A petición de Hyuuga Yukina. Gracias por… ¿pedir pareja? .-. ¡ah si! XD y por leer

KIBA - SHINO

CAPUCHINO FRAPPE-CHOCOLATE

Entró olisqueando el delicioso aroma del café.

Le habían dicho muchas veces que tenía una especie de conflicto de personalidad.

-Acéptalo Kiba, no eres un perro.

Sentía que a pesar de ello no podía evitarlo. Kiba siempre ha sido hablador y activo, pero aún así siempre sentía que le faltaba algún elemento, no sentirse débil.

-¿Pedirás algo con tanto dulce y calorías? –preguntó Shino, su compañero. Siempre se le hacía increíble cómo es que la gente podía consumir tal bomba de energéticos. Sobre todo el sabor, eso era exagerar.

-¡Es para cargar baterías! Además sólo me tomare un frappe de chocolate. Tengo calor.

Shino se acomodó los lentes oscuros con los dedos medio e índice. La respuesta no le era convincente. ¡Como si las energías que Kiba tenía por naturaleza, no le fueran suficientes!

-¿Estás incómodo? –preguntó Kiba.

El pequeño perro que tenía en manos se removió, hasta conseguir zafarse de su amo. -¡Quédate quieto Akamaru! –El animal se paró en seco, sentándose a los pies de su amo, bajo la mesa.

Shino levantó la cabeza un poco más alta, para que sobresaliera apenas del alto cuello de su chamarra. Había estado hablando prácticamente solo. No. Se serenó. Seguramente, Kiba había escuchado el instante en que le dijo que era más entretenido ver su granja de hormigas.

-Prefiero los espacios más amplios. Solitarios de preferencia.- Continuó Shino.

-¿De qué? –preguntó Kiba. Su mente dispersa, que fácilmente se distrae, se había olvidado de la pregunta que él mismo hizo a Shino.

Como de costumbre, el frágil carácter de Aburame Shino se alteró. Fuera de demostrar su molestia con ademanes o palabras, se quedó muy quieto. Parecía que de pronto una especie de aura oscura los aplastaba. Kiba casi juró que los lentes tenían un brillo peligroso.

Sai se acercó dejando el menú en la mesa. Ni siquiera lo abrieron. Kiba intentó mantener la compañía del otro moreno unos segundos, fingiendo que no se decidía entre pedir frappe de chocolate o un sabor exótico que Sai sugirió. Shino pidió escuetamente express.

Akamaru movió la cola a Sai. Los animales solían ladrarle. A veces ni siquiera a ellos les agradaba. Pero Kiba y Akamaru parecían tan buenos cachorritos, tan amables con él, que le sirvió a cada uno tres galletas de obsequio.

Kiba le vio el trasero al alejarse.

Se le quitó la sonrisa traviesa, notó cómo los lentes de Shino le miraban fijamente.

-¿No te gustaría besar algún día a un chico?

Ante la pregunta, Shino elevó lo suficiente las cejas, para que se vieran sobre sus gafas. Kiba lo interpretó como una respuesta.

-No te creas que me gustan los chicos o algo por el estilo. Sólo es una duda –afirmó Kiba, innecesariamente.

Shino desvió la vista al suelo, donde Sai había extendido una tela amarilla y había varios botes pequeños de pintura fresca.

-Tampoco es porque yo quiera hacerlo ni nada- continuó Kiba, tras un corto silencio,- pero igual y a ti si te gustaría. Ya ves que anda mucho de moda la oleada homosexual… uno nunca sabe. Yo respetaría tus gustos, claro está. ¡Para eso están los amigos!

Shino bajó la cabeza, como meditando un poco.

-El otro día –continuó Kiba el monólogo,- escuché que a Naruto le iban los hombres. ¿Puedes creerlo? Y yo que me bañaba con él en las regaderas del colegio. Espeluznante… a lo mejor y hasta fantaseaba conmigo. Aunque nunca me dijo nada, y parece que disimula muy bien.

-Tal vez no eras su tipo.- Concluyó Shino.

-¿Y por qué no?

-Una ley básica, es que los polos iguales se repelen.

Kiba pareció indignarse. Corrección. Estaba Muy indignado.

-¿Y qué te crees que a mi me gustaría un rubio desabrido? Es sólo un idiota. –Se cruzó de brazo, viendo cómo Akamaru se acercaba a Sai, que pintaba sobre la tela.- Además soy la gran cosa para un tonto como Naruto.

-Yo no dije algo al respecto.

-¡Lo hiciste!

-No. Dije que no eras su tipo porque son parecidos, no que él te mereciera.

Shino dio un tranquilo trago a su café. Kiba, por primera vez, no tuvo respuesta. Akamaru olisqueó los botes de pintura. Kiba miró atentamente a Shino. Bajó con el dedo índice apenas un poco el alto cuello de su chamarra, esa que le cubría casi tres cuartos de la cara. Cuando le dio un trago al café, Kiba se relamió inconcientemente los labios. Una duda le taladraba en la cabeza.

Conocía a Shino desde la educación primaria. El muchacho siempre introvertido, nunca le había contado sobre algún amorío, o al menos no sabía que tuviese alguna chica. ¡Era tan reservado, a pesar de que Kiba le contaba todo!

-Hey Shino. –Kiba captó su atención.- ¿Has besado a alguna chica? –preguntó indeciso.- ¿Y cómo fue? –preguntó cuando Shino asintió.

Kiba abrió mucho los ojos cuando sintió una boca sobre la suya. Sus dientes habían golpeado. Cuando Shino giró un poco la cara para tomar un mejor ángulo, sus narices habían rozado duramente. Kiba sólo perdono esas faltas, porque esa lengua le estaba dando a la suya el mejor masaje de su vida.

El sonido de latas cayendo los exaltó, haciendo que se separaran. Un café-azul-gris Akamaru, era perseguido a gatas sobre la manta por Sai. Tenía uno de los pinceles más gruesos en el hocico, y le llenaba de huellas caninas multicolores lo que estaba siendo un cuadro en proceso.

-Oh… -Dijo Kiba al recuperarse, gracias a la escena de su perro. Se abanicó con el menú que nunca abrieron.- Con que así fue…

Shino escondió el encendido rostro colorado, dentro del cuello de la chamarra. Asintió con la cabeza una sola vez.

-Y… ¿también sabía a café? Digo… porque entonces igual, igual… no fue.

Con su boca escondida, Shino sonrió un poco. Aún mantenía el fresco sabor de la saliva fría y dulce de Kiba. Por supuesto que si Kiba quería otra demostración, se la daría una vez que el sabor del café pasara.


Si antes del Sábado no hay peticiones, subiré el que está pensado para la historia. Gracias por leer.