Nada es mío, los personajes son de JK Rowling

Amor Verdadero

Capitulo Tres

"De regreso"

Su último día en el Valle Godric y Harry ya comenzaba a bajar las pocas pertenencias que tenían allí, él por parte tenía su baúl en la casa de tus tíos pero que sería trasladada hacia la casa de Hermione. Allí los Aurores ya se habían retirado del lugar con más interrogantes que respuestas pero que por el momento, el moreno no deseaba indagar más de la cuenta, ya en Hogwarts tendría el tiempo suficiente para investigar por su cuenta.

-Hermione, ya estoy listo – le habló desde la planta baja. Escuchó bajar las escaleras y por sobre sus hombros pasarle algo esponjoso

-¿Pensabas dejarlo abandonado? – Rió ella entregándoselo – Podrías necesitarlo por la noche.

-¿Yo? – Le miró divertido – eres tú quien ha dormido con él todas las noches. – Argumentó metiendo el osito a su bolso y luego observar a su compañera – comienzo a pensar que quieres cambiarme por él.

-Sabes que no lo haría – se defendió sonriendo – además es más agradable dormir contigo.

-¿Qué? – exclamaron provocando que ambos jóvenes se giraran bruscamente. Minerva Mcgonagall les devolvía la mirada alterada

-Profesora, no es lo que piensa – se adelantó Harry al notar que su profesora no emitía sonido alguno – Hermione se refiere a otra cosa, es decir, nosotros no – señalándose junto a la castaña avergonzado intento explicar un juego de palabras para nada favorable, en su nerviosismo saco el peluche y lo señalo acusatoriamente como si él tuviera la culpa de todo ese embrollo – Es mío y ha dormido con Hermione al igual que yo. O sea, yo no…

-Lo intenta decir Harry, profesora – habló jalando hacia atrás a su amigo – es que a veces nos hemos quedado dormido en el sofá, eso es todo. Y a eso me referí cuando usted ingreso. – terminó su explicación a medias recordando que la primera noche durmió junto a su amigo sobre la cama. Aquello por supuesto era preferible omitir

-Comprendo – susurró la profesora recuperando el habla – Bien, ya se van – les miró a lo que ambos asintieron en silencio – Harry tu baúl está en casa de Hermione – le observó – Remus irá por ustedes, espérenlo

-No se preocupe – dijo Harry – ¿Vamos Hermione? – le miró a lo que ella asintió. El moreno cogió la maleta mientras tomaba con su mano libre el trasladador que Minerva le ofrecía.

El regreso a la casa de la castaña fue rápido y al mismo tiempo vertiginoso, la posar nuevamente los pies en el suelo no pudieron evitar tambalearse y reír levemente por aquella situación tan graciosa. Solo unos segundos les costó volver a la normalidad y quedar parados en medio de la sala, está vez, mucho más ordenada que la última vez que la vieron, allí ya no se encontraban los cuerpos de los padres de Hermione, en su lugar estaba aquel sillón café y la mesilla de centro como si nada hubiese pasado allí.

Harry le observó con cierta preocupación, temía que los fantasmas les pasado volviera a la mente de su amiga provocando que cayera nuevamente al dolor sin embargo en cuanto ella le devolvió la mirada una sincera sonrisa dibujada en su rostro supo que todo estaría bien. Con calma y dándole un espacio prudencial el moreno se subió hacia el segundo piso para llevar la maleta de la castaña hacia su habitación. Cuando estuvo allí, sacó de su bolso el osito y lo colocó sobre la cama, por esa noche aquel peluche velaría los sueños de la castaña por él, rió levemente ante la idea de tener celos de aquel osito.

-¿Todo en orden? – preguntó en medio de la escaleras. Ella asintió – Aún no anochece ¿Quieres dar un pequeño paseo?

-Me encantaría – aceptó Hermione

En una costumbre propia de ellos salieron abrazados de la casa solo para un pequeño paseo alrededor de la manzana hablando de trivialidades, les resultaba agradable y cómodo hablar sobre cualquier cosa, no necesitaban esforzarse en buscar un tema interesante para mantener una conversación por mucho tiempo, si aquel tema solo se resolvía en cinco minutos bastaba haciendo silencio y luego seguir con otro tema quizás menos especial que al anterior.

El paseo no se extendió por más de quince minutos, ya ambos se sentían cansados y un tanto ansiosos por lo que les esperaba mañana. La burbuja en la cual habían vivido por una semana estallaba dejándoles en la realidad: Comenzarían su séptimo y último curso en Hogwarts, tendrían que enfrentar, las clases, la rutina, la guerra que seguía su curso, las desapariciones, las muertes y sobre todo a Voldemort, aquel año sería el definitivo y Harry lo sabía, debía enfrentar a su destino de una buena vez ya sea para vivir o morir.

-Buenas noches, Hermione – se despidió Harry besando con cuidado la frente de su castaña amiga, una vez frente a la habitación de ella – que tengas dulces sueños.

-Tú también – sonrió ella – nos vemos por la mañana – dijo para luego ingresar a su habitación, observó su cama y vio allí al osito que había sido su compañero durante sus noches en el Valle Godric. Lo vio solo por un par de segundos mientras se mordía el labio inferior nerviosa, se giró y abrió nuevamente la puerta para divisar a su mejor amigo a punto de ingresar a la habitación de invitados - ¿Sabes? – Habló de pronto sorprendiendo a su amigo que se volvió a verla – el osito no puede abrazarme – susurró apenada. Sin embargo, solo bastó un intercambio de miradas para entenderse.

Harry cerró la puerta de la habitación de invitados y regresó para quedar frente a su amiga que le observaba nerviosa, extendió su brazo para con su mano tocar su mejilla suavemente. Sonrió e ingreso a la habitación de su amiga. Ella se puso un pijama en el baño mientras el moreno permanecía recostado en la cama junto al osito. Para cuando Hermione salió del baño no pudo evitar reír al ver a su amigo intentar hacer bailar al peluche cogiéndole por los brazos.

-No te burles del osito – le reprochó este haciéndose el ofendido – solo necesita un poco de práctica

-Sí, lo veo – sonrió ella recostándose junto a su amigo quien no tardó en cobijarla entre sus brazos – Mañana por la noche voy a extrañar esto – dijo luego de un minuto de silencio

-Yo igual – confesó Harry acariciando inconscientemente el hombro de Hermione – Aunque debes recordar que te prometí no dejarte sola y en mi ausencia el osito puede hacerte compañía – comentó dejando el peluche en manos de su amiga – quizás no te pueda abrazar pero yo puedo hacerlo durante el día. Es un trato razonable.

-Estoy de acuerdo – sonrió ella sintiendo su cuerpo relajarse – No tiene nombre, ¿Remus, no te lo dijo? – preguntó sin mirarle

-No, no lo menciono – dijo - ¿Por qué? ¿Quieres ponerle nombre?

-No lo sé ¿Quieres? – Preguntó subiendo la cabeza hasta encontrarse con los ojos de su amigo. Él asintió - ¿Cuál?

-No soy bueno con los nombres – susurró pensativo – Elige tú

-¿Momo? – Sugirió esperando la aprobación del moreno, este se quedó viendo el peluche y luego de unos segundos asintió – bien, entonces será Momo. – rió seguida de Harry. Nuevamente se hizo el silencio, que de nuevo fue roto por Hermione – Gracias – susurró y se aclaró al sentir la mirada de su amigo – Gracias por quedarte está semana junto a mí y poder quedarnos en el Valle, lo necesitaba.

-Siempre voy a estar allí para ayudarte, Hermione – respondió susurrando – en cualquier cosa que necesites, allí estaré, incluso cuando no me pidas ayuda, no me alejaré de tu lado. ¿Sabes? – llamó obligándole a verle a los ojos, ella obedeció – Bueno, nunca he sido buen comunicador de sentimientos y muy pocas veces te lo he dicho pero te quiero mucho – sonrió

-Yo también te quiero mucho – susurró Hermione emocionada – y no importa si no me lo dices muchos, lo importante es que lo demuestras, ya sea abrazándome o cuidando de mí.

Permanecieron en silencio y está vez no fue interrumpido por nadie, el cansancio del día había surtido efecto y el sueño hizo mella en ambos jóvenes que a pesar de estar conscientes que por la mañana todo volvería a la relativa normalidad, por aquella noche solo se entregaron a los brazos de Morfeo para disfrutar de las horas de paz que allí les embargaban. Ya por la mañana lidiarían con las preguntas de sus compañeros, las miradas extrañas de su pelirrojo amigo y aquel nuevo alumno que despertaría suspicacia del moreno.

Aquel joven subía lentamente por las escaleras que le llevarían hasta la oficina de la directora de Hogwarts, apenas si llevaba un par de semanas allí pero se había encargado de conseguirse cada contraseña que hiciera necesario, además estaba solo en aquel inmenso castillo y debía arreglárselas solo. Una vez estuvo frente a la gran puerta, toco delicadamente con los nudillos, espero hasta que un "pase" se hizo presente.

-Permiso – habló el muchacho ingresando a la oficina que pulcramente estaba limpia y ordenada – No deseo molestar.

-Trent – susurró la directora sorprendida de verle allí. Vio le reloj y se dio cuenta que era muy tarde – Es medianoche, deberías dormir, mañana será un día agitado.

-Lo sé – sonrió apenado – no podía dormir y decidí dar una vuelta por el castillo, digamos que es mi última parada antes de volver a la sala común. – resolvió encogiéndose de hombros. Minerva le observó y movió la cabeza – las excusas se heredan por compañía – murmuro. Trent sonrió alegre – ve a dormir. Mañana es un nuevo día.

-¿Puedo quedarme un momento? – Pidió él inquieto – me agrada este lugar, me siento tranquilo.

-Te entiendo – susurró desviando la mirada hacia sus papeles – quince minutos

-Gracias.

Sin hacer el menos ruido tomo asiento y se quedó observando el lugar en calma, su mente se vio en blanco a causa de la paz que aquel lugar le transmitía, su cuerpo tenso se relajó a los pocos minutos. Observó a la directora trabajar y se dio cuenta que a ella también le transmitía paz aquella oficina. Sonrió al tiempo que se incorporaba de su lugar y en silencio hacia abandono de la oficina, no queriendo importunarla aún más. Con el mismo lento andar se dirigió de vuelta a la común de Gryffindor, dio la contraseña e ingreso, estaba expectante al saber para mañana aquel castillo estaría repleto de alumnos y que aquella sala nunca estaría solitaria por las tardes. Subió la escalera que llevaba a la habitación de chicos, una vez allí se sentó en su cama y cogió de su velador una pequeña fotografía: Sus padres.

Desde que tenía uso de razón es que vio adoptado por otra pareja de mago a raíz de la muerte de sus padres biológicos, el cambio no significo un problema para él, ya que siempre trato a sus padres adoptivos como sus verdaderos padres. Por desgracia para él, su amigo y compañero del alma, su padre, había muerto hace un par de meses quedando al cuidado de su madre que por motivo personales decidió cambiarlo de colegio, no le molestaba el cambio sabía adaptarse a ellos y afrontarlos. Aún con la fotografía de sus padres, abrazados y sonriendo, la guardo en su billetera con cuidado, aquella foto era su preferida.

De forma instantánea y en cuanto puso su cabeza en la almohada se quedó dormido, esperando que al fin pudiesen comenzar las clases ya comenzaba a aburrirse estar solo.

A la mañana siguiente.

Los primeros rayos del sol se hicieron presente colándose caprichosamente por las cortinas de la habitación de Hermione, aquel brillo impacto en el rostro de la castaña que a regañadientes se apretó más al cuerpo de su amigo, no quería despertar deseaba poder seguir durmiendo abrazada a Harry, por alguna razón solo conseguía un sueño calmo al lado de su amigo, le hacía sentir segura y gracias a él aquel dolor sufrido por la muerte de sus padres se hacía más soportable. Aún con los ojos cerrados, se permitió unos segundos más antes se escuchar como el despertador sonaba ruidosamente en su velador anunciando las nueve de la mañana y en una hora más, Remus les iría a buscar para llevarlos a la estación.

-¿Qué hora es? – musito Harry desperezándose mientras la castaña apagaba el despertador

-Las nueve – respondió ella dedicándole una mirada fría al reloj - ¿A qué hora crees que llegará Remus? – Preguntó

-No lo sé – dijo este. A pesar del molesto despertador ninguno se había levantado – Si trae algún trasladador diez o diez y media. Y si no, pues ello implicaría ir hasta el centro en algún transporte muggle y nos tomaría casi una hora, quizás nueve y media – meditó.

-Debemos desayunar – artículo la castaña. Iba a levantarse pero la voz masculina proveniente de la planta baja les paralizo a ambos.

-Harry, Hermione ¿Están arriba? – Preguntaron. Remus había llegado. El primero en reaccionar fue Harry, que aún vestido como el día anterior salió de la habitación de su amiga hacia el pasillo para bajar las escaleras y encontrarse con su amigo. – ¿Estabas despierto? – le observó al verle vestido

-Algo así – comentó este con naturalidad, no deseaba meterse en problemas, ya suficiente tuvo con su profesora – No te esperaba tan temprano ¿Sucedió algo?

-No, solo que debemos desplazarnos en coche – argumentó él validando la teoría del moreno – Minerva lo considero apropiado además seria sospechoso que la casa estuviera vacía de un momento a otro. ¿Y Hermione?

-Arriba, aún debe dormir – señalo este – ¿Quieres que la despierte? – Preguntó

-Sí, debemos estar en camino en una hora – dijo – además deben comer algo

-Bien – dijo Harry subiendo las escaleras. Tocó la puerta e ingresó, Hermione ya se hallaba cambiada – Viene por nosotros ¿Estás lista? – Preguntó

-Sí, no te preocupes – sonrió Hermione – bajo enseguida – anunció ordenando algunas cosas. Harry había bajado para reunirse con Remus y ella ya metía lo último a su baúl, estaba a punto de abandonar la habitación cuando recordó el osito "momo" estaba aún en la cama, lo tomo y bajo junto al peluche. En la cocina ya Harry y Remus desayunaban. – Buenos días, Remus.

-Buenos días, Hermione – saludo observándole sentarse a su lado frente al moreno. Con curiosidad pudo dar cuenta del osito de peluche que descansaba sobre la mesa – A Sirius no le agradaba aquel peluche decía que le prestabas más atención a ese "oso feo y gordo" y que a él – comentó riendo. Harry le miró sonriendo – tú padre le gustaba porque así dormías sin interrupciones y le dejabas tiempo a él y a tu madre

-Aún no pierde su efecto – murmuro el moreno evitando ver a su amiga, en vez de eso, simplemente masticó su tostada.

Luego de desayunar y ordenar los baúles se embarcaron rápidamente en el coche que el hombre lobo había llevado, el viaje transcurrió con normalidad intentando hablar de cualquier trivialidad que les obviará el tema de la guerra, mortifagos, Lord Voldemort o incluso la muerte de los señores Granger. Harry lo sabía, podía percibir sus hombros tensos al momento de conducir, estaba reprimiendo algún comentario frente a su amiga y solo cuando bajaron del coche en la estación y ella se adelantaba para cruzar el andén, se atrevió a preguntar.

-¿Qué descubrieron? – preguntó de sopetón, no tenía mucho tiempo antes de llegar al andén. Remus suspiro y acomodo dentro de su abrigo

-Actas de nacimiento – murmuro el licantropodo llevándose una mirada de confusión del moreno – El padre de Hermione guardaba actas de sus pacientes en un pequeño baúl que desapareció de la casa, corroboramos la información al interior de aquel baúl y no había nadie con antecedentes mágicos ni nada de eso. No quisiera decirte esto, ni mucho menos a ti pero la muerte de los Granger fue un error

-¿Un error? – Casi gritó el ojiverde sujetándole por el brazo con fuerza, quedando a medio camino del andén donde Hermione ya comenzaba a cruzar – Pudieron matar a mi mejor amiga y tú lo llamas error ¿Qué demonios persiguen? ¿Un mago? – espetó de forma irónica

-Es difícil de entender pero es la verdad – susurró reanudando la marcha – Y por un absurdo que parezca, buscan a una persona, no sabemos quién es pero ya han matado a otros muggles para conseguir dar con su paradero. Es obvio que este mago intenta ocultarse de ellos y los mortifagos no tienen datos claros de quién podría ser.

-¿Por qué lo quieren? – Inquirió este con la mirada fija en el andén empujando con fuerza su carrito – está involucrado con la guerra o algo así

-Al parecer sí – cabeceo este asintiendo – Escucha, todo esto es especulativo, hay demasiados rumores en la Orden y estamos trabajando lo más rápido posible para solucionar esto. – Se detuvo frente al andén y miró al moreno que permanecía serio – No sucederá nada malo mientras estén en Hogwarts. Cuídense mucho.

-Lo haremos – susurró dándole un abrazo a su amigo, cogió con fuerza el carrito y corrió hacia la pared que les trasladaría nuevamente a su mundo, su hogar. En cuanto estuvo allí y vio a Hermione sonreírle y supo que hace bastante tiempo estaba viviendo en su hogar. – Hola – sonrió acercándose a ella – diez minutos temprano – viéndolo - ¿Has visto alguien conocido? – le preguntó curioso

-Nadie – respondió Hermione – En fin, ¿Quieres subir?

-De acuerdo – rió este caminando hacia el tren donde ya varios alumnos comenzaban a cargar sus cosas. Harry subió ambos baúles y después siguió a su amiga hacia el interior del tren, teniendo la libertad de elegir a que vagón subir pero decidieron viajar en el último para ir más cómodos.

Mientras aquello ocurría y a poco menos de cinco minutos para la salida del tren, Ron y Ginny discutían un tanto alejados de sus padres que charlaban con algunos amigos, habían hecho durante el transcurso de la mañana pero en menor intensidad por miedo a preocupar a sus padres a pesar del continuo levantamiento de la voz de Ron, que incomodaba su hermana. La semana había transcurrido de forma tensa y poco comunicativa por parte de ambos hermanos, Ginny por su parte no podía concentrarse en nada más que en el regreso a Hogwarts a raíz del recibimiento de la carta, Ron sin embargo tenía dos preocupaciones desde hace una semana, su mejor amiga y su hermana, está última acongojada por aquella carta recibida y que pertenecía nada más y nada menos que a Draco Malfoy.

-¿Desdé cuando te escribe? – Preguntó bruscamente el pelirrojo no se iba a rendir tan fácilmente hasta conocer las intenciones de fondo del rubio y que por supuesto no eran para nada buenas - ¿Le has contestado alguna carta?

-Esa fue la única vez – respondió ya comenzando a mosquearse del asunto. Deseaba con todas sus fuerzas poder desplazarse hacia un vagón donde estuviese su curso y él se fuera con Harry y Hermione - Y no, no le he contestado aquella única carta ¿Satisfecho?

-No, muéstrame la carta – sentenció este sin reparos. Ginny solo pudo retarlo con la mirada mientras se libraba de él con un empujón y caminaba hacia sus padres quienes ya se despidieron de los magos – Voy a subir – habló cuando estuvo frente a ellos, quienes no se hicieron problema y se despidieron de su hija.

Con rapidez se subió al tren y busco un vagón donde poder quedarse, pensó en quedarse con su curso pero algo la impulsaba a mezclarse en aquel vagón donde usualmente se encontraba su enemigo. Camino nerviosa y cuando estuvo a punto de entrar sin importar las miradas y nada, alguien toco su hombro. Pensó en su hermano y que le había seguido, se giró para encararle y decirle que se metiera en sus propios asuntos pero su mirada azul chocó el gris.

Se llevó una mano a la boca ahogando un grito de horror al comprobar lo que aquella carta le decía, su rostro demacrado y ojeroso, su delgadez preocupante y aquel gesto de dolor, solo le hizo confirmar aquella imagen que había recreado en su mente. Acercó su temblorosa mano hacia su rostro para acariciarlo, y este simplemente suspiró al recibir aquella caricia. A pesar que la tortura había terminado para el rubio, los maltratos no cesaban, las raciones de comida solo limitaban a un vaso con agua y un pedazo de pan, y su última noche había tenido un recordatorio de lo que le esperaba si incumplía su palabra.

No pudo evitar quejarse en cuanto los brazos de la pelirroja le rodearon, el dolor era insoportable, Ginny se le quedó viendo preocupada al notar que su cuerpo estaba herido y percatándose de que aquel no era el mejor lugar para hablar, se metieron al primer vagón que encontraron, lo silenciaron y distorsionaron las ventanas para que nadie les viera hablar.

-¿Qué te hicieron? – Preguntó Ginny observando al rubio que desvió la mirada – Draco, muéstrame tus heridas – ordenó – lo escribiste en tu carta y no puedo llegar a imaginar el dolor que estás sintiendo.

-No quiero preocuparte

-Quiero ayudarte – dijo cogiendo sus manos entre las suyas

-No merezco tu ayuda, no soy digno de tu amistad – confesó volviendo a esquivar la mirada de la pelirroja al tiempo que la garganta se le secaba al pronunciar la última palabra. – muy pronto seré peligroso… mis manos estarán manchadas con sangre

-Y aunque estuvieran, no me importa – le miró severamente – por favor, quiero verte.

Solo después de un largo suspiro, el rubio se incorporó comenzando a quitarse la túnica, el suéter, la camisa y por último una camiseta, dejando al descubierto su maltratada espalda, espero alguna queja de la pelirroja, algún gesto pero solo obtuvo silencio. La pelirroja observó acongojada la ancha espalda del rubio, surcos de latigazos se extendían por su cuerpo, algunas echas recientemente y otras que comenzaban a cicatrizarse, no pudo evitar estremecerse al imaginar aquellas heridas bañadas por sal. Temblorosa, acarició sus heridas menos recientes, escuchó como el rubio soltaba un suspiro y aquello le animo a continuar.

-Debiste sufrir mucho – murmuro ella detrás del rubio que se mantuvo en silencio – Me preocupe mucho cuando recibí tu carta.

-Lo siento – susurró girándose para verla de frente – Debí causarte algunos problemas. Te vi discutiendo con tu hermano – le informó. Ginny hizo un gesto restándole importancia – Ginny, nada será como antes, será difícil hablar y si tú deseas terminar con nuestra amistad yo… podré entenderlo. – bajó la mirada y comenzó a colocarse la ropa con cuidado, y con uno que otro gesto de dolor. Comenzaba a abotonarse la camisa cuando otras manos lo hicieron por él - ¿Ginny?

-No quiero terminar nada – le miró ella terminando de abotonarle la camisa. Se vieron obligados a sentarse, el tren comenzaba a moverse – Sé que no quieres esa vida, me lo has dicho cientos de veces ¿Por qué debería cambiar? Comprendo que aceptaste por salvar tu vida y eso es lo único que cuenta. Además, no sabes el alivio que sentí al saber que no participaste en la muerte de los padres de Hermione

-¿Cómo estás tú? – se atrevió a preguntar Draco en apenas un susurro. Ya comenzaba el habitual ajetreo de los alumnos de primeros intentando buscar algún vagón desocupado, la pelirroja asintió tranquila

-Todo está solucionado – susurró Ginny

-Me alegró mucho – murmuro este tomando su túnica para pasarla sobre sus hombros – Deberías ir con Potter, de seguro estará buscándote – le ánimo incorporándose de su asiento, sin embargo fue jalado hacia abajo, obligándole a sentar

-¿Quién dijo que volví con él? – Preguntó sonriendo – Hablamos y decidimos ser amigos. Era lo mejor para ambos.

-Oh, vaya – exclamó sorprendido – sin embargo, mis "amigos", deben estar esperándome, seguramente ya saben de mi decisión – bufó molesto al pronunciar aquella palabra - ¿Nos vemos en la noche? – le miró curioso. Ella asintió – bien, cuídate – se despidió regalándole un beso en la frente.

Escuchó la puerta cerrarse solo para después de unos minutos, ella salir de aquel vagón a encontrar a sus amigos, rogando internamente no encontrarse con su pelirrojo hermano a pesar que este debería estar ya reunido con Harry y Hermione, quiso ir a verles pero no quería enfrentarse nuevamente a su hermano quien de seguro ya debía haber abierto la boca con respecto a la carta y todo lo demás.

-Lo peor de todo es que no niega que recibió una carta de ese imbécil – volvió a decir Ron sentado frente a sus amigos. – Quién sabe desde cuando hablan. Harry, tú no sabes nada. – observó a su amigo quien negó – Debes saber algo, eres su novio.

-Eh, Ron – repuso este incomodo evitando la mirada de su amigo – No somos novios, solo quedamos como amigos. – Confesó ante la mirada sorprendida del pelirrojo – aquel día en el cementerio hablamos y decidimos que lo mejor era ser solo amigos.

-¿Ella te lo propuso? – le miró ceñudo Ron. Harry asintió – quizás sea…

-No saques conclusiones, Ron – interrumpió Hermione – quizás esa carta no signifique nada ¿La leíste acaso? – Ron negó – ves, no levantes acusaciones contra tu hermana. Además, ella sabe lo que hace.

-No tengo dudas con respecto a ello, Hermione – habló este desesperado – lo que no sé, si es que ese mal nacido de Malfoy está hostigando a mi hermana.

-Pues, deberías hablar con ella – comentó Harry sin embargo tuvo que añadir – y no amenazarla o sacarla de sus casillas, así no conseguirás nada.

-Lo intentaré – susurró este escuchando como el carrito de los dulces acercaba – voy por dulces – dijo saliendo del compartimiento.

-¿Qué crees que esté sucediendo? – le miró Hermione a su amigo que permanecía pensativo

-No lo sé – murmuro – no creo que debamos preocuparnos demasiado, Ron a veces es exagerado y Ginny es inteligente, sabe lo que hace – sonrió con calma. Hermione asintió – Me dio hambre, tengo voy algo al carrito ¿Quieres algo? – Preguntó

-No, gracias – dijo ella pensativa. Harry se encogió de hombros y salió del compartimiento dejando a su amiga con sus pensamientos. Sin embargo apenas si pasaron diez segundos cuando su amigo volvió - ¿Qué sucedió?

-Hay algo quiero decirte – murmuro el moreno sentándose frente a Hermione – Se trata de las investigaciones que los Aurores llevaron a cabo en tu casa – hizo una pausa y luego continuo – Primero, me dijeron que los mortifagos buscaban algo aquella noche – relató jugando con sus dedos – que si realmente hubiesen querido… te hubieran matado. – tragando saliva fuertemente, aún no sé acostumbraba a la idea de que su amiga pudiese estar muerta – sin embargo, al no encontrar lo que buscaban, se ensañaron con tus padres. En realidad, aquello solo fue una primera teoría, según Remus.

-¿Qué buscaban? – susurró ella sin quitarle la mirada de encima. Harry volvió a jugar con sus dedos, nervioso

-Documentos – respondió – hasta hace unos días no sabían de qué pero ahora tienen una idea. Eran actas de nacimiento, tu padre las guardaba en un baúl, muchas eran de sus pacientes y todas se encontraban regadas por la casa. Remus, me dijo que ninguna de esas personas tenía relación mágica, solo muggles. – acabo en apenas un susurro. Hermione le tomo las manos y le obligó a mirarle, lo conocía tan bien porque supo de inmediato que su relato no había acabado, solo temía pronunciar la última frase. Sonrió – Al parecer, contaron con información errónea… nunca debieron ser atacados. Y no se sabe a quién buscan.

-Ya veo – susurró ella sentándose mejor en el asiento separándose de su amigo levemente. Este, simplemente se arrodillo frente a ella – Harry, no es tu culpa.

-Odio verte sufrir – confesó este – No puedo llegar imaginarme sin ti. Si te hubiesen matado también – le miró angustiado, ella le sonrió acariciándole el rostro – No voy a dejar que nada te suceda, Hermione – murmuro con los ojos cerrados disfrutando de aquella caricia.

-Confió en ti – susurró escuchando a Ron hablar con otra persona – párate, viene Ron – anunció. Harry se incorporó sentándose a su lado y antes de que el pelirrojo entrara besó su mejilla.

El resto del camino se la pasaron entre conversaciones y risas, intentado de alguna u otra forma acortar el tiempo hasta el momento de llegar a la estación, por supuesto algo que les llamó fuertemente la atención, sobre a Ron, fue que Draco y sus gorilas no se pavonearon por el tren como años anteriores. Pero el pelirrojo se relajó levemente al saber que su hermana estaba un par de compartimiento con algunas amigas.

Poco a poco la velocidad del tren fue disminuyendo indicándoles a todos que pronto llegarían, y en apenas quince minutos ya todos se encontraban caminando hacia los carruajes mientras que los alumnos de primer año se iban con le guarda bosques. Durante el camino, Harry y Hermione se dedicaron a hablarle a Ron sobre el nuevo alumno de intercambio, Trent Leyton.

-Interesante – murmuro Ronald al terminar de escuchar el relato de sus amigos – ¿Y dicen que será nuestro compañero?

-Sí – dijo Hermione sin apartar su visión de su libro, a su lado Harry sonríe – Se ve un buen chico – comenta

-¿Tú crees? – la castaña alza la vista divertida. Ambos muchachos se mirar en silencio, Harry un tanto incomodo, se supone que la escenas de celos son el estilo de Ron – Ni siquiera le conoces para afirmar algo así – complementó Ron centrándose en su amiga, que le observó ceñuda

-No empieces – murmuro ella volviendo a su libro – tengo derecho a decir lo que pienso.

-De acuerdo, no te molesto – bufó el pelirrojo desviando su mirada – Por cierto Harry, debemos hacer pruebas para un cazador, solo tenemos un mes para encontrar uno.

-Lo sé – murmuro Harry sin atreverse a mirar a su amigo. Los remordimientos habían asaltado la mente del moreno de nuevo, diciéndole que se comportaba como un traidor al enamorarse de la mujer que él gustaba. Observó de reojo a su amiga que leía su libro concentradamente, pudo recordar aquella semana que había vivido en el Valle Godric a su lado, las tardes que compartieron sentados en el sofá hablando y riendo, el verla dormir sobre su regazo, y el verle despertar eran momentos que su corazón se empeñaba por conservar anestesiando aquel remordimiento que a ciencia cierta no sabía si tenía.

En cuanto bajaron del carruaje emprendieron marcha hacia el interior del castillo donde pudieron unirse junto a sus amigos, a la distancia Harry pudo distinguir la figura de Draco Malfoy junto a sus amigos, se sorprendió de verle tan demacrado y delgado como si estuviera enfermo o algo por el estilo. Busco con la mirada a Ginny que estaba a un par de metros en compañía de Dean, no logrando entender todo aquel embrollo de la carta.

A los pocos minutos ingresaron al gran comedor donde se sentaron al inicio de la mesa de Gryffindor, ya muchos profesores se encontraban en la suya propia, para el moreno no pudo evitar sentirse mal al no ver al profesor Dumbledore, aquel hombre le haría falta a todos para poder superar los momentos de tempestad que se avecinaban. Sin embargo, frente a la mesa de profesores pudo ver a la profesora Mcgonagall en compañía de aquel muchacho llamado Trent, le sorprendió la manera tan familiar en la que se trataban casi como si se conocieron desde antes.

-¿Les molesta que me siente con ustedes? – preguntó en cuanto estuvo cerca de ellos. Ron le miró extrañado

-No, siéntate – habló Hermione mientras aquel muchacho se sentaba a su lado – Te presento a Ron Weasleys – dijo ella señalando al pelirrojo que asintió desconfiado a su lado Harry permanecía en silencio – Él es Trent Leyton, de quién te hablábamos Ron.

-Oh, entiendo – habló este estrechando su mano con la del recién llegado – mucho gusto.

-Igualmente – sonrió este - ¿Cómo han estado? – observando a Harry y Hermione

-Bien – respondió el moreno observando como la profesora Mcgonagall llegaba en compañía de los alumnos de primer año - ¿Y tú? ¿Te aburriste mucho en el castillo?

-No mucho – contesto encogiéndose de hombros – es agradable el silencio del castillo – afirmó. El moreno quiso preguntar algo más pero contuvo al dar inicio la ceremonia de selección de casa.

Por suerte el sombrero no estaba en su habitual juego de palabras y la ceremonia de desarrollo con normalidad a los pocos minutos se encontraban cenando a gusto, en realidad solo Hermione, Trent y Harry, porque Ron se encontraba molesto por el recién llegado. Y hasta cierto punto, el mismísimo Harry se hallaba incomodo, sabía que al volver al castillo aquel intimo mundo que había compartido con su amiga durante una semana, tendría que ampliarse hacia otras personas, pero aun así no lograba acostumbrarse a ello.

-Soy adoptado – habló este llamando la atención del moreno – mis padres murieron cuando tenía cuatro años. No puedo quejarme han sido buenos padres conmigo a pesar que hace un par de meses perdí a mi padre adoptivo. – contó.

-Lo siento mucho – susurró Hermione colocando su mano sobre la del muchacho. Un suave gruñido que solo pudo oír Harry salió de su amigo, discretamente le golpeó a un costado – tu madre no debe estar bien

-No es fácil – cabeceo Trent llevándose un poco de jugo a la boca – pero es una mujer fuerte que amaba mucho a mi padre, estoy seguro que se recuperará de su partida.

-Disculpen – dijeron los cuatro jóvenes observaron a Ginny – Hermione ¿Puedo hablar contigo? – pidió esquivando la mirada de su hermano

-Claro – dijo ella levantándose de su asiento para luego hablar en privado

-Espero que logré sacarle algo a mi hermana – murmuró Ron masticando con fuerza su carne asada. Harry rodó los ojos desesperado – Cómo me enteré que tiene algo con esa serpiente

-Ron – le regaño Harry – No tienes pruebas además es Malfoy – recordó

-Aun así, no me fío – murmuro prestándole atención a su comida. Trent por su parte se había mantenido al margen de aquella situación. En vez de eso, se voltio para dirigir su mirada hacia la mesa de profesores, empuño su mano al tiempo que una mueca de desagrado se hacía presente en su moreno rostro. Respiró con cierta frustración aquello le parecía irreal.

Volvió a su cena sintiendo una mirada sobre su nuca, le había visto molestarse y lo más seguro es estuviese molesta pero aquello no le preocupo tenía razones suficientes como para reclamar y hacer todo el escandalo posible. Notó como Hermione se sentaba a su lado y posteriormente era interrogada por Ron, ella simplemente le ignoró y siguió con su cena, percibió la mirada de Harry sobre ella quien solamente hizo un gesto sin importancia.

-Voy a la sala común – anunció Trent incorporándose de la mesa – Buenas noches.

-Buenas noches – dijeron los tres.

La cena continuo con normalidad, al paso de los minutos muchos ya comenzaban a retirarse hacia sus habitaciones mañana sería el primer día de clases y necesitaban descansar de un largo viaje. El trío imito a sus compañeros y salieron del comedor para dirigirse a su sala común, en el camino Ron se alejó de ellos porque su hermana se había unido. Gesto que la pelirroja no dio importancia ya acostumbrada al genio de su hermano.

-Voy a subir un momento, Ginny - dijo Hermione observando a la pelirroja quien asintió

-¿Qué les sucede? – inquirió Ron a su amigo que negó tan confundido como el – Tendré que preguntárselo luego.

-No la presiones – habló el moreno – lo único que conseguirás es que ella se enfade contigo.

-Sí, tienes razón – murmuro este sentando en el sofá mientras una sonrisa cruzaba su rostro – No conviene que se enfade conmigo, debo recuperar aquella semana perdida – comentó. Era una suerte que Harry tuviese una almohada sobre su rostro de lo contrario su mueca de dolor hubiese sido evidente – Por cierto Harry ¿Hermione me menciono o hablaron de mí? – Preguntó

-No, durante los primeros días intente darle su espacio – habló con la voz distorsionada por el cojín – y luego nos dedicamos a hablar de otras cosas.

-¿Qué cosas? – preguntó Ron y el moreno tragó saliva al percatarse del atisbo de celos en su voz, mantuvo la calma y contesto

-El colegio y algunos recuerdos de sus padres – respondió secamente. Ron lo entendió y guardo silencio por un par de minutos.

-Muchas gracias, Hermione – escucharon ambos jóvenes. Harry se quitó el cojín de encima y vio como la pelirroja salía de la sala común. Hermione se acercó hasta donde estaban sus amigos y se sentó al medio de ellos. Quizás fue la costumbre de una semana o simplemente siempre fue así pero apoyó su cabeza en el hombro del moreno de manera tan natural que ni siquiera la mirada penetrante de su amigo hizo a Harry rechazar aquel contacto.

-¿Qué llevaba mi hermana? – preguntó Ron evitando cruzar mirada con su amigo - ¿Y adónde iba tan de noche?

-Es un favor – susurró Hermione manteniendo los ojos cerrados – y no sé dónde fue. No pienso decirte nada más por mucho que seas su hermano.

-¿Y si estuviera en peligro? – le miró molesto observando a su amiga abrir los ojos y devolverle la mirada molesta

-Sí fuera así, ten por seguro que yo misma hubiese impedido que saliera, Ron – argumentó – además Ginny sabe lo que hace y estoy segura que no se expondría a un riesgo innecesario. – terminó y volvió a cerrar los ojos, tuvo la intención de abrazar a Harry pero aquello sería exponerse demasiado, habían alumnos allí. Y Ron se encontraba suficientemente cabreado.

-De acuerdo – bufó molesto incorporando del sillón – me voy a dormir pero no voy a descansar hasta que Ginny me diga lo que se trae entre manos. Buenas noches. – sentenció caminando a grandes zancadas hacia la habitación de chicos

-No le hagas caso – murmuro Harry relajándose – para mañana se le pasará y te pedirá disculpas por su actitud idiota. Además solo se preocupa demasiado por su hermana ¿Estás segura que no hay peligro? – preguntó

-Completamente – susurró ella – además mi intuición me dice que Ginny está a salvo y no se trae nada entre manos. En fin, ya es muy tarde – incorporándose del sillón – Buenas noches, Harry – se despidió dándole un beso en la mejilla – nos vemos mañana.

-Buenas noches – sonrió este y cuando su amiga subía las escaleras, añadió – dale saludos a Momo – rió

-Bien – sonrió ella

Sin muchas opciones, el moreno no tuvo más remedio que irse a dormir sabiendo que Ron le esperaría en busca de alguna explicación, se molestó ante eso, después de todo Ron y Hermione no eran novios, solo amigos, tan amigos como él lo era con ella. Subió a paso firme las escaleras hasta quedar frente a la puerta, allí solo se encontraba el pelirrojo senado sobre su cama, extraño considerando que debería estar Trent.

Cerró la puerta y se encamino hacia su cama seguida de la mirada del pelirrojo, ya comenzaba a quitarse su uniforme cuando la voz de su amigo llegó hasta sus oídos.

-¿Qué significo lo allá abajo? – preguntó bruscamente agotando la poca paciencia del moreno que simplemente se encogió de hombros

-Siempre lo ha hecho – respondió colocándose una camiseta – que no te hayas dado cuenta, no es mi problema. Además, solo somos amigos y lo sabes.

-Porque lo sé es precisamente porque no te rompo cara – argumentó el pelirrojo – Escucha, pienso declararme a ella en un par de días y quisiera pedirte que intentarás dejarnos solos durante esta semana

Quiso darse la vuelta y observarle pero se contuvo al percatarse que su cuerpo se había quedado paralizado, sintió que en la garganta se apretaba y el oxígeno se había ido de sus pulmones. Sin decir palabra solo limito a asentir pesadamente seguido de un suspiro de agradecimiento por parte de Ron. Luego el moreno simplemente se acostó quedándose profundamente dormido, aquel día había sido largo y durante esa semana le esperaban peores.

En otra torre, Ginny esparcía con el mayor cuidado posible algunas cremas cicatrizantes sobre la espalda del rubio que se mantenía de pie en aquella torre de astronomía, solo suaves quejidos se escuchan por parte del rubio. Sin embargo, aquello le resultaba demasiado agradable e intentaba pensar en otra cosa que no fueran sus caricias, se maldijo internamente por mantenerla a su lado, él era demasiado peligroso y no debía retenerla a su lado, quiso convencerla que su novio Potter comenzaría a sospechar de su amistad pero al enterarse que solo eran amigos, le dejo sin excusa alguna para alejarla. Y es que en el fondo no deseaba alejarla de su lado, aquello era muy distinto a su egoísmo, simplemente sus sentimientos habían cambiado por aquella pelirroja.

-Ya está – dijo Ginny comenzando a guardar las cremas utilizadas – procura dormir boca abajo y no rozar tus heridas – recomendó – por lo menos durante las noches

-Gracias – susurró mientras se acomodaba su camisa – ¿Dónde conseguiste eso?

-Fue Hermione – confesó ella – no te preocupes, no sabe nada – le tranquilizó – piensa que es para una compañera.

-Ya veo – sonrió este – tendré que agradecérselo… tu hermano aún sigue insistiendo.

-Bastante – confesó apoyándose en el escritorio – pero solo le ignoro además su mayor preocupación es Hermione. Piensa declararse en unos días – dijo encogiéndose de hombros – aunque no sé cómo va a terminar eso. - murmuro pensativa. Recordó aquel osito de peluche metido en un bolso marrón, no necesito preguntar de quien era, las iniciales grabadas HP le dieron luz del dueño. – En fin. Deberías ir a dormir aquella tela solo quitará la crema – le miró preocupada y el rubio asintió, se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla susurrando un "Buenas noches". Espero quince minutos y luego salió de la torre hacia su sala común.

Definitivamente aquel año sería distinto, ya muchas cosas habían cambiado; la muerte del profesor Dumbledore, la reincorporación de Severus Snape, la muerte de los padres de Hermione, aquel trío de amigos que parecía tambalear, su amistad con Draco Malfoy y su incorporación al bando de Lord Voldemort, aquel muchacho sentado al lado de Hermione, todo cambiaba de manera vertiginosa. Sin embargo, tenía fe que todo se solucionaría de alguna forma y siempre y cuando todos estuvieran unidos.

Fin Capitulo Tres.

Tal y como lo prometí, ya estoy de vuelta, solo deseando que les haya gustado este capítulo, ya poco a poco ciertas cosillas se irán descubriendo, recuerden que todo está relacionado y siempre hay algo que las une todas, pronto sabrán que ese "algo". Por cierto Momo aquel peluche, es invención mía, y no saben cuanta gracia me hace cada vez que leo la parte donde Harry acuso al pobre osito. En fin, espero que sigan leyendo esta historia donde hay muchas cosas por descubrir, sobre todo considerando al personaje de Trent.

Por último muchas gracias a las personas que se tomaron la molestia de dejar un comentario y por supuesto a otras quienes solo están de paso, (durante muchos meses fui una de ellas, por ellos les nombró). Cuídense mucho y nos seguiremos leyendo.

Recuerden cualquier comentario, sugerencia serán bienvenida.

Hasta una próxima semana!