3º Reencuentro

El vuelo se había prolongado demasiado. La falta de pistas de aterrizaje libres hicieron que sin poder evitarlo Hermione se quedase dormida. Solo despertó cuando sintió el vértigo del aterrizaje en el estómago.

Ni siquiera había avisado a los futuros marido y mujer de que regresaba a Inglaterra, no sabía muy bien el porque, pero quería sorprenderlos. Faltaba una larga semana para la boda, pero aun así había pedido los días en el trabajo y gustosamente se los habían concedido. Víktor se había quedado bastante molesto, no comprendía que Hermione quisiese volver y ella en realidad solo lo entendía a medias.

Extrañaba a Ginny muchísimo, sus largas noches de confidencias y las largas tardes de compras que siempre acababan en la heladería del callejón Diagon con grandes copas de diferentes sabores mezclándose. También echaba mucho de menos a Harry, las cartas no le bastaban para sentirle tan cercano a como habían estado antes. Era su mejor amigo y sentía que en el fondo, por culpa de ella misma, se habían perdido demasiadas cosas que compartir juntos. Y por último, aunque no lo quisiese aceptar, deseaba ver a Ron una vez más, no sabía si tendría fuerzas para pedirle explicaciones o sin tan solo se quedaría callada mirándole. Pero necesitaba verle.

Viktor había sentenciado con contundencia que no sabía si iría a la boda, sus entrenamientos se estaban volviendo demasiado duros y el partido que le llevaría a la final del campeonato se disputaría el día anterior a la boda.

La muchacha bajó distraída del avión y esperó con paciencia a que la cinta deslizante se moviese, devolviéndole su bolsa de viaje. Le gustaba viajar en avión, podría haberse aparecido, pero ella prefería viajar en ese transporte. Eran largas horas de viaje, en contraste a los dos segundos que tardaría apareciéndose, pero a ella le gustaba así.

Detuvo un taxi en la puerta del aeropuerto y le dio la dirección de la casa de sus padres. Su primera parada. Y la más sencilla. Pasó largas horas, intentando quizás atrasar lo inevitable hasta que ya no tuvo razones para posponerlo más. Frunció el ceño y vislumbrando la casa Weasley en su mente se desapareció.

Ignoraba si encontraría a Harry y a Ginny allí, pero decidió arriesgar. Los años no parecían haber pasado. La Madriguera lucía exactamente igual que la última vez que la vio. Algunas gallinas caminaban distraídas por el jardín, sin embargo, el césped parecía muy cuidado, y los árboles que rodeaban la estancia muy frondosos.

Respiró hondo y llenó sus pulmones del puro oxigeno que emitían los árboles. Decidió no pensarlo ni un instante más y caminando hacía la puerta principal llamó con fuerza golpeando la madera.

Tragó saliva, nerviosa y de pronto la puerta se abrió mostrando a una muchacha que llevaba su largo pelo pelirrojo peinado en dos trenzas. Los ojos castaños de la pelirroja se abrieron visiblemente asombrados y abrió la boca poniendo una mueca de sorpresa.

- ¿Hermione? -musitó incapaz de articular algo más.

La castaña sonrió mientras asentía, notaba como todo el miedo había desaparecido de golpe. Sin decir nada más ambas muchachas se abrazaron estrechamente, mostrándose cuanto se habían echado de menos.

El alivio se instauró en el cuerpo de Hermione, mientras Ginny, tomándola de la mano la arrastraba hacía el interior de la sala mientras no dejada de hablar:

- Que alegría, Hermione… como no contestaste la carta pensamos que no vendrías…. Cuanto tiempo…

Hermione podía ver como los ojos de Ginny estaban brillantes de la emoción y ella misma tuvo que reprimir lágrimas de felicidad.

El interior de la Madriguera si había cambiado, los muebles parecían nuevos y había muchas fotografías de los pelirrojos por todas las paredes. Entraron en el comedor donde un chico de pelo negro como el azabache y muy despeinado parecía contrariado mientras miraba unos papeles.

- No sé donde poner a mis tíos - sentenció el muchacho sin separar la vista de los papeles - no pegan en ninguna de las mesas… pero aun así… ¿Quizás con la señora Figg?

- Cariño -musitó Ginny con ternura - ¿podrías dejar eso un momento?

- Sé que no les tengo especial estima - continuó Harry - pero me gustaría que no estuviesen demasiado incómodos durante la boda…

- Harry - continuó Ginny perdiendo la paciencia - quieres levantar la mirada de esos papeles de una vez.

Harry miró hacía su chica y abrió los ojos lleno de alegría y sorpresa.

- ¡HERMIONE!

Se levantó de golpe de la silla y abrazó a su amiga con fuerza. Ella correspondió el abrazo y por unos instantes pensó que esos cuatros años separados realmente no habían existido. Harry se separó de su amiga y la miró fijamente con una gran sonrisa:

- Estas estupenda, Hermione

- Tú tampoco te ves nada mal, señor Potter - contestó ella muy feliz.

- No pensábamos que fueses a venir… ¿Cómo no has avisado?

- Pensé que era una ocasión especial para venir de visita y daros una sorpresa… ¿Cómo iba a perderme vuestra boda? Es el acontecimiento del año.

- Voy por té - musitó la pelirroja - ponte cómoda Hermione

Ginny salió con rapidez de la sala y Hermione dudó si sentarse o no.

- ¿Estáis solos en casa? - preguntó tímida agachando la mirada

- Ahora mismo sí - contestó Harry sabiendo que Hermione tan solo preguntaba realmente por Ron.

Hermione se sentó en el amplio sofá y Harry hizo lo mismo a su lado. Mantuvieron el silencio unos instantes hasta que Ginny entró por la puerta con una bandeja en la que había depositado tres tazas de té y un gran plato con pastas.

- Mis padres andaban buscando una mesa lo bastante grande como para que entre medio mundo mágico - soltó la pelirroja conteniendo una risita - y Ron… - silencio.

La pelirroja calló en seguida, sabiendo la tensión que provocaba decir ese nombre, pero aún así Hermione la sorprendió, pues había puesto una sonrisa enorme en su cara.

- ¿Dónde esta Ron? -preguntó fingiendo indiferencia.

Harry la miró con detenimiento, intentando observar algún signo de flaqueza, pero ante la falta de estos decidió contestar:

- En el cuartel de los aurores, hoy tenía trabajo… digamos que últimamente trabaja demasiado… sabemos que intenta un traslado y para ello necesita una nota de recomendación…

La conversación siguió su curso y se desvió a temas menos tensos para Hermione. Hablaron de la futura luna de miel de los tortolitos y Hermione fue lo bastante valiente como para confesarles que ella también pensaba casarse. A pesar de que Ginny intentó disimular, Hermione vio un deje de decepción en sus ojos y eso la hirió profundamente. No era justo que Ginny se molestase por ese hecho, después de todo no era ella la que había dejado de escribir al otro.

De pronto la puerta de la entrada se abrió y se escuchó un portazo declarando que quien fuese el que entraba no lo hacía de buen humor.

- Te juro que un día lo mato - habló una voz ronca y cansada que hizo que los vellos del cuello de Hermione se erizasen.

Harry sonrió y se apoyó con más comodidad sobe el sofá.

- ¿Qué ha hecho esta vez Mundungus? - preguntó en voz alta mientras se rascaba distraído la cabeza.

- Seguro que no te lo creer - habló la voz de Ron cada vez más cercana - decidió que era buena idea recolectar carteras de muggles para después hechizarlas y devolverlas a sus dueños… casi cunde el pánico… y yo casi… - Ron entró en la sala y se quedó callado al ver quien acompañaba a su hermana y a Harry.

La miró con intensidad y ella agachó la mirada sin saber que decir.

El pelirrojo se quitó la cazadora que llevaba puesta y la colocó tras una silla. Aprovechó esos momentos para tranquilizarse y pensar, después de cuatro años ella había regresado… su corazón latía a mil por hora… estaba hermosa… cerró los ojos con fuerza y se giró para encontrarse con 3 pares de ojos que le miraban con detenimiento.

- Hermione - musitó el con voz débil

- Hola - saludó ella fríamente.

Ron sintió sus palabras como un cubo de agua muy frío y se dio cuenta de que habían pasado realmente cuatro años entre ellos. Que ya no estaban juntos y que no habían terminado bien. Estuvo tentado a chillarla y pedirla explicaciones, que le contestase de una vez porque no le había respondido ni una de todas las cartas que él la había escrito, pero desechó la idea al ver un hermoso anillo brillar en el dedo anular de Hermione. Entre ellos ya no había nada, y nunca más lo habría.

Con el corazón dolido, pero la cara serena, Ron sonrió, y fue una sonrisa tan sincera que Hermione dudó.

- Me alegro tantísimo de verte - sentenció él sin perder la sonrisa

Y sin dudar un instante, Hermione supo que él decía la verdad. Y quiso contestarle con más frialdad que antes, decirle que ella no se alegraba de verlo, que le odiaba, pero fue incapaz. Los ojos azules del chico se habían adentrado en los suyos y la hacían sentirse insegura como una adolescente.

- Y yo - musitó muy bajito - ha pasado mucho tiempo…

Ginny se levantó del sofá y cogió la bandeja que había traído anteriormente, hizo una señal a Harry con la cabeza y ambos salieron de la sala diciendo que iban a por más té. Hermione hubiese preferido que no se hubiesen marchado, todo era demasiado tenso. Y se sorprendió aun más cuando Ron se sentó a su lado y la miró fijamente.

- Estas muy guapa - aseguró mientras las orejas se le ponían rojas

- No tienes que hacer esto - declaró ella

- ¿El que?

- Intentar aparentar que entre nosotros todo esta bien

- Han pasado cuatro años desde que no veo a mi amiga Hermione - aclaró el pelirrojo mientras Hermione sentía como una punzada la palabra amiga - no me pidas que no me alegre por haberla vuelto a ver.

Ambos se quedaron en silencio lo que pareció una enorme eternidad. Y entonces Ron se decidió a preguntar.

- ¿Quién es el afortunado?

- ¿Qué?- Hermione no sabia que contestar la pregunta le había pillado desprevenida, en realidad toda la situación le parecía extraña.

- ¿Con quien te vas a casar?- repitió lentamente el pelirrojo mirandola esta vez.

- Ah, con Víktor... Viktor Krum

Ron hizo una mueca de disgusto muy visible pero finalmente acabó sonriendo.

- Eso es estupendo, Hermione, me alegro mucho por ti

Hermione asintió, dudaba que Ron se alegrase, después de la cara que acababa de poner.

- ¿Y para cuando?

- Aun no hay fecha… supongo que tampoco será dentro de demasiado tiempo… queremos casarnos cuanto antes.

Ron asintió.

- Bueno… tengo que ir a darme una ducha… demasiado trabajo -sentenció - me alegro de verte… de verdad.

Y mientras el muchacho decía esas palabras y se levantaba del sofá Hermione se fijó con delicadeza en su cuello. La misma cadena plateada, y aunque no llegaba a verlo estaba segura de que en el extremo estaría la misma medalla que representaba a la diosa egipcia del amor. La misma que llevaba ella en el cuello. Aquella que se regalaron el último día que estuvieron juntos antes de que ella partiese a Bulgaria.

El pelirrojo no volvió la vista atrás y desapareció de la vista de la muchacha tras subir las escaleras. Momento que aprovechó Harry para entrar en la sala.

- ¿Qué es eso que lleva en el cuello?-pregunto Hermione aun asombrada y sin entender nada

- ¿Te refieres a esa cadena tan extraña? No tengo ni idea. Y tampoco Ginny, ella intentó sonsacarle sobre ella. Pero no dijo ni una palabra. La lleva hace muchísimo tiempo… creo que nunca se la ha quitado - aseguró.

¿Cómo era posible eso? ¿Porque si no había sido capaz de escribirle una mísera carta había mantenido la cadena en su cuello desde entonces? Hermione no sabia que pensar, la situación se escapada de su raciocinio y entonces comprendió que estaba equivocada, probablemente no fuese el mismo collar, no tenía ningún sentido que lo fuese.

En la planta de arriba, Ron se miraba en el espejo del baño mientras se quitaba la camiseta. En su pecho reposaba el amuleto de esa diosa egipcia que tanto gustaba a Hermione. Había permanecido allí desde hacía cuatro años.

Largos cuatro años en los que aunque dijese lo contrario había tenido la esperanza de que Hermione diese alguna señal en la que se arrepentía de no haberle escrito jamás, una señal de que algo podía funcionar aun entre ellos, una mínima esperaza. Y ahora de pronto todo se había vuelto oscuro. Ella se había olvidado de él definitivamente e iba a unir su vida a la de otro hombre.

Y él por fin había comprendido que debía avanzar y de una vez por todas dejar a Hermione en el pasado para poder seguir adelante.