Obedéceme
Confusión
Un silencio tranquilizador se había instalado en la estancia y de todas formas Duo ni siquiera podía cerrar los ojos y mucho menos dejarse arrastrar por el sueño.
¡Es culpa de la molestia por la incompetencia de Heero!, se dijo girando bruscamente en la cama para situarse de costado y observar el cuerpo inerte del otro echado sobre la manta gruesa que había encontrado el día anterior.
- No, no, no. Heero no tiene nada que ver.
Sus palabras retumbaron en el casi vacío cuarto. Lo peor era que no habían servido porque mientras más se negaba, más convencido estaba que la presencia de su compañero a escaso medio metro era lo que le perturbaba y le hacía imposible que se durmiese.
Sin duda, la supuesta insinuación de Heero le había despertado algo. Interés quizá.
Suspiró mientras cerraba los ojos y teniendo mentalmente fijo el rostro casi inexpresivo del piloto del Wing.
Sabía lo que no quería. No quería ser ignorado; no quería que Heero le mandase a callar y actuase como si él fuera un completo imbécil; no quería que viviese desconfiando hasta de su sombra.
Un movimiento desvió su atención e hizo que sus párpados se abrieran automáticamente.
- ¿Qué haces?
La claridad del amanecer poco a poco había irrumpido la habitación hasta iluminarla por completo justo en el momento en que Heero abandonaba la habitación.
Duo se entretuvo dando vueltas en la cama hasta que le dio dolor de cabeza y complemente resignado se levantó, observando con satisfacción como todo el polvo poco a poco iba desapareciendo del piso, hecho que también se podía apreciar en el resto del departamento.
Y eso era genial y más para él porque no había tenido que mover mucho las manos o la boca. Sin embargo aún faltaba mucho, mucho para que todo estuviera lo bastante limpio para que no diese aversión.
- Buenos días.
- ¿En qué no tengo nada que ver? –fue la respuesta de Heero.
La pregunta le hizo quedarse lívido unos segundos, pero cuando contestó tenía la voz resuelta.
- Nada que sea de tu incumbencia.
Hubiera sido mejor mentir ¿no?, reconoció Duo, pero él no mentía nunca…
Heero tenía muchos puntos para decir a su favor y contrarrestarle, sin embargo, solo se quedó pensativo.
- Idiota –fue la palabra seca que le contestó después de un rato.
- Tú eres el idiota aquí –contraatacó Duo sonriendo-. Sinceramente no sé si prefiero estar contigo o tragando la comida venenosa que hace --
- Cállate
- Ese cállate no sonó al usual –comentó en tono casual el trenzado-. ¡Espera!... ¡No me digas que te hirió lo que te dije!
Una mirada furibunda fue lo que recibió antes de quedarse solo en la cocina. Duo resistió las ganas de llamarle y pedir explicaciones. Todo esto era una situación desconcertante en todo sentido.
Primero estaba el error cometido por Heero, que no por nada tenía como alias, el soldado perfecto.
Y ahora que lo pienso fue bastante extraño que se equivocase en algo tan tonto, pensó.
Los objetivos de la misión habían sido más que simples: obtener información clave de una de las bases del enemigo y escapar sin ser descubierto. Uno solo de ellos hubiera bastado y sobrado, pero Heero le había pedido que fuese con él.
Todo pasó sin improvistos hasta que, Heero después de copiar los datos, activó por error uno de los sistemas de seguridad, alertando así de su intrusión.
Sorpresivamente lograron huir a pesar de que todos los soldados de la base se lanzaron en su búsqueda. Después de correr unos cuantos kilómetros e ingresar en la ciudad, cayeron en cuenta que ésta estaba demasiado vigilada como para volver a salir sin que los detectasen.
- Heero, en serio¿¡cómo demonios te metiste en ese sistema por error!? –gritó esperando que su compañero le escuchase.
No recibió respuesta. Distraídamente comenzó a mosdisquear un pan.
También era fuera de lo común que Heero llevase su laptop a misiones y en para la ocasión lo había hecho -siendo la susodicha máquina la que ayudó a encontrar ese departamento en estado tan lastimero.
Las sospechas de que había algo oculto se hicieron más fuertes.
A pasos lentos fue hacia la sala donde sabía que estaba Heero.
- ¿Esto forma parte de algún plan? –preguntó lentamente, pero nada pasó-. ¿Vas a contestar? No me obligues a…
Heero despreocupadamente cruzó los brazos mirándole fijamente, justo como si estuviera retándole a que siguiera hablando.
Molesto por la indiferencia, dándose media vuelta, Duo fue hacia de las compras que él mismo había tenido que hacer -para no perecer de hambre, claro está- y sacó de las bolsas una botella de vino tinto.
- Te ordeno –saboreó las palabras lo más que pudo-, que te la tomes.
- Sino... ¿qué?
- No cumples con tu palabra técnicamente. Además... ¿no era que querías mis castigos? Oh, vamos Hee-chan, tienes que colaborar. Después, quizá poco a poco me ponga más ingenioso e incluso llegues a disfrutar. ¿Te imaginas lo que podríamos llegar hacer? –dijo en casi un murmuro.
¿De dónde le salían esas palabras y ese tonito medio meloso?, se preguntó sorprendido Duo, después de pronunciarlas.
Heero se guardó una sonrisa, para después separar la vista de su computadora y ponerla fijamente sobre la botella.
Había soportado situaciones difíciles y torturas que fueron parte de su entrenamiento. Así que¿por qué no iba a poder sobrevivir con dignidad a beber una simple botella de licor?
Mientras miraba a su compañero de desordenados cabellos castaños hacer gestos mientras tomaba un gran trago del vino, Duo sintió que toda la repulsión por el apartamento comenzaba a desaparecer al mismo tiempo que ansias extrañas comenzaban a nacer.
Heero le atraía físicamente en ese preciso instante. Era un hecho… y no se hacía problemas para aceptarlo. Su vida había dado muchos giros a pesar de ser tan corta, y pocas cosas habían sido dejadas de lado. Demasiadas vivencias. Y eso era lo había.
Sí, no le sorprendía sentirse atraído irremediablemente a Heero Yuy. Efectos del ambiente y del poco de alcohol. Consecuencias de frustración sexual. Quizá sin algún motivo válido. No importaba.
Todo el resto del líquido fue tomado en otros grandes sorbos. Unos ojos cobaltos se ocultaron unos segundos bajo los párpados de su dueño.
- Duo.
- ¿Qué? –preguntó fastidiado por la interrupción de sus pensamientos sobre el gran descubrimiento acerca de sus inclinaciones sexuales.
- Todo da vueltas y no puedo pensar bien…
La voz pausada y casi dubitativa de Heero le hizo sonreír amplia y macabramente.
- ¿Ah, sí? Entonces… entonces vamos a jugar a algo.
(continúa)
No tengo nada substancial que comentar - ciertamente nunca lo tengo. :P Solo agradecer por sus comentarios.
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