Dios, ¡amo los jueves! Y estoy subiendo con juicio... debe haber una equivocación. Hmmmm. Vale, tendré el atrevimiento de pedir un poquito de indulgencia por si, a partir de aquí, encuentran alguna incoherencia. Es la consecuencia de escribir fragmentos de una misma historia en diferentes cuadernos, computadoras y después unirlos como un rompecabezas. Saludos y gracias a Bladd y a Fabi, que no les puedo responder por interno y también a los que leen, favean o siguen. Aquí otro capítulo más, espero les guste.
COMO EN LOS VIEJOS TIEMPOS.
Un firmamento para recordar.
1.
En algún lugar debía oscurecer mientras allí clareaba.
Loki sintió las primeras punzadas del frío cuando el sonido de una escoba, hecha de amarras y paja, contra el metálico piso del balcón, lo despertó. Abrió los ojos esperando encontrar las inmaculadas paredes de su habitación, por lo que al estrellarse en cambio con la inmensidad del límpido cielo que en ese momento era más dorado y ambarino que azul, por entre las columnas, se sorprendió. Hacía muchísimo tiempo que había dejado de apreciar cosas como esas, y por lo mismo, había olvidado lo mucho que solía disfrutarlas. En parte por los problemas, en parte por los cambios. Ya no se quedaba estupefacto ante la más mínima situación. Esa forma que tenía de entiesar el cuerpo hasta el punto de parecer una estatua y simplemente estudiar el objeto en cuestión: una flor, un cristal, una pintura; había vuelto a manifestarse.
Loki permaneció en la misma posición con que había despertado. Contempló el firmamento, encandilado, pero con los ojos bien abiertos, inexpresivos, la boca una simple línea recta entre sus labios, dedicándose nuevamente el tiempo perdido, sintiendo que podía quedarse de esa forma por el resto de su vida. Se mantuvo así hasta que sus ojos se fueron acostumbrando al paisaje, hasta que empezó a recrear en los colores a su hermano, sin querer. Últimamente las discusiones entre los dos habían aumentado; no podía dejar de sentir que la brecha separándolos se hacía más y más amplia cada vez, que todo el amor se convertía en odio, molestia, que era solo cuestión de tiempo para que ambos encontraran un camino definitivo que los alejara para siempre y de una vez por todas. Pero aun así, al encontrarse de frente con la pacífica imagen del cielo, le acometió también la sensación de que no importaba que tan mal pudieran tornarse las cosas, sería capaz de perdonarle, perdonarse y pedir perdón. Aunque fuera solo temporal. Pensaba en ello justo en el momento en que capturaba en su campo de visión el movimiento de algo más. Un criado, tal vez demasiado alto, desgarbado y ligeramente jorobado barría el suelo despreocupadamente. Al toparse de súbito con los malévolos ojos verdes del príncipe menor observándole, se detuvo paralizándose de golpe, tratando de erguirse sin lograrlo, sin saber si hacer una reverencia, retirarse o lanzarse a pedir perdón.
Loki comenzó a levantarse, sin poder ignorar la exagerada reacción de alarma de aquel hombre. Solo le quitó la vista de encima cuando a medio camino fue interrumpido, embargado por la extraña impresión de que la gravedad había aumentado. Loki se quedó apoyado sobre su codo antes de dirigir, con extrema lentitud, su atención hacia la parte baja de su cuerpo. Ahí, un grueso brazo le envolvía la cadera, los dedos de la mano al final de este retozaban sobre el suelo. Loki se tomó unos instantes para analizarla. Era una mano rústica, tosca, bronceada; cuyas venas sobresalían de una piel casi tan dura como el acero. No le costó mucho, contemplando estas características, descubrir quién era el dueño. Después de lanzar otra mirada furibunda al criado para que reanudara su tarea de barrer y se perdiera, como si tuviera la capacidad de dar órdenes con solo pensarlas, Loki volcó su atención por encima de su hombro, hacia atrás.
Recostado sobre su costado, con el brazo libre doblado sirviendo de apoyo a su cabeza rubia, estaba Thor. El pelo se le había ido hacia la cara, tenía la boca un poco abierta y el saco remangado en su estómago. Una expresión demasiado adorable para ser suya, pensó Loki inconscientemente. Entonces de pronto sintió una desazón que emergió desde sus entrañas y subió hasta toparse con los rústicos bordes de su corazón en un mar de lava que le inundó el pecho. No le gustaba que Thor hiciera esas demostraciones en público, aunque según él no fuesen la gran cosa. Quedarse dormidos juntos era algo que solo era aceptable en un pasado, cuando aún eran unos niños, y su única compañía y apoyo eran ellos mismos; cuando ninguno de los dos entendía muy bien la connotación sexual de tenerse tan cerca. En antaño hubiese sido demasiado fácil ignorar el hecho de que el bulto entre las piernas de Thor le estuviera rozando la espalda. Y sin embargo, a pesar de todo eso, en vez de sacudirse de su agarre, como así le gritaba la voz de su consciencia muy en el fondo, tras lo poco que quedaba de su cordura, oculta entre el enredijo de pensamientos que era su cabeza, Loki sintió la necesidad de reducir todavía más el espacio. No recordaba haber estado tan cerca de Thor desde esa noche en su habitación. Podía sentir el calor emanando de su cuerpo, su respiración pausada y sus fuertes y vitales latidos. Loki se quedó mirándolo en blanco, de la forma en que uno mira al ser amado. Uno imposible de alcanzar. Tan prohibido como para provocar la repulsión y el asco de un ejército entero. Oh, Thor, si alguien pudiera mirarte como te miro yo… Loki estaba tan concentrado en la boca ajena que no advirtió el momento en que acortó la distancia, estirándose desde su extraña postura. Deseaba tanto besarlo... en la boca, no en la mejilla (estaba harto de los besos en la mejilla), que no pudo evitar manifestarlo sin querer a través de sus acciones. Cerca, más cerca, solo un poco más. Y entonces, cortándole el rollo, los magnéticos labios de Thor se despegaron de repente en una sonrisa que mostró el inicio de una dentadura, cuyo incisivo lateral superior derecho, estaba ligeramente orientado hacia la izquierda. Loki tardó en darse cuenta, por lo que fue como si despertase de un largo transe. Volvió a la realidad en un sobresalto milimétrico. Se le erizaron los cabellos de la nuca. Ambas miradas se encontraron cuando Loki dejó de enfocar los labios de su hermano. A través de su despelucado cabello dorado, brillaban los azules ojos de Thor.
Avergonzado por lo que había estado a punto de hacer, Loki volvió la cabeza al frente con brusquedad. Intentó levantarse, pero sintió que el brazo torno a su cadera subía para tomarlo rudamente por el pecho y echarlo hacia atrás hasta dejarlo estampado contra el suelo de espaldas. El repentino movimiento hizo jadear a Loki.
El criado veía la escena con disimulo, haciéndose el que barría. Reparó en la expresión del príncipe menor, era como la de quien espera con ansias a que algo ocurra: miraba a su hermano mayor, que ahora estaba prácticamente sobre él, manteniéndolo atrapado entre su pecho y el suelo. El criado pudo advertir lo incómodo y tenso del momento, aunque no supo exactamente por qué. Al entrar los había encontrado dormidos juntos, abrazados, vestidos como si hubiesen colapsado simplemente en el lugar por el cansancio.
En la madrugada, después de haber visto su plan de recuperar el vestido con una lavadita casual, fracasar, los dos hermanos habían vuelto al balcón para esperar el amanecer y así poder salir sin que nadie los notase. Las corrientes de aire eran violentas. Sacudían los árboles con brusquedad, bajo las finas estrellas de un cielo nocturno.
–¿Estás cansado?
–No.
–Vamos, sí que lo estás. Se te cierran los ojos.
–Estoy cansado de escucharte –Loki se irguió, levantando los codos del barandal para dirigirse hacia el otro extremo de la habitación y acostarse de lado en el piso.
Thor se quedó mirándolo. La figura larga de su hermano simplemente se había alejado y ahora descansaba en un pedacito de suelo, enroscado y con los brazos cruzados, sobre su costado. El cabello le brillaba en suaves destellos. Su pecho se hinchaba y bajaba al compás de su respiración. Al cabo de unos minutos, Thor resolvió que sería lindo recostarse a su lado. Loki lo sintió cuando se le acomodaba detrás. Eran como dos esposos que hubieran discutido y se daban la espalda en la cama, en espera de que alguno diera su brazo a torcer para así poder dormir absurdamente cerca...
Sucedió precisamente cuando Thor, no conforme con compartir la misma cuadricula del suelo que su hermano, se estiró para abrazarlo. Loki alarmado, incapaz de disimular su desconcierto, frunció el ceño y trato de impedirlo.
–¿No tienes más espacio para poner tus patas? –le recriminó odiosamente.
Aquella era la viva manifestación del gusto que sentía por su hermano mayor. Cada vez que Thor intentaba ser cariñoso en público, Loki se negaba nerviosamente. La acción precedía una conversación que aunque variaba palabras, conservaba el mismo sentido. Si le saludaba besándole la mejilla y se demoraba mucho en apartarse. Si le hablaba cerquita al oído, sonriendo. Si jugaban a coquetearse diciéndose guarrerías, que por lo general terminaban en luchas que disimulaban el manoseo asombrosamente. Todo parecía estar bien en privado, pero en público era otra cosa. Una vez Thor había intentado rodearle la cintura a Loki en un lugar algo concurrido y se había ganado un limpio manotazo en la cara.
–¿Por qué te has vuelto así conmigo? –reclamó Thor con el corazón roto y la cara entera de puro milagro. Frunciendo el ceño en lo que sondeaba la expresión rubicunda de su hermano, quien por cierto, había tomado cierta distancia–. Te fastidia todo lo que hago.
–No es eso –Loki replicó con pesadez, exhalando un largo y fatigoso suspiro–. ¿Cómo puedes pensarlo si quiera, cuando sabes tan bien como yo lo que dicen sobre nosotros?
Aunque la muchedumbre era lo suficientemente bulliciosa para opacar sus voces, Thor moderó su tono antes de dejar salir las palabras de su boca.
–¿Que somos amantes?
–Que somos todo menos hermanos.
La gruesa cara de Thor enrojeció por la ira.
–¿Ser amable contigo me convierte en tu pretendiente? –vociferó.
Loki explicó:
–Ya sabes de lo que hablo. Estoy cansado de los rumores. Vienen y van, empeorándolo todo aquí, y tú solo puedes incrementar el problema abrazándome y poniéndote cariñoso en público.
–Ocultarnos para tal absurdez, sería como declarar que estamos cometiendo un pecado. Además, ¿desde cuándo te importa una mierda lo que piensen los demás?
Por segunda vez, Loki pareció disgustado.
–Me importa lo que piensen tus padres –dijo, remarcando el posesivo con desprecio, a propósito.
Thor lo pasó por alto. Se encaminó hacia él para mirarle de frente y asiéndole la quijada, la levantó, obligándole a hacer contacto visual.
–Solo dime una cosa, Loki. Exactamente qué te molesta, ¿mis afectos o los estúpidos chismes de corredor?
En ese momento, las facciones del menor se reacomodaron para dejar de lado su aspecto irascible y adoptar una mueca incomprensible. Sonreía ocultando su profundo dolor.
–Todos piensan que entre tú y yo pasa algo –murmuró.
–¿Algo como qué?
Loki escapó de su agarre.
–Algo. No sé. Todo. Que te amo, que me amas –hizo una pequeña pausa, y añadió–. Tendríamos que interrogarles.
–¿Qué piensas tú? –Thor no tenía intenciones de dejarlo pasar. Quería respuestas. Quería acabar con la incomodidad. Estaba harto. Y sin embargo, nada pudo prepararlo para lo que escuchó.
–Que tienen razón.
Contrariado y sorprendido, Thor abrió mucho los ojos. –¿Me amas?
Loki se había recargado en una columna cercana, le daba la espalda a su hermano pero le miraba igual, por encima del hombro. Desde allí asintió a la interrogativa, sin darle demasiada importancia.
–Me ofendes –sonrió Thor–, ¿me lo dices así nada más?
–¿Esperabas una fiesta con trompetas y payasos, acaso?
Thor sacudió la cabeza, todavía sonriente. Satisfecho por la cuestión se dio media vuelta dispuesto a marcharse, pero antes de lograrlo se detuvo porque Loki lo llamó.
–¿Qué pasa?
–¿No me lo dirás también?
–¿Qué? ¿Las dos palabras cursis? –otra sonrisa–. No.
Hubo una risita ahogada de ambas partes. Loki volvió la vista al frente cuando Thor desapareció. Observaba el paisaje cuando escuchó, después de cinco segundos, que Thor gritaba a todo pulmón desde el piso de abajo: –¡TE AMO, LOKI!
Para no caerse de la risa, Loki tuvo que doblarse hacia adelante. Su hermano era un idiota, pero él lo perdonaba.
2.
–Solías morir por mis abrazos, ¿qué ocurrió?
–Crecí –escupió–. Suele pasar.
Ignorando la criatura que se retorcía molesta manoteándole los brazos, Thor continuó:
–¿Recuerdas cuando te escabullías en mi habitación y nos quedábamos hasta tarde contando historias?
–Perdón –Loki dejó de moverse–. Eras tú quien venía a fastidiarme.
Sentía la piel caliente de su hermano mayor contra la de su espalda, en donde se le había remangado un poco la camiseta. También, sin poder evitarlo, el aliento y su aroma. Sin saber exactamente cuando había dejado de quejarse, permitiendo tan peligrosa cercanía.
–Te gustaba, ¿por qué me mientes? Y también te gustaba así…
Thor restregó su barba por la nuca de Loki. Y aunque este protestó al principio, pasado un rato comenzó a reír.
–No cabías de felicidad cuando de allí brotó el primer vello.
Loki se había quedado dormido sin pensarlo, en medio de la conversación. Y Thor por supuesto, no había desaprovechado la oportunidad para cometer la imprudencia de abrazarlo entre sus sueños.
3.
El criado pensaba, mientras los observaba, que los dos eran muy extraños. Cuando estaban juntos irradiaban una energía inexplicable. Eran como dos ondas que al chocar provocaban una explosión que se llevaba todo a su paso.
Recordaba que ambos hermanos eran bastante unidos de pequeños. Los problemas habían llegado después, con la pubertad, con los comentarios. "Se ve muy mal que anden tomados de la mano y se abracen tanto", había dicho Odín una vez. "¿De qué se trata todo esto?" Preguntaba Frigga cuando los escuchaba discutir por razones que la mujer no creía posibles en un par de hermanos. "Tu hermano está obsesionado contigo", decía Fandral a Thor. "¿Por qué te importa si salió con ella o no?" Cuestionaba Lady Sif a Loki, si este alegaba. "¿Son pareja?" Había querido saber una vieja amiga de Volstagg. "Hermanos", respondía Thor. "Solo hermanos", corroboraba Loki.
Siempre parecía haber rumores, pero nadie era lo suficientemente listo para deducir lo que realmente pasaba. El mismo criado que los veía estar tan juntos, tendidos sobre el suelo del balcón, ocupado en sus cavilaciones, analizando solo la superficie y no el significado detrás; no se dio cuenta de que ambos varones compartieron un nuevo beso delante de él. Cuando Thor se inclinó hacia adelante, luego de haber estado mirando a los ojos a Loki por tanto tiempo, como preguntándole en silencio: ¿Podría besarte ahora? Loki asintió como leyéndole el pensamiento, y entonces, Thor había reído con modestia y después de acariciarle la mejilla, lo había hecho. Su cabello amarillo cayó como un telón entre ellos, ocultando la obra del efímero contacto detrás. Y había sido efímero porque como la primera vez, uno de ellos se rehusó a aceptarlo. Por temor, por duda. Loki esta vez. Había permitido un ligero toquecito, pero nada más. Un beso de hermanos, arrepentido en toda regla. Que se jodiera el criado pero… los hermanos no se besan en la boca.
Ahora ambos dejaban el palacio lo más sigilosamente posible, sin mirarse y tan incómodos que ni se dirigían la palabra. Loki salió de primero al albor de la incipiente mañana, Thor por alguna razón se había quedado atrás.
Pájaros cantores revoloteaban en las ramas de los árboles. Hacía un tiempo agradable, aunque el sol no llegase del todo todavía. Restaban algunos minutos antes de que el mundo se pusiera en marcha, incitados por el calor de la luz.
Loki esperaba a que su hermano emergiera, pero como tardaba más de lo debido, se giró un poco. Frunció el ceño. Se devolvió en su búsqueda. Subió nuevamente las escaleras y lo encontró solo, de pie en medio del desierto corredor que conducía al interior de la sala. Thor miraba con atención el retrato expuesto en la pared. El único que había y que debajo tenía una mesa, sobre la que a su vez descansaban unos vistosos arreglos florales. Cuando Loki estuvo por fin de pie a su lado, frente a la pintura, sus pupilas se dilataron un poco.
–¿Lo recuerdas? –susurró Thor inclinándose un poco hacia él pero sin dejar de mirar el retrato. Un dejo ensoñador marcaba su voz.
Vaya que sí lo recordaba. La imagen era capaz de desencadenar sentimientos encontrados. Sin acordarlo, ambos cerraron los ojos, tratando de traer a la vida, más que el recuerdo, las sensaciones producidas por este, porque, si bien en los últimos tiempos, con todos los problemas, era casi imposible abstenerse de pensar en lo negativo, lo cierto es que durante su infancia había habido cosas muy bonitas también. Cosas que ni los encarcelamientos a Loki en el baño por parte de Thor, ni los ataques a Thor por parte de Loki, podían opacar.
Fue en la fiesta de cumpleaños de Frigga.
Como siempre, Thor desplegando su arsenal de carisma y alegría, se robaba el show. Había sacado a bailar a su madre, a todas las doncellas y a sus amigos, incluido Volstagg. Era una época feliz y todos sonreían. Menos uno.
Un pequeño Loki de catorce años descansaba sentado sobre el suelo, sostenía sobre sus piernas dobladas un libro y se cubría los oídos con ambas manos. Lo habían obligado a asistir. "No es posible que seas tan grosero" había dicho Odín. "Los invitados están esperando. Tu madre te está esperando." Odín había fallado en dilucidar la verdadera naturaleza de la mojigatería de su hijo en tales asuntos. Todos en la familia pensaban que era rebeldía, simples caprichos de adolescente. Por eso, puesto en pie de un tirón, el hombre lo había animado a bañarse y a acompañarlos. Lo que él no sabía era que Loki se había peleado nuevamente con los amigos de Thor, Fandral y Volstagg. Y por, bajo ningún motivo, quería ver sus rostros.
"Pero papáaaaa."
"No. Basta, Loki. Vendrás con nosotros."
Y así había sido. Aunque se había mantenido aislado. Thor lo había sorprendido llorando horas atrás, bajo un árbol, con los puños apretados, murmurando para sí mismo palabras de auto compasión. No me entienden, no me entienden. Por eso, al descubrir a su hermanito nuevamente en un rincón quiso hacer algo por él. Thor sorteó las masas de personas que bailaban pegadas al son de la música, en su dirección. Una vez lo alcanzó se plantó frente a él. Loki alzó la vista con algo de temor. Y ahí estaba Thor extendiéndole la mano. Radiante como un sol. Sonriente como siempre.
–¿Qué quieres ahora? –rezongó Loki. Encogiéndose contra la pared inconscientemente.
Thor señaló la pista de baile con un movimiento de la cabeza.
–Te has pasado toda la velada ahí sentado, dibujando.
–Leyendo –corrigió Loki–. De veras, siento mucho ensombrecer tu fascinante presentación de músculos y torpeza –se colocó de pie rápidamente y se puso el libro debajo del brazo–. En este mismo instante me retiro.
–¿A dónde? No, ¿qué? Ven aquí.
–Suéltame, Thor –chilló Loki cuando este le aferró por el brazo. Pero Thor no tenía intenciones de abortar su misión a ese punto. Con cariño, arrastró a Loki a la pista de baile–. ¡En serio dime cuál es tu problema! –vociferaba el pelinegro, arañando la mano que le apresaba. El rubio riendo como si en lugar de insultos le estuvieran arrojando rosas.
–Confía en mí –pidió, cesando la marcha unos instantes, volviéndose para ver a Loki, quien aún ostentaba el fantasma de las rojizas marcas de su llanto pasado–. Te prometo que todo va a estar bien –Thor le soltó y nuevamente le tendió la mano. Esta vez quería que Loki le acompañara por su propia voluntad. Loki le estudió un rato, inquisidor. Después de un momento y procediendo con precaución, entregó su libro a uno de los guardias cercanos y tomó la mano de Thor entre la suya.
Se permitió sonreír un poco antes de decir: –Llévame entonces, caballero.
Desde lo alto de la plataforma, donde tocaban los músicos, Frigga contempló la escena enternecida.
–¿No son un amor? –susurró.
Odín había tardado unos segundos en reconocer lo que estaba pasando. Sus dos hijos hombres, en medio de la pista, uno medio borracho y resplandeciente, y el otro dándole pisotones a propósito intentando escapar.
–Sí, preciosos…
–Bailaremos, disfrutaremos de la música, jugaremos, gozaremos –parloteaba Thor–. Y después… –miró a su hermano, encarándolo para tomarle de la cintura, dispuesto a iniciar el baile–… después le romperé la cara al que te hizo llorar.
Aunque intentó reír, los ojos de Loki volvieron a llenarse de lágrimas otra vez. Como tratando de ocultarlo, se cubrió el rostro con el dorso de la mano. Thor reacomodó su postura de baile, rodeándole por los hombros, acercándolo hasta dejarlo recostado contra su pecho, en una pose más íntima. Ansiaba protegerlo. Besó su frente. Y en medio de la algarabía de la pista, a Loki le pareció dilucidar lo que Thor le decía. Sufro con tu dolor. Amor mío. Amor mío. Amor mío.
Los invitados de Thor saltaban de júbilo.
–¡Rápido! –vociferó Lady Sif al retratista– ¡Tienes que hacer un dibujo de eso!
–¡NO! –saltó Loki. Pero el hombre ya se había puesto manos a la obra.
Y ahora el retrato de ellos dos medio abrazados entre la gente, se hallaba inmortalizado, a la vista de todos, en un lienzo exhibido en el corredor que conducía a la sala principal.
4.
Por mucho tiempo, los gatos negros fueron considerados presagio de malos augurios. La gente se horrorizaba al verlos y los evitaban a toda costa porque creían que topárselos era sinónimo de mala suerte. Algo parecido ocurría con Thor y Loki.
La esposa del sastre reconoció sus figuras aproximarse, por la ventana, y se apresuró a informarle a su marido.
–¡Son los príncipes! –farfulló, esquivando sillas, haciendo aspavientos con las manos–. ¡No debimos abrir tan temprano!
–¿Qué querrán ahora? –bufó el hombre–. Nada bueno, seguramente.
Justo cuando el sastre terminaba ese estamento, la puerta se abrió, haciendo sonar los cristalillos colgados sobre esta. Loki entró seguido de su hermano mayor. El primero llevaba una canasta y a la mujer le dio una extraña impresión. Le recordaba a ella misma durante sus años mozos, cuando disfrutaba de hacer las compras en compañía de su novio.
–Sus inminencias –saludó el sastre, reverenciándolos, rompiendo las cavilaciones de su esposa, que entre más veía la cara de los príncipes, más se convencía de que harían una extraña, aunque linda pareja–. ¿En qué podemos ayudarles?
Thor asintió y se acercó a él.
–Necesitamos que reconstruya un vestido.
Loki completó.
–Uno que es, más específicamente, este.
De un movimiento brusco, Loki alzó la canasta, la posicionó sobre el mostrador y de ella extrajo el vestido. El sastre, que miraba con atención, se asustó y pegó un salto al pensar primeramente que aquel trapo maltrecho se trataba de un cadáver.
–Santo cielo, pobrecilla criatura… –Loki lo fulminó con la mirada. El sastre se apresuró a explicar–: Me refiero al vestido.
–¿Puede conseguir repararlo? –interrumpió Thor.
–Es un vestido muy caro… –observó el hombre con experticia, examinando la prenda a través de un lente–. Vaya si es caro. Esta tela…
–¿Puede hacer algo o no? –preguntó Loki esta vez. Su tono de voz fue tan mordaz que el hombre temió contestar.
–Es-es un vestido confeccionado a medida del cliente así que…
Loki iba a replicar algo, posiblemente mucho peor, pero Thor lo abrazó toscamente por los hombros, desde atrás y le susurró en el oído para impedírselo.
–Las cosas no se logran amenazando a todo el mundo, hermano –Loki rebatió algo por lo bajo, su expresión severa empeoró. Thor le contestaba en el mismo tonillo, mascullando, discutiendo. El sastre y su esposa miraban al uno y al otro sin comprender.
–Eh… –intentó interrumpir ella y se ganó un rugido por parte de ambos hermanos que la clavó a su lugar.
Thor se apresuró a disculparse. Se aclaró la garganta antes de dirigirse nuevamente al sastre:
–¿Puede intentarlo, al menos?
Loki se cruzó de brazos con el labio inferior estirado.
El hombre sonrió.
–No le aseguro nada, su alteza, pero sí que podría.
–Tiene que quedar igualito a como era antes, o no servirá –dijo Loki.
Thor rodó los ojos.
–Loki, ¿de qué color es el sol?
Loki casi responde 'amarillo', pero cayó en cuenta a tiempo.
–Ya estás con eso otra vez –refunfuñó–. ¡Déjame en paz!
5.
En medio de la afluencia de gente, tenía lugar un perfecto ejemplar de paranoia nivel 2. Loki estaba moviéndose de un lado para otro, arrancándose el pelo, pegando alaridos. Aunque el sastre lo había intentado, habiendo cosido, no pudo encontrar las piedras faltantes y sobre todo, no había podido recuperar el color perdido por la infusión ácida ni sacado lo que quedaba de la mancha de café. Había aparecido, negando con la cabeza y vuelto a desaparecer, como un médico que informa la muerte de un paciente durante una complicada cirugía.
–Loki –repetía suavemente Thor, que, sentado en el borde de un pequeño mural, se frotaba los ojos con una mano–. Loki...
Pero Loki seguía gritando.
–¡Es la sastrería más grande en todo el maldito planeta! Si no es aquí entonces, ¿¡donde!?
–Cálmate, Loki.
La expresión solo logró alterarlo más. Thor viendo que debía intervenir para evitar avanzar en la escala de paranoia, se puso de pie. Sacó unos maníes que tenía guardados en el bolsillo y se acercó con ellos a su hermano que temblaba de los nervios.
–Mira, Lokish –dijo poniéndole suavemente la mano sobre el hombro para acercarlo, a la vez que sostenía uno de los dulces en lo alto y lo dirigía a su boca.
–¿Qué es? ¿¡QUÉ ES!?
La gente los miraba como si estuvieran locos. Sin embargo, Thor procedió tan paciente como antes. Después de un pequeño forcejeo, logró calmarlo metiéndole los caramelos uno tras otro en la boca mientras Loki los masticaba con rapidez, tratando de tragárselos sin asfixiarse.
–¿Te gustan? –preguntó Thor suavemente.
Loki asintió con las mejillas hinchadas.
–Dame más –pidió cuando se detuvo.
6.
Sentados en un muro, los dos hombres veían aburridos a la gente que pasaba.
–¿Ya se te ocurrió algo? –preguntó Thor, mirando vagamente a su hermano.
–No…
Ante la negativa, inhaló fuerte, se irguió y extendió las piernas, sonriendo.
–¿Sabes en qué estaba pensado?
–En nada, por supuesto.
Thor ignoró el insulto.
–En mi ascenso al trono.
Loki blanqueó los ojos.
–Sí, sí –dijo con pesadez–. Ya sabemos que vas a ser rey.
Percibiendo un declive negativo en los ánimos, Thor se apresuró a aclarar el malentendido. Empujó amistosamente a Loki con el hombro.
–Pensaba en que, si tú y yo nos casáramos, seríamos reyes los dos.
Loki frunció el ceño. No podía creer semejante ocurrencia.
–Si tú y yo nos casáramos no llegaríamos ni a lacayos, idiota. Nos expulsarían de todos los nueve mundos.
–Ocho.
Hubo un corto silencio de entendimiento.
–¡Era un planeta casi deshabitado! –gritó finalmente el menor en su defensa, de repente enderezándose también. Muy cínico, muy descarado–. Piénsalo así: prácticamente se destruyó solo. Además –hizo un ademán con la mano que restaba importancia a sus palabras–, nadie se quejó.
–Sí lo hicieron –dijo Thor.
–Pues yo no escuché –dijo Loki.
–Creaste un agujero negro, alteraste el orden del universo, condenaste la vida de criaturas inocentes…
En eso el pelinegro se volvió hacia su interlocutor, le enseñó su dentadura en una sonrisa radiante.
–Y por eso es que me quieres.
Pero de pronto, Thor ya no estaba de tan buen humor.
–No es gracioso, Loki –le reprendió poniéndose serio–. Lo que hiciste fue verdaderamente estúpido… y malvado. ¿Tienes idea de lo mucho que sufrieron esas criaturas? ¿De todo lo que tuvo que hacer padre para evitar que te asesinaran? –tomó aire, se miró las manos. Hizo una pequeña pausa, y después añadió–: Y no es por eso que te quiero. Tengo infinitas razones, pero tu egoísmo no es una de ellas.
–Ahhh –Loki rodó los ojos–. No sigas. No quiero saberlo. Prefiero que me sigas regañando.
–He ahí una de las razones. Nunca aceptas mis cumplidos.
–Porque en tus cumplidos siempre está implícito lo muy superior que eres a mí.
–No hay forma de que yo sea superior a ti. No se puede comparar lo que no es mínimamente igualable. Y tú y yo somos opuestos.
Loki se recostó sobre el suelo, había levantado las cejas por lo cursi de la conversación.
–¿Qué demonios contigo, Thor? Pasas de papá regañón a hermano amoroso en un segundo.
Ambos se quedaron en silencio durante unos minutos. La situación era esta: no podían utilizar los sastres del palacio, porque informarían a Frigga, no podían comprar otro vestido, porque, además de que hacerlo implicaría rendirse y decir la verdad, los de los locales en Asgard eran demasiado feos. Mientras examinaba uno de los stands que exhibía flores y otros empalagos, Loki tuvo una idea inesperada. Se giró bruscamente hacia el otro.
–¿De dónde me dijiste que venía el café?
–De la tierra –Thor respondió, bostezando–. ¿Por qué?
Unos niños pasaron correteando, al ver al príncipe mayor lo saludaron, al ver al menor retrocedieron. Tímidamente se inclinaron y después salieron corriendo.
–Nada –continuó Loki, haciendo caso omiso del incidente–. Es solo que, por lo general, cuando una civilización crea algo dañino, también crea algo para contrarrestar…
–¡Lo tengo! –gritó Thor–. ¡Jane! ¡Café! ¡Midgard, amistad, solución!
–Ya.
Todo era claro. Irían a la tierra. Thor explicó su brillante plan atropellando las palabras.
–No puedo salir de Asgard –espetó Loki, tratando de no emocionarse demasiado–. Quieren matarme allá afuera, aquí, en todos lados, ¿recuerdas? Destruí un planeta…
De un salto, el dios del trueno se puso en pie.
–No pasará nada si estás conmigo. Seré tu guardián –aseguró, alejándose un poco, mirando con ojos ensoñadores el horizonte. Luego dirigió su atención de nuevo hacia Loki–. ¿Qué haces ahí sentado todavía? Camino a la tierra vamos, ¡apresúrate!
Vi Thor 2 hace poco, y me di cuenta de dos cosas: la primera es que odio a Odín (también un poco a Jane) y la segunda es que, por si no lo tenía ya bastante claro, AMO a Loki. Escribí una entrada sobre esto en mi blog (link en mi perfil), por si quieren leerla. Con respecto a esta historia, creo que nos quedan dos capítulos más y bye bye. Así que... déjenme saber que piensan. Hasta el jueves, compañeros. Sin falta.
