijo con una sonrisa socarrona en los labios, Suzuka la imito tapándose la boca para reír bajito, los ojos azules de Nanoha se abrieron de par en par no creyendo a sus palabras.

"Que bueno no Nanoha?" Rein le hablo apareciendo sentada en la cabeza de Kuro que ni se inmuto con la presencia del hada.

"Mm" contesto la adolescente con una sonrisa que se colgó en su rostro a pesar de que unas cuantas lagrimas amenazaban con escapar de sus ojos.

Justamente cuando la comitiva empezó a intercambiar porqués y justificaciones, el rumor de un caballo al galope alerto a las tres quienes estaban entretenidas con sus acostumbradas charlas -una pequeña pelea vocal entre Arisa y Nanoha- Suzuka como siempre haciendo de referí, estaba pensando si era buena idea estrenar el preparado especial que confecciono con sus amigas e incluso agrego a su lista 'inventar polvos del buen humor', suspiro observando a la rubia bobalicona mientras reprendía a Nanoha por cuarta vez.

El Jinete era un hombre de mediana edad, vestido con una armadura negra y casco del mismo color, tenía la Katana envainada en la montura y un par de alforjas pendían del caballo color café. Cuando se saco el casco la imagen que las tres se habían formado no cambio mucho, tenia el cabello negro alisado hacia atrás, una expresión tan seria que por un momento las muchachas pensaron que venia de un entierro o algo asi.

—Takamachi Nanoha, ¿Quien es?— pronuncio una voz grave, instintivamente tanto la rubia y la morena retrocedieron un paso dejando a Nanoha frente a ellas.

—Soy yo— dijo la joven mago, el hombre entonces desmonto y se acerco a ella. Nanoha paso saliva viendo lo alto que aquel hombre era y luego observo como busco entre la manga de su brazo un papiro enrollado que le ofreció.

—Soy el guardia oficial, el consejo me manda para acompañarla a Kyushu— dijo aquel hombre con voz calma. Nanoha asintió y tomo el mensaje para confirmar sus palabras.

Sus padres salieron a despedirlas, Shirou tenia el mandil blanco que no cubría las huellas de harina que se extendían hasta llegar a sus zapatos, una imagen que Nanoha tenia grabada en su mente desde pequeña. Su madre lucia la sonrisa dulce que siempre mostraba a todos sus hijos, todo el mundo decía que ella era igual a su madre pero Nanoha estaba segura que solo Momoko podía sonreír de aquella manera.
Cuando el guardia montó luego de hacer una venia respetuosa a ambos padres, ambas voluntarias lo tomaron como señal para subir a sus propias bestias, Arisa inclino la cabeza saludando como lo haría un 'samurai' y Suzuka sonrió asintiendo, antes de partir trotando a la par con la rubia.
Nanoha montó luego de abrazar a sus padres por última vez y Shirou acudió a ella para ajustar el cincho, la joven mago lo miro con tristeza al mismo tiempo que Rein decidió volar alto para vigilar a su 'pupila'.
La cabeza del clan Takamachi luego adhirió a la montura una vaina que ella reconoció como la de su Katana, aquella que había pasado de generación en generación y con la cual su padre había luchado años atrás.

—¡Papá!— Nanoha reacciono cuando Shirou palmeo a Kuro para que comenzara a galopar, Nanoha sujeto las riendas y volteo para observar a su madre abrazar a su padre, sus figuras comenzaron a alejarse junto con la colina, el molino y su infancia. La joven mago bajo la cabeza derramando unas cuantas lagrimas que luego limpio para mirar al frente, a su nueva destinación.

Luego de seguir el camino de la costa, los cuatro jinetes se dirigieron con destino a Nizu, una pequeña población portuaria en donde la embarcación que los llevaría atracaría en la mañana, obligándolos así a pasar la noche que no llegaría hasta en unas horas.

Nanoha y compañía agradecieron de pernoctar pues había sido la cabalgata mas tediosa y larga de sus jóvenes vidas. El pueblo resulto ser mucho mas pequeño que Uminari pero las tres muchachas podrían jurar que contaban con muchos mas habitantes, eso fue porque habían justamente llegado en la hora punta del puerto; en donde casi toda la población que se dedicaba a la pesca y el comercio estaban aunados en dicha tarea.

Por aquel ajetreo las calles llenas de tierra y arena lucían aun mas angostas, el guardia les aconsejo de bajar del caballo pues con tanta gente podían ponerse nerviosos, Nanoha acato inmediatamente pues Kuro era impetuoso y joven.

Las tres se hicieron camino en fila india esquivando mercaderes y carretas llenas de mercancía de todo tipo, sin duda la fama de la ciudad no era efímera, y el puesto de primer puerto no fue dado en vano.

—No se distraigan y sigan— Alerto el guardia a las jóvenes quienes parecían niñas en un puesto de 'Dango'. Nanoha estaba detrás del guardia seguida por Suzuka y Arisa en la retaguardia, las tres asintieron tratando de no verse tan inexpertas, sobre todo Arisa quien pretendía ser una espadachín en servicio.

Siguieron así por unos minutos mas llenándose de el olor del mar que pugnaba con aquel de las especias. Luego de un trecho las calles alejadas del puerto se convirtieron mas transitables y pronto pudieron caminar lado a lado. Las amigas de la mago estaban mas tranquilas comprobando que la susodicha había recobrado su buen humor, porque cuando dejaron la ciudad que las vio nacer, Nanoha tenia un semblante muy triste y a veces (Arisa noto) se limpiaba los ojos rápidamente.

Ahora la joven mago estaba entusiasta con el viaje y junto con sus amigas comenzó a intercambiar sus impresiones sobre la ciudad que las acogería esa noche.

El experimentado guardia del consejo detuvo su marcha delante de un local que tenia un cartel que denotaba su condición de restaurante, las muchachas no se dieron cuenta de cuan hambrientas estaban hasta que el incitante olor de un guisado de pescado se les colo en la nariz. El cántico gutural de sus estómagos las hicieron sonrojar, el guardia levanto una ceja y dio media vuelta para entrar ocultando una sonrisa.

—Hay muchos extranjeros llegando de occidente, seguro que mañana se repetirá la misma historia— Aquel comentario llamo la atención de las muchachas que decidieron seguir con su cena observando la mirada severa que les propino a los pescadores que comían en la mesa detrás.

—Están en guerra, eso es lo que dicen— continuo otro del mismo grupo.

—¿Guerra? De nuevo eh, esos occidentales solo saben pelear, deberían ser como nosotros pesca, 'Sake' y mujeres— dijo otro desatando una orquesta de risotadas que inundaron el local, las tres muchachas se sonrojaron al mismo tiempo que suprimían risas. El guardia frunció aun mas el ceño.

—Oye cuida tus palabras— advirtió el hombre poniéndose de pie con la mano izquierda en la espada.
Los humildes pescadores reaccionaron ante la armadura y la elaborada vaina que cobijaba el filo mas letal del continente.
Las jóvenes observaron como se disculparon no solo con él sino con ellas también, el guardia regreso a su mesa y trago de golpe un vaso lleno de licor. Su expresión una de orgullo y satisfacción.

—Tengo hijas también, no me gustaría que hablen así en su presencia. Eso es todo— se defendió el hombre con los brazos cruzados y la mirada calma, las muchachas se miraron y estallaron en risas.
El guardia les mostró una sonrisa de medio lado mientras se abastecía de mas licor.

Las tres descubrieron en breve que debajo de la estoica y parca superficie, aquel hombre era como uno de sus padres. Pronto los cuatro se entablaron en una amena conversación que no dio cuenta del tiempo. Arisa le pregunto acerca de su técnica favorita con la espada y de esa manera ambos espadachines intercambiaron estrategias. Suzuka y Nanoha escuchaban atentamente preguntando una que otra cosa sin caer en lo personal, después de todo aunque amable, él era un guardia del consejo.

Cuando salieron para estirar las piernas ya las calles estaban iluminadas por los faroles aceitados quemando sin cesar. A diferencia de unas horas antes no había mucha gente, se acercaba la estación y con ella el comercio decaía en la ciudad. Nanoha se ajusto la capucha resistiendo el viento frío que soplaba desde el mar, sus acompañantes hicieron lo mismo antes de acomodar sus alforjas para continuar.

"Nanoha" la suave voz de Rein hablo en su mente pero tenia un tono que la preocupo. La mago busco con la mirada pero no la encontró.

"No te veo desde Uminari, ¿Pasa algo Rein?" pregunto algo nerviosa, pero la respuesta del hada le llego a medias, las palabras distorsionadas, rotas.

"¿Rein?" Insistió Nanoha y en vez de la voz de ella escucho otra, una melodiosa voz que entro en su cerebro llenándola de una sensación extraña y nueva.

"Solo por esta vez, denme su energía" "Alicia espérame" "Bardiche, haz de este canto un milagro"

Nanoha sintió como su cuerpo comenzó a reaccionar ante el pedido de esa persona y como aquella vez en el duelo la energía carmesí que la rodeo apareció de improviso, Kuro respingo alertando a los demás quienes vieron a la joven derrumbarse a tierra, sus amigas se acercaron pero rápidamente recordaron que no debían tocar la energía que la rodeaba como un aura flamante, Nanoha cerró los ojos tratando de bloquear el susurro incesante de aquella voz, las palabras se repetían una y otra vez como una invocación desesperada.

—¿Que le pasa?— pregunto el guardia atemorizado por aquel espectáculo, la calle que estaba desierta se lleno de curiosos que salieron de sus casas viendo el resplandor que lleno de luz la oscuridad.

—¡Es un demonio!— gritó un poblador alertando a los demás.

—¡Mátenlo!— agregó otro, el guardia reaccionó y se puso delante del caído mago que continuaba a despedir energía, Arisa lo copió y Suzuka estaba con una mano lista a usar uno de sus preparados si era necesario.

La gente confundida observo a ambos espadachines con desdén y temor en sus ojos, el guardia tenia lista la espada para desenvainar pero sabia que atacar a un civil armado con solo lanzas o machetes no era honorable, aun así su misión era la de resguardar a la joven que desconocía guardaba semejante carga.

La luz que la rodeaba ceso de repente y la gente guardo silencio, Suzuka aprovecho el momento para acudir a su amiga quien yacía aparentemente inconsciente, el animo de la gente caldeado por la situación tan bizarra, nadie había visto nunca a un mago y la mayoría creció con leyendas que decían que lo sobrenatural era peligroso, maldito.

—Alguien la toca y lo destripo como a un pez— Amenazó Arisa, el pulgar izquierdo listo para empujar el mango de su katana, la mano derecha aunque firme le sudaba por la tensión. El guardia del consejo sonrió ante las grandes palabras de la joven mientras miraba alerta como esperando que alguien diera el primer paso. Suzuka reconoció con alivio que Nanoha solo estaba desmayada y luego se levantó para acercarse a ambos.

—Esto se esta saliendo de control, a mi señal cierren los ojos, yo tomare los caballos pero necesito que lleven a Nanoha— dijo la joven alquimista susurrando, los tres compartieron miradas de confusión y expectativa, después de un minuto asintieron preparándose para actuar.

Nanoha entre abrió los ojos cuando sintió una potente luz detrás de ellos, luego sintió como fue levantada en el aire con facilidad, no podía ver nada solo sentía gritos desesperados entre respingo de caballos y pisadas que aumentaban en velocidad. La mago no entendía que estaba pasando y lo único que recordaba era aquella suave voz que le sonó tanto a un canto en pena.

Mid Childa

En el palacio Azul había mas movimiento que de costumbre, la repentina visita de un representante de la Iglesia de Ruwella había alzado revuelo en cada rincón de la antigua fortaleza. Los diversos sirvientes culminaban con detalle cada tarea encomendada por uno de los consejeros del rey, un hombre alto y delgado; otrora miembro élite de la guardia que fue dado de baja por una herida de guerra y que ahora se encargaba de asuntos de envergadura real.
En la parte de arriba donde la torre del centinela se erguía vigilante a uno de los extremos, una joven miraba la plaza a través de un visor que engrandecía la imagen, acortando la distancia. En la plaza, mas de dos docenas de guardias habían sido congregados para asegurar la entrada del invitado de honor y a su vez un grupo mayor de ciudadanos se encontraban presentes esperando recibir algo mas que 'cambios' por parte de aquel incógnito representante.

La joven en la torre frunció el ceño cuando avisto el carruaje adornado con las banderas de su país que se abría paso entre la multitud, estaba fuertemente resguardado por seis soldados montados en briosos corceles, poseían una armadura dorada de caballería pesada que cubría cada centímetro de sus cuerpos. Incluso los caballos tenían un revestimiento del mismo metal dándole un aire aun mas acorazado y cerrado a la comitiva.
El símbolo grabado en la caravana era un pentagrama invertido que estaba encerrado en dos circulo con símbolos alrededor que nunca había visto. Su padre le comento que el hombre que venia pertenecía a la orden de la Iglesia en Ruwella, así que supuso era un tipo de amuleto.

"Parece que estuvieran protegiendo al mismo soberano de Ruwella" pensó la joven antes de bajar el visor de sus ojos café para volver.

Cuando llego a sus aposentos se encontró con una de sus damas de compañía, una muchacha que tenia el cabello casta o como el suyo, ojos azules que escondía tras gafas y un vestido simple de color celeste.

—Vaya pensé que no vendría a cambiarse su alteza— dijo la joven dirigiéndose a un enorme armario y abriendo las puertas busco sin prisa un vestido.

—No me digas así Shari, odio cuando lo haces— bufo la princesa tomando asiento sin mucha elegancia. Su dama de compañía -hija de la hermana de su padre- sonrió tomando un vestido al azahar para dejarlo en la enorme cama.

—Lo se, es tu castigo por llegar tarde Amy, ahora debemos apurarnos que tu padre espera en el salón del té— informó Shari, la princesa se levanto a regañadientes y se dejo ayudar con el vestido.

—¡Oh no! este es el que pica en las piernas, Shari, ¿Es otro castigo?— pregunto ajustando las medias por debajo de la prenda, su prima sonrió con mas gana asintiendo antes de tomar el cepillo.

Por unos instantes se mantienen en silencio, solo el sonido del cepillo alisando sus cabellos llenan su espacio, la princesa sabe que el encuentro con aquel representante es uno de suma importancia para su país, aparte de eso quería empeñarse por saber la política detrás de la 'Alianza', aquella que solo había traído confusión y descontentos.

"Los guardias están armados hasta los dientes" Amy susurro a Shari, no estaba segura que las paredes estuvieran calladas si mencionaba algo concerniente a Ruwella.

"Los he visto también, ¿Crees que tu padre dejara que te quedes para hablar de política?" pregunto la joven en voz baja, la princesa la vio a través del espejo y luego de un minuto.

"No, pero si uno se hace invisible entonces..." Shari detuvo su tarea para mirarla.

"Entonces haré los preparativos su majestad" termino diciendo Shari posando el cepillo para taparse la boca y reír de la cara de enojo que le brindo su princesa.

El salón para el té se encontraba en la parte baja del castillo, una amplia habitación elegantemente decorada: Tapices que narraban parte de la historia de Mid Childa se podían observar en las paredes, una alfombra ocre hacia de guía hasta los lujuriosos asientos aterciopelados que se agrupaban alrededor de una colosal chimenea tallada en la misma piedra que sostenía los muros. Las arañas de luz estaban hecha de madera y sostenían gruesas velas de color rojo, la habitación también poseía una vista hacia los jardines reales que ofrecían un armónico panorama de fuentes y vastos corredores de verde césped.
Fue en ese lugar que el carruaje se detuvo y la caballería desmonto, Clyde Harlaown junto con el Almirante Gaiz estaban de pie a una distancia prudente del soberano Prius con su hija, el consejero real y detrás un contingente de sirvientes que se mantenían alineados en dos filas a cada lado de la doble puerta de cristal.

Uno de los guardias abrió la puerta del lujoso carruaje y Amy observo como su padre se tenso visiblemente cuando descendió el invitado. Estaba vestido con un tipo de sotana de color pálido con bordados dorados, un cinturón marrón de piel cruzaba la cintura del delgado hombre que tenia el rostro adornado con una sutil sonrisa. Sus ojos tenían el mismo matiz de sus vestiduras, algo de contrastaba totalmente con el extraño color de su cabello.

—Es tan hermoso como dicen los rumores Majestad— el invitado dijo observando la estructura que lo acogería en su estadía. Con el comentario rompió el hielo y el rey se vio visiblemente mas relajado.

—Me honra con sus palabras Eminencia, sea bienvenido— Ofreció el soberano quien extendió su mano para sellar la diplomacia con un apretón de manos. Amy tenia sus ojos puestos en la medalla dorado con el mismo símbolo del carruaje que brillaba intensamente, la joven princesa hizo una nota mental de buscar el significado de aquello en la biblioteca de palacio.

Se acomodaron en los asientos y en seguida los sirvientes llenaron las mesitas con botanas dulces y saladas, mientras que otros comenzaron a circular con diferentes teteras llenas de diversas infusiones que humeaban, desplegando un aroma agradable por toda la habitación.
Amy permaneció de pie al lado de su padre que ya estaba luciéndose de su conocimiento en historia del arte y literatura; artes por las que su país era famoso.
El Almirante Gaiz estaba sentado al lado del Capitán de la guardia que se sentía mas que incomodo pero que debía estar presente por ordenes de su superior. Clyde hubiera preferido estar junto con sus soldados que estaban aun en la parte de afuera haciendo guardia pero como oficial al mando sus deberes iban mas allá del campo de batalla.
Luego de unos minutos Amy se excusó antes de abandonar el lugar y reunirse con Shari, los demás sirvientes también abandonaron el recinto por orden del rey y Clyde aprovecho para excusarse para controlar el exterior del castillo, su superior asintió dejándolo partir.

—Lat, asegúrate que estemos solos, luego te convocaré— dijo el soberano a su consejero, el ex hombre de guerra frunció el ceño pero solo se limito a asentir antes de abandonar el salón.

—El templo que pidió esta casi completo, hemos aumentado la mano de obra para terminar antes del previsto— Gaiz informó mientras servia otra ronda de té a falta de sirvientes. Scaglietti sorbió de su taza con las maneras de un propio soberano y se acomodó en el respaldar de la silla.

—Se llama Iglesia Almirante, no lo olvide, nuestro Dios es el único como lo será muy pronto el de Uds.— dijo el Cardenal sin borrar su sonrisa. El Almirante evito mostrar su falta de paciencia hacia tal personaje y asintió complaciente. El rey prefirió observar su humeante taza de té sintiéndose intimidado por la presencia del Cardenal y sus palabras.

—Ésta será como su castillo, el icono del sur, así la sede de nuestra religión se extenderá muy pronto también a los nómadas y quien sabe, hasta aquellos bárbaros del norte adopten algo de civil— dijo emocionándose con sus propias palabras. Gaiz se removió en su asiento no pudiendo leer al hombre frente a él; la extravagancia de sus ademanes eran habituales pero el brillo de sus ojos al hablar de sus creencias era desconcertante.

—Los nómadas son un pueblo hostil Eminencia, no aceptaran creencias mas allá de sus flechas y alabardas— replicó el hombre de guerra, Prius fijo su mirada en el Cardenal que sonrió cerrando los ojos.

—¿Sabe como convencer una raza que no cree en nada Almirante?— pregunto de repente, el rey sintió un calosfrió con las palabras de aquel supuesto hombre de paz. Gaiz agudizo la mirada evitando fruncir el ceño.

—Yo tengo mas de cinco mil razones, cinco mil razones que en este momento están marchando hacia acá— termino el Cardenal posando sus pálidos ojos, fulgurantes de malicia sobre ambos. Tanto Prius como Gaiz intercambiaron una mirada.

—Mid Childa apoyara su campaña Eminencia y su ejercito sera bienvenido— dijo el soberano recalcando su alianza. El Cardenal sonrió a medias tomando el talismán de su cuello entre sus dedos.

Detrás de la gran chimenea, los corredores húmedos que serpenteaban por todo el castillo eran perfectos para quien pretendía conocer que secretos resguardaba la piedra y quien tuviera la paciencia y sabiduría de leer palabras en el viento. Amy escucho aquellas palabras del hombre extranjero, su compañera encontró su mirada cargada de la misma pregunta que ambas se negaron a formular, ¿Cual era el propósito de la Alianza? y Amy se debatió si su padre sabía la verdadera intención de Scaglietti.

Shari puso una mano en su hombro indicándole que era mejor volver, su prima la siguió y espero que ella activara la luz que se ilumino en el pequeño contenedor de vidrio cuando agregó unos polvos de su creación. Shari era alquimista, aprendió el arte de su abuelo, el hombre que fue expulsado de sus tierras presuntamente por traición. Si Amy y su familia no intervenían seguramente el castigo hubiera sido mas severo, su abuelo el antiguo rey no era bondadoso como su padre.

Bajaron unas angostas escaleras en espiral que las guió hacia un laberinto de muros que ambas sabían de memoria, giraron unas cuantas veces en puntos que ellas marcaron con algo de pintura invisible (cortesía de Shari) y por ultimo empujaron un muro que se movió con un sonido gutural que hizo eco en todo el lugar.

Llegaron a una habitación llena de anaqueles, que a su vez sostenían interminables filas de libros en un lado y botellas de todos los tamaños en otro. Habían mesas que sostenían alambiques y otros artefactos, los apuntes descansaban en un escritorio tan viejo y apolillado en medio de la habitación. Una joven que estaba escribiendo sobre un cuaderno que reposaba en éste alzo la mirada cuando ambas entraron. Ambas lucían preocupadas y la joven que era menor se vio contagiada, se acerco a ambas.

—Debemos actuar, Alto trae la pluma especial y el mejor papel que encuentres— Shari sonrio escuchando las indicaciones de la princesa, Alto de cabellos cortos y algo despeinados asintio y cuando iba a partir Amy agrego.

—Ah, y el mejor libro de poemas de la ciudad— dijo la joven sonriendo traviesa, Alto intercambio la sonrisa y desapareció entre los anaqueles polvorientos.

Clyde Harlaown agradeció en silencio a Gaiz por dejarlo ir tan fácilmente y pronto se vio caminando entre el camino empedrado que separaba el césped para alcanzar el portón de hierro y reunirse con su pelotón. El gentío fuera se había reunido en la plaza ante uno de los representantes de 'La Rebelión' que reconoció como Verossa Acous, estudiante de arte y conocido juglar. Clyde no tuvo que verlo sino escucharlo para saber que era él, siempre con las mismas palabras agudas que usaba con destreza, con el tono de voz alto y terminación clara.

—Capitán señor, todo tranquilo, hemos acordonado la plaza por si quieren demostrar algo mas— Informo su sargento a cargo, el joven espero la señal de aprobación antes de retirarse a su puesto. Clyde salio del corredor hacia la plaza montado en su brioso caballo blanco, guió lentamente al caballo caminando entre la gente que le abría el paso reconociendo su rango de héroe.

Verossa lo observo por el rabillo del ojo y mientras hablaba le hizo una señal que denoto una silenciosa tregua que fue aceptada por ambos.

Avalon

Zafira cruzo la barrera mágica que separaba su mundo del fantasmal bosque que servia de escudo para ocultarse. Halando la carreta sin mucho esfuerzo, el lobo la guió hasta llegar al claro que reconoció como su hogar.
Avalon era una ciudad perdida en medio del bosque que todos temían, creada por antiguos magos, primero como refugio a las constantes guerras que acosaban el sur, luego como santuario de todas las criaturas sin un pasado que recordar.
Los arboles servían de columnas para las casas que pendían de ellos desafiando la gravedad, habían puentes colgantes que los unían entre si y escaleras talladas en los troncos. Las viviendas eran compartidas por dos o mas miembros de la comunidad, todos tenían en común el poder mágico que practicaban con libertad a toda hora sin las inhibiciones que los obligaron a escapar de su país de origen.
En el centro de la peque a ciudad se encontraba una fuente de agua que se originaba naturalmente y emanaba constantemente abasteciendo a todos por igual.

—¡Zafira ha vuelto!— grito un niño pelirrojo alertando a sus compañeros quienes al ver al lobo con la carga corrieron a satisfacer su curiosidad. Pronto el estoico guardián se vio rodeado de los mas jóvenes, los mas osados liderados por el pelirrojo de nombre Erio, comenzaron a ocuparse de los fardos de pieles mientras que los demás observaban con cautela y pasaban los bultos en una cadena de manos que llegaban hasta la fuente.

—¿Donde esta Hayate? pregunto una niña de ojos bicolor, de la mano tenia a una mas pequeña con la misma cualidad que la mayor. Zafira cambio a su figura humana para ayudar a los niños.

—No debe tardar— contesto brevemente.

—Vivio no ha dejado de llorar desde que se fue y la abuela dice que el viento no se mueve en lo alto— dijo la niña mas grande refiriéndose a la pequeña rubia que tenia de la mano, Zafira observo ésta ultima con suavidad, todos decían que tenia un débil por la pequeña de los ojos rojo y verde.

—Vamos te llevare con ella— dijo el robusto guardián suavizando aun mas su expresión, Vivio dejo de gimotear y se limpio los ojos con sus manos antes de coger la de Zafira. Tu también Einhard invito a la mayor de las dos sabiendo que no podían estar separadas mucho tiempo, ambas eran las ultimas sobrevivientes de su clan y los horrores que presenciaron tardarían en desaparecer de sus corazones.

El lobo sirvió a manera de corcel a ambas niñas que no representaban mayor peso de su propio pelaje, las dos se sujetaron fuertemente de la suave melena azul y el guardián entendió que podía comenzar el ascenso. La rampa que utilizo normalmente la usaban los niños que tenían miedo de subir por el tronco y sus escaleras flotantes pero que servia bien cada vez que llevaba a un rapaz de paseo. Afuera de la cabaña que estaba en lo alto de la rampa en espiral estaba la anciana mago que reposaba sobre una mecedora tejiendo canastas, sus manos entrelazaban sin mirar el trabajo, atenta a los niños que correteaban debajo. Zafira se detuvo para saludar cosa que imitaron las niñas con entusiasmo, la buena Midget era la persona que cuidaba de todos los mas jóvenes y normalmente se la podía encontrar tejiendo o haciendo algún tipo de utensilio; ella misma decía que las cosas hechas con tus propias manos tenían aun mas valor que el oro mismo.

—Tengan cuidado y aferrense bien de Zaffi— dijo Midget haciendo que las niñas repitan el apelativo cariñoso del guardián quien agradeció que estaba en su forma de lobo y evitar el sonrojo. Zafira tosió como acallando su vergüenza.

—¡Si!— contestaron al unisono obedientemente, Midget sonrió deteniendo brevemente su labor

"Vivio tiene la misma sensibilidad que yo cuando pequeña, no se muy bien que es porque mi poder me engaña a veces pero" detuvo la comunicación mental un segundo para acercarse a ambas niñas y acariciar sus mejillas rosadas con ternura.

—Cada vez están mas grandes, cuando vuelvan les contare la historia del Dragón y la sacerdotisa— termina la anciana palmeando la cabeza de Vivio quien sonrió.

"Hay una vibración en el aire que no me gusta" dijo Midget antes de volver a su mecedora y la canasta.

—Te traeré flores para la canasta abuela— Einhard agrego con entusiasmo y fue rápidamente asegundada de Vivio delante suyo.

"Entiendo, tendré cuidado y me mantendré en contacto" Zafira respondió mentalmente y luego giro para continuar hacia el mirador.

—Hasta luego niñas, Zaffy tráelas antes de la cena— Zafira reprimió un calosfrió al escuchar ese nombre que solo Midget sabia usar pero se concentro en lo que le dijo la anciana mago y siguió su camino.

Hayate había rastreado con ayuda del viento y el bosque al caballo viejo que escapo de sus humanos, lo encontró en uno de los pocos claros que conducía el arroyo, tal y como lo presintió debía beber luego de semejante despliegue de energía.
No tardo mucho en tomar confianza con ella hasta dejarle montar sobre él, era tal vez la voz suave de la muchacha lo que conquisto al jamelgo o quizá la magia de aquel bosque sin nombre.
Emprendió el retorno hacia Avalon con premura, disfrutando de las sombras sobre su cabeza y el olor a pino del atardecer. La joven no necesitaba decirle al animal a donde ir pues era el bosque quien los guiaba como un padre lo haría con su hijo.
El pulso del bosque latía al unisono con el suyo, la afinidad que comprendía su tarea era imposible de explicar con palabras, solo aquellos que estuvieron antes de ella sabían la clase de poder y carga que su don le conllevaba.

"Zafira, di a todos que tenemos un nuevo amigo, su nombre es Turk y es casi tan viejo como la abuela" la Mago se comunico con su compañero. El jamelgo respingo por el titulo que le dio la joven en su lomo y ésta respondió con una risa ahogada.

Espero la respuesta que nunca llego, en vez de eso dentro de su mente se creo un tipo de zumbido, algo que interfería con la comunicación mental que trataba de proferir.
Pronto sus sentidos se bloquearon hasta el punto de no saber en donde estaba, como si de repente la hubiesen borrado de la tierra, el zumbido se convirtió en un susurro que poco a poco tomo forma, la forma de un nombre.

"Alicia, espérame" "Bardiche haz de este canto un milagro" escucho embargada de una sensación de vacío y temor. Temor que se incremento al denotar que era ajeno a ella misma, aquella voz era la dueña de aquel poderoso sentimiento. Hayate se sintió desfallecer ante la carga emocional al que fue expuesta pero en su turbulento delirio pudo decidir que el mago que lo origino era uno con mucho poder.

Se sujeto de Kurt como pudo, la crin del caballo su única conexión con la realidad, éste respingo teniéndola despierta y la joven le agradeció mentalmente exhausta.

" ¿Quien eres?" pregunto a la laguna de pensamientos y sensaciones que seguían apoderándose de su energía, lo que fuere, la estaba drenando lentamente y Hayate sabia que le quedaba poco.

—Avalon— Hablo luego de interminables minutos que parecieron horas para ella, estaba aun con el cuerpo entumido y la mirada algo borrosa, los sonidos del bosque los escuchaba lejos pero al menos estaba consciente. El viejo caballo había detenido el paso cuando sintió el peso de Hayate sobre su cuello, la mago no tenia fuerzas para reincorporarse y su respiración parecía ser cada vez mas profunda. El animal respingo suavemente y entendiendo el pedido inaudible de la joven comenzó a galopar, Hayate se agarro como pudo cuando un fugaz resplandor llamo su atención, la protectora del bosque sonrió abandonándose a la oscuridad que la recibió en silencio.

—Fate, ¿Estás ahí? ¿Es que no puedes salir?— La pequeña de unos seis años de edad pregunto a su hermana quien al igual que ella poseía ojos cual rubíes y cabello dorado. Fate estaba en lo alto de la torre pegada a la puerta de espaldas, al escuchar la voz de su hermana sonrió con algo de tristeza y pego su mano en la superficie de madera tratando de imaginar el contacto con la pequeña igual a ella.

—Ella...Madre no quiere que estemos juntas, no deberías estar aquí Alicia, se molestará y entonces...— Alicia que tenia una capa con capucha de color azul apoyo su mano en la puerta imitando inconscientemente el gesto de su hermana al otro lado.

—Es por él, todo es su culpa, yo no permitiré que te pase nada Fate, prometo que lo arreglaré— dijo la pequeña con determinación en su infantil rostro. Su hermana sonrió por sus palabras pero sabía dentro suyo que las cosas para ambas solo irían de mal en peor. Fate sintió como Alicia comenzó a hacer un conjuro susurrando las palabras que ambas sabían de memoria, luego de unos momentos el hechizo de la puerta se había roto crujiendo levemente como prueba.

Fate agrando los ojos con alegría al darse cuenta que en efecto pudo mover el pesado picaporte que se quejo al compás de su movimiento. Alicia empujo ayudando a su hermana y pronto ambas se abrazaron como si no se hubieran visto en años. Alicia era la mayor de las dos pero de menor estatura, aunque ambas vieron el mundo por primera vez el mismo día, eran diferentes en todo aspecto, lo único que compartían aparte la similitud física era la necesidad innata de estar juntas.

—Huyamos de aquí Fate, a un lugar donde nadie nos encuentre— Alicia dijo de pronto luego de romper el abrazo, su hermana la miro con incredulidad y algo de esperanza, tomo sus manos entre las suyas.

—Alicia, si estamos juntas estará bien, ¿verdad?— pregunto la menor atemorizada, las manos de su hermana apretaron las suyas asegurandole el mundo si era necesario. Alicia asintió con firmeza y Fate sonrió mas segura.

"Pero nada es como en los cuentos ¿verdad Alicia?, ese día Madre nos encontró primero y te llevo lejos de mi para encerrarme, nunca entendí el porque me odiaba así tanto"

El sueño se desvaneció en su mente y luego de unos instantes la mago sintió el cuerpo muy pesado y adolorido, trato de moverse en vano pero al cerrar el puño en impotencia aferró algo que se deshizo entre sus dedos

"¿Qué es?" se pregunto estirando la mano para poder sentir algo mas que dolor, sus ojos se entreabrieron pero una luz brillante la obligo a cerrarlos nuevamente, quiso hablar pero lo que le salio en vez de voz fue una especie gruñido, estaba rendida.

"Bardiche, creo que me excedí" reflexiono dejándose envolver de aquel calor que no sabia de donde venia, estaba acostumbrada al frío de la piedra que conformaba su prisión, sus manos apretando aquel material que noto era también ajeno a su realidad.

"Sera posible que yo..."

Un ladrido la distrajo de sus cavilaciones, un ladrido que no escuchaba tan seguido pero que reconocería de inmediato. Como para afirmar sus suposiciones, la nariz húmeda de Arf le roso la mejilla. Quería abrir los ojos ahora mas que nunca pero sus parpados parecían de plomo, ni siquiera logró acariciar al Famiglio y sabia que la comunicación mental la dejaría inconsciente.

—Mira aquí—

—¡Vengan rápido hay alguien!— Pudo distinguir dos voces, la primera era una mujer y la segunda un hombre, las primeras voces diversas a su propio eco.

—Está viva, rápido tenemos que llevarla al campamento— escucho mas voces y el ávido ladrido de su fiel compañera que hizo eco, alguien trato de darle agua la cual trago por inercia mas que por necesidad, luego se sintió como flotando al ser alzada por alguien y fue en ese momento que lo supo.

"Soy libre" pensó, entre la algarabía de los extraños ayudándola y la fuerte luz que asimiló como el mundo real, una lagrima escapo de sus ojos y con una sonrisa se entrego al sueño una vez mas.


Bueno hasta aquí el segundo capitulo, espero les guste y que haya aclarado las cosas. Criticas constructivas bienvenidas y a los que no gusta esperar por el romance lo siento mucho, hay muchos fics en donde hay mucho Fluff desde el principio pero este no es uno de ellos, tengan paciencia y buen humor...Ciao.