Paseando por el Colegio Hogwarts, por último año académico, realizando una despedida silenciosa a los lugares que existían antes de la guerra, a los sitios que fueron reconstruidos y a esos otros que se quedaron destruidos, buscando enviar un mensaje que se quedara grabado en las mentes de los estudiantes por varias generaciones, cierto joven rubio, que caminaba sin observar el suelo, cayó de bruces al piso por un tropiezo con cierto objeto delgado y pequeño, sentándose tomó el objeto entre sus manos, dándose cuenta que estaba roto, buscando una parte que calzara, consiguió algo igual, usando su propia varita y un sencillo "Reparo", logró que el objeto se reconstruyera, se levantó y salió corriendo por los pasillos del colegio, hasta llegar frente a la puerta de la actual directora, sin pedir permiso entró y colocó la varita plateada sobre el escritorio con una expresión en el rostro que denotaba asombro y esperó pacientemente, sonriendo.
