Sol

Una vez que llego a su destino comenzó a subir los escalones de piedra, cada paso le costaba muchísimo, maldijo a sus estúpidos nervios internamente. Trataba, sin resultado alguno, de calmar a su acelerado corazón.

Se sentó con lentitud y miro fijamente a su alrededor, el sol comenzaba a levantarse en el cielo, sus cálidos rayos la bañaban, las personas pasaban frente a ella, ajenas en su propio mundo; miro su reloj, faltaban unos diez minutos para la hora acordada, ella jamás había sido muy paciente a la hora de esperar a la gente, pero si era demasiado puntual, siempre había detestado eso de sí misma… Los nervios se volvieron a acrecentar, no podía negarlo, tenía demasiadas ganas de verlo, de saber que estaba bien. Anhelaba de todo corazón poder volver a ver esa sonrisa que tanto le encantaba.

Estaba tan emocionada que por un momento pensó en salir corriendo, justo en ese instante apareció, ahí, frente suyo, después de tanto tiempo lo volvió a ver. Ese tiempo sin verlo le parecieron años. Todo el tiempo que espero, que se preocupo, que anhelo verlo desapareció.

Jamás olvidará la vez que lo vio nuevamente, sus facciones, sus ojos, sus labios, su rostro con esa expresión tan suya... sin lugar a dudas los rayos del sol que los cubrían eran poco brillantes en comparación de él; no era capaz de describir el sentimiento que invadió su pecho, le pareció tan guapo que ni los recuerdos ni las fotos le hacían justicia.

Se veía más delgado que antes, aquello le preocupaba, aún así, no era capaz de medir la alegría sentía en aquellos momentos, quería abrazarlo hasta sacarle el aire, decirle lo feliz que le hacía poder verlo una vez más, escuchar su voz, ver su rostro.

Rogaba internamente que ese momento no terminara, él no lo sabía, y probablemente jamás lo haría, pero era alguien muy importante para ella, lo adoraba de sobremanera, la hacía muy feliz, tenía ese poder de hacerla reír aun cuando no lo quisiera, era capaz de iluminarla más que el mismo sol, cada mañana se le clavo lentamente en el corazón, era capaz de hacerla sentir mil y un cosas sin siquiera ponerle un dedo encima, no podía decirlo en voz alta; lo amaba.

Si ella pudiera, tomaría su mano, quería estar con él, sin embargo el tiempo pasaba, seguramente el deseo no se vería cumplido, mientras ambos seguirían creciendo más y más, seguiría ahí ese torpe pero sincero sentimiento.

En el momento en que lo abrazo sintió muchas ganas de besarlo, se asusto de sobre manera al notar que aquello era muy tangible, intento calmarse y actuar como si nada.

Caminaron mientras conversaban, ella noto algo diferente, pudiera ser tan solo su imaginación, pero en sus ojos se notaba un dejo de tristeza. ¿Estaría el chico con una bonita sonrisa real con el corazón roto?, podría llamársele a esa suposición causada por intuición femenina, ¿estaría atravesando por una situación así?, y si así fuera ¿estaría cansado del dolor?

En ese momento pensó en lo poco que lo conocía, quizás estuviera pasando un mal momento y necesitaba la ayuda de alguien, quizás ella solo estaba imaginando demasiado.

¿Podría dejar que ella lo intentara? Podría poner el mundo entero a sus pies, podría sostener en su mano un millón de estrellas en su honor. Quería ser parte de él y hacer su mejor intento para hacerlo feliz. Podría hacerlo sonreír, le recordaría día a día lo especial que es, cuidarlo, apoyarlo y recordarle que no se rindiera ante nada; darle todo de ella hasta que no hubiera nada que perder. Así era la forma en que ella amaba.

No podía negar que le gustaría que él sintiera lo mismo, aunque fuera que se enamorara un poquito de ella, un pinchazo de dolor atino en lo profundo de su pecho.

Caminaban como un par de tontos; siempre se pregunto, una y otra vez, desde cuando había notado sus sentimientos, si sería capaz de decírselo. ¿Cómo reaccionaría si lo supiera?

Ahí estaba ella, sin abrir su corazón, rebosante de un cálido sentimiento a él, siempre supo bien lo que sentía por él, que no lo sabía, queriendo alcanzarlo, pero él jamás lo noto; pretendiendo ser fuerte cuando era solo una cobarde, pretendiendo que no le iba a importar.

Su rostro sonriente, su expresión molesta, ella amaba todas sus expresiones, su forma de ser, lo radiante de su personalidad. Ella siempre lo entendió, que nunca descubriría su secreto, los días continuarían mientras ella se reprochaba.

No era capaz de confesar su amor, tantas noches largas en que solo pensaba como transmitirle sus sentimientos fueron testigo de ello. Sintió las piernas y la voz temblar, a punto de llorar, no encontraba la manera de decirlo.

Quería que siguiera dándole una sonrisa, dándole luz a su vida. Quería provocarle lo mismo que él causaba en ella.

Y si no la amaba, ella podía esperar, se juro un día decírselo, en ese momento ni un tercio de lo que le hacía sentir lo podía alcanzar, pero ella se esforzaría, lo haría, le diría sus sentimientos.

-El amor es una enfermedad –pensó.

¿Cómo saber si sería un poco correspondida? ¿Acaso tendría alguna oportunidad? Si obtenía alguna señal divina definitivamente haría hasta lo imposible por lograr transmitir sus sentimientos.

Se abrazaron mientras detenían su andar, no era capaz de describir como se sentía el tacto de sus brazos rodeando su cuerpo.

No lo vio venir.

Quiso entender que estaba sucediendo, no era capaz de razonar con claridad, solo era capaz de sentir sus labios moviéndose parsimoniosamente sobre los de ella.

Qué bien besaba.

Fantaseo tanto ese momento que le costó mucho darse cuenta de que era real, lo maldijo internamente, de nuevo hacía que se enamorara un poco más de él, que injusto le parecía. Aquel sol lleno, una vez más, de calidez su interior, colocando una sonrisa en sus labios y haciendo que miles de mariposas revolotearan en su estómago.

Aquel era un día especial, quería creer en otra oportunidad.