Advertencia: Estrés de los personajes, terror psicológico. Se recomienda discreción.
Hetalia no me pertenece.
TOSKA RETSEPTOR
Capítulo tres
El hombre más peligroso es aquel que tiene miedo.
Ludwig Börne (1786—1837) Escritor alemán.
ACTO I
Despertó un poco más calmado esa mañana, tranquilizado y con un dolor en el cuello que le impedía moverlo demasiado. Julián permanecía sentado en una de las sillas que allí había, en el vestíbulo. Frente a él había una especie de recepción donde las enfermeras entregaban diligentemente la medicación al número de pacientes que allí se disponía a pasar el tiempo.
El piso era liso y muy pulcro. De color claro, por supuesto, aquel lugar tenía una fascinación por los colores claros y algo viejos. Le habían dado esa pastillita de nuevo y ahora se sentía un poco desganado de moverse, se hubiera quedado en su habitación si no fuera porque temiera quedarse solo allí.
Sin embargo no tenía tanto desgano de pensar una y otra vez su situación actual. Era algo que se repetía continuamente.
Estando en ese lugar, por un segundo, por un segundo de su vida, creyó de verdad que estaba enfermo...
Se cuestionó a si mismo aquello.
Podía preguntarle a Alfred y le respondería que por esa razón estaba aquí. Aunque Julián no estuviera del todo de acuerdo porque...no recordaba bien que fue lo que impulso a Alfred a traerlo aquí ¿fue Alfred? o ¿sus padres?
Y...si lo estaba —Enfermo—. Eso arrastraría a Vadim a un delirio. Un producto de su mente perturbada. Una culpa oculta... ¿Un oscuro secreto?
Julián llevo los dedos a los labios en un gesto de concentración que parecía más a alguien que estaba enojado.
Alguien le tocó el entrecejo arrugado y el de inmediato se echó para atrás y su cabeza golpeo con la pared, haciendo que se encogiera un poco por el dolor y la sorpresa.
Escuchó una risa.
— ¡Hola! ¡Eres tú de nuevo! —
Era aquel mulato. Estaba sonriendo y Julián quiso atribuirlo a su penosa acción de lastimarse.
— ¿Te quedaras aquí? —Pregunto y busco sentarse — Ujum...Eres el nuevo ¿no?
El mulato lo vio con picardía. Julián no lo entendió en aquel momento, lo vio cruzar de brazos en un gesto cómico. Como si pensara el mismo en como seria si Julián se quedara allí.
— ¿Soy el único nuevo?
—Bueno, eres el único nuevo que recuerdo — Se excusó él — Te recuerdo por que le rompiste la nariz a Soren cuando llegaste.
Aquello escandalizó al venezolano, que arqueo las cejas incrédulo, eso él no lo recordaba en lo más mínimo y ahora que hablaban de eso, no recordaba como había llegado a ese lugar.
— ¡Yo no hice eso!—
—Bueno, estaba como loco cuando llegaste. Es normal que no recuerdes
El curioso mulato se echó a reír después de eso. Allí todo el mundo estaba loco...tenían, claro, su grado de locura. La risa hizo que Julián se inquietara más de lo que ya estaba. Miro al mulato con atención queriendo incitarlo a que se detuviera colocando un rostro serio.
Al parecer funciono porque el mulato termino de reír y solo estaba sonriendo.
—Soy Luciano – Le dijo como una presentación – Tu eres Julián Andrés, lo sé por qué la enfermera y Soren lo comentaron en los pasillo una vez. Los pasillos de este lugar producen mucho eco. –
Hubo un pequeño silencio, una pausa y Luciano continuo.
—Bueno…si eres tú el nuevo, te recomiendo tomarte esta estancia con calma. – Le dijo aun con su suave sonrisa en los labios—
Julián le observo con atención, lo vio a los ojos como si buscara algo en él, algo que solo el venezolano encontraba en las personas, nada paso, como era normal.
—No hagas amigos demasiado rápido – Le consejo el mulato — Aquí a gente es tranquila, pero es algo paranoica un poco reservada quizá, Bueno Lukas quizá lo es mucho.
Julián escucho aunque desconocía quien era Lukas. Miro a su alrededor una vez más, no encontró nada esclarecedor a su alrededor, pero si descubrió que por encima de todo había aun gran silencio en la habitación.
— ¿Qué tienes? – Le pregunto Luciano con una mirada analítica — ¿Viste algo? –
Julia volvió a verlo y al momento negó con la cabeza sin alterarse. La verdad no sabía a lo que se refería con "¿Viste algo?", pero vio como Luciano frunció el entrecejo y cruzo las piernas adquiriendo una postura pensativa.
— ¿Desorden alimenticio? ¿Problemas para manejar tu ira? – Pregunto otra vez el mulato con cautela — ¿Depresión?
Esta vez Julián lo observo por unos segundos, con atención y con su rostro no confundido si no pensativo.
—No. – Le respondió extrañamente tranquilo. Julián realmente desconocida su diagnóstico — No lo se
Luciano abrió los ojos con sorpresa que aparento ser fingida por que parecía contener un sonrisa. Julián no vio aquello, lo ignoró por que ahora se encontraba sumergido en su pensamiento.
—¿Quién es tu terapeuta? –
—¿Terapeuta? – Julián arrugo el rostro
—Si…tu médico.
—Alfred. – Le dijo con ambigüedad
Luciano arqueo las cejas nuevamente y asintió. Luego de eso busco las palabras próximas a decir.
—¿Así que no sabes por qué estás aquí?—
Julián apretó los labios un poco inseguro y observo a Luciano, como si el mismo intentara encontrar la razón por la cual estaba allí. Sus padres estaban de acuerdo, eso sí sabía, y también sabía que aquello era por su propio bien.
—Creo que –Julián abrió loa labios para decir – hice algo muy malo.
—¿Tienes represión? –
—¿Repre…que?
—Represión. –Luciano explico— A veces olvidamos cosas traumáticas para protegernos…
Julián ahora arqueo las cejas negras con algo de asombro. Miro a su alrededor, tratando de analizar y asimilar lo que le acababa de decir. Observo a las enfermeras subir las escaleras y una de ellas llegar al vestíbulo, y pasar a la recepción.
—Quizá. – Julián le dio la razón con algo de desgano, desdeñoso –
—Si es así, es mejor no saber lo que paso ahora –Luciano prosiguió – uno olvida por una razón.
—¿Tu porque estás aquí? –Pregunto Julián de repente y con una voz algo demandante, volvió a ver a Luciano y le prestó atención a lo que sea que fuera a contestar.
—…Ah.
El mulato lo medito unos segundos antes, había borrado la sonrisa de su rostro y se encontró a si mismo observando la normalidad apática del vestíbulo, Julián no le dejo de observar aunque tardara en responder.
—Supongo que no tengo a donde ir – Le dijo con un tono bastante deprimente, sin embargo Julián no sintió la tristeza en esas palabras, la carga de esa oración parecía vacía. – Cuando estás loco, enfermo y eres la decepción de la familia…¿A dónde ir?.
Julián por un momento pensó que tenía razón. En ese momento el venezolano tenía muy pocas ganas de discutir, se sentía un poco apático, cansado, el ambiente de ese lugar era algo pesado, paseo la mirada someramente por el lugar. Luego a ningún lado en particular y pensó en David…
En lo mucho que lo extrañaba y en lo solo que estaría ahora. Suspiró pesadamente.
— ¿Tú tienes una familia?
Julián asintió despacio
—Que dichoso debes sentirte al tener una familia—
Julián no estuvo de acuerdo pero se ahorró el comentario y por sobretodo se esforzó por no alterar su expresión, la conversación se silenció nuevamente y Julián distrajo la vista a su alrededor nuevamente como si buscara algo… a alguien.
No encontró a nadie.
Al poco tiempo, un auxiliar con ropa de enfermero, bajo rápidamente por las escaleras, tenía un aura energética, Julián se fijó en el con atención y vio por unos segundos a Luciano que no dijo nada. Soren era un contraste perfecto en aquel ambiente. Se acercó a donde estaba Julián y al momento, se puso observar una venda en la nariz.
— ¿Jiménez? – Soren llamo, aunque sabía que era él. Por obvias razones se dio la cortesía de preguntarle, su voz era energética y algo alegre — ¿Julián Andrés? –
El auxiliar observó a Julián con atención, dando a entender que sabía quién era y que esperaba que respondiera. El aludido levanto la cabeza y observo al auxiliar, era alto y aquella altura le recordó a su oscuro pasajero. Soren eran un danés energético y vivaz, eso fue lo que sintió Julián al verlo.
—El Doctor Jones, desea verte – Le dijo con su voz usualmente alegre, su acento era un poco más diferente a lo que Julián había percibido del otro auxiliar –
—¿a mí? – Julián observo a Luciano por un momento, pero este no hizo movimiento alguno y se encontró distraído viendo a su alrededor como si también buscara a alguien. –
Soren asintió varias veces y lo animo a caminar y seguirlo. Julián obedeció porque no tenía otra opción, se levantó, camino detrás de él y subió las escaleras, curiosamente conto los escalones y cuando llego al escalón veintitrés camino hacia el pasillo detrás de Soren. Cuando hubo llegado a la puerta del consultorio, Soren la abrió y le deseo suerte en un susurro.
El interior tenía un aspecto pulcro y no era tan amplio, era una modesta oficina, solo con lo indispensable, un ordenador estaba en el escritorio de metal y varios archiveros estaban en las esquinas de las paredes. Una ventana con una cortina blanca, de tela muy delgada.
Alfred, estaba sentado en la silla del escritorio. Había terminado de alejar la mirada del ordenador y se alejó de este dando su actividad por terminada, miro a Julián que por acto de inercia se sentó en una de las sillas que estaba en frente del escritorio.
—Está bien, Soren, Gracias – Le dijo Alfred y acto seguido, el auxiliar salió del consultorio, Julián vio como la puerta se cerró con lentitud y volvió la vista a Alfred. Debía admitirlo, se encontraba algo nervioso por lo que el medico iba a decirle.
Hubo un ligero silencio donde Alfred busco algo en los cajones: saco una carpeta, algo gruesa, era seguramente su expediente.
—¿Cómo estas, Julián? – Pregunto con aire profesional
—Bien – Le respondió el venezolano en automático – Algo confundido
Agrego al poco tiempo. Alfred asintió como si aquello se lo esperara. Es que ¿Quién no estaría confundido?. Miro el rostro del joven paciente con detalle, con sus lentes de montura cuadrada impecables, dándole ese aire intelectual de doctor en Psicología.
—Creo que debemos ir un poco más atrás— Dijo el rubio y abrió poco a poco la carpeta. Julián no distinguió ningún nombre en ella — Hemos hablado con tus padres, luego, después de que todo se había tranquilizado. Acordamos entonces tu estancia aquí
Julián permaneció en silencio al escuchar aquello. Ya lo sospechaba y tenía vagas afirmación, si es que Vadim podría ser considerada como vaga.
— ¿No recuerdas nada? –
—No, no muy bien—
—Bien. Julián presta atención – Le pidió cortésmente y con una voz suave— tuviste un descontrol en tu carácter: te enojaste.
— ¿Quién no? –
—No como tú lo hiciste –
Julián ahora arqueo las cejas negras, luego arrugo el ceño y se sintió ligeramente molesto. No supo porque…pero hablar con Alfred le causaba malestar. Se froto las manos a la altura de sus muslos con algo de ansiedad.
—Dije cosas malas ¿verdad? – El venezolano hablo, al adelantarse a lo que el otro iba a decir, Alfred asintió y Julián supo entonces que su padre estaría enojado con el …— Humm…
Alfred carraspeo dio un vistazo a la carpeta y luego vio a Julián.
—Julián ¿Has llorado después de la muerte de tu hermano?—
El venezolano se enderezo en la silla, el simple hecho de mencionar a su hermano en una oración era una señal para estar alerta. Miro al doctor con sus ojos atentos, que abandonaron el aspecto cansado que tenían antes.
—…Si – Le respondió dudando, porque no estaba seguro. –
—Ah…—Alfred no parecía sorprendido o mostraba algún tipo de indicio de su pensar. Miro a Julián unos segundos antes de que volviera a mirar a la carpeta – tu número de amigos ha disminuido los últimos meses. –Dijo
—…—
—A ninguno —Volvió a ver Alfred al ver a su carpeta. – Julián, pensamos que puedas tener un problema con la muerte de tu hermano.
Cosas obvias. Cosas Obvias, eso parecía decir Vadim con su rostro.
—… ¿Pensamos? – A pesar de escuchar aquello, Julián solo se enfocó en un término que le causó bastante inquietud. El hablar de personas que no conocía pero que lo conocían a él era motivo de inquietud ¿no?... ¿acaso era no era algo bueno? –
—El Doctor Braginsky y yo…— Le puntualizo con profesionalismo. – Tienes un duelo no superado.
Julián se quedó quieto en la silla. Paseo los ojos por la corona de cabeza rubia, justo en el espaldar de la silla y observo como Vadim miraba con cautela en el interior de la carpeta. Julián apretó los puños. Parpadeo varias veces y bajo los ojos.
—¿Un…que? – Intento continuar la charla más natural –
—Un duelo no superado –
—…No, no creo que tenga eso – Le dijo con su voz natural, como si el diagnostico de ambos profesionales no valiera. – Yo...
—Está bien, es algo natural…—
—No yo no… – Julián titubeo y apretó los labios, quiso volver a hablar pero no lo logro, se sentía nervioso—
—Sé que no ha tenido el apoyo de tu familia – Habló Alfred y el paciente no le prestó atención en lo más mínimo. Parecía explicarle las causas de su sufrimiento. El distanciamiento familiar, la falta de apoyo, la apatía, la falta de desahogo… —
Julián apenas y lo escuchaba, lo veía, pero sentía que sus palabras salían lentamente de sus labios, sus movimientos, su parpadear, la forma en que miraba esa maldita carpeta que lo tenía todo encuadrado en dictámenes…y luego estaba Vadim que giro los ojos a la misma lenta y tortuosa velocidad, hacia él y dijo:
Devida es un problema, incluso muerto.
Cuando Julián volvió a la realidad, al tiempo normal de aquella habitación, parpadeo, bajo los ojos y escucho a Alfred llamarlo pero no atendió sino al tercer llamado de su nombre, alzo la mirada y lo observo.
— ¿Qué? –
—…Tomaras terapia con el Dr. Braginsky esta semana –Le dijo y aunque Julián no estuviera de acuerdo poco valía su opinión en ese lugar. Alfred suspiro como si notara el distraído comportamiento del muchacho y eso le causara algo de malestar.
Aun más malestar sentía Julián ante tal noticia.
—Creo que él te explicara todo cuando acuerden su terapia –Agrego nuevamente Alfred con aire profesional. Observo a Julián con atención después de dejar la carpeta en el escritorio. — ¿Qué sucede?
Ante aquella pregunta Julián no reacciono al momento, estiro los dedos cerca de su muslo y se alivió el sudor de las manos con el pijama blanco.
—…No, nada….esa pastilla me causa mareo – Dijo y se sostuvo la cabeza para dar credibilidad a su mentira –
—Creo que también te recomendará algunas recetas. Antidepresivos. Quizá. – Dijo el psicólogo
Julián escucho otras posibles acciones, medicinas o terapias que podría tener en el futuro y descubrió que no solo Alfred lograba irritarlo, si no que lograba irritar a Vadim de una manera descomunal. Tenía una mirada penetrante en dirección a la nuca del estadounidense, casi demandando a que cerrara la boca y cuando lo hizo, Julián noto que ahora Vadim estaba esperando su respuesta porque Alfred le había preguntado algo.
— ¿Qué?
—… ¿Cómo lo sabias? –
Julián arrugo el entrecejo.
—¿Qué cosa? –
Alfred suspiro con algo de desdén.
—Lo de mi hermano. –
Julián ahora levanto los parpados algo sorprendido, no solo de la pregunta sino de sí mismo; había recordado todo al respecto; como un rollo de película todo lo que había trascurrido hasta llegar allí, incluso se identificó a él mismo atinando un fuerte golpe a la nariz de Soren, el auxiliar que intentaba colocarle la camisa de fuerza.
Aun en silencio en su puesto el azabache intentaba procesar el rollo de película de su memoria y cuando hubo terminado habían pasado aproximadamente dos segundos.
El pensamiento es veloz, tal vez lo pensó.
Alfred le esperaba con ojos atentos a cada expresión; Julián abrió los labios e hizo como si de verdad quisiera responder a su pregunta. Él sabía. No podía explicar cómo pero estaba seguro y si no fuera por la intrigante mirada de Vadim justo al lado de la silla del escritorio de Alfred, estaba seguro que las palabras hubieran salido de su boca.
— ¿Has estado investigándome? – Pregunto Alfred con aire cauteloso
El paciente negó varias veces.
Alfred a su vez no se explicaba tal cosa. Aquellas palabras antes presenciadas le habían causado un enorme malestar. No sabría cómo definirlo, pero aquello era algo tan íntimo que no encontraba otra explicación que el espionaje o la investigación hacia su persona; aunque dudaba que de alguna manera Julián haya leído a cerca de su vida en algún portal de psicología. No creía tanto en esta teoría pero aquella pregunta paseaba por su cabeza y tocaba la puerta de la curiosidad más de una vez…¿Cómo Julián sabia eso?.
— ¿Cómo lo supiste? – Volvió a preguntar Alfred, sin alterar su voz, moderada y aparentemente madura – No me molestare, descuida.
Tal vez Julián hubiera respondido, pero nunca se supo por qué no lo hizo. Se llevó las manos a los labios en un gesto algo desesperado y se mordió las uñas.
—…. ¿Qué le hice a mi madre? – susurro para él. Alfred no lo escucho, pero parecía un cuadro de tristeza con incertidumbre —…Le dije todas esas cosas. –
—Tranquilo, no es nada que una disculpa no pueda solucionar, estabas fuera de si—
Julián no dejo de morderse los dedos. Aquella escena se repetía en su mente una y otra….y otra vez con atmosfera de culpa y mientras más se disponía a repetirla en su mente, la presencia de Vadim se hacía cada vez más y más grande, paso por el escritorio de Alfred ignorando cualquier cosa reveladora de aquella carpeta.
No. Su Girasol era más importante, además…nada en esa carpeta podría enmarcarlo tan específica y acertadamente como Vadim podía hacerlo.
—Hice algo muy malo – Julián susurro tan bajo que solo los oídos inhumanos podían detectarlo, o tal vez solo lo pensó. Vadim se agacho por que le gustaba ver como los ojos de Julián le observaban expectante y al tenerlos sobre los suyos asintió. –
Oh no. Dzulian solo dijo la verdad.
Ψ
Julián.
Tome unos minutos más en tranquilizarme después de que Rosaura me diera la pastilla, esa capsula pequeña y bicolor. Realmente si no hubiera tomado creo que estaría llorando en algún rincón. O de muy mal humor. Vadim dice que dije la verdad, pero…lastime a mi madre. …
"Pero cuantas veces ella no te ha lastimado a ti "
Eso dijo Vadim en su momento, justo antes de que Alfred me enviara de regreso a la recepción a una dosis de relajantes. Me sentía apático y con sueño. Tengo sequedad en mis labios y tengo escasos deseos de hablar con alguien. Sentí unas tremendas ganas de llorar, de salir de allí y evitar que me vieran hacerlo.
Si todo lo que dije era verdad… ¿Por qué me sentía tan miserable?
Vadim no dejaba de felicitarme y acariciarme el cabello como si se sentirá orgulloso de mí, yo no lo estoy tanto…Me pregunto si David lo estaría. ¿Qué pensaría al verme aquí? Creo que no estaría de acuerdo con mis padres al tenerme aquí…El pensar en el a veces me trae consuelo. A veces siento que al pensar en él, está cerca.
Él siempre se tomaba las cosas con más calma que yo, casi lo envidiaba, él no debía preocuparse por casi nada.
ACTO II
A veces en lo oscuro, en lo complicado, se toca la verdad.
Carmen Martín Gaite (1925-?) Novelista española
La puerta se abrió y Julián escuchó el llanto de su mamá, parecía ser apaciguado por alguien, su abuela, Ana, estaba allí, había llegado hace poco, Bendijo a su nieto que esperaba como un niño tranquilo y obediente en la sala de espera, si era obediente su madre lo querría, al ver a su abuela no pudo hacer más que emocionarlo y preocuparlo un tanto.
A las pocas horas, su padre que estaba al lado de Julián se levantó, este solo lo siguió con la mirada pues parecía ser que lo estaban llamando dentro de aquella habitación. Julián balanceo sus pies en la silla acolchada de espera y lucho contra el impulso de levantarse y entrar a esa habitación de adultos, sin embargo se contuvo. Acto muy medido para un niño de cuatro años que naturalmente es inquieto.
Habían ido al hospital varias veces. En ocasiones él se quedaba con su abuela Ana en casa después de la escuela. A Julián le gusta quedarse en la casa de su abuela, hacia comida y dulces, ella tenía algunas cosas curiosas en su casa; un arpa, rompecabezas y podía comer dulce de lechosa cuando quisiera. Su abuela tenía muchos gatos que se aparecían en el techo de su jardín, ella no parecía molestarle y a Julián tampoco, aunque había uno grande que siempre dormía justo a las plantas de menta que le causaba algo de miedo, rara vez ese enorme gato se acercaba a ellos dos cuando estaban en el jardín, pero las pocas veces que lo hacía Julián se escondía detrás de la falda de Ana, era entonces hora de entrar a casa.
Sin embargo, esa tarde no se quedaría en casa de su abuela como los días ya mencionados, habían ido al hospital por petición de su mamá. Julián pequeño ignorante no sabía por qué su madre iba tantos días al médico pero en esa ocasión cuando salieron por fin de esa habitación de adultos su madre estaba realmente desanimada.
Julián se levantó de la silla y se preguntó si estaba enferma o algo, luego comentaría que vio a un doctor enorme caminar por el pasillo. Su Madre apenas y movió la cabeza hacia su dirección pero no le respondió.
Su abuela en cambio tomo la mano de Julián con actitud cariñosa y le invito a casa a comer algo por que había pasado toda la tarde con ellos en el medico. El pequeño no podía negarse, primeramente porque…su madre y padre no parecían tan ansiosos de volver a casa, a su casa.
Sin embargo hablar con su abuela le animo bastante y quiso que su mamá estuviera tan animada como él. Incluso tuvo la valiente iniciativa de acercarse a las plantas de menta para acariciar a aquel enorme gato y se sintió orgulloso de superar un miedo tonto.
Se preguntaba por qué mamá estaba tan triste.
— ¿Mamá está enferma? –Preguntó el a su abuela que negó con la cabeza. –
—pero yo la vi triste, ¿Está enferma?— Volvió a preguntar.
—Esta triste porque…
Julián se le quedo viendo con aire expectante, sus grandes ojos azules azuzaban una respuesta, si ponía a mamá feliz de nuevo quizá así podía ser merecedor de un premio, de su amor. Solo si mamá era feliz quizá ella podía quererlo.
Ana acarició la cabeza de cabello negro de su nieto, el único que tenía en aquel momento, cabello liso y algo largo, su madre no estaba muy al tanto del largo de su cabello, quizá el otro fin de semana lo cortaría.
—Mamá está enferma— Dijo finalmente Ana, como si de verdad no quisiera decirlo, pero no podía evitarlo – esta triste porque no está bien.
—… ¿Está rota? ¿Verdad? –Julián salto como si supiera motivos y causas – Yo la rompí.
Aquello último lo dijo con algo de inseguridad, su abuela lo vio con atención e intento asimilar lo que había dicho. La lógica de los niños es casi magia para los adultos.
—Yo rompí a mamá ¿ver...
—No…—Ana repuso en voz suave y consoladora— No, Jul, tú no rompiste a mamá, no digas eso.
Le acarició la melena negra y suave y vio sus ojos azules muy atenta, el niño imito la expresión de atención de su abuela y sin mostrar emoción alguna espero.
—Ella te quiere mucho.
—pero ella está triste porque la rompí —
—No digas eso, mamá no es un objeto o juguete que se puede romper. – Le explicó la anciana con paciencia y sin dejar de acariciar el cabello negro vio como los grandes ojos del infante se llenaban de lágrimas, apretó los labios, reprimiendo algún sentimiento guardado por algún tiempo. –
En la entrada de la casa, el enorme gato se había acercado al borde de la ventana y sus ojos felinos observaron el interior.
DamistaH.
