Capitulo 2
Ese día Ken llegó tarde a los ensayos. Parecía distraído y se le notaba cansado y pensativo.
- ¿Estás bien Ken-chan? - Le preguntó su líder.
- Si. - Contestó el moreno tajantemente.
A pesar de su evidente falta de animo los ensayos salieron muy bien y antes de que sus bandmates pudieran siquiera proponerle salir por un trago o ir juntos a comer, Ken se despidió, tomó su abrigo y se retiró a toda prisa. Tetsuya, Yukihiro y Hyde se quedaron sumamente desconcertados por su actitud, "Seguro tenía planes con Sakura" , pensaron.
Pero Sakura tampoco pudo localizarlo. A pesar de que habían quedado de verse para salir a "cazar" chicas, Ken no le respondió el telefono a Sakura. El baterista marcó y marcó al número del guitarrista, el fijo y el celular y nada. Solo el contestador.
" Ken...si no quieres salir esta bien, no hay problema, solo contesta el teléfono, estoy preocupado por ti" Dejó Sakurazawa un mensaje en la contestadora de Kitamura.
Las semanas siguientes transcurrieron igual. Todos los días llegaba un Ken desvelado y apagado a los ensayos, llenaba la sala con su genialidad y sin prestar atención a los planes de los larukus de salir o ir a algún sitio, se retiraba a toda prisa. Tampoco Sakura lo había podido ver. Ken pasó de salir casi todas las noches con sus amigos, a ser un fantasma que nadie localiza jamás y que jamás esta disponible.
Ese día no fue la excepción. Llego al ensayo, tocó su guitarra, no hablo mucho con nadie y al finalizar, se marchó a toda prisa.
Hyde lo alcanzó en el estacionamiento, justo cuando Ken abría la puerta de su auto.
- ¡Hey Ken-chan! - El aludido volteó.
- ¿Que quieres enano? -
- Vaya al menos no has perdido tu "cortesía" - ironizó el vocalista. Ken le sonrió. - Escucha... los chicos y yo estamos un poco preocupados por ti... -
- Estoy bien Haido... no se preocupen -
- ¿Si? Pues...no te ves bien Ken-chan, has estado muy distraído, diario llegas tarde y te han crecido ojeras...no podrás dar el cien en el concierto y...-
- Estaré bien en el concierto, no debes preocuparte por eso. Si no confían en mi ¡busquen a mi reemplazo! - Un inusual mal humor apareció súbitamente en Ken que pretendió ignorar a Hyde y subir a su auto.
- ¿Ves lo que te digo? -
- No, no veo lo que me dices -
-Estás irascible. No eres el Ken de siempre. - Kitamura se ablandó un poco ante las palabras dichas con preocupación por Takarai y desistió en su intento por abordar el auto. - Esto no es por el concierto o la banda, estamos... bueno...YO estoy preocupado por ti. -
- No sucede nada Doiha... Es solo que Sakura y yo hemos estado saliendo todas las noches y...-
- Ken... No soy estúpido. Sakura llamó a Tetsu preguntandole si estabas bien porque según el, tampoco te ha podido ver en varias semanas -
Ken evadío la mirada de Hyde. Lo había descubierto. Suspiró.
- Oye, Ken-chan... si no quieres decirmelo lo entiendo. Solo quise recordarte que no estas solo. Y creo que hablo por todos en L'Arc en ciel cuando te lo digo: No estas solo. - agregó Hyde con algo de empatía y Ken entonces alzo la mirada y le sonrió.
- Gracias Doiha pero... estoy bien, en serio. Es solo un asunto personal. Ya lo solucionaré. -
- ¿Estás seguro? -
- Seguro.-
- De acuerdo. Entonces... éxito con eso - Hyde le dio una palmada en el brazo a su colega y luego dio media vuelta regresando al estudio. Ken subió a su auto y se fue.
Eran las 10 de la noche en punto cuando Kuro llamó a la puerta del camerino de Livia. -Toc Toc-
- Adelante - Dijo ella desde adentro. Kuro abrió con delicadeza la puerta y se introdujo en la habitación encontrandose con una Livia frente al espejo, maquillándose.
- Tu admirador número uno ha llegado -
- ¿Te refieres al guitarrista? - Dijo ella un tanto incrédula.
- Precisamente -
- ¡¿En serio volvió?! - ella se notaba algo emocionada.
- Deberías ir a saludarlo alguna vez Liv, ese hombre es muy persistente...-
- No lo haré - respondió ocultando la sonrisa y la emoción mostradas en su comentario anterior. -No quiero que se empiece a correr la voz y luego todos quieran que me siente con ellos a beber una copa. -
- Esta bien. Será como tu quieras. Sales a escena en 10 minutos -
- Lo se, lo se...-
Diez minutos exactos transcurrieron y Livia, en su papel de Olivia, salió a escena. Esta vez estaba vestida como un ángel y su rutina incluía una balada romántica y movimientos lentos e inocentes. Su piel brillaba cual su fuese realmente un ser celestial, su cabello largo y negro la hacía parecer el más exótico de querubines; bailaba grácil y ligera mostrando elegancia y dulzura incluso en la mirada. Cada acto era diferente, cada personaje que encarnaba era único, cada noche un performance distinto por parte de la mestiza latino-japonesa atraía a decenas de clientes, entre ellos Ken, quien desde la primera vez que la vio no había podido dejar de pensar en ella y desde hacía varias semanas, asistía al burdel diariamente solo para contemplarla. Esta era la razón por la que Ken se desvelaba y por la que se rehusaba a salir con Sakura y sus amigos de L'Arc-en-ciel. Ken había caído presa de un embrujo. Se había unido a las filas de un montón de hombres que gastaban su dinero en aquel bar por el solo deleite de ver bailar a Olivia y soñaba todo el tiempo con una sola cosa: poder conocerla en persona.
De reojo y con sutileza la estrella buscó a Ken mientras bailaba y lo encontró en una mesa de al fondo, solo, como siempre desde hacía unas semanas, pero esta vez notó que tenía una rosa blanca en la mesa. Involuntariamente sus miradas se cruzaron y de manera inconsciente ella sonrió.
Ken se quedó anonadado. ¿Realmente le había sonreído a él? Después de más de 3 semanas asistiendo diariamente a verla ¿Al fin había conseguido una sonrisa? Siguió mirándola durante todo su acto, pero ella, que se había percatado de su error, no volvió a hacer contacto visual con el Laruku, por mas que las ansias de mirarlo nuevamente le carcomían. Por primera vez en su historia artística se puso nerviosa, le desconcentraba el no saber si él aún la miraba y se él se habría dado cuenta de que ella le sonrió. "No debí sonreírle" pensaba. ¿Y ahora que? ¿Se había vuelto alcanzable? La diva del sitio más costoso y exclusivo de toda Asia ¿se avergonzaba bajo la mirada de un "cliente"? Ella solo quería saber si él la continuaba mirando. No se atrevía a alzar la vista y enfocarlo, pero aún así bailo con más ganas. Bailó como nunca había bailado, por la sola posibilidad de que él la estuviera mirando.
Sus prendas cayeron y aquel ángel puro que antes bailaba ahora era como un demonio disfrazado de inocencia que guiaba a los hombres hacia sus más bajos instintos. Todos los que la admiraban mientras bailaba envuelta en una toga blanca, ahora al verla desnuda la deseaban con la pasión mas impura...todos menos Ken, que seguía viendo en ella a esa criatura dulce e inmaculada; para el, su desnudez no significaba erotismo, significaba naturaleza, sencillez...arte.
Cuando hubo terminado su acto, miró a su alrededor y se percató de que todos los presentes la miraban con deseo, con lascivia. A paso lento empezo a retirarse del escenario cuando un mozo se acerco a ella desde abajo del escenario.
- ¡Señorita Olivia! - Ella volteó a mirarlo hacia a abajo y el mozo le extendió una rosa blanca. - De parte de Kitamura-sama - explicó
Olivia se sorprendió de tal manera que no pudo evitar voltear hacia donde bien sabía, estaba Ken. El lo notó y de inmediato supo, que ella le había visto mientras bailó, que no fue una casualidad, ella lo ubicaba, lo reconocía y le había sonreído. Sus miradas se encontraron, esta vez, por un momento más prolongado en el que la bailarina notó como la mirada del músico era diferente a la de todos los demás. Su mirada era brillante, limpia, llena de admiración y libre de todo impulso carnal. Ella estaba desnuda ahí en el escenario y a pesar de eso, Ken no fijaba la mirada en sus pechos o sus piernas o sus gluteos expuestos en una delicada y hermosa lencería brasileña; Ken miraba fijamente a sus ojos, sin que el cuerpo desnudo de la mujer le distrajera ni por un segundo.
Un color sonrosado coloreó las mejillas de la dama que declino su postura un poco para tomar la rosa blanca enviada por el asíduo admirador, aspiró de ella el aroma y luego, regalo a Ken otra mirada y otra sonrisa.
Ken también le sonrió y Kuro, que los observaba desde las pantallas en su despacho, también sonrió.
Tocaron a la puerta del despacho de Kuro. - TocToc-
- Adelante - Dijo el empresario
- ¿Me llamó señor? - Dijo al entrar el mismo mozo que llevó la flor blanca de Ken hasta Olivia
- Ahh si, si si... Necesito hablar contigo. En verdad me urge que me digas ¿por que llevaste la rosa de Kitamura-san a Olivia al escenario? ¿Acaso no sabes que todos los regalos se llevan directo al camerino de las Damas? -
- Yo... - Empezó a tartamudear el empleado adoptando una posición sumisa - Lo...lamento mucho señor... No volverá a pasar...discúlpeme... -
- No, no - Interrumpió el jefe - En verdad quiero que me digas que fue lo que te motivó a llevar la flor al escenario... Explícame -
- No se enfade conmigo señor yo solo... trataba de conseguir algo de dinero extra... -
El empleado seguía balbuceando entre excusas y disculpas pero Kuro ya no le puso demasiada atención, había obtenido su respuesta.
- ¿Cuanto te dio? - De nuevo interrumpió a su subordinado en sus parloteos
- Ci...cien dolares señor... -
- ¡Cien dolares por llevar una rosa al escenario! Hiciste tu noche ¿no? -
El empleado sacó de sus bolsillos aquel billete americano y lo extendió sobre el escritorio de su patrón, quien lo tomo, lo analizó y encontró que era auténtico. Se acerco el papel moneda a la cara y aspiró de el su aroma, como todo un avaro.
- Ahhh dolares...- Dijo suspirando - Amamos los dólares ¿no es así? -
El empleado mantenía la cabeza baja. Sentía su propina desaparecer. Kuro extendió de nuevo el billete al mozo, permitiéndole conservarlo y agregó.
- ¿Quieres ganar otros cuantos de estos dolares? -
- ¡Por supuesto! - Respondió tomando prontamente su billete y guardándolo en sus bolsillos. No quería perderlo.
- Entonces investiga cuanto exactamente esta dispuesto a pagar Kitamura-san por conocer a Olivia...- Condicionó con una maquiavélica sonrisa.
La madrugada estaba a punto de convertirse en mañana. Ya no había ningún cliente en el bar y todos los empleados estaban por irse. Livia terminó de guardar sus cosas, tomó su bolso y se dirigió a la oficina de Kuro. Entró sin llamar a la puerta.
- Kuro-chan... necesito que me pidas un taxi -
- ¿Uhm? ¿Por que?¿Que pasó con tu auto? -
- No lo sé... anoche no logre que arrancara... -
- Y ¿por qué no me llamaste? -
- Porque no te necesito hermano, ¡solo llama un taxi! ¿quieres? -
- ¡Ah no! De ninguna manera mi hermana pequeña se irá en un taxi a casa. Espérame, unos minutos e iré a dejarte. -
- En serio no es necesario. Se que estás ocupado y que ...-
- Tranquila Liv, ya terminé con esto. Además no es ninguna molestia, igual quería hablar contigo...-
- Oh..en ese caso te esperaré -
La dama salió del despacho de su hermano. Él siempre era caballeroso con ella, la llevaba a casa, iba por ella o mandaba algún guardia de seguridad. Ella tenía su propio departamento, mismo que Kuro pagaba con todo y los lujos que eso implicaba. Es más, el recibo del teléfono, así como el reporte de su celular llegaban a casa de su hermano y el se encargaba de pagarlos. Kuro prácticamente le resolvía la vida y ella pensaba que eso era el gesto mas dulce que había recibido jamás. No se daba cuenta que, lejos de ser un favor con cariño filial para ella, lo que Kyoshikuro estaba haciendo en realidad era controlar todo en su vida. Estaba tan inmerso en ella, que Liv no podía dar un paso o un respiro sin que Kuro-san lo supiera. Pero Livia era inocente. Desde que su padre murió y su madre, quien permanecía en su país natal rehaciendo su vida con su nuevo esposo y nuevos hijos, la había empezado a ignorar, Livia sintió que estaba completamente sola. Viajó a Japón con la esperanza de encontrar a su familia paterna, pero no encontró a nadie que pudiera vincularse con su padre. Desilusionada y sin dinero, decidió que con los pocos yenes y las pocas ganas que le quedaban, visitaría la tumba de su padre y regresaría a su país... entonces apareció Kuro y de la noche a la mañana, cambió su vida.
Livia pensaba en todos estos sucesos cuando la voz de su hermano la sacó de sus pensamiento.
- Listo ¿Nos vamos? -
En el auto Livia iba mirando por la ventana a punto de dormirse, la noche había sido larga y estaba sumamente cansada.
- Que noche...¿no? - Inició su hermano la conversación mientras conducía
- Si...hubo más gente de lo normal -
- Pero tu solo te fijas en Kitamura-san, ¿cierto? -
Livia se sobresalto y volteó a mirar a su hermano.
- ¿A que te refieres? -
- Vamos hermanita, te conozco... no engañas a nadie. Te ví cuando te llevaron su flor, estabas sonrojada.-
- Si... a ti no puedo mentirte... fué una gran sorpresa para mi.-
- Deberías considerar ir a saludarlo algún día...-
- ¡No! -
La negativa fue dicha con tal seguridad y firmeza que no hubo refute por parte de su hermano. El silencio se apoderó de la cabina por unos minutos.
- En realidad estaba considerando algo diferente - continuó la fémina con una voz más suave.
- ¿Que es? -
- Estaba considerando retirarme. -
Kuro enfureció de súbito con el comentario, pero no se lo demostró a su hermana. Se controló.
- ¿Retirarte? -
- Si. Ya no quiero bailar ni desvestirme ante la vista de tantos extraños. Hoy que me fije en sus rostros...me dieron asco y... miedo...-
- Pero Liv, ellos no pueden ni siquiera tocarte, lo sabes.-
- Lo sé pero...esto no es lo que yo quiero hacer -
El japonés se enardecía cada vez más, pero controlaba sus impulsos. Apretó el volante con ambas manos como si quisiera pulverizarlo para liberar un poco del estrés y el enojo que las insolentes palabras de alguien que consideraba "su propiedad" causaban en el. No respondió.
- Kuro-chan... ¿Me apoyarías si decido dejar de bailar? Puedo ayudarte con otras cosas en el negocio -
- No lo se Liv...¿Como que otra cosa podrías hacer? No tienes experiencia en finanzas, ni en como mesera, ni como cajera, no sabes manejar personal...-
- Puedo encargarme de las chicas... - Dijo en un tono más bajo mientras su mirada se entristecía -
- Ya tengo al personal encargado para eso. No querrás que despida a Yuya ¿Cierto? Tiene hijos, familia que mantener - Las respuesta de Kuro estaban bien calculadas para manipular la mente crédula de Livia. Que volvió a mirar el paisaje por ventana, con un gesto aún más triste.
- Ayer vi como Yuya ... abofeteó a una de las chicas -
El auto se paró en seco. Las llantas rechinaron y Kuro no pudo contonerse por más tiempo. Se giró de cuerpo completo hacia Livia y gritó colérico:
- Y ¡¿QUE DEMONIOS ESTABAS HACIENDO TU EN EL CAMERINO DE LAS OTRAS PERRAS?! -
Livia puso cara de susto y se repegó a la puerta y al cristal. Kuro miró su rostro temeroso y bufo un par de veces recobrando la cordura, luego, volvió a avanzar en el auto.
- Lo lamento Liv, es que el camerino de las chicas no es lugar para ti -
Livia estaba tan asustada que aún ahora que su hermano se había calmado ella estaba estresada, a punto del llanto.
- ...Las llamaste perras...-
- Liv, Liv, Liv, la gente aquí no es gente normal. Esas mujeres han tratado de robar a los clientes, han maltratado a los mozos, han intentado robarme dinero ¡A MI! que les doy todo cuanto tienen. Livia tu sabes que yo me desvivo por todas ustedes. A ellas tambien les he dado todo, casa, comida, protección, una familia, amor...y ¿como me han pagado? - Kuro hablaba fingiendo tranquilidad pero aún así podía oirsele un dejo de rabia y despotismo - Huyendo...llamando a la policía, tratando de hundirme ¡A MI! Sin mi ya todas estarían muertas...-
Kuro era un As de la manipulación, tan es así que Livia se sintió apenada de haberle dicho que quería retirarse.
- Yo también estaría muerta sin ti...- Reconoció.
-Escúchame Liv, se que este no es el trabajo con el que siempre soñaste. Esto tampoco es exactamente lo que yo quería ser desde niño... pero es el negocio de Papá, es todo lo que nos queda de él y debemos conservarlo. ¿Lo sabes no? -
Livia no contestó.
- También lo hago por ti - Continuó Kuro - Yo sabía que si yo no te ofrecía un trabajo en el negocio familiar, no sobrevivirías mucho aquí en la calle. Japón no es un sitio amistoso y menos para una chica como tu, que no sabe hacer ninguna cosa y que ni siquiera sabe leer bien el japonés... Todo lo hago por ustedes Livia, por mi familia...Si tu te vas... no podré ayudarte. Seguramente solo conseguirás trabajos de sirvienta, te tratarán mal y serás denigrada por tus patrones. Los hombres te acosarán y yo no podré estar ahí para ayudarte. Aquí, conmigo, en el negocio de nuestro padre estás segura, eres la reina; no dejaré que nadie te haga daño y juntos mira lo bien que nos va. Tienes la vida que quieres y lo más importante, es que somos la familia que nuestro padre hubiera querido, estamos juntos... -
Livia reflexionó unos momentos.
- Tienes razón... aquí contigo estoy mejor... además... tu me recibiste y acogiste cuando no tenía a nadie más... No me perdonaría si te dejo solo -
- Buena chica ...- Rió el hermano. De nuevo había logrado manipular a Livia con argumentos como la familia, la herencia de su difunto padre y el pronóstico aterrador que le esperaría en las calles, sin la protección de Kuro.
Llegaron a la casa de la dama en un barrio elegante de Tokio. Ella se despidió de su hermano y bajo del auto, caminando en dirección a su apartamento haciendo sonar sus altísimos tacones, que manejaba perfectamente. Kuro la siguió con la mirada hasta que ella desapareció tras el portón de su lujoso edificio, luego hizo una llamada.
- Moshi moshi -
- Yuya, maldito bastardo de porquería...-
- Kuro-sama, ¿que ocurre..?-
- Livia te vio abofetear a una de mis perras...-
- Ella no quería obedecer, Kuro-sama..yo solo trataba de...-
- No me interesa el motivo que hayas tenido. Te dije expresamente que no quería que Livia presenciara ningún tipo de violencia. Maldito mal nacido, por tu culpa ahora ella quiere retirarse del negocio... ¿Tienes idea de lo mucho que me costó que aceptara trabajar como desnudista en el bar? -
- Kuro-sama yo... -
- ¡Mesees! Estuve trabajando su mente por meses y ahora que gracias a ella hemos recuperado clientela, viene Yuya el puñetas y hace su acto... Les dije claramente que Livia debe pensar que esto es un cuento de Hadas, no debe convivir con las putas y mucho menos debe verte a ti o a los otros haciendo cosas que la asusten -
- Kuro-sama, no me di cuenta... ni siquiera estaba enterado que la señorita Livia estaba...-
- De ahora en adelante vas a tener más cuidado, porque si Livia se larga, tendré que matarla y entonces venderé tu trasero todas las noches, tantas veces como sea necesario hasta que me pagues lo que vale esa perra mestiza... ¿he sido claro? -
- Si Kuro-sama, no volverá a pasar, le aseguro que tendré cuidado. Ustedes sabe que yo jamás le he fallado, soy leal a su...-
Kuro colgó el teléfono.
- Maldito lame suelas... - se quejó antes de encender su auto y retirarse del lugar.
