"Cause we're young and we're reckless.

We'll take this way too far.

It'll leave you breathless, or with a nasty scar".

Blank space - Taylor Swift.

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Desde el momento en el que Naruto se topa con Sai esa mañana, sabe de inmediato que aquel día se perderá el primer periodo de clases; su primera, y seguro no última, falta del semestre, por lo qué resignado a su destino (y mostrando una mirada llena de antipatía) se encuentra ahora sentado en una de las mesas de aquella cafetería frente al antes mencionado. Está algo irritado, como siempre sucede cuando están juntos. Si había algo que el primo de su mejor amigo y éste mismo compartían, era que lograban encrisparlo de forma sencilla. ¿Estaba en la sangre de los Uchihas ser así? De hecho.

—¿Y bien? ¿Qué era lo exageradamente importante que tenías que contarme, Sai?

El de hebras negras lo observa, alejando su atención del lente de la cámara que sostiene.

—¿Tenía que contarte algo? No lo recuerdo—. Responde éste, de forma apacible mientras las comisuras de sus labios se curvan en una inocente sonrisa, bastante falsa a la vista. Naruto siente la vena de su frente empezar a palpitar.

—¡Dijiste que me contarías algo de vida o muerte!

—¿Lo hice? ¿De qué hablas? —Sai mantiene su papel de desentendido, logrando que su acompañante se irrite aún más. Si tan sólo Naruto fuera consiente de que el problema es él por ser tan fácil de convencer o molestar, se ahorraría tantos momentos engorrosos en su vida. Sai ignora los reclamos que el rubio empieza a soltar una vez nota la presencia de una de las meseras acercándose.

—Bienvenidos a la cafetería Yamanaka, ¿se servirán algo? —Pregunta la rubia, ya parada junto a ellos. Sus ojos azules estudian a los muchachos y sus labios, adornados con labial rosa les sonríen.

Sai devuelve la sonrisa mientras explica su pedido y Naruto a regañadientes copia su accionar, aunque ha desayunado como dios manda, se le ha abierto el apetito una vez más.

—Más te vale que esto no sea una trampa para "invitarte" a desayunar, Sai.

Advierte éste cuando la fémina se ha retirado.

—Pero eso dijiste que harías.

—¡¿En qué momento?! Ah, juro que odio a los Uchihas, lo juro.

—Ah, por favor, si estás casado con uno.

—¡No estoy casado con Sasuke!

—No mencioné que fuera Sasuke...

—¡Cállate!

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Sakura le da un último vistazo a su reflejo en el espejo antes de salir del cuarto del personal. Está correctamente vestida con el uniforme de trabajo, cabello recogido en una coleta y su humor es bastante bueno el día de hoy para decidir empezar de una vez. Cuando se encuentra en la puerta de la cocina, nota que Ino platica con su padre, indicándole a éste los pedidos que recientemente ha tomado y que debe preparar.

—Ya estoy lista—. Anuncia la pelirosa, para hacer un hecho su presencia.

—¡Bien! Tenemos mucho trabajo esta mañana, Sakura—. La rubia se aleja de su padre, quién saluda a la pelirosa con una sonrisa, para acercarle el bloc de notas y darle indicaciones—. Una vez éstos pedidos estén listos ve a entregarlos a la mesa 3, yo iré a atender a los que faltan.

—Como diga, jefa.

Sakura hace un gesto con la mano y se alista para ponerse manos a la obra. Una mañana más en donde empieza su rutina.

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Naruto se mantiene conversando con Sai todo el momento en el que ambos esperan su comida, mientras sus manos teclean un rápido mensaje para Sasuke avisando que llegará en el segundo periodo, y con un posdata al final: no me seas infiel con Shikamaru. Lo único que recibe de respuesta es un "Tarado" seco y directo, tan propio de su mejor amigo.

—¿La rubia te pareció linda?

Naruto levanta la mirada del móvil para enfocar sus azules en Sai, confuso.

—¿Qué? ¿Te refieres a la mesera? Eh, supongo que sí.

El rubio mantiene su expresión ida, sin poder encontrar una explicación a la repentina pregunta de su amigo. Sai no suele interesarse por otras personas, y mucho menos en chicas, sean del tipo que sean; Naruto llegó a pensar muchas veces que el muchacho era gay o hasta asexual, por lo que naturalmente vióse extrañado.

—No creo que las rubias sean tu tipo, ¿verdad? —Sai vuelve a cuestionar, sereno.

Naruto, cansado de estar a la deriva, se inclina con intenciones de interrogar más a fondo cuando una presencia femenina se interpone entre ambos muchachos, con sus pedidos en una bandeja.

—Aquí está su orden—. Dice ella, colocando los platos y vasos sobre la mesa. El rubio no nota que el tono de voz de la mujer ahora es diferente, ni de que se trata de otra persona por completo diferente al estar más enfocado en la comida que en quien la sostiene—. Que disfruten—. Agrega ella y se marcha.

El rubio se ve dispuesto a empezar a degustar la apetitosa comida sin esperar más, cuando repentinamente un peculiar olor sus fosas nasales invaden. Un aroma dulzón, apetitoso, frutal... Una fragancia que hace a Naruto recordar a los cerezos. Se para de golpe, dirigido por su de repente despierta intuición, girando la cabeza en una búsqueda general desesperada por todo el local, y entonces la encuentra.

Es ella, aquella muchacha con la que se ha topado días antes y de la cual había perdido toda esperanza de volverla a ver. ¡Es ella! Parada a unas cuantas mesas lejos de él, de perfil, con el cabello recogido en una adorable coleta y un vestido de maid clásico. ¡La ha vuelto a encontrar! Naruto siente el corazón desbocado cuando aquellos orbes que ha tratado de mantener grabados en su retina se vuelven hacia él, y no sabe que hacer cuando la fémina parece reconocerlo y sonreírle, acercándose prontamente.

¿Qué significa esto?

—¿Naruto? Eres Naruto, ¿verdad? ¡Dios, no te reconocí! —Exclama ella, cuando llega a su lado. Naruto asiente.

—Sakura—. Musita, asombrado, como si no pudiera creer que la tiene allí frente a él, tan fácil de tocar.

—¡Exacto! Qué bueno que me recuerdes. Fui despistada al no notarte... aunque creo ya sabrás que ese es uno de mis defectos—. Ríe—. Y, nuevamente, perdón por lo de la otra vez.

—Uh, no, no te preocupes. Ya te lo dije—. Él suelta una suave carcajada, sintiendo la tensión extinguirse de sus hombros. Sakura desprende una energía reconfortante que hace que se sienta en plena confianza con ella—. ¿Trabajas aquí?

—Así es, unos cuantos días a la semana. ¿Venías seguido? Es la primera vez que te veo.

—No, es mi primera vez, vine con un amigo...

Naruto entonces recuerda la presencia, hasta entonces ignorada de su acompañante, y termina por girar la cabeza nervioso.

Sai capta la atención, e intercala su mirar en ambos jóvenes que ahora lo observan, y sonríe.

—Ya sé que suelo ser invisible, pero me estaban lastimando demasiado.

Recrimina, y Sakura ríe, apenada. Naruto sólo lo mira de mala gana.

—Lamento esto... hm...

—Sai.

—Sí, Sai. Soy Sakura, un placer conocerte.

—Igualmente, chica tabla.

Naruto tiene que aguantarse las ganas de lanzarse sobre el morocho para impedir que siga soltando cosas innecesarias. ¿Por qué siempre hace lo mismo? Hablando de más y arruinando el momento.

—¿C-Chica ta...? ¿Qué?

—¡N-Nada, Sakura! Tienes mesas que tender, ¿no? ¿Qué tal si hablamos cuando tu turno termine? ¡Te esperaré!

La muchacha de hebras rosas parpadea confundida cuando es empujada por el rubio, y después de brindarle una mirada agria a Sai, decide hacer caso a Naruto, alejándose de ambos.

Naruto se desploma en su asiento cuando la ve ya lejos y cual rayo sus azules posa sobre el azabache frente a él.

—¿Por qué? ¿Con qué necesidad?

Cuestiona, casi gimoteando.

—¿Y ahora qué hice?

—Existir, ¿por qué existes, Sai?

—Qué cruel elección de palabras, Naruto. ¿Quién es ella, en todo caso?

El de hebras áureas desvía la mirada hacia su comida frente a él y se muerde el labio inferior; está reprimiendo una sonrisa, de esas tontas y enamoradizas, mientras sus pómulos empiezan a colorearse.

Sai frunce el ceño, y cuestiona divertido. —¿Te gusta?

—Algo así... Quizás, no lo sé. Es la segunda vez que la veo.

El click que Naruto escucha lo hace elevar la cabeza para encontrarse con el hecho de que Sai le ha tomado una fotografía. Parpadea, y el adverso agrega—:

—Si es la segunda vez será mejor que no te apresures. Conócela y luego saca las conclusiones de lo que realmente sientes, o de lo que debes sentir. Así te ahorras sorpresas desagradables.

El de ócelos azules no dice nada.

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Sasuke admira el pizarrón sin estar concentrado realmente, escucha la voz del profesor resonar como una especie de música de fondo, pero siendo la voz en su mente más ensordecedora y clara en ese momento. Su mano juega distraídamente con el lapicero haciéndolo parecer distante y aburrido. Shikamaru, sentado junto a él, lo observa de reojo, percatándose de inmediato del estado ido en el semblante de su amigo; el profesor da unas cuantas indicaciones más y se excusa saliendo del salón al ser llamado por otro docente. Sasuke ni siquiera se percata de este hecho.

—¿Tu hermano ya llegó? —Es la pregunta que el morocho escucha del chico a su lado, dispersando por un momento sus pensamientos.

—Anoche.

Shikamaru asiente.

—¿Y cómo fue?

—Mi padre está más que contento, y mi madre planea un banquete para el almuerzo.

—E imagino que no asistirás.

Sasuke traza una ínfima sonrisa con sus labios, aún sin despegar su mirada del frente. Shikamaru mantiene sus ócelos marrones en él, expectante.

—Felicitaré a mi hermano cuando nos encontremos solos, pero hoy sólo espero que perdone mi ausencia. No sé a dónde iré, pero es lo de menos, no quiero estar allí.

Shikamaru, sin decirle algo más al de ojos parecidos a los suyos, con discreción retorna su vista hacia el profesor que ya ha llegado y reinicia su clase. El resto de la hora se la pasan compartiendo cortos diálogos enfocados en el trabajo dado por el docente, olvidando el tema antes tocado. El de la coleta sabe que Sasuke se mantendrá en estado abstraído durante una gran parte del día, como es cuando algo lo aqueja o perturba, o así hasta que Naruto aparezca.

Deciden salir a los jardines del campus cuando cierta conocida voz los espabila de pronto, haciendo que se detengan.

—¡Chicos!

Tanto Sasuke como Shikamaru giran la cabeza en dirección por donde un alegre rubio corre a su encuentro junto a otros dos muchachos, a unos pasos tras él, caminando más calmados.

—Dijiste segundo periodo, tarado—. Sasuke le da un ligero golpe en la cabeza a su amigo una vez éste llega a su lado—. Kakashi dijo que luego se las verá contigo.

—Ugh, ese viejo... Pero es que sucedieron algunas cosas. ¡Y hola, Shikamaru! —Responde este, al mismo tiempo que los otros jóvenes los alcanzan. El dueño de la coleta le otorga un movimiento de cabeza como saludo.

—El señorito Uzumaki quiso quedarse más tiempo con su novia—. Interviene Sai, uno de los acompañantes de Naruto, llamando fuertemente la atención de los demás.

—¿Novia? ¿Naruto? Creo que algo está fallando en esa oración—. Comenta esta vez un muchacho de cabellera castaña, quien al hablar deja a la vista unos pronunciados dientes caninos.

—Cállate, Sai—. El rubio no puede esconder el ligero sonrojo que sus mejillas ha decidido visitar—. Y tú también, Kiba.

Ambos jóvenes regañados se encogen de hombros y empiezan a caminar, mientras Shikamaru se une a ellos. Sasuke en cambio va hacia el lado de Naruto, quien sigue su paso.

—Así que tu novia, ¿eh? —Empieza, reparando en cómo los ojos del Uzumaki parecen brillar con tal mera suposición.

—Sasuke, siento que estoy soñando. Me la he vuelto a encontrar.

El morocho queda en silencio un momento, deseando no verse sorprendido. ¿Debía pensarlo como una simple casualidad?

—Vaya... ¿Y cómo te fue?

—Sigue tan encantadora como la primera vez, hablamos un rato, pero más importante... ¡me dio su número! —El rubio saca de su bolsillo un pequeño papel con un número de teléfono escrito, al cual admira con devoción, para después restregársela con total orgullo a la cara de su amigo. Sasuke le da un manotazo y niega con la cabeza.

—Al fin haces algo bien, enhorabuena.

—¿Verdad que sí?

Naruto se entretiene contándole todos los detalles de su corto encuentro con la muchacha del accidente a su amigo mientras lo que queda del receso transcurre. Sasuke parece escucharlo, respondiendo con monosílabos de vez en vez, pero realmente su mente está en otro lugar en ese momento.

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Ino despide con amabilidad a los que serían los últimos clientes del día, mientras al mismo tiempo cambia el letrero de "abierto", por "cerrado"; Sakura, a la par de ésto, se encarga de retirar los platos que faltan por recoger. Ya son pasadas las doce de la tarde, indicando el final de su único turno por ese día. La rubia suelta un suspiro mientras dirige una de sus manos a su hombro, masajéandose el mismo con cansancio.

—Terminamos por hoy—. Anuncia, volviendo a mostrar al rato una tez más animada.

—Hoy sí que fue un día ajetreado, ¿no? —La de cabellos rosáceos empieza a caminar hacia la cocina junto a los recipientes a lavar, mientras Ino la sigue. La rubia no contesta los segundos siguientes y en cambio se mantiene observando de reojo a su mejor amiga, como esperando algo de su parte; sus ojos brillaban curiosos y traviesos.

—Así que... —Sakura siente un ligero escalofrío recorrerle la espalda al escuchar el tono juguetón empleado por Ino—. ¿Quién era aquel adorable rubio, Sakura Haruno, y cómo es que has osado no contarme sobre él?

La pelirosa queda inmóvil al verse descubierta, sin saber muy bien qué decir en primera instancia. Esperaba tener aquella conversación con su molesta amiga pronto, pero la repentina visita de Naruto han apresurado sus planes. Deja los utensilios en el lavado, maldiciendo la hora en la que el padre de la rubia ha desaparecido; habría podido usarlo como excusa.

Sakura se deja someter, rendida.

—Naruto es un chico que conocí hace poco—. Inicia, cautelosa—. Tuvimos un pequeño... accidente hace días, y aunque no creí verlo nuevamente apareció aquí y... —Su voz se va acallando sin saber qué más acotar. La historia no es muy interesante ni larga después de todo.

—¿A qué te refieres con accidente? ¿Automovilístico?

Sakura niega rápidamente con la cabeza.

—No es lo que estás pensando, tranquila. Chocamos, sí, eso, mientras caminábamos—. Miente.

Ino arquea una de sus perfectamente depiladas cejas en un gesto que muestra desconfianza, más sin embargo dejó convencerse esta vez.

—Entonces... ¡te gusta!

Sakura pone los ojos en blancos, deshaciéndose la coleta con facilidad.

—Nada de eso, lo acabo de conocer, por dios, Ino.

—A mi no me engañas, Sakura Haruno, tú no le darías tu número a cualquier chico.

La de cabello rosa se muestra horrorizada.

—¿Cómo sabes que le di mi número? ¡Me espiabas!

—Sólo hago bien mi trabajo como mejor amiga.

—Cada día me asustas más, ¿sabes?

—¡Tengo que protegerte de los lobos que hay allí afuera! Por otro lado, los músculos de tu amigo son impresionantes, ¿va al gimnasio? Si no estás interesada en él, puedes presentármelo.

—Yamanaka...

—¡No seas egoísta! He estado soltera mucho tiempo.

La conversación termina allí, cuando el padre de Ino aparece con bolsas llenas de ingredientes para el turno de la noche.

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Con un último "te veo en la universidad" para Ino, acompañado del agitar de su diestra, Sakura atraviesa la puerta y se propone a salir del local para encaminarse a su siguiente destino. Ya ha avisado a su madre que aquel día ha almorzado en el trabajo y que en cambio se pasará por la biblioteca en busca de unos libros que necesita; también piensa en pasarse por la panadería de la vuelta y comprarle el adorado dulce favorito a Hinata. Del bolsillo de su pantalón extrae el carnet de su trabajo y pegado a este un papel de cuaderno doblado múltiplemente, en el cual tiene escrito los nombres de los ejemplares que su maestra les ha encargado. Rápido detalle se le viene a la mente cuando la muñeca desnuda se ve, frunciendo los labios en un puchero triste. La bonita pulsera que se ha comprado el día anterior se le ha caído en algún lugar de la ciudad. Tras haberse encontrado con Naruto hubiera querido obsequiarle el objeto como símbolo de disculpa, sin embargo sólo terminó maldiciendo internamente su mala suerte.

Un día te embiste una bicicleta, al otro casi te atropella un auto y ahora pierdes la oportunidad de quedar bien frente al chico... Eres la mujer con la mejor suerte del mundo, Sakura.

La pelirosa llega en previstos 10 minutos a la biblioteca que siempre concurre, saludando despacio a la encargada antes de ingresar completamente al lugar; a la hora del almuerzo el mismo se muestra lo suficientemente vacío como para disfrutar de un silencio real. Así que, con los nombres de los libros revoloteando en su mente se encarga de buscarlos en los estantes específico: Los de medicina y salud, porque sí, Sakura se encuentra estudiando medicina, su carrera soñada. Este es su segundo año en la universidad y desde su primer día de clases las cosas nunca le han parecido tan difíciles como entonces. Su carrera es un continuo sube y baja, a pesar de ser ella un ratón de biblioteca y una nerd, al final también posee debilidades como todos, pero por ello se esforzaba, y le estaba yendo mejor de lo que creía.

—Aquí está—. Susurra cuando encuentra el tercer y último libro que necesita, siendo éste el más gordo de entre los otros, haciendo sudar a Sakura; vaya emocionante sesión de estudio la que le espera—. Por dios, ¿tengo que leer todo esto?

La muchacha camina con dificultad hacia dónde se encuentra la encargada de turno, cuidando de no dejar caer la mochila sujeta sólo en uno de sus hombros. A cada paso que da Sakura es menos hábil para mantener el equilibrio de las cosas que sujeta y de forma irremediable termina trastabillando sin quererlo, lanzando en consecuencia todos los libros al suelo, ella misma incluida. El sonido seco que éstos causan con el impacto hace a algunos voltear a mirarla. La de hebras rosas maldice por lo bajo, incorporándose sólo lo suficiente como para quedar de rodillas. Las cosas malas empiezan a suceder, ¿verdad...?

—¿Otra vez en el suelo, pelirosa?

Sakura queda congelada en su lugar, dejando al aire su extremidad que busca recoger el libro caído, mientras gira con lentitud la cabeza. No puede evitar sentir familiaridad con aquella voz, y cuando sus sospechas son confirmadas sabe que su día está comenzando a empeorar. Cabello negro y ojos afilados de mismo color, tez blanca, bonita y de semblante presumido.

—Pero a quién tenemos aquí, al tarado de aquella vez—. Masculla, dándole una rápida y venenosa mirada al morocho parado tras ella, para proseguir recogiendo sus cosas, y su dignidad, con total paciencia. Sakura se cuestiona si es que él la ha visto caer minutos antes, sintiéndose ligeramente avergonzada por su torpeza.

—Hmp.

El muchacho no contrarresta el calificativo despectivo, y en su lugar sostiene la mochila roja tirada al costado de sus zapatos. Espera a que ella se limpie la ropa y se ponga en pie para intentar entregárselo, pero ésta ya vuelve a tener las manos ocupadas con los libros.

—¿Acostumbras caerte seguido, pelirosa? —Cuestiona colocándose, sorpresivamente para Sakura, su mochila en el hombro. Y más extraño aún empezando a caminar, dejándola atrás. La joven no tiene tiempo de pensar y es obligada a seguirlo.

—No me llames "pelirosa". ¿A dónde diablos vas con mi mochila?

—Te ayudo a llevarla, pelirosa —El muchacho realiza especial énfasis al pronunciar lo último dicho, burlón—. Luego me lo agradeces.

La fémina no aporta decir algo más, y permite que el muchacho haga lo que se le plazca, mientras claro, esté a su vista y alcance. Entrega los libros a la encargada de la biblioteca, firmando lo necesario y luego se gira, encontrando al chico de nombre desconocido aún parado tras ella, esperándola. Le da una mirada escudriñadora que él no corresponde y ambos caminan hacia la salida del lugar. Sakura se detiene allí.

—¿Se puede saber qué planeas?

Él finalmente la mira.

—Nada.

—¿Por qué te tomas la molestia de ayudarme? Soy una desconocida y, peor aún, la chica que casi atropellas.

—"La chica que quería ser atropellada"—. Corrige. Sakura suelta un resoplido—. Tuve pena ajena, eso es todo. Te vi ahí, tirada en el piso, y me fijé que eras tú.

—Veo tienes alguna especie de síndrome de héroe narcisista, tarado.

—¿No puedes simplemente decir "gracias"? Si que eres molesta—. Él, a comparación de sus palabras, parece bastante calmado—. Y deja de llamarme tarado.

—¿Entonces me haría el favor su majestad de decirme su nombre?

El de cabellos negros guarda silencio por unos cuantos segundos, mismos que a Sakura le parecen eternos.

—No—. Es lo que responde al final, depositando seguidamente la mochila sobre los libros que ella carga. Sakura se tambalea al sentir el peso extra y cuando busca hacerle un reclamo, cae en cuenta que el muchacho ya se ha dado media vuelta y ha empezando a distanciarse.

—¡Ugh! ¡Eres un imbécil! —Suelta viéndolo continuar con su camino, tranquilamente y con las manos en los bolsillos.

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Sasuke juguetea un poco con la pulsera sobre su muñeca antes de llevar su orbes a la muy decorada identificación que sostiene, misma que momentos antes ha recogido discretamente del suelo, junto a la mochila roja.

"Anzu Konoe", lee, "trabajadora de la cafetería Yamanaka".

—Despistada.

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FINAL DEL CAPITULO 3, ADIÓS.

Ahre. Gracias por leer hasta aquí.