Un hermoso palacio en el cielo nocturno…

Un templo majestuoso que se alza en lo más alto…

Una bella y oscura prisión…

Sus paredes protegen a la diosa de la Luna…

No, no la protegen… la tienen encerrada…

Encarcelada, ignorando aquellas lágrimas…

Lágrimas que derrama por la ausencia del sol…

Todo es silencio, todo es oscuridad…

Y, la diosa nada puede hacer para escapar…

Chikane corría por los pasillos de aquel misterioso templo en donde se encontraba. Abriendo y cerrando puertas sin encontrar nada. Parecía ser la única persona en todo aquel palacio infernal. Tanto silencio, tanto vacío, ni siquiera el azote de las puertas al ser cerradas o abiertas producían ruido alguno. Parecía un fantasma, no escuchaba ni su propia voz, ni aquellos gritos llamando a su amada Himeko. Aquel templo parecía un laberinto sin salida, por más que corría con todas las fuerzas de sus piernas, siempre regresaba al mismo lugar. Chikane golpeaba las paredes con desesperación, hasta lastimarse sus bellas manos. Sus ojos estaban hinchados por las lágrimas de dolor que resbalaban por sus mejillas. Se sentía tan sola, tan vacía, demasiado deprimida y desconsolada. - ¡Maldita sea! ¿¡Qué es éste horrible lugar!? – gritaba la joven de cabellos oscuros. Con las fuerzas que aún le quedaban, siguió recorriendo cada rincón de aquel macabro lugar, hasta que, a lo lejos vio una enorme puerta por donde se infiltraba la luz del sol. Chikane sintió como su corazón se contraía, estaba segura que era Himeko. Su princesa le estaba guiando hacia la libertad, hacia la salida. Chikane corrió, abrió de un empujón aquella pesada puerta y se quedó helada al contemplar aquel paisaje. Podía ver la tierra desde ahí, contemplaba a lo lejos el sol, era imposible… Chikane no podía creer lo que estaba viendo, se encontraba en medio del espacio, en medio de la nada. La melodía del silencio lo gobernada todo. Chikane solo deseaba regresar a aquel planeta azul que deslumbraba allá abajo, sabía que Himeko la estaba esperando. Se dispuso a saltar, ya no le importaba nada más que escapar de aquel extraño templo. Pero, apenas se inclinó un poco, sintió un dolor muy intenso en la espalda, un ardor insoportable que parecía estar quemándole la piel cerca de la nuca. Chikane cayó de rodillas al suelo, intentó arrastrarse hasta el borde del palacio y dejarse caer, pero, cuando estiró un brazo para aferrarse a un barandal de madera, tres cadenas salieron de la oscuridad. Una de las cadenas envolvió su cuello; empezando a ahogarla, y las otras dos, sujetaron ambas manos para jalarla hacia el templo. Chikane no podía emitir ni un solo quejido de dolor, sintió como era arrastrada hacia la oscuridad de nuevo y escuchó el sonido de la puerta grande cerrándose. Después de eso, todo quedó en silencio nuevamente. Sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas. Y, en medio de su visión borrosa, pudo distinguir la presencia de una joven moviéndose lentamente cual fantasma por la habitación. Chikane no podía moverse, las cadenas la aprisionaron contra la pared. Quiso pronunciar un "ayúdame" para que aquella chica hiciera algo, pero, apenas sus labios se abrieron, sintió como unas manos acariciaban su rostro y esa desconocida empezó a besarla. Chikane no podía hacer nada para evitar aquello, solo sentía aquellas caricias mientras las lágrimas seguían cayendo. - Himemiya-sama… ¿otra vez intentó escapar? – dijo la joven con voz suave. Recuerde que la labor de la sacerdotisa de las estrellas, es proteger y servir eternamente a la diosa de la luna. Siempre estaré con usted Himemiya-sama, siempre… por toda la eternidad. Chikane sintió terror de aquellas palabras. Su visión seguía borrosa pero distinguió un fuerte brillo que envolvió el cuerpo de la desconocida. Sus largos cabellos ensortijados y rojos… sus labios delicados y aquel traje blanco con bordes verdes, no lo podría olvidar jamás.

- ¿Hoshiko? ¿Por qué estás haciendo esto? – fue lo único que Chikane pudo decir de manera muy débil.

- Yo la cuidaré siempre Himemiya-sama. Solo piense en mí, solo ámeme a mí… aquí en la oscuridad, solo la luna y la estrella sobreviven…

...

Chikane se limpió aquellas lágrimas que tenía en los ojos cuando despertó. Estaba un poco confundida y permaneció en cama por algunos minutos. Poco a poco regresó a la normalidad, y se percató de la nota que le había dejado Himeko sobre la mesa de noche. La rubia había tenido que salir temprano hacia la universidad y su desayuno favorito le esperaba en la cocina. Era sábado y Chikane no tenía clases aquel día, pero Himeko no regresaría hasta la tarde. Se sintió sola en esa enorme cama, aun aturdida por aquel horrible sueño que había tenido. Sintió escalofríos con solo recordar aquel templo y más, por haber sido besada por Hoshiko. No entendía nada en absoluto, solo pensaba que la imagen de la pelirroja y aquella pesadilla se habían mezclado, dando producto a tal disparatado sueño. Había algo en aquella chica que le molestaba, no sabía que era, pero, sería mejor permanecer alejada de ella y de sus palabras extrañas. Chikane había pensando en telefonear a casa y quejarse por haberle mandando a una niñera, pero, suponía que con lo dicho el día anterior era suficiente. A fin de cuentas, quizás Hoshiko solo fuese una joven que necesitaba el dinero para pagar aquella carísima universidad. Chikane se compadeció de ella por algunos segundos, pensando en que tal vez, la joven se encontrara sola y sin familia como Himeko. Podría ayudarla a tener una beca para que dejase de molestarla. Chikane se levantó de la cama más tranquila, arreglaría ese asunto aquella misma mañana y su vida volvería a ser la misma de antes. No quería por nada del mundo a chicas como damas de compañía persiguiéndole por la universidad. Chikane fue a darse un baño, pero, cuando se desvistió se llevó una mano hacia la nuca, de repente le dolía como si hubiese dormido mal. Estuvo frotándose por algunos segundos sin darse cuenta de aquella marca en forma de luna que aparecía y desaparecía por momentos.

Dos horas más tarde, se encontraba en la universidad. Había planeado ir primero a la administración para ver en que estado se encontraba Hoshiko y después, comprar un pastel de chocolate y llevárselo a Himeko, que de seguro se encontraría en la biblioteca cumpliendo sus horas de trabajo. Y, cuando habló con la encargada confirmó sus sospechas. Los trámites de Hoshiko para solicitar una beca estaban estancados porque ella no había presentado todos los documentos requeridos. Chikane no solía usar las influencias de su familia para arreglar las cosas, pero, este era un caso especial. La encargada le mostró las deudas de la joven y estas iban creciendo por los intereses. Por algunos instantes, lamentó haber sido tan dura con ella el día anterior, de seguro, la joven estaba desesperada por obtener el trabajo de doncella y Chikane sabía muy bien, que era un puesto donde obtendría bastante dinero. Chikane no tuvo de otra que hacer unas llamadas y firmar algunos papeles. Todo quedaría en orden después de eso y Hoshiko podría acceder a la beca sin problemas. Al menos, eso le quitaría un peso de encima y Chikane se sentiría mejor por haber podido hacer algo por ella. Luego le daría la noticia ella misma y se disculparía por su actitud. Pero, mientras la encargada iba pasando los datos al sistema y actualizando el cronograma de pagos, Chikane empezó a sentir nuevamente ese ardor en la espalda. Las imágenes de aquel sueño regresaron a su mente, más nítidas que antes, produciéndole escalofríos. Había olvidado momentáneamente esa pesadilla, no la recordaba del todo bien, pero ciertas imágenes estaban muy claras y otras totalmente borrosas, era como si su mente fuese un rompecabezas en donde, esas piezas nubladas eran la clave para descifrar que cosa le estaba sucediendo. Una vez que los trámites estuvieron en orden, Chikane decidió ir tomarse un tiempo e ir a la pastelería, que estaba a dos calles de la universidad, se sentía intranquila y no deseaba que Himeko la viese así. Ya suficiente había sido con lo sucedido la noche anterior. Y, mientras Chikane daba un paseo para relajarse un poco, en la biblioteca Himeko estaba ocupada revisando la lista de los libros que habían prestado. Por el momento, tenía que hacer todo el trabajo ella sola hasta que le asignaran una nueva compañera, ya que, la anterior, había renunciado para concentrarse en su proyecto de último semestre. Himeko estaba un poco atareada, revisando listas y llenando formularios en la computadora. Quería terminar con todo eso antes que empezara la clase que tenía en la tarde. Estaba concentrada en ello, cuando en esos momentos llegó la supervisora con una chica tras ella. Himeko dejó los documentos sobre la mesa y les dio la bienvenida.

- Kurusugawa-san, veo que a pesar de estar trabajando sola tienes todo bajo control – dijo la supervisora con una expresión alegre en el rostro.

- Fue un poco complicado al principio, pero con paciencia todo se puede – dijo Himeko con una sonrisa.

- Pues, ahora estarás más tranquila y podrás irte temprano a clases. Te he conseguido una buena compañera – la mujer se apartó y una chica de cabellos rojos avanzó. Himeko la observó fijamente, aquella joven tenía una mirada fuerte, parecía estar observando su propia alma. Se sintió un poco intimidada y quiso agachar la mirada, pero no lo hizo, hubiera sido descortés y ofensivo. De todos modos, Himeko se sentía extraña en frente de ella, la chica era hermosa pero sus ojos reflejaban sentimientos que no podía describir. – Ella es Hoshiko Fujiwara, acaba de trasladarse a nuestra universidad. Kurusugawa-san confío en que le enseñarás todo y que ambas se llevaran bien – dijo la supervisora antes de marcharse. Y, cuando se quedaron solas, la sensación extraña de Himeko aumentó. Hoshiko la miraba fijamente sin decir nada, pero, en breves segundos se colocó en el lugar que le correspondía detrás de la gran mesa.

- ¿Y bien?, ¿me vas a explicar que debo hacer? – dijo Hoshiko seriamente.

- Cl-claro…

- ¿Qué sistema usan aquí?, ¿para qué sirve esto?, ¿qué debo hacer si alguien no devuelve un libro a tiempo? Ese uniforme que llevas, ¿tengo que usar uno también?

- Esto… te explicaré todo paso a paso.

Himeko sonrió nerviosamente. Se sintió un poco tonta al enredarse en sus propias palabras y más, al explicarle como era el trabajo en la biblioteca. Se suponía que ella lo conocía muy bien, pero, la mirada penetrante de Hoshiko la alteraba. Por algunos segundos, tuvo la sensación de que la pelirroja la detestaba pero, no podía ser, era la primera vez que se veían y ni siquiera habían tenido una charla decente. Himeko respiró profundo e intentó mantener los ánimos elevados, pero, empezó a cometer errores en la lista de los libros y en el sistema. La rubia no sabía que le estaba sucediendo. Pero, su expresión cambió por completo cuando Chikane apareció por la puerta media hora más tarde. Hoshiko se dio cuenta de ello, pero se mantuvo a un lado, por el momento, tenía que contener aquellos impulsos y no arruinar las cosas como la última vez.

- ¡Chikane-chan! ¡Qué alegría verte por aquí! Pensé que te quedarías a descansar – dijo Himeko acercándose a ella y dándole un tierno abrazo.

- Tenía algunas cosas que hacer, pero quise venir a verte también. Mira, te compre el pastel que te gusta.

- Gracias Chikane-chan, ojalá pudiera comerlo contigo pero, tengo mucho que hacer antes de ir a clases. Ahhhh casi me olvido, me asignaron una nueva compañera – dijo la joven dirigiéndose a Hoshiko quien había estado en un rincón esperando a ser mencionada – Ella es…

- Hoshiko Fujiwara – dijo Chikane completando la frase de Himeko y mirando a la pelirroja fijamente.

- Así es, pero ¿Cómo lo sabes?

- Está en mi facultad, en mi salón de clases para ser más exacta…

- Qué casualidad – dijo Himeko sonriendo, aunque no podía dejar de sentir cierta envidia al saber que la chica nueva compartiría clases con su amada.

- Veo que estas trabajando aquí – dijo Chikane dirigiéndose a Hoshiko – por favor, ayuda a Himeko ¿si?

- Descuide Himemiya-san, lo haré bien – respondió Hoshiko con una voz totalmente diferente a la que usó con Himeko – apoyaré a su amiga en todo lo que necesite.

- Sí… gracias – dijo Himeko sintiéndose extraña ante la mención de la palabra "amiga". Y más, ante la manera cortés con que la pelirroja se dirigía a Chikane. Esperó que la morena le dijera algo, Chikane nunca había tenido problemas para revelar su relación. Pero, la joven no lo hizo, se quedó mirando fijamente a Hoshiko provocando que Himeko empezara a incomodarse levemente. Sabía que exageraba, estaba teniendo celos tontos, tal vez, solo se debía a que Hoshiko era inteligente y hermosa. Sabía que Chikane la amaba y confiaba totalmente en ella. Himeko se sintió mal por estar pensando estas cosas. No sabía que le pasaba, en todo ese tiempo era la primera vez que se sentía de esa manera, pero su naturaleza no era así y ella lo sabía muy bien. Iba a despedirse de Chikane cuando Hoshiko se le adelantó.

- Himemiya-san ¿puedo hablar con usted? – preguntó tímidamente la joven.

- Claro – respondió secamente Chikane, solo lo hacía porque quería aclarar las cosas y explicarle los trámites de la beca. Antes de irse besó a Himeko en la frente y se alejó seguida de Hoshiko. El corazón de Himeko empezó a latir rápidamente, era como si algo fuese a suceder y más… cuando vio la mirada que Hoshiko le dirigió antes de salir con Chikane. Una mirada extraña, como si la estuviese retando. Himeko regresó a su trabajo, intentó comer un poco de pastel pero lo dejó para más tarde, de repente se le había quitado el hambre. Por otro lado, en el patio de la universidad, Chikane buscó un asiento vacío con la mirada y al encontrarlo, se dirigió hasta ahí con la joven siguiéndole como una sombra.

- Himemiya-san… - empezó a decir Hoshiko pero la joven la interrumpió.

- Deja esas formalidades por favor. Solo acepté hablar contigo porque ya sé la razón de porque me buscaste ayer y actuaste de esa manera conmigo.

- ¿Eh? ¿Usted ha recordado?

- Claro que lo recuerdo, ¿cómo podría olvidar que te arrodillaste frente a mí de esa manera? No lo vuelvas a hacer, sé que necesitas el dinero para pagar la universidad. Pero, te ayudaré con eso… no necesitas humillarte así.

- Espere, Himemiya-san…

- Hablé con la encargada y arreglé el problema de tu beca. Ahora solo trabajarás para mantenerte. Sé que no tienes a nadie, al igual que Himeko… ambas son parecidas, entiendo como es eso y por ello, quise ayudarte. Así no tendrás que volverte dama de compañía, ni estar detrás de mí como si fueses una sirvienta. No quiero ver a nadie más de esa manera ¿entiendes?

- Pero…

- Me alegra que hallas conseguido el trabajo en la biblioteca. Himeko tenía que lidiar con todo eso sola. Ahora, la ayudarás y entre dos el trabajo será más fácil.

- ¿Por qué menciona siempre a Kurusugawa-san? – dijo Hoshiko apretando las manos. Había pensado que Chikane la había recordado, pero no, seguía atada a ese mundo y sobretodo, ciegamente enamorada de Himeko. Eso demostraba que todos sus recuerdos se habían ido, en la mente de Chikane no existía ni una sola pizca de recuerdo sobre ella. Hoshiko tenía ganas de llorar. Todo era culpa de esa maldita rubia. No pudo contener sus palabras ni sus lágrimas, en esos momentos abrazó a Chikane con fuerza. La morena se sorprendió ante ese acto, quiso soltarse pero Hoshiko se negaba a dejarla ir. - ¡Yo la amo mucho Himemiya-sama!, ¿¡cómo es posible que no me recuerde!? ¡Solo vine a este horrible mundo por usted!, ¡siempre tuve la esperanza de volverla a ver!

- ¿Qué estás diciendo? Suéltame – dijo Chikane tranquila pero con voz firme.

- ¡Por favor!, ¡soy yo! ¡Tiene que recordarme! ¡Cuando estaba sola en el templo lunar fui yo su única compañía!, ¡esa mujer jamás apareció!, ¡solo yo la consolé!

- ¿Estás loca? ¡Ya suéltame!

- ¡Recuérdelo! ¡Esa chica no se merece su amor! ¡Los rayos del sol la lastimarán! ¡Himeko es una desgraciada!

Y, ante ese comentario Chikane solo pudo reaccionar de una manera. Rápidamente, una bofetada hizo que Hoshiko se quedara en silencio. La pelirroja no podía creerlo, Chikane jamás le había pegado, eso solo hizo que odiase más a la rubia, la odiaba con todo su ser. Chikane se liberó del agarre y se puso de pie.

- Te ayudé con lo de la beca porque me hiciste recordar a Himeko, pero, si vuelves a hablar de esa manera… te aseguro que mañana mismo serás expulsada de aquí…

Chikane se retiró enfadada, podía soportarlo todo menos que alguien ofendiera a Himeko sin razón. Esperaba que con eso fuera suficiente, no tenía tiempo para perder con chicas locas como Hoshiko. Pero, lo que no vio al alejarse fue la sonrisa que tenía la pelirroja en el rostro, una sonrisa por el resplandor que provenía de la espalda de Chikane. Pronto, recordaría todo, y no podría soportar estar con Himeko al recordar en cómo terminaron las cosas para ambas. Hoshiko aun sentía el ardor de la bofetada en la mejilla, pero, estando ella presente los recuerdos no tardarían en aparecer. Las tres sacerdotisas se verían tal y como eran…

Continuará…