Chocolate

Y él que pensó que siempre estarían juntos, que el destino los uniría por y para siempre.

Suspira instantes antes de morder otro delicioso chocolate, mientras una lágrima rebelde amenaza con relucir. Se le queda mirando a la nada, con el dulce colgando de su mano; su cuerpo continuaba en ese sillón, pero su mente se remontaba al pasado…

A esos días que tomados de la mano se pertenecían, las noches que dormían abrazados. El mayor siempre cubriéndolo con el calor de su piel, mientras el otro rozaba su espalda suave y tersa, bajando lentamente las manos a su entrada y acariciándola lentamente

L se arqueaba, deseoso de que por primera vez ese pequeño lo posea, lo hiciera suyo violenta y cariñosamente, como sus besos, sus caricias, sus palabras llenas de amor.

Mello lamía su cuello, recorriendo desde la oreja a su hombro con una sensualidad excitante, aún acariciando esa entrada con vehemencia. Deseaba dominar a esa, la persona que ama, aunque le gané por casi diez años. No le importa si es correcto o no; lo adora.

El detective susurro ese, su verdadero nombre, antes de levantar las caderas, rogando para que Mello lo hiciera suyo en ese instante.

Los recuerdos son tan profundos, que lo transmiten a esos tiempos hermosos, tiempos en los que él aun vivía, en los que su propia persona se sentía joven, no un amargado.

Irónico es desear que el chocolate le dé un poco de esa dulzura que siempre envidió de su único amor, buscando en el chocolate la sensación de estar a su lado, como si besara su boca a veces suave y a veces salvajemente.

Mastica ese pedazo de dulce, saborea esa deliciosa sensación del cacao y azúcar derritiéndose en su paladar mientras ve esos ojos negros nuevamente entre sus recuerdos.