CP#3. El inicio de una obsesión.

Al ser arrastrado por la oscuridad perdí toda emoción humana y eso poco me importaba.

¿Qué era la piedad? Un concepto completamente desconocido para mí, hasta ese día.

¿Qué era la compasión? Una palabra ajena hasta ese día.

¿Quién era ella? No lo sé, pero en lo que se convirtió eso sí lo sé y es algo de lo que estoy orgulloso, porque ella es mi mayor logro.

Aun recuerdo ese día como si fuera ayer, el aroma de los naranjos impregnados en el ambiente, la suavidad de las hojas al ser acariciadas por el viento como susurrando secretamente lo que iba pasar ese día.

No era de día no era de noche, no había sol no había luna. Era uno de esos extraños días que te invita a detenerte y a contemplarlo.

Fue tan solo a dos minutos de haber tomado a mi nueva víctima, un hombre mancebo de tez robusta, ojos verdes y manos toscas, nunca puse atención a mis víctimas hasta ese día, pero recuerdo el sabor dulce del hierro que destilaba en el líquido de color carmesí que había extraído de mi víctima, ya no sentía aquel placer al ver el velo de la muerte sobre sus ojos y sentir ese sabor que se supone debía darme placer, comía por inercia.

Era igual, todo había perdido sentido hasta ese día que escuche una voz dulce, un aroma impregnado de flores de cerezos venía de ella, una risa que cautivó mis sentidos, no podía creer que ante mí estaba el más hermoso ángel terrenal que había visto en mi existencia, porque eso era ella, parecía brillar con luz propia.

Ahí vestida de novicia con aquel atuendo inmaculado completamente de color blanco, rodeada de varios niños, las campanas perforando mis oídos, sin embargo escucharla hablar fue sublime:

—Dios te bendiga a ti también.— Fue la primera frase que le escuche decir, su bondad era seductora, la candidez de su mirada transmitía tal seguridad y devoción que los niños la miraba con fervor.

Me perdí en ese cuadro familiar, tan lleno de vida. Era algo opuesto a mí, un lúgubre vampiro que detrás de él dejaba un camino sin fin de cadáveres putrefactos, paisajes mustios, todo lo que tocaba se destruía, tan absorto estaba en la escena que puse atención cuando los niños se asustaron, entonces su expresión cambió porque ante ella dos vampiros que serían un insulto a mi raza se hicieron presente en el lugar no iba dudar en matarlos, por su osadía pero ella reaccionó de esa forma que me dejó completamente desconcertado.

Entonces la vi, el ángel terrenal se transformó en un demonio ante mis ojos, porque luego de ponerse en una pose protectora dejando atrás a los asustadizos niños no dudo en atacar a los entes del mal.

Para mí todo transcurrió en cámara lenta ver sacar sus dagas debajo de su hábito fue una sorpresa.

Ver su expresión dispuesta a todo me dejó perplejo, nunca antes una expresión humana me hizo estremecer.

Su rapidez y su precisión me encantó, me sentía fascinado con ella.

Los vampiros nunca tuvieron opción ante ella, de eso me di cuenta más adelante.

Fue una delicia ver lo que ella hizo, un corte limpio contra su yugular, era un espectáculo sublime verla manchada del líquido carmesí que había salpicado sobre su hábito, pero sin duda lo que más me excito fue ver la manera como arrancó su corazón de su pecho sin dudar de sus acciones, ella no tuvo piedad alguna, los asesino como un vil sanguinario a sangre fría y el segundo vampiro corrió con una muerte similar.

Fueron segundos pero para mí fue algo eterno, hermoso, sublime, magistral, podía escuchar el latir de su corazón a mil por hora producto de la adrenalina que la embargaba, entonces sucedió nuestras miradas se encontraron.

Ese fue el inicio de todo, por primera vez en siglos alguien había despertado mi interés y fue todo una delicia a mis oídos escucharla decir en un tono mortal impregnando de una promesa de muerte:

—¡Vampiro!— Ella no dijo nada más ante de lanzarse hacia mí, esquivar su ataque no fue fácil, para ser humana realmente era rápida, fuerte y decidida, una extraña emoción me embargó, pero me dejo sin palabras cuando me preguntó con enojo—: ¡¿Por qué te ríes?!... Si este día vas a morir.

No sabía que estaba riendo, no sabía por qué estaba tan fascinado al saber que era yo el causante de su enojo, solo atine a decirle antes de arriesgarme acercarme a ella:

—No esté día mi señora...— Fue un suicidio lo que hice, pero no pude contenerme al tomar una de sus manos, su piel de porcelana era tan suave me incitaba a tomarla, le robe un beso antes que ella me diera una puñalada cerca del abdomen, entonces lo entendí ella usaba dagas envenenadas, pero eso poco me importó al ver su irás crecer, me preguntaba si había sido el primero en tocar sus carnosos y suaves labios.

Orgullo, soberbia, aquellas emociones humanas tan negativas y olvidadas se hicieron presente en mí.

Ella era todo un reto. Tenía muchas preguntas pero las deje para después, no iba arriesgarme a perecer en sus manos, no en ese momento. A penas robe aquel beso desaparecí en el aire como la niebla, no sin antes escuchar los gritos de las personas del lugar,al decir a lo lejos:

—La hermana Sakura está en problemas... Padre Abel por favor ayúdale, venga rápido.

—¿Está herida hermana Sakura? ¿Qué le sucedió?

Los gritos iban y venía pero eso poco me importó, porque yo no dejaba de sonreír ante la emoción que me embargaba, ahora tenía su nombre, y antes que termine el día juré que ella tenía que ser mía.

Continuará...