Capítulo 3: Un sueño perfecto.

Nota: Hola a todos, parece que escribo rápido, eh? Pues este capítulo me ha tomado 2 horas. Mi imaginación no da para mucho pero ha sido suficiente para 7 hojas y media de Word.

Dedicatorias:

A Patch C. Cassedy, amvi, miadharu28 y twilightfreek92 por agregársela a favoritos.

A Patch C. Cassedy, que fue la primera en dejarme Reviews y sigue haciéndolo. Y a miadharu 28 que también le gusta la historia. Muchas gracias a todos.

También doy gracias a los que me han dejado Reviews en mi oneshoot "La primera vez".

…………………………………………………………………………………………………………………………………………………………..

BELLA POV

Llevaba cinco minutos subida al coche. La única que hablaba era Alice. Creo que a esta chica le han sobrecargado la batería. ¿Cómo puede durar tanto? Sonreía por mis pensamientos.

Edward asentía de vez en cuando. Creo que todavía no he escuchado su voz. Si es tan bonita como lo es él, no puedo imaginarlo. Espero que no sea una de esas personas que las miras por fuera y ves un bombón y habla, y desearías no haber pedido escuchar su voz. Me reí y Edward me miró a través del retrovisor.

Me sonrojé al instante. ¡Qué vergüenza! Me ha pillado mirándole. No volví a hacerlo y apoyé mi cabeza en la ventana del coche. Tenía sueño, no había dormido en toda la noche y me dormí sin apenas darme cuenta.

De pronto me encontraba en el baño de una mansión. No recordaba haber estado nunca aquí. Me comencé a mover por alrededor del baño y al cruzarme con un espejo me fijé en mis ropas. Llevaba un traje de ángel, creo que es un disfraz. ¿Por qué llevo un disfraz?

Iba a salir del baño cuando vi una pecera preciosa. Peces de todos los colores se movían tranquilamente. Me asusté cuando unos ojos dorados y un rostro conocido me miraban desde el otro lado de la pecera. Sonreí. Era Edward. Él no me conocía. Estaba guapísimo con ese disfraz de armadura.

Se oía ruido fuera. Entró una mujer. Me reí cuando me di cuenta de que se trataba de una chica del instituto. Ahora no recuerdo su nombre. Creo que no nos hemos presentado.

- Julieta, ¿por qué has tardado tanto? –. ¿Julieta? ¿Por qué me llaman Julieta?

- ¿Qué? – pregunté. Esto era muy raro. De pronto me di cuenta de lo que pasaba. Yo era Julieta Capuleto. Estaba en el baile de disfraces donde conocería a Paris, el hombre con el que me tenía que casar. Seguramente me había dormido en el coche y estaba soñando. ¿Quién será Paris en mi subconsciente? Más importante aún, ¿a quién considero mi Romeo? Creo que es el chico que estoy viendo detrás de la pecera.

- Vamos Julieta, le he prometido a Paris que bailarías con él, no vamos a defraudar a quien va a ser tu marido, ¿verdad? – Dijo arrastrándome. Estas frases no me sonaban para nada de la obra. Qué imaginación tan buena que tengo. En cuanto me despierte tendré que escribirlo todo y hacerme famosa por escribir libros. Oh, no puede ser. Romeo y Julieta ya está escrito. ¿Un final alternativo? Julieta se queda con Paris. Buff, ya veremos a ver qué tal va esto.

Me acercó bruscamente a un hombre que estaba de espaldas. No podía ver quién era. Deseaba mirar hacia otros lados para ver si veía a mi Romeo. De pronto Paris se dio la vuelta.

- ¿Jacob? – solté sin darme cuenta. Oops, a lo mejor no tendría que haber dicho nada. Inexplicablemente no lo tomó en cuenta, o no me oyó porque no dijo nada al respecto.

- ¿Os negáis a bailar conmigo? – me preguntó. Y al ver que no tenía otra opción me puse a bailar con él. Yo seguía mirando hacia todos los lados. Oh Romeo, ¿dónde estás Romeo? Me puse a bailar con él.

Veía a lo lejos a Edward, digo Romeo, mientras bailaba con Paris o Jacob. Nos sonreíamos. Parecía un flechazo. Parece que en mis sueños, todo es posible. Suspiré.

En seguida se acabó el baile. Por suerte no tropecé. Si Edward me miraba así prefería no ser torpe ante sus ojos.

Mi Romeo me cogió de la mano. Me sorprendí. Tenía las manos más suaves que había tocado en mi vida.

- Si profano con mi indigna mano este sagrado santuario pecado de amor será – Yo sonreía por sus palabras mientras Jacob (Paris) me sonreía desde lejos.

- Mis labios, peregrinos ruborizados quisieran hacer penitencia con un dulce beso – mientras me besaba en el dorso de mi mano.

Recordaba esas dulces palabras de la película de Romeo y Julieta que vi hace tiempo con lo que le contesté siguiéndola.

- Buen peregrino, no riñas tanto a tu mano, que demuestra un gran fervor a esto. Pues hasta las manos de los santos tocan a los de los peregrinos y al tocar palma con palma es el beso del palmero.

- ¿No tienen labios los santos, y los piadosos palmeros? – Se acercó a besarme. No lo dejé. Me alejé. Quería seguir hablando y replicarle por lo que había dicho. Seguíamos con nuestras manos cogidas.

- Si peregrino – dije riendo – labios para usar en la oración.

- Entonces, querida santa, deja que los labios hagan como las manos. No conviertas fe en desesperación.

- Los santos no se mueven cuando acceden a las suplicas.

- Entonces quieta mientras recojo el efecto de mi oración – Mi Romeo se acercaba peligrosamente a besarme. Entonces…

- Yujuuu - escuché a alguien que me buscaba.

Mi Romeo me cogió de a mano y me apartó de la vista de todos. Se acercó a besarme y…

- ¡Bella, Bella!, ya hemos llegado. Despierta dormilona – escuché como alguien molesto me despertaba de este maravilloso sueño. Gruñí por ello. No quería despertarme. Mi Romeo había desaparecido. En su lugar se encontraba el rostro de Alice a pocos centímetros del mío y sonriendo.

- ¿Crees que los sueños se pueden hacer realidad Alice? – Dije sonriendo y sonrojada.

- Sí, definitivamente sí – me contestó sonriendo.

- Eso espero – contesté sonriendo y mordiéndome el labio inferior.

- ¿Qué soñabas? – me preguntó pícaramente Alice.

- Privado – concluí sonrojándome. Miré a Edward que estaba al volante. Él me miraba desde el espejo retrovisor. Agaché la mirada. Mi corazón volvía a latir rápidamente. Todo esto me delata. Tranquilízate Bella.

……………………………………………………………………………………………………………………………………………………

EDWARD POV

Llevábamos cinco minutos en el coche. Alice no paraba de contarme lo que quería hacer esta tarde. Quería pasar por todas las tiendas que estaban en la calle principal de Port Angeles. Me contaba todo lo que se quería comprar y lo que seguramente le quedaría perfecto a Bella.

Oí una risita en el asiento de atrás. La miré por el espejo. Se sonrojó por la mirada y yo sonreí. Todavía me frustraba no conocer sus pensamientos. ¿Qué estaría pensando?

De vez en cuando tomaba una bocanada de aire profundamente. Su olor llegaba hasta mí pero no dejaba que ello me afectara.

Seguía escuchando a Alice. Al rato dejó de hablar. Nos dimos cuenta de que Bella se había quedado dormida. Tenía una ligera sonrisa en la cara y se sonrojaba. ¿Estará soñando? Desearía saber lo que sueña.

- Edward, tengo curiosidad, ¿con qué sueña? – me preguntó Alice mientras sonreía mirando hacia Bella.

- No tengo ni la menor idea – mis palabras le parecieron de lo más inhóspitas. Me miró extrañada. Pensaba que eso era imposible.

- No la puedo oír. Es la única persona con la que me he encontrado a la que no pueda oír sus pensamientos.

- Fascinante – soltó Alice.

Bufé. No concordaba con ella. Yo también deseaba saber con lo que soñaba.

Escuchamos que Bella decía algo. No se entendió. Era un simple balbuceo.

- Mi Romeo – dijo al fin sonriendo.

- Bueno, ya sabemos con qué está soñando, ¿no? – dijo en voz baja Alice.

- Pues habrá que despertarla, ya hemos llegado.

- Pobrecita, parece que lo pasa bien – Alice soltó una carcajada mientras abría la puerta de copiloto para pasar a los asientos traseros y despertar a Bella.

¿Romeo? ¿Está pensando en la obra? Desearía saber exactamente que sueña.

- ¡Bella, Bella!, ya hemos llegado. Despierta dormilona – Alice zarandeaba a Bella. Se acercaba a Bella y me sorprendía cómo ella podía estar así con Bella y yo no podía respirar sin sentirme atraído por su sangre.

La escuché gruñir. Al final parecía que su sueño era bastante bueno. No quería despertarse. Sonreí.

- ¿Crees que los sueños se pueden hacer realidad Alice? – Dijo, y se sonrojó

- Sí, definitivamente sí

- Eso espero – se mordía el labio inferior. Confirmado, disfrutó tremendamente el sueño.

- ¿Qué soñabas?

- Privado – Me miró y agachó la mirada sonrojándose. Me encantaba cuando hacía eso. Así, aunque no supiera lo que está pensando, me da pistas sobre ello. Su corazón volvía a latir muy rápido.

- Bueno Edward, nos vamos a comprar. Cuando estemos te llamo para que vengas, ¿vale?

Yo asentí. Bajaron del coche y yo aceleré hasta que ya no las veía.

………………………………………………………………………………………………………………………………………………………

BELLA POV

- Venga Bella, cuéntame qué soñabas, por fi… - Alice volvía a contraatacar. Tenía sed de conocimientos. No la culpo. – Ahora que no está mi hermano puedes contármelo, ¿no es porque no querías que se enterara? – pero qué lista es esta chica.

- Nada Alice, un simple sueño sobre Romeo y Julieta.

- De simple nada. Tú eras Julieta, ¿verdad? Y apuesto una cena que Romeo era Edward - ¿Cómo sabía eso? ¿Es adivina? Mi rostro me delataba. Sentía calor en mis mejillas por lo que estaría sonrojada. Ahora no podría mentirle. Estaba delatada.

- Pues entonces te debo una cena Alice – le dije sonriendo.

Pegó un gritito dando saltos. Yo me reí y continuamos caminando. No volvió a preguntarme nada. Doy gracias a Dios por ello. Todavía no sabía lo que sentía por ese sueño y no estaba preparada para analizarlo. Supongo que será un efecto de la obra que tendremos que hacer.

Fuimos a montones de tiendas. Cuando íbamos a pagar, Alice no me dejaba hacerlo. Me daba un poco de vergüenza. Casi no la conocía y ya me estaba comprando cosas.

- Alice, no tienes por qué molestarte, en serio. Puedo pagarlo yo.

- No me molesta, somos amigas, ¿no? – dijo sonriendo.

Amigas. Me gustaba esa palabra. Alice era la primera amiga que tenía en Forks. Me puse contenta.

Alice cogió el móvil. Imagino que iba a llamar a Edward. Yo mientras seguía pensando en mi sueño. Romeo y Julieta. Edward y Bella. Sonaba bien. ¿Pero qué digo? Estoy formando una imagen mental de Romeo puesta en el cuerpo de Edward. No sé cómo es Edward. Edward no es Romeo.

……………………………………………………………………………………………………………………………………………………

EDWARD POV

En realidad no me fui. Estuve siguiéndolas todo el tiempo con mi Volvo. Escuché su conversación de Romeo y Julieta. No quería que ella soñara conmigo. No debía de sentirse así hacia mí. Yo era peligroso para ella.

Las veía entrar y salir cargadas de bolsas de cada tienda. Bella no parecía muy contenta. Parece que esto no es su hobby favorito.

Escuché mi teléfono y lo descolgué al instante.

- Edward, ¿vienes ya? Sé que no estás muy lejos así que no tardes. Bella parece cansada y tienes que llevarla a su casa. Yo voy a seguir por aquí. Tengo que comprar algo yo sola. ¿Te puedes encargar de llevarla tú?

- ¡¿Llevarla?! ¿Ella y yo solos? – Escuchaba a Alice bufar al otro lado – No sé si eso será conveniente Alice.

- No pasará nada Edward. Lo sé.

- ¿a dónde tienes que ir que necesitas ir sola? – Escuché en su mente y era algo relacionado con Jasper y ella. No quería saber más.

- Vale, vale. Ya me he dado por enterado. No hace falta que me muestres más imágenes. Que me perturbas – Respiré hondo – Llegaré en un momento.

……………………………………………………………………………………………………………………………………………………..

BELLA POV

Alice colgó y sonreía.

- Edward llegará enseguida. Sé que estás cansada. Ahora mismo estarás en casa.

- Bien – en realidad sí que estaba bastante cansada. Esto de ir de compras no era lo mío. Alice me había comprado cuatro pares de pantalones, todos ajustados y bajos de caderas (ella decía que me quedaban de muerte), cinco camisetas también ajustadas y dos pares de zapatos. Tenían tanto tacón que creo que no me los pondré nunca. Alice insistió.

Miré hacia la puerta y apareció Edward. Su andar era tan perfecto como él. Creo que tuve una buenísima imaginación en el sueño. Mi Romeo y Edward andaban de la misma forma.

Se dirigió hacia mí. Me puse nerviosa.

- ¿Vamos? – me dijo. Era la primera vez que escuchaba su voz. Era perfecta. Creo que mi imaginación comienza a caer un poco. Solo utilizo el adjetivo perfecto para todo lo que es Edward. Ahora que lo pienso… ¿me lo dice a mí?

Miré a Alice que me miraba a mí sonriendo.

- Sí, ¿vamos Alice? – no parecía que se quisiera mover pero necesitaba intentarlo. No podía quedarme a solas con Edward. Tenía que evitarlo como fuera.

- Ehm, no Bella. Yo tengo que hacer unas compras más y… y Edward te lleva a tu casa – creo que se había puesto nerviosa por mi reacción. Abrí los ojos hasta el máximo. Al final parece que no podré evitarlo.

- Va-Vale – dije tartamudeando.

Alice me sonrió. Edward y yo salimos por la puerta mientras yo miraba a Alice queriendo matarla. ¿Cómo se atrevía a dejarme sola con Edward?

- Tengo el coche a dos manzanas de aquí, tendremos que andar un poco – me dijo Edward.

Yo asentí sin atreverme a mirarle.

Vino una ráfaga de aire y me dio un escalofrío. Se había hecho tarde y no me había traído ninguna chaqueta. No esperaba que se nos hiciera tan tarde y que después hiciera tanto frío. Me cogí de la cintura con mis brazos. De pronto sentí una chaqueta por encima de mis hombros. Me asombré. Y sonrojada le miré.

- Gracias – sonreí. Olí el cuello de la chaqueta y olía tremendamente bien.

No me miraba, sólo seguía andando. Me puse bien la chaqueta. Metí los brazos y me di cuenta de que me venía grande. Me reí y esta vez me miró. Cuando se fijó en cómo me quedaban las mangas también se rió. Su risa era como música para mis oídos.

- Creo que no es de mi talla – le dije burlándome de mi misma.

- Lo mismo creo yo – parecía que ahora se abría más a mí. Al final, su comportamiento de esta mañana me daba igual. A lo mejor es bipolar. ¿Me atreveré a preguntarle algo acerca de ello?

Llegamos al coche y me abrió la puerta del copiloto. Entré sorprendida y cerró. Enseguida estaba sentado en el lado del conductor.

Arrancó el coche y enseguida estábamos en dirección a Forks.

No hablábamos hasta que me di cuenta de la velocidad a la que íbamos.

Abrí los ojos totalmente y mi corazón comenzó a latir fuertemente. ¿Quería que nos matáramos? ¡¡¡Iba a 150!!!

- ¡Baja la velocidad! – le dije gritándole.

- ¿Qué? Siempre conduzco así, no te preocupes.

- ¿Que no me preocupe? ¡Vamos a 150! ¿Quieres que nos matemos? – Edward se rió. ¿Se estaba burlando de mí? Finalmente bajó la velocidad a 120.

- ¿Mejor? – me miraba sonriente.

Asentí sin estar segura.

- ¿Qué piensas de Romeo y Julieta? – Cuando me hizo esa pregunta me atraganté con mi propia saliva. Comencé a toser. - ¿Estás bien? – preguntó preocupado.

- Sí, sí – se me pasó pero mi sonrojo seguía ahí. ¿Sabría algo de mi sueño? Mataré a Alice si le ha contado algo.

- Preguntaba que qué te parece lo de la obra de Romeo y Julieta – Comencé a respirar más tranquila. No sabía nada.

- Ah, pues bien. Imagino que será fácil hacerla. Aunque todavía no sabemos qué papeles tendremos. Hasta dentro de unos días no sabremos nada – comenté deseando que dentro de unos días apareciera mi nombre y el de él como Romeo y Julieta.

- Yo creo tener una ligera idea.

- Ah ¿sí?, pues cuéntame, tengo curiosidad.

- A ver, tu sabes que se eligen por votación, ¿no? – yo asentí – Pues he oído por el instituto que mucha gente piensa votarte como Julieta, más bien el sector masculino – dijo serio.

- ¿Yo Julieta? – Pregunté sorprendida – No, creo que te equivocas - Sería genial si sucediera eso. Me sé el papel de memoria. Lloro todas las veces al final de la obra.

Edward se encogió de hombros.

- ¿Y quién será Romeo? – Eso me interesaba más que el papel de Julieta.

- ¿Mike Newton? – Edward se reía mientras lo decía.

Hice una mueca de desagrado.

- Yo creo que vas a ser tú.

- ¿Si? ¿Y eso por qué? – Me miraba a mí pero no miraba a la carretera. Comenzaba a acelerar de nuevo.

- Mira a la carretera, ¡a la carretera! – Sonreía mientras volvía su mirada a la carretera – Pues creo que serás tú porque al parecer, el sector femenino es el que más cuenta en la votación de Romeo – concluí muy pagada de mi misma.

Edward volvió a encogerse de hombros. Llegamos a mi casa un momento después.

- Ya has llegado – me dijo Edward.

- Pues muchas gracias por haberme traído y también por la chaqueta – le dije al abrir la puerta.

Me bajé, me quité la chaqueta y se la devolví. Vi como la dejaba en el asiento trasero.

- Buenas noches Julieta – me sonrió Edward. Yo reí.

- Buenas noches Romeo – me di la vuelta y entré en casa.

Estaba dentro de casa apoyada en la puerta y dije:

- La separación es tan dulce pena que diré buenas noches hasta que amanezca.