III: Mayo
Lunes 1 de Mayo
En la Universidad se anunció que el sábado sería el famosísimo evento de la Facultad de Medicina. Como decidí a la suerte que iría, lo anoté en el celular como si fuera el ente más ansioso sobre la tierra.
Medicina. La palabra me aterra y me llama la atención al mismo tiempo. Lo relaciono inmediatamente con el azul.
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Viernes 5 de Mayo
Fui a pedir otro libro a la biblioteca. Kafka en la Orilla, un buen volumen. Akihiko me lo arrebató de las manos apenas salimos y por acto reflejo me le tiré encima para que me lo devolviera. Parecíamos dos chiquillos.
¡Más te vale no haberlo estropeado! Le grité. Varios me miraron. Incluido Akihiko, como si dijera "no tengo nada que ver con ese loco". Revisé si tenía algún problema y respiré calmadamente al darme cuenta de que seguía intacto. Cuando miré a Akihiko, pareció querer salir corriendo.
¿Me puedes ir a buscar uno? Ese mismo que tienes, me entró curiosidad. Lo quedé mirando con los ojos en blanco. A buscarte uno tu abuela, le escupí. Ya murió, me dijo. Diablos.
Al final fui igual. Mientras caminaba hacia la puerta, le fui dando un sermón a ese idiota que lo que no tiene de arrogante lo tiene de considerado. Apenas giré, volví a chocar con alguien.
¡¿Por qué demonios siempre tengo que chocar contigo?! Le gritoneé. Ya sabía de quién se trataba. Por un paso en falso y de una forma que me avergüenza describir, me caí, con ese otro tipo encima. ¡Lo siento! Dijo rápidamente. Se puso de pie y me ayudó a pararme, ofreciéndome su mano. No sé por qué acepté su ayuda. Su mano era tibia, grande, un poco rústica. Lo miré a los ojos, sintiéndome como el centro de atención de todo el mundo. Jamás me había percatado de lo alto que era. Él me quedó mirando.
Ya puedes soltarme la mano, me dijo entre risas sutiles. ¡Hmp! Insolente, bufé. Deslicé mi mano entre la suya como si tuviera peste. Soy Nowaki, me dijo. Jamás te pedí que me dijeras tu nombre, le respondí. ¿Y yo puedo saber el tuyo? Se llama Hiroki, dijo alguien por ahí. ¡No metas las narices donde no te llaman, Akihiko! Grité, pero ninguno de los dos me escuchó. Soy su mejor amigo, siguió el imbécil. Un gusto, dijo ese tal Nowaki.
Un rato después fuimos al casino de la Universidad. Ese Nowaki se despidió de nosotros y desapareció. Yo me miré las manos sin entender a qué se debía esa atracción extraña que me generaron de un segundo a otro.
Pareces una quinceañera, me dijo Akihiko de repente con un tono burlesco. Repite eso y te asesino, le escupí. Él rió. Sacó un cigarro de por ahí, se me había olvidado que era un fumador compulsivo. Me ofreció uno, lo rechacé. No parece darse cuenta de mis aficiones o mis desintereses.
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Sábado 6 de Mayo
Le dije a mi madre que no estaría hoy, pero que si algo ocurría no dudara en llamarme. Ella lo confirmó con la cabeza y me dio un beso en la mejilla. ¿Qué fue eso? Le pregunté, y miento si digo que no me dio un poco de vergüenza. Me sentí como un niño de nuevo. ¿Qué tiene? Me respondió. Puedo darte un beso cuando quiera, soy tu madre, me dijo. Una mueca extraña se me pegó en la cara, esperaba un tono más maternal en esa frase y no uno de reproche.
Me gusta que mamá me recuerde eso cada vez que puede. Los besos puede reservárselos, eso sí.
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Domingo 7 de Mayo
Ayer, Akihiko pasó a buscarme como si yo fuera poco menos que su prometida. Aparecí rojo por la vergüenza y la ira en la puerta de mi casa. Él no encontró nada mejor que largar las carcajadas. Le grité que se callara.
Nos fuimos caminando. Metí las manos a los bolsillos de mi chaqueta, hacía frío. Un frio bastante casual y rutinario, el típico frío nocturno y reseco. Akihiko me preguntó por mi padre, de una forma bastante casual también. Se mantiene bien, dije. No mentí. A estas alturas, para mi papá estar bien es sólo no comer, mientras no llega la fiebre y los moretones de origen desconocido. ¿Y tú cómo estás? Le pregunté. Él no supo qué responderme, fue como si hubiera perdido un debilitado equilibrio. ¿Me veo bien? Preguntó. Pues… sí, dije desconcertado. Entonces estoy bien.
No conozco su afición a mentirme. No me vengas con cuentos, hablé con un tono bastante impaciente. Él sonrió con algo parecido a la nostalgia. No sé, pero Akihiko no es de esos que se abrazan fervientemente al pasado. ¿Tiene que ver con Takahiro? Le pregunté. Más o menos. ¿Cómo eso?
No me dijo nada. Preferí no insistirle en el asunto. Calar en la herida hace que el dolor despierte.
Cuando llegamos a la Universidad, el famosísimo evento había comenzado recién. Había música en vivo (bandas bastante buenas, pero no de mi gusto. Prefiero lo clásico), mucho alcohol y también mucha gente. Varias caras conocidas, otras no tanto. Como esa, la de piel pálida que sonreía al aire, casi porque sí.
Mira quién está allí, me dijo Akihiko en tono burlón, señalando al imbécil ese con el que siempre choco. Idea no muy concreta que tenía de él porque al instante me puse rojo y le aventé a Akihiko lo primero que vi por ahí. ¡¿Y qué tiene que esté ahí?! Le grité en modo histérico. No sé, pero no por nada te pones tan así cuando te lo señalo o te hablo de él.
Me quedé pensando en eso mientras lo miraba. No a Akihiko sino a Nowaki. Él nunca me miró, pareciendo demasiado concentrado en conversar con un tipo rubio teñido y bebiendo no sé qué.
Tiene algo bonito. Algo cautivante. Pero no sé qué es.
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Martes 9 de Mayo
Tengo examen mañana, no puedo concentrarme. Es horriblemente frustrante. A pesar de que en mi casa hay mucho silencio, casi penoso. Me hace sentir solo.
Hoy no vi a Nowaki.
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Miércoles 10 de Mayo
No sé qué le dio a Akihiko por andar averiguando sobre Nowaki. Deberías agradecerme, te estoy haciendo un favor; me dijo mirándose las uñas y limpiándoselas en el pecho. Nada de eso, lo que tú eres es un chismoso; le respondí. No, lo que hago es reunir la suficiente información de él como para que un día te le puedas acercar sin que haya un choque de por medio. ¡¿Y quién mierda te dijo que yo me le quiero acercar?! Le grité por enésima vez. Me quedó mirando con la ceja alzada y las pupilas a un lado. Sí, claro, y yo soy Marco Polo, me respondió. Maldito sea.
Me dijo que tenía diecinueve años y que estudiaba Medicina. Es su segundo año en la Universidad. Cuando me dijo que iba a menudo a comer a la cafetería que está cerca del centro comercial, lo quedé mirando y le dije: ¿Qué clase de psicópata eres?, di unos pasos hacia atrás. Ninguno, creo; me respondió. Rodé los ojos. Puedo organizarte una cita con él si quieres, me dijo alzando las cejas y sonriendo mordazmente. No encontré nada mejor que hacer, que golpearlo en la cabeza y seguir caminando.
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Jueves 11 de Mayo
También me dijeron (Akihiko me pasó el dato) que suele ir bastante seguido a la florería, la misma que está al frente del café que está cerca del centro comercial. No creo que tenga novia y le vaya a comprar flores, dije en un susurro. Akihiko me escuchó igual. Me quedó mirando un rato, descansó su mentón en su mano que se apoyaba desde el codo sobre la mesa y me sonrió un poco. ¿Sabes cuál es tu problema? Me dijo. ¿Problema? ¿Cuál? Fruncí el ceño. Es que ese tipo te hace sentir cosas raras sin siquiera hablarte.
Iba a responderle de mala forma, pero preferí quedarme callado. Tiene razón.
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Viernes 12 de Mayo
En la mañana, Akihiko me abrazó con fuerza siendo hasta molesto. ¡Feliz cumpleaños! Me dijo. Gracias, respondí. Confieso que igual me conmovió un poco su saludo, así que correspondí el abrazo. Cuando llegué a casa, mamá me saludó también. Papá me sonrió desde su lugar. Acabado. Parecía no poder hablar.
No tenía ánimos para celebrar, ni siquiera mi cumpleaños. Ya son veintitrés. Dos décadas, cuatro lustros más tres. Veintitrés suena menos deprimente.
Cominos juntos, en silencio. Parecía más un funeral. Ni siquiera mamá hizo algún tipo de esfuerzo para que el aire no estuviera tan pesado. Papá no comió. Se dedicó a volcar una y mil veces los filetes de pescado. Ni siquiera me miraba. Parecía estar ahí por obligación, detesto forzar a la gente a que comparta conmigo, pero tratándose de mi padre… no lo sé, es una sensación desquiciada. Yo tampoco quería mirarlo, pero los ojos se me desviaban solos desde el arroz hasta sus manos amoratadas. Me cansé. ¿Qué te pasa? Preguntó mamá. Nada, contesté. Eché de menos el grito de mi padre, pero él no dijo nada. Todavía parece conocerme.
Ya no sé si lo extraño, lo desconozco, o se me hace igual al aire. Qué patético cuestionarme todo esto en serio un día que debería ser la alegría de él, y la de mamá.
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Domingo 14 de Mayo
Fui a una tienda de libros usados y encontré a Nowaki en un restaurant. Parecía esperar a alguien o simplemente hacer tiempo. Me quedé estático frente al ventanal. Me saludó. Qué cosa tan incómoda, pero él no se mostraba incómodo, haciendo que, sin querer, yo tampoco lo estuviera. Me sonrió un poco. Sin hallar qué hacer, seguí caminando. No sé qué demonios fue eso, pero fue agradable verlo de nuevo.
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Lunes 15 de Mayo
De haber una cita, quiero que sea casual. Me gustaría verlo un día por ahí y que me hable. Yo no me voy a atrever. Que me invite a un café, o a una copa, conversar del clima y sobre él y yo (no puedo decir "nosotros").
Fui a la cafetería a eso de las una de la tarde, esperando encontrarlo. No llegó. No pude seguir esperando porque tenía clases. Volví a la universidad fastidiado, decepcionado, desganado. Pero más que cualquier cosa, volví solo*.
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Martes 16 de Mayo
Fui de nuevo a la cafetería. Me ubiqué en una mesa cerca de la ventana que da a la calle, de manera que pueda ver a la gente pasar. Pedí un café con leche, me lo trajeron en diez minutos. Miré al mesero para decirle gracias, quedándome mirándolo un rato. Tenía los ojos azules, como Nowaki, pero más claros. Además, tampoco era tan alto. Él se fue inmediatamente y yo miré hacia la calle. Mucha gente pasaba, y con el patetismo más grande del mundo empecé a buscar a Nowaki en cada una de las personas. Algunas tenían su mismo color de pelo, muy pocas, una altura parecida. Muchas otras sonreían como él, pero todas mostraban los dientes. Nowaki no muestra los dientes cuando sonríe.
Me aburrí al rato. Era muy tarde y llegué a casa. Papá estaba en la sala con muchas frazadas sobre su cada vez más encorvada espalda. Sus ojos tenían ojeras. Me sonrió débilmente cuando me vio.
No entiendo por qué me sonríe cuando ya lo desconozco.
Me encerré en mi habitación, me tiré en la cama y miré el techo. Otra vez me sentía solo.
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Jueves 18 de Mayo
Lo encontré en la biblioteca de nuevo. Tenía un rato libre luego de Problemas Actuales de los Estudios Literarios. Me ubiqué en una mesa lo suficientemente cerca de la que ocupaba él. Se veía tranquilo con un libro de Medicina sobre sus manos. Cuando sonrió otro poco, sentí que el corazón se me subía a las sienes. Lo miraba como un idiota, con demasiado detenimiento, así que era lógico que en algún momento el me miraría por sentirse extremadamente observado. Me miró, yo me escondí detrás del libro. Qué cobardía la mía. Parece que él volvió a sonreír y a mirar su libro. Se ve tan iluso que me desespera, pero no es de esos que se ponen nerviosos cuando un desconocido se les acerca. Quizás luzca un poco indiferente, conmigo lo es, en alguna medida. Cosa que comprendo (o intento comprender), no tiene por qué ocuparse de quién lo queda mirando como un baboso cuando lo ve, ni de que Akihiko haya andado detrás de él averiguando sobre su vida. Pese a que nunca se lo pedí, y además de que me parece bastante innecesario, se lo agradezco. Por mi cuenta no iba a ser capaz de todo eso. Para mí, la privacidad de la gente es algo vital. La de Nowaki me importa más que la de cualquiera.
(Él me importa más que cualquiera).
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Viernes 19 de Mayo
Conversé con Takahiro ayer, me dijo Akihiko de repente. Estábamos en la cafetería comiendo algo antes de irnos a clases de nuevo. ¿Sobre qué? Le pregunté. De bastantes cosas. Innecesarias, pero bastantes. Eso no tiene nada de relevante, comenté de inmediato. Lo sé, pero el asunto es que acabé de convencerme. ¿En serio? Le dije, mirándolo a la cara. Sí. Me asusta, pero creo que la cosa va más o menos en serio. Lo triste es que parece ser totalmente unilateral. Hice un gesto de resignación, como si de inmediato me hubiera puesto en su lugar.
¿Qué más da? Le dije, dándole un sorbo al jugo. Era de esperarse, es un hombre. Que sea hombre o mujer es lo que menos me importa, siguió él. A ti, pero no todos piensan como tú, ni actúan como tú, ni son como tú. Quizás Takahiro necesita un empujón.
Akihiko me quedó mirando de una forma que no puedo explicar. Era entre impresionada y triste, como una mezcolanza de cosas que no se pueden mezclar. ¿Dices que debería decírselo? Me preguntó como un idiota.
No. Lo que quiero decir es que se lo demuestres, no que se lo digas.
Dar consejos de ese tipo me hace sentir un descarado. Soy la persona menos indicada para aconsejar a alguien en ese aspecto, a mi criterio, no soy un ejemplo.
Akihiko pareció quedarse pensando en eso durante todo el día. Cuando volvimos a la Universidad y caminamos por los pasillos, apareció Nowaki de repente. Yo me puse rojo como un tomate, Akihiko no se manifestó interesado en molestarme.
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Sábado 20 de Mayo
Papá va de mal en peor. Estoy convencido plenamente de que será su falta de apetito lo que acabará matándolo en vez de esa enfermedad de mierda. Mamá hace hasta lo imposible para hacer que coma, pero nada resulta. Me ha dicho que hable con él, yo le digo que sí, que pronto lo voy a hacer, pero no tengo pensado hacerlo, ni ahora ni nunca. No puedo llegar y entrar a su habitación a decirle que coma sin siquiera mostrarme interesado en que su salud mejore, o en que haga un esfuerzo por permanecer un tiempo más con nosotros, por más mísero que sea. Me delataría solo, le gritaría sin palabras que ya no me afecta como le afectaría a un hijo el deterioro paulatino de su padre.
Ya no existe la confianza mutua que había antes, cuando hablábamos tonterías, pero hablábamos. Él se encargó de hacerla cenizas con su silencio, yo no puedo devolverle esa desconfianza con gestos amables y no le veo el caso a fingir. Él tampoco, por eso sólo se limita a sonreírme con dolor. En su lugar, ni siquiera eso haría.
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Lunes 22 de Mayo
Soñé algo, no lo recuerdo exactamente todo. Estoy seguro, eso sí, de que estaba el mar, teñido de un azul bellísimo, tan profundo que parecía arrastrar todo lo demás. Es curioso cómo es que de pronto aparecía él, con sus ojos iguales al resto del paisaje. Todo era azul, incluso su piel, la mía, el contacto, el aire, la coincidencia. La arena gruesa de la playa y la luna dándole una apariencia dulcemente blancuzca. A pesar de extrañarme, no me quería ir de allí, y menos lo deseé cuando él se me acercaba y me envolvía por completo con sus brazos. Largos, tullidos, pero gentiles. Me conducía al vacío cuando sus manos me tocaban y su lengua se arrastraba sin vergüenza por donde se le antojaba. Se estaba adueñando de mí y yo se lo permitía. Sonreía como un idiota al pensar que cada hueso suyo encajaba a la perfección con cada hueco mío. Más que sexo, parecía un baile, como si nos conociéramos desde siempre y jamás nos hubiéramos olvidado, con un nexo irrompible amarrado a nuestros cuellos. Y lo más patéticamente hermoso de todo, es que él también me sonreía. Parecía feliz conmigo, lucía pleno, cosa que bastaba para que yo lo fuera íntegramente.
Cuando lo vi en la Universidad, me percaté de inmediato de sus ojos. No los recordaba tan bonitos. Me miraba, pero jamás se me acercó.
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Martes 23 de Mayo
La clase de Lengua Clásica se desvió hacia Ética. Akihiko se quedó dormido, pero despertó de inmediato cuando le dijeron que no volvería a entrar a la clase durante los próximos meses si volvía a suceder. Él asintió, aún soñoliento, y continuó bostezando por el resto de las dos horas.
Creo que lo comprendo un poco. Lo que el profesor decía me recordó inmediatamente unos años anteriores, cuando ésta clase de vida me emocionaba. Hoy estoy deshecho, amargado y vivo con un sabor ácido en la boca. Particularmente hoy, hasta la mirada tímida de la niña de la Biblioteca me molestaba. Le devolví un libro que pedí el otro día, ella lo recibió con gesto nervioso y sus mejillas se tiñeron de rojo. Akihiko me dio un codazo cuando refunfuñé molesto. Nowaki debe andar por ahí, me dijo. Cierra la boca, le respondí. La chica me miró sorprendida. Tiene ojos claros, medios grisáceos. Un color aburrido.
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Jueves 25 de Mayo
Tuve que quedarme después de clases a llenar una encuesta. Bastante ridícula por lo demás, me llevó diez minutos responderla completa. Era para un grupo de estudiantes de Ingeniería en Estadística. Akihiko escuchó sobre ella y partió corriendo a su casa como alma que lleva el diablo. Debió haber tenido algo importante que hacer, supongo.
Nowaki también estaba allí. Tenía mejor expresión que yo. Es ese tipo de gente que todo el mundo quiere a la primera. Yo resulto apático inmediatamente. Nowaki sonreía cortésmente mientras la chica le preguntaba si le gustaba más el Jazz o el Blues, pero no se veía interesado. Le escuché decir que prefería el Jazz, pero no alcancé a escuchar por qué.
Si bien es cierto que sonreía, no irradiaba esa sensación de pertenencia que siempre inspiraba. Lo noté triste y tenía los ojos rojos. De tanto mirarlo, él me miró también. Luego de alejarse de ella, se acercó a mí. Me saludó, yo no dije nada. No me puedo acostumbrar a saludarlo, me resulta demasiado fingido. Seguí mirándolo insistentemente, él parpadeó y me preguntó si tenía algo en la cara, que por qué lo miraba tanto. Tartamudeé torpemente. Una mancha bajo el ojo, le dije, y desvié la mirada hacia un lado. Él se frotó la supuesta mancha arrastrándose el párpado hacia abajo. Se veía feo. ¿Y ahora? Preguntó. A-ahora sí.
Lo volví a mirar, se había dejado rojo. Parecía arderle porque se tocaba frecuentemente.
Me acompañó a mi casa luego de insistirme tanto. Me despedí de él en la puerta. Me acarició la cabeza y por instinto cerré los ojos. Hasta luego, Hiro-san.
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Viernes 26 de Mayo
No sé si Akihiko me vigila porque le sobra mucho tiempo o, si por coincidencia simple, miró por la ventana y me vio con Nowaki ayer. Me dijo, con un tono bastante tranquilo, que le contara qué había sucedido exactamente. Lo hice, él sonrió, cómplice.
Estás perdido, me dijo. No digas tonterías, le repuse. Suspiró como si yo fuera el ser más iluso sobre la tierra. El que no te des cuenta, no quiere decir que no lo estés. Ya cállate. Reconoce que por lo menos te gusta, sé sincero contigo mismo.
Es eso precisamente lo que me cuesta tanto. Prefiero evadir el asunto lo mejor que puedo, pero no me sale. Nowaki entró a la cafetería donde estábamos y reparó en mí inmediatamente. Iba a saludarme, pero le dije a Akihiko que nos fuéramos.
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Sábado 27 de Mayo
No es que le esté huyendo ni mucho menos, ni que tenga miedo de lo que pueda pasarme. No me esperaba verlo, así tan repentinamente mientras era precisamente él uno de los temas de conversación, y supongo que la sorpresa me aturdió un poco. Es una cosa rara lo que me crece en el pecho. Alegría, ira, euforia, o incluso me siento atado de manos por no poder lidiar conmigo mismo y acercármele con toda confianza, como él lo hace conmigo. Me gustaría muchísimo sólo alegrarme, pero tengo demasiada inseguridad. Eso debilita lo bonito de este sentimiento y da el paso a las dudas, porque a pesar de saberme tan expuesto, me gusta que me mire, que quiera saludarme cada vez que puede e incluso me gusta chocar con él. La última vez fue, la que creo, definitiva. Supe su nombre, él el mío. Un primer e importante paso, pero no se me hace tan importante como el hecho de que me sonría con dulzura, y me aterra, me enfurece y me descoloca pensar que a alguien más pueda sonreírle así. Es un tipo atractivo y se nota a leguas su nobleza, a mucha gente le atraen esas cosas, esas personas ciegas que no ven más allá de su nariz. Pero puedo notar que él no es uno de ellos, mira todo con otros ojos. Quizás por eso se empeña tanto en acercárseme cuando yo no represento más que un atado de problemas y actitudes gruñonas para todo el mundo.
Tengo la débil esperanza de no estar equivocado y que pueda mirar más allá de eso. Estoy dispuesto a entregarle todo lo que tengo, aunque no sea mucho, pero quiero ser importante para él, así como lo está siendo para mí. Se me hace un poco difícil entenderlo todavía, pero no tengo muchas opciones ahora, cuando ya caí.
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Lunes 29 de Mayo
Mamá está asustada porque papá se queja muchísimo, dice que le duelen los músculos. No sé cómo darle algo que yo ya no tengo. Todo lo que hice fue tomarle los hombros, ella me abrazó inmediatamente. Tengo la vaga idea de que mi madre está tan convencida como yo, pero le duele el doble. Sufre su parte y la que yo debería sufrir también.
*Frase adaptada del libro "La Tregua" de Mario Benedetti.
Tercer capítulo listo y dispuesto. Ahora ya saben el nombre de cada uno! Es un avance, Kamijou, tú sigue así xD
¡Gracias por leer!
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