Capítulo 2

"Pero…" empezó Inglaterra, "¿Cómo…?"

El muchacho se sentó sobre el suave pasto y suspiró. Sin contestar ni hablar desvió su mirada a la laguna, intrigando aún más al inglés, quien empezó a acercarse hasta quedar a su lado y se arrodilló. Un aura de poder inimaginable cubría al joven oriental.

"No era mi idea que alguien me encontrara, menos vos." Dijo China en su rejuvenecida voz y con una expresión de incomodidad que no pasó desapercibida para el otro.

"Pero, ¿por qué estás así?" insistió Inglaterra.

"No te incumbe" dijo testarudamente el asiático.

Arthur dudó sobre cómo proseguir. Tenía delante de él a una de las más grandes potencias mundiales reducida a un chico que, además de obstinado, poseía un inmenso poder. Se preguntó si China sabía que tenía tanta magia. Varios pensamientos cruzaron su mente de estratega; uno de ellos era que si alguien se enteraba de la actual situación del otro, esa persona podría llegar a usarlo con un fin no exactamente…humanitario, por decirlo de algún modo, o peor, de alguna manera que podría influenciar negativamente al mismo Reino Unido es decir, él. Por otro lado, pensó él, podría aprovecharse de esa situación. Meditó dos veces eso último y se negó rotundamente a seguir ese último pensamiento. Ya bastantes problemas tenía, y había aprendido que el ansia de poder nunca terminaba en un feliz desenlace.

China, a su lado, solo esperaba el momento en el que la otra nación se fuera para poder respirar en paz. Él sabía que estaba en esa posición porque era lo que los Dioses querían (además de que, si por él fuera, se hubiera quedado en su país), y sabía que todo lo que sucedía era por obra del Destino, pero… justo encontrarse con una de las personas que más detestaba era una ironía. No quería que ni el otro ni nadie se aprovecharan de su actual posición.

"¿No queres quedarte en mi casa?" preguntó súbitamente Inglaterra, tomando por sorpresa a China, quien lo miró con curiosidad. "¿Tu casa?" murmuró con cierta desconfianza y sarcasmo marcado en su joven rostro.
Pareció meditar su respuesta durante unos largos minutos. No estaba seguro, ¿Confiar en el europeo?,
nunca, pero podía aprovechar la situación. Un leve escalofrío subió por su espalda, no podía permitir que Él lo encuentre y, además… no sabía si pasar otra noche solo era la mejor idea.
Muchos pensamientos como los anteriores nacieron en su mente, e Inglaterra no lo apuró a tomar una decisión. Después de pensarlo bien durante algún tiempo, lentamente asintió con la cabeza.

Arthur pareció ligeramente sorprendido por su decisión, él pensaba que la testaruda nación le iba a dar más vueltas al asunto antes de acceder. El inglés frunció un poco el ceño, "Al parecer" pensó, "Todavía hay algo más grave que le tiene preocupado… aunque me pregunto que puede ser peor que la forma en la que ya está".

El camino de regreso a la casa fue tranquilo y en silencio. China lo seguía mientras tocaba con sus delicadas manos los troncos de los árboles, sintiendo la antigua magia que yacía latente en aquel bosque. Inglaterra veía sus movimientos de reojo.

"Este bosque tiene magia muy antigua" comentó China. Inglaterra giró la cabeza,

"Es el hogar de muchos seres" agregó.

"Ya no quedan muchos lugares como estos" suspiró con tristeza el asiático, sorprendiendo al inglés.

"¿Puedes verlos?" preguntó. China le sonrió como un padre a un hijo, "Con mis años no te tendría que sorprender". Era cómico escuchar aquellas palabras y ver aquella sonrisa en el rostro de, apenas, un muchacho.

Llegaron con el crepúsculo a la casa. Todo estaba teñido de tonos anaranjados y rosas por el atardecer. Sus sombras, alargadas, se posaban donde sus pasos caían y la brisa, aún cálida, soplaba contra sus rostros.

"Hoy va a ser una noche excepcional" susurró China, mientras miraba el horizonte, una expresión de cansada melancolía bañando su rostro.

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Nota de Autor

Otro capítulo, me animé a subirlo gracias a la insistencia de mi querida hermana ;)