Holaaaaaaaaaaaaa.
Bueno en primer mil gracias a todos aquellos que leyeron este fic, me hace muy feliz que la historia este gustando.
Inuyasha y sus personajes no me pertenecen sino a la gran Rumiko.
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El viento mecía su cabello, no podía quitar la mirada del ser que se encontraba en frente, esto no podía ser, su corazón se aceleró tanto que sentía que en cualquier momento se le saldría del pecho, tantas emociones se arremolinaron en ese momento, mientras sus labios solo pudieron pronunciar su nombre.
- Sesshoumaru
Un largo silencio se apodero del ambiente, en estas circunstancias la azabache no podía pensar con claridad, no quería encontrarse con él, no ahora, aunque se alegraba que la técnica que aprendió ocultara perfectamente su estado, mas no había tenido en cuenta que si ella recordaba la noche que compartió con el daiyoukai, podía ser recordado también por este, al principio pensó que no le importaría, no sabía que iba a pasar, seria acaso que el Inu peliplateado quisiera ¿Matarla? Abrió los ojos más de la cuenta con horror, la sola idea la hizo retroceder dos pasos hacia atrás.
- ¿Por qué estas aquí? – Un débil susurro se escuchó, mas su mirada demostraba determinación, si ese fuera el caso, ella no permitiría que le pusiese una mano encima, no señor.
Dos semanas, al fin había decidido ponerle fin a su inquietud y quien mejor que la sacerdotisa para resolver algunas de sus dudas. La observo con detenimiento, por un momento percibió miedo, seguido de una fuerte determinación, le sorprendía que la chica humana cambiara tan rápidamente sus emociones, pero no era momento para detenerse en esos aspectos, aquí lo que importaba era ponerle fin de una vez por todas a ese vacío de su mente y por alguna razón sentía que debía solucionarlo, dado que su instinto le indicaba que probablemente se desencadenaría algo de gran importancia.
- Miko – Kagome le observo fijamente - ¿Qué sucedió después de que aquella youkai me lanzara aquel veneno?
- ¿Eh? – La chica se puso roja, era un manojo de nervios, esperaba que le explicase lo sucedido, como si fuera tan fácil, pues que podía decirle "veras, por los efectos del maldito veneno ese, tu y yo terminamos teniendo una apasionante noche" Sin duda ese sería su boleto al otro mundo y si ya lo sabía para que lo preguntaba, esperen un momento a menos que….
- ¿Tu no recuerdas nada de lo que sucedió después?
- Hmp
Esta Miko era realmente parlanchina, de todos modos tenía que aguantarla si quería enterarse.
- ¿Qué es lo último que recuerdas? – El demonio la miro irritado, ¿Era enserio? Solo quería su maldita respuesta, mas no tenía alternativa.
- A mí en un río, al día siguiente – Kagome suspiro con alivio, entonces el Daiyoukai no se acordaba de nada, estaba agradecida, alguien ahí arriba debía amarla, pero que podía decirle, "Oh esta es la situación más bizarra que he pasado, piensa Kagome, piensa en algo convincente".
- Bueno, esto….
El demonio le indicó con la mirada que prosiguiera, mas Kagome no sabía qué hacer, se tomaba la cabeza de manera cómica, por otro lado el demonio pensaba que los humanos eran unas criaturas realmente extrañas.
- Después de aquello te caíste al suelo, seguramente eran los efectos del veneno – Se detuvo, de repente la invadió una ola de dudas, ¿estaba bien lo que hacía? Podía mentir, luego el ambarino se iría una vez saciada sus dudas, sin embargo, que había de su hijo, también era una parte de Sesshoumaru, tal vez, solo tal vez, si se lo dijese, él no lo tomaría tan mal y su pequeño hijo tendría a su padre, era consciente de que ella ni él se amaban, mas este pequeño los unía, entonces por qué no arriesgarse.
- Ningen, no tengo todo el día – El ambarino le lanzo una mirada fulminante.
Kagome se detuvo, la palabra "ningen" resonó una, una y otra vez en su cabeza, claro, como podía ser tan ingenua, no debió considerar siquiera la idea, para Sesshoumaru ella solo representaba a un despreciable humano, la sola idea de tener un cachorro con ella le parecería repugnante, la mataría, en cuanto lo supiera la mataría, el despreciaba a su padre por fijarse en la madre de Inuyasha, entonces por qué habría de ser diferente con ella.
- Tu mirada parecía perdida, pareciese que no podías moverte, murmuraste algo como que tus sentidos estaban bloqueados, al poco tiempo te moviste, solo te levantaste y te fuiste – Que fácil, estaba hecho, eso era lo que el demonio quería escuchar, pero ella no se sentía bien – Eso es todo, no se mas – Le sonrió, mas por dentro solo deseaba que Sesshoumaru se fuera, entonces podría perderse en sus pensamientos.
- Hmp – Así que solo eso pasó, se movió dispuesto a irse.
- Al menos podrías ser agradecido, Inu-idiota – Murmuró, el demonio lo escucho claramente, frunció el ceño ante la osadía de esa mujer, no sabía que pensar de la sacerdotisa, si era estúpida o valiente, más la dejaría vivir como pago por la información brindada y procedió a convertirse en una esfera de luz.
- Sesshoumaru yo…. – No la escucho esta vez, la esfera empezó a alejarse – Estoy embarazada, también es tu hijo – Una lagrima resbalo por sus mejillas, consciente de que ya se había marchado, que no la escuchaba, mas sus palabras no querían detenerse.
- Si tan solo fueras diferente, entonces te lo habría dicho, pero no te conozco, solo son casuales nuestros encuentros, tu odias a los humanos, no lo aceptarías, sin embargo yo, yo tengo que protegerlo – Cayó de rodillas al duro suelo – Me siento tan mal, porque demonios en estos momentos me siento tan culpable, maldito imbécil, que le diré cuando este bebé crezca y pregunte por ti – Formo un puño con su mano derecha y golpeo el suelo - ¡Sesshoumaru!
No estaba acostumbrada a decir tales palabras, es solo que se sentía tan vulnerable, no tuvo el valor de decírselo, temía que este le hiciese daño, a ella y a su cachorro.
No muy lejos de allí, Sesshoumaru se detuvo, volteo la mirada exactamente hacia donde se encontraba la miko, sintió como si alguien lo llamase, no, solo imaginaciones suyas, no obstante sabía perfectamente que esa sonrisa de hace rato era completamente falsa.
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Inuyasha yacía pensativo, en realidad uso todo su autocontrol para no cometer una estupidez en cuanto su preciada compañera le dijo que estaba esperando un cachorro, peor aún, de su detestable medio hermano, en realidad se sentía frustrado, de no haberse descuidado, aquel pajarraco no lo hubiese alejado del grupo, por tanto Kagome no hubiese terminado en esta situación.
- Fallé, Por mucho que digas lo contrario Kagome – Apretó sus puños y sus palabras se perdieron con el viento. Observo detenidamente el movimiento de las hojas de los árboles del bosque.
- Ese aroma es de – Si, su olfato le permitió percibir ese olor tan conocido para el – Kikyo – Como tantas veces lo hizo, corrió hacia ese aroma.
- ¿Qué te trae por aquí Inuyasha? - Ella recostada bajo un frondoso árbol, mientras sus serpientes le entregaban las preciadas almas que le permitían moverse.
- Solo quería verte – No mentía, después de todo Inuyasha amaba a aquella mujer.
La sacerdotisa se alegró por lo dicho mas no lo demostró, en cierto modo la invadió la nostalgia, pensar que pudo ser feliz, sin embargo le arrebataron esa oportunidad, ahora su único objetivo era el darle fin al causante de todo esto.
- No luces muy bien que digamos – Una de sus serpientes la envolvió - ¿Qué sucedió?
El hanyou se debatió si debía decirle o no, si lo pensaba, él no poseía derecho alguno a andar divulgando las cosas de Kagome, pero tenía un mal presentimiento de todo esto.
- Kagome está preñada – Kikyo abrió los ojos más de lo normal.
- ¡Vete! – Acaso vino a comunicarle ese acontecimiento, que pretendía Inuyasha, se levantó bruscamente, debía irse de aquí.
- Espera Kikyo – El peliplata hizo un ademan de detenerla - ¿Por qué reaccionas así?
- ¡Déjame en paz! – Agacho la mirada, su flequillo le cubrió la mirada, que por que reaccionaba así, era obvio, a quien le gustaría saber que el ser al que amas va a tener un hijo con otra, dolía, claro que dolía, hubiese sido mejor que no se lo dijese.
- No es lo que piensas – Después de pensarlo, Inuyasha cayó en cuenta que la chica en sí, podría estar malinterpretando sus palabras.
- Solo vete – Kikyo se permitió a si misma mostrar sus propias emociones –Será mejor que no vuelvas nunca más, si vas a ser padre, entonces asume tu responsabilidad, en estos momentos deberías de estar cuidando de mi reencarnación – Por mucho que quisiera odiarla con todo el corazón, no podía hacerlo, esa chica era alguien a quien no se podía aborrecer tan fácilmente, la envidiaba, ella tenía vida, siempre estaba al lado de Inuyasha, mas esto acababa de formar una gran brecha entre el Hanyou y ella.
- Kikyo – Rayos, sí que había malinterpretado sus palabras – El padre del cachorro de Kagome no soy yo.
- Mientes – Su reencarnación estaba enamorada de Inuyasha, como esperaba que creyera en sus palabras – Esa jovencita está enamorada de ti.
- Ah demonios – Inuyasha se sentó en el suelo – ¡Todo sucedió por la culpa de una youkai, la cosa es que Kagome espera un cachorro del maldito de Sesshoumaru!.
- ¿Queeeeeeee? – Casi grito, ni en sus más locos delirios hubiese pensado que podía pasar – Kikyo se acercó y tomó su frente – No tienes fiebre, será que estas borracho.
- ¡Te digo la verdad! – Inuyasha estaba molesto.
Hizo tantos berrinches, hasta que al fin procedió a contarle todo a su primer amor, empezando desde el ataque de la youkai esa, hasta la decisión que había tomado la pequeña miko Kagome.
- Será mejor que la cuides – Una sacerdotisa y un demonio, tenía un mal presentimiento.
- ¿Qué quiere decir con eso?
- Las sacerdotisas y los demonios son enemigos por naturaleza, sus poderes se repelen entre sí, Sesshoumaru es un Daiyoukai de gran poder…..
- Eso que tiene que ver, yo soy mejor que el – Menciono molesto, interrumpiendo de paso a Kikyo.
- Es…
- Le he vencido muchas veces
- Como te…..
- El bastardo jamás lograría vencerme.
- Decía que….
- Incluso estuve a punto de matarlo una vez, de no ser por colmillo sagrado estaría bien muerto – Inuyasha desenvaino a Tessaiga e hizo gala de sus habilidades – Ahora que lo pienso mejor, ¡Debí haberlo matado en aquel entonces, maldición! – En abrir y cerrar de ojos Inuyasha yacía pegado a un árbol, con varias flechas alrededor.
-¿Ya terminaste? – Ahora entendía por qué su reencarnación lo sentaba tantas veces con aquel conjuro, Inuyasha podía sacar a cualquiera de sus casillas, además era tan infantil, estaba tan enojada, pero no lo demostró.
- ¿Por qué hiciste eso? – Rugió.
- Puedes callarte un momento Inuyasha – Se recargo en el árbol otra vez – Veras, no habría ningún problema si Kagome no fuese una sacerdotisa.
- ¿A dónde quieres llegar? – Ese mal presentimiento se alojó otra vez en su pecho.
- Nunca he escuchado de un caso como el de mi reencarnación y un demonio del nivel de Sesshomaru – Kikyo dirigió su mirada a Inuyasha – Es solo que tengo un mal presentimiento.
- Yo tengo el mismo presentimiento – ¿Seria que algo muy malo estaba a punto de suceder?
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Tres semanas después, el usual grupo descansaba en medio del bosque, durante el transcurso del tiempo, Inuyasha y su grupo se movilizaron, como siempre decidieron ir a por los fragmentos restantes de Shikon, tuvieron éxito en cuanto a eso, ahora mismo volvían a la aldea de Kaede, solo faltaban pocos pasos para llegar, por otro lado la pequeña Miko había empezado a tener mareos y nauseas más seguidamente, en ocasiones se sentía muy cansada, justo como pasaba ahora.
- Ya no puedo más, se siente como si mis energías hubieran sido drenadas completamente – Lloriqueaba la azabache en el suelo, incapaz de dar un paso mismo.
- Tu perro tonto, ve a ayudarla – Ordeno Shipou
- ¿Te crees que soy algún tipo de sirviente? – Inuyasha le dio tremendo golpe al pequeño zorrito.
- Me duele, me dolió mucho – Se quejaba Shipou – Eres un perro desconsiderado.
- Inuyasha, Shipou tiene razón, la señorita necesita ayuda – Secundó el monje Miroku.
- Además ya no falta nada para llegar a la aldea, así que apresúrate – Sango estaba furiosa, la razón, simple, hace tan solo unos minutos el monje libidinoso se había propasado con ella.
- Ya voy – Inuyasha fue con la azabache y la tomo al estilo nupcial – Oye Kagome.
- Dime
- Pesas – Sin duda Inuyasha no sabía lo que eso ocasionaría, Kagome se bajó de los brazos de Inuyasha y sin más se puso a llorar, otra cosa que le empezaba a suceder a la miko, eran sus constantes cambios de humor.
- ¡Inuyashaaaa! – El aludido se volvió pequeñito, el aura de Sango era realmente aterradora, tanto que Shipou y Miroku retrocedieron varios metros atrás - ¡Que le hiciste a Kagome! – Avanzó a zancadas hacia su víctima.
- Yo n-na-da Sango, lo juro – Sango le daba tanto miedo en estos momentos
- Ho, entonces porque está llorando – Una sonrisa aterradora se formó en su rostro, sus ojos brillaban de maldad pura. Al cabo de unos segundos se oyó un ruido sordo, su preciada amiga azabache se había desmayado.
- ¡Kagome! – Gritaron todos al unísono.
Se acercaron rápidamente, el Hanyou la tomo en brazos y se dirigieron a la aldea de la anciana Kaede.
- Así que se ha desmayado, es normal, por lo tanto estén tranquilos – Decía la anciana mientras observaba a la miko menor – Y díganme, que ha pasado en este tiempo.
- Conseguimos dos fragmentos de la perla de Shikon – Menciono el Monje – Además, Naraku nos atacó en una ocasión, pero ha desaparecido nuevamente.
- Así que decidimos volver – Inuyasha mantenía la mirada fija en la joven que dormía tranquilamente.
- Últimamente Kagome se ha sentido muy mal – Para Sango una cosa no era normal – Se cansa demasiado, siempre dice que siente como si sus energías fueran drenadas completamente, eso me intriga.
- Ah – Se oyó un quejido, seguido de un fuerte descontrol de reiki, tanto que Shipou, Kirara e Inuyasha se retorcieran de dolor.
- ¿Qué está pasando? – Apenas pudo mencionar Inuyasha – Kagome.
- Salgan de aquí inmediatamente – La anciana, Sango y Miroku se acercaron rápidamente a la pequeña azabache, mientras los demás se alejaban a duras penas.
- ¿Qué sucede? – Sango estaba tan preocupada.
- Su energía se descontrolo por un momento - Kaede tampoco sabía que estaba sucediendo – Sin duda esto no es normal.
Todos la miraron preocupados, incluso aquellos que poseían poderes demoniacos, cuando sintieron que la descarga de reiki había ido disminuyendo poco a poco, ellos pudieron entrar.
- ¿Estará bien? – Pregunto Shipou con un rostro melancólico.
- Por el momento está bien Shipou – El monje se hacía una idea de lo que podía estar sucediendo, pero no podía decírselo a los demás sin estar seguro.
- Kagome – Inuyasha sentía impotencia, en estas circunstancias no podía hacer nada por ella.
Pasaron dos días desde aquel acontecimiento, la miko proveniente del futuro no había despertado, constantemente se generaban esos descontroles de reiki, la azabache se quejaba en ocasiones, el grupo no sabía cómo ayudar a Kagome, esta demás decir que estaban preocupados, incluso Inuyasha había destrozado uno que otro árbol, se sentía frustrado, de hecho todos los demás lo estaban, la noche pasada Kagome no movió un dedo, ni siquiera su reiki se volvió a descontrolar, el resto no sabía si ese era un buen indicio o todo lo contrario.
Sin embargo su espera se había terminado, Kagome despertó, se sentía cansada, como si no hubiese dormido nada, tan solo deseaba sumergirse en un profundo sueño otra vez.
Al rato oyó las voces provenientes de sus amigos, la saludaron, mas algo le llamo la atención, la mirada que le dedicaban.
- ¿Cómo te sientes mi niña? – La anciana se acercó a ella y le ofreció comida – Kagome quiso tomar el plato más le costó demasiado esfuerzo, estaba hambrienta, lo tomo con cuidado y le extraño el ambiente tenso que se formó alrededor, una vez terminada la comida, ella preguntó.
- Chicos - Se acomodó como pudo - ¿Qué sucede?
- Kagome – Inuyasha se sentó a su lado – Has permanecido dos días dormida.
- ¿Qué?
- Esa noche tu reiki se descontrolo – En un acto reflejo, Kagome se llevó sus manos a su vientre.
- ¿Dos días?
- Así es señorita, más la noche pasada no volvió a suceder – Explicó el monje Miroku.
- Pero, Porque me sucedió eso – Kagome no sabía que pensar.
- Yo puedo responder a eso – En la puerta se vio a una mujer bastante conocida por ellos, todos se impresionaron.
- Hermana – La anciana no pudo evitar preocuparse aún más.
- Kikyo – Inuyasha y el resto no daba crédito a lo que sucedía, la miko nunca se había presentado en la aldea a plena luz del día, al menos no estando todos allí.
- ¿Tu sabes lo que me sucede? – Kagome necesitaba saber a o que se enfrentaba.
- Hace tres semanas, Inuyasha me contó lo que sucedía contigo – Kikyo procedió a sentarse, esto iba a ser largo – Al paso que vas, tu bebé terminara muriendo - Esa palabra hizo eco en la mente de Kagome, su mirada perdió brillo por un instante.
- Eso no, por favor no – Kagome apretó su puños con fuerza – Debe haber alguna forma de salvarlo por eso…
- Sería mejor que muriera o tu vida correrá riesgo de muerte – Esa frase causo conmoción en el grupo, pero aquellos que conocían tan bien a la azabache, podían adivinar su respuesta.
- ¡Eso jamás! – Vocifero - ¡Prefiero morir!
- No seas testaruda, podrías morir, no existe alternativa, si decides seguir con el embarazo ambos morirán – Menciono su antecesora con una voz dura y sin sentimientos.
- ¿Qué es lo que ocasiona eso? – Pregunto Sango, no quería pensar en a sola idea de que su amiga muriera, si sabía las razones tal vez hallaran una solución.
- Tu eres una sacerdotisa y el un demonio de gran nivel – Miro al hanyou peli plateado – Ya se lo dije a Inuyasha, los demonios y las sacerdotisas son enemigos por naturaleza, sus energías son opuestas, se repelen entre sí.
- Quieres decir que mi cuerpo lo rechaza – No podía ser posible, se sentía tan culpable, si tan solo no tuviese aquellos poderes, en estos momentos deseo con toda su alma no tener aquella energía sagrada.
- Así es, además ese pequeño posee poderes demoniacos, te demanda demasiada energía, pero resulta que tú tienes una energía completamente opuesta que se ha ido incrementando bastante desde el preciso momento en que llegaste aquí y eso sin considerar el sello sobre tus poderes que aún permanece.
No supo en que omento, sin embargo Kikyo tenía a Kagome frente a frente, esta le rogaba con la mirada.
- Por favor Kikyo, dime si existe una manera, por mínimo que sea – Sus ojos se cristalizaron – Yo haré lo que sea, no quiero perderlo.
- Kagome – El resto solo pudo pronunciar su nombre, esta era una vil pesadilla, ninguno podría siquiera que una chica tan vivaz, tan alegre como Kagome desapareciese de sus vidas, merecía ser feliz.
- Existe una, mas no te puedo asegurar que sea efectiva, en el peor de los casos puede que no cambie nada, pero tú no cuentas con el apoyo de aquel Daiyokai – Kagome se sorprendió al escuchar aquellas palabras, sería que Sesshoumaru podía ayudarla.
- Dime que tengo que hacer – Si existía una posibilidad, por mínima que fuera, haría todo lo posible para conseguir la ayuda necesaria.
- Primero, debo sellar una gran parte de tu energía, pero ya que eres humana, el Inu youkai tendrá que darte de su energía.
- Sesshoumaru no ayudara, a él le daría igual que Kagome o el cachorro se mueran, seguro que incluso le alegra – Inuyasha se sintió aún más triste. Ese comentario no hizo más que confundir a Kagome, Inuyasha podía estar en lo cierto, pero era la única forma, lo intentaría, aunque tuviese que arrodillarse ante Sesshoumaru, era consciente de que sus vidas corrían riesgo, después de todo no había alternativa.
- Se lo pediré – Menciono con decisión.
- Pero Kagome, él podría matarte – Sango estaba desesperada.
- No me importa – Nada, ni nadie la haría desistir de su decisión.
No hubo más palabras, Kikyo y el monje Miroku se encargaron del sello, Luego Kikyo se había marchado, antes Kagome le había agradecido, inmediatamente después comenzaron con la búsqueda del lord de las tierras del oeste, fue una larga búsqueda, las esperanzas de la chica disminuían poco a poco, no le hallaron, estaba cansada, el resto había ido a un lugar en específico donde se rumoraba podría estar el ser que buscaban, ella se quedó junto a kirara, justo cuando perdía completamente las esperanzas, una pequeña niña seguido de un conocido pequeño demonio salió de entre el bosque.
- ¿Señorita kagome? – La niña se acercó a ella con su típica sonrisa.
- Rin, hola pequeña – Le acaricio la cabeza y observo a su alrededor, buscando con la mirada a cierto youkai, este apareció minutos después, tuvo miedo y si él no la ayudara, no, este no era momento de dudar.
- Sesshoumaru puedo hablar contigo – La miko le rogó con la mirada, por otro lado el peliplata la inspecciono, estaba pálida, cansada, pero que es lo que ella quería hablar con él, hasta donde recordaba ellos eran simples conocidos, en otras circunstancias le habría ignorado, pero una vez, el se encontraba en la misma situación.
- Habla.
- Podría ser a solas por favor – Sesshoumaru frunció el ceño, esta miko estaba más rara.
- Humana insolente, el amo no tiene tiempo como para perderlo contigo – Jaken le gritaba a la azabache por tal atrevimiento.
- Jaken llévate a Rin – Ordeno el youkai, seguido de una mirada fulminante.
- Gracias
- Hmp
- Veras yo, aquella vez que preguntaste sobre la youkai esa – Estaba nerviosa, no quería que el Inu se enfadara, pero debía empezar por el principio – Yo mentí.
El Inu le lanzo una mirada fulminante, ¿mentir? Lo sospechaba, pero cuál era la razón.
- Y qué fue lo que realmente sucedió Miko – Podría matarla, más quería saber que sucedió, no le gustaba tener esta laguna en su mente.
La vida de su pequeño dependía de ella, por eso sería valiente, reunió todo el valor y le conto todo lo sucedido al youkai y al final se despojó del collar que traía en el cuello, se lo dio Kikyo para ocultar su aroma, después de todo no podía usar la técnica que le enseño la anciana Kaede, desperdiciaría energía, eso era lo que menos quería, por lo tanto le prepararon aquel collar.
Esta era la primera vez que Sesshoumaru no sabía que decir, la chica estaba embarazada como resultado de aquella noche, en cuanto se quitó aquel collar, su olfato lo percibió, en efecto estaba encinta.
- Ah – Se oyó un pequeño gritito, Sesshoumaru la había jalado bruscamente acercándola a él. Busco algún indicio de mentira, mas no la encontró, pero entonces porque se lo decía ahora y no antes.
- ¿Qué es lo que pretendes? – Esa voz reflejaba que no se lo tomo bien - ¿Qué es lo que quieres? Kagome se quedó sin habla, esto era precisamente lo que quería evitar.
- ¡Responde! – La zarandeo fuertemente.
- No quería decírtelo, se de tu odio hacia los humanos, los desprecias, por eso yo decidí no decírtelo – Bajo la mirada, el aun la sujetaba con fuerza – Por eso te mentí, pensé tal vez no te importara o te daría igual.
- ¿Qué cambio ahora?
- Hace poco mi reiki se descontrolo, soy una sacerdotisa y tu un demonio que posee un gran poder, mi vida y la de mi hijo corre riesgo, por eso necesito tu ayuda.
- ¿Por qué debería de hacerlo?
- ¡No te pido que lo reconozcas o algo por el estilo, solo necesito de tu energía durante el tiempo de gestación! – Sus ojos se aguaron – Solo ayúdame, no quiero que muera, por favor.
Sesshoumaru estaba confundido, la soltó de golpe, estaba furioso, en un arranque de ira destrozo el árbol más cercano con sus garras, Kagome permanecía allí parada, asustada por el reciente hecho.
- ¡Vete! – Rugió.
- ¿Qué?
- ¡Que te vayas!
- ¡Yo no pedí esto! – Kagome levanto la voz – Ni tú tampoco pero, ya está hecho, hasta ahora éramos simples conocidos, cada quien iba por su camino, yo no sé mucho de ti, como tampoco tu sabes de mí, cuando me entere lo único que quería era protegerlo, no quise que lo supieras – Hasta este punto las lágrimas de Kagome bajaban sin control por sus mejillas - pero eres mi única alternativa, eres el único que puede salvarlo, de lo contrario no te hubiese buscado, no sabes cuánto aborrezco mis poderes sagrados ahora, de no haberlos tenido mi pequeño no estaría en riesgo, más las cosas son así, no me importa lo que tenga que hacer, yo quiero a este hijo, quiero que viva, si para ello tengo que rogar lo hare, si tengo que ofrecer mi vida lo hare – Se limpió unas cuantas lagrimas que fluían por sus mejillas – Ayúdame por favor y te prometo que no volverás a saber de nosotros, desaparecemos por siempre, incluso de esta era. Solo ayúdalo a vivir.
- Miko
Comtinuara…..
