Capítulo III

A diferencia de Raven, Ciel vivía en una casita unifamiliar ubicada en una coqueta urbanización de las afueras. Al salir del cuartel general de los Cuervos todavía con la pequeña demonio en brazos pensó que tendría que pedir un taxi si deseaba volver en mitad de la madrugada pero para su suerte Erik no tardó en ofrecerse para llevarles, quizá enternecido por la presencia de aquella niña o por la discusión que el peliazul acababa de mantener con su jefe. Ciel se acomodó en el asiento trasero para no dejar sola a la niña y ambos quedaron atrapados en un espeso silencio durante todo el trayecto, puede que fomentado por los distintos pensamientos que cruzaban sus mentes o porque tampoco consideraban que tuvieran que decirse nada. En la estricta jerarquía de ambas bandas los dos sabían perfectamente cuál era su lugar y pese a que Ciel respetaba al chico por ser un hombre de confianza de Raven, también sabía que en lo relativo a la estructura de los Cuervos él siempre sería un extraño.

El peliazul suspiró cuando el vehículo dejó atrás la informe masa de luces que suponía el núcleo de la capital, sintiendo tal vez parte de la calma que había buscado cuando decidió mudarse a ese lugar. Al abandonar el coche dio unos golpecitos en el cristal de la ventana del conductor y esbozó una sonrisa algo cansada como agradecimiento a su improvisado chófer antes de dirigirse hacia la entrada de su hogar, arrastrando los pies por el sendero de baldosas que cruzaba el jardín, empezaba a sentir que toda la tensión que aquella noche había soportado empezaba a pasarle factura y no veía el momento de meterse en la cama. Cerró por dentro dejándose caer de espaldas contra la puerta y de camino al salón dejó las llaves en algún punto del mueble que se encontraba en el recibidor. Miró de reojo a la niña todavía acurrucada contra su pecho, mantenía los puños cerrados casi pegados a su rostro y pensó dónde podría dormir más cómoda. Finalmente la dejó con suavidad sobre el sofá del salón y retiró la chaqueta que hasta entonces le había servido de manta. Frunció el ceño al comprobar los largos calcetines y las manoletinas negra que todavía llevaba la niña y se los quitó con mimo dejándolos al pie del sofá, seguidamente subió al piso superior y buscó una manta que verdaderamente la cubriese por completo y un mullido cojín. Acomodó a la niña con lentitud percatándose de que ni siquiera se inmutaba ante sus atenciones y aquello le preocupaba bastante pues no sabía en qué estado se encontraría.

-Ha tenido que ser un viaje muy largo y bastante duro, ¿verdad?-Susurró frunciendo el ceño y exhaló un suspiro mientras negaba con la cabeza y terminaba de arropar a su pequeña invitada-Espero que al menos ahora puedas descansar.

Se apartó con lentitud y regresó a su habitación a fin de prepararse para ir a dormir al fin tratando de dejar a un lado todas sus preocupaciones. Sin embargo, no se percató de que fuera, en su jardín se estaba formando un vórtice de energía demoníaca, un torrente cárdeno que poco a poco emergía del suelo ganando en tamaño e intensidad hasta que creó un portal lo suficientemente grande como para dejar salir a unos cuantos vargos armados con lanzas, arcos y otros que portaban un enorme escudo abombado. El sonido de cristales rotos seguido de un agudo grito infantil alertó al peliazul que bajó las escaleras a toda prisa desenfundando por el camino sus cuchillos de asalto. Por suerte no se había quitado todavía el cinturón que les servía de soporte. Al encender la luz del salón el panorama que se encontró logró hacerle dar un pequeño respingo. Buscó con la mirada a la demonio comprobando que había abandonado el sofá y se había refugiado en un rincón de la sala junto a una estantería.

-¿Estás bien?-Preguntó el peliazul mirándola de reojo, la niña temblaba completamente aterrorizada por lo que no recibió respuesta alguna-Tranquila, no dejaré que te hagan daño.-Asintió forzando una sonrisa.

Se volvió hacia aquellas horripilantes criaturas que avanzaban gruñendo de forma amenazante con la intención de atacar a su invitada o de llevársela a rastras. Seguidamente comenzó a disparar hacia los vargos que se ocultaban tras un enorme escudo, su propósito era hacerles retroceder o dispersarlos si con ello conseguía hacer salir a los otros atacantes. Sin embargo, los disparos de sus armas de Éldrit parecían ser inútiles contra aquel metal. Resopló y enfundó el cuchillo de su mano izquierda mientras rebuscaba en su bolsa alguna granada con la que aturdir a aquellos demonios, tal vez así pudiera ganar tiempo y poner a la niña a salvo. Sin embargo, de soslayo pudo advertir cómo uno de los vargos arqueros salía del refugio que aquella muralla de metal le proporcionaba y apuntaba hacia la pequeña. Con rapidez se interpuso entre ellos preparándose para disparar y desviar la flecha o al menos alcanzar al arquero. Sin embargo, sólo pudo servir de escudo humano para la albina y terminó por caer hacia atrás, de espaldas.

El proyectil le provocó un punzante dolor en el pecho, le había atravesado por completo. Intentó incorporarse para localizar el mástil de la saeta incrustado en su torso, pero no pudo divisar nada con una visión que se iba nublando por momentos, aunque supuso que no se trataba de una flecha convencional. Notaba cómo poco a poco el amargo sabor de su propia sangre inundaba su boca, así como se iba formando a su alrededor un charco de aquel rojizo y cálido líquido. Luchó por todos los medios por revolverse, pero lo único que consiguió es que su dolor aumentase mientras boqueaba como un pez fuera del agua. No podía resignarse a acabar así, sin embargo, la vida se le escapaba sin que pudiera evitarlo, lo último que percibió antes de caer inconsciente fue una tibia y suave mano aferrándose a la suya.

-¿Esto es todo lo que hay tras la muerte?-Fueron sus pensamientos, pero para su sorpresa pudo manifestarlos verbalmente y escuchar su ronca voz retumbando a su alrededor.

Le rodeaba una pesada y asfixiante oscuridad en la que parecía flotar o al menos estaba inmerso en ella, ciertamente era como estar a medio camino entre la bruma marina o sumergido bajo el agua. Poco a poco, dicha negrura fue aclarándose con una luminosidad azulada, seguía sin tener consciencia de su propio cuerpo, pero en cuanto sus ojos pudieron captar aquella desvaída luz, se fijó en sus manos bajando la vista para examinarse.

-No, todavía no ha llegado tu hora.-Frente a él se alzó una tenue voz infantil.

-Tú… ¿Dónde estoy? ¿Quién eres?-Preguntó Ciel en cuanto localizó a su portadora que no era sino la chica a la que había intentado proteger.

-Me llamo Luciela, pertenezco a una importante familia de demonios.-Explicó la niña avanzando hacia su salvador-En nuestro mundo estalló una feroz guerra por el trono y mis padres decidieron enviarme al mundo humano para evitar que me hicieran daño, pero veo que eso no ha detenido su afán de acabar con rivales para lograr hacerse con el poder. Me pregunto qué habrá sido de ellos, seguramente…-La peliblanca cerró los ojos con fuerza y se mordió el labio en una mueca de dolor que por primera vez alteró su dulce rostro. Aun así, Ciel tenía que admitir que no la había imaginado tan madura por lo que supuso que tendría que haber sufrido bastante y su inicial empatía hacia ella, aumentó a pesar de no saber exactamente lo que ocurría ni si aquello era real-Tú me has salvado, has dado la vida por mí y quiero agradecértelo, te propongo que firmemos un contrato.

-¿Dar la vida por ti? Eso significa que realmente sí que estoy muerto…-Ciel negó con la cabeza e inspiró hondo antes de volver a mirar a la niña-¿Qué tipo de contrato?

-Si quieres seguir viviendo te daré parte de mi alma para ello, a cambio tú me darás parte de la tuya y podrás usar mis poderes. Será como si formásemos parte de un único ser y jurarás seguir protegiéndome y ayudarme para poder recuperar mi lugar en el inframundo y vengarme-La peliblanca extendió la mano y ladeó la cabeza con una sonrisa algo juguetona-¿Aceptas?

-Es un precio alto, pero dado lo que me ofreces…-Ciel asintió mientras alargaba lentamente el brazo para asir la mano que Luciela le tendía.

En cuanto entrelazó su mano con la de la peliblanca, sintió un fuerte tirón como si le hubieran sacado a la fuerza del agua, tomó una agónica y generosa bocanada de aire tratando de ignorar la enorme quemazón que se había instalado en el pecho, justo en el lugar en que había recibido su herida mortal, era como si hubiese sido cauterizada. Tenía una sensación casi idéntica en la frente, pero se puso en pie con rapidez para acabar con los vargos que habían entrado en el salón. La pequeña Luciela no se quedó atrás e invocó dos enormes garras de un penetrante color azul que se adhirieron a sus brazos como si de un par de guantes se tratasen. Con ellos hizo aparecer un reguero de cerúleas llamas que dirigió hacia los vargos con escudo, obligándoles a retroceder. Por su parte, Ciel, con una agilidad mucho mayor de la que disfrutaba cuando era un humano normal, se abalanzó sobre el resto de vargos empleando sus cuchillos para asestar una serie de mandobles hacia ellos. Aquel súbito ataque no fue previsto por los vargos quienes ante aquellas novedosas circunstancias decidieron retirarse a la carrera hacia el portal, cerrándolo al instante.

-¡Bien!-Luciela celebró su victoria dando unos pequeños saltitos-Eres un sirviente genial, presiento que nos vamos a llevar muy bien.-Seguidamente sonrió haciendo desaparecer sus garras y llevándose las manos a la espalda-Por cierto, ¿cómo te llamas tú?

-Sirviente, ¿cómo que sirviente?-Ciel frunció el ceño y se colocó de nuevo sus cuchillos en el cinturón. Fue entonces cuando cayó en la cuenta de que el aspecto de la pequeña Luciela era distinto, ahora llevaba una capucha y el pelo recogido en dos grandes coletas a ambos lados de su cabeza-Me llamo Ciel, ¿yo puedo llamarte Lu? Luciela es un nombre muy largo…-Se excusó desviando la mirada hacia el destrozo que habían hecho los demonios.

-Has escogido a una buena señora, Ciel.-Afirmó Luciela con gesto altanero y luego soltó una risita-Personalmente preferiría que me llamases señorita Luciela, pero supongo que no me quejo…-Se cruzó de brazos mientras fruncía los labios enseguida un rugido de su estómago la llevó a componer una expresión de desconcierto.

-Muy bien, señorita Lu, voy a prepararle un pequeño tentempié, tenga cuidado con los cristales.-Ciel cogió a Lu en brazos para alejarla de los restos de la batalla y la sentó en una silla de la mesa del comedor.

La chica se acomodó balanceando las piernas y observándolo todo a su alrededor con curiosidad mientras que su nuevo sirviente ponía rumbo a la cocina. Ciel preparó una taza de chocolate caliente y apartó algunas de las galletas que había dejado listas en uno de sus arrebatos de cocina frenética que llevaba a cabo para calmarse.

-Espero que te gusten.-Dijo Ciel poniendo frente a la chica lo que había preparado.

-¡Oh, dulces!-Canturreó la pequeña Lu dando saltitos en su asiento-Hice bien en hacer el contrato contigo.-Asintió con una leve sonrisa algo maquiavélica, ya estaba pensando en qué tipo de dulces le pediría para la próxima vez-Que aproveche.

El chico contuvo una risita y le puso un cojín en la silla para ayudarla a estar más cerca de la mesa y volvió sobre sus pasos, suspirando. Había pensado que tal vez el chocolate y las galletas la ayudasen a relajarse y le levantasen el ánimo. Regresó a la cocina y volvió con la escoba y un trapo de cocina que anudó al cuello de la chica a modo de babero. Mientras se disponía a barrer los cristales rotos desperdigados por el suelo, vio de reojo lo que parecía ser su reflejo en un espejo de aquella sala y casi se le escurrió la escoba de entre los dedos. Su pelo, anteriormente azul había pasado a ser de un blanco plateado y sólo quedaba un mechón en su flequillo de su antiguo color. Además, sus orejas se habían vuelto puntiagudas. Se acercó lentamente al espejo como si dudase de la imagen que este le devolvía, después de lo sucedido, temía que volvieran a atacarles. Finalmente se examinó con más calma, las pupilas de sus ojos azules ahora mostraban una cruz negra y al levantarse parte del flequillo apreció el mismo símbolo en su pálida piel.

-¿Lu, qué es todo esto? ¿Qué me ha pasado?-Preguntó volviéndose hacia la niña con gesto de desconcierto.

-¿Ah?-Lu se giró para observar al chico con varias manchas de chocolate en la cara mientras intentaba mojar otra galleta en el mismo-Te dije que te daría parte de mi alma así que ahora eres medio demonio y además tienes la marca del contrato.-Se encogió de hombros con total tranquilidad y siguió comiendo-Concretamente eres el ángel de la muerte, un sigiloso y letal asesino que me ayudará a cumplir mi venganza cuando vuelva al inframundo. Pero antes de eso, tengo que recuperar mis poderes…

-Esto no puede estar pasando…-Murmuró el semidemonio negando con la cabeza y recogiendo los cristales que quedaban.

Volvió a la cocina otra vez y tras echar los cristales a la basura, se apoyó contra un hueco de la pared sujetándose la cabeza con la mano, notaba que todo le daba vueltas y un dolor martilleándole en las sienes, puede que demasiados cambios e información que necesitaba asimilar. Recordó sus inicios en los bajos fondos de Bélder y pensar que otra vez tendría que volver a actuar como un sicario le hacía sentir una amarga culpabilidad y cierta nostalgia, al menos tenía un poderoso motivo y esperaba que sus víctimas sólo fueran demonios. Acudió otra vez al salón y recogió los platos no sin antes quitarle el paño a Lu y limpiarle las manchas de chocolate con una servilleta humedecida. Mientras él fregaba los platos de aquella merienda nocturna, Lu volvió a recostarse en el sofá en el que se había despertado.

-Ciel, ven aquí.-Pidió la pequeña demonio incorporándose un poco en el sofá al ver pasar a su sirviente, en cuanto este llegó, se puso en pie sobre el mueble para estar a una mayor altura y le dio un cariñoso abrazo, sonriente-Gracias por las galletas, estaban muy buenas. Y también por salvarme y todo…

-No tienes nada que agradecerme, Lu.-Respondió el semidemonio, suspirando y correspondiendo al abrazo-En cierto modo tú también me has salvado, así que estamos en paz. Ahora descansa, ha sido un día muy largo para ambos y es tarde.-Ciel la soltó y revolvió su pelo, la pequeña volvió a recostarse hecha un ovillo y Ciel la arropó-Estaré arriba si necesitas algo, ¿de acuerdo? Mi habitación es la del fondo. Buenas noches, Lu.-Se despidió de la demonio agitando la mano y dibujando una sonrisa.

Ciel subió a su habitación y se puso el pijama, no pensó que acoger a aquella niña fuera sencillo pero la situación había dado un vuelco y por desgracia para él las cosas se habían complicado todavía más de lo que habría imaginado en un principio. Trató de calmar la tempestad de pensamientos que había en su mente al meterse en la cama, pero no sabía cómo se tomarían Raven y el resto de los Porus su recién adquirida condición.

-Eh, esto…-Lu asomó la cabeza por una rendija de la puerta entrecerrando los ojos a causa de la oscuridad, había tenido que auparse para alcanzar el picaporte-¿Puedo dormir aquí contigo, Ciel?

-Claro, por supuesto.-Asintió Ciel encendiendo la luz y dejó escapar una risita entrecortada al comprobar que la pequeña se había envuelto en la manta para hacer el camino hasta su cuarto, tal vez porque se sentía algo más protegida-Espera, te dejaré algo.

En tanto que Ciel rebuscaba en sus cajones, la niña se arrebujó todavía más en la manta, desparramando sus flecos por el suelo. El semidemonio acabó dando con una camiseta de manga larga que seguramente le serviría como vestido y se la ofreció. Lu se quitó la manta de encima y entró al baño, enseguida salió con aquel sustituto de pijama, tal y como Ciel se había imaginado, le llegaba casi a los pies y se le escurría por un hombro, Lu se frotó los ojos con las manos que se intuían bajo las mangas.

-Creo que mañana vamos a tener que ir de compras…-Murmuró para sí el chico y se acurrucó, haciéndole un hueco a la niña, quien rápidamente subió a la cama de un saltito y buscó una postura cómoda-¿Tienes miedo? ¿Te preocupa que vuelvan a por ti otra vez?-Preguntó mirándola de reojo, supuso que estaría recordando inevitablemente todo lo que le había ocurrido, al igual que él.

-No se rendirán tan fácilmente, pero tengo que ser fuerte, me siento más aliviada ahora que tú estás aquí para protegerme.-Afirmó Lu volviéndose hacia su sirviente mientras ahogaba un incipiente bostezo-Por cierto, con el contrato es posible que rememores vivencias mías…-Le advirtió alzando un poco la cabeza-Es raro al principio, pero supongo que te acostumbrarás. Además, piensa que así tendrás más agudizados los sentidos para detectar enemigos y sus puntos débiles.

-De eso hablaremos en otro momento.-Interrumpió Ciel al verla bostezar y se encargó de arroparla e inclinarse para darle un beso en la frente-Buenas noches otra vez, Lu, que descanses.

La demonio a su lado no tardó demasiado en rendirse al sueño y Ciel compuso una tierna sonrisa al verla finalmente tranquila de nuevo pese a seguir dándole vueltas a demasiadas cosas por lo que se forzó a cerrar los ojos suspirando a la espera de que él fuera el siguiente en poder descansar pronto.

(***)

Tal y como había vaticinado Ciel, las ediciones de informativos matutinas se hicieron eco del golpe que los Cuervos y los Porus habían asestado en el puerto. La sede del Gobierno de Bélder era el hervidero habitual, acrecentado por una pizca de resignación e indignación. Álex y Lendo veían atentamente el noticiario en el despacho de este último. Un elegante y sobrio mueble de madera oscura ocultaba la televisión, así como un dispensario de bebidas, una cafetera y bandejas con dulces y tentempiés salados. La agente Elesis también se hallaba presente, las órdenes que debía recibir se habían visto interrumpidas por el programa.

-¡Maldición!-Lendo golpeó la mesa con ambas manos y apretó los dientes-¡Y tienen la desfachatez de calificarlo como una operación impecable! ¿No se supone que teníamos a los medios de nuestra parte gracias al apoyo económico? Apaga eso.-Ordenó a su jefe de seguridad haciendo un gesto displicente con la mano, no quería seguir oyendo halagos dirigidos a aquellos criminales aunque interiormente le dolía tener que reconocer su habilidad.

Álex se apresuró en seguir las órdenes del Gobernador y este se frotó las sienes sin hacer caso al café, todavía humeante aunque no por mucho tiempo que seguía reposando en su mesa y que había dejado desatendido en cuanto dieron el aviso de que le convenía saber a qué se enfrentaba. Aquello era un golpe negativo a su imagen y a su propaganda.

-¿Cuáles son mis órdenes, Gobernador?-Preguntó Elesis, tratando por todos los medios de mantenerse impasible. Sin embargo, no pudo ocultar un amago de sonrisa de triunfo ante la actitud del Gobernador y su fiel lacayo. Si los propios periodistas se encargaban de alabar la labor de los Cuervos y de los Porus era porque habían empezado a verlos de una forma similar a la que tenían los ciudadanos de Hamel poco antes de que las autoridades dejasen de perseguirlos, no obstante, manifestar aquello en voz alta le habría costado su puesto con lo que se contentó con seguir disfrutando de su desconcierto en silencio.

-Más te vale haber estudiado detenidamente la información que se te suministró, Elesis.-Advirtió Lendo con una severa mirada antes de dar un trago de su café o al menos de intentarlo ya que la rabia alteraba su pulso y tuvo que volver a depositar la taza sobre el plato.

-Así lo hice, Gobernador.-La pelirroja alzó las cejas sintiéndose cuestionada y se llevó las manos al pelo para retocarse la pequeña trenza que hacía de guirnalda para recoger su propio cabello y que se unía con la coleta alta que se había hecho. Un peinado demasiado elaborado para alguien como ella, pero tenía que dar buena impresión. Para colmo y acentuando su mal humor e indefensión al encontrarse fuera de un entorno que dominaba, la habían despojado de su uniforme oficial y ahora vestía como una simple secretaria más: camisa blanca, falda negra ceñida, chaqueta igualmente negra y tacones negros-Pero sigo esperando sus órdenes.

-Pues entonces sal y busca a ese tal Raven, conviértete en su sombra y averigua hasta qué pasta de dientes usa.-Ordenó Álex apoyando una mano en su cadera y la otra sobre el escritorio, tamborileando con los dedos en la mesa al tiempo que lanzaba una gélida mirada a la chica-Necesitamos ampliar información sobre sus hábitos para planear cómo detenerle.

-¿No sería más fácil buscar a quienes le suministran la información y conseguir un soplo antes que ellos para pillarle in fraganti?-Preguntó Elesis poniéndose en pie y exhalando un suspiro.

-Haz lo que se te ordena, Elesis.-Espetó Lendo apurando el café ya frío de un trago y apoyándose en la mesa para acercarse más a la chica-Cuando sepas algo nuevo, avísanos y empezaremos a pensar cómo harás para infiltrarte en la banda. Vamos, no pierdas el tiempo.

-Como ordene, Gobernador…-Murmuró la pelirroja con frialdad y recogió su chaqueta del respaldo de su asiento y se la echó a la espalda con una mano mientras caminaba hacia la puerta y abandonaba el despacho con rapidez, estar en presencia de aquellos dos hombres siempre la exasperaba.

Se echó de espaldas sobre la puerta cuando la cerró y puso los ojos en blanco antes de resoplar y seguir avanzando no sin antes bajarse aquella maldita falda tan incómoda. ¿Qué podía hacer ella en una ciudad que no conocía contra un experimentado traficante de Éldrit? Definitivamente nadie apostaría por ella en aquella particular batalla, pero dibujó una sonrisa ladeada con gesto altanero, quizá eso fuera una ventaja y el factor sorpresa jugase en su favor. Lo poco que había podido leer sobre el líder de los Cuervos le dejaba claro que era un hombre de carácter fuerte que había amasado una enorme fortuna con el tráfico de Éldrit y que si bien no era tan excéntrico como la mayoría de ricachones de Bélder ya que tenía que mantener su discreción sí que tenía una serie de aficiones que esperaba poder rastrear en su peculiar búsqueda.

(***)

Desde bien temprano, las instalaciones de los Cuervos habían tenido el trasiego típico de la llegada de un nuevo cargamento que exigía ser refinado y preparado. Con la eficiencia que los caracterizaba habían logrado limpiar los cristales de Éldrit y desechar las escasas impurezas de tal modo que, al mediodía, Raven ya pudo cargar con parte del pedido en su coche y alejarse de la base con un destino muy concreto.

En el extrarradio de la capital, en una colina situada cerca de la frontera con las montañas de Peita se alzaba "El núcleo 2.0" la mansión que ocupaba Eve, una aristócrata Nasod, concretamente entre los suyos era conocida como la emperatriz Nasod. Eve había conseguido resurgir y deseaba la prosperidad de su raza, cuya imagen había sido desprestigiada por la tiranía que el rey Nasod había impuesto en Altera y en las minas de Besma. La emperatriz fue inflexible con él y acabó con él quien había acabado siendo corrompido por un uso inadecuado del Éldrit, reclamando así su título. Los estudiosos de los Nasod y quienes eran asiduos a hacer negocios con ellos valoraban el rumbo que la raza Nasod estaba tomando bajo el mando de Eve cuyos complejos y precisos códigos la hacían la gobernante perfecta e infalible, aunque con un aspecto más humanizado que lograba algo más de simpatía por parte de quienes trataban con ella.

Eve había patrocinado el mecenazgo de algunas industrias de Bélder que se veían amparadas por ingenieros Nasod de gran precisión que no exigían apenas atención de ahí que hubiese iniciado un retiro a Bélder a pesar de que los Nasods eran originarios de Altera. Puede que con el tiempo incluso se hubiera acomodado y acostumbrado a las costumbres humanas o que simplemente considerase que su estancia en Bélder era necesaria para supervisar a las distintas empresas, así como el tráfico de Éldrit, pero lo cierto era que la emperatriz Nasod seguía afincada en la que en un principio iba a ser una residencia provisional y de recreo.

En cuanto el líder de los Cuervos llegó a la cerca exterior de la mansión, bajó del vehículo para accionar el comunicador e informar de su llegada, inmediatamente la reja mecánica comenzó a abrirse y Raven pudo entrar conduciendo hasta la escalinata principal, no sin antes coger un maletín metálico que reposaba en el asiento del conductor. Seguidamente, fue conducido por uno de los sirvientes Nasods hasta el despacho de la emperatriz.

No era la primera vez que visitaba aquella mansión, pero el camino por aquellos largos pasillos siempre se le hacía interminable a pesar de poder admirar la exquisita decoración, tal vez demasiado anticuada y recargada para su gusto. En teoría los Nasods no estaban programados para el mal y sólo los mejores construidos con códigos más extensos y complicados podían emular emociones humanas. Fue gracias a Eve que pudo lograr su brazo Nasod cuando lo perdió en el pasado pero su convivencia con aquel aparato había despertado su recelo hacia aquella raza. El programa de funcionamiento había revelado tener conciencia propia y aquello le hacía perder el control con frecuencia, lo cual sumado a su carácter ya de por sí explosivo era una pésima combinación. Aun así, trataba de ignorarlo y convivir con ello puesto que su orgullo ya había sido bastante herido al aceptar su ayuda.

-Lady Eve…-Saludó Raven sin demasiada ceremonia y apoyó una mano en el sillón de orejas de terciopelo rojo, muy parecido al que ocupaba la Nasod.

-Bienvenido, Raven.-La Nasod correspondió a su saludo con una inclinación de cabeza y el chico se sentó en cuanto vio un gesto favorable por parte de su anfitriona, dejando el maletín con cuidado sobre el escritorio-¿Un té?-Eve señaló a una sirvienta Nasod a su lado que esperaba junto a un carrito con un fino juego de té de porcelana blanca lacada que lucía un estampado floral en suaves tonos pasteles. Ante el titubeo del chico, la sirvienta procedió a rellenar la taza de la otra Nasod y se retiró respetuosamente dando un paso atrás, a la espera.

-No, gracias, sólo será un momento.-El chico giró el maletín para introducir el código numérico y cuando oyó el crujido que demostraba que la cerradura se había abierto, levantó la tapa y sacó un pequeño cristal azulado, había bastantes más pequeños, algunos de un tono más claro hasta trasparente, parecían piedras preciosas en bruto, incluso podrían pasar por diamantes-Esto es sólo una muestra, pero no difiere del resto.-Dijo tendiéndole el cristal para que lo examinase junto con una lupa que se hallaba guardada en otro compartimento interior del maletín.

La Nasod cogió el cristal y rechazó la lupa, en su lugar un haz de luz proveniente del medallón azul que coronaba su frente recorrió el cristal, escaneándolo. Seguidamente dejó caer el fragmento de Éldrit en su té, este burbujeó durante unos segundos como si fuera un elixir mágico borbotando en el caldero de un druida. Finalmente, el cristal de Éldrit salió a flote comportándose como un cubito de hielo y la Nasod dio un sorbo a la taza con parsimonia.

-El Éldrit es de calidad óptima.-Afirmó la emperatriz asintiendo con un movimiento de cabeza poco natural sin variar su hierático gesto. Tras ello, chasqueó los dedos y el mayordomo Nasod que le había acompañado depositó frente a él otro maletín, esta vez de cuero-Sé que los humanos tienden a ser desconfiados y puedes contar para asegurarte de que la cantidad que acordamos es la correcta, aunque no sea necesario ya que mis ayudantes no han cometido ningún error.

-Es una de esas inexplicables costumbres humanas, nada más.-Comentó Raven con una mordaz sonrisita mientras colocaba el maletín frente a él abriéndolo antes de comenzar a contar los fajos de billetes uno a uno con total calma, nunca había tenido problemas con la emperatriz pero aquel alarde de arrogancia conseguía crisparle. A pesar de que en teoría la Nasod no debería expresar emociones, Raven comenzaba a dudar de aquella característica inicialmente programada como tal. Cuando terminó fue guardando cuidadosamente los montones de billetes encajándolos en su lugar y cerró el maletín mientras se ponía en pie-Esperaré el aviso para el próximo encargo.

En cuanto encaminó sus pasos por la mullida alfombra para abandonar aquel despacho, fue seguido por el mayordomo que le acompañaría hasta la puerta más por cortesía que por ser realmente necesario ya que conocía de sobra el camino.

-De acuerdo.-La metálica voz de la Nasod sorprendió al exmercenario-¿Ha habido algún inconveniente con el funcionamiento del dispositivo Nasod?

Aquella pregunta le pilló totalmente desprevenido, aferró con más fuerza el maletín retorciendo el asa en su mano, aunque no se volvió hacia la emperatriz, simplemente inspiró hondo.

-En absoluto, ¿cómo iba a causar problemas una tecnología perfecta?-Raven agradeció estar de espaldas y que la emperatriz no pudiese ver su sardónica sonrisa, aunque dudaba que la Nasod estuviera preparada para entender el sarcasmo, en ese tipo de cuestiones los humanos seguían teniendo ventaja y lo agradecía-Hasta pronto, lady Eve.

Apretó el paso en cuanto el mayordomo le abrió la puerta, no quería pasar más tiempo del necesario en aquella mansión. Aquel sirviente Nasod le acompañó durante todo el camino de nuevo sin hacer un solo comentario y Raven resopló aliviado cuando volvió a entrar en su vehículo dejando el maletín en el asiento del copiloto antes de acelerar a fondo para dejar atrás el Núcleo. Una vez el encargo había sido saldado tendría que comprobar si había más interesados en el Éldrit restante para lo cual se dirigió a una de las oficinas del distrito comercial de Bélder, totalmente distinta a la nave industrial que usaban de almacén y centro de operaciones. Aquel refugio de los Cuervos no era sino la supuesta agencia de detectives que servía a muchos de tapadera, entre ellos al propio Raven.

(***)

Aquella mañana estaba siendo agotadora quizá porque acusaba el cansancio de haber podido dormir poco además de todo lo que había sucedido. Por suerte, había conseguido contactar con los Porus para saber el estado del cargamento y había preguntado si sabían algo de Raven, le habían informado de que se había marchado a hablar con Eve para entregar el cargamento y cobrar lo que faltaba, sin embargo, no se había atrevido a dar detalles de su repentina transformación y le inquietaba la reacción de los Porus cuando lo vieran aparecer por la base, incluso se preguntaba si lo reconocerían. Ciel caminaba con un montón de bolsas en sus manos, tenía que reconocer que Lu tenía bastante buen gusto a la hora de vestir incluso en las prendas más desenfadadas e informales. Recordó que dijo haberse criado en una importante familia del inframundo y desde luego no podía ponerlo en duda. Se dejó caer en un banco en la planta baja del centro comercial mientras que Lu salía corriendo hacia una zona recreativa infantil.

El semidemonio apiló las bolsas a su lado y exhaló un suspiro, no sabía si aquel cansancio era porque no terminaba de acostumbrarse al repentino cambio que acababa de sufrir o si el contrato le cedía su energía a Lu ya que la pequeña estaba tan activa como siempre, correteando y riendo. Sonrió para sí mientras la veía jugar, se sentía casi como un padre o un hermano mayor, era como si hubiera envejecido varios años de golpe. Rebuscó el móvil en el bolsillo de su pantalón y jugueteó con él durante unos segundos antes de decidirse a llamar a su amigo, ni siquiera sabía si se dignaría a contestar.

-¿Qué quieres?-Espetó la voz del exmercenario al otro lado de la línea, a veces podía ser sumamente cortante y lacónico y aquello exasperaba a Ciel.

-Al menos me has contestado…-Respondió Ciel en tono de sorpresa exhalando un suspiro mientras se encorvaba hacia delante apoyando el codo sobre su rodilla sin dejar de vigilar a Lu.

-Sabía que tarde o temprano llamarías aunque fuera por cuestiones de negocios.-Explicó el exmercenario con idéntico tono serio aunque algo más calmado. En su opinión, era su amigo quien tenía que disculparse, pero también tenía que reconocer que su reacción había sido desmedida.

-Ya sabes que no te llamo sólo para eso.-El semidemonio exhaló un bufido y negó con la cabeza-Escucha, Raven, reitero mis disculpas. La verdad es que mi comentario fue bastante desafortunado, pero estaba preocupado.-Expuso, mordiéndose el labio-Y además creí que si yo te apoyaba en tu decisión tú harías lo mismo conmigo.

-Si dijiste eso es que tanto no me apoyarás, ¿no?-Preguntó con cierto deje de resentimiento antes de hacer una pausa-Está bien, acepto tus disculpas, Ciel. Yo también tuve un comportamiento inadecuado, olvidémoslo y ya está, ¿de acuerdo?

-¡Ciel!-Llamó la pequeña Lu mientras se acercaba corriendo hasta el banco-Tengo hambre, ¿puedo comerme un helado? Oh, estás hablando por teléfono, ¡qué guay! ¿Puedo hablar yo también?

-Espera un momento, Lu, por favor.-Pidió el semidemonio incorporándose para alejar el teléfono del alcance de la chica-Enseguida nos iremos a casa.

-¿Lu?-Preguntó Raven con incredulidad-Veo que al final sí que acogiste a esa niña…-Soltó una risita-No tienes remedio, Mamá Poru.-Realmente sabía que el chico tenía un don para los animales y los niños, era mucho más fácil tratar con él ya que ciertamente tenía don de gentes de ahí que muchos prefiriesen dirigirse a Ciel antes que a él.

-Bueno sí, sobre eso quería hablarte…-Ciel se revolvió el pelo jugueteando con el único mechón azul pensando todavía cómo abordar aquello y miró de reojo a la niña que se había sentado junto a él para revisar las distintas bolsas-He firmado un contrato.

-¿Y no me has consultado?-Preguntó algo crispado para seguidamente relajarse de nuevo visualizando todas las posibilidades-Bueno, si sólo es algo que involucre los cargamentos de tu zona…

-No, nada de negocios. Es algo más… personal.-El semidemonio hizo una mueca y cogió una de las bolsas evitando que cayese al suelo.

-¿Y entonces para qué me dices nada? No soy abogado.-Empezaba a perder la paciencia, los rodeos de Ciel le estaban haciendo sentir confuso-Ciel, ¿qué es lo que quieres decirme?

-Es que…-Dejó escapar una risita nerviosa-Digamos que cuando me veas me vas a encontrar algo cambiado. Pero será mejor que esto lo hablemos cara a cara, ¿vienes esta tarde a mi casa y te cuento? Y de paso me traes las fiambreras y el termo, pero me los friegas antes, por favor.-Propuso el semidemonio intentando desviar la atención de su amigo mientras se ponía en pie y recogía las bolsas sujetando el teléfono contra su hombro con la oreja.

-Ciel, ¿qué estás diciendo? ¿Cómo que algo cambiado? ¿Tengo que preocuparme?-Preguntó apresuradamente el exmercenario.

El semidemonio colgó y dejó unas bolsas en el suelo para guardarse el teléfono en su bolsillo, sabía que poner a prueba la paciencia de su amigo no era la mejor idea, pero seguía siendo una excelente forma de conseguir que le prestase atención.

-Vámonos, Lu.-El semidemonio llamó a la niña cuando terminó de acomodar las bolsas en sus manos y esta le siguió dando saltitos.

-¿Vamos a comer helado?-La chica se adelantó poniéndose frente a él con ojos brillantes y expresión ilusionada.

-Nada de eso, nos vamos a casa, no puedes estar comiendo dulces siempre…-Ciel resopló negando con la cabeza pasando de largo junto a la pequeña e ignorando su gesto de fastidio.

Supuso que lo próximo que tendría que hacer era acondicionar una habitación para la niña y se asombró a sí mismo con aquel pensamiento, parecía que la experiencia cercana a la muerte que había vivido con la chica había conseguido forjar un vínculo muy fuerte entre ambos más allá del contrato y realmente sentía que Lu había estado junto a él siempre. Pensó en lo sola que debía haberse sentido la pequeña demonio hasta encontrarle y decidió hacer todo lo posible por hacerle olvidar toda aquella soledad.