Disclaimer: Dragon Ball Z y sus personajes pertenecen a Akira Toriyama.
El avión finalmente había aterrizado. Vegeta bajaba por las escaleras dirigiéndose hacia la salida del aeropuerto. Quería terminar con su trabajo en aquel lugar y cumplir todos los requisitos rápidamente. Cuanto antes lo hacía mejor.
Tomó un taxi y se dirigió a la Capsule Corp. Vería cómo estaba la situación. No es tonto para ir y matar al tipo y luego irse sin más. No sería así de sencillo y mucho menos en un lugar cómo ese, ya que estaba hablando de la corporación más exitosa del mundo.
Primero, revisaría el lugar y luego ya pensaría en algo. La voz del taxista le sacó de sus pensamientos.
–Son 20 zenis.
Vegeta no respondió, simplemente sacó el dinero de su chaqueta y se lo dio sin importarle la cantidad que él había sacado de allí. Bajó del taxi bruscamente y azotó su puerta.
–Señor, su cambio – gritaba el taxista desde su asiento. El pelinegro lo ignoró y siguió su camino. Ante la negación del hombre, él sólo arrancó el taxi y se fue.
–Buenos días. ¿En qué le puedo ayudar? – se le acercó el guardia.
Vegeta lo miró y luego dirigió su mirada hacia el otro hombre, compañero del guardia, quien se caminaba para otro lado dejando solo al hombre que tenía en frente. Miró hacia arriba del gran portón y notó las cámaras de seguridad.
–Señor ¿me escucha? en qué le puedo ayudar?– repitió el guardia ante el silencio del pelinegro.
Después de analizar distintos tipos de situaciones, optó por una que creyó que sería la mejor forma de ingresar.
–Podría acompañarme. Tengo un pequeño problema – dijo indiferente.
–¿Cuál es su problema? – el guardia no podía moverse de su lugar, así que volvió a preguntarle. Vegeta lo ignoró y caminó, cruzando la calle, al otro lado en una estación de gasolina. El de seguridad, creyendo que su compañero estaba en la cabina, salió detrás del pelinegro para ayudarlo.
Vegeta notó que el lugar estaba vacío y sabía de sobra que las cámaras ya no lo captaban. Así que golpeó bruscamente al guardia para dejarlo inconsciente. Lo llevó al baño público de la estación de gasolina sin que alguien los viera. Se cambió rápidamente y se fue directo a la corporación.
Entró sin problema alguno. Nadie podía reconocerlo ya que llevaba una gorra negra. Tal vez, el guardia sí pueda pero hasta que despierte, él ya habría terminado con su trabajo y estaría lejos de allí.
–Hola Marcus.– le saludaban los presentes, leyendo el nombre de la placa que llevaba en su ropa de seguridad, que caminaban por todo el lugar.
Vegeta siguió buscando, pasillo por pasillo, hasta que llegó al laboratorio principal. Ahí estaba un grupo de científicos trabajando. Entre ellos se encontraba el famoso Dr. Briefs. Lo había reconocido fácilmente por la foto que le enviaron, era el único con cabello violáceo.
Se quedó un momento en el lugar esperando a que se vaya vaciando pero nadie se movía. Estaba a punto de irse y volver después, ya había husmeado el lugar y se memorizó todo los destalles, pero se le apareció un momento de suerte. El Dr. Briefs se había levantado de su lugar y se dirigió hacia la puerta de salida. Vegeta lo persiguió.
Caminaba sigilosamente por el lugar por su detrás sin que él se percatara e intentando que las cámaras no lo grabasen, al menos no su rostro. El Dr. Briefs apresuró su paso y con prisa entró a su oficina, amplia y sencilla, dirigiéndose a su escritorio. Vegeta también entró.
El inventor se le quedó mirando un momento, con su típica sonrisa y su cigarrillo, pensando que se le ofrecía algo, mientras buscaba en sus cajones. Éste no se inmutaba y se le quedaba viendo. El viejo tenía buena vibra mas no significaba que lo iba a perdonar e irse. Tenía que cumplir un trabajo.
El viejo Briefs cambió su gesto por uno serio y preocupado al ver que el pelinegro sacaba un revólver y empezaba a apuntarle.
–¿Qué sucede? No, por favor no– rogaba el pelilila, notoriamente preocupado y asustado –. No me mates, tengo una familia, por favor... Tú... no eres... un asesino. No lo... hagas.
Vegeta miraba en su oficina y claramente se dio cuenta que no habían cámaras de seguridad. Aparentemente, el viejo pedía por su privacidad. Eso era favorable para él.
El Dr. Briefs sacó algo de su cajón y Vegeta le disparó en la pierna, creyendo que había tomado un arma. Pero se equivocó, se dio cuenta de aquello al ver un pequeño frasco de píldoras por el piso. El científico empezó a toser más fuerte y a respirar agitadamente. Entonces convulsionó. Vegeta bajó el arma y se le acercó. Aún no estaba muerto pero era cuestión de minutos para que su corazón dejara de palpitar. Briefs abrió sus ojos y lo miró fijamente a su rostro. Éste no se movió, lo tenía sujetando. Algo en él le hacía sentir incómodo, como si lo que estuvo a punto de hacer fuera tan malo.
Irónico, él ya era un asesino y ex convicto.
–Gracias por no matarme.– susurró con una imperceptible sonrisa. –. Creo que llegó mi hora…
Vegeta seguía allí ensimismado. Luego de un par de segundos, alguien tocaba la puerta. Aquello acaparó su atención dejando al viejo solo y huyendo por la ventana.
–¡Señor! – exclamó preocupado el hombre que ingresaba–. ¡Ayuda! ¡Alguien ayúdeme!
Mientras todos se iban hacia aquel lugar. Vegeta se dirigía a la salida. La corporación ya estaba un poco vacía, ya que todos se fueron a ver al Dr. Briefs. El pelinegro no tuvo inconvenientes para salir de allí.
Gokú caminaba lentamente por las montañas. Aún no estaba seguro de poder hacerlo pero tenía qué. Realmente lo sentía mucho pero no podía echarse para atrás, no podía volver con las manos vacías y ver el rostro de decepción de su padre.
Entre medio de unas rocas logró divisar una pequeña casa. No tenía duda, aquel era su objetivo. Caminó lentamente hacia aquella casa. Afortunadamente la puerta ya estaba abierta, entró a la morada y empezó a observar todo.
Escuchó unos pasos en el lugar, se dirigió hacia el origen de estos ruidos. Entonces vio cómo una mujer de cabello naranja salía por la puerta de atrás. Éste corrió hacia la puerta pero ya la mujer había tomado su moto y se había esfumado rápidamente. Regresó adentro.
Caminó por la casa y en uno de los cuartos encontró dos cadáveres. Un hombre grande, alto y de cabello mohawk rojo. Se dio cuenta que aquel era su blanco de él. Notó más sangre derramándose y vio otro cuerpo inerte. Su cara cambió a un gesto de pena y dolor al ver a, nada más que, una niña pequeña de aproximadamente siete años. La tomó entre sus brazos y la dejó en la cama. Sintió repugnancia ante la escena que presenciaba. Desgraciadamente, él tenía que hacer más actos de aquello. No sabía si podría tolerarlo.
Con un pesar en su alma, por lo que veían sus ojos, salió de allí para volver a casa.
Bulma caminaba por todo el lugar hasta que llegó a la pequeña casa ubicada en la montaña paoz. Abrió la puerta, ésta rechinó por lo viejo que estaba. Entró al lugar y se dirigió al único cuarto que tenía la pequeña morada.
–Por fin llegaste– dijo el viejo que estaba limpiando un pequeño collar con una esfera.
–¿Ya sabía que vendría? – preguntó sorprendida.
–Claro, mi hijo te ordenó que me mataras.
–¿Pero por qué? ¿Acaso se odian?
–Al contrario, mi familia es muy unida. Sólo que ya estoy viejo y enfermo…
–¿A qué se refiere?
–Yo era el jefe de la mafia. Estoy enterado de todo lo que pasa allí– decía Gohan –. Mi hijo que comentó sobre su proyecto de desafíos y todo eso. Entonces dijo que necesitaba un blanco de nuestra familia para que mi nieto se hiciera más frío.
–¿Pero por qué?
–Si llegas a conocerlo ya sabrás por qué. Yo me ofrecí porque me diagnosticaron Alzheimer. Como no quiero perder mis recuerdos y desvanecerme poco a poco, prefiero irme de este mundo así como estoy y evitarme todo ese martirio de años tras años. No quiero ser una carga para ellos.
–¿Está diciendo que, al matarlo, le estaré haciendo un favor?
–Exactamente. No temas, sólo hazlo – decía tranquilamente, ya estaba preparado para irse –. Por cierto, si ganas y conoces a mi nieto, por favor entrégale éste collar.
–¿Y si no lo logro? – recibió el collar con la esfera.
–No te preocupes. Mi intuición nunca me engaña y algo me dice que eres una joven bondadosa. No entiendo por qué entraste a esto.
–Tengo mis razones.
–Claro, igual que todos. Bueno, será mejor que acabes con esto de una vez.
Bulma levantó el brazo y apuntó con su arma.
Bardock dejó de lado a los otros monitores, ignorando lo que sucedía. Se enfocó solamente en el primer monitor que mostraba todo lo que ocurría en la casa del monte Paoz.
No aguantó la tristeza y el dolor que le empezó a embargar, así que lo apagó. No podía ver aquello.
–Señor, aun no entiendo a qué se debe este cambio de planes – interrumpía Nappa –. ¿Por qué nos detuvo? ¿No se supone que debemos de complicarle el trabajo?
–Sí, así es – respondió después de un pesado suspiro de resignación –. Sólo que por ahora no pueden intervenir porque necesito que los participantes cumplan éste primer objetivo, así todos sufrirán sus pérdidas y veremos quienes son los más fuertes e indiferentes.
–Ah, ya veo. ¡Señor! – exclamó al percatarse de un detalle –. ¡El primer monitor está apagado!
Nappa se aproximó a la pantalla y la encendió. Bardock se volteó para ver la escena. Se veía al viejo Gohan en su cama "durmiendo". La chica había cumplido con su primer objetivo.
Cuando la pelinegra llegó a su destino se aproximó a un taxi. Rápidamente llegó a la estación de la policía federal. Ya sabía algunas cosas de ese tal Jeice. Sabía que era un infiltrado de alguna mafia. No podía especificar cuál pero ya lo había visto antes.
No fue difícil llamar su atención. Con su sexy cuerpo y sus largas piernas, además de su hermoso rostro, lo atrajo. Un guiño de la pelinegra fue suficiente para que Jeice se fijara y captara su atención. Éste se le acercó y la persiguió para una salida de la estación, llevándolo a un callejón.
–Nena ¿Así que tú también piensas lo mismo que yo? – dijo con una mirada lujuriosa.
–Acércate – susurró, la pelinegra, sensualmente. El de cabellera blanca obedeció.
Milk no desaprovechó la oportunidad y sacó una navaja, de su saco negro, para clavárselo en el abdomen. Sin nada más que hacer, se fue sin dejar huella alguna. Jeice murió ensangrentado en el callejón.
–Señor, ya todos terminaron éste primer desafío – comunicaba Nappa.
–Muy bien. ¿Quiénes fueron los últimos en hacerlo?
–Tapión y su hijo Kakarotto, señor – Bardock suspiró ante aquella respuesta.
–Bien. Hazte cargo, mándalos a una ciudad donde puedan buscarse el uno al otro y matarse – salió sin esperar una respuesta.
No podía creer que su hijo haya fracasado en su primera misión. ¿Podría ganar ésta prueba o ya era su fin?
Continuará…
N/A: Aquí les vengo con otro cap. No me gustó para nada la escena de Gokú y créanme que era un poco más triste pero no quise narrar cómo pasó ni nada más porque simplemente no me gustaba para nada. Ahora, Quiero hacer a Vegeta más apegado a la serie. Pero simplemente no puedo. Me enamoré del Vegeta de la saga de Majin Boo que ya no puedo verlo como el asesino espacial que fue. Aun así, me recomendaron que lo intentara y eso hago.
Me gustaría que comentaran para saber que tal está el fic. Bueno, agradezco a las personas que comentaron en el anterior capítulo. Un beso para todos que leen éste fic. ¡Cuídense y hasta la próxima actualización!
