FUERA DE LA LEY
DISCLAIMER: Los personajes que aparecen en la siguiente historia no me pertenecen. En este caso, la BBC es la que se lleva los beneficios.
Conjunto de siete viñetas para la comunidad "Retos a la carta"
TABLA: Pecados.
FANDOM: Robin Hood – BBC.
PERSONAJE: Varios.
TEMA 3: Lujuria.
ADVERTENCIA: Contiene spoilers de las dos primeras temporadas. Leer con precaución.
PALABRAS: 788.
RESUMEN: Will no solía pensar en mujeres hasta que vio a Djaq desnuda.
PECADO 3 – LUJURIA
Will Scarlett
Es una mujer
William Scarlett era joven, muy joven, cuando tuvo que dejar su apacible vida de aldeano para convertirse en un proscrito. No es que hubiese tenido mucha opción: huir o morir ahorcado. Para una persona tan joven como él –para cualquier persona, en realidad- la primera opción era la más sensata, así que Will se había ido para, posteriormente, convertirse en uno de los hombres de Robin Hood.
A Will le gustaba la vida en el bosque. Se sentía libre y, para qué negarlo, le divertía robar a todos aquellos ricachones orgullos que sonreían de medio lado mientras la gente moría a su alrededor. Estar junto a Robin le llenaba de satisfacción, y contar con la gratitud de la gente era el premio perfecto para todo su sacrificio. No obstante, había algo que le atormentaba. Algo que atormentaría a cualquier chico joven y sano como él. Incluso a hombres mucho más mayores y con menos vitalidad juvenil.
Las mujeres. No es que Will hablara mucho sobre ello con nadie, pero echaba de menos a las mujeres. Un par de revolcones con la rechonchota Maggie en el granero de su padre habían sido más que satisfactorios durante un tiempo, pero la vida en el bosque era dura. Muy dura. Y ni Will ni ninguno de los otros tenían demasiadas ocasiones para desahogarse.
Quizá por eso, aquel día fue extraño y especial para Will. Djaq, el impetuoso chico sarraceno, llevaba muy poco tiempo en el campamento. Will lo había encontrado bastante guapo –lo que ya era un poco raro de por sí- y después había descubierto que era una mujer. Y eso fue más de lo que su cuerpo y su mente pudieron soportar. Porque, aunque después de aquel día Will Scarlett descubrió muchas cosas de la impetuosa chica sarracena, lo que recordaba por las noches eran sus formas femeninas y su mirada repleta de furia cuando se supo descubierta. Will, para su inmensa vergüenza, había soñado muchas veces con ella. Nadie podía culparle. Era joven, las mujeres estaban muy lejos de su alcance y los recuerdos de Maggie sólo servían para convertirlo en un preso atrapado por la lujuria más enfermiza. Porque Djaq era su compañera de batallas y él no podía verla de la forma en que la veía.
Después, aprendió a apreciar a Djaq por muchos otros motivos. Le encantaba verla luchar como un hombre, pero sin perder jamás su feminidad. A pesar de su voz y su acento, Will se descubrió a sí mismo pensando en Djaq más allá del mero deseo que le inundó los primeros días. Le gustaba hablar con ella, compartir peleas y risas, y soñar con un futuro mejor para todos. El día que el Sheriff la capturó, cuando Robin estuvo a punto de negarse a ir a por ella, se sintió furioso con el mundo por arrebatársela, y cuando la recuperó supo que, definitivamente, estaba enamorado de ella.
Pero Will Scarlett era joven y muy tímido. Un hombre de pocas palabras. Quizá sus miradas decían mucho más que sus labios. Djaq no era tonta. Había captado alguna fugaz y disimulada caricia, pero únicamente comprendió que Will la veía de forma diferente el día en que se puso aquel vestido. Ella, que se sintió tonta e incómoda, casi salta de alegría cuando Will se quedó muy quieto, observándola detenidamente con esos ojos oscuros y una especie de pequeña sonrisa satisfecha en el rostro. Fue Allan, cómo no, el que expresó los pensamientos de Will animándola a ponerse vestido más a menudo, pero para Djaq fue suficiente. Porque, quizá, a Will no le importaba demasiado que ella vistiera y actuara como un hombre.
Will había visto a Djaq desnuda, había compartido un mundo con ella, pero sólo se dio cuenta de que era una mujer de verdad cuando la vio con el vestido. Y era algo muy estúpido, porque de sobra sabía él quién era ella, pero el vestido significó para él más de lo que pudiera parecer. Le gustó. ¡Por supuesto que le gustó! El color dorado dotaba de un brillo especial a la fina y bronceada piel de Djaq, y el ajustado corpiño marcaba sus formas femeninas como nunca antes nada lo había hecho. Will debería haber estado ciego y sordo para no darse cuenta de que Djaq estaba preciosa, pero no le gustó por eso. Le gustó porque ese día fue plenamente consciente de que a él no le importaba qué ropa usara Djaq, ni si prefería la espada a las cocinas. Ese día Will se dio cuenta de que deseaba y quería a Djaq tal y como era, y eso le dio pie a imaginar un algo que, tal vez, nunca tendría. Afortunadamente, por el momento podía conformarse con soñar.
