Disclaimer: Los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto, escribo esta trama sin fines de lucro, solo para entretener.
Summary: Soledad. Los dos han perdido a su ser más amado. Educan lo mejor que pueden a sus hijas. Y a pesar de que no se odian, tampoco se agradan. Se parecen tanto que jamás lo van a admitir, ni al público ni para su adentros.
Notas: Agradezco los lindos reviews de RankaxAlto, Ro, Tobi Uchiha-chan, Cristhina, Chio-sempai, Andrea, AkaneKimo y fadebila. ¡En verdad muchas gracias! Me alegra que el fic les guste, la verdad es una pareja un tanto inusual pero estoy haciendo mi mayor esfuerzo por hacerla creíble. Gracias a Tobi por sus correcciones ;) Sin más, las dejo con el último capítulo. Gracias por leer y darle una oportunidad a este fic.
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Labial y girasoles
Parte III: Almas completas
"Mi corazón las ama a las cuatro"
Hiashi sonrió de medio lado mientras veía lo emocionada que estaba Hinata en la hora de la comida, contando de principio a fin lo que conllevó estar en el parto de su maestra, y no se cansaba de repetir lo hermosa que era la bebé, que la habían llamado Mirai y que Kurenai había escogido a Shikamaru y ella como sus padrinos de bautizo.
―¡Su madrina!, ¿pueden creerlo? ¡Su madrina! ―decía la joven del cabello azul, no cabía de la emoción. A Hiashi le hacía feliz verla de esa manera. Por otra parte, Hanabi se mostraba más agradable con su hermana que en años pasados, su relación parecía haber mejorado al cien por ciento después de la cuarta guerra. Eso le traía paz al corazón de Hiashi, después de todo, él se creía el responsable del distanciamiento que vivieron las hermanas por muchos años.
Si se concentraba podía imaginarse a Kurenai abrazando a su pequeña hija de la misma forma en que alguna vez Hatsune sostuvo a las hermanas Hyuga. Era uno de sus mejores recuerdos. Después del embarazo le pareció que Hatsune se había vuelto más hermosa que antes, ¿le pasaría eso a todas las mujeres? ¿Le pasaría eso a Kurenai? Se disgustó consigo mismo al pensar en eso. ¿A él qué le importaba cómo se viera Kurenai? Ella era una Sarutobi, la viuda de Asuma, la mujer de otro hombre.
Aun así sentía el deseo de ir a visitar a la mujer de los ojos rojos al hospital pero, ¿con qué propósito? No podía ir así nada más.
―Voy a visitarla nuevamente después de comer, tengo que llevarle algunas cosas, ¿alguien quiere acompañarme? ―Ofreció Hinata, amablemente.
―Tengo entrenamiento en la tarde ―Se excusó Hanabi inmediatamente―, por favor, saluda a Kurenai-san de mi parte, hermana.
―Claro.
―¿Vas a llevar muchas cosas? Tal vez deba ir para ayudarte.
Hanabi observó a su padre y enarcó una ceja, sonriendo con sorna. Hiashi desvió la mirada y se concentró en Hinata, quien no parecía darse cuenta de las miraditas de la Hyuga menor.
―Claro, padre. Voy a llevar muchas, muchas cosas, cobijitas, unas almohadas para Kurenai-sensei, sus artículos de limpieza, ropa, algunas cosas más para la bebita, ah, también quiero hacerle una buena sopa de verduras a Kurenai-sensei, y también… ―enlistaba emocionada. Ya había terminado de comer así que se levantó de su asiento y se retiró, aun hablando sola sobre las cosas que tenía que llevar al hospital.
―Así que… vas al hospital solo para ayudar a Hinata con las cosas, ¿no? ―musitó Hanabi en un tonito burlesco pero serio. Hiashi sintió que lo apuñalaban por la espalda, traicioneramente.
―No estés insinuando nada, Hanabi ―espetó con una mirada fría hacia su hija pero la joven adolescente supo ver más allá y continuó con su buen humor.
―Yo no estoy insinuando nada, padre. ―Se encogió de hombros, haciéndose la desentendida, y continuó comiendo su arroz frito.
Hiashi se sintió descubierto y dejó el plato a la mitad, retirándose del comedor. Cuando se fue, Hanabi no pudo evitar lanzar una risita graciosa.
๑๑
Kurenai observó con ojos cándidos cómo la pequeñina Sarutobi-Yūhi se quedaba profundamente dormida entre los brazos de Shikamaru. El muchacho de ojos cansados lucía tranquilo mientras la observaba. Casi parecían hermanos, o incluso tío y sobrina. Decidió que las dos formas le gustaban mucho. Asuma siempre apreció al joven Nara por encima de los demás, pero eso era un secreto que ella nunca revelaría.
―¿Qué? ¿Vas a decir que es una bebé problemática? ―Estiró los labios en una ligera sonrisa.
Shikamaru imitó el gesto de la mujer y volteó a verla.
―Iba a decir que es hermosa.
―Ah, esa es una nueva palabra para ti, Shikamaru-kun ―Se rió.
―Kurenai-sensei, yo… quisiera que supieras que cuando tengas algún problema, cualquiera que sea, acudas a mí, yo te ayudaré sin dudarlo. Además, ella es la hija de mi sensei y… si tú quieres, yo me ofrezco para entrenarla si ella decide ser ninja.
―Gracias, Shikamaru.
De pronto la puerta de la habitación se abrió, dejando entrar a una Hinata cargada con una bolsa que puso sobre el sillón y después casi corrió hacia la bebé.
―Ho-Hola, Shikamaru-kun ―Lo saludó amablemente y el pelinegro se inclinó un poquito para que ella pudiera ver a una dormida Mirai.
Detrás de Hinata se encontró Hiashi intentando ingresar lo más erguido posible ante la inminente carga de bolsas y maletas que cargaba. Kurenai lo vio batallando y casi soltó una risita pero se controló, mordiendo su labio inferior. No era cosa de todos los días ver a Hiashi Hyuga tan abrumado, y menos como la mula de carga de Hinata.
―Buenos días, Kurenai ―La saludó con su característico tono inexpresivo cuando dejó las cosas sobre el sillón cercano. Kurenai pudo apreciar los ojos pálidos del hombre frente a ella, ¿por qué sentía que la miraba más profundamente?, parecía poder ver todos sus secretos con esos ojos claros. Pero no había malicia en él, tampoco soberbia, como tiempos anteriores, sino... ―. Luces bien.
―Ah… gracias ―contestó bajando la mirada hacia sus manos, incapaz de mirarlo después de lo que escuchó ―. Es un poco raro verte aquí, Hiashi.
―Bueno, Hinata me pidió que le ayudara con las cosas.
―Oh, sí, son bastantes. Eres muy amable.
Shikamaru enarcó una ceja, sintiéndose incómodo, mientras que Hinata solo sonrió de medio lado.
―¿Quieres… quieres verla? A Mirai ―Le preguntó Kurenai a Hiashi ―. Por favor, Shikamaru ―Le pidió sin siquiera esperar para oír la respuesta del Hyuga. Con mal genio, Shikamaru se dirigió hacia Hiashi para que pudiera ver a la bebé. Hiashi la contempló un momento, estaba profundamente dormida. Respiraba despacio y tenía un color rosa suave, y un cabello castaño muy fino.
―Creo que se parece a Asuma ―dijo el Hyuga. A Kurenai siempre le abrumaba que dijeran el nombre de su esposo, era como si cortaran los hilos que cerraban la herida, pero en esa ocasión ni siquiera había reparado en el nombre de Asuma, sino que se encontraba observando la manera en que Hiashi veía a Mirai, con una pequeña sonrisa sincera, sin el ceño fruncido. ¿Así de pequeña sería Hanabi cuando Hiashi perdió a su esposa?, pensó. Se llevó una mano al rostro y se acomodó un mechón detrás de la oreja, también se pasó una mano para acomodarse el cabello y no supo ni por qué.
Hiashi cortó la mirada hacia la pequeña niña y Shikamaru en seguida se alejó con ella. El castaño volteó hacia la derecha y se cruzó con una mirada tranquila de Kurenai. Lo observaba con detenimiento y pacifismo. Se quedó perdido un momento entre los ojos rojos de la mujer, e intentaba desviar la mirada pero no podía, o no quería. Ella tampoco dejaba de mirarlo con cierta pasividad.
―Yo… tengo que irme, dentro de poco tendré una reunión con el consejo de ancianos ―Se excusó Hiashi, aunque no por eso dejó de mirarla.
―¿Vendrás mañana? ―La pregunta de la mujer lo hizo detenerse de dar un paso, al tiempo en que lo dejó totalmente descolocado. Ella estaba con su bata blanca, sentada en la cama, con el cabello un poco desalineado y mirándolo expectante. ¿Por qué quería verlo? De repente Hiashi sintió la boca seca.
―Sí… ―dijo, incómodo ―, está bien. Descansa, Kurenai.
Salió lo más rápido que pudo del cuarto. Shikamaru fruncía el ceño, Hinata sonreía cálidamente, Mirai seguía dormida y Kurenai observaba la puerta por donde Hiashi se había ido, bajó la mirada y se permitió sonreír de medio lado, mordiéndose el labio inferior para no sonreír de oreja a oreja.
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Años después.
El sonido de la cuchara golpeando contra el plato llamó la atención de Kurenai, quien estaba dándole la espalda a su hija, pues estaba cortando algunos vegetales en la tabla de madera.
―Estás un poco inquieta, Mirai. ¿Qué te pasa?
―Mamá, si te pregunto algo, ¿me responderás? ―exclamó la niña de cinco años que balanceaba sus pies al aire mientras estaba sentada en la orilla de la silla mientras jugueteaba con su sopa de verduras.
―Naturalmente.
―Bueno… ¿Te gusta Hiashi-san?
―¡Auch! ―gritó al encajarse el cuchillo ligeramente sobre un dedo. La sangre brotó en seguida pero Kurenai tomó una servilleta e hizo presión para que los glóbulos rojos coagularan ―. Mirai, ¿qué preguntas son esas? ―musitó, ligeramente severa.
―Es que siempre que voy a jugar con la tía Hinata y Hanabi, y me acompañas tú, siempre te quedas con Hiashi-san tomando té, y eso hacen los esposos, estar solos en un cuarto.
Los ojos de Kurenai estaban abiertos a su máxima expresión, incrédula de que su hija dijera tales cosas. Los niños de hoy en día eran demasiado desarrollados.
―¿Pero quién te ha dicho eso?
―Lo vi en televisión.
―¿Ah, sí? Pues de ahora en adelante tienes prohibido ese artefacto del demonio ―Sentenció, regresando a cortar vegetales.
―Mnn… ¿pero sí te gusta? ―Agregó con una vocecita bajita, algo burlona. Kurenai no contestó, sino que siguió con su trabajo ―. ¿Lo puedo llamar papá número dos?
―¡Mirai! ―gritó, sobresaltando a la niña, quien en un descuido dejó caer la cuchara al suelo ―. No insultes la memoria de tu padre. Y tienes prohibido terminantemente llamarle de esa manera a Hiashi. ¿Has oído bien, señorita?
―Sí, mamá ―prometió en un fingido tono triste.
"Supongo que lo llamaré padrastro después de todo", pensó Mirai aguantándose la risa.
๑ ๑
Ese día en específico era un sábado a las seis de la tarde. Había un clima agradable en Konoha, ni frío ni mucho calor, las maravillas que otorgaba la primavera. Los lirios en la maceta que adornaba la sala de té aún no podían salir, pero estaban en botón y no tardaban en ponerse bellos. Su vista se vio interrumpida por Hiashi, quien venía transitando por el recinto hasta llegar y sentarse en la mesa de bajo nivel.
A lo lejos Kurenai escuchaba las voces de Hinata, Hanabi y la pequeña Mirai de cinco años, afuera. Aquello le hacía sentir tranquilidad. Era un buen día, un pacífico fin de semana y como siempre, ella y su hija visitaban la mansión Hyuga por la tarde. La castaña observó que Hiashi miraba por la persiana muy entretenido. Mirai corría al mismo tiempo en que reía con diversión, intentando alcanzar a Hinata o Hanabi, jugando a "la traes"*.
―Gracias por venir, Kurenai―De alguna manera ella percibía que él decía su nombre de forma diferente a veces anteriores, más pausado, más claro, más suave. Aquello hacía que sintiera extrañas cosquillas en el vientre―. Hinata y Hanabi se ponen muy contentas cuando traes a Mirai a la mansión.
―Bueno, es ella la que quiere venir.
―Ella ―sonrió de medio lado, regresando su vista hacia la mujer―. Kurenai… ―Otra vez ese tono lento ―, hay algo que siempre quise decirte.
―¿Ah, sí? ¿Qué es?―Se sintió nerviosa y puso una mano en la mesa, cerca de la taza de té humeante. Hiashi alargó su mano por la mesa hasta llegar a ella y tomó en su dorso los primeros cuatro dedos de ella.
―Gracias por cuidar de Hinata cuando yo no supe hacerlo ―dijo, mirándola a los ojos. Kurenai rehuyó de su mirada fuerte y clara, observando el agarre de él. Estaba sorprendida pero no se decidía por el motivo, si era por aquél agradecimiento o por esa ligera acción de él. ¿Ligera? ¿Entonces por qué se sentía tan cálida?
―Nunca es del todo tarde para escuchar esas palabras ―arguyó la mujer, con su pulgar acarició los nudillos salientes de la mano de Hiashi, sin saber por qué. Había un ínfimo calor entre sus manos que les pareció reconfortante. Hiashi apretó sus dedos pero Kurenai deshizo el gesto y bajó la mano, separándose de él ―. Creo que estoy volviéndome vieja.
―Eso no es verdad ―Le sorprendió escuchar eso de él. ¿Acaso era un cumplido? ―. Soy yo el que está volviéndose senil.
Kurenai levantó sus ojos rojos hacia el hombre frente a ella, era verdad que estaba más viejo pero le pareció que su madurez era muy atractiva, era un hombre que escondía sabiduría en sus ojos claros y en su rostro adusto. Tan formal. Sin saberlo su corazón omitió un latido, olvidándose de su función por un segundo con solo contemplarlo.
―Ya es tarde, será mejor que nos vayamos ―dijo Kurenai, levantándose. Hiashi también se puso de pie, siempre la acompañaba a la puerta, pero esta vez se vio sorprendido al ver que la castaña no se movía de su sitio, mirándolo.
―¿Sucede algo? ―preguntó cuando estuvo frente a ella.
Kurenai en respuesta se mordió el labio inferior por dentro y elevó sus manos, dando un paso hacia adelante, colocando las manos con suma lentitud sobre el pecho de Hiashi, el hombre se sorprendió de su comportamiento e instintivamente la tomó de los codos, inclinando el rostro para poder verla. La ojicarmín no le dirigía la vista, solo mantenía su cabeza hacia abajo.
―Kurenai, ¿qué estás haciendo? ―Le preguntó casi en un susurro. Ella también se preguntaba lo mismo. Era algo que siempre había tenido curiosidad; acercarse a Hiashi. Cuando él sintió que una de las manos de la mujer se alejaba de él, seguramente para irse, en seguida pasó sus manos de los codos de Kurenai por detrás de sus hombros para impedirle irse. La mujer se vio sorprendida por aquella acción repentina.
―Lo siento ―Kurenai alzó su rostro para verlo ―, no sé qué es lo que estoy haciendo ―musitó, intentando alejarse. Hiashi deslizó sus manos por la espalda de la castaña y se acercó a ella, cubriéndola en un abrazo inesperado. Ella se sorprendió totalmente. Él solo la cubrió con sus brazos por completo y reposó la mejilla contra la nuca de Kurenai, cerrando los ojos. El perfume de Kurenai llegó hasta su nariz, caléndulas. Era la primera vez que abrazaba a una mujer.
Mientras tanto, Kurenai poco a poco se fue relajando. Sus manos seguían puestas sobre el pecho de ese hombre, sentía que él apoyaba su mejilla contra su nuca. ¿Por qué hacía eso? ¿Por qué la abrazaba? Ella no tenía esas respuestas, lo único que sabía era que no nunca se dio cuenta desde cuando había querido tenerlo tan de cerca. Sus manos escalaron por el pecho hasta llegar a acunar el rostro de Hiashi, quien aflojó un poco el abrazo. Ella lo veía con sus imponentes ojos rojos. Él, con su suave color blanco en la mirada. Sus corazones latían desbocados ante la inminente cercanía. Se miraban fijamente. Fue Kurenai quien se adelantó y con sus labios rozó los de Hiashi con suavidad, solo se estaban tocando. Hiashi la tomó por la cintura y se inclinó hasta chocar sus labios completamente contra los de Kurenai, besándola entre nervioso y lento.
Escuchaban las risas de Mirai acercándose, pero ellos no se detenían. Solo un par de segundos antes de que la puerta corrediza se abriera, ellos se separaron, mirando en direcciones contrarias y dándose la espalda. La niña de cinco años pasó de largo en compañía de Hinata, iban a la cocina por galletas, fue Hanabi quien se quedó viéndolos con ojos calculadores y expresión de "algo pasó aquí". Mirai y Hinata regresaron, llevándose a Hanabi con ellas, dejando solos nuevamente a los adultos.
Kurenai se permitió sonrojarse súbitamente al encontrarse sola con Hiashi. Ninguno de los dos decía nada, tampoco se veían. Había una cierta tensión en el lugar. Ella sentía un travieso cosquilleo en el estómago. Él se sentía extraño, incómodo consigo mismo, y eso nunca le había pasado antes. Siempre tan seguro y firme, ahora no había nada de eso.
―Yo… lo siento, Hiashi. No sé qué me paso…
―Fue un error, ¿no? ―inquirió más para sí mismo que para Kurenai.
La mujer volteó a verlo con cierto interés y preocupación. Había en él un rostro desilusionado, con la mirada al suelo, como si no se diera cuenta de que estaban los dos en la sala de estar.
―¿Por qué? ¿Es que no quieres que sea un error? ―preguntó con los ojos entrecerrados, como curiosa, acercándose a él y observándolo misteriosamente con una comisura de sus labios levantada. Los ojos claros la miraron directamente al instante. Kurenai dejó de sonreír al percibirlo tan serio e inexpresivo ―Ya te dije que lo siento. No quise…
―No tienes qué disculparte. Solo… ―Cerró las manos en puños, las abrió, dirigiéndolas hacia los brazos de Kurenai, recorriéndolos sin tocarlos ―, solo no digas ´lo siento´. ―Caminó, pasando de ella hasta llegar a la puerta corrediza desde la cual podía ver a sus hijas jugar ―Hatsune siempre decía ´lo siento´ cada vez que me acercaba a ella.
―Por lo visto eres un hombre con muchos demonios del pasado ―Llegó hasta él y se cruzó de brazos, recargándose contra el costado de él.
―Supongo ―Se encogió de hombros ―. Tal parece que nunca podré ser un hombre completo.
―¿De qué hablas? Eres un hombre completo ―Le aseguró. Hiashi negó levemente con la cabeza ―. ¿Es que no me crees? ―Se separó, poniéndose al frente, con las manos en las caderas ―¿Acaso debo encerrarte en un genjutsu para que me creas? ―Sonrió divertida.
Hiashi se quedó serio por un momento pero gradualmente mostró una pequeña sonrisa sin poder evitarlo. Kurenai dejó escapar una risita.
―Siempre pensé que eras un ogro, Hiashi.
―Y yo siempre creí que eras una imprudente, Kurenai.
―¿Por qué se están insultando? ―Mirai había aparecido de repente, mirándolos desde abajo.
―No nos estamos insultando, pequeña ―Para sorpresa de Kurenai, Hiashi levantó a Miran en brazos para llevarla de regreso a donde estaban Hinata y Hanabi. Kurenai observó que las niñas mayores se rieron fuertemente y Hiashi solo se quedaba serio, regresándose de inmediato a pasos agigantados. Llegó hasta ella un tanto turbado, estupefacto.
―¿Qué te pasó? ―Enarcó una ceja.
―Mirai… ella… me dijo ´me encanta que seas mi padrastro´.
Kurenai parpadeó un par de veces, anonadada y después empezó a correr tras la pequeña pilla.
―¡Mirai, te lo advertí, ahora lo verás!
La traviesa niña tiró una risotada y empezó a correr por su vida. No es que su madre fuera a hacerle daño, sino que la metería en un genjutsu donde le crearía un mundo donde no existieran televisiones, el color rosa, los pasteles de limón y las galletas Hyuga.
๑ ๑
Aquél sábado Kurenai llegó a sentarse en la mesa de té con un notable fastidio en su mirada. Se dejó caer sobre el cojín sin cuidado, tomó la taza humeante y se la bebió de golpe, sin importarle que el líquido verde estaba caliente. Se comió las galletas casi con enojo. Todo esto era observado por un anonadado Hiashi, quien había elevado las cejas en señal de sorpresa, incredulidad, duda y hasta miedo.
―¿Te ocurre algo, Kurenai? ―preguntó con cierto cuidado, temiendo ser sumergido en un genjutsu sangriento. La mujer volvió sus ojos rojos a él. Hiashi pudo leer perfectamente sus emociones.
―¡Por supuesto que estoy bien! ―Le gritó, cruzándose de brazos y mirando por la ventana de al lado.
―Pues no te ves muy bien. ¿Alguien te ha hecho enfadar?
Kurenai soltó un sonoro suspiro de cansancio y descruzó los brazos, rindiéndose totalmente, incluso bajó los hombros en señal de abatimiento.
―El próximo lunes es el primer día de Mirai en la Academia Ninja. Dice que quiere ser igual de fuerte y reconocida que su padre. Trae sangre ninja en las venas, tiene sangre de la buena, Hiashi. Créeme, con solo verla puedo percibir a Asuma. Es una Sarutobi hasta la médula. Pensé que quedándose conmigo tal vez decidiera algo más femenino, ser ama de casa, montar algun negocio de comida, cosas de civiles. Pero no, ella está feliz porque irá a la Academia.
―No te preocupes. Ser ninja en estos tiempos no es tan malo ni tan peligroso como lo era antes.
―Aun así el riesgo siempre estará latente.
―Cuando Hinata fue a la Academia, yo me mostraba severo, pero en el fondo estaba preocupado por ella. No quería que fuera una ninja, pero el consejo de ancianos me presionó para inscribirla en la escuela de ninjas. ¿Y sabes? Gracias a sus compañeros ninjas y a las habilidades que ella desarrolló, está viva. Hinata ha hecho un vínculo de hermandad con el joven Inuzuka y el Aburame. Ellos nunca la dejaron sola. Incluso debo admitir que en varias ocasiones quisieron atacarme porque no quería entrenar a Hinata para el puño suave, y demás cosas ―Confesó con una sonrisa ―Lo que quiero decir es que Mirai no estará sola. Tendrá compañeros de equipo y un maestro excepcional. ¿O acaso crees que Shikamaru dejará que le pase algo a la pequeña? Casi te puedo asegurar que esa niña vivirá 100 años.
La mujer castaña se vio un poco más relajada ante lo que escuchó.
―Sí, tienes razón. Aun así no pueden culparme, soy su madre y siempre voy a estar preocupada por ella ―declaró con algo de vergüenza ―. Si así estoy ahora, no quiero ni imaginarme cómo me pondré cuando tenga su primera misión de equipo. Los niños crecen rápido, Hiashi. Cuando menos lo piense será una gran ninja, como su padre, y se irá a misiones largas, y me dejará sola.
―Estoy seguro que será una gran kunoichi como tú, Kurenai. Y naturalmente que ella hará su vida propia, pero no te dejará sola, eres su madre. Y cuando se vaya de misión, tú… supongo que puedes venir a la mansión. Hinata ya es mayor y creo que está en edad de un noviazgo. Pronto se irá, lo mismo pasará con Hanabi. Y esta casa quedará muy sola.
―¿Ves? Tú piensas lo mismo que yo. Nos quedaremos solos y seniles.
―Lo siento, intentaba animarte.
―Hiashi ―Volteó a verlo. Puso los codos sobre la mesa y recargó la barbilla entre sus manos ―. No me quiero quedar sola. Es decir, puedo hacerlo, no me pasará nada, soy una mujer fuerte pero… no sé, estaría muy aburrida.
―¿Estás pidiéndome quedarte conmigo? ―Hiashi parpadeó varias veces, impresionado.
Kurenai se hizo hacia atrás en un acto reflejo, y luego soltó una risita.
―Sí ―Dejó de sonreír y miró por la ventana para no tener que hacer contacto visual con aquél hombre ―, supongo que te estoy pidiendo eso.
Quería una respuesta, aunque fuese negativa, pero exigía una respuesta. Sin embargo, Hiashi solo le daba silencio y tensión. De repente observó que él se levantaba de su asiento, caminaba hacia ella, flexionaba una rodilla hasta ponerla en el suelo y colocaba una mano sobre su espalda, que la hacía sentir cosquillas. Se giró hacia él y vio sus ojos claros y su gesto adusto.
―No soy un buen compañero, Kurenai, pero si quieres quedarte no me voy a oponer.
―Creo que me gustaría asumir ese riesgo ―Elevó la comisura izquierda de sus labios rojos pintados de carmín.
―No digas que no te lo advertí, mujer ―Entrecerró los ojos y se irguió. Kurenai también se puso de pie y caminó para alcanzarlo. Como siempre, Hiashi se colocaba en la puerta para mirar a lo lejos cómo Mirai correteaba con Hinata y Hanabi, todas ellas intentando atrapar al conejito blanco, la mascota de la pequeña niña. Para su sorpresa, Kurenai llegó por atrás y le pasó los brazos por los costados, recargando su barbilla en su hombro.
―Llevamos mucho tiempo solos. Una compañía agradable no nos hará mal. No creo que vaya a arrepentirme, Hiashi.
Kurenai se apoyaba en su espalda, y era raro, porque nunca había sentido la espalda tan ligera como aquél día de verano. Puso su palma contra las manos de ella que se unían cerca de su estómago. El conejo se había metido entre el sembradío de girasoles amarillos pertenecientes a Hinata. Sus hijas se perdieron entre ellos dejando escuchar sus risas a lo lejos, llamando al animalito por su nombre.
Hiashi sonrió feliz como nunca lo había hecho en muchos años. Se sentía extraño. Ligero, tranquilo, cálido, sentía que nada le preocupaba, que todo estaba bien. Sus hijas jugaban entre los girasoles y Kurenai estaba abrazándolo por la espalda. Deseaba que ese día de verano no se acabara nunca, aunque tampoco le preocupaba, presentía que después de hoy habría muchos días iguales. Cándidos, tranquilos, con sus tres hijas y la sonrisa de la bella mujer que tenía detrás de él.
Entre risas, entre soles. Entre el labial rojo de Kurenai y los girasoles amarillos.
*La traes. Es un juego, no sé cómo lo conozcan en su país. La seque, la roña, tiene muchos nombres.
Los girasoles son una referencia hacia los Hyuga.
Siempre lo he dicho, no soy buena para el romance pero hago el intento. Espero que este fic haya resultado de su agrado con esta extraña pareja. Me ha gustado escribir sobre Hiashi y Kurenai. Cualquier review saben de antemano que lo contesto por MP.
¡Gracias por su apoyo!
Nos leemos en otra historia.
