Capítulo 3: De mal en peor

-¿Son los peores cúpidos de la historia de Hogwarts, o es solo impresión mía?

Era sábado por la tarde, y en el Gran Comedor Remus y Annie jugaban al ajedrez mágico mientras Sirius los observaba algo aburrido, ignorando olímpicamente las tareas que tenía sin terminar sobre la mesa. Este último y la rubia Slytherin necesitaban contarle a alguien lo que habían hecho…así como lo mal que les había salido, y por ello recurrieron al licántropo.

-Sólo queríamos unir a un par de tontos que se nota a la legua que se gustan – declaró la rubia algo molesta porque su amigo le iba ganando – Pero sí… creo que todos se nos fue de las manos, nos salió muy mal. No lo planeamos bien estrellita.

-¡Mal es poco! Antes no había nadie rondándole a Lily…y ahora, ahora esta ese creído de Connor. Y estoy completamente seguro de que tiene algo que ver con lo que hicimos… – Sirius estaba indignado consigo mismo, había querido ayudar a su amigo, a su hermano del alma, y sólo había logrado embarrarle mucho más el panorama.

-Tranquilo Canuto… Tampoco creo que ellos vayan a casarse o algo así. James aún tiene chances – trató de tranquilizarlo Remus ofreciéndoles un poco de chocolate que tenía guardado en su mochila. Él siempre era el optimista del grupo en circunstancias como aquellas, nunca se hacía demasiados problemas por cuestiones banales como esas; aún menos cuando intuía que la pelirroja escondía dentro de su férreo orgullo, fuertes sentimientos por su amigo.

-Aún así Lunático… - siguió el chico de ojos grises con una gran carga de culpabilidad en su mirada – Sabes que odio que las cosas salgan diferente de lo que planeo y menos aún en un caso como éste. Además, ¡todos sabemos lo cabeza dura que son ambos!, si esto de las pociones no funcionó para la próxima pasamos directamente a la maldición imperius.

-Aún no acabo de entender que fue todo eso de las pociones… - dijo Remus con una pequeña mueca de desaprobación mientras daba por finalizado el juego ante la desencajada mirada de Annie, que dicho sea de paso, odiaba perder.

-Fue una brillante idea de la señorita aquí presente… `Esto no fallará Sirius, soy muy buena en pociones´- se burló el chico de pelo negro poniendo una voz chillona nada parecida a la de la chica.

-Y no fallaron. Las pociones salieron bien. El problema fue el plan que siguió…Oh, gran bromista de Hogwarts experto en planeación y puesta en acción – el aludido abrió la boca para seguir con las burlas pero ella no lo dejo continuar y agregó – Yo hice mi parte bien así que…

-¿Ahora es mi culpa? – exclamó el chico abriendo ampliamente sus ojos claros en muestra de sorpresa – ¡Pensé que hacíamos un buen equipo de bromas! Pero eres traicionera, diablos.

-Por Merlín son dos pesados - los cortó Remus, perdiendo la paciencia, y antes de que la chica, que miraba con semblante ofendido a su amigo, volviera a atacar - ¿Pueden de una vez explicarme lo de las pociones por favor?

-Es algo que inventamos con una amiga de Francia. Su hermana pequeña y uno de nuestros amigos estaban en la misma situación que Lily y James, se gustaban pero ninguno daba el primer paso. Entonces decidimos intentar algo… - contó intentando parecer lo más despreocupada posible - Mezclamos algunas pociones básicas, nada más y… salió una nueva.

-¿Sin supervisión de nadie? ¿Saben los efectos que eso podría haber tenido?... ¡¿Acaso están locos por hacerlo de nuevo?! – Remus los miraba con los ojos como dos platos, estaba acostumbrado a este tipo de cosas teniendo como amigos a los dos más populares bromistas del colegio, pero aún así no podía reprimir su preocupación ante las locuras que sus travesuras implicaban.

-¿Lo ves? Te dije que reaccionaría así… - río animadamente Sirius mirando a Annie con suficiencia – A mi me pareció una idea estupenda sinceramente. Claro… hasta que todo salió terriblemente mal.

-Bueno ya basta Sirius – sus miradas de reproche podían ser realmente cansinas después de un momento - Y sí Remus, creo que fuimos un poco inconscientes con ese tema de la seguridad, pero mira el lado bueno… ¡nadie murió o termino en la enfermería! – bromeó ella mientras hacía sonreír a uno de sus amigos y preocupaba un poco más a otro - Igualmente, la primera vez que probamos la poción tampoco sucedió nada… ¡Esa vez nuestro plan funcionó muy bien!

-¿Y de que exactamente está compuesta esa poción suya? – preguntó el chico de ojos miel tratando de olvidar la insensatez de los otros dos, y finalmente dejándose vencer por la curiosidad, Aunque sea hasta que volvieran a hacer otra de las suyas.

-La base es la pócima de sueños compartidos, imagino que la conoces ¿no? – el chico asintió. Nunca había entendido que utilidad podría tener compartir los sueños que uno tiene con otras personas, pero claro, él era bastante cerrado y no se sentía cómodo compartiendo muchos de sus pensamientos más profundos con nadie – Bueno, a esa, luego la mezclamos con unas cucharadas de poción de amor, un poco de Felix Felicis y unas gotas de veritaserum…

-Ustedes están realmente dementes – sentenció él con una mueca extraña en el rostro y mirando alternativamente a los dos implicados, que ensayaban su mejor cara de inocencia. Aparentemente sus amigos no tomarían jamás en cuenta sus consejos – Esas son pociones muy peligrosas.

-Pero cuando lo hicimos investigamos mucho Remy, lo juro – trató de suavizarlo la chica con una tímida sonrisa – Y como te dije, la primera vez que la use… ¡funcionó a la perfección!

-¿Ah sí? ¿Acaso la chica se fue con otro y tu amigo quedo totalmente deprimido? ¡Oh, no, cierto! Eso nos pasó a nosotros… - Sirius seguía mirando indignado a su amiga, ahora ya no le parecía tan perfecta su idea. Si Cornamenta llegase a enterarse de la situación definitivamente iba a tener que aguantarse alguna broma de muy mal gusto en revancha.

-No… - se limitó a contestar ella mirándolo molesta y siguió con su relato – Ellos soñaron lo mismo, según me contó mi amigo algo sobre estar juntos riendo o algo así, seguramente Lily y James también lo hicieron… Por efecto del veritaserum tenían unas ganas imparables de decirle al otro lo que sentían y finalmente, gracias al Felix Felicis tuvieron suerte en encontrarse justo en el momento correcto y en el lugar ideal. Y empezaron a salir ese día, hasta ahora siguen juntos.

Los tres quedaron en silencio, reflexionando. Hubiera sido realmente bueno que sus dos amigos pudieran estar en la misma situación que las personas del relato, pero para ser francos, todos veían esa posibilidad algo lejana.

-Quizás les faltó un poco de Felix Felicis… - dijo Remus pensativo, para luego mirarlos con algo de reproche – Saben que no me gusta romper reglas…pero podrían haberme avisado y la hacíamos juntos ¿no?

Sirius y Annie sonrieron divertidos. Por algo su castaño amigo era parte de los merodeadores, podía ser muy correcto y responsable cuando la situación lo merecía, pero muy dentro de él también era un rebelde incurable.

Esa noche, mientras volvía despacio a su sala común, la chica seguía revolviendo entre sus ideas para ver si tenía suerte y al fin encontraba una que le ayudara a juntar, esta vez de verdad, a sus nuevos amigos. Pero por mucho empeño que le puso a la cuestión, no se le ocurría absolutamente nada. Que desastre, pensó, tendría que soportar a Sirius con esa actitud culposa hasta que algo bueno sucediera… A decir verdad, eso era lo que más le preocupaba, porque no creía que realmente James podría deprimirse por lo que había pasado, al fin y al cabo era un chico muy optimista.

Desgraciadamente para todos sus amigos, y al contrario de lo que la rubia pensaba, el usualmente alegre y simpático James Potter parecía haber sido cambiado mediante poción multijugos por su opuesto complementario, un tipo huraño y constantemente cabizbajo. Y a pesar del paso de los días, su humor parecía no mejorar.

Los únicos momentos en que se lo veía con una leve sonrisa o algún asomo de ella eran, por supuesto, cuando Lily se acercaba a hablarle, y ocasionalmente también ante algunos de los muy malos chistes de su amigo de ojos grises, que a todos hacían reír aunque sea un poco.

El tiempo pasaba rápido entre clases y clases, y sin hacerse esperar, llegó noviembre. El mes que marcaba un antes y un después en el futuro del mundo mágico, según Sirius Black, el mes de su cumpleaños.

-Vamos Cornamenta… ¡Tienes que ayudarme a organizar la fiesta! Es un día épico, único, trascendental… ¡no se cumple la mayoría de edad todos los días! – rogaba el chico a su mejor amigo mientras caminaban devuelta a la torre de Gryffindor – Imagínate lo bien que la pasaremos, será la fiesta del año. Y también te ayudaría a despejar tu cabeza de todo lo que paso últimamente.

-Quizás si…Puede ser que tengas razón amigo – resopló él ya resignado a seguirlo en sus planes. No podía fallarle a su mejor amigo en un día como ese bajo ninguna circunstancia, además de que veía muy improbable el hecho de que éste dejara en algún momento de insistirle.

Los merodeadores se pasaron días pensando donde podían llevar a cabo la ya promocionada fiesta de cumpleaños, y cuando la fecha estuvo ya bastante próxima, empezaron a desesperarse. Así estaban, hundidos en cavilaciones y estrategias para insonorizar algún salón o algo similar, cuando vieron como por la puerta del Gran Comedor entraba Annie con una enorme sonrisa y haciéndoles señas con las manos para que se acercaran un segundo. Todos ellos lo hicieron y ella sólo pronunció una simple oración, que los dejo aún más intrigados. –Cuando terminen de cenar nos encontramos en el pasillo del séptimo piso que está en frente de un tapiz de Barnabás el Chiflado.

Una hora después, los seis amigos se encontraban en un salón bastante espacioso, con una imponente chimenea de piedra contra una de las paredes, varios mullidos sillones rojos y en el lado opuesto a ellos una larga barra de tragos de una lustrosa y reluciente madera, repleta de los más diversos licores y whiskys, sin olvidarnos de las populares cervezas de mantequilla.

-¡Aún no puedo creer que estuvimos tantos años sin descubrir éste lugar! – se lamentó Sirius emocionado con el hallazgo – Sólo imaginen la cantidad de fiestas que podríamos haber hecho…

-Por mi parte, aún no puedo creer que exista un lugar así aquí en Hogwarts… - continuó Lily inspeccionado minuciosamente unos discos que se encontraban en una esquina junto con un moderno equipo de sonido – Ya sé, este castillo tiene muchas sorpresas, pero no creo que mucha gente haya descubierto este lugar antes.

-No, claro que no, y si lo hicieron… No lo divulgaron o no lo notaron. Nunca leí sobre nada similar a esto – dijo Remus también visiblemente entusiasmado sentándose en uno de los mullidos sillones - ¿Creen que deberíamos guardar el secreto o decirle a otras personas que aquí habrá una fiesta?

-Fiesta sin personas, no es fiesta Rem… ¡Y menos aún sin chicas! – aclaró el futuro cumpleañero con una sonrisa traviesa.

Después de una tarde de intensos preparativos para dejar el lugar espectacularmente decorado, sólo por parte de las chicas como era de esperarse, al fin llego la noche. Los hombres llegaron primero y empezaron a servirse un par de cervezas y a comer algunos bocadillos salados que habían pedido amablemente de las cocinas. Cuando a los quince minutos se abrieron las puertas del salón dejando entrar a sus dos amigas ellos no pudieron más que quedar boquiabiertos.

Las chicas, al parecer se habían esmerado para la ocasión. Annie vestía un ajustado vestido negro largo hasta el suelo, con mangas cortas y un sugerente escote, mientras que su salvaje cabello rubio caía en cascado por sobre su espalda. Por su parte, Lily no tenía nada que envidiarle, la pelirroja aunque no solía intentar resaltar mucho su figura, tenía un cuerpo muy atlético y atractivo. Pero esa noche en particular era notorio que se había arreglado muchísimo, su cabello rojo fuego estaba recogido en una especie de media cola y llevaba puesto un corto vestido de mangas largas color verde esmeralda, con un sensual escote en la espalda que dejaba a la vista su piel blanca repleta de pequeñas pecas.

-Wow. Si todas las chicas invitadas esta noche son la mitad de sexys que estas dos que tengo en frente, creo que hoy me enamoraré de alguna chicos – bromeó Sirius galantemente acercándose a saludarlas. Las chicas recibieron también de muy buen humor los elogios de sus demás amigos, salvo de uno, que cuando las vio entrar se quedo clavado junto a la barra y se dio vuelta para abrir un whisky de fuego.

Poco a poco cada uno de los invitados fueron llegando, repitiendo al pasar por la puerta las mismas exclamaciones de incredulidad que sus descubridores. El lugar era perfecto, la música que James y Sirius habían elegido también, había grandes cantidades de comidas y bebidas y ninguna autoridad del colegio iba a descubrirlos. Esa noche prometía ser un suceso.

Todos parecían divertirse muchísimo. Lily, quién había invitado a su nuevo amigo Connor a unírseles en el festejo, bailaba muy animadamente con él rodeados de unas cuantas personas más pertenecientes a las cuatro casas del colegio (incluso un par de amigos que Annie había hecho en su casa habían asistido). En la otra punta de la sala, Sirius, Annie y Remus estaban echados en uno de los sillones riéndose con ganas de una anécdota contada por ella cuando un par de chicas más jóvenes de Gryffindor pasaron frente suyo captando la atención de sus amigos.

-Y entonces, un hipogrifo rosado se acercó y me ofreció un poco de pastel de calabaza… - dijo la rubia, intentando comprobar si sus amigos le prestaban atención o no.

-Genial Annie, genial… - murmuró simplemente Sirius girándose para seguir con la vista a las dos castañas que acababan de pasar.

-Patético estrellita – dijo ella burlándose y volviendo a captar la atención de los dos al mencionar el apodo con el que llamaba al pelinegro para molestarlo – ¿Ignoras a tu amiga de la infancia por un par de escotes? Qué triste…

-¡Claro que no terremoto! – rió él abrazándola cariñosamente mientras ella fingía una mueca ofendida, pero luego agregó en un tono muy serio – Pero no son solo escotes, son también un par de increíbles traseros…

-¡SIRIUS! – exclamó ella mientras le pegaba un coscorrón en la cabeza y Remus se desternillaba de la risa.

-¡Calma, calma, tranquila! - se defendió el intentando poner cara de inocente, cosa que no salió demasiado bien – Además, si vamos al caso, tú no tienes nada que envidiarles con ese escote que traes esta noche…

-Si te sigues haciendo el gracioso vas a quedar estrellado del golpe que te voy a dar, te lo advierto – contestó ella amenazadoramente, pero pronto cambió de expresión y con una sonrisa resignada agregó – Aunque supongo que gracias igual ¿no?

Un par de horas más tarde ya eran pocos los rezagados que quedaban en la fiesta, y aún menos los que seguían bailando. Sirius era uno de ellos. En ese momento sonaba un lenta y romántica canción, y él bailaba muy cómodamente abrazado a una de las chicas castañas que había llamado su atención antes… `Y como para que no lo hiciera´ pensaba él ` ¡esta buenísima!´.

Por otra parte, había para quienes la noche había sido un asco. Bueno, en realidad, sólo para una persona… James. Y para colmo de males una de las parejas que aún seguían en la pista de baile eran ni más ni menos que su adorada pelirroja y ese tonto Ravenclaw.

`No aguanto más esto´ pensaba él en sus adentros, estaba a punto de estallar de furia y… ¡encima acababa de empezar una canción lenta! Él lo intento, con todas sus fuerzas intento contenerse y no mover un musculo de su lugar, pero por alguna razón (probablemente el alcohol) no lo logró.

-Ey Lily, necesito hablarte – declaró con tono frío llegando junto a la pareja que bailaban muy juntos.

-Potter, puedes hablar con ella después, ahora estamos un poco ocupados… - dijo él, mirándolo burlonamente, o eso imagino él.

-No te hable a ti nerd tragalibros – contestó el muy agresivamente inflando su pecho para parecer más grande.

-¡James! ¡Pídele disculpas ya! ¿Qué se te ha cruzado por la cabeza para tratar así a Connor? – interrumpió la pelirroja enfurecida haciendo que los demás empezaran a prestar atención a la escena.

-No lo haré. Este idiota no tiene porque meterse, yo dije que quería hablar contigo… - continuo él haciendo que su amiga cada vez enrojeciera mas por el enojo - …contigo Lils, no con el eslabón perdido entre un orco y un elfo domestico.

Ante este último comentario el joven Ravenclaw también tomo un color parecido al de un tomate e intentó abrir la boca para contestar, pero Remus y Sirius se le adelantaron.

-Chicos… ¿Qué buena estuvo la fiesta no? Pero es algo tarde ya… ¡¿Por qué no nos vamos?! – murmuró el primero desesperadamente hacia la enojada pareja dándoles algunos empujoncitos para que fueran saliendo del lugar.

-¡VEN LILY! ¡QUIERO HABLAR YA CONTIGO! – siguió James, demostrando un poco más su nivel de ebriedad mientras Sirius le saltaba encima intentando taparle la boca y forcejeaba con él para que su amigo no saliera disparado por la puerta.

Bueno hasta ese momento, había sido una memorable fiesta, pensó el cumpleañero.


¡Hola gente linda! Perdón por haber abandonado esto por tantos días, es que tuve unas semanas algo movidas entre exámenes, vacaciones de semana santa y demás. Espero que este capítulo les guste, y les ruego que si lo leen dejen algún comentario, me siento algo desanimada últimamente, ¡y eso me alegraría mucho!. En fin, espero no seguir atascada de cosas y poder ponerme las pilas con esta historia... ¡Saludos! ¡Y que tengan un buen lunes!

Circe