Era cierto, estaba ahí con aquella mirada tan oscura que parecía boca de lobo, un tremendo hoyo negro que nuevamente quería quitarle la luz a mi vida. Y su voz, malditos sonidos de mierda que profesaba, su tono tan desgraciado cómo nuestro último encuentro, tan reacio y tan obstinado.

¿Miedo? A la mierda el supuesto temor que debía temerle, este cabrón jugó conmigo, me vendió a sus amigos y me embarazó para después dejarme, sólo para que al final le diera asco todos aquellos momentos.

Ya no había miedo en mi, mis piernas ya no me temblaban al verlo y mis manos no sudaban de los nervios, ahora mis dientes chocaban de coraje, de rencor y un tremendo odio subía desde del estómago hasta mi boca, mi saliva sentía la bilis correr por toda mi cavidad.

—Naruto—no dolió decir su nombre—, no te oculte nada puesto que Bolt es mío, es sólo mío.

No me arrepentía del nombre que había decidido otorgarle a mi hijo en cuanto nació, era bastante hermoso y adecuado, sin embargo no quería más explicaciones o discusiones al respecto.

Boduto Hyuga—la pequeña voz de mi primogénito le sonría transmitiendo su propia replica—, aunque mi mami me lama Bold.

¡Mierda!

El Namikaze se encontraba estupefacto, analizando cada parte del rostro de nuestra cría, su cara se descomponía conforme sus ojos exploraban más el panorama, haciendo conciencia de hasta donde había llegado su apuesta. Aproveché la oportunidad para tomar a Boruto entre mis brazos y salir del lugar, aquel brillo raro en los ojos del rubio adulto me aterró, no había odio o desprecio en ellos y el miedo regresó, él se lo quería llevar.

No podíamos seguir en Konoha, era demasiado peligroso, deberíamos irnos lo antes posible con Hanabi y después mantenernos en movimiento hasta que se diera una audiencia, ningún juez podría darle la custodia a un padre cómo él.

Quería volver a llorar, necesitaba lanzar un gran grito de desesperación, me dolía, me aterraba y estaba ciega ante la situación.

Tenía muy poco tiempo para llegar a casa y hacer las maletas, ya fuera el Namikaze o la Uzumaki, pero alguien me seguiría.

Odiaba no haber ahorrado lo suficiente a lo largo de los años, pero con el pasar del tiempo y la ausencia de esa familia los temores que ahora me invadían fueron olvidados, desechados cómo la más tonta de las ideas que mi cerebro pudiera tener. Conseguí una beca completa en una escuela particular y fue eso lo que me permitió estudiar una carrera insignificante de administración, tan sólo un curso que con el tiempo supe aprovechar en el Hospital, hasta llegar a ser la jefa de administración y la mano derecha del director que ahora era mi ex-suegro.

Suspiré una vez que aparque en la casa de mi padre, nadie había llegado y tampoco nadie venía detrás de mí, tomé al pequeño ojiazul que se encontraba afásico, metido en su propia cabeza. Eso dolía más, verlo de esa manera tan taciturna, tan distante a mí, obedeciendo cada orden que le daba sin poner una sola palabra de por medio.

La primer habitación que visitamos fue la suya, tenía algunas mochilas lo suficientemente espaciosas para llevarnos varias mudas de ropa, llené de tope tres de ellas y la última la reserve para sus juguetes preferidos, no quería una escena de llanto cuando descubriera que Mike el dinosaurio se le había olvidado a la atolondrada de su madre.

¿No...vamo?—habló entrecortadamente, casi con miedo.

No era de sorprenderse que mi pequeño niño se diera cuenta del escenario, siempre se destaco por ser un bebé tremendamente listo y abusado, acudiendo a clases avanzadas y razonando la cosas cómo si tuviera unos años de más.

Iremos con tía Hana—no sabía que decir, si mentir o callar—, sólo serán unos cuantos días.

¿Cómo le diría a un pequeño de apenas cuatro años que su padre era una basura? ¿Cómo le confesaría que era producto de una sucia apuesta? ¿Porqué el malito regresó?

No quería dar explicaciones innecesarias y menos con tan pocas cosas positivas en la mente, tomé las maletas del pequeño Hyuga para poder colocarlas en el auto, la prisa me invadía de tal forma que tropecé por las escaleras. No podía con esto, me estaba superando tremendamente y ver su carita llena de tristeza sólo empeoraba las cosas, salí de la casa con las mochilas en la mano, necesitaba tomar aire y algo de valor para lo que venía.

Las cuatro maletas sonaron al caer en la cajuela de la camioneta, caminé unos cuantos pasos más para abrir la puerta del conductor y busque mi bolso para sacar mis cigarrillos de emergencia, esos que sólo encendía cuando el estrés podía más con mi mente.

Tres días habían pasado desde que conocí al galán de la preparatoria, Naruto Namikaze, su porte y buena ropa le hacía saber al mundo lo bien parada que estaba su familia en la sociedad, eso era algo que le atraía a las demás personas. A mí lo que en verdad me encantaba de él era su sonrisa, el brillo casi agudo con el que sus ojos se inundaban cada que hablaba, sus cabellos siempre despeinados y el tono de su voz lleno de seguridad.

Ellos, los populares, tenían una mesa asignada al fondo de la cafetería, era un lugar donde sólo había cabida para seis personas; Karin Uzumaki, Sasuke Uchiha, Sakura Haruno, Toneri Otsutsuki, Utakata y, por supuesto, Naruto Namikaze. Todos conocidos por el montón de dinero que cargaban en sus bolsillos y por lo hermosas de sus facciones, en lo personal antes de la fiesta del viernes, sólo conocía a uno de la mesa, el joven de cabellos plateados con el que compartía biología.

—Ahora no sólo tienes a uno—mi amiga Ino interrumpió mis pensamientos—, dos caballeros de Camelot han puesto sus ojos en ti.

Saque la mirada de mi ensalada para voltear a lo que Ino llamaba "la mesa redonda", para darme cuenta que el albino y el chico bronceado me observaban desde lejos, sonriendo ambos y provocando que el color de mis mejillas se encendiera. Claramente los dos eran guapos, cada uno a su manera y en distintas formas de expresarlo.

Toneri fue el primero en levantarse de su lugar para juntarse con los humanos sencillos, cómo nosotras dos, se jaló una silla de la mesa de a lado y la colocó a un lado mío. Teníamos unos cuantos meses de conocernos, el mejor compañero que pude pedir puesto que me ayudaba en las practicas de laboratorio, instruyéndome en el mundo de los organismos unicelulares, por ello no me sorprendió que pasara su brazo por encima de mis hombros.

—Perdona por no ir este fin a la fiesta–sus ojos aceituna reflejaban culpa—, el señor Hatake me dejó un maldito ensayo sobre la segunda guerra mundial, tuve que aprenderme todos los nombres que ignore en el ciclo, al menos en el examen de hoy me fue bien.

Toneri Otsutsuki, media cerca de 1.84 y poseía un cabello tan blanco cómo la luna, sus ojos adornaban sus pupilas con un extraño color aceituna, brindándole a su apariencia lo único.

—No tienes nada que preocuparte, Tonny—es léxico, la voz que provocaba que mis bragas vírgenes se mojaran—. El ángel que esta a tu lado tuvo compañía toda la noche, no podía dejarla sola entre tantos pervertidos que buscan ensartarle los brazos por los hombros.

Naruto se había atrevido a llegar a mi mesa después de que juré que nunca más me volvería a hablar, se hallaba sonriente a la vez que pinchaba con la mirada el brazo que Toneri sostenía en mis hombros.

—Gracias Nabruto, siempre tan buen amigo—aunque la voz del alvino era un terrón de azúcar podía sentirse la tensión en el ambiente—, no volveré a dejar a mi princesa sola.

El timbre sonó para anunciarnos el regreso a clases.

—Bueno, chicos—salté de mi lugar, tomé la mano de Ino y dije—, debemos regresar a clases, un gusto saludarlos.

Ino reía a medida que avanzábamos por la cafetería, murmurando cosas de hombres, celos y concurso de meadas.

—¡SAL CONMIGO!—¿acaso me gritaba a mí?—¡Hinata, sal conmigo!

Oh por dios, no lo había hecho, no había gritado frente a toda la cafetería que tuviéramos una cita. Todos cuchicheaban e Ino no dejaba de jalarme el brazo para que mirará hacia atrás, advirtiéndome que el Namikaze se estaba acercando peligrosamente rápido a nosotras.

—Por favor, concédeme una cita.

Tenía entendido que la luna afectaba la marea del océano, pero en esos momentos sus ojos color mar desconsolaban a los míos color luna. Mi cerebro había perdido el sentido de la razón y se encontraba divagando en lo acontecido tres días antes.

—Lo haré—no sabía cómo fue que mi voz cobró mi vida, debía ser una broma que él se fijara en mí—, pero sí le dices a la profesora de Anatomía que posee grandes atributos.

Dio un salto para estar a tan sólo unos centímetros de mi rostro, examinando mis gestos para saber si estaba bromeando.

—Déjame ver si te entendí— se cruzó de brazos colocando uno de sus dedos indices en su boca—, ¿sí le digo a la señora Tsunade que sus pechos son enormes saldrás conmigo?

Ino no podía con su humor, se carcajeaba a mi lado cómo cabra descontrolada, mientras que yo no veía la gracia de la situación. Era claro que el jovencito sólo quería jugarme una broma por lo acontecido el viernes, sí ese era el caso no podría atreverse a hacer tal tontería.

—Eso dije.

Sacudió la cabeza riéndose de la situación, yo comenzaba también a encontrarla divertida, una chica normal simplemente aceptaría su propuesta llena de gozo y alegría. Pero el bicho raro de Hyuga lo retaba a conseguir esa cita.

—Bien—sus manos se levantaron al cielo, dio los tres pasos que nos separaban al tiempo que aproximaba su mano a mi mejilla—, paso por ti a las 5 pm, pide permiso por que llegaremos tarde.

No me dejó contestarle antes se echará a correr al centro de la cafetería, subirerá a una de las mesas redondas y gritará a la profesora Senju:

—¡HEY, VIEJA TSUNADE!—todos el alumnado y los profesores le dirigieron la mirada—¡TREMENDAS TETAS SE CARGA!

Estúpido Naruto que con su maldita apuesta vino a ensuciar mi vida, a moverla como si fuera dueño de ella. Su recuerdo dolía tanto como verlo, las palabras "es insoportable tú compañía, esos 300 dólares que me pagaron para quitarte la virginidad no valieron la pena" y "me dabas asco Hyuga, sólo eres un monstruo de ojos raros" resonaban en mi cabeza como un palpitar con el ingrediente extra de astillas, grandes y profundas astillas que viajaban directo a mi corazón.

Dos golpes en el vidrio del auto me sorprendieron, tarde o temprano iba a llegar, lo sabía.

—Creo que tenemos una conversación pendiente—su voz ya no era fría, se encontraba tranquila y entrecortada por el clima—¿Ibas a algún lado con esas maletas?

"Vete a la mierda", mi interior le gritaba ese tipo de maldiciones y quería que él supiera lo basura que era tanto conmigo como con el mundo, mis puños se contraían para no voltear y darle el mejor de los puñetazos en la cara o bien, en los testículos.

—Solías decir que huir de los problemas no era la mejor solución.

Ese fue un golpe bajo para mí ya que efectivamente era un creencia que solía compartir con los de mi entorno, acostumbraba ser valiente y fuerte para poder afrontar lo que el mundo me pusiera encima, hasta que él cagó mi vida.

—Te vale mierda, ¿no?—giré en mis propios pies para afrontar su mirada, unos ojos que se veían ligeramente mayores y exigentes como espectadores—. Lárgate de mi casa que llevo prisa.

Sinceramente nunca he sido una perita en dulce, es decir, jamás me he considerado una persona sumamente amable o humilde, sin embargo tampoco solía ser maleducada ni insolente como en esos momentos.

—No pienso irme a ningún lado sin hablar contigo—su vista viajo a la casa de mi padre, se centro en ojos clones a los de él, Boruto se asomaba por ahí—, yo trato de mantener la calma, pero...vaya, Hina...tenemos un hijo y quiero saber como sucedió.

Le dije con la mirada a mi pequeño niño que se metiera a casa, no quería que viera lo que estaba apunto de hacer, de decir. Una vez que me obedeció, que su rostro estuvo fuera de nuestra imagen me aproxime a contestarle a su padre:

—Mira estúpido Namikaze, no estoy de humor para tus idioteces— de pronto el coraje de años me armó de valor para acercarme más a él—, tuvimos un hijo porque el sexo por el que te pagaron fue sin protección, eso sucede cuando no le pones condón a tu pene. Tampoco tienes ningún derecho a llamarme Hina, para ti soy Hinata, es más no tienes derecho a exigirme o cuestionarme nada, tú te fuiste y ese fue tu problema no el mío.

Notaba sus ojos ensancharse de sorpresa, la delicada Hinata le estaba hablando como carroñera para que se alejará de su mundo ¿Qué esperaba? ¿Flores?

—Pero a pesar de tus errores te voy a regalar algo—más de lo que se merecía—, te obsequió tu libertad, olvídate de qué viste a mi hijo y que él te miró a ti. Lárgate con tu familia o déjame irme, sé libre porqué no hay apuestas de por medio.

Tenía tantas ganas de darle una bofetada, un golpe no sólo en su ego y entonces simplemente pasó. Mis cuatro dedos protegieron perfectamente mi pulgar para formar un puño que pudo azotarse en su bronceado rostro, llenándolo de dolor.

—¡Wow!—mantenía su cara escondida entre las manos—, sigues teniendo un buen gancho.

Quería reír de triunfo, de nervios y por ello di media vuelta para adentrarme a casa de mi padre, la conversación había terminado. Su toque me detuvo.

—Las cosas no son como crees—ahí vamos en el peor de los caminos, ¿no podía simplemente marcharse?—, todo tiene una explicación la cual estoy listo para dar, una que he estado preparando desde el día en el que me fui. Porqué aunque lo dudes mucho no hubo otro motivo más que amor por ti y ahora, cielos, tenemos un hijo.

Por un momento, sólo por un pequeño instante casi caigo en sus redes, me envuelvo cómo bicho y dejó que la viuda negra me tragué, pero quien ama no lastima, si alguien en verdad te quiere desea que seas feliz y no te humilla.

—Ese niño es sólo mío, Naruto.

Suspiró y nuevamente habló, debía alegrase que le estaba regalando unos minutos de mi preciado tiempo.

—De acuerdo—se rendía ante mí—, comprendo perfectamente que estes enojada conmigo, fuí un niño estúpido y actué mal, inmaduramente. Sin embargo dentro de esa casa hay un niño que también lleva mi sangre, si lo sé, yo me fui, pero no sabía de él—su voz se tornaba dolida—¿crees que sería capaz de abandonar a un hijo mío?

No quise responderle, si yo le daba asco obviamente lo haría alguien que llevará mi propia sangre, lo único que le pude regalar fue un gesto fruncido.

—¡Por Dios, Hinata!—excelente, ahora él era el niño digno—, no soy un monstruo cómo me pintas, te repito que las cosas no sucedieron cómo lo piensas.

—Me vale una mierda cómo sucedieron las cosas—sólo quería que se largara de nuestras vidas—, entiéndelo, Boruto es sólo mi hijo y no voy a dejar que te le acerques, primero me tendrás que matar.

A la mierda la burocracia, podía ir a partirse el culo con el palo de escoba más grande que encontrar en el super mercado por que no cedería ni un poco en sus estúpidos argumentos sin fundamentos.

— ¿Pero por qué Hinata? —dijo en un tono que parecía desesperado—. Dame unos buenos motivos para alejarme por completo.

No recordaba que fuera tan retrasado mental, digo se largó después de hacerme pedazos y vuelve casi seis años después para jugar a la familia feliz.

—Seis años, te fuiste por seis putos años—amigo, te metiste con la madre equivocada—, ¿y ahora quieres jugar a la casita?— la risa me salió con naturalidad, podía ser la bilis o el sarcasmo—¿Necesitas que use un delantal y te tenga la comida lista?

—Pude haber estado desde que nació si tan sólo me lo hubieses dicho.

Hijo de puta, debería acordarse cómo me abandono en aquella ocasión, cómo me aventó mis cosas y me llamo bicho raro.

—Te largaste y no tenía forma de contactarte—encogí mis hombros y agregue—, además te doy mucho asco así que preferí evitarte la molestia de lidiar con nosotros.

¿Porqué hacía todo tan difícil? ¿Porqué simplemente no se iba del país de una vez por todas?

—Dime la verdad Hinata, ¿estás saliendo con alguien más?—dijo persuadiendo mis perlas con sus diamantes, su mirada era tan intensa que no podía eludirla.

No podía mentirle, me descubriría en dos segundos, inclusive antes de que le hubiese mentido. Creo que ahora sin siquiera haberle dicho ya sabía la respuesta.

—No—dije entre dientes.

Me tomó por los brazos y me acerco a su rostro, su aliento a vainilla se adueñaba de mis fosas nasales mareándome por completo, dejándome inofensiva dentro de sus laureles.

—¿Y cómo piensas formar a nuestro hombrecito si no tiene una imagen paterna?—su respiración se mezclaba con la mía y me dejaba aturdida, pensando en lo bien que solían sentirse sus labios sobre los míos—. Déjame ser lo que naturalmente debí ser para él desde que llegó al mundo, su padre.

Tenía que admitir que sus palabras tenían algo de razón, él necesitaba el ejemplo de alguien más que no fuera su abuelo y al final del día no estaba amenazando con arrebatármelo, sin embargo el tema era algo que teníamos que platicar. En otro momento dado que entre su aliento, los recuerdos y el coraje mi estomago me punzaba profundamente en señal de una tremenda colitis, además tenía que pensar más el tema, analizar con la cabeza fría antes de tomar una decisión.

—Una oportunidad—le sentencié— tienes sólo una oportunidad para explicarme que sucedió y si la pierdes tendrás que preparar a tus mejores abogados.

Por arte de magia esa sonrisa zorruna apareció en su rostro, sus brazos me tomaron por los aires y sus labios murmuraban constantemente "gracias".

No tenía más que decir, ni siquiera estaba pensando con claridad, los flashes me daban vueltas en la cabeza como si fueran un caleidoscopio de memorias, momentos felices con él, tristes, lágrimas, mi embarazo e incluso las preguntas de Boruto sobre su padre. Todo y cada una de las cosas que destacaban en mi vida se encontraban bombardeándome desde lo más profundo de mi cerebro, impidiendo que mi cuerpo reaccionara cómo debía ser.

—Bájame ahora mismo—lo aparte de un empujón, tenerlo cerca era demasiado peligroso para mis nervios, y para su rostro—, no me gustan las pruebas de afecto y menos si son tuyas, ahora mueve tu culo de mi patio antes de que me arrepienta.

—De acuerdo, ángel—se dio la vuelta para dirigirse a su flamante mercedes—. Mañana temprano me tendrás a tu puerta para conversar tranquilamente, yo traigo el café.

Me limite a guardar silencio mientras el se subía a su coche y arrancaba a toda velocidad, lo colores se salieron de mi control y aumentaron estrepitosamente.

¿Que le sucedía a ese Namikaze? ¿creía que se lo dejaría todo tan fácil? Bueno, eso estaría por verse.


Naruto, naruto, naruto...si no fueras tú ya te habría dado en la madre...

¿Alguien se imagina porqué apostó con sus amigos?