Guardianes

3ª Parte: Sorpresas inesperadas

A la mañana siguiente Harry y Ron comenzaron sus averiguaciones. Ron había hablado con su padre durante la cena y él le dio el nombre de alguien del ministerio que tal vez podría ayudarles. Ian Shore era un anciano mago de cabello blanco, próximo a la edad de jubilación, que trabajaba el departamento de estudios mágicos del ministerio, se encargaba de regularizar los expedientes académicos de los magos que llegaban desde el extranjero para estudiar en Inglaterra. Ian era un devoto de su trabajo aunque mucho no comprendía que tenía de interesante tramitar todo el papeleo que suponían los traslados. Pero a él le gustaba y atendía con suma amabilidad a todos los que pasaban por su despacho. Debido a que el nuevo curso estaba apunto de empezar, el señor Shore tenía más trabajo de lo habitual. No obstante cuando Arthur Weasley le llamo para ver si tenían un momento libre para ayudar su hijo Ron, el hombre no lo dudo ni un instante y les hizo un hueco en su apretada agenda para el día siguiente. Ron se puso loco de contento al enterarse de la buena noticia, al menos hasta que su padre le dijo que el señor Shore les esperaba en su despacho a las 8 de la mañana, en pocas palabras, tendrían que madrugar. A la mañana siguiente Harry y Ron llegaron a la puerta del despacho del señor Shore, aunque el pelirrojo con cara de sueño se esforzó por disimularlo.

- ¿Vas a llamar? - pregunto Harry después de que Ron se quedase parado frente a la puerta durante algún tiempo sin hacer nada.

- ¿Eh? Ah, si, si, ya llamo - dijo Ron saliendo del "trance" y llamando a la puerta.

- Adelante - respondió una voz casi de inmediato.

Ron miro a Harry que se encogió de hombros y le hizo un gesto con la cabeza para que abriese la puerta.

- ¿Se puede? - pregunto Ron asomándose desde la puerta.

- Ah, Ronald Weasley, el hijo de Arthur y el señor Potter supongo - los saludo señor Shore - Pero pasen y siéntense - dijo el hombre con amabilidad señalando un par de sillas frente a su escritorio.

Harry y Ron entraron en el despacho del anciano de pelo plateado por el paso del tiempo y ocuparon el par de asientos frente al escritorio algo nerviosos.

- Vaya, Ronald no te veía desde que eras bastante pequeño. A usted no le conocía en persona señor Potter, pero si conocí levemente a sus padres y por lo que oído decir ha heredado muchas de sus cualidades, algo de lo que me alegro - dijo el anciano.

Ron recordaba vagamente al hombre que tenía frente a él de haberlo visto en alguna que otra ocasión cuando era pequeño. El pelirrojo no sabía exactamente cuanto tiempo llevaba aquel hombre trabajando en el Ministerio, pero su padre bromeaba a veces diciendo que llevaba casi tanto tiempo allí como la escultura que adornaban el atrio.

- Tu padre me dijo que teníais algunas preguntas sobre traslados al extranjero - prosiguió el hombre y Ron asintió - Bien, preguntad lo que queráis, estaré en cantado en ayudaros en todo lo que pueda.

- Vera, mi hermano Charlie nos ha hablado de una escuela de Aurores en Italia que es bastante buena y, bueno, nos gustaría saber si es posible pedir el traslado a esta escuela - explico Ron.

El señor Shore hizo un gesto pensativo como repasando las posibilidades que tenían y ordenando sus ideas antes de hablar.

- Si, creo que sé a que escuela se refería tu hermano. Ciertamente es una buena escuela, es una escuela de elite en el sur de Italia - dijo Ian.

- ¿Y sería posible solicitar una plaza? - pregunto Ron y Harry miro al hombre expectante.

- Pues la verdad no lo sé con exactitud, esas academias tienen un sistema de acceso algo peculiar. Dejadme hacer una llamada y os lo digo - respondió el señor Shore con amabilidad descolgando una especie de teléfono muggle.

Ron y Harry miraron el objeto extrañados, había más techas de lo normal y los habituales números del teléfono habían sido sustituidos por las banderas de diferentes países, pero lo que realmente les extraño era su parecido con el artefacto muggle.

- Curioso aparato, ¿verdad? Se parece a los trastos muggles esos, pero es mucho más fácil de usar, solo hay que marcar un botón - dijo pulsando la tecla con la bandera de Italia - Es mucho más rápido que una lechuza, ideal para consultas urgentes y a mi edad no estoy para andar agachándome para meter la cabeza en una chimenea - añadió mientras escuchaba los pitidos de los tonos.

Le escucharon hablar en italiano con alguien al otro lado de la línea, una especie de intermediario o secretario. Pregunto por un tal Carlo Baggiano y espero un momento en silencio hasta que alguien volvió hablar desde el otro lado.

- Carlo, amigo mío ¿Qué tal va todo? - hablo esta vez en su idioma - Me alegro. Si, no estoy mal. Veras, te llamaba para hacerte una consulta sobre una de vuestras academias de Aurores. La escuela de elite, esa que esta al sur creo. Veras tengo un par de muchachos en mi oficina que estarían interesados en asistir a vuestra escuela. El señor Ronald Bilius Weasley y el señor Harry Jame Potter - prosiguió Ian y se escucho gritar al hombre del otro lado - Se ha emocionado - les dijo tapando un poco el auricular - Si, si, claro, por las notas no hay problema. Aja, ya veo, si, si, lo entiendo. Bien, dame 10 minutos para que se lo explique y vuelvo a llamarte.

El señor Shore colgó el "teléfono" y miro a los dos chicos que esperaban ansiosos.

- Os explicare la situación. He estado hablando con un colega del ministerio italiano. Al parecer quienes quieren entrar en esta escuela pasan el verano preparándose para un prueba de acceso especifica sumamente difícil. La prueba consta de un examen escrito y de una demostración de habilidades mágicas. Mi contacto piensa que estaríais en desventaja. Otro tema es el asunto de los expedientes, deberían estar en su oficina hoy a las 11 como muy tarde - dijo Shore - Bueno por los expedientes no hay problema, yo puedo tramitarlos enseguida y estarían allí en media hora. Pero aun así tendríais que estar allí para esta tarde que empieza la prueba.

- ¿Entonces se puede? ¿Podría tramitar nuestros expedientes a tiempo? - pregunto Harry entusiasmado.

- Claro que si jovencito - rió el anciano - En realidad le debo un favor a Arthur, el fue quien me consiguió este cachivache, antes después de hablar con algún colega extranjero los dolores de espalda me duraban día e incluso semanas. Por eso también mi colega estaría dispuesto hacer un poco la vista gorda y admitiros si tiene los expedientes para las 11 sobre su mesa. El año pasado le envié un chisme de estos y esta encantado - dijo con una sonrisa - Sin embargo aun queda el tema de la prueba, no dudo de sus habilidades, pero no saben de que trata y no podrán prepararse como el resto. Mi amigo dice que estaría encantado de teneros allí, aunque me ha pedido que os diga que os lo penséis bien, solo se permite intentar pasar la prueba una vez y podríais posponerlo hasta enero que hay otra prueba. No obstante yo creo que podríais hacerlo bastante bien.

Ron miro a Harry que asintió.

- Tramite nuestros expedientes, nos vamos a Italia - anuncio el pelirrojo.

- Estupendo, me pondré con ello ahora mismo. Pero me permiten hacerles una pregunta - dijo Shore.

- Claro, lo que quiera - dijo Harry muy animado tras la buena noticia.

- ¿Por qué tanta prisa? ¿Y porque precisamente Italia? Es decir, hay otras academias de elite para aurores que también son muy buenas - pregunto Shore con curiosidad.

- Su novia esta allí - soltó Ron de golpe a la vez que señalaba a su amigo antes de que tuviese tiempo de abrir la boca.

- No es mi novia - replico Harry frunciendo el ceño y con todo el rostro tan rojo como el pelo de Ron.

El señor Shore soltó una sonora carcajada al igual que Ron al ver la cara del moreno. Cuando por fin dejaron el despacho de Ian Shore, Ron tuvo que escapar corriendo de Harry que le persiguió hasta el atrio dispuesto a matarlo.

De vuelta en la madriguera comunicaron a la señora Weasley su decisión de trasladarse a Italia a estudiar. La mujer puso el grito en el cielo, les regaño por hacer un cambio tan grande sin avisarla con antelación.

- Si ya te hablamos de esta posibilidad, mama - se defendió Ron encogiéndose mientras su madre lo zarandeaba del brazo.

- ¡Si, pero no me dijisteis que os ibais a ir en dos horas! - chillo la señora Weasley a su hijo - ¡¿Tenéis 2 horas para preparar todas vuestras cosas! ¡Con lo desordenada que esta tu habitación! ¡¿Y sabes lo que tendré que correr para prepararos la comida para el viaje! ¡¿Lo sabes!

- Bueno mama, no nos prepares nada, no hace falta - dijo Ron aun encogido.

- ¡¿Cómo no voy a prepararos nada! - volvió a gritar Molly Weasley - Os vais sin saber aun donde os hospedareis ¡¿y me dices que no os prepare nada! ¡A saber que comeríais entonces!

- Bueno mama, no vale la pena seguir perdiendo el tiempo gritándole a Ron - dijo George saliendo por fin al rescate de su hermano menor cuando se canso de reírse.

- Si mama, mientras le gritas el tiempo pasa y te queda menos tiempo para preparar la comida - agrego Fred.

- Y ellos no pueden subir a preparar sus cosas - volvió añadir George.

La señora Weasley se dio cuenta de que tenían razón y envió a Harry y Ron a preparar sus cosas mientras ella se dirigía a toda prisa a la cocina.

Algunas horas más tarde Harry y Ron se encontraban en una sala de espera del Ministerio de magia italiano. El amigo del señor Shore iba a recibirlos en persona y se encargaría de que alguien los llevase hasta el lugar de la prueba tendría lugar a la mañana siguiente. Después de 20 minutos de espera, apareció un joven de aspecto nervioso.

- Perdonen ¿El señor Potter y el Señor Weasley? - pregunto el joven con acento italiano y los 2 chicos asintieron - Soy Francesco Rocher, el señor Baggiano me ha perdido que les acompañe a su despacho. Si son tan amable de seguirme, es por aquí - dijo indicándoles el camino.

Harry y Ron siguieron al joven hasta llegar delante de una puerta doble de madera. A la derecha de la puerta colgaba una placa dorada con el nombre del ocupante del despacho. El joven llamo y una voz respondió pidiéndoles que pasaran. Carlo Baggiano era un hombre mayor, aunque no tan anciano como el señor Shore.

- Ah, el señor Weasley y el señor Potter, supongo. Bienvenidos a Italia - dijo el hombre poniéndose en pie y señalando un par de sillas frente a su escritorio - Siéntense por favor. Gracias Francesco, ya puedes volver a tu trabajo - despidió el hombre al joven que con una inclinación de cabeza algo exagerada abandono el despacho cerrando la puerta tras de si - Es un buen muchacho, pero es su primer día y esta algo nervioso.

- No hace falta que lo jure - pensó Ron.

- Bien, seré breve para que puedan irse a descansar cuanto antes, mañana les espera un día duro. Como ya les habrá comentado Ian, la escuela a la que quieren ingresar tiene una durísima prueba de acceso. Mañana por la mañana a las 9 tendrán el examen escrito y por la tarde a las 6 dará comienzo la demostración de habilidades. Mientras se alojaran en los dormitorios de la escuela preparados para los aspirantes.

-Perdone, el señor Shore nos dijo que la prueba comenzaba esta tarde - dijo Ron algo confuso.

- Oh, eso fue un error de comunicación por mi parte. En realidad no empieza hasta mañana - aclaro Carlo - ¿Tienen alguna otra pregunta?

Harry y Ron negaron con la cabeza.

- Estupendo. En ese caso ordenare que los leven hasta el tren que sale en - Carlo consulto su reloj de bolsillo y abrió mucho los ojos - Por Merlín, ya es esta hora. Deprisa, deprisa, o no llegaran a tiempo de coger el tren - les dijo poniendo se de pie y caminando a grandes zancadas hasta la puerta.

Llamo a Francesco y le pidió que los llevase hasta la estación, le dijo que se diera mucha prisa, debían de estar allí en menos de diez minutos. Después los despidió con un rápido apretón de manos y un "Buena suerte". Harry y Ron siguieron al joven a través de los pasillos del Ministerio cargados con sus maletas, hasta llegar a un garaje. Francesco abrió el maletero de un coche oficial del ministerio y guardo sus maletas tan rápido como pudo mientras les decía que subieran al coche y se abrocharan el cinturón. Segundo después el coche salía al tráfico de Roma. El joven apretó un botón amarillo del salpicadero y el coche salio disparado esquivando con asombrosa facilidad a los vehículos muggles. En pocos minutos estuvieron en la estación. Francesco los llevo por la estación, el sistema para acceder al anden era algo similar al que utilizaban en Hogwarts, pero al parecer el joven no sabía bien donde se encontraba la puerta y tuvo que consultar un papelito en que lo había apuntado antes de salir.

- La puerta cambia de lugar - les explico mientras consultaba el papel y echaba un vistazo a su alrededor - Es por aquí, seguidme. Rápido - les dijo antes de caminar a toda prisa hacia el muro de la segunda columna del anden que tenían más cerca.

Harry y Ron lo imitaron y en seguida se encontraron frente a los vagones de un tren de alta velocidad.

- Este es su tren. Cuando lleguen tienen que ir a la ventanilla de la secretaria para registrarse, no lo olviden. Que tengan un buen viaje - se despidió el joven y volvió a salir por donde habían entrado.

- Que tipo más raro - dijo Ron.

- Si, un poco. Anda, subamos al tren - dijo Harry y los dos subieron al tren.

Dentro todo el mundo iba de un lado a otro buscando sitios libres para sentarse con sus amigos. Pocos iban solos, la mayoría iban en pequeños grupos. Harry y Ron encontraron un par de asientos libres y se sentaron a esperar que el tren se pusiera en marcha, pareció que todos habían encontrado un hueco y la cosa se clamo un poco. Antes de salir habían enviado a Hedwig para comunicarle a Hermione la buena noticia, imaginaban que ya no podría tardar mucho en recibir la carta, casi podían ver la cara que pondría.

Aquella mañana cuando Hermione despertó y salio de su habitación se encontró con la última incorporación a la Orden de los Dragones. Se trataba de un chico de pelo rubio oscuro y ojos marrones claros. El chico llego muy temprano y muy desorientado, Rea no había tenido tiempo de explicarle nada porque al parecer un nuevo grupo se acercaba a la zona de la tormenta de nieve y tuvo que marcharse de nuevo corriendo. Hermione se topo con él en la sala de estar cuando Iris y ella se disponían a salir para dar un paseo por los jardines. A partir de las 11 de la mañana la temperatura empezaba a subir muy deprisa y el calor fuera se hacía insoportable, pero antes no se estaba tan mal, aunque seguía haciendo demasiado calor para el gusto de Hermione.

- Eso es porque vienes de un sitio frío - respondió Iris a sus quejas antes de ver al chico parado en el centro de la sala mirando a los dos pasillo sin saber por cual debía ir - Eres nuevo ¿verdad? - le dijo al verlo.

- ¿Qué? Si, si, soy nuevo. Y no sé a donde tengo que ir - admitió algo avergonzado.

- No te preocupes, nos pasa a todos. Es por este pasillo - dijo Iris señalando al pasillo que había a su espalda.

- Muy amable - agradeció el con una sonrisa - Me llamo Ezequiel Teller - dijo el chico ofreciéndoles una mano.

- Por fin otro tío. Bienvenido - lo saludo André apareciendo de repente entre las dos chicas y aceptando la mano - Yo soy André Blanc y estas dos señoritas son Hermione Granger e Iris Deades - soltó de carrerilla - Ahora ven que te voy a enseñar tu habitación - dijo tirando del chico sin soltarlo y arrastrando por el pasillo.

- Que ilusión le ha hecho, jajajaja - dijo Iris divertida mientras volvían a retomar su camino hacia los jardines.

Estuvieron dando vueltas por los jardines que resultaron ser más grandes de lo que pensaban. Por suerte los caminos estaban bien señalizados e incluso en algunos puntos había pequeños planos que indicaban te indicaban el camino más corto hasta cualquier punto si se lo pedías con amabilidad. La finalidad de aquel paseo era encontrar el camino más corto desde los dormitorios hasta las aulas. A esa hora los jardines estaban bastante tranquilos, pero a medida que avanzaba la mañana fueron encontrándose con alumnos que jugaban a lanzarse agua con sus varitas. Parecía un sistema bastante eficaz para combatir el calor y la verdad es que parecía divertido. Vieron al chico rubio que conocieron al llegar a la casa de los Dragones jugando con un chico y una chica que no conocían, cerca de una enorme fuente acornada con estatuas.

- ¡Aqua! - dijo Angelo y un chorro de agua salio de su varita.

El otro chico termino empapado de pies a cabeza y Angelo empezó a reírse a carcajadas.

- ¡Aqua Acción! - grito la chica vaciando media fuente sobre Angelo que dejo de reír al instante.

Esta vez fueron el chico y la chica quieres se rieron. Iris y Hermione no pudieron evitar reírse tampoco.

- Buenos días - las saludo Angelo - Veo que os hace gracia. Pues bien, ya habéis aprendido la primera lección. Nunca desafiéis a una Hidra a un duelo de agua - les dijo señalando a la chica con la cabeza - Por cierto, estos son Gabriel, de los Unicornios y Cirene, de las Hidras.

Las saludaron con un amable "hola" y las invitaron unirse a su juego, pero prefirieron declinar su amable oferta y seguir secas. El trío se disponía a seguir su juego cuando una lechuza blanca paso volando muy cerca de la fuente y se poso en el respaldo de un banco cerca de Hermione.

- Hedwig - dijo Hermione contenta de verla sabiendo que eso significaba una nueva carta de Harry y Ron.

Lo que Hermione no podría haberse imaginado era la sorpresa que le esperaba al leer la carta. Una sonrisa se dibujo en sus labios y se fue ensanchando con cada nueva palabra hasta llegar al final.

- ¿Buenas noticias? - pregunto Iris al ver la expresión de felicidad del rostro de Hermione.

- Van a presentarse a la prueba de acceso para entrar en una escuela de elite para Aurores aquí en Italia - dijo Hermione muy contenta.

- Ahhhhhh. ¿Te refieres a esa escuela? - pregunto Iris.

- Claro, claro, tiene que ser esa - dijo Angelo uniéndose a la conversación.

- Si, porque no hay otra que haga prueba de acceso, ¿verdad? - pregunto Iris al chico casi segura.

- No que yo sepa - respondió él.

- Solo esta esa en Italia - añadió Cirene sumándose a la discusión.

- ¿De que estáis hablando? - pregunto Hermione confusa.

- Deja que termine de alegrarte el día. Esa escuela de la que hablas esta a 10 o 15 minutos de aquí - explico Iris.

- ¡¿En serio! - chillo Hermione entusiasmada, eso era más de lo que esperaba.

- Si. No pueden entrar a la mayoría de nuestras instalaciones, pero hay zonas que las tenemos compartidas, el estadio, zonas de césped que quedan cerca de su academia o el segundo salón de actos - enumero Cirene algunos de los lugares que tenían en común con la escuela de aurores.

- Ah, pero la prueba de acceso es muy dura, sobre todo la segunda parte, la demostración de habilidades - dijo Angelo - No quiero desanimarte, pero a lo mejor no la pasan.

- Uno de sus amigos es Harry Potter - dijo Iris revelando aquel dato importante a tener en cuenta.

- Ah, entonces no he dicho nada - respondió Angelo reconociendo al instante el nombre del chico que había derrotado al mago tenebroso más peligroso de todos los tiempos.

- ¿Y por donde esta esa academia? - pregunto Hermione.

- Por allí - dijeron a la vez Angelo, Cirene y Gabriel señalando en 3 direcciones diferentes y se pusieron a discutir por quien tenía razón.

- En cualquier caso no te preocupes, tendrás tiempo para encontrar el camino. No te van a dejar verlos hasta que no termine la prueba de acceso - la tranquilizo Angelo cuando dejo de discutir con los otros dos.

Después de despedirse del grupo, Hermione e Iris siguieron su camino y decidieron entrar en e castillo para reconocer el lugar. Por la tarde, sentada en la sala común de primero y segundo, Hermione no dejaba de mirar por la ventana pensando en sus dos amigos. Por lo que había averiguado hasta el momento aquella prueba de selección era bastante dura y así debía de ser, ya que debido a la cercanía a la escuela de aurores a Mnemosine, en ocasiones aparecían seres de las tinieblas muy peligrosos, por eso los magos que entraban en aquella academia debían de ser lo bastante fuertes para al menos poder defenderse. Aquella academia era además a donde iban los Guardianes que no superaban el examen que había al finalizar el tercer curso. Los alumnos de tercer año se preparaban durante todo el curso para realizar un examen final, una prueba que era uno de los mayores eventos de todo el año. Quienes superaban la prueba pasaban a cuarto curso y quienes no lo conseguían podían elegir entre estudiar para ser Auror en aquella academia cerca de Mnemosine o si lo preferían podían estudiar medimagia en una academia del norte similar a la de aurores. Hacía mitad de la tarde la puerta de la sala del segundo piso se abrió y un chico de pelo negro, ojos marrones oscuros y rasgos asiáticos, entro. El chico era el último de loa Dragones de ese año. Le seguía una mujer joven de ojos verde aguamarina y cabello castaño ligeramente rojizo. No parecía tener más de 22 o 23 años. La mujer recorrió la habitación como si buscase algo o a alguien, su mirada por alguna razón recordaba a la de un felino. Finalmente su mirada se detuvo en Iris que estaba entretenida leyendo un libro sentada cómodamente en un sillón algo apartado. La chica estaba tan absorta en su lectura que no escucho si quiera la puerta abrirse. Spi dormitaba sobre el respaldo cuando un conocido aroma llego a su fino olfato. El animalillo dio un salto pisando la cabeza de Iris y antes de caer al suelo se transformo en un gato blanco.

- Ohhhhhh - dijo André que hasta ahora no había visto antes las transformaciones de Spi.

Iris aparto la vista del libro molesta buscando a Spi por la habitación y lo encontró ronroneando en los brazos de la mujer que le rascaba la cabeza.

- ¡Calixto! - chillo Iris dejando el libro a un lado.

Las miradas de la sala se centraron en las dos personas pardas en la puerta. El chico se sintió incomodo al verse observado y sutilmente se fue haciendo a un lado para tratar de esquivar las miradas. Sabía que no lo estaban observando a él, pero era inevitable que lo mirasen si seguía parado delante de Calixto.

- Que suerte tengo, he encontrado lo que buscaba y a la primera - dijo Calixto con una sonrisa - Bien, para los que aun no sepáis quien soy, mi nombre es Calixto Deades y soy la responsable de la Orden de los Dragones, para la cual habéis sido elegidos - añadió mirando a los presentes.

- No se supone que tú tenías que recibirnos al llegar a Mnemosine y traernos hasta aquí - se quejo Iris frunciendo el ceño.

- Tú lo has dicho, se supone. He estado ocupada reestructurando el campo de aplicación del Piérdete. Siento no haber estado aquí cuando algunos llegasteis - se disculpo Calixto.

- Perdone ¿Qué es el piérdete? - pregunto André levantando la mano.

- No estamos en clase, no hace falta que levantes la mano - dijo Calixto riendo - El Piérdete es un conjuro. Apuntas a alguien con la varita, piensas en el lugar al que quieres enviarlo, y dices "piérdete". Entonces esa persona desaparece y reaparece en el lugar que habías elegido. Es una abreviatura de "piérdete de mi vista". Dio bastantes problemas hasta que limitamos el radio de acción del conjuro. Antes las victimas del piérdete, podían aparecer en cualquier parte del mundo y te puedes imaginar lo que les costaba volver.

- ¿Entonces ya no puedo hacer que nadie se pierda? - pregunto André desilusionado, le había gustado como sonaba eso de perder a la gente.

- Claro que se puede usar aun. La limitación es igual que la de las apariciones, puedes aparecerte en cualquier punto de Mnemosine o la escuela de aurores, con excepción del interior de los edificios. Lo que no puedes es aparecerte fuera de los límites de alguna de las dos escuelas, igual que nadie de fuera puede aparecerse dentro. Con el Piérdete ocurre lo mismo.

Calixto indico al chico recién llegado el pasillo por el que encontraría su habitación y consulto su reloj. Aun le quedaba algo de tiempo libre hasta su próxima tarea, de hecho tenía que esperar el momento adecuado. Hizo un gesto a Iris para que se acercase y las dos se marcharon.

- ¿Cómo te llamas? - pregunto finalmente André al nuevo tras presentarle a todos sus compañeros y cayendo en la cuenta de que no sabían su nombre.

- Tsushima Kai, encantado - respondió el chico con una inclinación.

- ¿Tsushima? Vaya nombre - dijo André.

- No, André. En Japón es costumbre decir el apellido antes que el nombre - explico Ezequiel.

- ¿Entonces no se llama Tsushima? - pregunto confuso.

- Ya te ha dicho Ezequiel que no - le dijo su hermana mal humorada.

- Pero si ha dicho……. - volvió a insistir André.

- ¡¿Es que no escuchas cuando te hablan! En Japón dicen primero el apellido y luego el nombre - le grito Mireille de lo nervios.

- No me chilles que no soy sordo - se quejo André.

- Es como si al presentarte tu dice tu apellido antes que tu nombre, es decir, Blanc André - trato de explicarle Ezequiel.

- Ahhhhhhh ¿Y para que hacen eso? - pregunto André.

- En Japón es la forma correcta de presentarse - explico esta vez Kai.

- ¿Y como sabias tu eso, Ezequiel? - pregunto André.

- Mis padres son arqueólogos y me he pasado toda mi vida viajando. He estado un par de veces en Japón - explico amablemente Ezequiel.

Iris regreso casi una hora más tarde y le dijo a Hermione que Calixto la estaba esperando en el vestíbulo de entrada, tenía algo que hablar con ella. Hermione pensó que tal vez Iris le había contado su interés en saber por donde se iba a la escuela de aurores y Calixto iba a indicarle el camino. Bajo las escales hasta la planta baja, donde ya estaban esperaban por ella.

- Profesora Deades, ¿quería hablar conmigo? - pregunto Hermione insegura al llegar al final de las escaleras.

- Profesora Calixto, Hermione, profesora Calixto - le regaño Angelo que acababa de llegar empapado, sin duda había estado jugando otra vez con agua.

- Gracias Angelo, por la aclaración - dijo Calixto amablemente.

- De nada, de nada, para que estamos sino - dijo el chico con falsa modestia mientras subía las escaleras hacia su habitación en la primera planta.

En el vestíbulo nadie dijo nada hasta que escucharon cerrarse una puerta en el primer piso y de nuevo todo quedo en silencio.

- Cuando Héctor regreso de Hogwarts nos hablo de su mente brillante - hablo por fin Calixto - Y de su trágica perdida -añadió en un tono serio.

Hermione no dijo nada, no sabía porque le decía aquello.

- ¿Le gustaría verlos? Despedirse de ellos. No podrá quedarse, ni puedo darle más de 10 minutos - advirtió Calixto conservando el gesto serio.

Hermione asintió, aunque solo fueran unos pocos minutos, eso era más de lo que hubiese podido esperar. Instantes después seguía a la profesora por los jardines a paso acelerado. Por fin se detuvo en un lugar tranquilo y despejado donde terminaban los jardines. La mujer de ojos verdes murmuro algo que Hermione no alcanzo a oír y al instante un portal se materializo delante de ellas. Al otro lado, como si viese a través de una cascada de agua, Hermione pudo ver el comienzo de unas escaleras de piedra que descendían. El lugar al otro lado esta bastante oscuro, como si fuese el interior de una cueva.

- Vamos. Sígame. Deprisa - dijo Calixto y atravesó el portal.

Hermione hizo lo mismo al instante.

- Lumus - dijo Calixto y el camino de escaleras se ilumino.

Se encontraban al principio de las escaleras, en una especie de rellano. Desde arriba Hermione no alcanzo a ver el fondo y se pregunto cuantos escalones tendría aquella escalera. Por suerte no tuvo que comprobarlo, Calixto saco su varita y una plataforma subió desde el fondo. le indico que subiera a la plataforma y entonces con otro movimiento de varita hizo que volviera a descender. La plataforma era como una columna extremadamente gruesa que salía desde el fondo.

- Cortesía de Héctor - comento Calixto refiriéndose aquella especie de ascensor descendía despacio - Bajar no es lo peor, más que nada porque esos escalones son bastante resbaladizos, te escurres con facilidad y bajas un tramo de golpe. Lo peor es cuando hay que subirlos.

Cuando el "ascensor" llego finalmente ala fondo, una neblina cubría el lugar. Hermione creyó ver una luz entre la niebla, pero no estuvo segura hasta que no vio a Calixto dirigirse hacia aquel lugar. De repente sintió que el suelo sobre el que caminaba había dejado de ser de piedra, ahora caminaba sobre las tablas de un viejo y amohecido embarcadero. Al avanzar más por el embarcadero la neblina se disipaba y podía verse con claridad un anciano en una barca. La luz que había visto pertenecía a un farol que colgaba de un poste de madera iluminando el final del embarcadero. Hermione observo que la barca del anciano era la única que había en el embarcadero.

- Ah, señorita Calixto, cuanto tiempo sin verla por estos lugares - saludo el anciano al ver acercarse a la mujer.

- Si, ya hacía algún tiempo que no venía - admitió Calixto saltando dentro de la barca y luego hizo señas a Hermione para que subiera también.

La chica dudo un instante pero finalmente se decidió y salto. La barca se puso en marcha de inmediato, deslizándose con suavidad. El agua de aquel río tenía una extraña tonalidad gris, Hermione se alegro de no haber tenido que cruzarlo a nado. No tardaron en llegar hasta otro embarcadero a la otra orilla. Calixto fue la primera en saltar a tierra firme y luego ayudo a Hermione a salir del bote. Las dos se adentraron por una llanura sombría, sobre el suelo flotaba una bruma que no subía por encima de sus rodillas. Calixto la guió por el lugar, de nuevo caminaba deprisa mirando constantemente su reloj. Parecía conocer el camino a la perfección. Tras varios metros, Hermione vio la figura de un edificio al fondo, pero no se dirigían hacia allí. Calixto giro hacia la izquierda y dejaron el camino principal. Dio uno cuantos pasos y entonces fue cuando la escucho por primera vez con claridad. Había oído la melodía en el túnel antes de llegar a Mnemosine, pero era ahora cuando por fin podía escuchar con claridad la letra.

"canta per me ne addio (canta para mí él adiós)
quel dolce suono (ese dulce sonido)
de' passati giorni (de los últimos días)
mi sempre rammenta (yo siempre recuerdo)

la vita dell'amore (la vida del amor)
dilette del cor mio (querido corazón mío)
o felice, tu anima mia (o felicidad, tu animas el mío)
canta addagio... (canta despacio...)"

Las voces llegaban a sus oidos como susurros, pero allí no había nadie más.

- ¿Qué es eso? - pregunto Hermione.

- ¿La canción? Estamos cerca de los Campos Eliseos, esa canción que escuchas es la que escuchan las almas de los que son destinados allí. Además del himno de nuestra escuela - dijo Calixto.

"tempra la cetra e canta (templa el cetra y canta)
il inno di morte (el himno de muerte)
a noi si schiude il ciel (a nosotros el cielo se abre)
volano al raggio (Volando radiante)

la vita dell'amore (la vida del amor)
dilette del cor mio (querido corazón mio)
o felice, tu anima mia (o felicidad, tu animas el mío)
canta addio... ( canta adiós...)"

Al terminar la canción se encontraban frente a unas colosales puertas doradas custodiadas por un par de guardias que a juzgar por su aspecto severo no iban a dejarlas pasar tan fácilmente. Al menos eso pensó Hermione, pero se equivoco y minutos después se encontraba caminando por una zona de casas con jardines delante. Después de pasar frente a varias casas sin tan si quiera mirarlas, Calixto se detuvo frente a una.

- Tus padres te esperan dentro. Yo me quedo aquí esperando. Ve, y recuerda, 10 minutos - dijo Calixto antes de comenzar a pasear por la calle admirando los jardines de las casa al otro lado de la calle.

Hermione camino hacia la puerta insegura. No terminaba de creérselo, esperaban despertarse en cualquier momento. Alzo una mano temblorosa para llamar a la puerta pero antes de hacerlo esta se abrió. Hermione se quedo helada al ver a sus padres frente a ella, incapaz de moverse, sin ser capaz de articular palabra. Su madre dio un paso adelante y la abrazo. al principio no reacciono, temía que si la abrazaba desapareciera. Lentamente fue subiendo los brazos hasta corresponder el abrazo de su madre y para su consuelo, la mujer que la abrazaba no resulto ser ninguna ilusión. Hermione sintió que los ojos le ardían y un nudo se formaba en su garganta. Las lágrimas resbalaban silenciosamente por sus mejillas. Cuando por fin su madre se separo, fue su padre quien la abrazo.

- Os hecho de menos - logro articular finalmente.

Los tres entraron en la casa, tenía muchas cosas que decirles y poco tiempo. Los 10 minutos pasaron en un abrir y cerrar de ojos, después de todo, no era tanto tiempo. Calixto había esperado pacientemente hasta que termino de despedirse, casi podía jurar que le había concedido algo de tiempo extra. En el camino de regreso Hermione no dijo nada hasta que atravesó una ve más el portal y estuvo de vuelta en Mnemosine.

- Gracias - murmuro Hermione.

- No hay porque darlas - dijo Calixto sonriendo - Considéralo un regalo de bienvenida. Quien sabe tal vez algún día puedas volver tu sola.

- Es una especie de privilegio, ¿verdad?

- Si, algo así. Desde que existen los Guardianes, los Jueces de Hades concedía ese "privilegio" a quien realizaba un gran servicio al Señor del Inframundo - explico Calixto - Pero ahora no es el momento de preguntar esas cosas. Será mejor que te des prisa o no llegaras a cenar.

Hermione estaba tan emocionada que cuando llegaron a los terrenos de Mnemosine a penas fue consciente de que el sol se había hundido completamente en el horizonte y los últimos resquicios de luz comenzaban a desvanecerse rápidamente. Tenía muchas preguntas acerca del tema en la cabeza, sin embargo comprendió que las palabras de Calixto eran ciertas o más bien lo acepto, no era el momento. Sin rechistar se encamino al castillo hacia donde ya se dirigían la mayoría de los habitantes de Mnemosine para cenar.

Continuara……….

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Antes de nada decir que la canción ni en sueños la he creado yo, pertenece a la banda sonora de Noir, una serie de anime. La traducción puede que no sea muy acertada, porque mi conocimiento del italiano es prácticamente nulo.

El próximo capitulo será más corto, así que espero que no tarde tanto como este.

Emma Feltom: Gracias.

enigranger: Muchas gracias. Me alegro de que te guste.

LunaNis: Bueno, ya ves que al final los voy a juntar. No pueden estudiar en la misma escuela porque no tienen sangre de titanes, recuerda que en "El velo de la muerte" solo Hermione veía las conexiones entre las runas y las descifraba, ellos no podían verlas.

darkgohm: Gracias y siento haberte hecho esperar.