Disclaimer… Los personajes pertenecen a JKR. Para gran alegría suya yo solo juego un poco con los personajes. :P
gracias: Cataaaaaaaa, adrisstbdt, dangergranger, fixyouronhermione, islade thera, vickyGrint por sus comentarios ^^ amo a la gente bonita como ustedes que se toma el tiempo de dejarme cosas lindas :D espero saber más de uds en este cap (:
Disfruten!
PD. les recomiendo escuchar la canción "un nuevo amor" del grupo tranzas. queda perfecto con este cap (:
CAPÍTULO 3.
Sus pensamiento estaban igual que el columpio donde se balanceaba. Yendo y viniendo, subiendo y bajando sin saber exactamente en qué punto se encontraban. Aun así, de alguna manera, el balanceo lo hacía sentirse tranquilo.
Poco después de que naciera Victoria, sus padres repararon los columpios que habían utilizado ellos de pequeños, y en ese momento Ron lo agradecía. La luna estaba en lo alto del cielo y la sensación de paz y tranquilidad del ambiente lo estaba ayudando, aunque no tanto como desearía. Sus emociones seguían fluctuando entre el odio, la rabia y la tristeza.
Debió de haberse dado cuenta cuando Hermione empezó a salir muy temprano de casa sin siquiera despedirse de él, como era su costumbre. Ese debió ser el primer aviso, pero él no lo quiso ver. Lo justificó durante casi un mes, pero entonces empezaron las cartas sin remitente, las llamadas a escondidas, los susurros, las miradas perdidas, las sonrisas fingidas.
Él podía ser un tonto algunas veces, pero no tanto como para no darse cuenta de que algo iba mal. Entonces ese preciso día todo se colapso sin posibilidad de dar marcha atrás. Ahora solo esperaba ser capaz de juntar los pocos trozos de su corazón que aun se conservaban y volver a levantarse solo.
Dejó de balancearse y empezó a escuchar el rechinido de un columpio que no era el suyo. Volteó y se dio cuenta de que no estaba solo.
—Buenas noches, Ron.
—Buenas noches, mamá.
Su madre se balanceaba lentamente hacia adelante y hacia atrás mientras lo observaba detenidamente.
—¿Cómo sabías que estaba aquí?
—Soy tu madre.
Ron abrió la boca para replicar. Nunca había entendido eso. Siempre que su madre se enteraba de algo, o los sorprendía en una de sus travesuras siempre se apoyaba en esas palabras para explicarse.
—¿Esa es alguna clase de magia inexplicable?
—En parte sí.
El silencio reinó el lugar, simplemente siendo roto por el chillido del fierro al rozar. Los columpios definitivamente necesitaban mantenimiento.
—¿Qué haces aquí, Ron?
Se encogió de hombros.
—Extrañaba la casa —, la tranquilidad, la paz y la felicidad que siempre había encontrado ahí. La felicidad que había disfrutado una vez ahí con Hermione.
—Tengo un radar maternal inequívoco, Ronald. No me vas a poder engañar con eso. No a las tres de la mañana.
¿Ya eran las tres? No estaba seguro de cómo era posible, pero el tiempo se había detenido para él desde que saliera de su casa… de su antigua casa, se recordó con pesar. Detuvo el balanceo del columpio cuando sintió a su madre caminando hasta llegar justo frente a él. Una suave mano recorrió su mejilla y sus ojos se encontraron con los marrones que declaraban preocupación. Infinita y sincera preocupación que solo una madre, corrección, que solo su madre era capaz de sentir a ese grado.
—Todo está mal, mamá —respondió antes de que alguna pregunta saliera de sus labios—. Mi relación con Hermione se acabó definitivamente.
Sintió la mano de su madre en su mentón obligándolo a subir la mirada.
—¿Qué sucedió?
Él no pudo mentirle.
—Ella tiene a alguien más.
Los ojos siempre expresivos de su madre se guardaron sus pensamientos.
—¿Por qué crees eso?
Ron desvió la mirada.
—Yo la vi con mis propios ojos.
—¿Qué viste?
—Yo la vi… —repetir las palabras le dolía porque traía a su memoria el recuerdo que deseaba desterrar— con otro hombre.
—Es parte de su trabajo relacionarse con muchos hombres, Ron, no puedes ir creyendo que cada hombre es su amante.
Ron enfrentó la mirada de su madre.
—Los vi salir de un hotel.
Su madre parpadeó varias veces digiriendo sus palabras. Ron se puso de pie y se alejó del columpio.
—¿Qué prueba más contundente quieres que esa?
Su madre puso la mano sobre su hombro llamando su atención. Ron volteó y vio la cara de su madre muy cerca de la suya. Las arrugas de la edad empezaban marcar su cara y las líneas plateadas llenaban su rojizo cabello.
—¿Le pediste una explicación?
—Se la pedí.
—¿Te la dio?
Negó viendo la preocupación en los ojos de su madre.
—Lo único que me dijo fue que no confiaba en ella.
Las manos de su madre envolvieron su rostro y lo obligó a observarla mientras hablaba.
—Eso quiere decir algo, Ron…
—Que ella no sabía qué decir —interrumpió.
—O que es inocente de tus acusaciones y que necesita que le creas.
—¡Pero ella no me explica nada! —exclamó zafándose de su agarre—. Ella simplemente quiere que crea en su inocencia porque sí, y ni siquiera es capaz de darme una explicación que yo sea capaz de creer.
Se puso de espaldas a su madre y se cruzó de brazos.
—¿Esa es la confianza no? —preguntó suavemente su madre poniendo una mano sobre su brazo—. Creer en alguien a pesar de que todo esté en su contra.
Ron no respondió. No quería tratar de convencer a su madre de algo que al parecer no quería creer. Él había sufrido mucho para aceptarlo, aun lo hacía, y lo haría toda la vida. Vio con pesar a su madre que reflejaba toda la preocupación y temor por él en su mirada.
—No te preocupes, madre, estoy bien—le dijo poniendo su mano sobre la de su madre.
Su madre no contestó de inmediato. Ron aprovechó y caminó dos pasos, metiendo las manos en los bolsillos, alejándose.
—No me puedes engañar, Ron, soy tu madre y sé que no estás bien, por muy tranquilo que parezcas no lo estás.
No, no lo estaba. Pero no era algo que quisiera discutir.
—Pero el que estés o no estés bien no me preocupa tanto como el hecho de que pareces estar… resignado.
¿Resignado?
—Parece como si hubieras acepado que todo está perdido, que no puedes hacer nada por cambiar lo que pasó.
—No se puede cambiar el pasado.
Por mucho que él lo deseara.
—Es como si no te importara. Como si lo hubieras esperado.
—De alguna manera ya lo sabía.
—¿A qué te refieres?
Cerró los ojos deseando haber sabido cuándo cerrar su boca.
—¿A qué te refieres? —presionó obligándolo a darse la vuelta y encararla. Ron evitó su mirada—. ¿Qué sucede?
Ron desvió su mirada mientras las pequeñas manos de su madre trataban de obligarlo a que la viera.
—¿Qué es Ron? Dime la verdad, por favor.
Sintió sus ojos humedecerse. Algo que no había pasado hacía años.
—Dímelo hijo, dímelo —la presión y preocupación entremezclados en la voz de su madre lo hicieron cambiar la mirada hacia su madre. Sus ojos estaban llenos de temor e inquietud a causa de él.
—Siempre lo he sabido —susurró borrando una de las lágrimas que se derramaba por la mejilla de su madre.
—¿Qué cosa?
—Que ella me dejaría.
Los ojos de su madre repentinamente perdieron expresión y tan solo lo escuchó sin mediar palabra.
—Desde el colegio siempre supe que yo no era suficientemente bueno para ella, por eso jamás me declaré, ni busqué tener algo —sonrió recordando sus sueños de adolescente—. Yo era feliz sabiéndola mi mejor amiga.
Se dio la vuelta, en realidad no quería ver a su madre mientras le confesaba lo que había guardado en su pecho durante años y que estaba saliendo a vertientes.
—Cuando ella me besó me sentí el hombre más feliz del planeta, y juré que agradecería cada día de mi vida por tener la oportunidad de tenerla a mi lado.
Recordó ese momento después del funeral de Dobby. Había obligado a Hermione a regresar a cama, aun estaba herida después del ataque de Belatrix y Ron no podía parar de agradecer a Dobby donde quiera que estuviera por haber ido a ayudarlos. Lo recordaba muy bien. Tenía la mano de Hermione sujeta a la suya mientras ella dormía y él rezaba, pero entonces ella empezó a moverse nerviosa en la cama y se agitó hasta que un sonoro grito la despertó.
Él había estado en una silla mientras su mano jamás se separaba de la de ella, pero en cuanto vio su reacción a una pesadilla quitó la silla y se sentó su lado. Acarició su cabello y aferró su mano.
—Fue una pesadilla.
Hermione lo miró a los ojos. Las ojeras ennegrecían su mirada, el temor en sus ojos obligaban a su corazón a encogerse de dolor.
—Tengo miedo.
Él conocía el sentimiento, él también había estado durmiendo con miedo cada noche en que no podía estar durmiendo a su lado.
—Todo estará bien.
Por lo menos eso había sido por lo que él había estado rezando.
Hermione jaló su mano y la abrazó contra su pecho mientras sus ojos no eran capaces de hacer otra cosa más que envolverlo de tal manera y con tal magia que no supo el momento exacto en que terminó cediendo a su agarre y acostándose a su lado en la pequeña cama individual.
—Temo por nosotros, por Harry… —recordaba bien cómo había acariciado su mejilla cuando agregó—. Temo por ti, Ron.
Cuando sus miradas se encontraron supo exactamente que ella era la mujer que amaba y que amaría toda la vida pasara lo que pasara y cuando ella acercó los labios a los suyo y lo besó supo que no la merecía.
Él, Ron Weasley, no se merecía a la extraordinaria mujer que era Hermione Granger y juró que si algún día las fuerzas del destino que estaban jugando en ese momento con la vida de todos le permitían sobrevivir y estar cerca de ella aprovecharía cada minutos de esa vida para intentar ser mejor persona, ser digno de su cariño hasta que ella se diera cuenta de la verdad.
Hasta que ella decidiera que era tiempo de dejarlo. De buscar a alguien verdaderamente bueno para ella.
Después de ese beso que duró segundos ella se acurrucó en su pecho y murmuró.
—No es momento de esto, Ron, pero después… podremos hablar de ellos después —justo luego se durmió, él junto con ella, tan pacíficamente como no había sido capaz de hacer desde hacía días.
—Supe que no era para siempre —continuó Ron con la mirada perdida en el paisaje nocturno de la Madriguera—. Algún día ella se daría cuenta de que yo no era el indicado, no cuando yo no era perfecto. Y ella es perfecta, madre, adorable y completamente perfecta.
Ron podía parecer un idiota y en muchos aspectos se comportaba como tal, él lo sabía, pero también era consciente de que Hermione se merecía mucho más de lo que él podía ofrecerle, porque a pesar de todos sus esfuerzos él jamás podría ser perfecto, que era lo que ella se merecía.
Ella merecía a alguien que fuera el perfecto caballero inglés, que no fuera tan tremendamente celoso como él, necesitaba a alguien en quien pudiera apoyarse para cualquier cosa, que tuviera todo el dinero del mundo para llenarla de joyas y de cosas hermosa como ella, por sobre todas las cosas necesitaba a alguien que no fuera tan tremendamente impulsivo que terminara lastimándola con sus palabras.
Ella se merecía a otra persona que no fuera él, cualquier otra persona.
—Por eso le pedí que nos fuéramos a vivir juntos en vez de que nos casáramos. Aunque lo deseo con toda el alma, pero eso sería tremendamente más doloroso que esta separación.
Y esa ya había sido sumamente dolorosa.
Ron suspiró y susurró muy bajó esperando que su madre no lo escuchara.
—Por eso nunca le he dicho que la amo.
Todos afirmaban que él la amaba y él lo hacía, incluso había susurrado las palabras mientras dormían pero ella jamás las había escuchado, siempre se aseguraba de ello. No tenía el valor suficiente para decírselo cuando estaba despierta, no cuando eso significaría entregarle todo su corazón en bandeja de plata. Ella ya lo tenía, pero no era necesario que lo supiera, no cuando en algún momento se acabaría su sueño de cuento de hadas como ella los llamaba.
Necesitaba proteger un poco su dignidad.
Escuchó un trozo de madera quebrase cuando su madre avanzó hacia él y lo hizo voltearse.
—En resumidas cuentas —inquirió—. En tu mundo, jamás has sido suficientemente bueno y solamente estabas con ella a la espera de que se diera cuanta de ese detalle y te dejara. ¿Comprendí bien ese detalle?
Él asintió.
—Ahora ella "supuestamente" ha encontrado a alguien más y entonces tú has decidido dejarle el camino fácil para que Hermione lo elija a él. ¿Lo debe entender de ese modo?
Volvió a asentir.
—Nada más aclárame algo —La mirada de su madre se llenó de fuego mientras lo apuntaba con el dedo— ¿Crees, sinceramente, que esa "supuesta persona" a quien le has dejado el camino libre, ame a Hermione tanto como tú lo haces? —Su mirada gélida lo estremeció—. En realidad, déjame cambiar mi pregunta ¿Crees que exista alguien en este planeta que pueda amar más a esa mujer que tú?
Su madre lo observaba con reproche mientras terminaba clavando su dedo en su pecho. Ron sintió el dolor en el pecho, pero en un lugar más profundo y no a causa del daño que intentó infligirle su madre. Lo sintió en su corazón, porque la pregunta de su madre le llegó muy dentro de su pecho hasta ese órgano que hasta ese día solo había seguido latiendo por una sola persona.
Hermione.
Pensó en Hermione llegando a casa después de un arduo día de trabajo y se recordó así mismo haciendo una broma estúpida que conseguía sacarle una sonrisa, o la imaginó sobre el escritorio de su despacho después de haberse quedado dormida por estar hasta tarde trabajando y se vio llevándola en brazos hasta la cama y arroparla con cariño.
Recordó las veces en que Hermione había perdido el almuerzo por su trabajo y las mismas veces que él había tenido que ir a la oficina para llevarle de comer o para obligarla a que fuera a comer con él, esas mismas veces que ella decía que debería dejarla trabajar, pero con una sonrisa en los labios que terminaba confundiéndose con la suya propia al juntarlos en un profundo beso.
Entonces también pensó en los chocolates que siempre había que tener el refrigerador para ella, y la manta extra que se debía guardar en el buró de la sala para cuando veían una película de terrón y que ella necesitaría para tapar sus ojos y evitar ver las escenas terroríficas, recordó la suave caricia que le gustaba sentir cada mañana detrás de la oreja derecha, o que en invierno necesitaba comprar extra calcetines para que ella no sufriera de frío. Recordó…
¿Cómo es que no se había dado cuenta antes?
Él no era perfecto. Probablemente jamás lo sería. Pero se había esforzado cada día de su vida para ser perfecto para ella y aunque a su parecer jamás lo llegaría a ser por completo sí que era lo más cercano a la perfección que alguien alcanzaría a ser para ella.
Porque nadie sabría exactamente cómo le gustaba el chocolate.
Ni que tenía cosquillas justo en la punta de la nariz.
O que le gustaba ver las estrellas en octubre cuando la luna era más grande. Ni que era incapaz de terminar de ver una película a menos de que tuviera golosinas a los lados. De hecho nadie conocería que le gustaban las golosinas de fresa tanto como a él le gustaban los pastelillos.
Nadie sabría cuándo dejarla sola y cuándo necesitaba compañía a pesar de sus palabras. O cómo obtener una sonrisa sincera de sus labios.
Nadie sabría como amarla.
Porque nadie la amaría tanto como la amaba él.
El sonido de sus propias palabras resonando en su cerebro lo estremeció. Nunca se había dado cuenta, nunca lo había considerado realmente. Aceptaba el hecho de que ella se iría, pero jamás había pensado en eso, ni en las repercusiones que acarrearía su decisión de dejarla en libertad.
Dejarla…
La sola idea en ese momento le creaba escalofríos y temor.
Necesitaba regresar. Pronto. En ese mismo momento. Arreglar las cosas, confiar en ella, lograr que le contara su versión, pedir disculpas, decirle que la amaba.
Por sobre todo decirse que la amaba.
Y decirle que muy probablemente llegaría a pelear muchas veces en lo que les quedaba de años, y probablemente él querría irse de casa y huir de su vida en muchas ocasiones, pero estaba seguro de que si ella se lo permitiera él regresaría en cada una de las ocasiones.
Porque la amaba.
Era así de sencillo.
Aunque sus temores seguirían ahí, pero por ningún motivo los dejaría hacerse realidad. Si por una remota casualidad existía alguien que pudiera amarla más que él, pues bien, que llegara y presentara batalla porque él no iba a permitir que nadie le arrebatara a SU mujer.
Se dio la vuelta y encaró a su madre.
La abrazó y la beso en la mejilla. Incluso terminó levantándola del suelo varios centímetros.
—Te quiero, madre.
—Eso espero, eres mi hijo.
—Y estoy muy orgulloso de serlo —dijo cuando la dejó nuevamente en el suelo.
La mirada de su madre se humedeció y la candencia de su voz lo llenó por completo.
—¿Debes irte, no es cierto?
—Así es —respondió con una sonrisa y estuvo a punto de desaparecer, pero recordó algo y se detuvo—. Creo que alguien que está viviendo en Sortilegios Weasley necesita de toda tu sabiduría, madre.
Su mirada volvió a llenarse de furia.
—¿Es que ese inmaduro aun no regresa a su casa?
Ron negó y desapareció con una sonrisa mientras escuchaba muy lejanamente las amenazas que salían de la boca de su madre para contra su hermano. Pero eso era lo de menos en ese momento, mientras su estómago regresaba a la tranquilidad después del viaje observó la casa donde llevaba viviendo los últimos dos años. La luz de la tercera habitación del segundo piso estaba encendida.
Hermione estaba despierta.
Su estómago se removió y nada tuvo que ver el aparecerse.
Ahora lo que tenía que lograr era que Hermione quisiera hablar con él, lo que recordando la manera en la que se había ido iba a resultar una empresa completamente peligrosa.
¿reviews?
XOXO
..:: wendy . rosita ::..
