No sé si les esté gustando, pero espero reviws y sugerencias

Capítulo 3

El último día tranquilo

Byakuya escuchaba el trinito de los pájaros y sentía los rayos de sol sobre su rostro. ¿Qué había pasado? ¿Se durmió, eso pasó?

Lentamente comenzó a abrir sus ojos, encontrándose sobre el césped y el mismo claro de anoche, sólo que ahora iluminado por la luz del día.

Se estiró de brazos y piernas, recordando que anoche se quedó dormido mientras observaba a Kanna prácticamente contar las luciérnagas con su negra y profunda mirada.

Es cierto ¿Dónde estaba ella?

-Byakuya- lo llamó la voz de Kanna.

Él se reincorporó hasta quedar sentado, encontrándose con Kanna hincada de rodillas detrás de él.

-Kanna- se dijo a sí mismo. Era extraño, ¿De verdad lo había esperado?, o quizá aún esperaba órdenes de Naraku.

Vaya… Naraku, Nraku, Naraku, era lo único que ocupa su mente, y eso era perturbador.

Se puso de pie y tomó sus cosas, sintiendo su estómago rugir por algo de alimento.

-Tengo hambre- dijo llevando su mano a su estómago –. ¿Tú no quieres algo de…? ¿Por qué te pregunto? O más bien ¿Tú sientes hambre?- le preguntó curioso.

Kanna se quedó en blanco durante unos instantes. Hambre… ¿Era cuando la gente comía por un vacío en su estómago? Si, era eso.

-No- respondió mirando a Byakuya, cosa rara en ella, pues ni a Naraku solía mirar a los ojos.

-Bien- suspiro buscando con la mirada un camino para buscar alguna aldea cercana, y al llegar ya se la ingeniaría –, andando que el día corres y ni señales se nuestro captor.

Casi se detuvo de golpe al escucharse a sí mismo ¿Llamó a Naraku su captor? Eso no estaba bien, no estaba nada bien, él sabía que era una creación de ese ser y hasta ahí llegaba ¿Por qué de repente hizo parecer que se sentía atrapado?

Sacudió su cabeza, despejando de inmediato ideas o pensamientos fuera del lugar, cosa que no fue pasada desapercibida por Kanna, ya había estado en presencia de esos comentarios una vez, y el resultado había sido de proporciones catastróficas; lo que la hizo sentir un tremendo vacío frío en su pecho. Imaginarse a Byakuya en la misma situación que Kagura fue aquello que por primera vez le hizo sentir.

-Byakuya- lo llamó ella sin inmutarse.

Él paso a mirarla, preguntándose el motivo de su repentino llamado.

-No digas eso- le pidió con tono frío, reanudando su marcha hacia la dirección en la que su acompañante había clavado la mirada minutos atrás, dejándolo algo más que desconcertado ¿Qué había sido eso? Pero entonces, comprendió. Sabía bien lo que había ocurrido con todo aquel que se volteaba en contra de Naraku, aun así… ¿Por qué Kanna debía recalcárselo?

Decidió olvidar ese tema y seguirla antes de perderla de vista, cosa que ocurría con tremenda facilidad.

La alcanzó y camino a su lado sabiendo que una aldea se encontraba cerca, debido al olor a humano que bufaba de los árboles, y al llegar se toparon con su primer golpe de suerte, un pequeña caja de paja con comida abandonada en el sendero por unos niños que salieron corriendo detrás de un conejo.

Tomaron la caja y salieron de los lindes de la aldea y se instalaron debajo de un árbol cuya sombra era reconfortante como resarcimiento de la fiereza del calor del sol.

Había un poco de pescado y algo de arroz, suficiente para dos personas, y Byakuya no era dos personas.

-Kanna ¿No quieres probar? No importa que no tengas hambre, sólo pruébalo. Dudo mucho que eso te mete (espero)- murmuró por lo bajo.

Kanna miró la comida con detenimiento, y aquello que le parecía más apetitoso era el pescado recién asado.

Tomó con su mano un pedazo de este y lo llevó a su boca con algo de dudas, ocurriendo un evento que arruinaría la buena fortuna del día entero.

Lo pasó y miró la comida con la misma frialdad con la que miraba a todo.

-No sabe a nada- dejo con seriedad, apretando sin notarlo su vestido blanco.

A Byakuya de algún modo eso le cayó como balde de agua fría. ¿No poder sentir el sabor de la comida? Eso era algo tan… extraño.

-No imaginé que llegaras a estos extremos- dijo tomando un bocado de arroz con los palillos que venían adentro.

Por alguna razón eso lo hizo sentirse incómodo. A penas empezaba a tomar confianza de la constante y silenciosa presencia de Kanna a su lado, y ahora la había hecho darse cuenta de otro lujo del cual Naraku la había privado.

Iba a pedirle una disculpa, o algo parecido, cuando escucharon un par de pasos en la lejanía y vieron a un hombre salir del sendero, caminado al lado de una mujer, ambos jóvenes, tomados de las manos.

-Ay no- suspiró Byakuya sintiendo una gota de sudor deslizarse por su cabeza al darse cuenta de que se habían topado con unos tortolitos, y ahora no podían permitir que los enamorados los vieran.

Kanna no entendía, sólo observaba como el joven cortaba una rosa y se la ofrecía a la muchacha, para después depositar un suave beso en sus labios y marcharse abrazados a seguir disfrutando de su amor.

-Ya se me quitó el hambre- dijo Byakuya agradeciendo que se marcharan.

-¿Por qué le dio una flor?- le preguntó Kanna.

Ahora resultaba que ella sabía menos que él. Además era bochornoso explicarle esas cosas, pero tal vez por su forma de ser, Kanna relegaría el asunto luego de verlo aclarado.

-Porque le gusta y quiere demostrárselo.

-¿Por qué junaron sus labios?

-¿Qué mosca te picó pequeña Kanna?- le preguntó Byakuya sorprendido al haber contado más de tres palabras en menos de un minuto.

Kanna se quedó en su lugar, esperando a que él respondiera.

-Se dice "besar"- le aclaró antes que cualquier otra cosa –, y también es una demostración de afecto.

Byakuya se dio cuenta de que Kanna sólo miraba el lugar por donde esos jóvenes se habían marchado, preguntándose qué tanto estaría pensando en ese momento.

-Quiero saber que se siente- declaró sin inmutarse o cambiar su frío y dulce tono de voz.

A Byakuya sólo le llovía agua fría ¿Y qué quería que él hiciera? ¿Besarla? Oh, iría a matar a esos enamorados ahora mismo.

-Kanna- dijo agachándose frente a ella -¿Entiendes que eso sólo pasará si te enamoras de alguien (Imposible) o si alguien se enamora de ti (muy difícil)?

La pequeña agachó la mirada, no por decepción, estaba pensando en que se sentiría.

-No importa- sentenció con seriedad.

¿Había escuchado bien? Kanna estaba pidiéndole que la besara. Tal vez Naraku aparecería en cualquier momento y le diría que era una broma. Si…. Es sería excelente ¡De no ser porque no pasaría!

En fin, de nada servía mortificarse.

Casi con la mente en blanco, Byakuya acarició un mechón blanco de Kanna con sus dedos y tomando su pequeño y delicado rostro entres sus manos la acercó hacia él, hasta que escucharon detrás de ellos el zumbido de un saimyosho anunciándoles la nueva ubicación del castillo.

No hubo reacciones bruscas, se separó de ella con paciencia sin haber rozado sus labios y se puso de pie para escuchar al insecto venenoso, y cuando esté terminó y se dirigió volando de vuelta al lado de su dueño. Buakya por poco se iba de espaldas con todo y su expresión llena de indolencia y vergüenza ¿Había estado a punto de besar a Kanna?