Holaaa! ¿Que tal? ¿Cómo han estado? :D ¡Aqui les traigo el siguiente capi, lleno de llantos! Pero no se preocupen, que no son de Rukia! xD Ni tampoco de Ichigo xD Espero que la historia les guste! :) Ahora, los agradecimientos: a Naoko tendo: Claro, esos momentos van a estar buennisimos! :DLonely Athena : Que bien que te haya gustado! Gracias por leer! :) kiaru87: Me alegra que te guste la histo! Actualizaré lo mas rápido que pueda ;) LORENIS-CHAN: Ya traje el siguiente cap, para que te entretengas! :) Gracias por comentar! May Hudson: Etto... el fic el masoquista? xD seee, Ichigo y Rukia casi no se parecen xDAnahis: see vale, la página tuvo problemas :( Que horribles días. Bueno, espero que te guste el capi!

Gracias a todos por leer!

Y bueno, aclaro: La historia no es mía, sino de la gran escritora Sara Craven! :D

Disclaimer: Bleach no es mío, sino de Kubo Tite-san, porque sino... xD Todo Ichiruki! xP

¡Disfruten!

Capítulo 3

Rukia se sentía muy cansada al regresar a casa, el sába do por la noche. Hizo todas las cosas que había prometi do, y logró llenar el día por completo, incluso, se permitió el lujo de tomar el té en un hotel.

Abrió la puerta principal, y entró en el pasillo, donde se encon tró con una de las inquilinas que vivía en el piso inferior.

—¡Tres veces! —exclamó enfadada—. Ese es el número de lla madas que ha tenido usted en la última hora y media, señorita Kuchiki. ¡Y no estaba!

—Lo siento —dijo Rukia sorprendida—. ¿Han dejado algún recado?

—Debe llamar a este número y pedir esta extensión —dijo en señándole un papel.

Rukia marcó, y la recepcionista de un famoso hotel de Londres respondió. Con voz muy suave, dio el número de extensión pensan do, angustiada, que quizá algo malo le había sucedido a Nicky.

Ichigo Kurosaki respondió con tanta rapidez, que parecía como si estuviera esperando junto al teléfono. El corazón le dio un vuelco al oír su voz, y entonces oyó algo más que ruidos en la habitación, los cuales, sin duda, eran los gritos de furia de Nicky.

—¿Está enfermo? —preguntó la chica alarmada.

—Su salud es perfecta —contestó Ichigo enfadado—. Desearía po der decir lo mismo de su humor. Está muy consentido. Anoche, Orihime

logró que se durmiera con dificultad. Hoy, ha sido imposible. Sólo llora por usted.

—No está consentido —respondió Rukia indignada—. Es muy pequeño para sufrir cambios tan radicales en su vida. Está en una ha bitación extraña y tiene miedo.

—Ha equivocado su vocación. Debió haber sido psicóloga infan til —dijo con voz lenta—. ¿No se le ocurrió advertirle a Orihime que podría reaccionar así?

—Sinceramente, no lo sabía. Él se fue con ella contento, e in tenté explicarle que eran unas cortas vacaciones.

Ichigo interrumpió con gran tensión.

—Muy bien señorita Kuchiki. Él es un niño muy pequeño, y está nervioso. ¿Si mando mi coche a recogerla, vendrá a su lado?

—Por supuesto —respondió Rukia conteniendo el aliento.

Oyó que colgaba el auricular y ella hizo lo mismo.

Subió a su habitación, y se quedó pensativa, preguntándose que debía hacer. No sabía si guardar o no algunas cosas esenciales para pasar la noche. Él no le dijo nada acerca de quedarse con Nicky, quizá sólo pretendía que le tranquilizara y durmiera, antes de regresar de nuevo a casa.

Al fin, decidió guardar un camisón y el cepillo de dientes en bolso.

El coche llegó, casi antes de lo que parecía posible. Hubiera pre ferido sentarse delante con el conductor, pero éste le abrió la puerta posterior.

Sentada sola en el coche, intentó tranquilizarse al recordar que vería a Ichigo Kurosaki de nuevo, ya que Nicky la necesitaba, y que su preocupación debía ser por el niño. El chófer la guió por el pasillo, y llamó a la puerta con delicadeza. Ichigo la abrió. Estaba vestido de manera informal, con pantalones vaqueros y una camiseta, pero a pe sar de su enfado, parecía más atractivo que nunca.

—¡Debimos haberle llamado Macbeth! —exclamó ella.

—¿Qué está diciendo? —preguntó intrigado.

—Es una obra de teatro —repuso con rapidez—. De Shakespea re. Macbeth asesina en ella al sueño, cuando mata a Duncan.

—Imagino que mis pobres vecinos de las habitaciones de al lado deben estar pensando en la misma solución. Ya ha habido quejas de

recepción, como podrá comprender. ¡Nunca imaginé que los pulmo nes de un niño tuvieran tanta fuerza!

Había una pequeña cama en la habitación de Nicky, y él esta ba de pie en ella. Tenía el rostro enrojecido y lleno de lágrimas.

Orihime se encontraba sentada frente a él, tratando de calmarle. Una taza de leche y varios zumos de fruta eran algunos de sus in tentos por pacificarle. Al entrar en la habitación, su pie pisó algo suave, y miró hacia abajo, descubriendo el oso de peluche de Nicky. Se inclinó para recogerlo. Tirar su adorado juguete por la habita ción, era el último gesto de desesperación, en lo que se refería a Nicky.

El niño se mantuvo en silencio mientras Rukia se acercaba a la cama. Y entonces la vio. Gritó de nuevo, pero de una forma dife rente, y extendió sus brazos hacia ella.

Cuando le levantó, él la abrazó con fuerza.

Thespinis Kuchiki, lo siento mucho —Orihime estaba a punto de llorar—. No quería a nadie, sólo a usted.

Rukia la miró comprensiva y comenzó a pasear por la habita ción con Nicky en brazos, como Hisana lo había hecho cuando empe zaron a salirle los dientes. Lentamente los sollozos comenzaron a de bilitarse, hasta que se quedó en silencio. Poco a poco la pequeña mano fue soltando su cuello hasta quedarse dormido.

—Sus ojos están cerrados. Thespinis, gracias a Dios! ¡Ah, pobrecillo! —Orihime fue hacia la cama, y comenzó a estirar las sába nas para que le acostara.

Rukia paseó de nuevo por la habitación, disminuyendo delibe radamente el paso. Al hacerlo, vio a Ichigo apoyado en la puerta, ob servándola.

Tenía el ceño fruncido. Era evidente que los métodos que utilizaba con Nicky no eran de su agrado, entonces, ¿por qué la había llamado?

Dirigió otra rápida mirada a la puerta, y vio que se había marchado.

Cuando estuvo segura de que Nicky estaba profundamente dor mido, le llevó a la cama, y le acostó con delicadeza. Se incorporó y fue hacia la puerta, donde Orihime la esperaba.

Se encontraba en un enorme salón, al que era probable que con dujeran las demás habitaciones.

Un camarero apareció con un carrito de servicio, y Rukia vio, con sorpresa, que levantaba las tapas de las fuentes, descubriendo de liciosos emparedados ahumados y patés, acompañados con una bo tella de champán que se estaba enfriando en un cubo de hielo.

Ichigo estaba sentado en uno de los lujosos sofás, pero se puso de pie cuando ella entró en la habitación.

—El champán es el mejor tranquilizante del mundo—dijo—. Es toy seguro de que lo necesita tanto como yo.

Eligió un sofá que se encontraba frente al que Ichigo ocupaba, y fingió no ver su expresión de sarcasmo.

—Por favor, sírvase —le dijo a la chica con cortesía—. Espero que le guste el salmón ahumado.

Probó un poco de todo, consciente todo el tiempo del estudio que la estaba sometiendo Ichigo. Él no comió nada, sólo bebía vino y llenaba las copas cuando era necesario.

Ichigo rompió el silencio al fin.

—La he llamado varias veces esta noche —dijo poniendo un gesto sarcástico—. Comenzaba a preguntarme si habría aprovechado la ausencia de Nicky para pasar la noche con su amante.

—No —respondió con dulzura sabiendo que él le estaba tendiendo una trampa.

—De todos modos, mi llamada debe haber alterado sus planes.

—Sólo un poco —respondió.

—Es usted afortunada. Tuve que retrasar una cita esta noche.

—No importa, señor Kurosaki. Estoy segura de que ella le perdonará.

—¿Qué la hace pensar que mi cita era con una mujer? No debe creer todo lo que lee en los periódicos —una suave sonrisa apareció en sus labios.

—No lo hago —negó con rapidez—. Quiero decir, leer los pe riódicos... o al menos leer lo que se habla de usted en ellos.

—Me sorprende. A juzgar por las afirmaciones que hizo a Ishida, imaginé que había hecho un estudio completo de mi forma de vida —dijo él.

—La gente que se esconde para escuchar conversaciones — aseguró tomando otro canapé de salmón ahumado—, casi nunca escucha algo agradable sobre sí misma. De cualquier forma, ¿cómo supo mi número de teléfono?

—Lo apunté cuando salí ayer por la noche... por si lo necesitaba en caso de una emergencia como ésta.

—No imaginé que lo hubiera hecho por otra razón —contestó Rukia enfadada.

—Beba más champán —llenó su copa—. Quizá la ayude a en dulzar su carácter.

—No lo creo —dijo—. Nicky ha heredado el temperamento de mi familia.

—Me asusta. Se supone que el temperamento Kurosaki es tam bién formidable.

—Pobre Nicky. Quizá nunca vuelva a sonreír —expresó en broma.

—Eso es lo que temo —murmuró—. ¿Supone que ahora dormi rá hasta mañana?

—Eso creo —buscó su bolso—. Yo... debo marcharme.

—No, será mejor que esté aquí cuando el niño despierte.

—Desea que vuelva mañana a primera hora, ¿no?

—No he querido decir eso. Estoy sugiriendo que pase la noche aquí.

—Realmente pienso que sería mejor que me fuera a mi casa —desvió la mirada.

—No puedo encontrar una buena razón para que lo haga —sus ojos brillaron con malicia—. ¿Por qué eres tan obcecada, Rukia mou? ¿Acaso temes que la cama que te ofrezco sea la mía?

—No, no es eso, pero debo reconocer que esa clase de ofreci mientos no son muy tranquilizadores —dijo dejando la copa en la mesa.

—¿Es eso lo que quieres... algo tranquilizador? —preguntó él burlón.

—No quiero nada de usted, señor Kurosaki. He venido aquí esta noche porque Nicky me necesitaba, no para entablar una bata lla verbal o de cualquier otro tipo con usted. Será mejor que me vaya a mi casa —afirmó la chica.

—¡No, quédate! —exclamó autoritariamente—. Admito que me divierte ver cómo te pones colorada, pero no tengo malas intencio nes contra tu virtud. Ten en cuenta que si quisiera estar con una mu jer esta noche, elegiría a una compañera que tuviera experiencia, y no a una atemorizada virgen.

—Gracias. Compartiré la habitación de Nicky —señaló intentan do parecer tranquila.

—No, Orihime duerme allí. Tu habitación está ahí —señaló ha cia una puerta que había en el lado opuesto del salón.

—Pero si Nicky se despierta... —comenzó a decir sorprendida.

—Entonces Orihime, sin duda, te llamará —interrumpió impa ciente—. ¿Por qué buscar dificultades donde no las hay? Todo ha sido preparado de antemano.

—Muy bien. Buenas noches, señor Kurosaki —dijo resignada.

—Ya que tendremos que compartir el baño, quizá debas llamar me Ichigo —rió ante su expresión de sorpresa—. No te pongas tan ner viosa.

Hay un seguro en el interior de la puerta, lo podrás usar. ¿Te pones así en tu casa cuando compartes el baño, todos los días con media docena de personas, o más?

«Eso», pensó Rukia, «es muy diferente, y él lo sabe».

—Mi única preocupación, es que le estoy causando muchas molestias, señor Kurosaki.

—Ya me estoy acostumbrando a ello —cuando Rukia se puso de pie, él también lo hizo—. Y te he dicho que me llames Ichigo.

—No veo que sea necesario. Después de todo, somos... somos extraños o casi.

—¿Extraños? —repitió—. Tienes muy mala memoria, pequeña. Quizá enemigos, pero no extraños —por un momento, sus oscuros ojos miraron casi con indolencia, sus labios, y Rukia se estremeció.

—Creo que me iré a la cama.

Cruzó hacia la puerta que él le había indicado, consciente de que la estaba observando al alejarse. Fue un descanso poder apartarse de Ichigo.

Era una habitación muy grande, amueblada con lujo, en tonos beige y marrón. El baño era pequeño, tenía una ducha y la bañera estaba tapada desde el techo con unas mamparas de cristal. El tocador ocupaba una pared.

Se miró en el espejo. Era muy delgada y su rostro estaba pálido y demacrado.

Una bata de felpa colgaba de la puerta que, al parecer, conducía a la habitación de Ichigo, y una pequeña bolsa de aseo de piel estaba sobre el tocador. Había un suave olor a colonia que reconoció inmediatamente.

«Un beso», se dijo con desesperación. Eso fue todo. Algo sin im portancia, y desde luego nada en lo que se pudiera centrar toda una vida.

Pero, por primera vez, deseó ser alguien muy diferente, una mu jer mundana y con experiencia, que considerara al sexo como uno de los muchos placeres que la vida ofrece. Alguien que pudiera atraer a Ichigo Kurosaki, para demostrarle, sin palabras, que era la clase de pareja que él necesitaba.

«Pero ésa no soy yo», se dijo con tristeza. «Todo lo que demues tro son mis complejos».

Al volver al dormitorio, pensó en Byakuya y Hisana. Era increíble que Ichigo y Byakuya fueran hermanos. Exceptuando la semejanza físi ca, no había otros rasgos en común.

Rukia recordó con nostalgia lo enamorados que estaban. Lo ca riñoso que Byakuya fue siempre con su hermana.

Era imposible imaginar a Ichigo en una actitud similar. El papel de esposo amante no concordaba con su cínica actitud. Cogía a las mujeres, las utilizaba y las dejaba. Podía recordar lo que Byakuya le dijo en una ocasión.

—Sentiré lástima por su esposa, cuando se case —comentó—. Pero, sin duda, mi madre le encontrará alguna discreta chica griega que fingirá no darle importancia a su infidelidad.

—A mí me molestaría —murmuró Rukia con violencia—. Si se atreviera a mirar a otra mujer, yo enfurecería —hizo una pausa, horrorizada por sus palabras.

Se sentó en el borde de una de las camas.

Se distrajo por un momento al ver un camisón blanco doblado sobre la otra cama. Era blanco, de encaje. Rukia pensó enfadada que se trataba de un malicioso gesto de Ichigo, pero después compren dió con vergüenza, que debía pertenecer a Orihime, cuya buena vo luntad era indudable.

Se desnudó y se lo puso. Entonces recordó que había dejado su bolso ,donde tenía el cepillo de dientes, en el sofá del salón. Se diri gió hacia la puerta del dormitorio y la abrió con cuidado.

El salón estaba vacío, y levemente iluminado por una lámpara de pie. No había luz que se viera debajo de las puertas, excepto la suya, y Rukia

imaginó que Ichigo se había ido a su cita.

Al coger su bolso, oyó el sonido de una llave en la puerta de la habitación principal, y corrió rápidamente a esconderse. Pero al hacerlo, tropezó con una mesa pequeña, que había junto al sofá, y la tiró.

—¡Oh no! —exclamó Rukia y se inclinó con resignación pan levantarla.

—¡Por todos los santos! —dijo Ichigo sorprendido.

Ella se incorporó lentamente, y se volvió para mirarle. Tenía una extraña expresión de enfado.

—Lo siento. Estaba buscando mi cepillo de dientes.

Él no respondió y se dirigió al baño. Mientras Rukia le seguía, él abrió un armario y sacó varios cepillos de dientes nuevos y los puso en el tocador.

—¿Hay algo más que necesites...? —preguntó con burla.

—No... sí, quiero decir... ¿podría decirme cómo funciona la ducha?

—Será un placer —expresó.

—¿Vas a utilizar la ducha? —preguntó—. ¿No será más sencillo usar la bañera?

—La ducha estará bien —respondió con rapidez—. Muchas gracias —dejó su bolso sobre el tocador y esperó a que él se marchara.

Ichigo permaneció de pie, observándola, estaba totalmente cubier ta del cuello a los pies...

—¿Por qué no te duchas? ¿Necesitas ayuda? —preguntó él con suavidad.

No podía moverse. Se quedó quieta cuando él se acercó a su lado. Casi inconscientemente, él estiró una mano y comenzó a des brocharle el camisón.

Cuando terminó le acarició el cuello, la espalda, los hombros... Luego le quitó el camisón.

—Antes de dejarme transportar por la hermosa visión de tu des nudez, ¿puedo oír de tus propios labios que esto es lo que deseas? —preguntó irónicamente.

Rukia le contempló incrédula.

—Se me ocurre pensar que esto es un plan tuyo para conseguir la custodia de Nicky... ya sea excitándome al máximo para después rechazarme o buscando conmoverme por la dulzura de tu rendición — sonrió con frialdad—. Debo advertirte, Harriet mou, que ninguna táctica funcionará. Además, la primera vez que una chica mantiene relaciones amorosas con un hombre no suele ser muy agradable y estimulante.

—¡Es usted... odioso! —exclamó la chica con voz entrecortada.

—¡Ah!—sonrió con sarcasmo y retrocedió, apartándose de ella—. ¿Debo entender que has cambiado de opinión acerca del hecho de

entregarte a mí?

—Yo... nunca intenté... —se interrumpió sintiéndose mal.

—¿No? —Ichigo frunció el ceño asombrado—. Entonces, ¿fue tan sólo una coincidencia el que te encontraras en la otra habitación cuan do yo regresé... que necesitaras un cepillo de dientes y que desearas ducharte? ¿Y esta imitación de camisón, con sus encajes y pequeños botones no fue también parte del plan?

—El camisón es de Orihime como es muy probable que usted sepa. Además, ninguna de sus desagradables insinuaciones es cierta. Estoy aquí porque usted necesitaba ayuda con Nicky, no porque yo deseara venir. No quería volver a verle y, respecto a buscar una opor tunidad para seducirle ¡por Dios, es lo último que deseaba hacer! —hizo una pausa para recuperar el aliento—. Y lo de la ducha —aña dió con furia—, aunque pueda parecerle extraño, a un presuntuoso y arrogante hombre como usted, no la había utilizado. No sabía cómo funcionaba y no deseaba helarme o quemarme.

—Entonces, pruébala ahora —dijo enfadado—. Descubrirás que la temperatura es perfecta.

Él la cogió en brazos, mientras ella agitaba las piernas y la me tió debajo del chorro del agua. Empapada y sorprendida, salió como pudo, oyendo que él daba un portazo al salir.

De alguna forma logró cerrar la llave del agua. Temblando fu riosa, se quitó el camisón, ya que estaba empapado. Luego cogió una de las toallas del hotel y se cubrió con ella. Entró de nuevo, furiosa, en su dormitorio, y cerró la puerta. Con amargura, secó su rostro con el extremo de la toalla. Después de un rato, colocó la toalla sobre el enorme radiador que había bajo una ventana, y se metió en la cama. Era una noche cálida; transcurrió mucho tiempo antes de que se durmiera. Pasado un rato pudo hacerlo.

Soñó que estaba sola, y que lloraba por ello, no encontraba con suelo en ninguna parte. De pronto unos brazos la abrazaron, eran ti bios, fuertes, y la sujetaban con fuerza, ella sonrió murmurando el nombre de Ichigo en sueños.

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¿Les gustó? Espero que si!

Bien, el siguiente capi, Rukia viajará! :D Saben para donde? Adivinen! xD

Y un pequeño adelanto:

—¿En dónde está Nicky? —preguntó Rukia.

—Orihime le ha llevado a dar un paseo —le informó con frial dad—. Creo que es mejor que continuemos nuestra discusión en privado.

—No hay nada que discutir —dijo en voz baja—. Yo... no pue do vencerle. No impediré que se lleve a Nicky. Sería un error que intentara privarle de la vida que usted puede ofrecerle. Siempre lo he sabido... pero no deseaba reconocerlo.

¿Rukia se dejará vencer ta fácil? hahahaa! ¡Hay que averiguarlo!

Nos vemos! Se cuidan!

Yare (: