Me encanta ver a Yuuri, Viktor y Yurio como una familia, así que decidí escribir algo corto de ellos tres!
°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°°

Ya estaba cansado.

Él siempre había sido una persona tolerante, paciente y tranquila, pero debía admitir que este par lo estaba volviendo loco. Ahora vivía en Rusia junto a Víctor en el departamento de este último, era muy amplio y ambos se sentían cómodos con eso. A veces Yuri los visitaba con la excusa de que no permitiría que el cerdo acaparara la atención del ruso, pero ambos sabían que le gustaba pasar tiempo con ambos, como si fueran familia.

Familia, eso es lo que parecían en estos momentos.

–Deberías rendirte ya, viejo. ¡Nunca me ganaras! – Exclamaba Yuri en un tono burlesco que desesperaba totalmente al mayor.

–Eso ya lo veremos– Contestaba este con una sonrisa torcida, la cual le daba un aire infantil. En menos de unos minutos, la pantalla del televisor anunciaba la victoria del peliplata, haciendo que el menor pegara un grito de total enfado.

–¡No es justo! Hiciste trampa. – Gritaba mientras se levantaba, arrojando el control de la consola lejos de él.

–Admítelo, siempre te vencer…–

Con un rápido movimiento, Yuri había lanzado una patada a las costillas de Víctor, haciendo que este se estrellara contra el sofá que se encontraba a su costado.

–Silencio, anciano.

–¡Yurio! No tenías por qué lastimarlo– Se apresuró a socorrer a su pareja que se encontraba inmóvil en el suelo mientras soltaba un par de quejidos.

La única respuesta que recibió del ruso menor fue un chasquido, provocando que Katsuki se sintiera más preocupado que antes por la relación de ambos. Sin embargo, al momento de ver que Víctor se levantaba lentamente del suelo con una mirada seria dirigida a él, su cuerpo se tensó por los nervios.

–Yu-ri-o, dale un abrazo a papá– canturreaba el mayor, acercándose lentamente al rubio con los brazos extendidos.

–¡Ni se te ocurra acercarte! – Rodeó el sofá protegiéndose de los brazos del contrario– No quiero que me contagies la calvicie.

Eso fue el colmo para Nikiforov.

Yuuri no pudo detenerlos y debía admitir que desde un principio no tenía muchas posibilidades de hacerlo, sabía que sus intentos por calmarlos serían en vano. Víctor dio un paso largo sobre el mueble cruzándolo con un solo movimiento, provocando un grito agudo en el más bajo quien se dio a la huida sin mucho éxito, el peliplata ya lo había capturado.

–¡No, Detente! ¡¿Qué rayos haces?! – Gritaba Yuri entre risas, provocadas por los largos dedos de Víctor los cuales recorrían su estómago por sobre la tela de su delgada camiseta de tigre.

–Esto te pasa por decirle calvo a papá– Decía Víctor divertido por las expresiones que le provocaba al chico entre sus brazos en esos momentos.

–¡Que no eres mi padre!

Yuuri solo atinaba a reírse por la actitud tan infantil de ambos rusos, no podía creer lo bien que parecían llevarse en esos momentos, esos momentos que él atesoraba con tanto cariño. Cualquiera que viera a esos dos dirían que no se soportaban, incluso que se odiaban, pero no era así, lo único que ocurría era que la actitud infantil de Nikiforov y el amargo carácter de Plisetsky hacían que chocaran, provocando amargas situaciones entre ambos, pero él sabía, que nunca llegarían a odiarse. Ellos, aunque no lo admitieran, se tenían un cariño rosando lo familiar.

–Víctor, déjalo respirar– Comento el pelinegro casi en un susurro, logrando que por fin el mayor soltara a Yuri.

–¡Eres un bastardo, maldito viejo! – Exclamaba exasperado el ruso menor al momento de levantarse mientras se arreglaba las ropas desordenadas por los movimientos bruscos que hacía al intentar escapar, provocando la risa de Yuuri nuevamente– ¿Tú de que te ríes, cerdo?

–Ah, no es nada. Solo pensaba en que, realmente parecen padre e hijo.

–¿Entonces Yuuri sería la mamá? – Dijo el peliplata antes de que Yuri pudiera comentar algo, provocando un leve sonrojo en el pelinegro.

–¡Ah, Sí! ¡El Katsudon tiene pinta de madre! – El rubio reía escandalosamente por el nuevo descubrimiento sobre la actitud del japonés, logrando que el sonrojo de este se intensificara.

–Basta ya los dos, es vergonzoso – Regaño el de lentes a ambos rusos.

–Si mamá– comentaron al mismo tiempo entre risas. Yuuri lanzó un quejido de frustración por la actitud burlesca de esos dos.

–He, viejo. ¿Qué tal una revancha? Esta vez te ganaré– Sin pensarlo mucho, el de ojos azules se tiró sobre el cojín en el cual estaba sentado minutos antes de ser lanzado por la patada que este le propino.

–Hecho, pero ten por seguro de que te volveré a ganar, perdedor.

–¡Ah! ¿A quién llamas perdedor, calvo? – Y ahí comenzaba una nueva discusión. Esta vez Yuuri no se molestó en prestarles demasiada atención, con mucho cuidado se recostó al lado de makkachin en el sofá mientras tomaba la taza de té que había abandonado en cuanto escucho a sus acompañantes discutir. Pensándolo bien, no era tan mala idea vivir los tres juntos, así podrían disfrutar de esos divertidos momentos todos los días y visitar la pista de hielo que tanto amaban con más frecuencia como si fueran una autentica familia.

Lo comentaría con Víctor más tarde.