Notas iniciales
Hola queridos lectores que esperaban el cap con mucha impaciencia seguramente XD sorry por la tardanza, la escuela era horriblemente atormentadora, pero bueno menos charla y mas acción.
Por cierto luego subiré un fan art de este capitulo, para que lo cheque en mi deviantart, es Ratachicle.
Lo prometido, Hibari y otros personajes más aparecen en este nuevo cap, espero les guste.
/
Día 3: Las ilusiones atacan
Un nuevo y hermoso amanecer, la primera y cálida brisa que despierta al mundo con un agradable sentimiento de esperanza y energía, o al menos a algunas personas.
-uh…
Menos a Mukuro que no pudo dormir toda la noche. Su rostro lucia pálido, con unas ojeras muy notorias y mirando perdidamente a Byakuran que dormía tan plácidamente. Volteo hacia la ventana, mirando tan cansado el rayo de luz que había golpeado su mirada.
Justo cuando acababa de voltearse Byakuran ya se había despertado.
-¡buenos días Mukuro-kun!, ¿Dormiste bien?
-por supuesto que no, y lo sabes muy bien.- contesto con un tono algo malhumorado.- sabes muy bien que para evitar que me manosearas tuve que estar vigilando esas manos curiosas que tienes.
-que malo eres Mukuro kun, yo solamente quería comprobar que tanto habías crecido, después de todo, ya he comprobado que tienes unas caderas muy pronunciadas.- su sonrisa estaba totalmente amplia.
-oya, eso es algo que quiero olvidar.- se levanto de la cama dirigiéndose al baño.- y que parece que por más que lo intente no lograre que lo olvides.
-¿Cómo podría olvidarlo? Si hasta me…. Un momento, ¿vas a bañarte Mukuro-kun?, ¡Te acompaño!
-… oya, ¿no puedo disfrutar de un baño yo solo?-un aura maligna salió de todo su ser, en realidad estaba furioso… demasiado.
-bueno para que veas que soy amable te lo permitiré solo esta vez, pero la siguiente ocasión te enjabonare todo el cuerpo, ¿entendido?
No dijo una palabra más, cerró la puerta con una tremenda fuerza que casi hace temblar todo el lugar, Byakuran sonreía y veía aquella puerta, no había duda alguna, su vida ahora era muy divertida gracias a aquella "piña malhumorada".
No pasó mucho tiempo para que Rokudo saliera ya fresco y vestido, bueno aun se le notaba el tremendo sueño que tenía, pero eso no impedía que cumpliera su parte del trato en cuanto a prepararle algo de comer a Byakuran, lamentablemente no contaba con que el albino empezara a hacer sus jugadas.
-¡Mukuro-kun! Te compre algo, espero te guste, seguro te quedara muy bien.
Que va abriendo Mukuro de esa caja sino un bello y muy sexy traje egipcio, tipo Cleopatra, pero más revelador de lo normal: por supuesto que Rokudo no pudo evitar sentir temor y enojo por semejante regalo, se notaba que lo había comprado en una de esas tiendas eróticas.
-¿crees que voy a ponerme esto?
-no es de que creas.- contesto Byakuran con una sonrisita traviesa para luego mirarle lujuriosamente.- DEBES ponerte esa prenda, está en nuestro contrato, recuerda:"Mi benefactor tiene derecho a darme un regalo cada vez que él quiera, no importa el tipo que sea, y deberé probármelo aunque sea una vez; por esta razón, los gastos de alimentos y vestimenta me los pagara Byakuran"
-… se me olvida lo tenebroso que puede ser tu sentido común, Byakuran.
-olvida eso, ya quiero verte vestido con ese traje.- no perdía esa sonrisa de total superioridad.
-etto… -tomando un pan tostado y dirigiéndose apresuradamente a la puerta.- ¡tengo que irme a buscar trabajo!- entonces salió lo más rápido que sus pies le dieron.
-tendrás que regresar Mukuro kun- dijo Byakuran dando un suave sorbo a su café mientras veía complacido hacia la puerta.- y cuando regreses nunca más te querrás separar de mi, te obligare a adorarme y te acostumbraras...
Mukuro ya se había alejado bastante de aquel departamento, quien sabe lo que hubiera podido pasar si seguía ahí, no quería averiguarlo y mucho menos probarlo.
Con lo desvelado que andaba apenas si podía andar entre las calles sin quedarse dormido, pero que otra alternativa tenia, hoy saldría tarde Byakuran de su casa y si volviera Mukuro a su hogar le esperaría un muy uke destino.
Se fue buscando en todos los locales algún anuncio de empleo, había muy pocos, y los pocos que hallaba o el jefe le quería hacer un examen físico privado o eran gays que lo querían por ser lindo; en serio no tenía mucha suerte. Un ejemplo de esto fue uno de los bares al que fue, el lugar más raro que se pudo imaginar.
El bar era elegante, por el momento no había clientes, solo uno de los meseros, con un curioso delantal rosa y lentes de sol a pesar de la poca luz del lugar, que estaba barriendo el lugar mientras escuchaba música de sus audífonos, cantaba y bailaba con la escoba.
-I want your ugly, I want your disease, I want your everything as long as its free.
-disculpa… -contesto Mukuro tratando de llamar su atención.
-I want your love, Love-love-love I want your love…
-oye, vengo por lo del empleo de mesero.
Pero el mesero seguía cantando con tanta alegría y moviendo su cuerpo con el ritmo de la canción hasta su mecho de cabello se movía.
-I want your loving and I want your revenge. You and me could write a bad romance…
-… -entonces le quita los audífonos.- disculpa al parecer no me oías.- aunque Mukuro ya estuviera más que enfadado nunca dejaba a un lado esa forma respetuosa y fina de hablar.
-oya, discúlpame por ignorarte precioso.- lanzándole un beso aéreo.
-muy bien… -petrificándose por aquel beso y sin dejar de mirar ese raro mechón de cabello verde que sobresalía de esa calva.- vengo por lo del empleo de mesero.
-¡oh qué bien!, necesitamos la más ayuda posible, este lugar es muy concurrido la mayor parte del tiempo, solamente Squ-chan y yo nos encargamos de todo.
-oya, ya veo, ¿y qué me dice de su jefe?
-ah él se encarga de las cuentas, es tan hermoso pero al mismo tiempo es un poco peligroso.
En ese momento hubo un sonido de disparo proveniente del despacho y salió un tipo de cabello largo y blanco por la puerta, o más bien salió volando y rompiendo la puerta de paso.
-¡VOIIIIIIIIIIIIIIII!- se levanto entonces un poco para gritarle a la persona que estaba dentro del despacho.- ¡maldito bossu bueno para nada!
-basura, lo que me trajiste no sirve.- solo se escuchaba la voz grave pero sexy de aquel que llamaban el jefe, y de repente, sale una botella de tequila disparada en el aire y cayendo exactamente en la cabeza del mesero peliblanco dejándolo de paso en KO.
-ah, Squ-chan es un amore˜ -decía aquel tipo extraño mientras revoloteaba.- muy bien como te decía.- volteo a ver a Mukuro quien afortunadamente ya había escapado.- oh, se fue.- pero noto un papel, exactamente una de las solicitudes de empleo que había escrito antes.- are, interesante niño; a ver que dice el jefe.
Mukuro ya se había alejado bastante de aquel bar, ya tenía suficiente con vivir con un pervertido, sería el colmo tener como jefe un sádico.
Seguía por las calles tratando de ver quien le daba empleo pero no tenía mucha suerte, como siempre, esos antecedentes penales no le ayudaban mucho que digamos.
Se sentó en una banca de parque que no estaba muy lejos de donde vivía anteriormente, se quedo ahí unos cuantos minutos, suspiro con fastidio mientras miraba al cielo.
-"todo es culpa de ese malvavisco pervertido… pero ni crea que doblegare mi orgullo"
Pero al parecer no era la única persona que maldecía su suerte, un policía iba con muy mala cara y renegando entre murmullos.
-él no estaba ahí, tsk.
De repente un niño se cruzo frente a aquel policía, corriendo el pequeño en dirección donde estaba Mukuro, así que ambos adultos cruzaron las miradas en el mismo instante.
No paso ni un segundo para que se reconocieran, entonces el policía se quito el sombrero que ocultaba su cabello y mirada, una cabellera lacia pero rebelde y unos ojos de un color azul, muy contrastante con lo afilado de su mirada, pero un avecilla pequeña y amarilla descansaba en su hombro, a pesar del aura de peligro que desprendía aquella persona.
-Hibari Kyouya… otra vez nos vemos.
- Mukuro, Mukuro -aquel moreno no hablo, él único que contesto aquello fue esa curiosa avecilla que voló al sentir las intenciones de su amo.- Kamikorosu.
Rokudo tomo rápidamente uno de los tubos sueltos que había en aquel parque, aprovechando para defenderse apenas del ataque de las tonfas de aquel policía; un sonido poderoso y chocante había sido presenciado por todos los espectadores, los cuales la mayoría eran niños.
-no has cambiado kufufu, no dejas de perseguirme.- sostenía con fuerza ese tubo de metal, le había servido como una buena barrera contra el ataque del moreno.
-tu tampoco, pero esta vez no te escaparas de mi.- Hibari aun trataba de golpear con sus tonfas al de cabello de piña.
Los niños veían sumamente interesados el pleito, Mukuro se había logrado quitar de encima a Hibari, así que ahora ambos podrían tener una pelea más equitativa. Golpes, patadas, puñetazos, movimientos rápidos con las tonfas y con ese tubo, solo se alcanzaban a ver los brillos de las armas al chocar al igual que el sonido del golpe; ambos realmente tenían una misma fuerza monstruosa.
Pero no duro mucho tiempo aquella batalla, una patrulla había llegado porque una de las madres había llamado; fue difícil meterse en la pelea de ambos pero al final lograron controlarlos y llevarlos a comisaria. Tuvieron que mantenerlos en celdas separadas porque juntos iban a terminar matándose.
Por suerte, o quizás no tanto, a Mukuro le concedieron hacer una llamada, ¿a quién más podría recurrir sino a su "salvador" malvaviscoso? No podía su suerte empeorar, o si podía, porque Byakuran no había tardado en llegar.
-Mukuro-kun, ¿nunca dejas de necesitarme verdad?- sonriéndole con esa rostro tan falsamente inocente.- eres un niño muy malo.
-di lo que quieras, solo sácame de aquí.- decía un poco fastidiado.
-fufufu, pero eso sería pagar tu multa Mukuro-kun, pero como no tienes dinero con que pagarme quiero una recompensa… -se le acerco mas hasta donde los barrotes le permitieran.- llegando del trabajo quiero que me sirvas de comer mi postre favorito, pero no solo eso, que estés sentado sobre mis piernas con ese traje egipcio que te compre y que tú mismo seas el que me alimente.
-¿crees que aceptaría?- ahora si estaba enojado el bicolor.
-como gustes, por mi puedo dejarte todo el tiempo que se ocupe hasta que pase la apuesta y venir por ti para que seas mi esposa; tu elige.
Mukuro le miraba con una tremenda ira, parecía que cualquier cosa que hiciera solo le hundiría más, no tuvo otra opción más que aceptar las condiciones de Byakuran.
-muy buena decisión, Mukuro-kun; me tendrás que esperar, tengo que seguir trabajando.- y se fue con una sonrisa lujuriosa en su cara.
Mukuro se quedo un rato mas en aquella comisaria mientras se arreglaba todo, Hibari ya estaba afuera también por ser policía, así que un poco más calmado comenzó a hablar.
-no creía que fueras tan fácil de dominar Mukuro, antes nunca lo hubieras permitido.
-ese hombre me tiene entre sus manos, por culpa de que yo mismo lo busque.- decía un poco cansado.- no esperaba que esto sucediera.
-¿y qué paso con los otros tipos que estaban contigo?
-ellos.- se sentó mientras en una de las bancas.- se fueron a otra ciudad, fue lo mejor, si me hubieran seguido habrían acabado tan mal como yo kufufu.- sonreía a pesar que estaba un poco deprimido.
-si me hubieras buscado… yo… yo hubiera- Hibari le veía a los ojos, no molesto, hasta en cierta forma cálido.
-¿usted que hubiera hecho?- contesto Mukuro con un poco de burla aunque no se daba cuenta de las intenciones del policía.
En eso llego aquella avecilla amarilla para regresar con su dueño.
-Hibari, Hibari.- sonaba curiosa aquella vocecilla chillona.
-oya, veo que has encontrado un nuevo dueño Hibird.- Mukuro levanto su mano para que Hibird la usara de apoyo un momento, entonces Mukuro le acaricio.- ¿qué era lo que quería decirme?
-solamente digo que no eres el mismo Mukuro que conozco.- la frialdad de Kyouya había regresado, en realidad se sentía salvado de que olvidara el de cabello azulado la pregunta.- tú siempre has encontrado algún punto débil, ¿Por qué no lo puedes aplicar con ese político?
Esa idea no se le había ocurrido a Mukuro, en realidad era una buena propuesta. Comenzó a recordar cada una de las clausulas del contrato, ahora que lo pensaba más detenidamente, había muchos espacios vacios donde podría vengarse del albino.
-kufufu… ¡kuhahaha!- carcajeo entonces con cierta malicia.- eso fue de mucha utilidad Hibari Kyouya.
-… no fue nada escoria.- contesto volteando a otro lado para que no viera su sonrojo.- solo se me hacia injusto de que ese tipo no sufriera tus trampas.
-mmm, podría pensar que estas celoso.
-¿quieres que meta estas tonfas por un lado que te dolerá mucho?- su rostro lucia macabro y mas levantando sus armas.
-ya te lo dije, no soy masoquista kufufu.- levantaba de nuevo ese tubo de metal.
Estuvieron viéndose directamente a los ojos mientras soltaban chispas de pelea hasta que otro sexy policía interrumpió.
-Hibari-san ya sabe que no se le tiene permitido iniciar peleas aquí, el jefe se molestaría de nuevo.- aquel que hablaba se parecía en el color de cabello a Hibari aunque con más volumen además de unas trencitas que colgaban de su cabellera, sus ojos eran verdes y cristalinos y por supuesto se veía mayor que el otro, tendría aproximadamente 25 años.
-dile que no hare nada, mientras entretenlo después de todo eres su mejor juguete.
-yo no soy nada de ese idiota de Reborn.- en cuanto dijo eso otro tipo apareció, uno igual de sexy, en especial por esas patillas y ojos afilados.
-no digas eso de tu querido jefe vaca estúpida.- tomándolo del cuello de la chaqueta.- ya estas advertido Hibari.
-hai.- contesto viendo como se llevaban a su compañero y dejando sus armas a un lado.- a por cierto, ¿ya no vives en los apartamentos Kokuyo?
-¿oya, como sabias que vivía ahí?
-por esto.- dijo sacando la cartera de Mukuro y aventándola directamente a las manos de su verdadero dueño.- lo tiraste la otra vez.
-oya oya.- entonces la reviso, tenía la exacta cantidad de dinero de aquella ocasión.
-te servirá para que no hagas eso que te pidió ese tipo albino.
-kufufu gracias.- guardando su cartera y listo para irse.- te debo una.
-volveré a por ti, aun debo vengarme, esta vez no te salvaras.
- entonces nos volveremos a ver kufufu.- entonces el de cabello de piña se fue.
-… -Hibari suspiro mientras veía con cierto brillo en sus ojos como se alejaba su rival.- Mukuro Rokudo…
Rokudo se fue caminando hasta donde vivía, en realidad no tardo mucho para llegar. En cuanto entro al departamento fue directo a por el contrato, lo leyó detenidamente, bien, ahora sabría como hacerle pagar a Byakuran su "favor"; para eso fue por su traje egipcio, que mejor forma de comenzar con las ilusiones que con una distracción.
Byakuran llego bastante tarde, se habían tardado más de su cuenta las negociaciones, bueno no importa, ¿Qué mejor forma de aliviar su stress que molestando a Mukuro? O tal vez hoy podría ser el día de ya hacerlo completamente de él. Entro a su hogar con una enorme sonrisa.
-Mukuro-kun˜, ¿me extrañaste?- tenía los ojos cerrados por culpa de la sonrisa, así que en el momento en que los abrió para ver a su inquilino… quedaron totalmente abiertos.
-oh, buenas noches Byakuran.- contesto Mukuro con un tono muy seductor.
Fue enorme la sorpresa de Byakuran ver a su inquilino vestido con el traje que le había regalado, y no solo eso, ¡estaba modificado para ser aun más revelador!, con telas medio transparentes en la parte de los brazos y las piernas, la parte delantera más corta y nada cubriéndole el pecho y el abdomen, su cabello suelto y cayendo libremente por sus hombros; además la pose en la que estaba y la mirada que tenía en ese justo momento… era como para desangrarlo en ese instante; pero algo estaba mal, conocía muy bien a Mukuro, era raro que aceptara tan fácilmente su capricho.
-¿qué significa esto Mukuro kun?
-pues cumplo mi parte del contrato.- movió con cierta sensualidad su pierna para que se pudiera verse mejor el muslo.- ¿no es lo que querías?
-pues si.- sin quitarle la vista a aquella parte humana que se había movido.- pero es raro en ti.
-kufufu, no le veo el problema.- se inclino para ver mejor a Byakuran, su pose era como la de un felino a punto de atacar.- después de todo solo la usare una vez, y no puedes hacerme nada.
-¿Qué quieres decir?- ese movimiento casi lo había hecho desangrarse pero aun así la duda era superior al deseo.
-su contrato tiene muchísimas lagunas cariño.- dijo inclinándose más y llevándole el contrato hacia la pierna del albino.- déjame explicarte: explica que este contrato lo seguiré al pie de la letra, la primera cláusula menciona que cocinare, preparare y serviré los alimentos; pero no menciona que deba dárselos en la boca como si fuera niño pequeño. Segundo, la cama será el ÚNICO lugar de descanso para ambos, no puedes utilizarlo para tus intenciones perversas. Tercero, no menciona nada de besos u otra clase de acercamientos, solo que saluda y despida apropiadamente. Cuarto, cualquier desastre que haga aquí usted lo pagara, no puedes obligarme a recompensarte por ello. El quinto no existe problema alguno. El sexto menciona que con solo UNA vez que use un regalo tuyo bastara para ya no volverlo a usar. El séptimo y octavo no tengo nada contra ellos; sin embargo el noveno solo mencionas "asearnos" no dice "ducharnos", asear puede ser desde lavarse los dientes. El decimo solo menciona que sin un trabajo ya establecido no podre ganar sin embargo lo que paso ahora… - en ese momento saco su cartera, estaba oculta tras las almohadas del sillón donde descansaba.- si puedo pagarlo, tengo la cantidad justa para ello.- dijo entregándole directamente la misma cantidad de dinero que se uso para la multa.- por lo que el capricho que me pediste no se cumplirá kufufu.
-eso no se vale Mukuro-kun.- ahora Byakuran era el que realmente estaba enojado, veía bastante enfadado a su inquilino.
-detrás de todo contrato hay lagunas, simples ilusiones, pero te das cuenta que si tu mismos las quebrantas, ¿terminaras perdiéndolo todo? Eso incluye tu hogar, tu riqueza e incluso tú poder.- se levanto.- ¿entonces que quiere para cenar kufufu?
-no tengo hambre.- Byakuran se había rendido, era mejor aceptar la cruel realidad, ya le haría pagar caro a su abogado aquellos errores.- solo irme a la cama.
-oya, entendido.
Byakuran se puso su ropa para dormir y se acostó en la cama, lo que en verdad no sospecho es que Mukuro le seguiría y se dormiría con el mismo traje egipcio, se le fue un poco de su saliva al ver el movimiento del cabello de Mukuro cayendo tan seductoramente por entre las mejillas y los hombros.
Ahora el que no pudo dormir en toda la noche fue Byakuran, pensando en todas las cosas perversas que quería hacerle a Mukuro y que no podía lograrlas.
/
Notas finales
¿Que tal?
Algo gracioso fue que nadie se dio cuenta de que Hibari ya había aparecido en el capitulo 1 (hay una parte en la que hay un kamikorosu)
Si hay errores ortográficos o algo confuso avisadme por favor, que ya andaba medio dormida cuando subí el cap XD
Dejen review, cualquier queja o sugerencia es bienvenida, ja nee!
