Buenas! Esta semana estoy un poco de bajón y me ha salido algo absolutamente trágico y dramático XD, que le vamos a hacer... :D

Me gustaría agradecer a toda la gente que me dejó un review en el anterior capítulo y también deciros que el Sasuke-pervertido ya me ha llegado pero de momento me lo quedo yo para disfrutarlo, jojojojojo XD

Pues eso, quiero daros las gracias a Emiita, saku_saku_uchiha, Aiko_Amitie, Patzy-chan, setsuna17, Anisita, neko-black-zet, Ikamari, kyo nakamura (me mató la imagen de Itachi con un moño rojo dentro de un armario XD XD si encuentro uno así te lo mando enseguida XD), Aki no kissu, Annamariia, Hatsune-san y asukasoad por haberos parado a dejarme vuestra opinión. Tengo algunas ideas para los próximos one-shots algunas tan pervertidas como las del anterior XD cuando tenga tiempo iré subiendo los caps :P

Espero que este os guste. Enjoy it! :D


Algo en esa imagen no encaja. No, no, no y no. Tiene que estar mal. Algo, lo que sea. Es como un sueño –una pesadilla horrible, fatal, desagradable- del que no puede despertarse. No puede ser. No puede ser porque hay fuego y dolor y destrucción y algo tiene que estar mal preciso. Las cosas no tendrían que ser así. NO.

Mira hacia los lados y busca entre un mar de gente muerta y de sangre -no mira sus rostros. Por si ve a alguien que conoce-. Busca entre lo que queda de Konoha. Y es que ahí hay algo que tiene que estar mal.

Quiere chillar y romperse, quiere culpar a alguien. A alguien que no tenga el pelo negro, la sonrisa fría y el corazón congelado. A alguien que no la mire como si no fuera más que una piedra en el camino. Un obstáculo inútil que tiene que ser eliminado. O a lo mejor es que se ha vuelto loca y todo son imaginaciones suyas, porque en sus ojos no puede leer nada –y quizás eso es lo que más miedo da-. Es ahí cuando todo parece romperse y caerse en mil pedazos dentro de ella –porque fuera ya no hay nada que no este destrozado-.

El odio la devora y la inunda entera. Y otras cosas. Otros sentimientos más suaves, más buenos y más típicos de alguien como ella que parecen estar marchitándose cada segundo que pasa. Otros sentimientos que ella había guardado y que en ese momento sólo sirven para provocarle un nudo en la garganta y un hueco en el pecho. Quiere matarlo y quiere morirse. Y quiere llorar. Y quiere dejar de amarlo. Pero no hace nada de eso. Levanta los puños y se pone en guardia mientras piensa en promesas rotas y estúpidas –traeré de vuelta a Sasuke, Sakura-chan-, en encuentros en un puente y en aquel banco donde todo empezó a derrumbarse. Mientras la impotencia se la come por dentro y se burla de ella por haber sido tan idiota, haberse mentido a si misma durante tanto tiempo y haber creído que toda esa mierda podía realmente acabar bien –los cuentos de hadas son para niños. O en su caso para idiotas románticas sin sentido común-.

Desenvaina la espada y sigue mirándola sin verla realmente. Le da igual –o eso quiere creer-, y es que duele tanto que ya le da igual. Y por un momento sólo están ellos dos. Y es imperdonable, irónico, caótico, absurdo, lamentable y definitivamente incomprensible. Porque él va a matarla –todavía es demasiado débil para estar a su altura. Ella todavía no ha perdido el corazón, todavía no es una kunoichi con todas sus consecuencias- y ella se va a morir amándolo. En el fondo él lo sabe, pero a él también le da igual –o eso le gusta pensar-.

Cae de rodillas y mancha el suelo con la sangre roja y espesa mientras él la mira –ahora viéndola realmente- desde arriba. Como siempre él la mira desde arriba, como si nada hubiera cambiado desde hace tantos años, pero si que ha cambiado. Ella no aparta los ojos de él. La rabia, la furia y el odio se han disipado y lo único que queda es la compasión. Y el amor. Tanto amor que al final ha acabado ahogándose en él. Porque como siempre ella ama demasiado y nunca recibe nada a cambio y todo ese amor sólo sirve para asfixiarla.

En lugar de rematarla, Sasuke se agacha y se pone a su altura. Siente sus labios fríos y suaves sobre los suyos. Si todo hubiera sido diferente yo también te habría amado, le quiere decir. No lo entiende pero lo acepta, a pesar de lo mucho que le duele aceptarlo sabe que es verdad. Le acaricia el pelo y la nuca -con cariño. La está matando- y se recrea en esos segundos que parecen eternos. Ojala pudiera durar para siempre, ojala todo hubiera sido diferente, ojala lo hubiera podido salvar.

Se levanta y la mira. Entonces se da la vuelta y ella no quiere ni pensar en lo que ha visto dentro de él. En lo que le ha dicho sin palabras. Porque lo sabe. La ha dejado viva pero la próxima vez –y habrá una próxima vez. Tratándose de ellos siempre la hay- todo tendrá que acabar. Y sabe que él espera que sea ella la que tenga el valor de terminarlo.

Cuando todo se vuelve negro, lo único en lo que puede pensar Sakura es en que en esa imagen algo no encaja. Algo no está bien. Porque no es posible que, de nuevo, lo único que pueda ver de él sea su espalda mientras lo vuelve a perder. Mientras ella, de nuevo y como siempre, se muere de amor.

No quiere ni pensar en lo mucho que va a doler cuando se levante.