Brush The Murderer
Chapter 1
New Charge
Si deseas morir ahora imagina todos aquellos que han muerto sin haberlo deseado
Quinn despertó con brusquedad al mismo tiempo que respiraba agitadamente, sentía como su corazón estaba a punto de salir de su pecho. Tomo un poco de aire para intentar calmarse. La misma rutina de despertar siempre por causa de aquella pesadilla, la cual no la abandonaba desde hacía ya un año y seis meses.
- ¡Rayos! – exclamo mientras se estrujaba los ojos
Quito el edredón que en esos momentos cubría la mitad de su cuerpo, poso sus pies desnudos sobre el frio suelo, sin mucha prisa se levanto y camino hacia el cuarto de baño encendió la luz y con toda la calma del mundo abrió el grifo del lavado, se inclino sobre el mismo y paso un poco de agua sobre su cara, nuevamente se incorporo quedando frente a frente con el espejo, donde miro su rostro desmejorado, tenia ojeras que ya eran permanentes en ella y todo gracias a que se dormía muy tarde y se levantaba muy temprano aun no entendía como su cuerpo había logrado resistir esa constante agonía estaba impresionada pero al mismo tiempo frustrada
- Demonios Quinn hasta cuando vas a seguir en esta situación – se reprocho a si misma mientras tomaba un frasco de pastillas de su botiquín lo abría con calma y colocaba una de las pastillas en su boca, tomo un poco de agua en su mano y la uso para ingerir dicho medicamento
Salió del cuarto de baño secándose el rostro con una pequeña toalla. Se sentó nuevamente sobre el borde de su cama y durante unos segundos mantuvo sus ojos cerrados. Era como si quisiera apagar su cerebro para que su dolor de cabeza desapareciera. Lástima que eso no podía hacerse. El timbre de su celular resonó con fuerzas trayéndola de regreso a la realidad
- No puede ser – exclamo con frustración antes de atender la llamada – Fabray – se anuncio con rapidez – enseguida voy – informo antes de colgar – linda forma de comenzar el día – se quejo mientras retomaba el camino nuevamente al cuarto de baño
Quinn se ducho con toda la calma del mundo, preparo su desayuno tomo sus cosas y salió de su apartamento, metió sus manos dentro de los bolsillos de su abrigo una vez que llego a la parte exterior de aquel viejo edificio ubicado en Bushwick uno de los barrio más poblados por la cultura hispana en Brooklyn. Fijo su mirada en el edificio que estaba al otro lado de la calle donde pudo divisar a una mujer mayor que regresaba seguramente de hacer su rutina de ejercicios. Sonrió de medio lado ya que siempre que salía de su edificio veía a la misma mujer entrar al edificio que estaba al frente era rutinario aquello tanto que ya se había acostumbrado, agito su cabeza de un lado a otro mientras emprendía su marcha
La mirada de Quinn se encontraba fija sobre aquel cuerpo sin vida, que reposaba boca abajo sobre el frío y húmedo suelo. No había paz en la postura que había adquirido al morir. Sus brazos estaban encogidos, sus puños apretados y su boca muy abierta. Como si el pánico se hubiera adueñado del alma de aquella cáscara vacía antes de abandonarla para siempre.
- Vaya manera de morir – exclamo Quinn sin apartar su mirada del cadáver – ¿sabemos quien es? – pregunto al forense que revisaba el cuerpo
- Kitty Wilde, 23 años, prostituta – informo el forense mientras realizaba sus respetivos apuntes – al parecer nuestro asesino favorito ha regresado – finalizo con sarcasmo
- Hay signos de abuso físico y sexual – Quinn pregunto con la esperanza de que esta vez el asesino se hubiera equivocado
- Es claro que mantuvo relaciones, pero dudo que el asesino haya copulado con ella – informo el forense echando por tierra las esperanzas de Quinn
- ¡Nos matan y ustedes no hacen nada!
Quinn giro su cabeza al escuchar aquella voz que gritaba sin cesar desde atrás de la cinta amarrilla. Pudo distinguir la figura de una joven pelirroja, de estatura normal, llevaba un vestido bastante llamativo y tacones de más de quince centímetros de altos. La detective se puso rumbo hacia la joven protestante, observo cómo esta adquirió una postura recta, propia de las personas que se ponen a la defensiva.
- ¿Hay algún problema? – Quinn pregunto apenas estuvo frente a la joven
- Claro que hay un problema, nos están asesinando y ustedes no hacen nada – la joven soltó con un tono lleno de rabia – es la cuarta de nosotras que asesinan este mes, la cuarta – repitió con desespero
- Conocía a la víctima – le pregunto tratando de ignorar las palabras dichas anteriormente
- No necesito conocerla para sentirme ofendida por su muerte – la joven respondió con rudeza para luego comenzar alejarse del sitio
- Oiga regrese aquí – Quinn exigió pero fue ignorada completamente – maldita sea – mientras veía a la joven perderse entre la multitud de personas que estaban ahí aglomeradas
Quinn dio un vistazo a su alrededor, pudo observar las distintas personas que se encontraban presentes en aquel callejón. En su mayoría los que ahí se encontraban eran simples curiosos que potenciados por el morbo de la situación se acercaban para saber lo que ocurría, otros eran periodistas de los diferentes medios de comunicación que como buitres se lanzaban en busca de un pedazo de carne y por ultimo estaba la mas mínima posibilidad de que también en aquel preciso momento el asesino estuviera presente. Hay un dicho que dice: "el asesino siempre regresa a la escena del crimen".
- Estamos listo para irnos – el forense informo sacando a Quinn de su minuciosa inspección
- Claro – la detective acepto con tranquilidad
A lo lejos un par de ojos claros siguen cada movimiento realizado por los cuerpos policiales. Aquella persona estaba oculta detrás de dos reporteros, pasaba completamente desapercibida. Sonrió ligeramente mientras metía sus manos en los bolsillos de su chaqueta de cuero marrón y a pasos lentos comenzó alejarse, mientras silbaba "Las bodas de Fígaro" de Mozart.
Las puertas de los ascensores se abrieron dándole paso a una soñolienta Quinn, en su mano derecha llevaba un café negro que había comprado de camino a la estación. La rubia tenía el pequeño presentimiento que esa noche no iba a regresar a su casa. Caminaba en dirección hacia su escritorio cuando su compañero Brody Weston se acerco a toda prisa
- Yo que tu correría porque se te viene encima un tsunami – Brody advirtió mientras pasaba junto a Quinn en dirección contraria
- ¿Perdón? – Quinn pregunta completamente confundida mirando como su compañero se alejaba casi corriendo
- Fabray – su jefe Will Schuester la intercepto en mita del pasillo – a mi oficina ahora – ordeno con severidad
Quinn siguió a su jefe en silencio y ocupo la silla que estaba frente el escritorio de este, vio como aquel hombre ocupo asiento frente ella mientras suspiraba un poco cansado y retiraba las gafas de su rostro y las colocaba sobre su escritorio
- Tenemos un serio problema aquí – Schuester anuncio muy despacio mientras la miraba fijamente – Quinn cuando te puse al frente de este caso, lo hice porque pensé que podrías con el trabajo, pero creo que me equivoque – exclamo con suavidad intentando no ofender a la rubia
- Vas a sacarme de la investigación – Quinn pregunto frunciendo su cejas
- No precisamente, pondré a otra persona a cargo, una que está un poco más capacitada – Will informo despacio
- ¿Más capacitada? – la rubia cuestiono con enfado – soy la mejor detective que tienes en todo el departamento
- Cuatro víctimas en menos de un mes Quinn – el capitán le recordó con seriedad – tengo a los medios reseñando la noticia a cada hora, los altos mandos presionándome y el alcalde quiere una solución inmediata
- Pues que intente el resolver un crimen de esta magnitud – Quinn se quejo saliéndose un poco de sus casillas – el asesino es muy listo, en los cuatro asesinatos no ha dejado un solo rastro que nos lleve atraparlo, eso es como atrapar una mosca con los ojos cerrados
- Exacto – Will concordó con la detective – pienso igual que tu, y es por eso que necesitamos a una persona que vea los crímenes ocurridos de manera diferente, que entienda al asesino, que lo estudie y nos diga lo que nosotros no podemos ver – le informo despacio
- ¿De qué hablas?
- Pondré a cargo a una sicóloga – el capitán hizo saber con determinación
- Una sicóloga – Quinn se burlo con sarcasmo – los policías somos quienes atendemos los casos de homicidio, los sicólogos solo sirven para atender crisis de personalidades encontradas
- Vaya nunca había escuchado una definición tan vaga de mi trabajo – una persona se quejo a espaldas de la puerta
- Creo que no tengo que preguntar quién está detrás de mi – la detective soltó con sarcasmo al mismo tiempo que se levantaba de su asiento
Quinn se giro para ver de frente a la persona que le había quitado su caso. Parada a solo unos cuantos se encontraba una mujer de piel bronceada, cabellera negra, ojos café y estatura media. Sus rasgos faciales eran bien definidos así como su cuerpo estaba muy bien esculpido. Vestía una blusa blanca de cuello redondo si mangas y una falda negra que le llegaba un poco más arriba de las rodillas, dejando a la vistas sus trabajadas piernas.
- Quinn te presento a la Dra. Rachel Berry sicóloga experta en el estudio de la conducta humana y a partir de ahora ella estará a cargo del caso – anuncio Will encargándose de las presentaciones correspondientes
- Vuelvo a repetir que no estoy de acuerdo – Quinn fue tajante en su opinión
- Claro que no, te sientes amenazada en tu propio territorio – Rachel opino con calma mientras se acercaba
- No necesito que me sicoanalices – la detective se quejo con rapidez
- Descuida que no vine a sicoanalizarte, yo solo vine a resolver el caso que tú no puedes – Rachel se burlo con un pequeña sonrisa
- Oh que considerada – Quinn le respondió con sarcasmo
- Veo que ustedes dos se llevaran muy bien – Will anuncio con una pequeña sonrisa mientras se inclinaba sobre su asiento
Ambas mujeres se desafiaban con la mirada, ninguna estaba dispuesta a ceder ante nada. Quinn se sentían humillada por su capitán y amenazada por aquella psicóloga que por lo que demostraba estaba dispuesta hacerla ver como una persona incompetente que no podía cumplir con su trabajo.
Se encontraba en su estudio privado pintando como solía hacerlo después de llevar a cabo sus brutales asesinatos. Sin saber porque, seguía silbando "Las bodas de Fígaro" de Mozart. No podía dejar de hacerlo, esa melodía se había quedado clavada en su cabeza. Tenía que admitir que era verdaderamente exquisita y hacia que su cuerpo entrara en un estado de relajación total.
Movió el pincel sobre el lienzo delicadamente dándole los últimos retoques aquel retrato. La figura dibujada era Kitty Wilde después de haber sido asesinada. Pero lo único que diferenciaba el cuadro de la realidad era que la joven no se encontraba en un oscuro y húmedo callejón, sino mas bien estaba sobre una gran roca mientras todo a su alrededor estaba cubierto por fuego y a ambos lados de Kitty se encontraban dos demonios gritándole. La persona que pintaba dejo el pincel encima de la mesita que estaba a un lado y se quedo mirando fijamente el cuadro terminado. Sonrió con satisfacción mientras sus ojos claros se entrecerraban como si estuviera fotografiando aquella pintura en su cerebro.
Tomo el cuadro con delicadeza intentando no dañarlo y lo coloco al lado de los otros tres que ya había pintando anteriormente. Se quito la bata que levaba puesta, sacudió sus manos y se encamino hacia la puerta. Se detuvo un momento para darle una última mirada a sus cuadro y finalmente cerró la puerta, le paso seguro y guardo la llave en uno de los bolsillos de su fino jeans
No hay muertes inciertas, ni vidas justificadas.
DESCARGO DE RESPONSABILIDAD: Glee y sus personajes no me pertenecen, Al Igual que las canciones que puedan aparecer en esta historia.
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