La guerra es un sinsentido, provoca hoyos y grietas donde no las había antes, te convierte en incertidumbre y deseo reprimido. La escuela se volvió aburrida después de que lo deje partir a la orilla del lago, lejos de miradas intrusas y comentarios sarcásticos. Besos sin reserva que esparcí por todo su rostro, convirtiéndolo en mío una vez más.
—Sherlock, la duda nunca ha sido tu fuerte y creo haber dejado claro que lo único en este mundo que necesito es aquello que puedas darme. —me dice dulcemente.
—No puedo darte nada estando en la guerra, lejos de mí.
— ¿No me escribirás?
La tristeza se refleja en cada vocablo que es capaz de pronunciar antes de que su cuerpo se cierre a las emociones que desea reflejar. Maldito sea Mycroft que no me permitió ir con él.
—Sherlock yo no tengo nada que ver con eso, no fuiste reclutado no eres de utilidad en el campo.
Sin embargo ahora me siento perdido, veo su espalda alejarse de mí partiendo hacia el barco que los abandonara en tierras desconocidas y salvajes, no puedo hablar, mis ojos se niegan a derramar lágrimas de despedida, no puedo moverme, tomarle la mano y pedirle que me lleve con él, suplicarle que se quede, amarlo con la mirada una última vez.
El barco se ha ido, lo he visto partir con el alma más valiosa de toda Bretaña, no me acerque a los demás que despedían a sus hijos y esposos, damas de alta sociedad llorando sobre pañuelos de seda, hijos dando gracias a la deidad a la que le rezan por darles un padre valiente. Todos ellos ignorantes de la desgracia que ese barco lleva. Poco a poco la rivera fue vaciándose incluso cuando aún era visible el transporte en alta mar. Una sola luz permaneció constante hasta que una ola la apago.
oOo
Querido Sherlock:
La campaña es pésima, la comida por ratos escasea y aun no entramos en conflicto; ¿recuerdas a el Doctor William Brydon? Le han hecho prisionero junto con toda su unidad cuya mitad de gente eran compañeros nuestros de clases.
¿Sabes que te extraño? Probablemente lo hayas deducido con tantas cartas que no eres capaz de contestar, hay veces en las que pienso que estas herido o peor muerto por alguno de los casos en los que eres capaz de meterte.
¿Te divierten mis cartas? No lo sé pero en cuanto pise Londres, maldito bastardo, te moleré a palos por no contestar, por tenerme en cuarentena indefinida de tus afectos hacia mi persona.
Te extraño, horriblemente, largamente, justificadamente.
En un salón de exquisita decoración, un solitario hombre lee por tercera vez aquella carta, pequeña para parecer algo importante pero cargado de un sentimiento prohibido e invaluable.
Las palabras son débiles cuando se les acerca al agua o al fuego, pierden fuerza en cuanto las consume una débil llama de la chimenea y se pierden para siempre sin ser valoradas.
—Es por tu bien, hermano mío.
Quien no lo conociera pensaría que su acción es la más malvada y que lo diabólico tiene nombre y cuerpo humano, sin embargo muchas veces puede mal interpretarse el cuidado precavido al hacerlo un hombre cuya alma se ha congelado por alguna acción pasada, desconocida, invisible a aquellos incapaces de ver nada.
— Señor, su hermano de nuevo, ¿le hago pasar?
— Si Alistair, hazlo pasar.
Con una pequeña reverencia, aquella que fue mujer en una época pasada, se retira para hacer pasar al caballero en cuestión.
—He hecho todo cuanto me has pedido ahora llévame con él. —dice determinado el menor de la casa Holmes.
—He sido informado de malas noticias, hermano mío—suspira con pesar, preparando todo su intelecto para la movida más arriesgada de toda su carrera—John H. Watson has sido dado por muerto en campo. Una bala fue suficiente.
— ¿Dónde?
—No lo harás.
—Lo prometiste, eh estado trabajando para ti todo este tiempo para que me entregaras la ubicación de Watson.
—Es peligroso y eres valioso para la corona.
—Mycroft por favor. —suplica al punto de la desesperación—no puede simplemente perderse.
El mayor sabe que es difícil sacar de su hermano aquellas dos palabras de amabilidad, realmente, se da cuenta, quiere ir a recoger el cadáver de aquella estrella que le prometió regresar. Si tan solo supiera que es una treta.
—No. —responde tajante.
El menor toma las solapas de su abrigo para apretarlas alrededor de su cuerpo como si de un abrazo de alguien invisible se tratase, esta al punto de romperse en mil pedazos aunque su mente analítica le diga que es imposible.
Aunque puede ser la única e irrefutable verdad.
—No soy como tú, nunca fui como tú. —Dice con furia contenida—A mí no me importa lo que las demás personas digan, jamás me ha importado y con respecto a lo que tú crees Watson es la única razón por la que no termine siendo criminal.
—Eso lo dudo hermanito.
Los hermanos no necesitan más, el mayor pondrá a medio mundo a vigilar al menor mientras que la otra mitad está concentrada en un John Watson que pelea sin sentido. El próximo movimiento del pelirrojo gobierno británico es romperle el corazón al médico, novio secreto de su hermano menor.
sososososososos
Hi¡
Ya es el día, por cierto perdón no es mi intención hacerte pasar un mal rato.
A Anthea no le cambie el sexo, solo la disfrace. Estoy enamorada profundamente de London Spy cosa que por cierto de esa serie viene su nuevo nombre.
Nada aquí es mio, solo la trama, la mención de personas reales es mera referencia, no pretendo dañar de ninguna manera a nadie.
