Tercer capítulo. Aun no tengo claro, después de este, cuántos capis serán, porque hubo un pequeño giro argumental, pero... Espero en verdad que les guste.

Si tal vez se siente que las cosas corrieron un pelín, descuiden. En el siguiente, Yukina y Kisa se explicarán mutuamente un par de cositas n.n

Disfrútenlo! Y no olviden sus reviews, son el combustible de mis neuronas n.n"


Confesión

Intentaba por todos los medios mantener mi sonrisa y ser amable con los fans de sensei. Ellos no tenían la culpa, al final de cuentas, de todo lo que había pasado minutos antes.

Pero estaba molesto. Aunque la gente por lo general se obsesiona con mi cara, y por ende evitan mirarme completamente, sé que algunas chicas habían detectado que mi apretón contra los volúmenes a vender era excesivamente fuerte.

Me sentía inferior en ese momento, y nadie me podía culpar…

- Muchas gracias por todo –Kisa se inclinó ante los asistentes, al igual que su autora- Prometemos cautivarlos con la siguiente parte también.

Ritsu y Masamune sonrieron, uniéndose a los aplausos, y enseñando un pulgar arriba al igual que Takafumi, quien estaba satisfecho, como siempre, con el trabajo de aquel editor. Pero mientras los mejores amigos se acercaban el uno al otro, para agradecer a sensei, Ritsu decidió dejarse llevar por su instinto y, fingiendo ofrecerse para ayudar un poco con la mesa, se acercó a Yukina.

- Dale tiempo. Hay cosas que no está acostumbrado a sentir, y huye.

- ¿Eh? –el más joven alzó la mirada, topándose con ese par de ojos verdes.

Lo había visto antes, un par de veces. Onodera-san antes también había participado de algunas presentaciones sobre libros de literatura, por lo que recuerdo que fue inevitable preguntarle la primera vez que lo vi en uno de manga sobre su cambio de rubro. Y él me respondió con amabilidad sus razones. Por eso lo respetaba también, por ser amable y cálido.

Y, me inspiraba confianza…

- Nada, nada… Creo que me equivoqué en un par de deducciones –sonrió, y siguió acomodando los pocos volúmenes que no se habían llegado a vender.

- Onodera-san… ¿Soy tan poca cosa para él…?

- ¿Eh? –esta vez Ritsu no fue correspondido. Yukina apretaba sus puños, con una expresión medio devastada que le dolió, como amigo.

- Supongo que alguien menor no representa un buen prospecto, y más siendo aun un estudiante sin un futuro definido, pero

- Si piensas de esa manera no lograrás nada. No es por eso lo de hace un rato –Yukina lo miró, sonrojándose- Gomen. Es mi amigo, y por ende, tanto Takano-san como yo solemos vigilar que no se meta en problemas, o lo metan sin querer…

- Jamás lo haría –bajó la mirada con cierta timidez.

- Eso lo sé. Por eso me dieron ganas de matarlo cuando salió corriendo a los servicios… ¿Qué te dijo exactamente…? –Yukina negó, confirmándole a Ritsu que probablemente Kisa había cometido alguna infidencia- ¿Por qué huyó…?

- …dijo que le gustaba mi cara, y que eso, con otras personas, significaría llevárselo a la cama –Ritsu abrió los ojos como platos- Pero cuando le dije que me llevara a mí también, me rechazó. Me siento un tonto por sentirme de esta manera, pese a que mi autoestima es buena, pero… Viéndolo venir todos los días a Marimo, para comprar cosas que él recibe gratis, pues… Me había ilusionado.

Yukina Kou. Sin lugar a dudas, el hombre ideal, a nivel físico, y ahora entendía, también a nivel emocional. Aunque amo a Takano-san, no pude evitar reconocer que cualquiera de nosotros dos, Yokozawa-san o Kirishima-san, podríamos haber considerado en algún momento tener algo con este chico, de conocerlo mejor. Era hermoso, amable, muy trabajador, y, como había comentado el encargado general, muy talentoso, tanto como para haber diseñado por sí solo el stand de venta.

Era en verdad todo lo que Kisa-san admiraba en la fachada de un hombre, pero… Era todo lo que creía no merecer del interior de uno.

Y sin embargo, yo estaba comprobando que este joven universitario, que de seguro estaba recién empezando sus veinte, lo veía no con ojos de pedófilo ni nada por el estilo. Él estaba interesado en Kisa-san, en conocerlo, en convencerlo de que tal vez no solo su rostro era bello. Pero carecía de armas, no las tenía, y eso…

Yo lo sabía más que nadie: Es frustrante no estar con el amor de tu vida…

- Dame unos minutos –se alejó de Yukina, y fue a clamar la atención de Takano. Al verlos interactuar, el encargado sonrió, enternecido al descubrir el secreto que los ojos de ambos parecían gritarse. Esos dos se amaban, era más que evidente.

Daría todo por verme igual contigo…

- Yu…Yukina… -Kisa se había acercado, sonrojado, y sin mirarlo.

- Dígame, Kisa-san –y él, para su propia conveniencia, intentó ser formal, pese a que se moría de nervios.

- Necesito una caja para meter los saldos y dejarlos en tu almacén, ¿sabrás si hay alguna disponible?

- No va a ser necesario –Takano se había acercado a su vez, seguido de Ritsu, quien guiñó con disimulo a Yukina- Sensei quiere llevar esos a su casa para su familia, así que Onodera y yo la acompañaremos. Mas bien, habían unos volúmenes de Za-Kan que debían llegar en la tarde, pero tuvieron un pequeño retraso. Yokozawa debe ir a casa por una urgencia familiar –en efecto, lo vieron alejarse, un poco pálido- de modo que, te daré el dinero para el taxi. Debes traer las veinte cajas de ejemplares hoy mismo, Kisa.

- ¿Veinte? –lo miró horrorizado- Ta…Takano-san, sí has notado que soy un debilucho, ¿verdad?

- ¿Algún problema? –el Jefe de Yukina se había acercado, al ver al pequeño grupito.

- Lo he notado, y por ello… Morooka-san, ¿podría dar la tarde libre a Yukina-kun para que nos ayude a traer unos ejemplares, por favor? Kisa estará solo, y no podemos contar con nuestros otros compañeros –a Kisa y Yukina aquello les cayó como un baldazo.

Solo que para el primero fue de agua ardiente, y para el segundo, helada.

…que fue calentándose de a poquitos.

- Hum, ¿has ter

- Todo, Morooka-san. Ya no tengo ningún pendiente. ¡Iré a cambiarme! –se fue corriendo, no sin antes sonreír radiante a Ritsu.

- …supongo que no hay inconveniente alguno –su Jefe rió- Bien, en ese caso, dejaré indicado que ustedes regresarán más tarde. Porque estamos ya a un paso de cerrar.

- …ha…hai…

- Kisa, te lo encargo.

- …hai…

-.-

Habían logrado llegar justo para el cierre de la Editorial, pero ya Takano había advertido que debían dejarlos ingresar. Como el nombre de Yukina ya estaba también declarado, solo tuvo que mostrar su identificación. Y así, ambos tomaron el ascensor, rumbo al departamento de Shounen.

- Lamento que te hayan implicado en esto, de seguro tenías planes para este viernes…

- Ninguno. Salvo corregir una porquería de pintura que mi maestro rechazó –Kisa lo observó. Las facciones perfectas de Yukina destilaban decepción- Yo ya ni sé para qué sigo esa carrera si todo me sale mal…

- ¿Estudias artes, verdad? –asintió- Hum, ¿puedo ver lo que pintaste?

- Es un lienzo enorme, Kisa-san. Está en mi departamento –se miraron a los ojos. Y apartaron las miradas al mismo tiempo.

Llegaron a la oficina indicada, y Shizuku se ofreció a ayudarles a bajar las cajas. Kisa se avergonzó al notar que ambos chicos, y aunque su compañero de trabajo fuese menos corpulento que Yukina, lograban cargar sin problemas hasta tres cajas por vez. Mientras que él solo lograba elevar una.

- Creo que más estorbo que otra cosa…

- Deberías hacer pesas. He logrado sacar algo de músculos a causa de ir al gimnasio, y eso que lo hago solo los fines de semana, Kisa.

- Tómelo con calma, Kisa-san. Yo tengo resistencia más por obligación que por otra cosa… Prácticamente lo hago todo yo solo, incluyendo sacar la basura de mi edificio –sonrió, entre orgulloso y divertido, rumbo al ascensor, dejándolos con la boca abierta.

- ¿Nueva adquisición de Emerald?

- Ya quisiera… Digo, por lo trabajador que es –se sonrojó- Pero no, es parte del staff de Marimo. Solo vino a ayudarme.

- Oh, ya lo recuerdo… Siempre es comedido, y ayuda aun cuando tiene que ir a la universidad, a veces. Tengo un conocido que estudia con él, ¿Yukina Kou, verdad? –asintió- Jum, mi amigo dice que aunque es talentoso, sus creaciones carecen de alma… o algo así. Aparentemente es el último ciclo en el que lo admitirán, de no elevar sus calificaciones…

Kisa volvió a mirar el ascensor.

-.-

Durante el trayecto a la librería, Yukina había preguntado mucho, y con evidente interés, sobre el proceso de edición. Le fascinaba la idea de conocer esos detalles, y Kisa, más relajado al no ser cuestionado ni obligado a tratar temas incómodos, le contó en qué consistía su trabajo. Se negó a dejar spoilers sobre la continuación de los mangas que editaba, riendo enternecido ante el infantil resentimiento de Yukina, y temiendo esas sensaciones que despertaba en él. Pero se sentía tan bien a su lado… Respirar era difícil, pero no por falta de aire… Sino por un exceso de libertad.

- Esas fueron las últimas. Agradezco mucho tu ayuda, Yukina.

- ¡Y yo todo lo que me contó, Kisa-san! Ahora creo que podré morir en paz, me ha desentrañado mis pequeñas dudas sobre mis mangas favoritos, no se lo podré pagar nunca…

Kisa rió, divertido, y luego se miraron. Para el más alto era evidente que Onodera-san le había generado esa oportunidad, pero tenía mucho miedo a dar pasos demasiado rápidos, o lentos, en la dirección equivocada. Después de todo, aunque había tenido un par de novias antes, y era constantemente acosado…

…nunca se había enamorado de un hombre.

- Yo… ya debo irme. Te ayudaré a cerrar la librería.

- Hai… Gracias, Kisa-san.

Lo hicieron en silencio, dejando todo en orden. Fuera, las personas iban escaseando, y aunque sus estómagos sonaban bajito, ninguno parecía querer irse.

- …Kisa-san entra a trabajar a primera hora, ¿verdad?

- Sí. Mañana tengo una reunión… -Yukina no reprimió su suspiro.

- Entiendo. Kisa-san –se acercó solo un poco- ¿seguirás viniendo, verdad? –lejos de ofenderse por ser tuteado, esa sensación extraña en su pecho se suavizó, convirtiéndose en cálida.

- Sabes bien que vendré cuando haya presentaciones. Además, necesitaré coordinar contigo sobre los stands, y las existencias de los volúmenes.

- Oh, claro…

- …y bueno, pues… -bajó la mirada- Supongo que una forma de agradecer tu esfuerzo va a ser seguir viniendo a comprarte a ti los tomos… y regalarte los que me den gratis a mi…. –las facciones hermosas parecieron brillar con mayor intensidad.

…mierda…

- ¿En serio? –asintió, rojo como un tomate- ¡Oh, Kisa-san, eso es maravilloso! –lo atrapó entre sus brazos, con fuerza, acurrucándolo contra su cuerpo.

Fue un impulso, tonto tal vez, inmaduro de seguro, pero… no pude evitarlo. Iba a verlo todos los días, le iba a poder hablar, conversaríamos aunque solo fuesen cinco minutos esas ocasiones…

…no sé si él o yo temblábamos más, pero… Lo hacíamos.

- Yo… gomen, Kisa-san… -lo separó con suavidad, mirándolo, pero arrepintiéndose al ver que el mayor miraba sus pies, sin mostrarse- Perdóneme, por favor, fui muy irrespetuoso, yo

- Quiero ver esa pintura. Estoy seguro de que tu maestro es un idiota –su voz sonaba ligeramente ronca, y logró elevar la mirada. Sus ojos lucían diferentes, y de tanto en tanto bajaban hacia los labios de Yukina –No debes renunciar a lo que más quieres hacer y ser solo porque una persona no comulga con tu talento. Yo no soy un artista, solo edito arte, de una manera diferente, pero creo poderte orientar. Solo, solo si quieres…

- Nada me haría más feliz –su propia serenidad lo asombró, pese al latido desbocado en su pecho.

- Entonces, iré a tu departamento… -tembló visiblemente- Cuando, cuando tú

- Ven ahora –acortó la distancia, sin ser invasivo- No me gustan las noches porque ceno solo. No sé cocinar bien, pero… quisiera que me acompañes, Kisa-san… ¿Puedes venir, por favor?

¿En qué maldito momento empecé a llorar, sin darme cuenta? No lo sé. Solo recuerdo que asentí, dejando que sus dedos limpiaran mi rostro. Yukina era nueve años menor que yo, lo supe al instante de conocerlo, porque averigüé aquello de unas fans suyas que no dejaban de coquetearle. Un niño, para un hombre de casi treinta… Me sentía tan sucio a su lado, tan oscuro, cuando él iluminaba la calle por la que pasábamos, aun más que los propios carteles de la Calle del Amor.

- Me gusta pasar por aquí a menudo –el menor habló, sonriente, captando su atención- No, no vayas a pensar que vengo a usar los hoteles…

- Sería lo normal. Eres joven y apuesto –se mordió la lengua con rabia.

- Gracias. Pero no me gusta tener sexo sin amor –Kisa frunció el ceño, sintiéndose ligeramente ofendido por el comentario de ese mocoso. Pero luego de un minuto casi entero, abrió los ojos como platos, y lo miró.

- Si no te gusta hacer eso, ¿cómo es que me pediste aquello…? –Yukina solo sonrió, y lo miró a los ojos.

- Porque quiero dormir con Kisa-san, en mi departamento, el día en que estés preparado para enseñarme este tipo de amor. Creí que me correspondías, debo aceptarlo, y creo no equivocarme, ya que me consideras diferente en el sentido de no quererme para una aventura, ¿cierto? –el otro estaba hipnotizado- Por eso pensé que hoy podríamos hablar, y al menos acostarnos juntos, para que conozcas el lado del cual me gusta dormir. Pero no importa si aun no estás preparado: espero ser lo suficientemente adecuado como para convencerte de que esta Calle no es solo la del Amor y el Sexo…

- …debes imaginar que me conozco todos estos hoteles como la palma de mi mano, ¿verdad?

- Lo sé. Pero eso no importa. Cuando aceptes lo que sentimos y perfeccionemos ese sentimiento, dejará de ser la Calle del Amor para transformarse en la de los Sueños… Sueños en común –llegaron al final, y él se atrevió a tomar una de sus manos entre las suyas, mirando la oscuridad de la mirada del más bajo, deseando poder dar una profundidad menos tenebrosa a esos hermosos ojos- No tengo algo por ofrecer, y probablemente soy aun un niño que no entiende muchas cosas de la gente adulta, pero… Yo agradezco que Kisa-san me haya convertido en alguien especial, y por eso es que no quiero perderlo sin luchar. ¿Puedes intentar hacer lo mismo…?

Kisa lo miraba, sin poder evitar esos hermosos ojos que eran más luminosos que una galaxia. Tenía tantas cosas rompiéndose en su interior, tantos miedos, tantos prejuicios. El principal, temer dañar a un ser tan hermoso, perfecto, que merecía a alguien que fuese tan inocente como él.

- La inocencia y la pureza no la dictan el cuerpo ni los pensamientos –recitó, arrancándole un pequeño resoplido, y una lagrimita.

- …eso es

- Una de las líneas del último trabajo de sensei. Me gustó mucho cuando lo escribió, pero por alguna razón, no lo sentí suyo. ¿Fue tu aporte, verdad? –asintió, soltando un par de gotitas más- Si fuiste capaz de decirte a ti mismo eso, yo seré capaz de verte como te sigo viendo, así nos convirtamos algún día en un par de conejos…

- Oi… ¿Qué le dices a un viejo como yo, baka? –se sonrojó demasiado, y miró a un lado, escuchando su risita nerviosa- …eres un ser libre, puedes tener a quien quieras…

- Eso es más que evidente, y por eso estoy aquí.

- …algún día, incluso estando contigo, vendrán a joderme…

- Tanto peor para ellos, mejor para nosotros. Que vengan todos, sé artes marciales –Kisa tragó saliva.

- …ok, tal vez deba advertirles no intentarlo… -suspiró, y alzó la vista. La dulzura de esa mirada rompió los últimos atisbos de prejuicios estúpidos- Iré a un ritmo que tal vez no te guste…

- Amo que me sorprendan, y sé que lo harás. Además, yo no soy insípido, sabré mantenerte en constante expectativa, sin pasarme de los límites –sonrieron- Dame la oportunidad de ganarte. Solo te pido eso…

- … -cerró los ojos un instante, y luego sonrió- Seré muy estricto con respecto a tu carrera.

- Quiero que lo seas, y mi modelo. Quizás si pinto tu rostro o lo que significas para mí, pueda crear cosas con vida…

Y le creí, claro que le creí. Aunque aun no llegábamos a su departamento, y no había visto nada de sus creaciones, salvo ese stand de pollitos, le creí.

Porque estaba regalándome una nueva vida desde ese momento.

- Entonces vamos. Quiero ver qué tanta vida puedes crear en realidad, Yukina…