Capitulo 3: "Pocas palabras"
No podía creer lo que estaban viendo sus ojos. No llevaba siquiera una semana y el fuego se llevaba su ropa, su pasaporte y sus esperanzas. Según los rumores, el fuego había comenzado en la planta baja y sin piedad había consumido el material como si fuese una caja de cartón. Sus ojos se llenaron de lágrimas, era lo último que podría pasarle en la vida, que destruyan su refugio y su felicidad. Los brazos de Kamijo cobijaron su llanto en su pecho en el preciso instante en que el agua comenzaba a pagar las llamas.
-¿Por qué tiene que pasar justo ahora?-Se pregunto mientras sentía el suave perfume de Kamijo envolviendo su cuerpo de calidez. No era momento para pensar en el romanticismo, pero al notar que sus mejillas se sonrojaban alzo la vista y vio ese rostro perfectamente dibujado a centímetros del suyo mirándole con compasión.
-Sube al auto. Yo me encargo.-Dijo en tono fraternal, dejándola al cuidado de su chofer.
Para Kamijo, hacer esto significaba mucho. Se involucraba con una especie de joven encantadora que estremecía su cuerpo al máximo y aunque no le agradaba tal sensación no podía ignorarle. Por eso, sin poder resistirse a sus lágrimas se hizo cargo de la situación mientras ella le veía entre lágrimas.
-¿No es genial?-Pregunto al chofer que le miro con extrañeza.-Kamijo es... realmente genial.
Basto con unos minutos para que Kamijo volviera al vehiculo con un olor a humo que impresionaba.
-Lo siento. S ha consumido todo.
-Diablos...-Dijo inclinando su cabeza hacia delante.-Perdí absolutamente todo.
-¿Qué perdiste exactamente?
-Mi ropa... y mi pasaporte.
No podía creer que una extranjera pudiese ser capaz de dejar los documentos mas importantes en la casa. Debía ser demasiado especial para hacer eso.
-Te llevare a mi departamento.
-¿Qué?
-A departamento, por favor.-Indico al chofer sin mirar a su invitada que con grandes ojos quería seguir llorando.
Era extraño ser invitada a vivir con él como si fuese una persona importante a quien cobijar y proteger. Kamijo había extendido su mano hacia ella para darle esa posibilidad de permanecer en un sitio seguro hasta que pudiese arreglar sus papeles de residencia lo antes posible y sin preocuparse de nada más. Ser parte de su historia era lo que le hacia sentirse alguien importante.
-Te mostrare tu habitación.-Dijo cuando por fin llegaron al departamento.
-Kamijo...
-Tiene baño privado, así que no te preocupes por nada.
-Gracias por ayudarme.-Dijo al ver que el intentaba no prestarle atención.-Es muy importante lo que has hecho por mí.
- Generalmente no estoy en casa así que si no me ves por unos días no llames a la policía.
- Comprendo.
- Puedes ocupar el teléfono si quieres para llamar a tu familia.
-muchas gracias, Kamijo.
-Me voy. Adiós.
-A donde vas?
-Tengo que arreglar algunos asuntos. Llegare tarde así que no me esperes. Duerme tranquila.
Su manera de tratarle en esos momentos había esfumado toda preocupación y tristeza de sus ojos. Ahora solo podía suspirar y ver que Kamijo realmente le había llevado a su departamento.. al lugar que le pertenecía y envuelto a su mejor perfume.
Estaba sola en un gran departamento. Envuelta en el dulce aroma de ese hombre quien sin siquiera pensarlo dos veces le había llevado a su hogar sin siquiera temer de que hiciera algo malo en su ausencia. Kamijo era demasiado confiado o es que... realmente podía sentir algo por ella. ¿Pero que estaba pensando? Kamijo no era de la clase de persona que se enamoraba fácilmente, además... según lo que había escuchado de Mayumi, él ya tenía a alguien a su lado.
-Así que esta es la casa de Kamijo.-Suspiro mirando desde la puerta atentamente los detalles de la decoración, tan sutil y representante de la belleza entre objetos modernos y antiguos, sacados de una colección valiosa de un palacio Frances. Kamijo tenía buen gusto. Desde la sala de estar hasta el pasillo de las habitaciones todo era elegante y sofisticado, con esta vista tan refinada podía decir perfectamente que Kamijo era un príncipe con todas sus letras y ella pensaba ser su doncella.
Ya lo había dicho Hizaki en una oportunidad. Cuando le dabas la mano a una dama debes estar atento a que ella pueda tomar a otra y atar por completo a un hombre indefenso. Kamijo, era el indefenso, su particular humor era inestable, su carácter fuerte era un blanco perfecto para que una mujer atacara siniestramente con dulces palabras. Clou encajaba perfectamente en el papel de la valiente doncella que pudiese domar al príncipe, aunque Hizaki no creía que pudiera hacerlo realmente.
-Esta en mi casa.-Dijo encendiendo un cigarro.-¿Qué hago ahora?
-La invitaste a quedarse en tu casa?-Preguntó su mejor amigo fuera de la escena musical dejando resbalar un vaso de agua en la mesa.
-Eso hice.
-Por fin. Era hora de que hicieras algo contractivo.
-Contribuyo con la música.
-Hablo de sexo.
-No quiero sexo. Además ella no es mi tipo.
-Cuando vas a entender que el sexo es solo sexo! Además, cuando fue la ultima vez eh??
-No hables de esas cosas.
-Pensare que estas haciendo voto de castidad.
-Yo no soy un animal. Prefiero...
Se veía bastante tentador abrir la puerta prohibida. Aquella que llevaba a la gloria. Debía ser perfecto el lugar donde sus sueños eran apaciguados, donde compartía quizás... dulces momentos de gloria con mujeres... Pensar esas posibilidades le provocaba escalofríos. La perta que estaba enfrente de esa habitación pertenecía desde ahora a ella. Un dormitorio bastante acogedor con baño privado y vista hacia el estacionamiento del edificio. La alfombra era de un color crema muy suave, en las paredes colgaban algunos cuadros pintados en óleo en hermosos paisajes llenos de coloridos. Se notaba que tenía buen gusto en cada detalle.
Agotada por aquel acontecimiento desgraciado de la noche recostó su cuerpo sobre la blanca cama y cerro los ojos para dormir mientras esperaba que Kamijo regresara, pero su cansancio derroto su mente dejándola casi inconciente, profundamente dormida con el aroma de Kamijo creando un sueño. Cuando Kamijo llego por fin, la luz de la pieza de huéspedes estaba encendida, y sobre la cama estaba ella, serenamente quizás soñando con una situación hermosa dada la sonrisa que mantenía en el rostro.
En esos momentos sintió nostalgia, apoyo su cuerpo en el marco de la puerta y cruzando los brazos se quedo observando su sueño por largos minutos interminables sintiendo que miserablemente sus sentimientos no se entrelazarían con los de ella.
Sus ojos se abrieron delicadamente mientras escuchaba el sonido del agua a lo lejos. Tenía el cuerpo frío y era de esperarse después de dormir toda la noche tapada solo con una delgada manta. El reloj de la mesa de noche marcaba las siete de la mañana. Al despertar había olvidado por completo lo que había sucedido el día anterior, pero ahora, recobrando la conciencia y percatándose del lugar donde se encontraba sonrío, como dicen... de una tragedia puede nacer una alegría y esta alegría tenia nombre y aspecto físico... llevaba un nombre hermoso y con su cabello aun húmedo le miró contagiándole de hermosas sensaciones.
-¿Cómo te encuentras?-Preguntó secándose el cabello.
-Bien, gracias a ti.
-Me disponía a desayunar. Me acompañas?
-Primero... tomare un baño.
-Ah, por cierto, Ten.
Tomo un bolso de compras que había dejado en el pasillo y se lo dio en las manos sin mirarle a los ojos. Clou no podía respirar... le costaba siquiera sostener aquel obsequio.. Kamijo esperaba una respuesta impaciente, pero no era capaz siquiera de abrir la bolsa para ver lo que contenía.
-Ábrelo.
-¿Qué es?
-Le pedí a Ayako que me ayudara a comprarte ropa, ya que se quemo todo.
-Kamijo...-Murmuró llorando en voz baja sin saber a ciencia cierta si era por su desgracia o por la acción de esa persona.
-No llores.
-Muchas gracias, iré... a tomar un baño y regreso contigo. Discúlpame.
Cerro la puerta a sus espaldas para poder llorar sin sentir vergüenza de sus emociones, abatida por los sucesos de ultima hora, el hombre de sus sueños extendiéndole la ayuda en el momento mas difícil, estando a centímetro de el, durmiendo bajo el mismo techo... no sabia si soportaría tanta emoción sin romper en gritos, por ahora solo podía llorar y repetirse así misma que debía recompensar a Kamijo de alguna forma. /
