Capítulo 3: En un momento inesperado
31 de Julio de 2000
Estimado Señor Potter:
Nos han llegado noticias, aquí en el norte, de que está usted a punto de firmar un contrato de Quidditch muy lucrativo con los Holyhead Harpies (N/A:Arpones de Cabeza Espiritual?). También que ha llegado a lo más alto en el terreno de lo que posiblemente sea una carrera estelar en el mundo de la política ministerial; que esta usted de aprendiz en el departamento de los Innombrables del Ministerio; que ha comprado el Quisquilloso; que está empezando una banda de Rock & Roll; que se ha mudado a Roma con Remus Lupin para estudiar los derechos de la licantropía; que ha abierto una discoteca de mala reputación en el callejón Diagon, o posiblemente un restaurante de cinco estrellas en Bath; que se ha unido a los Aurores en la guardia experimental de San Mungo o la Iglesia de los últimos Días Santos; y también que ha anunciado su intención de vivir sus días tranquilo, gastándose la fortuna de los Black tan rápido como pueda junto al joven de los Malfoy. O posiblemente junto al señor Smith. O la señorita Bones. O los tres. Los rumores son distintos respecto a este punto.
Sin saber a cuál de estos preocupantes futuros dar la enhorabuena, en vez de ello echaré mano de mi perspicacia, con la cual llevo conmigo unos cincuenta años aconsejando a mis jóvenes Leones y le ofrezco una invitación a cambio. Como indudablemente se encuentra sin ninguna ocupación desde que la guerra terminó, creo y espero que la acepte.
Vuelva a Hogwarts, señor Potter. Esta escuela ha sido siempre su hogar. (Me atrevería decir que aquel lugar muggle de Surrey nunca…)Y la verdad es que le necesitamos ahora. Los hechizos de protección han empezado a desvanecerse desde que Albus murió. Merlín sabe qué les hizo aquel viejo bobo los últimos años que fue Director ( A decir verdad, no me extrañaría ver reemplazados los focos de magia por sorbete de limón ni lo mismo con las Rocas de Brighton y los bastones de caramelo.) La verdad es que, las defensas de Hogwarts han sido una masa de hechizos de protección durante miles de años. Nadie se molestaba en quitarlos, simplemente les añadían otros nuevos como parches, allí donde veían que fallaban. Ahora que Albus se ha ido, esas mañas ya no funcionarán.
Por eso, me gustaría que dedicara su magia, sus instintos, y su piel al problema de las defensas mágicas. Su sueldo le será pagado como a cualquier otro miembro del personal de Hogwarts y lo mismo con el alojamiento y la comida. (En este punto tal vez debería recalcar un último rumor del que se dice que no le gustan las multitudes. Por este motivo he pensado que se podría rehabilitar la cabaña del antiguo guardabosques cerca del Bosque Prohibido. Creo que era uno de sus lugares favoritos).
Considere mi oferta, señor Potter. Es bienvenido aquí, e igualmente, necesitado. Y sé perfectamente que el trabajo está al alcance de sus capacidades. No es una pérdida de su tiempo ni de su considerable talento. ¿De cuántos de sus posibles futuros puede decir lo mismo?
Responda a primeros de septiembre, si puede, o simplemente, déjese ver por aquí cuando quiera. He dado instrucciones a los elfos de prepararle alojamiento por si acaso.
Para cualquiera que sea su respuesta, su inestimable amiga:
Minerva McGonagall
Directora del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
14 de Noviembre de 2001
El sonido aporreó la puerta con golpes rápidos y enfadados. Asustado, Harry casi dejó caer su varita dentro del pequeño caldero, pero consiguió forcejear con su mano y sujetarla en el último segundo.
-¿Quién es? –gritó mientras cambiaba de mano para limpiar un poco de sangre en sus pantalones antes de que goteara en el cristal.
-¡Potter, abra la maldita puerta!- la voz de Snape estaba acallada por un metro y medio de espesor de roble. Aún así era suficiente para que Harry gimiera y pusiera los ojos en blanco.- ¡¿Qué narices significa esta jodida nota?!
-Exactamente lo que pone, Snape –gritó Harry en contestación, observando la pústula con cuidado y flexionando su mano derecha por un calambre repentino.- Al final, las mantícoras no estaban introduciéndose en los límites. Ya estaban dentro de los terrenos. Mira, estoy muy ocupado ahora. Te buscaré después y podremos discu…
-¡Lo discutiremos ahora, idiota!- Harry saltó a la vez que la cabeza de Snape aparecía en la ventana de su cocina, que había estado abierta para ventilar los efluvios. – No espere que yo simplemente… ¿Qué demonios está haciendo?
-Lo que parece que estoy haciendo.- dijo Harry entre dientes. La poción se había vuelto de un rojo chillón. Dio unos golpecitos con la probeta de cristal a un lado del caldero. Salió un humo como de chimenea y Harry vació el resto del contenido dentro.- Si me dieras tan solo diez minutos para terminar esto, no tendrías que ver…
-Cómo se desmaya delante de su caldero, eso es.- Snape se había metido y estaba dando vueltas alrededor de la mesa de Harry. Sus ojos negros observaban el trozo de cola de mantícora disecada, con el aguijón, lleno de veneno, abierto y rezumando- Al menos una hora y media desde el final para un antiveneno apropiado. ¿Hace cuánto que le pinchó, imbécil?
Harry suspiró y fue a abrir la puerta principal.
-Ocurrió esta noche. Después de medianoche, creo.-dijo retrocediendo un paso, al ver que Snape se lanzaba hacia él como un pájaro de mal agüero. – Y no me pinchó, sólo me mordió ¡Ey!- Saltó hacia atrás, retorciéndose mientras el hombre oscuro le levantaba la manga y dejaba ver su brazo derecho. Pero la garra de Snape era demasiado fuerte y Harry estaba muy débil para luchar contra él.
Intentó no gritar cuando Snape le quitó el vendaje sangrante y lo tiró al suelo. Pero no pudo evitar sisear cuando esos dedos de hierro presionaron su carne herida y negra y la sangre se derramó de nuevo por la herida recién abierta. Snape acercó su nariz a la herida y la olió.
-¿Acaso quería perder su maldito brazo? –dijo al final. Su cara llena de una rabia que Harry estaba demasiado cansado para comprender - ¿Por qué demonios no fue a buscar… a Madam Pomfrey?
-Cuarentena – Harry intentó sacarse de encima los dedos de Snape con la mano izquierda – Toxina de elfo en el dormitorio de tercer año de Hufflepuff. Pensé que tendría bastante con eso. ¿Podrías soltarme de una vez, por favor?
-El color del humo aparece diez minutos después de las primeras cenizas –replicó Snape, ausente. Soltó un poco su agarre, pero le obligó a sentarse en una silla- Tiene tiempo de explicarme cómo demonios consiguió ser mordido por una mantícora en una patrulla nocturna normal cuando yo sé perfectamente que puso todas esas trampas en el bosque hace un mes ¡y no capturaron nada!
-¡No¡No tengo tiempo!- torció el hombro y al final logró zafarse de su garra, aunque vio estrellitas por el intento.- No tengo tiempo, no esta vez¿vale? De verdad que tengo que mirar esto o se… ¡MIERDA!- se echó sobre la mesa e intentó coger el pequeño cuenco de cenizas de fénix que se escurría por la superficie antes de que se volcara.
Estuvo un momento tumbado sobre la mesa, sus dedos cerrados mientras la sangre caliente y negra resbalaba por ellos. Snape se erguía amenazante tras él, pero Harry apretó los dientes, rehusando ser intimidado. ¡Mierda¡Sabía cómo hacerlo¡Él no era malo en pociones…! Habían salvado su vida más de una vez en…
-¿Dónde encontró esta variedad?- la voz de Snape, oscura, tranquila, traspasó el temperamento de Harry. Se volvió hacia él y vio que la atención del hombre estaba fija en el cuaderno de anotaciones y recetas a mano, sujeto a las esquinas por muchas piedras, una caracola y un cuchillo lleno de sangre.
-La librería de la Casa de los Gritos – admitió, encarando sus viejos temores- Algunos. Nosotros… - titubeó.- Hay algunos cambios con el original. Menos tiempo en los sortilegios, pociones específicas en vez de generales…
-Y no comestibles.
Harry asintió.
-Los Bezoar son más rápidos que ninguna otra poción. Eso es solo para mordeduras.- No necesitaba legirimencia para saber que Snape estaba pensando en Naginni. Harry había sido envenenado por esa serpiente tres veces distintas antes de poder capturarla y destruirla. Si su puntería hubiese sido mejor la primera vez, nunca habría vivido lo bastante como para trabajar en esa variante de la poción con la ayuda de Hermione.
-El brazo izquierdo conmovedor –Snape señaló la garra de Harry sobre su hombro izquierdo- ¿Un toque personal de magia ampliada?
-Eh¿qué?-preguntó Harry. Entonces entendió la pregunta.-No. Simplemente no quiero volver a… ¡Augh!- gritó cuando Snape le apartó bruscamente del camino sin una palabra.- ¡Hey!
-Si todavía no ha conseguido asimilar la relevancia de la fuerza direccional, Potter – dijo mientras cogía las plumas caídas de la mano de Harry y las volvía a meter en el caldero sin dejarse ni una- entonces será mejor que le deje el resto a alguien que pueda hacer esto ¡Sin que se convierta en algo más peligroso que esa mordedura!
Por un momento, Harry tuvo en la punta de la lengua gritarle que podía hacerlo perfectamente solo sin la interferencia de Snape y que el gigantesco murciélago podía largarse sin más. Pero solo por un momento. Porque en realidad estaba MUY cansado. Harry se tocó la cara un momento, entonces dio unos pasos hacia la cocina y abrió la nevera.
-Encontré un nido en los terrenos – susurró, observando la textura suave de las pálidas plumas, enganchadas a esos dedos pálidos, dentro de la poción rojo oscuro. Harry dejó que sus ojos se relajaran con eso mientras sus labios hacían el resto- Por eso las trampas del bosque no apresaron ninguna... las bastardas solo van allí a cazar – Era paralizante, de alguna forma. La gracia estudiada del arco preciso al dar la vuelta, el cambio de la muñeca en vez del brazo, el balanceo del último dedo.- Hay una cueva cerca del lago, al lado del túnel secreto que sale de las mazmorras. Ya sabes. El de la estatua del troll.
La suavidad paró. Pero volvió rápidamente.
-Lo conozco.- fue todo lo que dijo Snape.
-Había una reina allí. Todo garras. Dos milésimas de segundo y habría conseguido que me siguiera y matarla.-suspiró. Paseó su mano derecha por el pelo, aún lleno de arena y agua.- Tres reinas más aparecieron al oír sus rugidos y después el padre, un poco después. Él fue quien me lo hizo…-levantó un poco su brazo derecho.
Snape sujetó las plumas y miró la receta, pero, extrañamente, pareció como si asintiera.
-¿Mordido por la bestia?-preguntó con una ceja levantada- ¿No sería la cola en este caso?
Harry asintió.
-El veneno vendrá enseguida, así que ahora solo…eso- susurró mientras Snape movía su varita e introducía la cola de escorpión en el caldero. Se disolvió en el mismo instante en que tocó la poción, que inmediatamente despidió un olor de jazmines y se puso del color de la mantequilla.
Harry intentó cogerla, pero solo para ser aferrado de nuevo por Snape vigorosamente.
-Deje que se enfríe, Potter. No tengo el menor interés en hacerle también una poción para las quemaduras esta mañana.
-Funciona mejor cuando está caliente – replicó, molesto por el aviso de Snape e incluso más por el involuntario gemido de su voz.
-Y cuando esté caliente, no ardiendo, entonces le dejaré que se vuelque todo el maldito caldero por encima si ése es su deseo.- replicó Snape con una mirada tan gélida que Harry pensó que podría congelar el caldero en cuestión.- De momento, siga con su historia.
Harry puso los ojos en blanco y se sentó de nuevo. Su brazo le dolía ahora veinte veces más cuando sabía que la cura esta justo ahí. Apretó la mandíbula y rechinó los dientes.
-Había siete adultos en la manada. Los maté a todos, pero sé que hay cachorros escondidos. No me sentía muy bien para cazarlos a todos en ese momento, con…-levantó el brazo- Así que supongo que volveré a por ellos esta noche.
-Eso no puede esperar hasta esta noche.- le cortó Snape- Weasley da clase en el lago hoy, después de los hinkipunks.
-De acuerdo, entonces – Harry levantó su mano buena con frustración- Iré en cuanto se me cure el brazo. Puedo advertir a Charlie mientras voy para allá…
-Oh, evíteme el melodrama, Potter – cortó Snape- Yo le avisaré a él y a la propia Directora, una vez se haya dormido usted. Lo que – añadió girándose para echar un vistazo- va a hacer dentro de tres minutos, en cuanto esta poción que ha hecho toque su piel.
Miró el caldero e introdujo una cinta amarilla y delgada en él.
-¡No lo haré!
-Casi estaba al borde del shock cuando se sentó, imbécil –replicó Snape, rescatando la cinta de nuevo- Así es como llamamos a ese color grisáceo de su piel y al hecho de que no se puede mantener en pie. Y no necesita mirarme de ese modo, porque es lo que pasa cuando se está sangrando durante seis horas. Ponga líquido caliente sobre esa herida y acabará desfalleciendo, no importa lo cabezota que sea. Ahora quítese la camisa y venga aquí.
¡Por fin! Pensó Harry, quitándose lo que quedaba de su ajada camiseta con un grito y un salto. Se acercó más, moviendo el torso de forma que su antebrazo quedara por encima del caldero para que Snape pudiera derramar el antiveneno sobre su herida. Esta vez ni siquiera se molestó en ahogar sus gemidos. No era tanto el calor como la explosión de magia antigua y vida, que surgió en la carne herida con cada gota de poción que se derramaba en ella. Harry sintió que sus piernas se doblaban ante la sensación de esa ola de poder.
La mano libre de Snape le sujetó por la cintura, atrayendo a Harry hacia él.
-Mantenga su brazo en alto, estúpido – demandó, sujetándolo más firmemente para la segunda ronda.- El caldero aún está lo suficientemente caliente como para achicharrarle.
Y Harry lo intentó, pero la segunda ronda hizo que su visión se tornara gris y sus rodillas se convirtieran en agua de nuevo. Maldiciendo, Snape tiró de él despacio y usó su propio cuerpo para apoyar a Harry en la mesa. Y cuando Harry aún buscaba el aire para protestar, tanteó alrededor suyo hasta dar con su brazo y sujetarlo en alto, para dejar caer más dolor sobre él. Las mejillas del chico estaban húmedas y su mandíbula apretada cuando Snape por fin le dejó libre.
Harry no se dio cuenta de que estaba contra el cuerpo de Snape hasta que una mano huesuda serpenteó por su estómago para ponerle en pie. Aún así no tenía fuerzas para rechazarle. Una parte lejana de su mente se avergonzaba de darle a Snape toda clase de argumentos para echarle en cara en el futuro, pero por otra parte, mucho más cercana, estaba el hecho de que casi no podía respirar. Ni de dejar de temblar. Dejó que su cabeza cayera sobre el hombro de Snape y se concentró en no lloriquear.
-¿Puede andar, Potter? – el aliento de Snape se coló por la oreja de Harry unos segundos, levantándole el vello de la nuca y convirtió su temblor en un estremecimiento.
Harry sacudió la cabeza.
-Todavía no. Dame un minuto.¡Uaa! – se agarró al brazo de Snape a la vez que era, literalmente, levantado en vilo de donde estaba, para caer luego boca abajo, cerca del hombro del profesor y a una considerable altura del suelo.
-¡Bájame, maldito…!-dio una patada o dos, pero paró cuando la mano de Snape resbaló un poco de su trasero. Mucho peor que ser llevado a cuestas, era la idea de caerse de cabeza.
-Estése quieto, idiota – era todo lo que Snape tenía que decir. Cinco zancadas y una puerta de dormitorio un poco estrecha, Harry se encontró rodando de ese hombro huesudo hasta su cama. Los muelles tan sólo chillaron un poco más alto que Harry.
-Au…-se dio la vuelta, para quitarse los zapatos con cansancio.- ¿Y esa es la actitud hacia un enfermo?
-Aplíquese el cuento.-replicó Snape, dando un tirón del edredón hasta que Harry rodó hacia el otro lado de la cama.- La próxima vez tal vez deba dejarle romperse el esqueleto contra el suelo de su cocina¿verdad?- arrastró a Harry al centro de la cama y le puso el edredón encima.
-Mpf- Harry rió sin fuerzas, interrumpido por un quejido.- no es lo que dicen que hay que hacer para que un tío caiga rendido a tus pies¿sabes? Sólo por si acaso, no te dejo esa receta.
-Entonces me acordaré de devolvérsela antes de que despierte – dijo Snape con los ojos en blanco mientras le quitaba las gafas.- Ahora preste atención, idiota. ¿Qué hizo con los cadáveres de las mantícoras? No los dejaría simplemente allí tirados, al lado del lago¿verdad?
-Por supuesto que no – Harry intentó abrir un ojo para mirarle enfadado- Le mandé una lechuza al profesor Slughorn al mismo tiempo que a usted. Probablemente él…
-¿Slughorn? – chilló Snape- ¡MALDITA SEA!- y con eso, huyó de la habitación. Harry se durmió antes de que los sonidos de sus pisadas se desvanecieran.
Cuando Harry se despertó de nuevo, con la vista cansada y dolorida después de catorce horas de oscuridad, estaba junto a un confortable fuego, las luces de su cabaña agradablemente encendidas y una comida caliente (bajo un hechizo calentador) en la mesa. De la poción o sus restos no quedaba nada, ni siquiera una gota de sangre sobre las baldosas de piedra del suelo.
Harry sonrió, pensando que al final Dobby había empezado a comprender la importancia de dejarle dormir en las horas de comer y se incorporó sobre el plato de estofado y el trozo de pan. Iba casi por el segundo plato cuando vio las cartas. Eran tres y estaban pilladas bajo la sopera.
La primera, con la letra de Charlie Weasley, era una cansina nota donde le daba las gracias por avisarle acerca de las mantícoras, seguida de una no-muy-sutil pregunta sobre si Harry había recibido las Grandes Noticias de la Familia ya y si sería posible que fuera a la Madriguera para…Harry lanzó la carta al fuego.
La segunda era de la Directora, expresando su preocupación por las noticias de la aventura de Harry, urgiéndole que se tomara su tiempo en recuperarse completamente de sus heridas, pero haciendo hincapié en que los hechizos de protección del castillo deberían haber mantenido a raya a las mantícoras y que habían caído mucho más rápido de lo que nadie habría podido imaginar, así que, si Harry podría acelerar sus encuentros con Snape a dos o tres veces por semana hasta que encuentren la forma de repararlos, mejor.
-Maravilloso. Eso si que será "tranquilidad" –murmuró Harry, sorbiendo la última cucharada. Pero dejó la carta a un lado, en vez de consagrarla a las llamas.
La última carta era, por supuesto, de Snape. Harry la miró por un momento, esperando que explotara como un Howler…o en el caso de Snape, más bien como un Snarker. (N/A: otro juego de palabras. Ya que Howler es algo así como un vociferador, Snarker será lo mismo, pero con la palabra Snare: trampa. Algo así, no sé. Como un sobre con trampa.) Pero se quedó en la mesa, reposando, mirándole con la letra del profesor Snape estampada en él.
-De acuerdo- dijo Harry al fin- Vamos allá- rompió el sello con el mango de su cuchara y la receta de la poción cayó de su interior. Harry solo la consiguió coger un segundo antes de que cayera en el estofado. Le dio la vuelta y encontró los márgenes llenos de observaciones de Snape, críticas y sugerencias. Harry le dio la vuelta y tomó nota mental de volver a copiarlo todo como estaba antes.
Potter, empezó a leer, quedaban seis cachorros de mantícora. Los encontré y eliminé a todos, además de cuatro nidos más. Encontrará dos de los huevos más jóvenes dentro de su cazuela, bajo un hechizo paralizante, porque no albergo ninguna duda de que a pesar del buen juicio o la legalidad, quiera guardar al menos uno como mascota para Hagrid. El más pequeño no es más que un huevo a medio formar. Estoy seguro de que el Lobo lo encontrará una interesante curiosidad. Podrá pasárselo por sus amigos franceses o italianos usted mismo, yo estoy más que satisfecho de estar libre de todos los negocios de tráfico de mantícoras.
-Ja.-Harry terminó su pan y puso a un lado su cuenco- Excepto por vender los cachorros disecados para ingredientes de pociones. Serás hipócrita.
Y sobre la petición de la Directora, debo decir que estoy de acuerdo. A pesar de que le cause muchísimo dolor dejar a un lado su brillante conquista social, la cuestión de los Hechizos Protectores requiere, en este momento, mucha más de nuestra atención. He localizado y reunido varios de los libros y pergaminos con la localización de dichos hechizos. Le ruego, amablemente, que se presente en mi oficina mañana por la noche, para así poder empezar con ellos.
S.Snape.
-Brillante conquista…- Harry optó por reírse en vez de por indignarse, pero ni en toda su vida habría sabido el por qué. Harry patrullaba los terrenos cinco de siete noches, cazando espíritus, espantos y bestias con largas patas que salían del bosque prohibido ¡Y su "compañero" lo sabía!- Snape, eres un auténtico adicto al trabajo.- gimió y dejó la nota en la mesa. Después volvió a cogerla al ver que seguía por detrás.
Tómese un vaso o dos de esa botella que guarda, Potter y quédese en casa esta noche. No está como para correr por los terrenos en busca de mantícoras perdidas después del relajante muscular que le he puesto en ese estofado.
